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lunes, 11 de junio de 2012

ANTONIO DELICHE LÓPEZ








            Hay personas que, tras su muerte, se resume una tipología de comportamiento social muy frecuente en estos lares del Sur. Me refiero a aquellos que vivieron en los albores de la primera democracia truncada por el golpe de estado de 1936; aquellos que tuvieron que soportar la miseria y pobreza humana debido al sufrimiento de sus padres en cárceles por  haber sido acusados del delito de pertenecer a un sindicato o partido republicano; se alimentaron con las cartillas de racionamiento, la recolecta de los  frutos del campo-tras la campaña de la aceituna- o de la casa furtiva del hurón, con lo que peligraba su vida, ya que podían dar con sus huesos en aquellos insanos presidios de los Juzgados del Partido Judicial; aquellos que  trabajaban sin cumplir la mayoría de edad, segando de sol a sol, vendimiando hasta el anochecer y recogiendo remolachas o patatas en las vegas ribereñas, aquellos que  vieron su salvación  un día al  coger sus maletas de madera  y  al emprender  un nuevo destino  en tierras de emigración de la península ibérica, América o Europa.


En Jaén , monumento de la memoria histórica
             Antonio Deliche López recoge este perfil humano, al que tan sólo habría que concretar con su padre víctima de la represión de aquellos  tiempos , en los que las acusaciones  se hacían realidad en fallos ejecutorios sin más testigos que por oídas;  un perfil que me el recordaba, en muchas conversaciones, reviviéndome el arte de la caza de los animales durante la noche, cuando se encontró ocasionalmente con la partida del lector de Julio Verne ( y pasó más miedo que vergüenza al ser amenazado por aquel jefe corpulento de ristra de balas en el pecho,  si desvelaba el secreto del recorrido de aquella cuadrilla); un perfil  humano que se hizo agricultor autodidacta con alma de hortelano y protector del mundo de la pajarería ( lo que rellenó , durante muchos años de su vida) en tiempos de la jubilación, cuando le dejaban alguna parte de un peculio para plantar las patatas, y legumbres que completaban el sueldo de su corta jubilación. Antonio completó perfectamente su perfil de buen trabajador en Bilbao donde desarrolló varios oficios hasta acabar al mando de un volante, lo que le hizo relacionarse con muchas personas, allí tuvo varios hijos y una familia numerosa, que, desgraciadamente, quedó reducida en dos hijas, ¡ con lo que duele la muerte de unos hijos en la flor de la vida! Y, Antonio regresó a su tierra,  y se convertía en el modelo de emigrante que reclamaba la Junta de Andalucía, abriendo las puertas a muchos andaluces que habían emigrado a otras tierras y querían terminar los últimos años de su vida con los suyos. Lo hizo con su esposa, Ángeles, una matrona generosa de las muchas que existen en Alcalá, una mujer forjada en el sacrificio de la orfandad, porque su padre Domingo Muro Ruiz, él último alcalde alcalaíno de la República había sido fusilado al acabar la guerra, y todos sus hijos debieron labrarse su vida en medio de la más dura adversidad.

            A su regreso, fueron sus años gozosos para este matrimonio, los de su  retiro desde mirador de las calles del entorno de la Corredera, ( mientras se sentía feliz cuidando su huerto, engrandeciendo su casa con la numerosa presencia del mundo de la ornitología,  y su esposa  daba todo lo mejor de sus cualidades en la escuela de adultos ejerciendo de actriz en obras inolvidables como “Cinco Horas con Mario”  entre otras). Fueron los años de una entrega sin igual en el compromiso por la casa de todos, haciendo de conserje,  siendo mayordomo de los encargos de sus jefes superiores y colaborando con los compañeros en todas las tareas que implica el cotidiano quehacer y la maquinaria de una agrupación política (¡ con qué cuidado rellenaban los sobres de las candidaturas de los comicios!) Pero, llegó el día en el que la calle del barrio de la Torres Bermejas se le convirtió en una cima del Everest, o el día que su corazón no recogía más aire que el artificial de las máquinas oxigas, de tal modo que no podía valerse de su motocicleta para ir a la casa que tanto amaba.

