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domingo, 22 de junio de 2025

BERNARDO, UN NUEVO MIEMBRO DE LA FAMILIA DE LOS MORA

 

 


 

 


Es frecuente en el mundo artístico  que surjan en torno a uno de los genios gran  número de discípulos, que le acompañan en la elaboración de las obras y, a veces se conviertan en artistas de primer rango como es el caso de Juan Martínez Montañés con su taller de colaboradores y su discípulo Juan de Mesa. Tambien, ultimamente hay noticias de los talleres familiares como los Mena o los Raxis Sardos, en los que, en el caso de estos últimos, pueden sobrepasar el número de la docena de artistas y colaboradores entre el progenitor, hijos y nietos.Otros, como en el campo de la arquitectura, suelen ser más reducidos, si nos centramos en Andalucía Oriental en casos como los González( Alonso, padre y Luis González) o los Aranda (Gabriel, Ginés Martínez, Juan de Aranda Salazar y Francisco de Aranda).

 

Parece como si sustituyeran a los antiguos gremios del medievo que en los grandes centros urbanos tuvieron que hacer frente a la gran cantidad de solicitudes y contratos que cabildos eclesiásticos, cofradías, monasterios y otras entidades públicas y privadas emprendieron para expandir la religiosidad del momento postridentino.

 

Es verdad que la labor del maestro ha eclipsado la labor de todos sus colaboradores, que han quedado en el anonimato de la historia por la genialidad del artista o, a veces, incluso, por la notoriedad de la obra en un contexto muy determinado, que olvidaba otro tipo de obras que se expandían por los rincones más inesperados de la geografía andaluza.Así, la obra del Jesús Nazareno, de Priego, atribuida a Pablo de Rojas, perfecta e,impregnada del mejor clasicismo ha quedado muchas veces olvidada de la crítica hasta que el profesor Orozco la puso a  la luz y colocó en su verdadero valor artístico.

 

También, a esto coadyuva que los pueblos andaluces solían contratar de acuerdo con las posibilidades económicas acudiendo a artistas colaboradores y de segundo orden para los críticos del momento y, que, luego, han sido recuperados por las nuevas investigaciones. Pensemos en la familia de los Raxis, hasta ahora, apenas estudiados o, a lo más, centrados en el figura de Pedro de Raxis por su labor en la capital granadina y en su labor de policromar las imágenes de Pablo de Rojas.

 


Con estos precedentes, hay que añadir que quedan por estudiar todavía comarcas enteras que en siglos anteriores alcanzaron una enorme influencia y prestigio por provenir de situaciones privlegiadas de frontera, de beneficios eclesiásticos o de otra índole, en las que los mecenas o las instituciones ejercieron una gran labor difusora y protectora de artistas. Este es el caso de Alcala la Real, cuna de artistas, ciudad privilegiada gracias a su situación fronteriza en muchos períodos de la historia, donde nació y creó su principal taller la famila de los Raxis o Sardos. También, el ilustre imaginero Juan Martínez Montañés inició sus primeros pasos de su vida, ya que su padre, muy relacionado con la Abadía, alcanzó algunos cargos como mayordomo del Hospital del Dulce Nombre de Jesús, y lo debió relacionar con el mundo del arte de los Sardos, muy conocidos suyos por la labor artística en las pequeñas obras, que elaboraban para cofradías y hermandades de su momento, en este caso de la Cofradía de la Santa Caridad, en la que tenía una participación muy importante. En este contexto no es de extrañar que, una vez que los artistas habían alcanzado cierta fama , emigraran a otros contextos más prolíficos para ejercer su oficio, como fue el caso de Pablo de Rojas, algunos Raxis y , desde el principio, Martínez Montañés. Esto provocaba que los artistas colaboradores cubrieran el vacío dejado por los primeros, produciendo unas obras de menor calidad  que la que

en  otros pueblos o ciudades alcanzaron  con la marcha de estos insignes artistas.

 

Pero aquella huella quedó marcada en los vecinos que, cuando se ven obligados a renovar la imaginería en los albores del barroco, no regatean medios para contratar los mejores artistas que sustituyan a las obras de los creadores renacentistas y olviden a artistas mediocres que hicieron la transición entre los Sardos y los nuevos Mora o Bocanegra. Claro ejemplo de este desarrollo artístico que venimos describiendo es la historia de la abadía alcalaína: comienza con la producción artística de los Sardos Raxis, inicia un declive con la segunda generación, continúa con mediocres artistas como Pedro Cobo o Juan de Flores a lo largo del siglo XVII, y contrata a los mejores artistas del momento,a partir de mediados de este siglo como los Menas o los Mora.

