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domingo, 9 de agosto de 2026

EL ARTE VERANIEGO EN LA SIERRA SUR E N LA SEMANA DEL JAÉN

 


LA PINTURA DE VERANO EN LA SIERRA SUR

 

            Es muy frecuente que la presencia pictórica y, con menos frecuencia, otras artes como la escultura ocupe un lugar primordial de las fiestas agosteñas en las salas de exposiciones de Alcalá la Real. En los últimos decenios, magnas muestras nos han ilustrado la Sala del Exconvento capuchino con la presencia de obras de prestigiosos artistitas. En los últimos años, varias colectivas en torno a los famosos pintores que surgieron a la estela de la recién fallecida Dolores Montijano o de los maestros del Instituto Alfonso XI. También, colgaron sus cuadros artistas actuales, entre los que destacaron Vicente Moreno, Paco Montañés, José Ángel Vega, Pepe Sánchez Jiménez, Manolo Martínez Vela, Antonio Campaña, Mamen Castillo, Federico Barquero, Sebastián Rosales, o Enrique Valverde. Nos sorprendieron con su creatividad y su alto nivel artístico. Parecía un tiempo, en el que surgía un artista y colgaba su obra en los rincones más insospechados cono el bar Casablanca o sala de asociaciones. Nacieron grupos locales, academias de pintura y escuelas, al mismo tiempo que algún que otro concurso. También, recientemente, se ha adquirido para la pinacoteca municipal, un cuadro de Nuestra Señora de la Asunción del famoso pintor Pedro Raxis Sardo, hijo de Melchor Sardo y afincado en Granada, donde trabajó para Pablo de Rojas. Al principio de verano Sebastián Rosales seguía produciendo obras de una gran gama de recreaciones crematísticas, y, por otro lado, José Jiménez pintaba para la iglesia de Nuestra Señora de Consolación un políptico de retratos con la cruz martirial en el centro, que nos recuerda su última etapa artística de gran pincelada.


 En la Sierra Sur se mantiene con gran éxito, bajo el patrocinio del  Ayuntamiento de Alcaudete, en su edición XXVI el Concurso Nacional de Pintura Rápida.

Alcaudete volvió a convertirse en un gran lienzo al aire libre con una nueva edición de este consolidado certamen, que reunió a artistas llegados desde distintos puntos de España, donde participaron un gran número de pintores en técnica mixta u acuarela ( en la primera, alcanzaron los primeros trofeos patrocinados por diversas empresas e instituciones Ana Sánchez Luca, Jaime Jurado Cordón y Eduardo Gómez Quero; en la segunda Adrián Francisco Marmolejo Clarched, Alfonso Buendía Martos y Francisco Alcántara.

 










        En la sala de exposiciones del Palacio Abacial presenta su obra Eva Moya Rosales, bajo el título 'Cambium', un neologismo latinista que invita a contemplar su obra de estreno con su primera exposición individual. Esta joven artista se encuentra en su último año de Bellas Artes y tras su reciente paso por Varsovia, Eva expone un elenco de sugerencias donde la naturaleza, la textura y la botánica se entrelazan de una forma única.

En el Aula Magna de Capuchinos, se ofrece la obra de Pedro José Segovia Lara, natural de Mérida (Venezuela), afincado en Alcalá la Real que ha acogido a este artista en los últimos decenios. No es extraño que cualquier latino lo haya visto pintar al aire libre escenas variopintas, o posar para su retrato, al mismo tiempo que ha ejercido la docencia de muchos aficionados a la pintura. Su obra se ofrece en cualquier momento desde su balcón del barrio de Iberoamérica.  Parece como si fuera un hijo étnico de la esencia de Etnosur, porque, como manifiesta, personalmente se considera un pintor         que ha encontrado en España el escenario perfecto para madurar su lenguaje pictórico y en este festival se ve atraído por el movimiento especial de los espectáculos. Las fuentes de su obra a son la cotidianidad, la calidez de las tradiciones populares y el latir de los eventos culturales. Su mérito radica en transformar estos temas y vivencias en una experiencia sensorial única. En sus palabras, esta síntesis de vida y arte es denominada “elevación natural". En concreto, una poesía visual que se plasma artísticamente con pinceladas de gran trazo, y donde el olor y la luz reflejan su verdadera esencia. Nos es fruto de la intuición su obra ni de la espontaneidad, sino de un estudio profundo y una asimilación de las diversas tendencias del arte pictórico que se funden en un estilo muy personal que recuerda a la pintura de tierras americanas, y, en algunos momentos a Sorolla.   Nos presenta su nueva exposición, "Poesía Visual", una muestra llena de luz, movimiento y color que refleja nuestras escenas cotidianas y tradiciones. Siempre, con un tinte de optimismo vital que pretende reflejar y provocar la alegría del espectador, Una obra conseguida durante estos últimos años.

Formalmente, su obra refleja la intencionalidad de su título mediante la creación de un universo, en el que se conjugan la armonía y el cálculo de proporciones de modo que alcanzan la vibración del propio equilibro compositivo. Por otra parte, las pinceladas sueltas, de gran trazo y en fragmentación logran una acertada expresión del movimiento y sentimiento. Como la poiesis griega, logra el éxito de alcanzar la belleza en la culminación del acto poético acompañado de una gran fantasía y amor, los ingredientes básicos para atraer el diálogo del espectador.

Cada obra es un libro que nos interpela en forma visual de poema unívoco: los colores, la luz y la composición crean un ritmo propio y característico, que marcan desde las figuras literarias hasta las rimas de estos versos pictóricos.

En la patinadora, el equilibrio contrasta con el riesgo de un pareado de color casi tenebrista; en la arpista, una sinfonía  se corona con un estrambote de cielo que se armoniza con la rima del vestido de la artista; la guitarrista parece una jarcha que emite la vieja ciudad de Granada desde del fondo de la Alhambra; el verso libre  se consigue con el escozo encabalgado de la artista de guitarra eléctrica; la poesía coral se consigue con los danzantes de la fuente taza de los  Álamos; silva reflexiva entre los versos del damero y el mico pensante; moaxaja del saxofonista entre versos de la chaqueta celeste y las notas coloristas al vuelo. El dúo infantil de guitarristas nos acerca a una relectura actual de la poesía bucólica, llena del encanto y el color de corte picassiano sin perder la realidad; el niño venezolano es un cuarteto con tinte venezolano; Contemplando la Mota es un soneto con su estrambote final de la Mota o el Quijote con Rocinante y Sancho Panza es un poema épico burlesco colosal.

        Este fondo tan vital ensamblado con una forma provocadora en color, composición y luz consigue la celebración de todos los momentos de la vida diaria en su más alto grado artístico, que nos invita a contemplar nuestro entorno con un prisma dinámico, emotivo y de emoción pura. Curiosamente, hay que señalar que esta obra poética logra este esteticismo gracias a este paisaje y lugar que lo cautivó, la tierra de la Sierra Sur, por su luz distinta a muchos lugares del mundo.


 

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