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lunes, 30 de diciembre de 2013

EL BANQUETE, EN LA ANTIGÜEDAD


 

EL  ELEMENTO GASTRONÓMICO  EN OTROS GÉNEROS DE LA LITERATURA LATINA EN LA ÉPICA  Y LA LÍRICA (I)

 
 

Introducción:

Ya comentamos , en el  trabajo anterior, que “ la gastronomía ocupa un lugar de la literatura científica de los saberes. Son conocidos los tratados “De arquitectura “ de Vitrubio,  o los compendios y corpus de las leyes romanas por ser la base del  Derecho Civil actual. Pero se soslayan los manuales de Agricultura o de Geografía de autores de la  Antigüedad  como los de Catón o Columela.  Y reivindicamos la  presencia de la gastronomía como un  saber científico y práctico en el mundo de la alimentación tan relacionado con la medicina por su interés actual, partiendo de la figura de Apicio. En este apartado, vamos exponer la presencia de los elementos gastronómicos dentro de los distintos géneros literarios de la literatura latina.

 

 

EN LA LÍRICA

 

En otras  literaturas, nos podríamos remontar a muchos cantos de campo, de  actos religiosos o de convivencia social, donde surgen los fundamentos o precedentes de su lírica posterior. Pero en Roma,  la poesía lírica está unida inexorablemente con  la influencia griega que se introduce en Roma posterior al siglo III a.c. Es evidente  que el banquete, como elemento gastronómico ocupa un lugar, sin duda, muy importante  y como recurso ambiental y de significación poética  en muchas obras griegas tanto épicas como líricas ( por citar  dentro de la épica,  el banquete, unido a la hospitalidad de los personajes,  se encuentra en muchos pasajes  de la Ilíada y la Odisea y los elementos gastronómicos y festivos aparecen explícitos en gran número de sus versos ).  

CATULO      

Dejando atrás  los poemas líricos  referidos, pero perdidos,  en el primer siglo de a.c.,  nos encontramos al famoso poeta Quinto Lutacio Catulo, que,  en su poema 13,   invita  a cenar a su amigo Fabulo. En este poema, contemplamos el carácter de sociabilidad del banquete romano, en el que, a diferencia del banquete griego, se permite  acudir  con representación femenina. Nos muestra que no es el banquete característico, que comentamos en el artículo anterior  sino que se reduce a una invitación personal con elementos típicos del banquete, pero partiendo de la precariedad del anfitrión.

A lo largo del poema, a parecen elementos constantes: anfitrión, invitados ( las mujeres que suelen ser una excepción se nos muestran en este banquete catulano),  la comida con  sus productos ( vino y sal y las viandas que traerá Fabulo) , el elemento festivo ( toda clase de carcajadas aludiendo a los aspectos de  danza, diálogos , mimos, carmina fescennina, parodias…como luego aparecen en la Cena de Trimalción) , y  el obsequio entre los presentes (el perfume que le hace el poeta a su amigo, lo que en  el poeta hispanorromano  Valerio Marcial desembocará en los célebres Xenia y Apophporeta).  Este es el texto:

XIII
Cenarás bien, mi querido Fabulo (44), en mi casa dentro de pocos días (si los
dioses te son propicios), si traes contigo una cena buena y abundante, y no faltan una
deslumbrante muchacha y vino y sal y toda clase de carcajadas. Si, como te digo, te traes
eso, guapo mío, cenarás (45) bien, pues la despensa de tu Catulo está llena de arañas. Eso
sí: en respuesta, recibirás puro cariño o algo más delicado y elegante: pues te daré un
perfume que regalaron a mi niña las Venus y los Cupidos (46) y que, en cuanto lo huelas,
rogarás a los dioses, Fabulo, que te hagan todo entero nariz[1].

 

 

 

HORACIO

 

En el poeta clásico, ya en el el siglo Ia.c.,   Quinto Horacio Flaco, el banquete ocupa un papel primordial dentro de su obra poética, tanto en las Odas como en los Épodos. Ya decía el propio poeta: Yo canto los banquetes, y las luchas en que las muchachas se debaten con afiladas. Y en verdad que, el poeta introduce la temática del banquete como elemento  esencial en su poesía para contraponerlo como forma de vida, donde la creatividad y su espíritu epicúreo se desarrollan frente al mundo bélico romano. Y hemos podido encontrar varias calas del tratamiento del banquete:

 

1.-   EL BANQUETE  COMO  LUGAR DONDE SE EJERCE EL CANTO LÍRICO.