 

En este último período se encuentra el nuevo descubrimiento,  que queremos dar a la luz, en la sección de protocolos del Archivo Histórico Provincial  de Jaén. Es un contrato, realizado entre Bernardo de Mora con el administrador y mayordomo de la Abadía para la ejecución de siete imágenes del altar mayor de la Iglesia Mayor. Lejos de su interés localista, resulta interesante por las conclusiones que se derivan de él para el estudio de esta importante familia artística del Barroco andaluz. Por su trascendencia lo vamos a transcribir, adaptándolo

ortográficamente:

 


En la ciudad de Alcalá la Real en diez y ocho días del mes de febrero de mil setecientos y uno  años ante mí  el escribano público y testigos parecieron de la una parte el Licdo don Gabriel Muñoz, presbítero, notario del Santo Oficio Capitular del Cabildo Eclesiástico de esta ciudad y mayordomo de de las fábricas de las Iglesias de ella; de la otra, don Bernardo de Mora, vecino de Granada, y estante en esta ciudad, dijeron que, de orden del Illmo sr.don Diego Castell Ros de Medrano del Consejo de Su Majestad y abad de esta abadía y en virtud de su decreto, por donde se manda que se hagan siete efixies  para los nichos del altar mayor de la Santa Iglesia Mayor  de esta ciudad, y en virtud del dicho decreto ,dichos dos otorgantes lo tienen tratado y, por esta escritura ,el dicho don Bernardo de Mora se ha de obligar a dar a toda costa  puestos en la ciudad de Granada  y el dicho don Gabriel Muñoz, como tal mayordomo y en virtud  del dicho decreto a pagar para dichas hechuras  lo que adelante se dirá .Y es, a saber, que el dicho don Bernardo  ha de dar hechas dichas hechuras de escultura  en esta manera: una imagen  de  la Asunción de Nuestra Señora con su trono de ángeles, un San Pedro apóstol, un san Pablo apóstol, un Santo Domingo de Silos, un San Dionisio Areopagita, un Santiago Apóstol y un San Sebastián mártir, las cuales dichas imágenes, que son siete, las ha de dar fenecidas y acabadas con toda su perfección en la dicha ciudad  de Granada  para colocarlas en sus nichos para el día de San Pedro del año que vendrá de mil setecientos y dos en la forma siguiente:la imagen de Señor San Pedro apóstol la ha de dar acabada a toda costa y perfección para el día veinte de junio que vendrá de este presente año; y la de Asunción de Nuestra Señora para el día último de julio que vendrá de este presente año y las demás imágenes en el discurso del tiempo referido hasta el día de San Pedro de setecientos  y dos, que es cuando ha de estar fenecida dicha obra; y por el valor y precio de dichas imégenes, el dicho don Gabriel Muñoz  le ha de dar al dicho don Bernardo quinientos reales de a ocho de plata  de a quince reales de vellón cada uno  en esta manera: los cien pesos para el día veinte de junio que vendrá de este presente año y otros cien pesos para el día último de julio así mismo que vendrá  de este presente año, y los trescientos  pesos restantes hasta los quinientos  referidos en dos plazos, el primero de ciento cincuenta pesos  para el día de Pascua de Navidad  que vendrá ,fín de este presente año y los otros ciento y cincuenta  pesos  restantes para el día de San Pedro  del dicho año que vendrá del mil setecientos y dos. Y para que tenga efecto esta escritura, confesando por cierta y verdadera  la relación de ella, el dicho don Gabriel Muñoz, como tal mayodomo de la dicha fábrica y en virtud dedicho decreto, se obligó con los bienes y rentas de dicha fábrica  a cumplir, dar  y pagar los  dichosquinientos pesos del valor referido al dicho don Bernardo por los dichos días y plazos ,arriba expresados,  y el dicho don Bernardo se obliga a cumplir con dar las dichas siete imégenes fenecidas  ycabadas para los días y tiempos referidos, puestas en las dicha ciudad de Granada, y para ello obligó su persona y bienes muebles y raices habidos y por haber, y dieron poder cumplido a las justicias y jueces de su Majestad, que de él fueron, que de cada una de las partes puedan y deban conocer, para que a ello le apremien  como sentencia pasada en cosa juzgada, renuncunciaron a las leyes, fueros y derechos  de su favor y la general y así lo otorgaron y firmaron, siendo testigos don Juan de Ortega, don Antonio de Contreras y Agustín de Cobaleda, en Alcalá  e yo el Escribano que doy fé y conozco a los otorgantes.

 

Fue el  escribano, en concreto, Juan Ramírez de Tordesillas, que ,evidentemente, lo firmó juntamente con el mayordomo y Bernardo de Mora. Posteriormente se hizo un traslado del documento el día dieciseis de septiembre de 1702.[1]

 


El documento mencionado se refiere a don Bernardo de Mora, que coincide con los trazos gráficos de Bernardo Francisco de Mora, padre de toda la familia de los Moras. Era  el cuarto hijo que nació en Granada  y fué bautizado el uno de mayo de 1655 en la parroquia de San Gil. Eclipsado por la fama del padre y de  sus hermanos y  anteriormente  por la de los Menas, hasta ahora ha pasado olvidado por la historia, ya que la única referencia provenía del profesor don Manuel Gallego Burín: sin atribucion artística alguna y, debido a a la ausencia de documentación de los archivos de Granada, con los únicos datos biográficos mencionadoas anteriormente.[2]

Probablemente debió iniciarse como colaborador en el taller de su padre y sufrió las desaveniencias entre los hermanos y , cuando estaba a punto de convertirse en famoso artista, le sobrevino la muerte, precisamente en el año 1702. Es curioso que en la estampación de su firma coincida con José de Mora, su hermano, anteponiendo el don- lo que no hacen el padre ni su hermano Diego. Por otra parte, las grafías coinciden más con su padre que con los hermanos y, además añade, un segundo apellido, que posiblemente añadiría-cosa frecuente, en aquellos tiempos, de Pinar.

