LA PINTURA DE VERANO EN
LA SIERRA SUR
Es muy frecuente que la presencia pictórica y, con menos frecuencia, otras artes como la escultura ocupe un lugar primordial de las fiestas agosteñas en las salas de exposiciones de Alcalá la Real. En los últimos decenios, magnas muestras nos han ilustrado la Sala del Exconvento capuchino con la presencia de obras de prestigiosos artistitas. En los últimos años, varias colectivas en torno a los famosos pintores que surgieron a la estela de la recién fallecida Dolores Montijano o de los maestros del Instituto Alfonso XI. También, colgaron sus cuadros artistas actuales, entre los que destacaron Vicente Moreno, Paco Montañés, José Ángel Vega, Pepe Sánchez Jiménez, Manolo Martínez Vela, Antonio Campaña, Mamen Castillo, Federico Barquero, Sebastián Rosales, o Enrique Valverde. Nos sorprendieron con su creatividad y su alto nivel artístico. Parecía un tiempo, en el que surgía un artista y colgaba su obra en los rincones más insospechados cono el bar Casablanca o sala de asociaciones. Nacieron grupos locales, academias de pintura y escuelas, al mismo tiempo que algún que otro concurso. También, recientemente, se ha adquirido para la pinacoteca municipal, un cuadro de Nuestra Señora de la Asunción del famoso pintor Pedro Raxis Sardo, hijo de Melchor Sardo y afincado en Granada, donde trabajó para Pablo de Rojas. Al principio de verano Sebastián Rosales seguía produciendo obras de una gran gama de recreaciones crematísticas, y, por otro lado, José Jiménez pintaba para la iglesia de Nuestra Señora de Consolación un políptico de retratos con la cruz martirial en el centro, que nos recuerda su última etapa artística de gran pincelada.
En la Sierra Sur se mantiene con gran
éxito, bajo el patrocinio del Ayuntamiento de Alcaudete, en su edición XXVI el Concurso Nacional de Pintura Rápida.
Alcaudete volvió a convertirse en un gran lienzo al aire libre con una
nueva edición de este consolidado certamen, que reunió a artistas llegados desde
distintos puntos de España, donde participaron un gran número de pintores en
técnica mixta u acuarela ( en la primera, alcanzaron los primeros trofeos
patrocinados por diversas empresas e instituciones Ana Sánchez Luca, Jaime
Jurado Cordón y Eduardo Gómez Quero; en la segunda Adrián Francisco Marmolejo
Clarched, Alfonso Buendía Martos y Francisco Alcántara.
En la sala de exposiciones del
Palacio Abacial presenta su obra Eva Moya Rosales, bajo el título 'Cambium', un
neologismo latinista que invita a contemplar su obra de estreno con su primera
exposición individual. Esta joven artista se encuentra en su último año de
Bellas Artes y tras su reciente paso por Varsovia, Eva expone un elenco de
sugerencias donde la naturaleza, la textura y la botánica se entrelazan de una
forma única.
En el Aula Magna de Capuchinos, se
ofrece la obra de Pedro José Segovia Lara, natural de Mérida (Venezuela),
afincado en Alcalá la Real que ha acogido a este artista en los últimos
decenios. No es extraño que cualquier latino lo haya visto pintar al aire libre
escenas variopintas, o posar para su retrato, al mismo tiempo que ha ejercido
la docencia de muchos aficionados a la pintura. Su obra se ofrece en cualquier
momento desde su balcón del barrio de Iberoamérica. Parece como si fuera un hijo étnico de la
esencia de Etnosur, porque, como manifiesta, personalmente se considera un
pintor que ha encontrado en España
el escenario perfecto para madurar su lenguaje pictórico y en este festival se
ve atraído por el movimiento especial de los espectáculos. Las fuentes de su
obra a son la cotidianidad, la calidez de las tradiciones populares y el latir
de los eventos culturales.
Su mérito radica en transformar estos temas y vivencias
en una experiencia sensorial única. En sus palabras, esta síntesis de vida y
arte es denominada “elevación natural". En concreto, una poesía visual que se
plasma artísticamente con pinceladas de gran trazo, y donde el olor y la luz
reflejan su verdadera esencia. Nos es fruto de la intuición su obra ni de la
espontaneidad, sino de un estudio profundo y una asimilación de las diversas
tendencias del arte pictórico que se funden en un estilo muy personal que
recuerda a la pintura de tierras americanas, y, en algunos momentos a
Sorolla. Nos presenta su nueva
exposición, "Poesía Visual", una muestra llena de luz, movimiento y
color que refleja nuestras escenas cotidianas y tradiciones. Siempre, con un
tinte de optimismo vital que pretende reflejar y provocar la alegría del
espectador, Una obra conseguida durante estos últimos años.
Formalmente, su obra refleja la
intencionalidad de su título mediante la creación de un universo, en el que se
conjugan la armonía y el cálculo de proporciones de modo que alcanzan la
vibración del propio equilibro compositivo. Por otra parte, las pinceladas
sueltas, de gran trazo y en fragmentación logran una acertada expresión del
movimiento y sentimiento. Como la poiesis griega, logra el éxito de alcanzar la
belleza en la culminación del acto poético acompañado de una gran fantasía y
amor, los ingredientes básicos para atraer el diálogo del espectador.
Cada obra es un libro que nos interpela en forma visual de poema unívoco:
los colores, la luz y la composición crean un ritmo propio y característico,
que marcan desde las figuras literarias hasta las rimas de estos versos
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En la patinadora, el equilibrio contrasta con el riesgo de un pareado de
color casi tenebrista; en la arpista, una sinfonía se corona con un estrambote de cielo que se
armoniza con la rima del vestido de la artista; la guitarrista parece una
jarcha que emite la vieja ciudad de Granada desde del fondo de la Alhambra; el verso libre se consigue con el escozo encabalgado de la
artista de guitarra eléctrica; la poesía coral se consigue con los danzantes de
la fuente taza de los Álamos; silva
reflexiva entre los versos del damero y el mico pensante; moaxaja del
saxofonista entre versos de la chaqueta celeste y las notas coloristas al
vuelo. El dúo infantil de guitarristas nos acerca a una relectura actual de la
poesía bucólica, llena del encanto y el color de corte picassiano sin perder la
realidad; el niño venezolano es un cuarteto con tinte venezolano; Contemplando
la Mota es un soneto con su estrambote final de la Mota o el Quijote con
Rocinante y Sancho Panza es un poema épico burlesco colosal.
Este fondo tan vital ensamblado con una forma provocadora en color, composición y luz consigue la celebración de todos los momentos de la vida diaria en su más alto grado artístico, que nos invita a contemplar nuestro entorno con un prisma dinámico, emotivo y de emoción pura. Curiosamente, hay que señalar que esta obra poética logra este esteticismo gracias a este paisaje y lugar que lo cautivó, la tierra de la Sierra Sur, por su luz distinta a muchos lugares del mundo.

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