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domingo, 4 de junio de 2023

PEDRO VENEROSO, UN GENOVÉS EN ALCALÁ LA REAL, HISTORIAS DE SU CORTIJO.


 

PEDRO VENEROSO, UN GENOVÉS EN ALCALÁ LA REAL

 

 

       Era un día de marcha por tierras de la frontera, lindera con el termino antiguo de Granada  Y pasamos el  puente de Villalobos que salva la corriente abrileña del arroyo de Palancares. En seguida, todos buscan la villa que le dio nombre lupino. Pues mucho se ha especulado por su nombre, que se envuelve en la leyenda del mundo rural a la época de la caza y muerte de lobos, por cierto, en tiempos pasados sufragada por las arcas municipales. Y cortamos de pronto a los senderistas.

-Es verdad que el nombre de estas tierras se debe a la familia Villalobos, jurado del cabildo municipal del siglo XVI que poseía un cortijo por estos lares.

-Uff, pues yo me había creído lo de los lobos.

-Las leyendas no tienen límite a la veracidad. Allá tú.

-No, lo que tu me cuentes.

- Te cuento, Te puedo señalar dónde incluso se encontraba el cortijo y sus tierras. Cerca de aquí del puente.

Primavera es la estación ideal para recorrer pasear por estas tierras. Con el mapa de Amelio López, manuscrito de principios de siglo XX, todos los  senderistas se topan  con cortijos y casas renovadas y destruidas entre muladares. Pero, se describe una página geográfica del pasado. Pues el cortijo  de   Villalobos se mantenía en la ribera del arroyo del  Palancares,  y sus tierras lindaban  a occidente con el arroyo de Ana Ramos y a oriente con el camino de Agreda sin formar una cortijada ni ningún núcleo rural. No obstante, ya se distinguía un molino de pan que se movía por las aguas del Palancares.  os cortijos eran  de grandes extensiones en las que predominaba  la labor en tierra calma. Por cercanía a este cortijo se encuentran en dirección oriental  Los Cierzos, Casillas de las Bizcas, casa de Félix Chinguil ; en la parte norte a partir de la Fuente de los Ballesteros, pequeños cortijos con unas tierras de pequeñas extensiones,  casillas de don José Retamero, Juan Simeón,  casa  de Cañada Honda, Antonio Nieto,  Cigarrón, Filancha,  Francisco Cantero y  el cortijo Veneroso:

-Has dicho Veneroso,

-Pues los vecinos  le llaman Venerose

-Ni mucho menos, Veneroso  me suena más.

-Yo desde que nací  me dijeron que Venerose era un lugar importante, tenía hasta escuela, fiesta en la era de su cortijo,

-Pues más importante fueron los Veneroso. Por estos terrenos de ganadería lanar. Alguno  fijó una propiedad.

-Cuenta, cuenta.

-Consiguió el cargo de regidor en 1598, ya no se reservaba el ayuntamiento para los hidalgos.

 

-Se vino a vivir a la ciudad de la Mota. Fijó su residencia  junto a una casa de la familia de los Frías por los Lagares, Además  poseía un mesón y una casa vecina al anterior en la calle Cava que solía arrendar. .

-Esto , me cuadra-respondió el mureño.

-Asi, ¿no iba a fundar aquí ni un oratorio, para venerar a alguien?

-Pues, según parece, pero lo que sabemos que  adquirió cerca de su casa un mesón.

        -Tocaba todos los campos de la economía.

-Estaba situado en la calle de los Mesones, junto a otro mesón y un horno lindero con la calle de Los Mesones,  frente a las casas de la calle Cava  y el corral del convento de los trinitarios.

        -En 1599, se trajo a un mesonero de Granada. Miguel Sánchez de Contreras al que arrendó la posada

-Y recibió un préstamo de su tío Bartolomé de 371.000 maravedíes.

-¿Qué has dicho Bartolomé Veneroso?

-Sí, si. Me voy a explayar con su tío. Famoso mercader y financiero genovés, nacido en Génova (1549) y muerto en Gójar (Granada, 1609) en la casa de  su sobrino Pedro. Era hijo de Pedro Veneroso y de Pereta Ferrari. Miembros de una familia de la nobleza nueva genovesa; les apedillaban a lo romano nobili novi, tan importante que se hizo con el poder en Génova a mediados del siglo XVI (entre sus antepasados encontramos médicos y abogados). Lo hacían para satisfacer la demanda de las ciudades pañeras de Florencia, Bolonia, Milán, Padua o Venecia de modo que  para drenar la preciada materia prima los mercaderes genoveses construyeron una tupida red comercial con agentes ligures en los puntos clave –ciudades y villas más importantes del sur castellano como Granada, Baeza, Antequera, Córdoba, Jaén,Huéscar, Baza, Loja, Alhama, Alcalá la Real –, agentes y mercaderes locales en poblaciones medianas en contacto permanente con los ganaderos de ovejas. Al frente de todas las operaciones, estos grandes hombres de negocios genoveses dirigían desde Génova todo el proceso. Los Brignole, los Sale, los Balbi, los Centurión,l os Adorno, los Doria, los Francesqui a través de cartas a sus agentes en Granada –Veneroso, Mayolo, Mortara, Invrea, Digheri…– calculaban la de lana a comprar cada año, dependiendo de las necesidades del mercado y la posibilidad de beneficio  que la coyuntura económica les permitía

-Y qué fue de la familia de Pedro.