Allí se mantuvo encerrado durante los últimos, entre  recaídas y recaídas de salud, con la fuerza que la naturaleza da los sufrientes y con  el acompañamiento de su esposa e hijos. Un ramo de flores fue lo último que se quemó junto con sus cenizas. Bello símbolo de los restos de  un fuerte hombretón que tenía un corazón  muy  resistente, pero siempre   ayudado del abrazo generoso  por la entrega vaciada de una esposa extraordinaria.      

domingo, 3 de junio de 2012

PEDRO FRÍAS IGLESIAS, UN SAXO DE LUJO ALCALAÍNO







            El día 26 del pasado abril de este año tuvimos la noticia de la muerte de un músico de Alcalá la Real. No era de conservatorio ni labrado en las novedosas agrupaciones musicales semanasanteras;  era algo más,  un músico alcalaíno que entroncaba  con la tradición de los grupos musicales de la comarca, (los que alegraban las verbenas de las fiestas locales, aquellos profesionales autodidactas que recogieron los vientos de la Orquesta Florida)  pero se enraizaron en el mundo de las baladas de los Beatles, del rock en rock de Elvis Presley, de la música de los Pekenikes , de las canciones de Juan Pardo.... allá por los años setenta, años de niños de melenas largas y patillas de bandoleros. Este músico era mi amigo Pedro Frías Iglesias.

            Para todos, por su estatura le llamábamos cariñosamente Pedrito. Alma mater de ese conjunto musical de la comarca de la Sierra Sur, que eran los Came Ros¨s, los que alegraban las tarde de los guateques en el Hotel de los Tres Amigos o Salones Peñalver, los que sembraron alfombras con hilos del eros en las veladas de la feria alcalaína o los días de la Cruz de la calle Rosa , los que  hicieron más solemne el banquete nupcial de muchas parejas.....Los que reclamábamos, ya cincuentones, para   que acudieran a la renovada feria septembrina compitiendo con las orquestas valencianas.

            De físico y estatura Pedro era pequeño , pero de corazón era tan grande como la campana María de la Mota; siempre recordaré una foto de mi niñez cuando fue mi pareja de acompañamiento de la cruz-guía del Cristo Sanjuanero en la tarde del Viernes Santo; compartimos vivencias de hermandad en el barrio de San Juan con nuestros padres en el patín del parral verde que cubría con la sombra de la amistad a su padre y el mío (Pedro, el zapatero de las manitas de oro, y Antonio, el pegujarero de la calle Veracruz, ambos unidos por aquella cofradía de raíces campesinas y de artesanos de barrio y en casa de vecindad); disfruté de su sonrisa y simpatía en muchas conversaciones y siempre que le solicitaba sus servicios musicales en mi gestión como edil no me fracasaba, me abría un hueco en su agenda musical y completaba el programa festivo sacándome de apuros. Palpaba que era un compañero de los que sabían construir la unidad frente al protagonismo de los divos.  

            Luego, marchó a otros puntos de España y en la Costa del Sol, nunca abandonó su saxofón ni su grupo, me contaba miles de anécdotas cuando me comunicaba con él, y me ponía al día de las novedades musicales, era un artista artesano de la música. Allí cariñosamente lo rebautizaron con el cariñoso "Tiu", con lo que marcaba la huella de la tendencia alcalaína por trasformar los fonemas vocálicos en cerrados para hacernos más íntimos. Como Pedro era, una persona muy entrañable a la manera de su tiu. Y, de él y su grupo, se podría esperar esa afabilidad, que la demostraban en los apadrinamientos de otros grupos musicales: En la Costa, lo hicieron con el grupo de Gato Negro que ha sentido mucho su pérdida. Pues su relación de amistad rayaba la de familiaridad  entrañable y han sentido la pérdida no sólo como un buen músico sino  también como una gran persona hasta el punto  que clamaban en el día de su muerte, tras una larga enfermedad, la  que no pudo superar, con estas palabras " Pedrito, allá donde tú estés, no dejes de sonar tu saxo".

            No sé donde habrá quedado tu instrumento, lo que estoy seguro que siempre recordaré las notas dulces de  tus monodios musicales, cuando llegue la víspera del primer domingo de septiembre y la víspera de san Juan. Ya no están los garbanzos tostados ni el ponche lo aliña Paco Gámez, pero mi mente me lleva a  los compases de un músico que  alegró muchos corazones de parejas alcalaínas, y el mío en particular. 

