NUEVAS NOTAS PARA LA
HISTORIA DE LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA SANTA ANA
La cofradía de Nuestra Señora Santa Ana merece que se llevara a cabo un libro en el que compendiara toda la vida cofrade, inventarios, capellanes, patrimonio, iglesia e historia desde su fundación hasta en la actualidad (principios del siglo XVI hasta siglo XXI). En esta línea se siguen estas nuevas notas que aportan ángulos destinos y descubiertos en los archivos provinciales.
I
LA CAPILLA DE SANTA ANA
DE LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO, NUEVO TESTAMENTO Y DATOS.
En 1647, el vecino
Pedro de la Peña Cano, hijo de Pedro de la Peña y Quiteria Cano, realizaba el
testamento ante el escribano Antón de Santillán (AHPJ 5047, FOLIOS 592 SS) y
aportaba una serie de datos muy interesantes sobre la devoción a Nuestra
Abuela. Tras su declaración de fe a la Inmaculada Concepción como antecesora
ante el Padre para su salvación, en el proemio de su documento de manadas y
ruegos. El primero señalaba que fuera sepultado “ en mi capilla de Nuestra
Señora Santa Ana del convento de San Francisco de esta ciudad”, de donde se
deduce un nuevo recinto eclesiástico a la Abuela en la ciudad de la Mota, que
se añade a la de la hornacina de la Puerta de los Arcos, otra en Dominicas, la
de su iglesia en Santa Ana y la capilla de Nuestra Señora del Rosario,
perteneciente a la familia del abad Pedro de Moya, lo que nos indica que era
muy arraigada la devoción a la patrona de la ciudad desde que tuvo su capilla en primer lugar en la
iglesia gótico mudéjar de Santa María la Mayor de la Mota. Al mismo tiempo, nos
pone al descubierto esta capilla que regentaba la familia hidalga de los Peña ,
y, aludiendo al reparto de las mil quinientas dedicadas por su alma, nos confirma que no se refería su ubicación a
los otros conventos franciscanos de la ciudad ( Nuestra Señora de
Consolación y San José de Capuchinos)
sino a los llamados Mínimos franciscanos, con el nombre de San Francisco, que
habían asentado su convento en las inmediaciones de la Mota, dentro de los
nuevos arrabales, en este caso del santo franciscano.
Es muy interesante esta manda: “Ítem declaro que tengo por mía propia una capilla de Nuestra Señora Santa Ana en el convento del Señor San Francisco, a la qual la mando a doña Ana María, mi sobrina, viuda de Bartolomé Ruiz Morón, y a su yerno Francisco Jiménez, para que en tiempo gozando luego que yo muriere, y se le entregan todos los ornamentos que tuviera y después de los susodichos sucedan los hijos y después sus descendientes en la dicha capilla”. El orden se establecía como patrón de padres a hijos, con preferencia al varón frente a la hembra, y en el último eslabón el deudo más cercano a ellos.
II LAS CASAS DE LA CALLE ROSARIO Y LUQUE
Las capillas solían
cargarse sobre una bien mueble o inmueble. En este caso, se cargaron sobre unas
casas en la calle Rosario, y, se señalaban especificaban sus linderos: las
casas de Pedro de Baeza, y la calle que bajaba a la calle Llana, que llamaban
de Gerónimo Luque (hoy día calle Luque) y la casa de Mayor García Torrevejano.
En ella vivía el propio Pedro de la Peña y se componía de una bodega que salía
por su puerta a esta calle.
Sobre sus rentas, se pagaban como limosnas seis misas que debían celebrarse en esta capilla los sábados de cada mes por su alma. El patrón se obligaba a no permitir que se vendiera o se intercambiara por ningún motivo, y a mantenerlas bien reparadas y labradas. Nombraba como primer patrón al regidor don Juan González de Utrilla, y, en segundo lugar, a doña Francisca de Utrilla, mujer de don Luis de Pineda. Por lo que se entiende perfectamente el escudo y las lápidas que se conservan en la última casa de la calle Luque dedicadas a esta familia que lograron mantener patronazgo hasta el siglo XX.
III OTROS DATOS DEL
TESTAMENTO
Su hermana Ana dejó
cuatrocientos ducados para que se dijeren misas en la festividad del Santísimo
Sacramento en la capilla de Nuestra Señora del Rosario y las mismas en la
capilla de Nuestra Señora de la Soledad de San Francisco. Cita otras
capellanías, cargadas con sus tierras de Puertollano y a su sobrino Miguel de
Utrilla las dejó para su cumplimiento de obligaciones.
El resto del testamento
no ofrece más datos salvo el relato de las mandas en las que especificaba las
cantidades de ducados que dejaba entre sus sobrinos y su criado.
IV LA CAPELLANÍA DE
DOÑA JUANA DE LA CRUZ. El testamento de Juana de la Cruz, natural de Alcaudete y
estante en Alcalá, hija de María de la Cruz y Pedro Fernández Palomar es
también muy interesante. Pues, a partir de su enigmático nombre relacionado con
ser expósita junto con su madre, fundó varias memorias de Santo Domingo y otra
dedicada específicamente a la ermita de Señora Santa Ana, que cargaba sobre
unas casas que se ubicaban en la calle que descendía a la del Mudo. Con su
venta, se debía inscribir la memoria en las tablas de la cofradía y ermita de
Santa Ana, para que se le dijeran dos misas (una en el día de Nuestra Señora de
la Abuela, y otra en el día de su octava con la conmemoración de San Cosme y
San Damián, y encargaba al hermano mayor del cumplimiento de todas las
condiciones y se dijeran las misas.
FRANCISCO MARTÍN
ROSALES



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