-Los Veneroso se integraron en el Abergho Lomelino, de ahí que aparezca en las décadas de los 60 y 70 con este apellido, con el que no tenía lazos de sangre. Fue fundamental en el comercio de la lana y el azúcar del reino de Granada, nuestros antepasados pueden dar fe. En 1563  el tío Bartolomé llegó a Granada desde Génova, a la edad de 14 años, junto con su hermano el mercader Francisco Veneroso. Fueron unos linces de los negocios: lo mismo hacían de agentes de grandes mercaderes y banqueros internacionales genoveses, que cobraban  juros de los cabildos y administraciones, y adquirían  grandes cantidades de lana, por pago adelantado, incluso, inauguraron  el sistema de préstamo encubierto, y por las que cobraban comisiones. Ni que decir que estos dos hermanos Veneroso, siguiendo los modos de actuar de los mercaderes genoveses, llegaron a  prestar dinero a grandes nobles a cambio de controlar las rentas de sus estados o bien sobre hipotecas sobre los mismos. Solía ser  la principal ocupación de las compañías genovesas con sus  servicios financieros que ofertaron a las élites mercantiles y nobiliarias granadinas  Préstamos, letras de cambio, asientos, dinero –en fin– que sus amplias redes podrán movilizarse hasta lugares calientes de la Monarquía Hispánica o facilitar capital para nuevos negocios o compañías comerciales locales. Al mismo tiempo los genoveses de Granada, como agentes de los bancos genoveses y orentinos fueron los que se ocuparon de cobrar para sus jefes la deuda pública –los juros–.

 

--Ya, ya, con estas mimbres, me figuro que venían a Alcalá y tentaban a los  hidalgos alcalaínos, comprándoles las arrobas de la lana en las eras a pleno sol sin nombres, pesándolas sin roña, con barrido y no regado.

-Sí, si, hay noticias de que  1567 ya compraban lana en Huéscar, principal centro lanero del reino de Granada y de buena parte del sureste castellano. Y lo más importante que en  1575 compraron su lavadero del Batán, primero de un proceso que culminó con el control total de los lavaderos de Huéscar por parte de Veneroso al comprar a finales del siglo XVI el lavadero de don Daniel Quarteroni.

-Nada menos que a este gerifalte.

- Así, de claro, pues Bartolomé se hizo inmensamente rico y poderoso ya que cobraba comisiones –generalmente a otros mercaderes genoveses– por cada arroba de lana lavada en sus lavaderos, en un momento que Huéscar lavaba gran parte de la lana que se exportaba a Italia desde la Península.

-Hay noticias que en 1576 se avecinaban los dos hermanos, en Huéscar de modo que en 1582 formó una rica compañía comercial con éste que duró  hasta la muerte de este último en 1585. Y, si no valía el poder económico, se introdujo en las familias nobiliarias. Pues en 1582 contrajo matrimonio –con una dote de 11.200 ducados– con doña Juana Messía de Alarcón, hija del veinticuatro granadino y caballero de Santiago don Alonso Messía de Alarcón y de doña Francisca Arias de Mansilla Pérez de Herrasti.

-Le faltaba el ascenso político.

- Pues, así fue, en 1585 compró un oficio de veinticuatro de Granada, lo que le permitía actuar políticamente en el cabildo municipal granadino; lo mantuvo  hasta 1604, en que lo vendió a Hernando de Belmonte Calderón.

 

-¿No, se metió en otros negocios?

-Concretamente, en 1589, amplió negocios, e intereses comerciales adquiriendo el ingenio de azúcar “Los Imbreas” de Motril. Tenemos noticias de barcos fletados por Veneroso con destino al puerto toscano de Livorno.

-Dices, la azúcar,¿ tan importante era?

- Sí si el otro gran producto en el que en el que los genoveses mostraron interés, fue el azúcar. Al contrario que los lavaderos de lana, los medios de producción –los ingenios de azúcar– no estaban, en un primer momento, en mano de los genoveses, yt ampoco estos llegaron a controlar todo el proceso, pero estaban cerca. 

- Me suena que en la década de los 60 del siglo XVI los dueños de los ingenios eran, mayoritariamente, mercaderes moriscos –Chapiz, Hermes, ,Cebtini, , Hanini, los Madrid– si bien, vemos cierta participación mercaderes italianos Gradi y Quarteroni, y castellanos como los Flores

- Ademés el azucar se hizo un producto indispensable para la economía europea, n otanto para endulzar las mesas de los poderosos, sino como agente conservante de la fruta  en forma de mermeladas, siropes, estafafituras y compotas.

-Sí, si, Junto a los anteriores, también intervinieron en el comercio de otras materias primas producidas en Castilla como la barrilla –indispensable para el jabón y el cristal veneciano–, el aceite –como lubricante industrial, como comida de ayuno y para fabricar jabón–, vino, pasas, el alumbre de Rodalquilar

, o importadas desde Indias como los tintes cochinilla e índigo,los cueros de indias, las piedras bezoar, o medicinas como el leño santo, la zarzaparrilla, el jengibre o el sasafrás.

-Parece que todo se lo llevaban.

-No todo, al mismo tiempo los genoveses abastecieron de productos europeos la economía castellana. Tintes como el pastel lombardo, indispensable para las pañerías de Baeza, Úbeda y Jaén o las sederías de Granada; el papel genovés, principal producto de la metrópoli; espadas de Génova y Milán y  y el oro hilado de esta última; paños italianos de Florencia y Bolonia, flaamencos, tcnología para los telares, manufacturas de Flandes, coral,  y caballos frisones

 

-¡Cuanto movimiento y quebraderos de cabeza!

-No es de extrañar que en 1599 estuviera preso en su casa al ser condenado a pagar 10 millones de maravedíes por cierto pleito.

-Me cuentan que decían que  era el individuo con más pleitos en la Chancilleria de Granada.

-Pero, algo haría para salvar el pellejo.

-Claro que sí, en 1604, incluso con el saco de juicios  y  la oposición de un buen sector de la administración, adquirió por 80.000 ducados el oficio de alguacil mayor de la Chancillería de Granada,

- ¡Qué dices!



- Eso le valía el poder de nombrar ciertos cargos en este tribunal de justicia.

