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sábado, 22 de agosto de 2026

HILERAS O SILERAS DE ALMEDINILLA, ANTAÑO DE PRIEGO DE CÓRDOBA.

 El día .28 mayo 2024, cincuenta y dos ruteros salieron del parque de los Álamos en  autobús. Nos dirigimos a carretera de Priego, llegamos al puente Suárez, nos dirigimos hacia Almedinilla y el cruce de río , nos encaminamos a las Sileras tras pasar esta pequeña aldea entre el verdor de los ríos y las viviendas rurales que bordeaban la carretera . Llegamos a las Sileras , en las eras junto a la escuela donde nos esperaban el anfitrión Isidoro y sus sobrinos.   La aldea de Sileras se nos abre como un lugar lleno de historia y belleza, perteneciente  a la localidad de Almedinilla: pasado y presente se entrelazan en  armonía. Ya  por las calles del pueblo ascendimos a la plaza, fuente, lavadero e iglesia, y por un carril a la Sierra Vizcántar, subimos a.  pie a su cima entre olivos y monte mediterráneo. Desde el carril asfaltado que parte de la zona alta del pueblo, junto a la plaza y a la izquierda,  contemplamos restos “trepaos” de la antigua almazara junto con maquinaria agrícola abandonada de mediados del siglo XX y pasamos  por los Pósteles (donde esperemos que pronto se puedan descubrir los restos de esa casa romana anclada al cerro de yeso y junto al barranco Tenazas) entre olivares tradicionales de excelente caldo, algunos bicentenarios, y almendros. Poco a poco las perspectivas se van ampliando y subiendo siempre y a la derecha, hicimos una trocha. Con esfuerzo entre rampas y sinuosas veredas, nos vimos cautivados por su entorno natural, lleno de l de ensueño (el camino no tiene trocha) comenzamos a llegar a lo más alto del macizo calizo y a llanear.

. Parecía como si nos encontráramos rodeados de  sierras,  y desde la altura de Vizcántar conquistáramos disfrutar de la tranquilidad y la belleza del entorno rural. Paseamos entre s senderos zigzagueantes y olivares, entre erial y montes de piedra tosca, como si nos encontráramos en un circo  cuya silueta se prolonga a la Parapanda,  cerro de la Mota, montes de Frailes, Marroquí, Ahí lo y Cruz, y sierras de la subbética de Córdoba, la Tiñosa, Cristina , Chinares y hasta Sierra Morena en el horizonte. Te permitirá conectar con la naturaleza y deleitarte con panorámicas impresionantes. Eran  unas vistas de asombro que por el Este alcanza las Sierras Sur de Jaén y la granaína de Parapanda en Montefrío, mientras por el Oeste son las Sierras Subbéticas de Córdoba, con La Tiñosa como pico más alto, las que decoran y perfilan el horizonte. Con Nacho Muñiz, nos ilustrabamos de este entorno en su flora, y en su relieve, en su historia árabe y reciente de la Guerra Civil. Atravesabamos la cúspide de punta a punta y vimoso a izquierda y derecha las cicatrices dejadas por cientos de metros de trincheras. Durante la Guerra Civil . Pues las  Sileras estuvo en el límite y aquí se asentaron tropas republicanas durante toda la contienda.  Con sus palabras, dejamos la mina a la derecha y pasando la torre de comunicación  llegamos al punto geodésico y ya, casi en la otra punta, los restos mejor conservados de esas trincheras republicanas que soñaron con la marsellesa (enfrente, hacia el Sur, la posición franquista del Cerro de la 




















Cruz y Los Castillejos nos señalaban ese Frente tan cercano). Actuamente entre esas trincheras crecen los gamones junto a varias especies de orquídeas, retamas, tomillos y madreselvas, como recuerdo de ese sueño tricolor.

 

Desde aquí seguimos por la cúspide bajando hacia la torre eléctrica, ya sin vereda pero sin pérdida, y desde aquí debemos bajar por la derecha hasta alcanzar el carril que nos devolvió a la aldea , sin vereda, hasta que pronto, esperemos, se pueda acondicionar este tramo más complicado y difuso como ruta senderista.

 

Y así vamos, por la frontera, por esa sutil línea que separa lo Natural de lo Civilizado. Si tenemos suerte, por el camino pudimos  ver sobrevolar un  rapaz y sí  una  cabra montesa, además de muchas huellas de jabalíes y zorros, mientras llegamos a la aldea de las distintas civilizaciones, pasando por debajo de la moderna vivienda de Fernando “el de la sierra” y alcanzando esa otra morisca de recuerdos romanos que hoy, globalizada, acoge a gentes de los cuatro puntos cardinales.