Clara muestra de ello es el  poema XXXII del libro I de sus Odas, donde se ensalza la lírica en sus últimos versos y en el  que contrapone con ese clasicismo que caracteriza a Horacio el  mundo de lo lírico como canto de la mediocritas aurea con el de la épica , canto guerrero[2]:

“Me invitan a cantar. Si nunca en mis ocios bajo la sombra he modulado contigo mis versos, te pido un canto latino que viva este año y muchos más, lira mía, tocada antes por un ciudadano de Lesbos que, ya en medio de las armas, guerrero feroz, o amarrando a la húmeda orilla su nave batida por las olas cantaba a Baco, y a las

Musas y a Venus con el niño siempre a su lado, y a Lico de, bellos ojos negros y de negros cabellos. Honor de Febo, lira, querida en los banquetes de Júpiter soberano, dulce consuelo  de nuestras penas; recibe el saludo de mis rituales invocaciones

 

            Y no se puede mejor adentrarse en un poema lírico sino con esta oda, la que hace el número  XI, donde se ilustra al lector desde los preparativos, el escenario, la presencia femenina, el mundo de la luz y la noche, los integrantes del banquete, el tema amoroso,  el clima religioso, el canto…

 

Tengo, Pilis, una tinaja de vino albano de más de nueve años; tengo en mi jardín,

apio para trenzar coronas; tengo gran abundancia de una hiedra con la que brillarás al

ceñir tus cabellos. Mi casa ríe con la plata, y el altar rodeado de guirnaldas de casto

follaje desea ser rociado con la sangre de un cordero sacrificado.

Toda la multitud se apresura. Acá y allí corren, mezclados, muchachas y

mancebos. Las antorchas se agitan y sube, hacia las alturas y en espirales, un humo

negro.

Preciso es, río obstante, que sepas para qué fiesta se te llama. Has de celebrar los

Idus que dividen Abril, el mes de Venus marina; día para mí solemne a justo título v

más venerado que mi propio cumpleaños, porque desde este día, mi caro Mecenas,

cuentas el tranquilo correr de los años.

Una muchacha rica y petulante se ha prendado de Télefo, y le tiene encadenado

con dulces grillos: este joven que tú pretendes, pero no es apropiado para ti.

Faeton, abrasado por el rayo de Júpiter, es el espanto de ávidas esperanzas, y un

terrible ejemplo Pegaso, el animal alado que no pudo soportar a Belerofonte, su

caballero terrestre, te enseña a buscar siempre objetos de tu amor, dignos, y a evitar

un compañero desigual teniendo por sacrílegas las esperanzas que van más allá de los

límites permitidos.

¡Ea, pues, tú, término de mis amores -pues en adelante no me apasionaré por

ninguna otra mujer-, aprende aires para repetirlos con tu amable voz! ¡Con amores -pues en adelante no me apasionaré por ninguna otra mujer-, aprende aires para repetirlos con tu amable voz! ¡Con los cantos se disiparán las sombrías preocupaciones!

 

2.-LOS COMPONENTES POÉTICOS DE UN BANQUETE

 

            Horacio eleva a categoría poética cada uno de los elementos de un banquete sabiendo conjugar  su parte material con su aspecto metalingüístico que lo traspone al mundo de la inspiración poética. El vino no será un puro elemento de alimentación corporal, sino que seleccionado, se convertirá en un elixir de los dioses como si transformara al poeta en una nueva posición personal que le hace apartarse del mundo circundante. Y lo mismo, se puede comentar con la  influencia dionísíaca de Baco, la danza- contrapuesta  en su versión apolínea  con  la marcha guerrera,  los ornamentos de las flores,  los condimentos como el apio…etc. Veamoslo en el poema XXXVI:  

 

 

 

 

“Me es dulce sacrificar con incienso, con la lira y con la sangre prometida de un

ternero a los dioses guardianes de Numidia que, volviendo hoy salvo de los últimos

confines de Iberia, reparte abundantes besos entre sus buenos camaradas, pero a

ninguno más que a su querido amigo Limia, recordando que sobre su infancia gobernó

un mismo maestro y que juntos tomaron la toga nueva.