 

Con Alcalá la Real, y, en aquellos tiempos, su villa del Castillo Locubín, estaba relacionada su ama de casa y  cuñada, esposa de Diego  de Mora, llamada Ana de Soto, que cuidó a toda  la familia hasta el casamiento en 1682 con su hermano Diego. Aunque ya desde el 165O había emigrado a Atarfe, no es de extrañar que sus informaciones sobre la Abadía fueran útiles en las contrataciones de obras. Pues son varias las atribuciones, aparte de las anteriores, a los Moras en el terreno abacial tanto en Alcalá, Priego, y Carcabuey.

 

Un nuevo Mora, Bernardo, nos ilustra de este ambiente de familias artísticas y del desarrollo posterior de sus miembros. Sería interesante que se abundara sobre su obra, porque tal vez muchas de las atribuciones a José o Diego pudieran ser obra de este artista.Como ya han hecho muchos investigadores, hemos tratado de profundizar en los protocolos notariales de Granada en torno a los años de su muerte.Los frutos han sido baldíos por las circunstancias azarosas que sufrieron, pero puede ser que otas comarcas parecidas a la alcalaína complete la biografía y la producción artísitca de este maestro.

 

Desgraciadamente, en la guerra civil española desaparecieron las  anteriores imágenes, que se encontraban en la Iglesia de Consolación de Alcalá la Real, ya que sustituyó  como Iglesia Mayor al templo de la Fortaleza de la Mota. Posteriormente se hicieron reproducciones de San Pedro y San Pablo, de bella ejecución, de nuestro contempráneo Nicolás Prados, imitando a las de Bernardo de Mora, hijo, que destacan por su majestuosidad y la ejecución de un extraordinario artista.

 


Por las fotografías que se conservan de las restantes ,se observa una peor calidad en las de San Dionisio y Santiago, siendo mediocre la de San Sebastián y pareciéndose mucho a la Asunción de la Cartuja, la que hizo para el retablo de la Mota. También sabemos que fueron posteriores  y se escalonó su ubicación en la Iglesia sin ajustarse a la firma del contrato. En el nueve de Marzo de 1702, se bendijo la imagen de San Pedro  por el abad Castell en el Convento de la Trinidad y el día diez del mismo mes se trasladó a la Iglesia Mayor. El trece de mayo de 17o3, se trajeron las imágenes de San Pablo y de Nuestra Señora de la Asunción. Al año siguiente en 1704 se bendijeron las de Santo Domingo de Silos y san Dionisio Areopagita.

 

Con esto se abren varias interrogantes acerca de la autoría. De ahí que nos preguntemos si prosiguieron sus discípulos las obras y así se demuestra la decadente calidad en las últimas producciones o si quedaron a medio ejecutar o si fueron obra de los talleres de sus propios hermanos.[3]

    

Esto nos lleva a conjeturar si no le sobrevino la muerte en este momento, dando lugar a  la participación de algunos miembros de su taller en la finalización de la obra. Pero lo importante, lo digno y destacado es un nuevo Mora, Bernardo Hijo, que abre una interrogante en la producción artística con esta contribución de la comarca alcalaína  por medio de este valioso contrato.   

FRANCISCO MARTIN ROSALES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1]     ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE JAÉN. Escribano Juan Ramírez de Tordesillas. Veintiocho días del mes de febrero de 1701. Folio 218 y 219.

[2] GALLEGO BURÍN, Antonio. José de Mora. Facultad de Letras. Granada. 1925.

[3] GARRIDO ESPINOSA DE LOS MONTEROS, Diego. Historia de la Abadía de Alcalá la Real. Diputación Provincial de Jaén. 1996.

sábado, 21 de junio de 2025

DOCUMENTO II SOBRE EL CONVENTO DE LOS DOMINICOS DE ALCALÁ LA REAL








 

 


DOCUMENTO II SOBRE EL CONVENTO DE LOS DOMINICOS DE ALCALÁ LA REAL   

 

Corresponde al legajo 20 /número 57 y con fecha del 23 de junio de 1813 se titula” Escritura  sobre entrega de su convento a religiosos de Santo Domingo de Guzmán de aquella ciudad”

Es otra copia del documento  original realizada por el mismo escribano salvo los cambios de fecha, lugar y personas. Recoge los avatares de la desamortización y posterior recuperación de bienes. En este caso,  se reunieron en la celda los siguientes comparecientes ante el  mismo escribano:

-el Prior fray José Amores, lector habitual de artes y predicador general

,-Manuel Duran, administrador de Bienes de la Nación.

-Religiosos. Los presbíteros Fray Vicente Guijarro, subprior, fray Vicente Ruiz, lector de Filosofía, fray Juan Gutiérrez, ministro de primeras  letras, fray Tomás Ortiz, lector de Teología, Escolástica y Moral, fray Manuel de Ávila, maestro de Latinidad, fray Santiago del Castillo, organista,  y los legos fray Antonio Camacho, corista, fray Francisco Mellado, fray Andrés López. Fray Ignacio García Colodrero y fray Juan Antonio Camacho.

