La Compañía de los Malteses no fue una unidad militar, sino un próspero grupo de comerciantes asentados en las Islas Canarias durante el siglo XVIII. Eran oriundos de Malta y se dedicaban a la importación de géneros textiles y algodón, contando entre sus miembros más destacados con el alférez mayor Joaquín Grec (o José Grec/Greck), natural de Conspicua.Curiosamente, este personaje se hallaba el doce de diciembre de 1743 en Alcalá la Real y llevaba a cabo un contrato con Fausto de Moya firmando tres vales para pagar en varios plazos, (en el documento se especifica que se hallaba en Alcalá, pero las transacciones habían tenido lugar en Guadix , Jaén y Granada). De nuevo se encuentra en Alcalá la Real en 27 días del mes de noviembre de 1745 y, por un contrato con la hermandad de las Ánimas de la cofradía de la Veracruz de la ciudad de la Mota, podemos destacar de la importancia de su presencia. Se concreta en que Fausto de Moya y María de Ojeda había llevado una serie de operaciones comerciales con Grec y le había dejado deber 590 reales de peso de plata de una cuenta superior y el cedía a la cofradía de las Benditas Ánimas, para que se dijeran por el alma de la compañia. Los recibió el hermano mayor Miguel de Hinojosa en nombre de la cofradía y le dio las gracias. Firma el documento el hijo del retablista y escultor Manuel del Álamo, fiscal de la abadía alcaláina.
(AHPJ. LEGAJO 5145, FOLIO 409. ESCRIBANO , Francisco Montes Lezcano)
No es casual que este personaje se conociera residente y que lo hiciera, según sus manifestaciones, con dos visitas durante los años 1744 y 1745. Alcalá la Real había desarrollado una gran produccion de la industria textil, sobre todo de la lana y la sed a lo largo de los siglos anterioress, estableciendo telares en sus ciudad, creando una importante red comercial con famosos mercaderes a mediados del siglo XVII como Francisco Martínez de Orduña y Juan de Mora Garrido y la exportación de sus productos hasta las Indias. No es extraño que esta compañia maltesa negociara por los lares de la Mota, Pues lo hacían como marinos y mercaderes que se naturalizaron como vasallos de la Corona Española. En concreto, Joaquín Grec se convirtió en un notable agente comercial y alférez mayor que llegó hasta la Gran Canaria. Su familia emparentó con los Cabral y participó activamente en las ceremonias y fiestas de proclamación de Carlos IV en las islas, donde la influencia de estos mercaderes dejó una huella notoria en la historia económica del archipiélago y en las costumbres de la época. Junto a otros comerciantes como los Verres, operaban en el Atlántico y el Mediterráneo, gestionando también la importación de productos malteses como la fibra de algodón.
Durante el siglo XVIII, la presencia de los comerciantes malteses en la España peninsular constituyó un fenómeno económico de enorme relevancia. Lejos de ser meros transeúntes, los malteses conformaron la segunda colonia mercantil extranjera más importante del país (solo por detrás de los franceses, en Alcalá la Real vinieron los Serrete, Ibañez, Lac, Gober, Casanova, ) y jugaron un papel estratégico clave: fueron los principales proveedores de algodón para las fábricas textiles de Cataluña. Su entrada en la Península estuvo impulsada por la crisis del corso en el Mediterráneo, lo que empujó a los marinos malteses a reconvertirse en comerciantes hacia el Atlántico y la Península Ibérica. y con el apuo del reino de España que otorgó facilidades sanitarias y arancelarias especiales a los productos de la isla para favorecer este flujo. El documento alcaláino refrenda que a diferencia de otras colonias extranjeras que solo operaban en los grandes puertos, los malteses tejieron una red comercial capilar por todo el interior de la Península, en este caso en la ciudad de Alcalá la Real. Se debía a sus técnicas de venta que Introdujeron innovaciones comerciales como la venta ambulante y, sobre todo, la concesión de créditos a corto plazo para la población local, lo que manfiesta este documento que detalla diversos plazos que habían contratido con las compradores y no les quedaba más que un resto que convirtieron en donación a la cofradía. Y, además, manfiesta que el siglo XVIII, había dado lugar a un cambio en la produccción textil de la comarca abacial, porque entre las mercancías que vendía no solo vendían hilos, sino también quincalla, ropa confeccionada, paños, lienzos y tejidos variados.

El documento nos sorprendió porque al aludir a compañía nos vino a la mente la tradición teatral de la zona , por cierto relacionada con el Corral de Comedias de la Veracruz, pero no hizo sino constatar que los mercaderes malteses estaban organizados en comunidades muy unidas y cerradas (frecuentemente vinculadas por lazos familiares de su isla natal). Y nos apoyamos en que en Cataluña, Barcelona fue el epicentro logístico y financiero debido al nexo industrial. En la Valencia y Murcia: Ciudades como Valencia y Lorca (Murcia) albergaron importantes colonias de comerciantes de vara (vendedores de tejidos al por menor). En el interior:, su rastro documental llega incluso a zonas como Extremadura (por ejemplo, en Fuentes del Maestre, Badajoz) y en Andalucía, aunque tuvieron una fuerte presencia en Cádiz y en El Puerto de Santa María, puntos clave del comercio naval, una ciudad como Alcalá la Real fue puerto interior de comercio con los malteses mucho antes que en Canarias, No tenemos noticias en que Alcalá, como en otros lugares, el éxito de los malteses no estuviera exento de tensiones. Su agresiva estrategia de venta al por menor y su capacidad para ofrecer precios más bajos provocaron fuertes disputas con los gremios locales españoles (como el Gremio de Mercaderes de Vara o de vareo). Los comerciantes autóctonos intentaron, a menudo sin éxito, prohibir sus actividades ambulantes o vetar su acceso a las instituciones gremiales urbanas. La red comercial maltesa en España floreció principalmente en los siglos XVIII y XIX. Su núcleo de actividad consistía en la importación de algodón hilado producido en Malta para abastecer a la creciente industria textil catalana. A cambio, los mercaderes distribuían tejidos españoles por el interior peninsular. 

Las rutas , por el eje Mediterráneo, comenzaban en el puerto de La Valeta y atravesaban el Mediterráneo hasta conectar con los principales puertos del Levante español. Luego, tuvo gran importancias la ruta Valenciana, en la que , durante los meses de verano, marineros y buhoneros llegaban a la costa de Valencia, desde donde se adentraban al interior de la península para vender sus textiles. Y, más concretamente, la del Corredor del Sureste, fue la que conectó con la ciudad de la Mota, porque, ciudades como Lorca servían como nodo logístico y de paso obligado, conectando los cargamentos llegados a los puertos andaluces y levantinos con el interior de Castilla.
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