 

Bajamos a la mina de oro. En lo alto de la sierra hicieron sus prospecciones en los años 60 del siglo XX buscando pirita aurífera….pero no era lo suficientemente rentable como aconteció en tiempos de los  romanos (recientemente encontrados en el lugar de “Los Pósteles”) que debieron explotar sin embargo el hierro de esta mina (de hecho la galería que se conserva pudiera ser de esa época). Un corte certero en la sierra junto al pozo de unos 4 mts. de profundidad y el escorial (lleno de mineral de hierro con óxidos y alguna pirita aurífera) es lo que te encuentras al bajar de la cima junto a un almendro . Me traen varias muestras . contemplamos  un campo de gamones en flor, esos asfódelos o Varillas de San José que se “esfarrían” por doquier y parecen cubrirlo todo. Para los griegos y romanos antiguos el asphodelus albus (así se llama el gamón en latín) era símbolo de Perséfone, la diosa del Hades o los infiernos, una zona intermedia parecida al limbo.

 

 








 

SILERAS


Bajamos por un pendiente camino de cemento al corazón de Sileras, descubrimos el  antiguos lavadero, testigo silencioso del pasado y de la vida cotidiana de sus habitantes. Contemplamos fotos antiguas de aquellos lavaderos, donde  las mujeres se reunían para lavar la ropa y compartir historias y risas. Nos transportó a tiempos pasados ​​y apreciamos la sencillez y la autenticidad de la vida rural.  

Con la buena lección de  nuestro guía, palpamos esta aldea de Almedinilla conformada como núcleo de población concentrado a partir de calles, callejones y plazuelas, recuerdo de una alquería blanca que mantiene relativamente bien la arquitectura popular a los pies de la Sierra de Vizcántar, por su lado Oeste y a un tiro de piedra de la vecina Jaén. Nos comentó sus vivencias partiendo de sus casas y huertos familiares , donde  el callejero se asienta sobre tierras albarizas o “tosca” cuya formación como sedimento marino.

 Otros sueños que saben a pan deben tener los olivos infinitos, que terminaron por ocupar el lecho de cereales y siembras que cubrían hasta no hace mucho buena parte de las tierras silereñas.

 

La “tosca”, como roca blanda que es, crea agujeros o silos naturales que se dirían puertas al Hades y a sus leyendas, aunque también horadando con alcotana y espuerta se realizaron minas para extraer el agua subterránea, como la mina del campo de fútbol y la de la iglesia.

 

 

La familia de Isidoro nos preparó  unas viandas en las mesas situadas en la plaza de la Iglesia. Algunos degustaron aentremeses en un bar cercanos con  los sabores auténticos y los productos de la tierra, como los platos el gazpacho, las migas y las chacinas.











 

 

 


Por la tarde , tras la comida , en la plaza , visitamos  la Iglesia de la Virgen del Carmen, un lugar sagrado que recuerda  la construcción de los templos de las aldeas de la abadía, cuando se alzaron a finales de la Ilustración y principios del siglo XIX estos templos y ermitas,  se reflejaba que era una auténtico centro de devoción y encuentro espiritual para la comunidad de Sileras ininterrumpido a lo largo de muchos años. El anfitrión Isidor nos hace constancia de los hermosos detalles plasmados con la mano laboriosa y delicada, y como un símbolo de fe y punto de referencia en la aldea. Preside y se alberga en el camarín la Virgen del Carmen, patrona de los marineros y protectora de aquellos que se dedican al mar, es venerada aquí con devoción y amor. Se nos muestra la corona y el pectoral descubierto, comentándonos un robo sacrílego reciente. Nos insistió en la iglesia  que    fue construida por ellos mismos y en zona comunal o ejido allá por 1789: Juan Díez y Juan León fueron los artífices después de pedir permiso al abad  Esteban de Mendoza y Gatica de Alcalá la Real y al Consejo Justicias y Regimiento de Priego, quien nombró al regidor de Obras Públicas Antonio de Gámiz Aguilera y al maestro albañil José Álvarez (así nos lo cuenta Rafael Fernández López) ,

Como si  el tiempo se ralentizara ,  cada rincón cuenta una historia en la boca de Isidoro, su familia, sus vecinos . Todo es  magia de esta aldea, los antiguos lavaderos y la Iglesia de la Virgen del Carmen te esperan para transportarte a un mundo de tradición, belleza natural y espiritualidad.

 En Las Sileras, recocimos que  un lugar dionisiaco que parece no conocer coordenadas temporales y al que hay que llegar. Recuerda las mixturas moriscas que le dan esos huertos regados por las aguas que se vertían desde los lavaderos (y su aljibe), hoy en pie y engalanado pero ya sin agua. Se nos explican  estos  huertos cercados con muros de “piedra seca” ( hoy  sustituidos por el ladrillo y el cemento) donde les gusta crecer a las adormideras y a los beleños, esas plantas dadas a brujerías y magias entre lo real y el asombro.