No neguemos a este hermoso día la señal de la tiza ni demos paz al ánfora sacada

de la bodega. No demos, al modo de los Salios, reposo alguno a nuestros pies; que

Damalis, gran amiga del vino, no llegue a vencer a Basso en beberse de un trago la

ancha copa de los tracios; que no falten en el banquete ni rosas ni el verde apio ni el

perecedero lirio. Todos pondrán en Damalis sus ojos enturbiados por la embriaguez;

pero nadie apartará a su nuevo amante de ella más envolvente que la trepadora hiedra.”

 

 Y en esta misma línea, donde aparece el vino como hilo conductor y  los instrumentos  acompañantes de la lírica, se encuentra el poema XIX:

 

“ Cuentas qué distancia hay de Inaco a Codro que no temió morir por su patria; la

descendencia de Eaco y los combates librados sobre la santa Ilion. Pero callas a qué

precio compramos una jarra de vino de Quíos, quién calienta el agua al fuego, quién

me ofrece su casa y en qué hora estaré libre del frío peligro.

Escancia, muchacho, por la luna nueva; por la medianoche, por el augur Murena.

¿Están hechas las mezclas en los ciatos con tres o con nueve copas? Aquel que ama a

las Musas en número impar, el poeta beodo, pedirá tres veces tres copas. Temerosas

de pendencias las Gracias desnudas, dando las manos a sus hermanas, prohíben beber

más de tres. Me place perder la cabeza. ¿Por qué callan los sones de la flauta

berecintia? ¿Por qué penden calladas la siringa y la lira? Odio las manos quietas.

Haced que lluevan rosas. ¡Y que oiga nuestro estrépito insano el envidioso Lico y la

vecina reñida con este viejo vecino!

Cloe, rasadura para ti semejante al puro brillo del Héspero; te desea, Télefo, hermoso con tu espesa cabellera. A mí el amor por i Glicera me abrasa a fuego lento”.

 

3. – LA TÉCNICA DEL CONTRASTE DEL BANQUETE COMO SÍMBOLO DEL OCIO,  PAZ Y  FELICIDAD DEL POETA EN SU CONCEPCIÓN PÓETICA EN LOS ÉPODOS.

No  podemos pasar por alto el banquete  con el tratamiento que hace el poeta de su famoso y clásico épodo latino “Beatus ille qui procul negotiis…”. A través de su texto, reconocemos:

 

1. -El contraste entre la naturaleza, el otium, el trabajador del  campo frente a la ciudad, el negotium y el soldado,comerciante etc:

 

Dichoso aquel que, alejado de la diaria vida y como la raza de los mortales en los

primeros tiempos, trabaja los campos de sus padres con sus bueyes libre de toda

usura! ¡Dichoso el soldado que no es despertado por los amenazadores sones de las

trompetas, el que tiene miedo a la cólera del mar, y el que se guarda del Foro y de

pisar los umbrales soberbios de los ciudadanos poderosos! ¡Aquel que, en cambio,

dedica su tiempo en ayuntar los altos chopos con los vástagos adultos de la vid, o pasa

su mirada por los rebaños errantes de su ganadería en los umbrosos valles, o corta con

la podadera las ramas estériles para insertar las más fecundas, o encierra en orzas

nuevas la miel que él mismo exprimió, o esquila las débiles ovejas! O que, cuando el

Otoño levanta por los cam pos su cabeza engalanada de frutos sabrosos, siente que la

alegría de coger las peras maduras y los racimos que rivalizan con la púrpura,

trayéndolos en ofrenda a ti, Príapo, y a ti Silvano, padre y protector de las lindes.

Se complace en tenderse; ya bato una encina añosa, ya sobre la tupida grama.”

 

2.- El escenario y momento de llevar a cabo las fiestas y el banquete, compuesto de la parte gastronómica y de convivencia social y literaria:

 

“Entretanto, las aguas corren por profundas orillas, y los párpados modulan sus quejas

en las selvas, y las fuentes con sus aguas saltarinas dejan oír un murmullo que invita a

un sueño sin pesadez.