-Era un buitre, acechando la presa más oportuna. No le importaba la edad. Fíjate que en los últimos años de su vida se dedicó frenéticamente a adquirir casas y tierras, especialmente de bienes de moriscos. . Con la Guerra de Las Alpujarras, tras la estafa

fiscación de bienes a los granadinos, y su posterior subasta, el panorama cambió radicalmente. Los genoveses entraron de lleno en el proceso productivo junto con los mercaderes judeoconversos, sobre todo burgaleses y toledanos. Los Venerosos no perdieron la oportunidad de participar en este lucrativo negocio y adquirir ingenios de azucar en Motril y Adra, arrendando algunos más en otros lugares dela costa granadina

 En 1609 falleció en Gójar.

-Ya me dijiste.

- Seguramente,  en la casa de su sobrino Pedro Veneroso, su ojito derecho, y de su esposa doña Melchora de Bocanegra, los que vivieron en nuestra Alcalá la Real.

-¿Algo debió heredar?

-Pues, evidentemente, ya que en su testamento fundó dos mayorazgos y varios patronatos y capellanías. Aunque el primer mayorazgo lo hizo  a favor de su sobrino Juan Pedro Veneroso, hijo de Francisco, el otro lo hizo con nuestro  Pedro Veneroso, hijo de su hermano Juan.

-Debía ser suntuoso

-El primero rentaba 14.000 ducados anualmente con los cortijos de Quelima (Ventas de Huelma), Ácula, Noniles, Lorenzo y Juan de Aranda y Almarcha, tierras en la vega de Granada y en la ciudad y el oficio de alguacil mayor de la Chancillería de Granada.

-¿Y, para nuestro Pedro?

-Los cuatro lavaderos de lana de Huéscar, y ocho cortijos en Iznalloz y Baza.

, estaba casado con Melchora de  Bocanegra.

-_Mucha cantidad me parece.

-Elevada , pero tenía muchas necesidades.

-Y, como se dice, muchos apoyos, para hacer frente. Los bienes de Alcalá, Gramada, Guadix e Iznalloz, hasta el cortijo del Salado.

-Y, a punto de caer un siglo. Y de morirse su padre Juan de Veneroso, y recibir la herencia de parte de su cuñado Juan Bautista Zarreta, unos 10.5000 maravedíes.

-No era solo Pedro, era  también de Marcelo Veneroso el  que compró el cortijo a Rodrigo Alonso.

-Tenía por mayordomo a Miguel Romero en Granada. Casas, mesones, posadas, tiendas, caserías, tiendas, cortijos y todos los bienes, y mantenía  acuerdos con su hermano Marcelo

-Alcanzaban los diez mil ducados para compra  y venta de lanas y mercadurías. Y en medio de una red de tíos, hermanos, sobrinos y sobrinos políticos, todos ellos integrados en la comunidad genovesa del reino de Granada, nodo más o menos poderoso dentro de un extenso sistema comercial global, que tuvo por centro a la Serenissima República  de Génova y a su capital homónima. Formando una de las compañías comerciales, generalmente entre miembros de la comunidad ligur, pero no del todo cerrado a los mercaderes locales más prestigiosos, si la coyuntura económica era favorable a ellos.

 

-Y Pedro llegó a nuestra tierra, en el negocio lanera, según veo en los últimos decenios del siglo XVI.

- En torno a este comercio de la lana con destino a la exportación a Italia, Pedro Veneroso introducía a nuestra ciudad en esta red con una serie de agentes –unas veces genoveses, otras testaferros locales (escribanos, pequeños mercaderes, oligarcas ganaderos)– , estratégicamente situado esta población clave para la producción lanera como en Alcalá, enlazada con otro proceso, el  de lavado –Huéscar– y con las  aduanas y puertos como Yecla, Murcia, Lorca, Cartagena y Motril . A través de estos agentes se canalizaba la lana de los ganaderos, usando a los oligarcas locales –y a sus facciones o grupos clientelares– como mercado abastecedor de lana y demandante de productos fabricados importados por los genoveses Para la creacion de esta red fue indispensable la participación del poder local y la integración de los mercaderes genoveses por medio de matrimonio con la élite castellana, en el caso de Pedro Veneroso su parentela estaba vinculada con la granadina Melchora de Bocanegra de gran relevancia en la capital y, además  en la zona de Domingo Pérez, porque  era la  segunda mujer de Juan Pérez de Herrasti, y al  enviudar, con Pedro este sobrino carnal del mencionado Bartolomé Veneroso. Luego , se avecindó en Alcalá la Real, y compró el cargo de regidor y una casa en la calle de Los Lagares. Con este grado de hidalguía, empleaba la estrategia de su ennoblecimiento del linaje, transformando el capital mercantil en capital nobiliario y rentista. Compró el cortijo  de la Sierra del Camello, junto a Cañada Hondam, linde con la Sierra, tierras de García Gallardo y cortijo de Ana Ramos. Y adquirió bienes raíces de todo tipo especialmente casas en la Mota., cortijos de cereal, censos, juros, o beneficios  venales que rápidamente hicieron olvidar ala mayor parte de la sociedad su pasado foráneo, humilde y, sobre todo, comercial .

-No paso los años en balde, en Alcalá, por lo que se ve.

-Su labor normativa en la organización de la ciudad de la Mota fue muy eficiente, en el mundo de aceite y construcción, Inclsuo, a la hora de marcharse legó sus bienes para fundar un colegio de segunda enseñanza con el nombre de la Virgen de la Cabeza.

-Pero, algo mayor debió tentarle.

-El mayorazgo que le creó su tío. No era moco de pavo.

- Y creo que lleno de pleitos con el de Juan Pedro Veneroso, su primo.

