Archivo del blog

jueves, 31 de mayo de 2012

ES EL TIEMPO DE TODOS

Se celebraba, a principios de mayo, el día de los Trabajadores. Unos lo celebraban, y celebran, hace años, calificándolo como la fiesta de san José Obrero; otros  la  incardinaron como el Día Internacional de los Trabajadores , o Uno de Mayo, en defensa de su dignidad basándose en la efemérides y homenaje de los Mártires de Chicago. A todos, les mueve resaltar al trabajador-por su lucha en sus conquistas sociales, laborales y políticas- frente a la exaltación del  proceso laboral como un  puro objeto de manipulación económica, de usar y tirar, comprar y vender, o de dígito, simple y puro, de la contabilidad financiera y comercial. En nuestra comarca, por siempre muy  festiva, salvo contadas ocasiones, nunca se ha reflexionado sobre el significado de tan sublime Día; pues hemos reservado esta efemérides al cultivo de nuestros huertos familiares- otra forma de honrar  al día del trabajo-;  o la hemos reconvertido en la cadena festiva del triduo de la Cruz  o de las primeras Flores de Mayo; y, a lo más, hemos delegado en otras personas el sentimiento de la solidaridad sindical o las reivindicaciones laborales en medio de un clima de  tertulianos provistos de trabuquetes antisindicalistas y de catapultas agresivas contra el estado de bienestar. Habría que remontarse a los tiempos de las Sociedades Obreras  de todas las aldeas y de Alcalá la Real, allá  a finales de siglo XIX y principios del siglo XX, cuando los obreros acudían a grandes concentraciones comarcales en el Pasaje del Coto o  a las eras de lugares que ocupaban el sitio intermedio  entre varias aldeas. Y de eso  hay constancia del sentimiento obrero con la lectura de sus propios nombres: Esclavitud Emancipada, Defensa Mutua, la Emancipación, Los Amigos del Trabajo, La Flor del Trabajo, Cereal…

            Es fácil, en estos momentos, responsabilizar a la herencia de una persona o a un grupo político  sobre  todos los males que acontecen a nuestra sociedad cogiendo el rábano por las hojas- que es lo más sencillo, sin  profundizar sobre el sistema capitalista de producción-; también hemos de ser conscientes de comprobar la trascendencia futura de las medidas económicas y laborales que se están emitiendo para afrontar un momento tan delicado en el que nos encontramos. Pues debemos cuestionarnos si conducen a una revalorización del mundo del trabajo o a un maquillaje y sutil cambio de mismo sistema, en el que se dora la píldora al dios del dinero por encima de todo, como siempre acontecen en los momentos de  crisis. Con pocas palabras, vivimos momentos y tenemos la oportunidad de la catarsis, de la autocrítica  y  de la proyección esperanzadora dejando atrás políticas que sean puras pompas de jabón consumista. Pues, si esto no fuera así de sencillo y simple, “muerto el perro, se acabó la rabia”, o, más bien, se había acabado la rabia y estaríamos en un momento de proyección exitosa-cosa que no los estamos comprobando-.

