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domingo, 8 de diciembre de 2013

CAPÍTULO XXXV.. LA TARASCA Y DON GOME.


LAS TARASCA ALCALAÍNA

 

Se había paseado muchas veces por la calle Utrilla. Su nombre se refería a un tal Miguel de Utrilla, un ganadero que provenía  de tierras granadinas, tras haber hecho cierta hacienda entre las ciudades de Iznalloz y Guadix; pronto había sido elegido jurado de la ciudad y, en torno a los años setenta del siglo XVI ,  gozaba de un gran prestigio  en  la ciudad de la Mota. En concreto viene esto a cuento de que, ocupando una juraduría  de la ciudad, en 1584 introdujo una novedad en las famosas fiestas del Corpus . La abadía estaba cansada de que, en los años pasados, esta celebración  y su  Octava  siempre ofrecían los mismos actos protocolarios y  de culto.  Pretendía hacer una innovación.  No podía imponer nuevas normas  a las dos   solemnes  procesiones, pues se le echaban encima las cofradías y los cabildos eclesiástico y  civil. Además se alcanzaban una gran brillantez y  majestuosidad con aquella mascarada y el desfile de honor  de oficiales del cabildo,  regidores y jurados, corregidor, acompañando a la custodia junto con el conjunto de estandartes y cofradías de la ciudad encabezadas por Nuestra Señora de la Caridad y de la Antigua. Podría corregir algunos detalles del itinerario: se salía por la puerta principal de la Iglesia Mayor, luego se adentraban por la Calancha  y bajaban  por las Entrepuertas, luego, caminaban por la puerta del Arrabal y  marchaban por el barrio de Santo Domingo y , tras hacer una estación en la iglesia parroquial, subían de nuevo  calle Postigo arriba hasta entrar en la Plaza. Y este año, con dificultades, pues hacía varios años que se habían caído la muralla del Gabán y no ofrecía garantía alguna. Podría aumentar el número de las chirimías y trompetas, pues habían venido muy buenos hombres en el son de esta música con las tropas de alojamiento.  Podría cambiar y engrandecer las recitaciones y representaciones dramáticas en los escenarios y tablados de la Plaza Alta. Podría cambiar los autores  de los autos sacramentales y las ropas de  danzas de los diversos gremios de la ciudad  por otras danzas que provinieran de ciudades diferentes a las tradicionales del Corpus anterior de Granada o Jaén. 

         Pero Miguel de Utrilla no se lo pensó más, quiso dar una sorpresa a las tradicionales danzas  y  contrató a Francisco López Navarro, maestro danza por una cantidad de 30 ducados, en los que iban incluidos  los actos de música con vihuela, panderos y harpa. No se olvidó de los diablillos, e innovó con la Tarasca. A todo el mundo, salvo a algunos cosarios y mercaderes, les causó impacto aquella figura. Le preguntaban por doquier a lo largo de la procesión:

-Para eso  empleaste el lienzo que habíamos comprado con motivo de la plaga de la langosta.

-Para eso, señor alcalde, para emplearlo en este personaje que encanta en Granada. Que hay que ahorrar.

-¿Es originaria la tarasca  de estas tierras?- le preguntó un capellán con bonete cubriendo su cabeza.

-No, su origen proviene de  tierras francesas. Esta popular mujer que monta sobre  este dragón alado, dicen que  se está convirtiendo en uno de los momentos más esperados del año de muchas ciudades andaluzas. 
-y, ¿ a cuento de qué viene este personaje? Le interrumpió otro capellán?
- Pues,  según cuentan loa cronistas  de la ciudad granadina,  su presencia  se remonta desde la propia época de los Reyes Católicos, por cierto ellos fueron  los que  decretaron que  la festividad del Corpus fuera la principal fiesta de Granada y  de mayor regocijo.

- Y ¿qué significa  la Tarasca?

-Esta es una alegoría del triunfo del bien sobre el mal;  su nombre proviene de la región francesa de Tarascón, donde se dio origen a la fiesta en el siglo XIV. Desde allí la tradición se extendió por muchas otras ciudades francesas y españolas, sobre todo en la parte del Mediterráneo.
-Pero, vaya al meollo del asunto, a la historieta, eso que llaman su origen mítico- le espetó el escribano Góme Muñoz.

-Uno dicen que la Tarasca proviene de una antigua leyenda de origen céltico. Pues  “la Tarasca” era un  monstruo, muy fiero, mitad serpiente mitad mujer, que engañaba a los hombres que cedían a sus encantos devorándolos o mutilándolos horriblemente.

-¡Qué miedo!,- exclamó el monaguillo mientras aireaba el incensario.

-Bueno, hay otra leyenda más cercana y fiable. Además cristianizada,  cuya  protagonista es Santa Marta.

-¿Será  la Tarasca  la palabra  francesa  Tarasque, y éste del topónimo de esta  localidad  provenzana? –le interrumpió el  calderero francés Juan Serrete que acompañaba el gremio de los herreros.

-Sí, sí  de la Provenza, Francia, es esta criatura mitológica que  habitaba  Tarascón y tenía atemorizada a toda la población,  porque talaba  los campos y atemorizaba a todo bicho viviente. Era como un dragón con seis cortas patas parecidas a las de un oso, su torso similar al de un buey  cubierta con  un caparazón de tortuga a su espalda al mismo tiempo que estaba revestida con  una escamosa cola que terminaba en el aguijón de un escorpión.

-¡Que miedo! Clamaron los monaguillos al unísono,

-Pues, si os digo que su cabeza era  la de un león con orejas de caballo y una desagradable expresión. En definitiva, un monstruo al que todos temían, incluso al propio Rey de Tarascón. Este  hasta había llegado atacar a La Tarasca con todas sus filas y su arsenal, pero sin éxito.

-¿Y no iba a haber alguien que le hiciera frente?

 

- Cuentan que apareció Santa Marta, y  encantó a la bestia con sus plegarias; pues  un día se presentó en la ciudad con la bestia domada y subida sobre ella. A las primeras horas de la noche los tarascones quedaron  aterrorizados  y atacaron a la criatura con tanto ímpetu que murió  sin presentar combate. Nada menos que esta acción le valió a  Santa Marta  como recurso con el que predicó un sermón a la gente y  convirtió a la  población del lugar al cristianismo.


-Bueno, entonces, ya sabemos lo del dragón, pero y ¿Santa Marta?

-Pues os lo comentaré en la Octava. Pues hemos llegado ya a la iglesia y debemos guardar silencio.

 

El día de la Octava, recorría la procesión el claustro de  aquella bonita iglesia gótico mudéjar; se paró  la Custodia ante el altar levantado en la capilla del Deán y le dijo su capellán:

-¿Quién es esa mujer?

-Ah, ya se me había olvidado,  nada menos que  la  representación de Santa Marta. Sobre  el monstruo, ya os lo comenté,  la imagen de la doncella Virgen  cada año la visten  de manera diferente en las fiestas de Granada. Yo me la he traído de allí  divertimento de gremios, vecinos y aldeanos.

-Vivan los comisarios de fiestas. Gritaron unos chiquillos en las puertas de la iglesia Mayor y Miguel de Utrilla sacó unos maravedíes de su bolsillo. 

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