-Evidentemente, . Cincide su marcha en  1604 y1605 cuando su tío adquiere ocho cortijos en las cercanías de Iznalloz, bienes que añade al segundo mayorazgo junto con los lavaderos de Huéscar

Fundado en 1608 anexionando el Patronato de la Capilla Mayor de San Justo y Pastor. Un año  después, su tío Bartolomé Veneroso «uno de los hombres más poderosos que han tenido Granada» murióen 1609 en Gójar en casade doña Melchora Bocanegra mujer de Pedro.

-¿Y qué pasó con el cortijo y bienes de Alcalá y la fundación del colegio?

-Muy sencillo, no llegó a fundarse el colegio alcalaíno. Y ambos mayorazgos llamaban a la Compañía de Jesús y a su Colegio de San Pablo de Granada como heredera en el caso de la extinción de su familia, cosa que finalmente terminó ocurriendo, al mismo tiempo que se fundaba el Colegio Mayor de San Bartolomé. Este hecho fue fundamental para los Jesuitas, pues en el siglo XVIII las rentas de los bienes de Veneroso suponían un alto porcentaje de los ingresos del Colegio de San Pablo. Además de la citada cláusula de los mayorazgos, Veneroso donó a través de uno de los patronatos 21.000 ducados al Colegio jesuita de San Pablo para fundar en la capilla mayor de su iglesia su capilla de enterramiento, anexa a su palacio, hoy Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago. Otro dotaba de 2000 ducados de renta anual al Hospital de San Juan de Dios para curar a 8 personas a perpetuidad. La capellanía la fundó en el convento de San Agustín de Granada.

-Bueno, no todos los bienes quedaron en manos de los jesuitas.

-Pues mira ese documento.

-Toma. Lee.

-Escribano Felípe Pérez, diez de diciembre de 1609. Concierto entre el monasterio de Nuestra Señora del Rosario y Pedro Veneroso, vecino y veinticuatro de la ciudad de Granada y alguacil mayor de la Chancillería.

-Como su tío.

-Hace una donación y gracia de un cortijo con sus tierras y casas de teja y encinas y quejigo y con  120 fanegas de tierra y poco mas de ocho fanegas rompidas en la Sierra de San Pedro, seis casas en la Carrera con su horno y lagar con la obligación pagar un censo de 600 ducados.

-Y a cambio de qué.

-Los frailes se comprometían a algo. Sólo cobraban el arrendamiento de estas tierras. 

-No hay noticias.

-La única, que existen las ruinas del cortijo, y se han roturado casi todas las tierras, y son otros los propietarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De allí, bajamos por el camino de la Fuente la Zarza, a la izquierda del cortijo de Ana Ramos    hasta el camino de  Alcalá a Morca que desemboca en el de Agrela ..); recorrímos  estos parajes xdel camino de los Agreda y la Fuente la Zarza entre tierras qie eran de secano, calma, monte y erial en su mayoría. En dirección occidental a la fuente y camino de la Zarza y el arroyo de Ana Ramos, el cortijo de Juan García. Tras pasar el camino de la Ventilla, que procede del de Vélez y Hueltes,  y por encima de los caminos y fuentes descritas, se encontraban  el cortijo del Allozarejo  de monte y   tierra calma, la Olla, la casillas  de la Churrera y Antonio Castillo, cortijo Fuente Hoyos,  y en dirección al oriente, la casa de Dolores Rincón, María Morón, Portillo Terrones, Juanico el del Camello y  Juan Calvo. En el mismo Camello, algunas casas, casillas de Castillo, el cortijo de la Barra, y  una gran cantidad de chozas , todas estas últimas linderas con el termino de Montefrío e Íllora, desde donde corrían  las aguas del arroyo Cañadas. Cerca Carboneros. Mirando al sur del cortijo de Villalobos hasta llegar al cortijo del Juanil en un terreno de tierra calma, para producir cereales y muy poco monte, estaba  el cortijo de la Aroma y la casa de Manuel Ibáñez bajo el camino que enlaza el de los Gueltes con el que viene de Alcalá hasta Agrela; por encima el cortijo de la Chota; pasando el camino del Juanil  por el Gatunar y arroyo, cortijo de la Chota,  casilla de Antonio Valverde  y Fernando y al pasar el camino de Alcalá, el cortijo de las Ánimas, de los Almendros, cortijo Pérez, el Tablero, Melgar  y la Merced tras pasar el camino de la Zarza.

 

LA TARASCA ALCALAÍNA

 

 

 

LAS TARASCA ALCALAÍNA

A MODO DE RELATO

 

 

 

 

Me he paseado muchas veces por la calle Utrilla. Creíamos que se refería a un  general  del mismo apellido. Pero, acudiendo a  los libros de actas de cabildo, pude remontarme mucho más allá del pasado siglo. El primero que vino a Alcalá fue un tal Miguel de Utrilla, un ganadero que provenía  de tierras granadinas, tras haber hecho cierta hacienda entre las ciudades de Iznalloz y Guadix; pronto fue elegido jurado de la ciudad y, en torno a los años setenta,  gozaba de un gran prestigio  en  la ciudad de la Mota. En concreto viene esto a cuento de que, ocupando una juraduría  de la ciudad de Alcalá la Real, en 1584, introdujo una novedad en las famosas fiestas del Corpus de Alcalá la Real. La abadía estaba cansada de que, en los años pasados, las fiestas  del Santísimo Sacramento y su  Octava,  siempre ofrecían los mismos actos protocolarios y  de culto.  Pretendía hacer una innovación.  No podía imponer nuevas normas  a las dos   solemnes  procesiones, pues se le echaban encima las cofradías y los cabildos eclesiástico y  civil. Además, se alcanzaban una gran brillantez y  majestuosidad con aquella mascarada y el desfile de honor  de oficiales del cabildo,  regidores y jurados, corregidor, acompañando a la custodia junto con el conjunto de estandartes y cofradías de la ciudad encabezadas por Nuestra Señora de la Caridad y de la Antigua. Podía corregir algunos detalles del itinerario: podía salir por la puerta principal de la Iglesia Mayor, adentrarse por la Calancha  y salir por las Entrepuertas, luego, caminar por la puerta del Arrabal y  marchar por el barrio de Santo Domingo y , tras hacer una estación en la iglesia parroquial, subir calle Postigo arriba hasta entrar en la Plaza. Y este año, con dificultades, pues hacía varios años que se habían caído la muralla del Gabán y no ofrecía garantía alguna. Podría aumentar el número de las chirimías y trompetas, pues habían venido muy buenos hombres en el son de esta música con las tropas de alojamiento.  Podría cambiar y engrandecer las recitaciones y representaciones dramáticas en los escenarios y tablados de la Plaza Alta. Podría cambiar los autores  de los autos sacramentales y las ropas de  danzas de los diversos gremios de la ciudad  por otras danzas que provinieran de ciudades diferentes a las tradicionales del Corpus anterior de Granada o Jaén. 