También nos presentaron unas casas , donde se encontraban   cuartel, colegio, dos almazaras, tahona y tres bares (hoy queda el bar de Manolo, un campo de fútbol y pistas deportivas, un Centro Social y el colegio que resiste a duras penas)  y además de ser centro de encuentro para una población que antaño se derramaba en cortijos y cortijadas por Vizcántar, Las Chozas y el Salaíllo.














 


Nos llamó mucho la atención el agua oculta que llora. Y lo comprendimos con este artículo resumido.

LA FUENTEZUELA
Al pie de la sierra de Viscantar se encuentra la vieja arquería de Las Sileras, posiblemente la pedanía más alejada de Priego en el tiempo que tratamos.  Los orígenes de la misma hasta la presente no se han averiguado, tal vez sea de época tardo-romana o medieval, siendo los primeros vestigios que se encuentran de la población de dos minas que aprovechaban las surgencias de agua del lugar, las cuales están catalogadas:. Por el Museo Histórico de Almedinilla como Mina de Agua 1 de Sileras y, aunque de más longitud, es similar a la existente en la misma aldea (en la calle Iglesia) catalogada como Mina de Agua 2 de Sileras…La mina de agua en cuestión es la típica galería subterránea (a 1,5 metros de la superficie) de 1,60 metros de altura y medio metro de anchura (con sección en medio punto) y una longitud de 35 metros que horada la roca natural de travertino («tosca») hasta encontrar la surgencia y conducirla a través de la propia galería hacía el exterior
[A finales del XVIII Las Sileras debía de ser una aldea próspera, sus vecinos se dedicaban al laboreo de las tierras de pan llevar, y a la cría y trata del ganado porcino (esta última actividad la han mantenido hasta hace unas décadas) aprovechando los pastos y la montanera de los terrenos incultos y de la sierra. La población contó en su día con un molino de trigo, otro de aceite, y horno de pan. Además del aprovechamiento del agua de sus dos minas, utilizadas para el regadío, cuyas aguas eran repartidas por el alcalde pedáneo, dicho repartimiento no debió de causar conflictos algunos ya que los mismos si los hubo nunca fueron tratados en el concejo. Este repartimiento se mantuvo hasta las últimas décadas del siglo pasado, perdiéndose tan peculiar y vieja costumbre sin que quede documentación alguna de dichos repartimientos. Asistimos ahora a la construcción de la primera  fuente y lavadero que a finales del siglo XVIII construyeron los vecinos, en el desagüe de una de sus minas, la cual  se encontraba en la cabecera del llamado paseo, y que con el visto bueno del ayuntamiento de turno de la Almedinilla fue destruida y con su eliminación desapareció un vestigio histórico de la población. Juan José Cano de Sandoval, labrador, vecino de esta villa y alcalde pedáneo de la población de Las Sileras de Viscantar de su término (por estar en las faldas de la sierra de ese nombre y cuyo nombre debía de recuperar integro la población ) se dirigió al Concejo de Priego exponiéndole: Que con inmediación a la ermita de referida aldea hay un hermoso nacimiento de agua que sirve para el consumo de aquellos moradores, ya en su alimento, ya para el ganado de todas las especies, ya para el riego de los huertos, y ya finalmente para lavar las ropas, el cual por estar sumamente descompuesto y abandonado, se suele hacer por referido ganado especialmente por el de cerda, varios atolladeros, enturbiándose el agua que ha de beberse y recogiendo esta la inmundicia de sus cuerpos, de modo que no solo se está sufriendo en ello, el más grave perjuicio a aquel común, sino también el que por cuidar algunos moradores  el aseo y limpieza de dicho nacimient ovrefrezcan entre otros, algunas disputas y desazones.Pide medios para que  se ocupen todo el tiempo que necesiten para la fábrica de un estanque o fuente, para el uso de los vecinos y ganado, y otro para el lavadero, pues desde luego el que habla con los demás pudientes de dicha aldea, se ofrecen a sufrir el costo de la piedra, su conducción, yeso, cal, piedras y demás materiales, y a dar para superar las dietas de dichos albañiles hasta 400 reales . E n la década de los 50 del siglo pasado un poco más abajo del paseo se construyó un lavadero y una fuente que se surtía de dicha agua, unos años más tarde se eliminó la fuente y lavadero del siglo XVIII, perdiéndose en parte la memoria de dicha mina, la cual nuevamente salió a la luz con ocasión de unas obras que cortaron su discurrir en junio del 2018 y fueron paralizadas por el Seprona. A las cinco de la tarde regresamos en Alcalá, tras los bailes y sorteos de la escoba , con un clima festivo y de convivencia que nos recordaban las fiestas aldeanas.

Nuestro agradecimiento a Isidoro, señora, sobrinos, Nacho Muñiz. En lo sencillo está la perfección, y la estética de la esencia natural y humana. 