 

 

Por interés de los datos del Inventario, lo trasnScribimos literalmente:

 

Ocho santos de bulto, seis escaños, dos cajones, ocho puertas nuevas de una bandera, un confesionario, una silla de baqueta, dos asientos de terciopelo,  un facistol, una cajonera rota con dos cajones, dos atriles, un pie de cirial, dos ciriales, una banderola, una escalera para el sagrario, dos frontales viejos, una vidriera grande, nueve candeleros,  dos cruces de cristal, un cajón envevido en la pared, una camilla de un crucifijo, nueve farolas chicas y grandes, nueve lienzos con marco, otros dos sin él, tres marcos grandes dorados, un pedazo de retablo con otros varios de lo mismo, un friso sin dorar, una mesa de altar, un cajoncillo de Sagrario,  una puerta de alacena, otras de farolera, un quartón, tres cruces de madera, cinco cuadros grandes rotos, la sillería del coro con puerta de dies y siete, el armazón de madera del órgano y dos fuelles, una campana de la torre, otra pequeña en la Sacristía, una mesa, dos láparas de metal, quatro cerrajas de quadros, una efigie de Nuestra Señora de bulto, seis orquillas, cuatro almohadillas, un frontal, quatro aras, un San Miguel, un quadro de lienzo, otro grande, un Crucifijo y dos láminas, veinte y seis  libros, un trono de la Virgen del Rosario, una banderola y un crucifijo, dos cojines dos candeleros, y dos cruces, dos láminas, una campana pequeña, una lámina de Dolores, un retablo y cristaleras, una lámpara, ostiarios y yerros de hostias, una cruz de guión y dos cruces, dos cortinas de Sagrario, un frontal y un paño de púlpito, tres almohadas, un ornamento encarnado, cuarenta y ocho manípulos, cinco manteles, seis frontales, dos paños de púlpito, cuatro capas, treinta y un collares, cincuenta y una estolas, dies y seis  paños de cáliz, doce bolsas de corporales, dos hijuelas, doce sobrehostias, cuatro mangas de cruz, cinco cíngulos, veinte y nueve casullas dalmáticas, tres paños de atriles, un velo morado y dos baderolas, dos cajones de la Sacristía, doce llaves, “

-Continuaba con la misma fórmula del anterior cociumeto. ,       .

 

 

II IN SEGUNDO INVENTARIO DE LOS DOMINICOS DE 1820

 

Un dato muy interesante, es el inventario de la Iglesia donde se ubicaba  Jesús Nazareno y María Madre de Dios del Rosario. Lo conocemos a través de la pieza 26 del legajo cinco del Archivo Minciapal de Alcalá la Real y se realizó  años  antes de la exclaustración de los dominicos, en torno al 1820. Allí, según parece y de acuerdo con el anterior,  se acrecentaría con  algunos bienes de otras iglesias y de la Santa María la Mayor. También aparecen enseres de otras cofradías y hermandades actuales. Aunque es muy extenso, por su interés, lo vamos a resumir.

 

Tuvo lugar en la celda de Prior donde se reunió a cabildo toda la comunidad de religiosos dominicos , compuesta  de ocho frailes, tres legos  y algún donado que no se citaba  y expusieron los siguientes enseres:

En la cocina. Un perol grande de cobre, una olla grande y una chocolatera... .

 Unas tenazas, un badil, un almirez y una hacha

En el refectorio. Tres mesas largas y angostas, dos manteles, ocho  velas, dos jarros de Granada y tres escaños.

En el ángulo primero del claustro, cuatro cuadros grandes. Uno de la Soledad, otro de San Gonzalo, otro de Santa Rosa, otro de Pío Quinto y uno pequeño de san Pedro Mártir.

En el ángulo segundo, una cap(ill)aª para la comunidad

En el granero el que contiene tres fanegas de trigo, una de paja, y media fanega. Una imagen del Rosario en cuadro.

En la Escalera. Un farol y un cuadro de La Huida con nuestra Señora de la Encarnación.

En la (D)espensa,  seis orzas pequeñas y once tinajas ( cuatro útiles . 

En la sacristía: .dos cálices de plata, un copón medio, tres vestiduras completas

( alba, amito y casulla)cinco casullas de varios colores, dos roquetes, siete frontales de diversos colores, tres cíngulos de cinta de seda, cinco corporales, once purificadores, seis pares de vinajeras de vidrio,  una cajonera de seis cajones ( tres rotos) otra de cuatro cajones, un hostiario de metal, un incensario de metal, un Hisopo de madera, una escalera, un tenebrario, un bufete , dos cajones de vestidos en el  bando de una ventana, otros dos sueltos, una Arca, una mesa pequeña, una luna grande, dos ciriales, lavamanos,  dos roquetes.  una 11  collares de  varios colores, tres campanillas pequeñas, 10 bolsas de corporales, 11 paños de cáliz, ampolleta de santo Óleo,, dos de alta, un crucifijo, una lámina dorada de “La degollación de San Juan Bautista” con coronación, seis marcos de diferentes imágenes de advocación. Marcos de palo, dos láminas de Ecce-Homo. Un espejo de marco negro. Un escaño con cajón. Nuestra Señora Santa Ana. Ocho Bujías de metal dorado y blanco., Cuatro misales: dos romanos y dos de la Orden