 

         Pero Miguel de Utrilla no se lo pensó más, quiso dar una sorpresa a las tradicionales danzas  y  contrató a Francisco López Navarro, maestro danza por una cantidad de 30 ducados, en los que iban incluidos  los actos de música con vihuela, panderos y harpa. No se olvidó de los diablillos, e innovó con la Tarasca. A todo el mundo, salvo a algunos cosarios y mercaderes, les causó impacto aquella figura. Le preguntaban por doquier a lo largo de la procesión:

 

-Para eso  empleaste el lienzo que habíamos comprado con motivo de la plaga de la langosta.

 

-Para eso, señor alcalde, para emplearlo en este personaje que encanta en Granada. Que hay que ahorrar.

 

-¿Es originaria la tarasca  de estas tierras?, -le preguntó un capellán con bonete cubriendo su cabeza.

 

-No, su origen proviene de  tierras francesas. Esta popular mujer que monta sobre  este u dragón alado, dicen que  se está convirtiendo en uno de los momentos más esperados del año  en muchas ciudades andaluzas.  
-y, ¿ a cuento de qué viene este personaje?- Le interrumpió otro capellán
- Pues,  según cuentan loa cronistas  de la ciudad granadina,  su presencia  se remonta desde la propia época de los Reyes Católicos, por cierto ellos fueron  los que  decretaron que  la festividad del Corpus fuera la principal fiesta de Granada y  de mayor regocijo.

 

 

- Y ¿qué significa  la Tarasca?

 

-Esta es una alegoría del triunfo del bien sobre el mal;  su nombre proviene de la región francesa de Tarascón, donde se dio origen a la fiesta en el siglo XIV. Desde allí la tradición se extendió por muchas otras ciudades francesas y españolas, sobre todo en la parte del Mediterráneo.
-Pero, vaya al meollo del asunto, la historieta, eso que llaman su origen mítico- le espetó el escribano Gómez Muñoz.

 

-Uno dicen que la Tarasca proviene de una antigua leyenda de origen céltico. Pues  “la Tarasca” era un  monstruo, muy fiero, mitad serpiente mitad mujer, que engañaba a los hombres que cedían a sus encantos devorándolos o mutilándolos horriblemente.

 

-Qué miedo,- exclamó el monaguillo mientras aireaba el incensario.

 

-Bueno hay otra leyenda más cercana y fiable. Además cristianizada,  cuya  protagonista es Santa Marta.

 

-¿Será  la Tarasca  la palabra  francesa  Tarasque, y éste del topónimo de esta  localidad  provenzana? –le interrumpió el  calderero francés Juan Serrete que acompañaba el gremio de los herreros.

 

-Sí, sí  de la Provenza, Francia, es esta criatura mitológica que  habitaba  Tarascón y tenía atemorizada a toda la población,  porque talaba  los campos y atemorizaba a todo bicho viviente. Era como un dragón con seis cortas patas parecidas a las de un oso, su torso similar al de un buey  cubierta con  un caparazón de tortuga a su espalda al mismo tiempo que estaba revestida con  una escamosa cola que terminaba en el aguijón de un escorpión.

 

-¡Que miedo! Clamaron los monaguillos al unísono,

 

-Pues, si os digo que su cabeza era  la de un león con orejas de caballo y una desagradable expresión. En definitiva, un monstruo al que todos temían, incluso al propio Rey de Tarascón. Este  hasta había llegado atacar a La Tarasca con todas sus filas y su arsenal, pero sin éxito.

 

-¡Y no iba a haber alguien que le hiciera frente?

 

 

 

- Cuentan que apareció Santa Marta, y  encantó a la bestia con sus plegarias; pues  un día apareció en la ciudad con la bestia domada y subida sobre ella. A las primeras horas de la noche los tarascones quedaron  aterrorizados  y atacaron a la criatura con tanto ímpetu que murió  sin presentar combate. Nada menos que esta acción le valió a  Santa Marta  como recurso con el que predicó un sermón a la gente y  convirtió a la  población del lugar al cristianismo.


 

-Bueno, entonces, ya sabemos lo del dragón, pero y ¿Santa Marta?

 

-Pues os lo comentaré en la Octava. Pues hemos llegado ya a la iglesia y debemos guardar silencio.

 

 

 

El día de la Octava, recorría la procesión el claustro de  aquella bonita iglesia gótico mudéjar; se paró  la Custodia ante el altar levantado en la capilla del Deán y le dijo su capellán:

 

-¿Quién es esa mujer?

 

-Ah, ya se me había olvidado,  nada menos que  la  representación de Santa Marta. Sobre  el monstruo, ya os lo comenté,  la imagen de la doncella Virgen  cada año la visten  de manera diferente en las fiestas de Granada. Y o me la he traído de allí  como divertimento de gremios, vecinos y aldeanos.