 Por eso, es el momento de todos, pero con una nueva visión  y planteamiento ante la futura sociedad que tratamos de construir. Y, por eso, en el Día de los Trabajadores, desde la Sierra Sur debemos iluminarnos con este mundo de atalayas que nos rodean  para afrontar los retos futuros. Ni debemos caer  en la demagogia diaria de destrucción del adversario anterior o posterior,  y, más bien,  hemos de afrontar como principio básico del sistema económico  el carácter sagrado del trabajador, al que no es lícito eliminar derechos  ni protecciones y debe tener la garantía de una vida digna para él y su familia; ni debemos   minusvalorar el esfuerzo de muchos emprendedores- y digo emprendedores que se entregaron a constituir su pequeña y mediana empresa como un trabajador más-, porque, en muchas ocasiones, son víctimas de los enredos de los movimientos bursátiles y el capricho de las grandes multinacionales abusando de sus horas de sueños e ilusiones; ni debemos destruir el estado del bienestar que nos cierra el ciclo vital de las familias con su subsidiariedad, su solidaridad reconocida y su integración de todos sus componentes mediante la contribución  proporcional y de justicia contributiva  y distributiva de todos los sectores y personas. Como dicen algunos, debemos favorecer la comunitariedad.
En estos momentos de reflexión sobre el mundo del trabajo, podemos  manifestar que es el momento de la solidaridad  con los primeros despedidos  y excluidos de la crisis- parados, inmigrantes  u obreros no cualificados-; es el tiempo de la fraternidad  para construir una nueva sociedad en la que nos encuadre a todos como miembros de una familia en la que el trabajo nos une para conseguir objetivos comunes, y, aunque a algunos les suene a musical celestial, es el tiempo de la caridad. De la caridad que tiende puentes, y no de la que algunos ignorantes laa descalifican con conceptos o interpretaciones del pasado  o con comportamientos demagógicos cayendo en la beneficencia. Porque caridad significa sobre todo amor, entrega de unos para otros, amor interrelacionado sin nada a cambio, cosa que  mejoraría nuestras relaciones,  y va más allá de la solidaridad. Al fin y al cabo, decía Oscar Romero, “Ya basta de sufrimiento para el pueblo. El pueblo es el primero en los sufrimientos y es el último en ser tenido en cuenta No podemos callar  en un mundo tan corrompido e injusto. (…)  . sería de veras la realización de aquella comparación tremenda “perros mudos”¿De  qué sirve el perro mudo que no cuida de la heredad?          

sábado, 26 de mayo de 2012

LOS NIÑOS ALCALÁINOS ANTE LA CRISIS



Esta mañana desayunaba una noticia de prensa que me provocó una mala digestión a pesar de haberme engullido un  frugal alimento. Cierto canal radiofónico resaltaba el siguiente titular: “El 26 por ciento de los menores -2.200.000 niños- viven en hogares que están por debajo del umbral de la pobreza, por lo que por primera vez se sitúan como el colectivo más pobre de España” . Al instante, este  titular lo relacionaba, como les sucede a muchas personas, con el hecho de  que era uno de los bulos y de las deformaciones de la realidad  que continuamente  nos ofrecen los actantes del momento presente. (Por cierto, los nuevos reformadores del Diccionario de la RAE, han ampliado en gran cantidad los sentidos semiológicos de muchas palabras relacionadas con la política y la economía…. han convertido auténticos sablazos, recortazos, copagos,  y subidas del IRPF,  en el polo opuesto de su significado etimológico, escaldándolos de todo lo que significara un desgarro más de la nómina pecuniaria para convertirlo en una necesidad perentoria obligada por la rémora del pasado).  Pero, no lo dejé pasar por alto, recordé que  el impacto de la crisis en los niños era una realidad clara y notoria en España; y, no podía soslayar mi entorno.