 

En el Coro. Un señor Crucificado, la Sillería de Nogal que se compone de 17 asientos. Siete libros pequeños de Coro, dos breviarios. Un misal. Capª y Kalenda. Un Cuaderno divino. Medio Facistol. El frontis del órgano. Una Lámina

 

En la Iglesia       

 

Está un altar que es el mayor con un retablo con la imagen de Nuestra Señora del Rosario y un marco en lo alto con lámina imagen de Santo Domingo, un mantel con seis candelabros.  Cuatro imágenes en los contaderos. San Francisco, San Antonio, Santo Domingo y San Pablo. Una luna de cristal. Tres sillones, tres confesionarios y un púlpito de madera.

        

 

Los dos altares inmediatos al altar mayor son de la Hermandad (Desgraciadamente nos los describe)

Dos ángeles.

        Otro altar con un retablo con Señor Crucificado, manteles, candelero y cruz de palo.

         Otro altar con un retablo con cuatro columnas y las imágenes de Santo Tomás , Santa Rosa y Santa Catalina, manteles, cruz y atril.

         Otro altar con  efigies de santo Domingo Soriano, un mantel

Otro altar con un retablo y en él San Vicente con mantel c y atril

Siete escaños de madera.

Un cuadro de San Agustín con coronación dorado  y la Coronación.

Otro igual de San Gertrudis, un lienzo de San Juan de Dios, Otro con marco dorado de San José.

Dos cuadros de San Miguel y San Rafael con marco dorado, cuatro cuadros iguales con marcos dorados y algunos  de marco de talla grande. Uno de Santa Teresa, San Blas, Santo Cristo Crucificado, y con nuestra Señora de las Angustias, Un facistol

12 cornialtatres blancos.

Seis cortinas de media vara de ancho y tres de largo con fleco.

Dos campanas en la torre, un facistol y una tumba, una lámpara de hojalata, un atril y dos candeleros

 

Y un dato muy interesante para la Hermandad del Ecce Homo y Jesús en la Columna, que aparece añadido  y con letra distinta, por lo que parece que es un traslado de alguna hermandad, tras desaparecer la anterior cofradía de la Veracruz.

 

 

A la entrada de este convento se encuentra una capilla con su verja de palo del SEÑOR DE LA COLUMNA estampado en lienzo, colocado en retablo en talla, con su altar, hay tres faroles, uno grande que está en medio, y dos a los lados de dicho retablo con su pies de madera, dos cornucopias con coronación grande, dos espeteritas, donde hay varios milagros de plata y algunas matas de pelo.

 

 

 

viernes, 20 de junio de 2025

DE INVENTARIOS I DOCUMENTO SOBRE EL CONVENTO DE CAPUCHINOS DE ALCALÁ LA REAL

 

 

                   DE INVENTARIOS              

 

Quisiera aportar en este números datos interesantes recogidos en el archivo del Congreso de Diputados y en la sección abacial del Archivo Municipal de Alcalá la Real..

 

I  DOCUMENTO SOBRE EL CONVENTO DE CAPUCHINOS DE ALCALÁ LA REAL

 Archivo del Congreso de los Diputados. Legajo 20 /nº 56.

Se titula “Alcalá la Real, cinco de junio de 1813. Escritura sobre entrega de su convento a los religiosos capuchinos de aquella ciudad”

Es una copia de una escritura realizada por el notario González de Lara  que versa cobre el título anterior y levantada en dicha fecha. Se reunieron en la celda del reverendo padre Guardián los siguientes comparecientes


 Manuel Durán., administrador de Bienes de la Nación

-Fray Antonio del Castillo, prelado del convento.

-los religiosos del convento: los sacerdotes  presente{. El vicario Fray Fernando Echarri, fray bernardino Espejo, fray Victoriano de Andujar, fray Hilario Castañeda, y fray Gerónmo del Castillo}, y los legos profesos ( Fray Miguel de Alcalá, fray José de Íllora, fray Mariano de Paterna, fray Francisco del Castillo, Fray Manuel del Castillo y fray Cristóbal del Colmenar.

Reflejaba el momento histórico de la devolución a los frailes del convento que se les  había desamortizado años antes. Dicho acontecimiento partió de la nueva política real de devolución de bienes a las comunidades religiosas desamortizadas a partir de la Real Regla promulgada el 14 de enero de 1813 y que en las provincias ejecutaron los intendentes, nombrando administradores de bienes nacionales en cada partido judicial. En el caso de Alcalá, se cambiaron a los antiguos administradores afrancesados( Vicente Mirasol) por otros nuevos, precisamente fue Manuel Durán y el acto de toma de posesión y entrega se llevo a cabo el dos de abril del mismo año. El Intendente de Jaén extendió el decreto de la obligación de levantar ante el notario el documento de restitución de bienes con fecha de 30 de mayo de 1813 y días más tarde, el cinco de junio se hizo en Alcalá la entrega al guardián del convento. Por lo interesante del documento vamos a transcribir