PILAR GÁLVEZ



                                                                       Con cariño a su hijo Pepe, esposa y nietos



Durante estos días, me topé con un documento sonado allá por los años sesenta, cuando un grupo de trabajadores  tuvo un accidente en el que fallecieron varios de ellos. Me acordé de  las viudas de aquellos trabajadores de los años del tercermundismo y de otras  que se quedaron sin su marido en los primeros años de su mocedad conyugal, y tuvieron que salir al frente de su casas  y de sus hijos con mucho esfuerzo y trabajo, cuando el feminismo se ocultaba en las páginas de los libros de historia del exilio.  Una viuda de estos últimos trabajadores, los muertos por enfermedades que en aquel tiempo eran incurables,- la mayoría eran jornaleros o peones de albañilería- era el marido de Pilar Gálvez, mi vecina de la casa de vecinos de la calle Veracruz, aquella casa con varios apartamentos sin servicios sanitarios  y fachada de piedra,  denominada `popularmente  por la  Casa del  Cura (probablemente otrora una casa que era propiedad de una capellanía regentada por algún clérigo). Allí, compartimos servicios de higiene en el pilón de junto al brocal del pozo, donde, por la mañana, nos aseábamos casi una treintena de personas; la lavandería, por otra parte,  era un usufructo común de  todas las mujeres  y se encontrba en una habitación anexa al gran patio con empedrado de piedra ígnea ( ijena le llamaba por nuestros lares) ; allí sufrimos algún que otro sobresalto nocturno, como la caída del techo de un salón de aquellas familias, y, a las puertas de esta casa vecinal, todas las esposas vivieron un trágico tarde la feria de septiembre de los años cincuenta esperando a sus maridos tras el derrumbe de la plaza  portátil de toros cuando llevaban a los heridos al Hospital de la calle Rosario.  Aquella mujer no tuvo esta única desgracia, sino que su hija falleció también en la flor de la vida.  Pero, siempre fue una mujer de carácter, una mujer valiente, trabajadora y siempre con un optimismo innato, que se lo había impregnado su amor por una devoción especial, el gallardete de Jesús.

Allá, por los años ochenta del siglo pasado, tuve la suerte de disfrutar con ella una  tarde en su piso  en el que me rememoró toda su biografía  de la manera más gozosa que se puede producir. Me lo hizo cantando en medio de una tarde tormentosa, cuando contemplábamos que  los edificios de la Mota  se veían coronados por los fulgores de los relámpagos  desde su apartamento del antiguo  Parque Cinema. Entre el  temor  y su voz ya más tenue, me cantó romances de ciegos heredados de la tradición alcalaína, y que recogimos en el libro del “Cancionero, relatos y leyendas de Alcalá la Real”, algunas coplas de la zona republicana como una versión original del asedio del Santuario del Cerro de la Virgen de  la Cabeza; me aportó varios villancicos romanceados con su correspondiente musicalidad, unos conocidos en antologías locales y otros inéditos:  no podré olvidar el que publiqué en una revista del Cristo sanjuanero allá por los años ochenta ( me quedaba embobado con  su intensidad grave de tono y la fuerza de su voz al cantarme el Niño Jesús de Pasión.  el niño carpintero). Y, sobre todo, me ilustró del mundo de la saeta y sus cantaores y cantaoras en Alcalá la Real. Me enlazó su  cante saetero (una saetera de a posguerra que renació por los años cincuenta)  con la primera generación  de cantaores de saetas alcalaínos aquellos que  comienzan a  aflamencarlas en tiempos de José Angola, un jornalero que iba a segar  por los años de la preguerra la campiña sevillana, en concreto a Paradas  y allí aprendió muchos palos, entre ellos se trajo la saeta a Alcalá la Real. Me citaba otras cantaoras como Patro Vega y su hermana Ana María, que estaban muy influenciadas por la saeta de Puente Genil y se veían imbuida de la letra de  los pregones cantados de nuestra Semana Santa. Incluso, algunos pregones coincidían con las saetas romanceadas de  los pasajes de la Pasión. Aquella tarde me ilustró de  todos los mecanismos  y su puesta en escena a la hora de cantar desde los balcones de la plaza del Rosario, o en la calle Veracruz, me metía en la escena de una saetera en el momento que  entabla un dúo de la tragedia pasional  con la imagen  semanasantera o, en su caso, con  su gallardete de Jesús, al que siempre cantó en quinarios o en la calle hasta que le resistieron las fuerzas de su salud. Y es que, a pesar de su debilidad coronaria, era una mujer que afloraba vigor y  fortaleza para afrontar todas las desavenencias que le ocasionó la vida, supo hacerles frente con sus propias manos y ( en esto son sus mejores testigos su hijo y nietos);  debe considerarse como una mujer modelo,   trabajadora  y creyente , porque sabía de donde podía sacar el agua de la fuente viva. Que, en su descanso en paz del espíritu, se le premie su diaconía musical,  de la  que dará testimonio con el canto de una saeta prolongada en la vida de la resurrección eterna.  O como dice una saeta suya. “¿A dónde vas, Paloma, / a deshoras de la noche?/Voy en busca de mi hijo(bis)/ que lo entierran esta noche./Jueves Santo murió Cristo/ Viernes Santo lo enterraron,/ Sábado tocan a Gloria, Domingo ha resucitado./.