Las conclusiones del estudio y el informe de UNICEF-España procedían de  base científica y se manifestaba  en familias que habían sobrepasado el umbral de la pobreza y eran víctimas de la máxima vulnerabilidad. Pues, hay casos de niños que solo tienen la ropa de vestir y nada más, y  se encuentran a expensas de los desechos de las familias que se desprenden de sayos de los niños de bien( a veces, incluso sin estrenar);   hay  niños que se alimentan con muchas menos calorías y  con dietas tan deficitarias  que están a años luz de una familia de las clases medias ( tan sólo algunos pueden disfrutar de la leche que le donan las instituciones humanitarias como la Cruz Roja, o cristianas como Cáritas); hay niños  que les incide mucho más el absentismo escolar por formar parte de un entorno familiar que cambia de hogar o de residencia con  mucha frecuencia; hay niños que están corroídos por enfermedades  y no pueden pagar muchas veces los medicamentos de un simple resfriado, porque sus padres no tienen con que afrontar el recibo mensual de  la electricidad de sus casas, o del agua de sus domicilios o de la renta del arrendamiento. Y, aún más,  todas estas carencias se intensifican en muchos hogares donde se vive una pobreza crónica.
El informe de UNICEF no se merecía un simple comentario, ni tampoco escucharlo para pasarlo a la papelera de reciclaje, sino que me hizo reflexionar  sobre el momento presente, sobre  la comedura de coco que nos tiene insertos con el continuo bombardeo de asfixias económicas por parte de los agentes del consumismo financiero, y sobre  la poca  sensibilidad  con la que  enfocan ese cuarto mundo de la  humanidad, que ya no se encuentra en el Tercer Mundo, sino que son el auténtico Cuarto Mundo de la Pobreza. Sé que muchos piensan que la solución es el célebre adagio latino “carpe diem” y no preocuparnos más que por el día a día y  nuestra diversión salvando nuestro pellejo, que ya es mucho decir. Pero no podemos quedarnos con los brazos cruzados ante una realidad tan sangrante, como son el hambre y la indefensión  de los niños pobres. Es la hora de cambiar el déficit de la usura por el superávit de la solidaridad, la bajada de la bolsa  por la apuesta de la prisma de riesgo para quitar la pobreza, es  el momento de cambiar de pedagogía  de la usura financiera  por la búsqueda de otro mundo donde quepamos todos. Es difícil cambiar de mentalidad, pero el reto es más  profundo  que el del simple cambio de terminología económica o de la salvación de unos pocos. Es algo fundamental, radica en subirnos todos en una misma nave.     

lunes, 14 de mayo de 2012

La Torre la Imagen de la fortaleza de la Mota de Alcalá la Real






Descargar Ginés. Paula..JPG (151,8 KB)            Hace pocos días, tuve la ocasión de observar las obras  emprendidas en la fortaleza de la Mota en torno a la muralla del Gabán, Entrepuertas y muralla del Trabuquete. Parecía como si un  nuevo  adecentamiento prestara una cara más esbelta , más joven y  más transparente a este recinto histórico-artístico. La Torre de la Imagen sobresalía como una majestuosa señora entre el adarve, antepechos y restos del arrabal del Albaicín alcalaíno. En verdad que este monumento tan emblemático  de nuestra ciudad necesitaba de tan importante obra de remozamiento y de la inversión financiera del fondo del uno por ciento cultural de obras públicas, en este momento cuando escasean los presupuestos estatales en mano de obra para paliar el trágico paro que sufren muchos hogares de España; por eso, con gran acierto las autoridades locales se adelantaron en la gestión de una obra emblemática para la cultura y  el empleo de nuestra ciudad.

            Pero, la Puerta y torre de la Imagen no es solo una obra de índole reconstructiva sino un símbolo y una epítome de la historia de la ciudad de Alcalá la Real. Desde su denominación de Torre de la Justicia hasta su última de torre de Santa María, pasando por la Imagen , e, incluso, en algún momento llamada Puerta Nueva. Y, digo, Puerta Nueva, porque  me aventuro a plantear que esta torre recibió,  este nombre para abrir una nueva entrada de la fortaleza, porque, anteriormente,  lo hacía a través de la torre barbacana  ubicada en el huerto de Moriana y barrio del Albaicín, y se dirigía directamente a la alcazaba a través de la puerta cerrada y del pasadizo-clara muestra de ello es el desprendimiento del  amplio lienzo de muralla que se extendía desde la casa de los Aranda hasta la torre de la Vela con motivo de varios movimientos sísmicos o por la erosión de la mano humana y, el último  en torno a l 580.   Por otro lado, esta Torre, con el nombre  de la Justicia, nos recuerda  un momento en el que albergaba, dentro de sus mansiones con techumbre y tejado, la Justicia Mayor de la Ciudad, la vivienda del Corregidor, la Cárcel Vieja-como se cita en algunos documentos- , e incluso  a principios del siglo XVI,    la  Real Chancillería de  Granada para evitar la epidemia de la peste que se extendía en la ciudad de la Colina Roja. Pero, la nueva restauración ha acertado con la recreación de un nuevo escudo real de tiempos de Carlos V y la imagen de Nuestra Señora , con lo que consigue que podamos visualizar el nombre último de esta torre y puerta, a saber " de la Imagen", probablemente una reposición de alguna imagen anterior de tiempos de la conquista de la ciudad cuando  quiso fijarse la huella cristiana  con la advocación mariana tras los muchos años de estancia musulmana en el Cerro de la Mota. La última imagen. sabemos, que había sido costeada, a mediados del siglo XVI,  por la ciudad  y fue realizada por escultor Martín Pérez y el pintor italiano Pedro Sardo, vecino de la localidad alcalaína.  Probablemente,  la lámpara, cuyo aceite pagaban los carniceros de la ciudad, y el garabato donde colgaban las cabezas de los degollados en el campo de batalla, pervivan en el nuevo ambiente recreado tras la restauración. Pues, esta torre está imbuida de un duende especial de la fortaleza, que le aportó varias leyendas como La  del caballero de la capa y apuesta, que osó  subir a la Mota  quedando colgado en los clavos de su portón.  Además es  la puerta de bienvenida y despedida de  muchísimos acontecimientos de la ciudad: el último ha sido el de su extraordinaria y acertada  restauración.