Me encontré en el maravilloso blogg del Museo de Ecomuseo del río Caicena este artículo cobn el título al que remito para profundizar de las Sileras

AVE! NOMEN MIHI EST SILERAS 

Y me llamó la atención que se partiera de este nombre, pues en documentos guardados en los registros notrariales de Alcalá la Real  en el ARchivo Histórico Provincial de Jaén .Sobre todo, abundan en el siglo XVIII, pero me fijo en este  del escribano Gabriel Delgado, (LEGJAO 4797, FOLIO , 261-263, 16 DE ABRIL DE 1671), Baltasar de Godoy, capellán real de la Capilla de lols Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo, con ascendecnia en la abadía de Alcalá la Real, daba poder al abogado alcaláino licenciado don Fernando de Ardila, para poder vender un olivar  por estas tierras. Y auí se encuentra la clave que se nos ha repetido en varios documentos de estos tiempos. Dice así: " doy mipoder para que mki nombre, pueda vender o venda, al contado o pagadas a cennso como más convenga  un olivar que tiene en el sitio de las Yleras, término de la villa de Priego",  Y refiere que lo recibió de su madre doña Luisa de Villalba, también alcaláina y lo hipotecaba con una huerta de frutales que poseía con su casa de teja en la Rábita a favor de un censo a favor de las monjas trinitarias de Alcalá la Real. 
Sé que algunos relacionaban Sileras con los silos que se forman en muchos terrenos . Pero, aquí aparece claramente YLERAS . Por eso me ratifico.  SALVE, AMICE JOSEPHE ELUISE. MIHI NOMEN YLERAS FUIT ET GENS IN NOIMEN SILERRAS CONVERTIT

 Pero  me encantan estas palabras del blogg del ecomuseo: " Sileras es una aldea blanca de Almedinilla que se conforma como núcleo de población y no como diseminado (al contrario de las otras: Los Ríos, Fuente Grande, La Venta, Brácana, Venta Valero, Las Chozas, Arroyo Granada, Barranco del Lobo, La Carrasca, Cuesta Blanca, Vizcántar). La más antigua de todas las aldeas, incluso más que la propia Almedinilla, hoy sigue viva (aunque menguada de población) y mantiene el atractivo de una arquitectura tradicional relativamente bien conservada y el “ambiente morisco” que seguramente se le dio al nacer.  Piratas, tratantes, cábila…eran los “apodos” que recibían de los “alminilleros” antaño, cuando las trifulcas entre cercanos eran más habituales (aunque no fueran para tanto), un núcleo que posiblemente ya estaba ocupado en los siglos XV, XVI y XVII a diferencia de la actual Almedinilla. Después llegó a tener dos almazaras, cuartel de la Guardia Civil, escuelas y panadería con horno (hoy queda la escuela).

La aldea surgió a los pies de la Sierra de Vizcántar (o de Sileras) por su cara Oeste y en torno a la surgencia de agua que daba sentido a los lavaderos, la alberca asociada a ellos y a los numerosos huertos, cercados con muros de “piedra seca” junto a las viviendas, tierras albarizas o “tosca” sobre las que se añadieron toneladas de tierra fértil. Hoy el agua viene de lejos porque la sobreexplotación de acuíferos secó la fuente.
En lo alto de la sierra un punto geodésico, trincheras republicanas que quedaron después de la Guerra Civil y huellas de una prospección minera que buscaba pirita aurífera (lo encontraron, pero no era rentable su extracción). Y en el campo de fútbol algunos restos romanos y tardorromanos poco contundentes.
Pero la arqueología siempre tiene la última palabra y, por casualidad, tras las obras que el Ayuntamiento realiza para acondicionar el carril que sube a lo alto de la sierra , se acaba de descubrir los orígenes de Sileras claramente, en época romana. Justo encima del actual núcleo (a 100 mts. en línea recta) en el lugar que conserva el topónimo antiguo de Póstele (de postes o paredones de construcción antigua) , que poca gente emplea ya al nombrar este lugar, y junto al barranco de Las Tenazas.ectados por la erosión y el arado, a una profundidad de 70 cmts. , y en la superficie no se advierten restos de ningún tipo.Hay  existencia de tres muros, restos de hormigón romano (opus caementicium) tejas romanas (tegulae e imbrices) y algunos fragmentos de cacharros romanos (platos y fuentes) así como dos bordes de grandes tinajas (dolia). Hablamos pues de un pequeño asentamiento rural del siglo II ó III que pudiera ser una pequeña villa o un conjunto de casas humildes (7 u 8) que se ubicaron junto al barranco (que tuvo agua todo el año hasta hace poco) y de una posible surgencia que hemos localizado junto a los restos, siguiendo las técnicas antiguas del aquilegus o zahorí.

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