 

-Vivan los comisarios de fiestas.


 Gritaron unos chiquillos en las puertas de la iglesia Mayor y Miguel de Utrilla sacó unos maravedíes de su bolsillo.  

 

 

 

 

 

sábado, 3 de junio de 2023

RETABLO DE NUESTRA SEÑORA EN SANTA ANA DE ALCALÁ LA REAL

          En cuatro días de julio de 1714, se llevó a cabo el inventario  de la iglesia de Nuestra Señora de Santa Ana por los hermanos de la cofradía  y el capellán de la iglesia. En primer lugar se recogió pormenorizadamente, la descripción del retablo de talla de la capilla  mayor con la imagen de Nuestra Abuela, la cruz, el altar, candelabros, ornamentos ramilleros, tablas de memoria y salmillas e historia, campanilla, y lámparas. Luego se describe este retablo[1]: ".Y en un altar en el cuerpo de la iglesia ai una imagen de Nuestra Señora de la Conzepzión , de talla, con un niño Jesús en las manos y un manto de raso musgo y corona de plata con piedras encarnadas,  y la cama del nicho  es d espolín de seda musgo guarnecido con plata falsa y un belo  de tafetán rosado, y en este altar ai dos candeleros de madera encarnada, y una cruz y atril de madera, y en dicho altar ai un retablo de talla dorado con diferentes  pinturas, y, en é un frontal de damasco colorado. . Y en otro altar, desde enfrente de Nuestra Señora, ai un retablo blanco de talla donde está el lienzo de los Santos Doctores de nuevo...". 

    Ante el escribano Felipe Pérez, nos encontramos el autor de este retablo y el contratante  en 1607). 

Así recoge  el documento al contratante, el carpintero Juan Sánchez Montañés, que trabajaba por estos años como ejecutor de la obra de Ginés Martínez  de Aranda (en 1613 realizó el retablo de la Virgen de las Mercedes de la Mota).

JUAN SÁNCHEZ MÓNTAÑÉS. EL AUTOR

    "Sepan quantos esta carta  de obligación  bieren  Juan Sánchez Montañés, vecino que soy en esta muy leal ciudad de Alcalá la Real, otorgo por esta carta  que me obligo de hacer, dar  y entregar".

HERMANO MAYOR

" Y que acabe y entregar a Andrés de Molina, presbítero, prioste de Señora Santa Ana y a quien  por esta fuere un retablo".


DESCRIPCIÓN DEL RETABLO DE NUESTRA SEÑORA 

 "Un retablo de madera de pino al tamaño y gueco que quubra la capilla donde está la ymagen de Nuestra Señora de Concepción, con su banco, cornisa y columnas estriadas bien labradas a contento y vista de oficiales  y del dicho presbítero, con dos repartimientos de  columnas , que es de necesario para el ornato del dicho retablo ". 

La fecha de entrega " el qual entregará acabado, según dice, dentro d un mes que corre y se quenta desde el día de la fecha de esta escritura, quatro día más o menos"

-En caso ue no se entregara a la fecha prevista, lo podía demandar el cura Andrés de Molina o miembro de la cofradía que se nombrare. 

-El precio del retablo  se estipulaba de la siguiente manera:" Recibiendo de su parte de Andrés de Molina  diez ducados y el día que entregare el dicho retablo me a de dar otros diez ducados, porque se concertó en veinte ducados, de que si es necesario, me doy por contento" y se atenía a sus consecuencias de incumplimientos a las leyes de la ciudad. 

-La fecha del contrato fue " En Alcalá la Real en quatro días del mes de noviembre de mil y seiscientos y site años, siendo testigos el licenciado don Francisco de Gamboa, Antón  de Rivilla y Antón de Ribas".

 







[1] AHPJ. Escribano Felipe Pérez. 4817FOLIO 210 Y V).

viernes, 2 de junio de 2023

DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y DON FRANCISCO DE PINEDA Y MESÍA

 En el Archivo Histórico Provincial de Jaén dentro de los protocolos de Alcalá la Real,  encontré un documento sugerente, nada menos que iba firmado por Francisco de Quevedo ante el escribano Pérez ( Legajo 4817 , papeles sueltos). Sus títulos eran sencillos, dejando aparte toda su producción literaria, se le añadía "criado de Su Majestad ( Felipe IV), su escribano y oficial mayor del oficio de Gregorio de Tapia, secretario de de Cámara del Consejo Real en to tocante a la Orden de Santiago".

GREGORIO DE TAPIA

Era secretario de Cámara del Consejo rey Felipe IV y asumía la de las ördenes Militares cuando se encontraban vacantes, en este caso  la de Santiago, porque en este tiempo estaba unificada la secretaría.  Este  consejo del régimen polisinodial de la Monarquía española, era encargado de aconsejar al rey en los nombramientos, la administración de la gracia y mercedes reales, concepto jurídico propio del poder que ejercen los reyes por su mera voluntad. En este caso, dio licencia de matrimonio entre dos hidalgos. 


DON PEDRO DE PINEDA Y MESÍA
Comenzó el expediente de caballero de la Orden de Santiago en 1619. y por este documento se le dio licencia de casamiento con  doña Florencia de Sotomayor, hija de don Fernando de Sotomayor e Isabel de Castillejo. 



FECHA EL DOCUMENTO ESTÁ FECHADO EN MADRID A UNO DE OCTUBRE DE 16246, Tras la visita de Andalucía del rey a Andalucía y Quevedo reincorporado en la Corte como escribano y criado del Rey Felipe IV,
 La familia de los Pineda estuvo muy emparentada con el altar privilegiado de las Mercedes. 