lunes, 12 de marzo de 2012

LO PÚBLICO: LA MOTA







Comienzo de las obras del Gabán
            Lo público es un concepto que nos convierte a todos en agentes y actores de un mismo objeto y/o asunto. Cuando este asunto  es inmaterial se transforma en una idea, que compartes con otras muchas personas en defensa de unos principios básicos y permanentes. Si  este objeto es un elemento material, luchas en favor de su pervivencia,  disfrutas con él   individual y colectivamente y te sientes como  un poseedor pasajero que transmites, inapelablemente,  a tus descendientes. En  Alcalá ha habido otros símbolos que han servido para compartir este  terreno público  en los campos políticos, religiosos o sociales ( con sus distintos apartados). Pero, no cabe duda de que, si hiciera una encuesta  a todos los alcalaínos- presentes o ausentes-, sobre su opinión de la Mota,  siempre  y por unanimidad contestarían que el símbolo colectivo, del que se sienten propietarios en cuerpo y alma, es su fortaleza de la Mota.

Pues, muchos alcalaínos se despiertan abriendo  la ventana para saludar a esta majestuosa dama de piedra durante todos los días del año. Les gusta verla  encanecida por la nieve; como  mujer madura, por el la caída del sol en el atardecer; duermen la siesta con la manta  de la Mota, sobre todo, los vecinos de los barrios del medio  y del de San Juan; radiante de juventud,  los adolescentes despiertan más alegres  en los días de azul  turquesa, cuando no se percibe ni una gota de contaminación.

La fortaleza de la Mota agradece todas las terapias y tratamientos curativos que le han aportado, sobre todo los últimos tiempos. Ha vuelto a renacer, cuando le han extirpado el cáncer de las escombreras de su capa superior y ha aflorado su trama urbanística como si fuera un esqueleto de una clase de ciencias naturales. Ahora, con gran acierto,  le están haciendo los empastes más fuertes y duraderos,  y cubren su caries con los mejores esmaltes del  sillar amarillento.

Parece distinta, cada uno la siente como suya propia. A uno le gusta en medio del mar de olivos y la asemeja a un barco cuya proa se ha restablecido con la restaurada Torre de la Cárcel;  otros   se introducen en medio de las huestes de frontera , y la comparan con la férrea coraza de un caballero del medievo al contemplar el antepecho restablecido según las trazas  que idearon Ambrosio de Vico y Ginés Martínez de Aranda. Hay quienes la cantan  con ojos virtuales, y la  consideran como el disco duro de la torre principal  de un ordenador que transmite las órdenes y la información al resto de las atalayas circundantes. Si fuera un niño, la fortaleza de la Mota, sería la cueva de leyendas de romanos, árabes, bandoleros, duendes y  princesas. Si estuviera provectus aetate, me gustaría esparcir mis cenizas por entre las grietas de sus covachones e identificarme con sus primeros habitantes.