Mas cuando la estación invernal del cielo borrascoso acarrea lluvias y nieves, y el

cazador persigue de un lado a otro, con abundante jauría, los jabalíes fogosos contra el

obstáculo de las redes, o de la pértiga ligera cuelga mallas de fina trama, cepo para los

voraces tordos, o con lazos atrapa la liebre temerosa y la grulla viajera, grato botín,

¿qué hombre, en medio de estos placeres, no olvida las preocupaciones que el amor

¿Cuándo beberé yo este cécubo reservado para las comidas de festividades,

brindando por Júpiter y alegre por la victoria de César y en tu compañía, al pie de tu

alta mansión, feliz Mecenas, mientras que las flautas y las liras mezclan sus acentos

dorios con éstas y bárbaros con aquéllas?

 

3.- Y la invitación y crítica larvada en medio de la forma conversacional de la ventaja de compartir el  banquete frente a las amenazas externas.

 

Así hicimos nosotros poco ha, cuando, perseguido a través de los mares, el jefe,

hijo de Neptuno, huyó con sus naves incendiadas mientras amenazaba a la ciudad con

las cadenas que él, a fuer de amigo, había quitado a esclavos pérfidos.

El soldado Romano ¡ay! -lo negarás, posteridad-, hecho propiedad de una mujer,

llevará para ella las empalizadas y las armas y obedecerá como esclavo a ajados eunucos.

¡Y el sol ve este deshonor! ¡El mosquitero de ella entre las enseñas militares!

Más de dos mil Gálatas han vuelto hacia nosotros sus caballos feroces, aclamando

el nombre de César, y las embarcaciones enemigas, empujando a prisa su popa hacia

la izquierda, se esconden en el puerto. ¡Triunfo! ¿Tú retienes el carro de oro y las

terneras que no soportaron el yugo? ¡Triunfo! Tú no has traído un jefe igual ni el que

venció a Yugurta ni el Africano, cuyo valor levantó para Cartago una tumba. Vencido

por mar y por tierra, el enemigo ha cambiado su manto de púrpura por el sayal de

duelo. Ahora se dirige, bien a la Creta, ilustre por sus cien ciudades y a donde le

empujaron vientos que no son para él, o bien a las Sirtes, atormentadas por el Noto. O

llevado, sin saber a dónde, por los mares.

Trae acá, muchacho, vasos más capaces y vinos de Quíos o de Lesbos, y

escancianos cécubo, para contener el flujo de las náuseas.

 Horacio fue fuente de muchos autores posteriores de la literatura latina o escritores en lengua romance. En  Ovidio, el banquete se convirtió en un escenario de amor y celos  como se reflejo en el poema cuarto del libro Amores, o , en los versos 565-606 del Arte de Amar;   entre los poetas elegíacos, citamos a Tíbulo que lo  convirtió en elemento religioso fundamental que se celebraba tras el sacrificio y se compartía con los presentes como se manifiesta en el poema VII del libro I.

 Incluso, el cristianismo aprovechó sus formas y recursos poéticas para introducir el contenido religioso del banquete  en su expresión poética de la literatura paleocristiana. Yasí, en los poemas III y IV del Cathemerinon Liber o Libro de las Horas, se dedican unos poemas a antes y después de las comidas, que son muy ilustrativos para un comentario gastronómico. Sirva de ejemplo de una versión cristiana concebir la comida a la imagen del alma y cuidar por la sobriedad ante la muerte que destruye el cuerpo o sea vivir los cuerpos según las costumbres del alma, ya muy alejado de la mentalidad latina pagana.:

 

 

Credo equidem, neque vana fides,

corpora vivere more animae:

nam modo corporeum memini

de Phlegethonte gradu facili

ad superos remeasse Deum

 




[1] Cenabis bene, mi Fabulle, apud me
Paucis, si tibi di fauent, diebus,
Si tecum attuleris bonam atque magnam
Cenam, non sine candida puella
Et uino et sale et omnibus cachinnis.
Haec si, inquam, attuleris, uenuste noster,
Cenabis bene; nam tui Catulli
Plenus sacculus est aranearum.
Sed contra accipies meros amores
Seu quid suauius elegantiusue est:
Nam unguentum dabo, quod meae puellae
Donarunt Veneres Cupidinesque,
Quod tu cum olfacies, deos rogabis
Totum ut te faciant, Fabulle, nasum
 
 

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