Se encuentra entre otros documentos relacionados con su esposa anteriore doña Beatriz de Cívico, funerales en la capilla de Nuestra Señora de las Mercedes e de la Iglesia Mayor de la Mota, y otras iglesias y conventos de Madrid, donde murió, pues debería estar por aquel tiempo en la Corte el matrimonio.

Personajes inéditos de Jaén III. CUATRO FUNDADORAS JIENNENSES EN GRANADA A MODO DE RELATO.

 

 


A principios del siglo XVI, Alcalá  estaba encerrada en la fortaleza de la Mota y en el barrio de Santo Domingo. Tras siglo y medio de zozobra y congoja obligadas por las incursiones de los moros del reino de Granada,  la vida social y comunitaria, en tiempos de paz, comenzaba a desarrollarse  normalmente, como, en muchos otros lugares de Andalucía, lo habían hecho anteriormente. Las torres de defensa y de alojamiento en su interior,  dieron paso a nuevos edificios, destinados para casa de ayuntamiento, de la justicia,  escribanos y recaudadores  En aquella fortaleza, comenzó a resurgir el comercio  y se levantaron el matadero, las carnicerías, el alholí








y otros edificios públicos y religiosos,  dando un nuevo aspecto  en torno a una plaza, rodeada por la  Iglesia Mayor, el hospital de los Monteses,  los escritorios  y las tiendas adosadas a las  torres con sus  corredores y miradores, la antigua cárcel, la botica y las casas de fachada piedra de los principales caballeros de la ciudad.

Incluso, los propios Reyes Católicos, agradecidos por los servicios de aquellos vecinos tan dechados de valor bélico, coadyuvaron al ornato de la ciudad y otorgaron una provisión por la que les concedieron una campana y reloj, cuyo sonido debía escucharse en todas  las caserías de  la comarca.

Su vecinos eran,  en su mayoría, descendientes de los antiguos pobladores y conquistadores, entre los que residían algunos judíos, a los que se le aplicó que pagasen la moneda forera  Los principales  conflictos se provocaban entre los distintos bandos de caballeros,  y, además entre este  grupo y la Corona. Solían ocasionarse  por el abuso de estos señores, que controlaban los órganos de gobierno de la ciudad y se introducían en las tierras comunales beneficiándose de sus prerrogativas.

No era todo malo  en estos caballeros, sino que  siempre estaban preparados para cualquier servicio a los reyes. Pues, tras el toque de campanas de las iglesias o  la convocatoria de concentración  por el pregonero y por el tambor, al instante se concentraban en la plaza de la Mota y nombraban el capitán y otros cargos  formando una compañía de caballería en dirección a los frentes de guerra.. Por eso, tras  la toma de Granada no se  había calmado la sed de botines .

Eran ganaderos. Pero el vino de Alcalá se había hecho famoso, pues  obtuvo un privilegio especial para que pudiera venderse en Granada, y algunos abnadonaron las armas  para dedicarse a la agricultura.

La ciudad estaba  controlada, primordialmente, por la familia de los Aranda en detrimento de otras, sobre todo, los Montesinos y Gadeas, que, a través de enlaces matrimoniales, iban acaparando la mayoría de los cargos municipales y  las  tierras de la ciudad, dando lugar a abusos de poder con los que confrontarán con el propio cabildo invadiendo y usurpando tierras de lo común. Solían ser valientes guerreros y también aventureros. Pero, cansados de guerras, los mayores comenzaban a disfrutar de los beneficios anteriores. Los más jóvenes, siempre dispuestos al combate, caían en los miles de frentes que se abrían en Italia, África o  el Nuevo Mundo. Otros, pagaron con una muerte temprana tantos años de lucha. Entre ellos, el capitán  Pedro de Quesada, que había dejado a su viuda con sus cuatro hermanas.

 

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En aquellos tiempos,  los predicadores franciscanos y dominicos comenzaron a visitar la Iglesia Mayor por tiempo de Cuaresma. Criticaban las malas costumbres, y animaban a  la cruzada y la evangelización de las Indias.  No era extraño que, con sus prédicas, muchas mujeres  no vieran con buenos ojos  la Casa de Mancebía, que, incluso, los reyes habían permitido que se estableciera dentro de la fortaleza. Entre  ellas, Catalina,  que era la  viuda del mencionado  alcaide y capitán del Castillo de Locubín. Junto con sus hermanas Lucía, Margarita, y María,  formaron una especie de incipiente convento en su casa, tras la entrevista  con el provisor del abad  don Juan de Ávila.

En la soledad, no les había quedado más remedio a estas castas mujeres, que entregarse a la religión, pues estaban emparentadas con los hidalgos alcalaínos y debían mantener su pureza, convirtiéndose en beatas al servicio de Dios, lo mismo que sus maridos lo habían hecho en vida en la conquista de nuevas tierras con el nombre de Dios por delante.

Las cuatro, unidas por el mismo sentimiento religioso, tomaron la unánime decisión de transformar en  oratorio una de sus casas de la calle de  Despeñacaballos. Adecentaron toda su casa y se lo comunicaron a su confesor, un teniente de capellán, que no llegaba a comprender aquel cambio. Ellas le recordaban que nunca podían olvidar la huella que les dejó en años anteriores el dominico fray Alonso Gutiérrez de Burgos.  Le decían que les había aconsejado que formaran un convento o monasterio de la Orden de Predicadores en la ciudad. O, al menos, se  hicieran religiosas, cumpliendo la tercera regla. 

Adecentaron las casas en todos sus rincones con el primor  y candor  propios de los grupos de mujeres, la mística invadió en todos los rincones, sobre todo, aquel patio castellano, sostenido por cuatro vigas, desde donde se bajaba por una esquina a una bodega en la que se  guardaba en un aljibe el agua de la lluvia. Colgaron todas las paredes de láminas y cuadros, comprados a los mercaderes granadinos. En su primera estancia, lienzos de la Magdalena junto a una pequeña escultura del Señor del Ecce-Homo y,  en la pared más señera, un Crucificado gótico. Dispusieron reclinatorios que  les servían para llevar cabo los rezos diarios  cumpliendo con el rigor que establecían  las horas del breviario del calendario litúrgico.