Por eso, no nos extraña que el firme compromiso, del que han hecho  gala las autoridades públicas  de estos últimos  años,  no sea sino una correspondencia con esta alma colectiva, con esta defensa de lo público de los vecinos de Alcalá. Pues  la Mota no es una simple  fortaleza, sino  que  es , también, un símbolo material e inmaterial de la colectividad; una manera de defender lo público, y  que, al menos, algo nos quede de vínculo de unión entre todos, sin diferencias, porque  los frutos derivados de su disfrute y  su aprovechamiento   vendrán en demasía en tiempos no muy lejanos.    

miércoles, 22 de febrero de 2012

LO PÚBLICO






                                                                                  Francisco Martín Rosales



Recuerdo que, en mis años de juventud,  sentíamos un interés apasionado por la defensa de lo público. Nos repugnaban todas aquellas actitudes que trataban de arrebatarnos  el espacio  común, natural  o social. Por eso, algunas proyecciones  sobre este tema nos  causaban un gran impacto – en  el túnel del tiempo, creo que nos sentíamos sumamente atraídos por una película dedicada a una valla o alambrada  que rompía la vida armónica de una sociedad para apropiársela el individuo, resaltando la lucha entre la propiedad pública y privada - y, salvando la legítima propiedad privada, nos convertíamos en defensores a ultranza de aquellos espacios comunes que los individuos  no podíamos dejar que lo usurpasen las personas particulares.

Hoy día, sin embargo, con una miopía galopante y una insensibilidad sin escrúpulos,  asistimos al deterioro más  alto que se ha producido en la historia  de una parte fundamental de las sociedades humanas, en concreto, de todo lo que  pertenece a cada uno de los miembros de un  lugar  y, al mismo tiempo,  se comparte en común con el resto de su comunidad para  poder  realizar el trabajo, prestar un servicio  o, simplemente, para disfrute  y ocio  que se nos otorgó por el consenso natural y universal antes que vinieran los legisladores.

Casi todos los días, podemos poner ejemplos sobrados  de los hurtos y robos con nocturnidad y alevosía que se producen en nuestro entorno. Unas veces,  notamos la falta de un elemento del mobiliario urbano- un  banco, una farola, un árbol, una planta de un jardín o un árbol-  que probablemente se ha colocado en una casa particular o ha caído en manos de  los traficantes de lo ajeno ( de seguro,  encolerizaremos y echaremos sapos por la boca  contra el ladronzuelo de turno).; sin embargo  otras veces,  nos quedamos  como panchos , cuando  vamos caminando y nos topamos con caminos,  que los abrió la naturaleza y fueron ( y son, porque los bienes públicos son intransferibles) ,   comunales, de propios y de realengo (   lo que  hoy día serían del pueblo), convertidos en  particulares, ya que el arado mecánico del tractor ha metido la cuchilla en donde  no era suyo. Y nos queda una cara de tontos, porque nos quieren  hacer pasar de ignorantes.  Así, en  nuestra comarca de la Sierra Sur, de pronto, y como de bruces, te topas, con frecuencia, un camino que comienza y  se rompe  por la labrantía ilegal. A veces, incluso se colocan vallas, invadiendo caminos que ya se fijaron  para la eternidad  y revisaron, con sentido de ejemplificación,  las autoridades en las visitas de veredas, caminos, sendas, y servideras. A la defensa de la intimidad y de la propiedad privada, incluso se le llama usurpación de lo ajeno.

Y es que el lenguaje está cambiando, cosa que es lógica. Pero, si  una calle  de Alcalá la Real o de las aldeas,  nos pertenece a todos para desplazarnos,  o  para disfrute de la comunidad, ¿Por  qué las calles del campo, que no son sino los caminos, veredas, servideras y sendas de antaño, no se respetan y se mantiene intocable el uso comunal, ya que sirven para el transporte de la riqueza y el desplazamiento humano- así como en la sociedad del ocio, al desarrollo físico de las persona?