 

 

 

         EL INVENTARIO DEL CONVENTO DE CAPUCHINOS

 

primeramente la Iglesia con siete altares y adorno de seis retablos, dos marcos de lienzo, trece quadros a la Vía Sacra, una Paz, cincuenta manípulos, cincuenta y cinco estolas, veinte y nueve bolsas de corporales, cuarenta y tres paños de cáliz,  diez purificadores, diez juegos de corporales, nueve hijuelas, doce hostiarios, tres cornialtares, seis pares de manteles, ocho alvzs,dos paños de púlpito, dos paños de hombros, dos bolsas de corporales, un paño de cáliz, estola y manípulo, tres amitos, tres frontales, tres cortinas de indiana, otra de tafetán  cuarenta casullas de todos los colores, tres misales, dos pares de manteles, una capa pluvial; tres paños de cáñamo: uno morado con ramos blancos y el otro blanco y encarnado, todos de seda; una cortina de tafetán vieja; un baril del Sagrario y tres llaves. Dos de plata, tres doradas y dos de hierro, dos pares de binajeras, tres campanillas de mano de altar, otra de la portería del Convento, cuatro bujías de metal, dos candeleros de madera, un facistol, un estante de dos puertas, un arca de depósito para el Jueves Santo, tres almohadas de terciopelo, dos alfombras, veinte y tres puertas de celda, ocho ventanas, una cruz de madera con el Santo Cristo de la Misericordia, cuatro pares de cortinas para el Sagrario, seis capillos, un arca, un lienzo del a Cena, una lámpara, un reloj de campana, y la campana de la torre; en  todo lo que así mismo en el Convento y huerta  fue entregado dicho R.,P. Guardián y Comisionado en cuya consecuencia y la de estar prevenido por el Real Decreto de diez y ocho de febrero pasado de esta año por el sesto de sus capítulos que la entrega de estos se haga por medio de escritura que autorizará un escribano firmada de todos los regulares reunidos en su respectivo convento quieren ponerlo en execución a cuyo fin y confesando como confiesan por cierto y verdadero el relato de la   presente otorgan por ella, que por sí y a nombre de los que en dicho convento les sucedieren se obligan y los obligan a tener y que tendrán los referidos efectos en esistencia para si en algún caso mandan a volver executarlo inmediatamente y a cuidar de que no padecerá detrimento alguno el Convento e Iglesia a todo lo qual  y según les es permitido se obligan otorgando a fabor de dicha ...

-Fueron testigos Tomás de González de Lara, Alonso María Benavides, regidor primero y alguacil mayor, José María de León, Tomas Francisco de Vinuesa, presbítero.          

martes, 17 de junio de 2025

EL ESCUDO DE ALBANELL GARCERÁN EN LA PUERTA DE ENTRADA A LA SACRISTÍA.

 

ALBANELL GARCERÁN




Nació en Barcelona, fue hijo de Jerónimo de Albanell caballero de Calatrava y de Isabel Girón de Rebolledo. Ejerció de alcalde de Tortosa. 

Fue llamado a la corte como preceptor del futuro FelipeIV  y, al enviudar,  se hizo sacerdote y  se mantuvo en la Corte hasta ser  nombrado arzobispo de Granada, pues nombrado abad de la ciudad de la Mota en Alcalá la Real, no ocupó la sede abacial durante los años 1617-1621.

Tomó posesión del arzobispado de Granada el 8 de febrero de 1621. Murió el 12 de mayo de 1626.





Cuartelado, acolada la cruz procesional de dos travesas. 1º, de oro, y un águila pasmada, en el flaco diestro bordura jaquelada dos de gules y uno de oro; 2º, de oro, y un ala de sable, bordura dentada; 3º, de gules, y tres peces, de oro, en un palo; 4º, de gules, y cuatro palos, de oro. Escusón de oro, y un muciélago, de sable, volando,

surmontado por dos cabezas y otra escachante, todas coronadas

En este escudo de Alcalá la Real, el águila, es un pelígano, y las cabezas son de musulmanes. 


lunes, 16 de junio de 2025

EL CALVARIO, LA VIÑUELA, LAS TORRES BERMEJAS Y EL BARRANCO DE MILLÁN.

 La parte oriental de la ciudad de Alcalá la Real se desarrolló tras la bajada de la población desde la ciudad fortificada de la Mota y us arrabales. Desde Llanillo y, dejando aparte la calle de Miguel de Utrilla, como linea divisoria, podemos distinguir los siguientes espacios urbanísticos:

CALVARIO

  Este barrio se desarrollo desde el final de la calle del Peso  Viejo, actual Santo Domingo hasta el cerro de los Llanos. Pero pronto quedó en el espacio desde la calle Corredera como línea divisoria. Su  Vía crucis,  que le dio el nombre  del barrio del Calvario o de las Cruces fue obra de unos devotos alcalaínos a mediados del siglo XVI  y se mantuvo hasta principios del siglo XX, que renovó todo su mobiliario y fue bendecido en la visita pastoral del primer quinquenio de nuestro siglo pasado. Estaba compuesto de catorce cruces (con su peana y basa marcadas por el número de la estación y su leyenda correspondiente) y por unas pequeñas ermitas, oratorios u hornacinas donde se albergaban en forma de cuadros, bajorrelieves o imágenes las distintas escenas de la Pasión. Afortunadamente, quedan varias cruces en la calle de la Subida a Fátima y restos de los oratorios de la Verónica y del Santo Sepulcro (que era la última estación); y , sobre todo, el oratorio del Señor del Ecce-Homo y la cruz de la Rosa, que nos hace imaginar como sería ese entorno paisajístico. Un cerro, con unas veredas que ascendían al paraje de los Llanos; y, de trecho en trecho cruz y oratorio, parada obligada y estacional; sin viviendas, entre flora de monte bajo, oliendo a tomillo y romero, y envuelto entre rezos de padrenuestros y meditaciones sobre la muerte de Jesús.

LA VIÑUELA 

Ocupaba el espacio por debajo de la Corredera en la actual zona de la calle Pintor ,  Espinosa y Rosa. 

En Alcalá la Real,  esta zona no figuraba con el nombre del Pintor hasta el siglo XVIII. Antes de un padrón de 1710, recibió varios nombres, porque hacía referencia a un barrio indeterminado entre el cerro del Calvario o del Vía Crucis (Las Cruces) y la zona denominada de La Viñuela. Actualmente, conserva su nombre y se accede a través de la callejuela del Pintor, y le debe su nombre al pintor Luis del Melgar, y a su hijo con mismo nombre y apellidos, que vivían en esta calle.  Los Melgar procedían de una saga, de orígenes, en algún caso oscuros, cuyo miembro principal fue el escribano Diego del Melgar y Quiteria del Campo. También, Bartolomé de Melgar fue beneficiado y capellán de la Iglesia Mayor de Alcalá la Real; este culminó su carrera eclesiástica con la  capellanía de la Real Capilla de la ciudad de Granada, cuyo cargo fue muy relevante de aquella época. 
Sobre datos que confirman las calles y este espacio de la Viñuela, sirvan algunos datos.
ESPINOSA
Era una calle que existía con este nombre desde el siglo XVII y dentro de la Viñuela, como afirma María de Molina, esposa de Francisco Blasco en su testamento manifestando que vivía en esta calle de este barrio, por cierto muy devota de san Francisco y san Jose al que dedica una memoria de misas con sus bienes, y además muy devota de la iglesia, a la que costea el mejor manto  para la imagen de Nuestra Señora de Consolación y dinero para el altar. Esta  calle recibió el nombre del  maderero o carpintero Martín Espinosa, Siempre me recuerda un tiempo de mi niñez. No sé por qué extraña razón me comentaban unos comedores de la posguerra, que acogía a los hijos, vícti
mas de aquel conflicto.  Pero, me  vienen a la memoria unas imágenes singulares de mis primeros pasos por la vida, cuando acudíamos a las bodas de mis familiares y amigos de  mi entorno vecinal o familiar.  Poseo fotos, incluso, de los más llegados. Corretaaba pro aquellos salones y patio de la Casa Montañés, entre sillas y tablones de madera, mientras probábamos los primeros refrescos, y nuestros padres comían y bebían: los primeros  os biscutis de cerveza "El Alcazar", con unos platos de jamón,  y diversos embutidos, que eran  principiados con entremeses de patatas y aceitunas  fritas. Un bizcoyo o una tarta casera con milojas completaba el menú nupcial. 
Esta calle perdió el nombre del maderero, pero conservo  Espinosa. No hubo muchos vecinos, salvo en el siglo XVIII, que se prolongaba hasta la calle actualmente denominada del Pintor. 

LAS TORRES BERMEJAS

    Este barrio de las Torres Bermejas era frecuentado por las correrías y zalagardas de los musulmanes del Reino de Granada para dar un golpe que otro en las alquerías de la ciudad de la Mota; otras  veces bajaban los monfíes, esos bandoleros moriscos de las Alpujarras, que se llevaban todo lo que podían, encaramados en los escondrijos mientras recorrían los caminos y agazapados  entre espinos y , matorrales y escondidos por las cuevas de los Llanos para dar el golpe de mano en el momento más oportuno .  Antes de que, en el reinado de  los Reyes Católicos, estos  permitieran bajarse al llano a los vecinos de Alcalá la Real, se llamaba esta parte del pueblo la Selva de Madroñal, por estar cubierta de robles y de madroños. Más tarde, se llamó bario de las Torres Bermejas donde se levantaban estas atalayas  ( nombre que  se mantuvo durante muchos años). No es de extrañar el Corral del Concejo, la  Corredera y el Tiro de Barra aludan a un tiempo en el que se mantenían las prácticas caballerescas de un pasado de frontera.  Luego,  en el siglo XVI, se  abrieron las calles Zalamea, Pajarejos y Juan Jiménez que conservan la identidad y nombre de barrio. Sirva de ejemplo este dato del contrato notarila dante Blas Martínez de Cáceres en  1629  cuando Juan Gallego de Vitoria arrendaba a Juan García esposa de Pedro Martín de Castilla , una casa y señalba     que se encontraba en el brrio de las <>Torres Bermejas, en la calle Zalamea. 
En el Catastro de  la Ensenada, se encuentra.  Frente a la ciudad fortificada de la Mota, enla otra parte del valle, a los pies de Los Llanos.  Zalamea o Zalameda. Nos hemos encontrado las dos formas. Evolucionada y sin evolucionar. Lo que está claro  que la calle Zalamea, actual denominación, proviene del vecino del siglo XVI Alonso de Zalamea, que vivía por estos parajes semirurales y dispersos. No es cuestión de profundizar este topónimo, que recogió el ascendiente de Alonso, pues fue un repoblador,. Dicen que procede del árabe, "pacífica y saludable". Pero aquí Zalamea ya es una realidad. En el siglo XVII, en la Viñuela vivía   Lucas de Zalameda. Sin embargo, en 1643 se encuentra un arrendamiento de su casa, lindera con Juan Romero y aparece como Zalamea ( legajo 4652 , folio 60). 
Calle pina y mirador de la ciudad fortificada, rememora su pasado entre solarines y fachadas blancas en medio de casas abandonadas. 
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JORNALEROS