Tenían algunos bienes, pues  algunos de sus maridos no habían dispuesto de  tiempo ni siquiera para testar, pues habían fallecido en las costas de África, y, en la toma de algunas de aquellas ciudades a las órdenes del señor de Alcaudete y casi quedaron en el desamparo. Se veían obligadas  a  compartir todo. Incluso, pedían en tiempos de carestía la porción  de pan a los regidores, que la repartían a las puertas  del cabildo o en las panaderías de la ciudad..

En Navidad,  mimaban, con  sus manos, las figuras del  nacimiento colocado sobre  la  austera tabla  de la mesa de encina. Era uno de los pocos recuerdos de sus maridos. Probablemente adquiridos o robados en el sur de e Italia. Por las carnestolendas,  se asomaban, a través de la reja, a escudriñar  el bullicio de la  fortaleza, mientras se divertían los niños vestidos de obispillos, cantando copas burlescas contra los capellanes de  la Iglesia Mayor. En Cuaresma, al amanecer, solían  mortificarse con disciplinas y cilicios, ayunaban casi todos los días y  se confesaban de los  malos pensamientos.  En las primeras horas, visitaban  la capilla de los Arandas y rezaban por el alma de todos los difuntos de su familia. A los pobres que acudían a su casa, les sacaban  algunas cuartillas de trigo de sus trojes  y,  economizaban  con ellos algún maravedí que otro, sacado del arca de siete llaves. Por la tarde, rezaban el vía crucis en la iglesia de santo Domingo con el beneficiado. Y, al anochecer el toque de ánimas, se encerraban en sus casas y  volvían a repetir unas oraciones ininteligibles por las ánimas del purgatorio. Frugaces como ningunas: comían una sopa de gallina, pasas y algo de pan  Y rezaban, al acostarse, por todos los difuntos. 

            Aconsejadas por el provisor de la abadía, vendieron parte de los  bienes que  habían acumulado sus progenitores y se fueron a Granada con el fin de  unirse a la orden dominica que comenzaba a establecerse en aquella ciudad. Les puso en contacto el  sacerdote con algunos  miembros de la  congregación de santo Domingo de Guzmán, que les buscó una casa en el Realejo junto al recién fundado convento de Santa Cruz.

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            Las cuatro mujeres acudían diariamente a los mismos  actos y   misas de los conventuales. Les  limpiaban los enseres  y objetos religiosos. Le hacían de despenseras y  les compraban los alimentos.  Tanto llegó su fervor y su  amor por la orden dominica, que les permitieron tomar los hábitos de  la Orden y  les reservaron una capilla dentro de aquel majestuoso templo.

            Ellas no  se contentaron con haber conseguido este reconocimiento, sino que, un día, las llamó el padre provincial.

            - Hermanas,  todos los días me llegan noticias de vuestras buenas acciones. Me es imposible que os niegue lo que me pide vuestro confesor.

- Padre Alonso, no nos lo merecemos por Dios.

- ¡Cómo no, hacéis caridad con todos, con los pobres y los moriscos, sois de buen linaje y  me han dicho que vuestra dote sobrepasa a cualquier otro que  en nuestro convento quiera iniciarse!

- Es verdad. Somos la viuda y las cuñadas del famoso capitán Pedro de Quesada, alcaide, y provenimos de la muy famosa ciudad de  Alcalá, donde estuvieron confesores de la reina, de su misma orden dominica. Ellos nos dieron estos nuestros principios.

- Basta, hermana, la mejor biografía es la que escriben vuestras acciones con el pueblo. Ayer, me llamaron otras hijas de ilustres granadinos que quieren compartir con vosotras  el convento.

 

No lo dudó fray Alonso de Loaysa, unos días después, les  hizo las gestiones para  que profesaran la segunda regla de la  Orden de Predicadores. Les puso una nueva prueba que resistieran  otros cuantos años de beatas junto a las nuevas hermanas recién incorporadas. Lo cumplieron y con creces.  Ampliaron la comunidad. Aquellas mujeres le impresionaban, cada día más, al dominico, sin embargo no tenían recursos para afrontar un nuevo monasterio.

Seguía dudando el provincial, pero, al final, consiguió reunir  a todos los miembros de  su cabildo y les dio la licencia  un día del mes de abril de 1514. No tardó en comunicárselo a la reina Juana, que contestó afirmativamente con una provisión real, enviada desde Segovia  un 25 de mayo del mismo año. Junto al  convento del padre Loaysa mantuvieron  su condición de beatas la ampliada comunidad  de catorce  mujeres, mientras iban adaptándose a la nueva condición de monjas.

 

A finales del año, llamaron al padre provincial y al arzobispo,  y bendijeron el convento en una casa junto a la plaza del realejo, en las inmediaciones del barrio judío con el nombre de santa Catalina de Siena.

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Pablo de Rojas  estuvo en aquel convento y les esculpió los santos Juanes. Durante su estancia,  una   monja mayor le comentó que no había sido el duque de Arcos, quien lo había fundado, sino unas paisanas suyas antes del 1523. No se lo creía.

-  No puede ser tanto alcalaíno, emigrante de mi tierra. Creía que solo se marchaban de allí  los artistas,  y también los hidalgos dejaron aquella tierra....

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                              F. G. M. R.

 

                              Teléfono 963.582407.

 

                    Mi interés no es otro sino recoger y difundir esta leyenda, basada en un relato real, del convento de  Santa Catalina de Siena, fundado en 1514, por estas mujeres alcalaíno  y no, por el duque de Arcos, como decía Gallego Burín en su Giía en 1523.