jueves, 31 de mayo de 2012

ES EL TIEMPO DE TODOS

Se celebraba, a principios de mayo, el día de los Trabajadores. Unos lo celebraban, y celebran, hace años, calificándolo como la fiesta de san José Obrero; otros  la  incardinaron como el Día Internacional de los Trabajadores , o Uno de Mayo, en defensa de su dignidad basándose en la efemérides y homenaje de los Mártires de Chicago. A todos, les mueve resaltar al trabajador-por su lucha en sus conquistas sociales, laborales y políticas- frente a la exaltación del  proceso laboral como un  puro objeto de manipulación económica, de usar y tirar, comprar y vender, o de dígito, simple y puro, de la contabilidad financiera y comercial. En nuestra comarca, por siempre muy  festiva, salvo contadas ocasiones, nunca se ha reflexionado sobre el significado de tan sublime Día; pues hemos reservado esta efemérides al cultivo de nuestros huertos familiares- otra forma de honrar  al día del trabajo-;  o la hemos reconvertido en la cadena festiva del triduo de la Cruz  o de las primeras Flores de Mayo; y, a lo más, hemos delegado en otras personas el sentimiento de la solidaridad sindical o las reivindicaciones laborales en medio de un clima de  tertulianos provistos de trabuquetes antisindicalistas y de catapultas agresivas contra el estado de bienestar. Habría que remontarse a los tiempos de las Sociedades Obreras  de todas las aldeas y de Alcalá la Real, allá  a finales de siglo XIX y principios del siglo XX, cuando los obreros acudían a grandes concentraciones comarcales en el Pasaje del Coto o  a las eras de lugares que ocupaban el sitio intermedio  entre varias aldeas. Y de eso  hay constancia del sentimiento obrero con la lectura de sus propios nombres: Esclavitud Emancipada, Defensa Mutua, la Emancipación, Los Amigos del Trabajo, La Flor del Trabajo, Cereal…

            Es fácil, en estos momentos, responsabilizar a la herencia de una persona o a un grupo político  sobre  todos los males que acontecen a nuestra sociedad cogiendo el rábano por las hojas- que es lo más sencillo, sin  profundizar sobre el sistema capitalista de producción-; también hemos de ser conscientes de comprobar la trascendencia futura de las medidas económicas y laborales que se están emitiendo para afrontar un momento tan delicado en el que nos encontramos. Pues debemos cuestionarnos si conducen a una revalorización del mundo del trabajo o a un maquillaje y sutil cambio de mismo sistema, en el que se dora la píldora al dios del dinero por encima de todo, como siempre acontecen en los momentos de  crisis. Con pocas palabras, vivimos momentos y tenemos la oportunidad de la catarsis, de la autocrítica  y  de la proyección esperanzadora dejando atrás políticas que sean puras pompas de jabón consumista. Pues, si esto no fuera así de sencillo y simple, “muerto el perro, se acabó la rabia”, o, más bien, se había acabado la rabia y estaríamos en un momento de proyección exitosa-cosa que no los estamos comprobando-.

