CORONADA 26
UN
FRONTAL PARA LA CORONADA
En el testamento de María Fernández de la Blanca, esposa de Bartolomé González de Hinojosa, se aportan varios datos muy interesantes sobre la devoción mariana en las tierras abaciales. Hace cuatrocientos años, era muy diferente la situación y organización de las cofradías, entre ellas la cofradía de la Coronada estaba muy relacionada con el mantenimiento del Hospital del Dulce Nombre de Jesús, y su imagen solía estar en su ermita de la Fuente del Rey como en la capilla del hospital. Curiosamente, esta familia fue enterrada en la sepultura de los Hinojosa de la parroquia e iglesia de Santo Domingo de Silos, lo que nos demuestra que los cofrades de la Coronada no residían en la Fuente del Rey sino en la ciudad de la Mota. Además, esta señora no era solo cofrade del Dulce Nombre de Jesús, sino también de Santa Ana, de las Ánimas del convento de San Francisco, Santísimo Sacramento y de la Limpia Concepción. Si enumeráramos las mandas de misas por su alma, nos encontraríamos las devociones y los altares más frecuentes, donde solían celebrarse estos cultos por su alma: desde las dedicadas tradicionalmente s Santa y el Dulce Nombre de Jesús, se habían institucionalizado a la Virgen de las Mercedes, san José, Ángel de la Guarda y san Juan entre otras muchas más.
En poder de esta mujer,
se encontraba a la hora de testar grandes cantidades de una herencia de Pedro
Sánchez de la Hinojosa, que se había marchado a las Indias y había fallecido
dejando como embajador de los dineros a Martínez Montañés, con estos dineros,
quería que se cumplieran dos mandas : una dedicada a Nuestra Señora Santa Ana
y otra a Nuestra Señora de la Coronada;
a la primera, una cama para la imagen ( la cama, que proviene de latín vulgar
camba , derivado a su vez de campe y con significado de curvatura o lecho, y se apartaba de su
relación de mueble doméstico a la manera antigua). , aludiendo a las colgaduras,
cortinas y doseles (techos de tela) que adornaban o cubrían el armazón donde se
encerraba la imagen dentro del templo; por otra parte, Nuestra Señora de la
Coronada, le regalaba un frontal para el altar.
En
este testamento del siglo XVII, se recalca incluso que debía ser de tafetán y
del mismo color de la cama de Santa Ana. Para evitar cualquier duda, aclaramos
que el término frontal en el siglo XVII hace referencia
principalmente a un frontal de altar
(también llamado antipendio o antependium), Es el paramento, tapiz o
pieza de orfebrería utilizado para cubrir
y decorar la parte delantera de la mesa del altar en las iglesias
católicas. Servía para la decoración y
Liturgia en el arte barroco, de tal manera que unos objetos agrados muy
elaborados y lujosos, ya que se usaban para embellecer el altar y solían cambiar
de color dependiendo del tiempo litúrgico. En el documento se especifica el
tafetán o seda como material, pero los
frontales solían estar hechos de telas ricas otros como terciopelo o brocado con bordados en oro y plata. E, incluso existían
frontales rígidos de madera tallada y policromada, o de metales preciosos como
la plata repujada. En su cuerpo,
se ofrecían dibujos o pinturas de contenido
simbólico: frecuentemente
presentaban escenas de la vida de santos, pasajes bíblicos o motivos eucarísticos
o escudos de cofradías, marianos o de Cristo[1].
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UN FRONTAL CON UNA IMAGEN MUY
SIMILAR A LA CORONADA.
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