Por eso, creo que es necesaria una nueva visita, revisita o revisión de los caminos de nuestro entorno, antes que nos encontremos que no se puede pasar del Portichuelo, con eso de los deslindes y otras hierbas, que es lo mismo que la defensa de lo privado.  Esperemos que se tome nota.

miércoles, 15 de febrero de 2012

MANUEL RAMÍREZ ZAFRA




Desde un año acá, nos ha sobrevenido  una  mala racha en el centro educativo de enseñanza secundaria “Alfonso XI”, de Alcalá la Real, parece que  envejece, al mismo tiempo, con sus hombres y su edificio. Se nos fue Luís Gallego, que ya glosamos en un artículo anterior; recientemente el joven Antonio Téllez nos abrió  el año con un sabor de primavera muerta; ahora no ha tocado el corazón la muerte de nuestro compañero y amigo Manuel Ramírez Zafra. Todos ellos eran miembros del personal docente, dedicados a las tareas complementarias del  sistema educativo, en el que la reproducción de un documento o la puesta en funcionamiento de un aparato de las nuevas tecnologías juegan importantes roles en la formación y en la educación de nuestros alumnos.  No puedo pasar por alto y de soslayo  la figura y personalidad de Manolo Ramírez; dejó una huella profunda  en el centro alcalaíno durante su paso por la conserjería de las dependencia del instituto decano; siempre dispuesto a  prestar sus servicios a los profesores a la hora de la preparación de las clases-realizando con todo mimo y afecto las tareas  encomendadas  del material educativo- aportando su sentido común y su afabilidad en sus relaciones con los compañeros de su entorno y con todos los profesores. Luego, cambió de ruta y quiso adelantar su edad de jubilación, prestando los servicios en el Centro de Día, se ganó la simpatía y  la buena consideración de los miembros de la Junta Directiva, personal de este ente, y de cada uno de nuestros queridos mayores. Siempre recordaré el afecto y cariño  con que ejecutaba todas las tareas: disfrutaba regalándome la participación  del décimo de Navidad, que intercambiamos con el de la Virgen de las Mercedes. Le encantaba leer las cosas de nuestra tierra, se mantenía informado diariamente sobre  los asuntos de nuestra ciudad  en la prensa local y de la provincia. Por última vez, le regalé la revista de la Patrona.

 Recuerdo que siempre era una persona respetuosa con los antepasados, pius erga parentes, y, por eso, quería que el  pueblo recordara en una revista cofrade el nombre de su abuela Mercedes la Cantera. De pequeño, le había dejado una  huella indeleble de mujer autodidacta, ingeniosa y médica artesanal, y creía que con aquel escrito se le hacía un homenaje merecido.

Era un gran conversador, sencillo y muy cariñoso con su mujer  y todos los miembros de su familia, le gustaba ser amigos de sus amigos, vivía y compartía muchas historias de nuestra ciudad con los hombres de su confianza,  y era leal con los suyos;  también era un hombre de palabra, prevenía a sus íntimos  lo que podía sobrevenirle para no verlos desesperanzados. Y, siempre, en otoño me convocaba  y me esperaba para ofrecerme las acerolas amarillas de aquel árbol centenario de su peculio del Puente Mané. Y, allí, en aquel paraje  reconocía  tantas cosas, cuando compartíamos  unos momentos, como estos  que describía un poeta: “Pasa el grito veloz/ efímero del aire./ Le recuerda otro tiempo,/ cuando podía a solas/ perderse un día entero, ver oír,/  sin buscar nada más que el propio día/” . Se convertía, allí,  en el consejero sincero, el  historiador de la intrahistoria que no se escribe, en  el alma nostálgica de sus tiempos de albañil, de trabajador en  Condepols, de su primero oficio educativo y vecino de Quesada, en portador del orgullo de ocupar un número de los primeros hermanos del Cristo de la Salud,  y en el laborioso agricultor que se enorgullecía con el laboreo de  sus parajes en tierras alcalaínas. No me esperaba que reinara en ti para siempre el silencio imperturbable de nuestros campos. Siempre daba aliento a los demás.