 Por eso, es el momento de todos, pero con una nueva visión  y planteamiento ante la futura sociedad que tratamos de construir. Y, por eso, en el Día de los Trabajadores, desde la Sierra Sur debemos iluminarnos con este mundo de atalayas que nos rodean  para afrontar los retos futuros. Ni debemos caer  en la demagogia diaria de destrucción del adversario anterior o posterior,  y, más bien,  hemos de afrontar como principio básico del sistema económico  el carácter sagrado del trabajador, al que no es lícito eliminar derechos  ni protecciones y debe tener la garantía de una vida digna para él y su familia; ni debemos   minusvalorar el esfuerzo de muchos emprendedores- y digo emprendedores que se entregaron a constituir su pequeña y mediana empresa como un trabajador más-, porque, en muchas ocasiones, son víctimas de los enredos de los movimientos bursátiles y el capricho de las grandes multinacionales abusando de sus horas de sueños e ilusiones; ni debemos destruir el estado del bienestar que nos cierra el ciclo vital de las familias con su subsidiariedad, su solidaridad reconocida y su integración de todos sus componentes mediante la contribución  proporcional y de justicia contributiva  y distributiva de todos los sectores y personas. Como dicen algunos, debemos favorecer la comunitariedad.
En estos momentos de reflexión sobre el mundo del trabajo, podemos  manifestar que es el momento de la solidaridad  con los primeros despedidos  y excluidos de la crisis- parados, inmigrantes  u obreros no cualificados-; es el tiempo de la fraternidad  para construir una nueva sociedad en la que nos encuadre a todos como miembros de una familia en la que el trabajo nos une para conseguir objetivos comunes, y, aunque a algunos les suene a musical celestial, es el tiempo de la caridad. De la caridad que tiende puentes, y no de la que algunos ignorantes laa descalifican con conceptos o interpretaciones del pasado  o con comportamientos demagógicos cayendo en la beneficencia. Porque caridad significa sobre todo amor, entrega de unos para otros, amor interrelacionado sin nada a cambio, cosa que  mejoraría nuestras relaciones,  y va más allá de la solidaridad. Al fin y al cabo, decía Oscar Romero, “Ya basta de sufrimiento para el pueblo. El pueblo es el primero en los sufrimientos y es el último en ser tenido en cuenta No podemos callar  en un mundo tan corrompido e injusto. (…)  . sería de veras la realización de aquella comparación tremenda “perros mudos”¿De  qué sirve el perro mudo que no cuida de la heredad?          

sábado, 26 de mayo de 2012

LOS NIÑOS ALCALÁINOS ANTE LA CRISIS



Esta mañana desayunaba una noticia de prensa que me provocó una mala digestión a pesar de haberme engullido un  frugal alimento. Cierto canal radiofónico resaltaba el siguiente titular: “El 26 por ciento de los menores -2.200.000 niños- viven en hogares que están por debajo del umbral de la pobreza, por lo que por primera vez se sitúan como el colectivo más pobre de España” . Al instante, este  titular lo relacionaba, como les sucede a muchas personas, con el hecho de  que era uno de los bulos y de las deformaciones de la realidad  que continuamente  nos ofrecen los actantes del momento presente. (Por cierto, los nuevos reformadores del Diccionario de la RAE, han ampliado en gran cantidad los sentidos semiológicos de muchas palabras relacionadas con la política y la economía…. han convertido auténticos sablazos, recortazos, copagos,  y subidas del IRPF,  en el polo opuesto de su significado etimológico, escaldándolos de todo lo que significara un desgarro más de la nómina pecuniaria para convertirlo en una necesidad perentoria obligada por la rémora del pasado).  Pero, no lo dejé pasar por alto, recordé que  el impacto de la crisis en los niños era una realidad clara y notoria en España; y, no podía soslayar mi entorno.

Las conclusiones del estudio y el informe de UNICEF-España procedían de  base científica y se manifestaba  en familias que habían sobrepasado el umbral de la pobreza y eran víctimas de la máxima vulnerabilidad. Pues, hay casos de niños que solo tienen la ropa de vestir y nada más, y  se encuentran a expensas de los desechos de las familias que se desprenden de sayos de los niños de bien( a veces, incluso sin estrenar);   hay  niños que se alimentan con muchas menos calorías y  con dietas tan deficitarias  que están a años luz de una familia de las clases medias ( tan sólo algunos pueden disfrutar de la leche que le donan las instituciones humanitarias como la Cruz Roja, o cristianas como Cáritas); hay niños  que les incide mucho más el absentismo escolar por formar parte de un entorno familiar que cambia de hogar o de residencia con  mucha frecuencia; hay niños que están corroídos por enfermedades  y no pueden pagar muchas veces los medicamentos de un simple resfriado, porque sus padres no tienen con que afrontar el recibo mensual de  la electricidad de sus casas, o del agua de sus domicilios o de la renta del arrendamiento. Y, aún más,  todas estas carencias se intensifican en muchos hogares donde se vive una pobreza crónica.
El informe de UNICEF no se merecía un simple comentario, ni tampoco escucharlo para pasarlo a la papelera de reciclaje, sino que me hizo reflexionar  sobre el momento presente, sobre  la comedura de coco que nos tiene insertos con el continuo bombardeo de asfixias económicas por parte de los agentes del consumismo financiero, y sobre  la poca  sensibilidad  con la que  enfocan ese cuarto mundo de la  humanidad, que ya no se encuentra en el Tercer Mundo, sino que son el auténtico Cuarto Mundo de la Pobreza. Sé que muchos piensan que la solución es el célebre adagio latino “carpe diem” y no preocuparnos más que por el día a día y  nuestra diversión salvando nuestro pellejo, que ya es mucho decir. Pero no podemos quedarnos con los brazos cruzados ante una realidad tan sangrante, como son el hambre y la indefensión  de los niños pobres. Es la hora de cambiar el déficit de la usura por el superávit de la solidaridad, la bajada de la bolsa  por la apuesta de la prisma de riesgo para quitar la pobreza, es  el momento de cambiar de pedagogía  de la usura financiera  por la búsqueda de otro mundo donde quepamos todos. Es difícil cambiar de mentalidad, pero el reto es más  profundo  que el del simple cambio de terminología económica o de la salvación de unos pocos. Es algo fundamental, radica en subirnos todos en una misma nave.     

lunes, 14 de mayo de 2012

La Torre la Imagen de la fortaleza de la Mota de Alcalá la Real






Descargar Ginés. Paula..JPG (151,8 KB)            Hace pocos días, tuve la ocasión de observar las obras  emprendidas en la fortaleza de la Mota en torno a la muralla del Gabán, Entrepuertas y muralla del Trabuquete. Parecía como si un  nuevo  adecentamiento prestara una cara más esbelta , más joven y  más transparente a este recinto histórico-artístico. La Torre de la Imagen sobresalía como una majestuosa señora entre el adarve, antepechos y restos del arrabal del Albaicín alcalaíno. En verdad que este monumento tan emblemático  de nuestra ciudad necesitaba de tan importante obra de remozamiento y de la inversión financiera del fondo del uno por ciento cultural de obras públicas, en este momento cuando escasean los presupuestos estatales en mano de obra para paliar el trágico paro que sufren muchos hogares de España; por eso, con gran acierto las autoridades locales se adelantaron en la gestión de una obra emblemática para la cultura y  el empleo de nuestra ciudad.

            Pero, la Puerta y torre de la Imagen no es solo una obra de índole reconstructiva sino un símbolo y una epítome de la historia de la ciudad de Alcalá la Real. Desde su denominación de Torre de la Justicia hasta su última de torre de Santa María, pasando por la Imagen , e, incluso, en algún momento llamada Puerta Nueva. Y, digo, Puerta Nueva, porque  me aventuro a plantear que esta torre recibió,  este nombre para abrir una nueva entrada de la fortaleza, porque, anteriormente,  lo hacía a través de la torre barbacana  ubicada en el huerto de Moriana y barrio del Albaicín, y se dirigía directamente a la alcazaba a través de la puerta cerrada y del pasadizo-clara muestra de ello es el desprendimiento del  amplio lienzo de muralla que se extendía desde la casa de los Aranda hasta la torre de la Vela con motivo de varios movimientos sísmicos o por la erosión de la mano humana y, el último  en torno a l 580.   Por otro lado, esta Torre, con el nombre  de la Justicia, nos recuerda  un momento en el que albergaba, dentro de sus mansiones con techumbre y tejado, la Justicia Mayor de la Ciudad, la vivienda del Corregidor, la Cárcel Vieja-como se cita en algunos documentos- , e incluso  a principios del siglo XVI,    la  Real Chancillería de  Granada para evitar la epidemia de la peste que se extendía en la ciudad de la Colina Roja. Pero, la nueva restauración ha acertado con la recreación de un nuevo escudo real de tiempos de Carlos V y la imagen de Nuestra Señora , con lo que consigue que podamos visualizar el nombre último de esta torre y puerta, a saber " de la Imagen", probablemente una reposición de alguna imagen anterior de tiempos de la conquista de la ciudad cuando  quiso fijarse la huella cristiana  con la advocación mariana tras los muchos años de estancia musulmana en el Cerro de la Mota. La última imagen. sabemos, que había sido costeada, a mediados del siglo XVI,  por la ciudad  y fue realizada por escultor Martín Pérez y el pintor italiano Pedro Sardo, vecino de la localidad alcalaína.  Probablemente,  la lámpara, cuyo aceite pagaban los carniceros de la ciudad, y el garabato donde colgaban las cabezas de los degollados en el campo de batalla, pervivan en el nuevo ambiente recreado tras la restauración. Pues, esta torre está imbuida de un duende especial de la fortaleza, que le aportó varias leyendas como La  del caballero de la capa y apuesta, que osó  subir a la Mota  quedando colgado en los clavos de su portón.  Además es  la puerta de bienvenida y despedida de  muchísimos acontecimientos de la ciudad: el último ha sido el de su extraordinaria y acertada  restauración.