Y me viene a la mente el regreso de mi último encuentro como cuando te visité en   tu casa,   y lo hago con estos versos: “pensativo, ligero de pasaje/con la nostalgia oculta en el bolsillo/del recuerdo, bueno, integral, sencillo,/compañero del olmo y del paisaje/.En este  caso, falto  del fruto de tu  acerolo, orgullo de tu linaje y de tus amigos.                                  

EL DESLINDE




                       



Me viene a cuento una fábula de un novillo muerto, encima del cual  se colocaba como dueño y señor un fiero león. Pasando por aquel sitio un ladrón, le pidió la parte que le correspondía de aquella apetitosa presa;  a continuación, pasó de largo  un indefenso viajero que, ante la ferocidad de la fiera, retrocedió lleno de temor. Sin embargo, ante la incredulidad del ladrón  el  timorato viajero fue reclamado cariñosamente  por el ilustre felino.  Esta es la primera parte  o escena  de esta fábula. Y viene  muy a  cuento con respecto a aquellas personas  que les gusta repartirse algo que no les corresponde y continuamente se muestran en un sentido depredador intenso  apropiándose de todo  lo que es ajeno; porque  no respetan ni lo que  es de otro, y menos lo que  es público, sino que, a las primeras de cambio, se lo apropian y lo anexionan a su terreno privado o entre sus enseres de hogar. Y, aún más, lo peor de todo, son  una especie de personas que se inventan marcas de división hasta donde no existen, lindazos de tierras con corrimiento de mojones que siempre se mantuvieron  en su sitio ( y no en los que ellos se inventan), fronteras y límites de supuestos poblamientos, aldeas o terrenos que nunca llegaron a dividirse. Pero, eso no les importa a este tipo de señores del hurto, sino que son como el ladrón que cree que todos son de su misma condición.

Menos mal que viene la segunda  parte de la fábula. Al ladrón no se le reparte nada, al viajero le da una buena parte del novillo  y, además, el león  deja abierta la mayor parte de la  presa dividida para todos los hombres que acudan al bosque. Pues, el león, símbolo de fiereza pero testigo  vivo de ser un  señor o caballero,  no  quiere respetar a esos intrépidos hombres amigos de lo ajeno, sino que tiene  más en cuenta  el comportamiento de esas personas sencillas que saben respetar lo que es de todos y, por eso, consciente de  su responsabilidad de repartidor, sólo se atribuye la función de ser un buen administrador de unas  simples particiones, o  distritos provisionales  para llevar a cabo  una mejor distribución de la piel  que, por cierto,  es comunal.

De ahí que el león sea altivo con el ladrón, porque quiere llevarse la mejor presa y dejar hambriento a  todos los demás. Es complaciente con el viajero  por su respeto a la legalidad, y  es generoso  para que todo hombre disfrute de la piel del novillo.

Bella lección, en estos tiempos en los que algunos se imaginan  que son los jueces de los linderos de términos municipales- nunca nacidos-, los salvaguardas de los  límites de pueblos que nunca existieron y  la jurisprudencia de una forma de gobernar mezquina y egoísta. Y esto sucede en el ámbito nacional,  pero, en el  ámbito local, hay voces que se reparten, sin razón histórica  ni social,  piel de terreno de la paloma de la comarca alcalaína  que nunca fue destrozada ni por los más grandes buitres de los caballeros medievales ni por los convulsos movimientos del federalismo del diecinueve. Pues la piel de esta paloma  es grande,  y puede abastecer a  todos los vecinos,  sino la  convierten en una sola  pieza,  en un simple corazón destrozado- Una Mota- . Dejemos a los  ladrones que  sean  ilusos y osados en reivindicar  que les corresponde el resto de la paloma,- pues se pelearán entre ellos creyendo que  unos llegarán hasta el Porticuelo, otros hasta Puertollano, otros hasta el camino de Charilla, e , incluso algunos ladrones atrevidos ansiarán  que su parte llegue hasta las puertas del Consistorio. ¡Qué lastima no le quedaría ni corazón ni cerebro a esa paloma!     Por eso, menos  mal que, en el escudo de Alcalá junto al castillo de la Mota está el león triunfante, caballero de reparto y caballero de unión, como marca indeleble de la historia local.