lunes, 12 de marzo de 2012

LO PÚBLICO: LA MOTA







Comienzo de las obras del Gabán
            Lo público es un concepto que nos convierte a todos en agentes y actores de un mismo objeto y/o asunto. Cuando este asunto  es inmaterial se transforma en una idea, que compartes con otras muchas personas en defensa de unos principios básicos y permanentes. Si  este objeto es un elemento material, luchas en favor de su pervivencia,  disfrutas con él   individual y colectivamente y te sientes como  un poseedor pasajero que transmites, inapelablemente,  a tus descendientes. En  Alcalá ha habido otros símbolos que han servido para compartir este  terreno público  en los campos políticos, religiosos o sociales ( con sus distintos apartados). Pero, no cabe duda de que, si hiciera una encuesta  a todos los alcalaínos- presentes o ausentes-, sobre su opinión de la Mota,  siempre  y por unanimidad contestarían que el símbolo colectivo, del que se sienten propietarios en cuerpo y alma, es su fortaleza de la Mota.

Pues, muchos alcalaínos se despiertan abriendo  la ventana para saludar a esta majestuosa dama de piedra durante todos los días del año. Les gusta verla  encanecida por la nieve; como  mujer madura, por el la caída del sol en el atardecer; duermen la siesta con la manta  de la Mota, sobre todo, los vecinos de los barrios del medio  y del de San Juan; radiante de juventud,  los adolescentes despiertan más alegres  en los días de azul  turquesa, cuando no se percibe ni una gota de contaminación.

La fortaleza de la Mota agradece todas las terapias y tratamientos curativos que le han aportado, sobre todo los últimos tiempos. Ha vuelto a renacer, cuando le han extirpado el cáncer de las escombreras de su capa superior y ha aflorado su trama urbanística como si fuera un esqueleto de una clase de ciencias naturales. Ahora, con gran acierto,  le están haciendo los empastes más fuertes y duraderos,  y cubren su caries con los mejores esmaltes del  sillar amarillento.

Parece distinta, cada uno la siente como suya propia. A uno le gusta en medio del mar de olivos y la asemeja a un barco cuya proa se ha restablecido con la restaurada Torre de la Cárcel;  otros   se introducen en medio de las huestes de frontera , y la comparan con la férrea coraza de un caballero del medievo al contemplar el antepecho restablecido según las trazas  que idearon Ambrosio de Vico y Ginés Martínez de Aranda. Hay quienes la cantan  con ojos virtuales, y la  consideran como el disco duro de la torre principal  de un ordenador que transmite las órdenes y la información al resto de las atalayas circundantes. Si fuera un niño, la fortaleza de la Mota, sería la cueva de leyendas de romanos, árabes, bandoleros, duendes y  princesas. Si estuviera provectus aetate, me gustaría esparcir mis cenizas por entre las grietas de sus covachones e identificarme con sus primeros habitantes.

Por eso, no nos extraña que el firme compromiso, del que han hecho  gala las autoridades públicas  de estos últimos  años,  no sea sino una correspondencia con esta alma colectiva, con esta defensa de lo público de los vecinos de Alcalá. Pues  la Mota no es una simple  fortaleza, sino  que  es , también, un símbolo material e inmaterial de la colectividad; una manera de defender lo público, y  que, al menos, algo nos quede de vínculo de unión entre todos, sin diferencias, porque  los frutos derivados de su disfrute y  su aprovechamiento   vendrán en demasía en tiempos no muy lejanos.