La calle Juan Jiménez recibe el nombre de  este vecino de entre los siglos XVII y XVIII, porque en el siglo XVI se encuadraba con la manzana urbanística Torres Bermejas y, entre varios vecinos destacaba el merchante  Juan Jiménez en la  calle Juan de Álvaro. En 1725, aparece un Juan Jiménez en calle Espinosa, y Francisco Jiménez en esta calle de J Jiménez con otros miembros de la misma familia. Curiosa la anécdota que me comenta Eva Pulido, referida a su escarpado  y pino  lugar, "Paseé por la calle Juan Jiménez y me esgracié". Es una calle mirador de la ciudad por su parte alta y desemboca a la calle Utrilla. Calle sumamente jornalera, y estos eran sus 27 vecinos.
PAJAREJOS
Otra calle englobada en 1587 dentro de las Torres Bermejas. No se encuentra ningún apellido de vecino con este nombre hasta 1725. Probablemente existía nombre y apellido, y se le añadía su  pueblo de origen, Pajarejos, un pueblo segoviano que debió hacer emigrar muchas personas con la transhumancia en los tiempos de la repoblación del siglo XVI. Curiosamente, se perdió el apodo  gentilicio del personaje, y quedó como un fósil de nombre de calle. Y en verdad que lo es con pocos vecinos, antes del Catastro y en el propio  censo.
Estos son sus ocho vecinos :

EL BARRANCO MILLÁN
En tiempos de  peste , era la única salida para el movimiento de los labradores y trabajadores del campo, a través del barranco de Millán y las Torres Bermejas, al mismo tiempo que era la única vía de acceso en contacto con los enfermos, que debieron ser ocasionales.

EL TORO DEL RETABLO DE CONSOLACIÓN

 

EL TORO DEL RETABLO DE CONSOLACIÓN

 



    Era el final del siglo XVIII,  en concreto el año,1765, se estaba dorando el retablo del altar mayor del convento franciscano que presidía la imagen de la Virgen de Consolación. Mira por donde que se le regaló un toro para contribuir a los gastos de su ensamblaje, ebanistería, talla y dorado.Con ello se completaba la obra que había iniciado el retablista de Santafé Vidaure y se cubrían tantos anhelos de muchos devotos de aquel convento. Todo el mundo la consideraban una obra benéfica y bienchora. Pero lo que debió ser una obra buena, se complicó más de lo que esperaba. 

    Todos se encontraban expectantes, y raro era el día que no se asomaban a las dependencias del Toril para contemplar aquel regalo taurino. Comenzaron a adecentar la plaza portátil que se colocaba en los aledaños de la igledsia de Consolación. Pero, aquellas expctativas se echaron por tierra,  Pues el asunto llegó a la presencia del corregidor Pedro Moreno de Villena. Se citaron Francisco Linares y Alonso de Navas, vecinos del Castillo para resolver el asunto ante los tribunales de justicia. El corregidor no comprendía la trama del pleito. Navas ordenó a Francisco Linares que fuese a los montes de Valdepeñas a por un toro, pero no tocase los del padre fray Manuel de Navas. Y juraba y perjuraba, poniendo por testigos a Antonio Gutierrez José Galan de Navas sobre los prolegómenos del asunto.

    Luego, fueron al cortijo de Francisco de Cabrera , donde pastaba la manada de toros y vacas,  y el mayoral de Alonso Navas les preguntó donde estaba el toro . Le contestaron el mayoral y los guardas: 

- En el sitio de la fuente del agua.

    Inmediatamente, se llevó consigo un  atajo de vacas. Y siguieron el camino hasta llegar por entre encinas y fresnos al lugar de aquel manantial.  No se lo creían.  Al ver la escena, Antonio de Castro no dudó en indicar que encontraba  muerto al toro de modo que se generó una fuerte discusión entre los que indagaban por el toro franciscano.

- Puede ser que el toro murió repentinamente. Un infarto. Es muy frecuente cuando beben las atguas frías.- dijo el mayoral.

-No, hay tanto contraste entre el tiempo que hace y la temperatura de las aguas, yo se lo achaco a las huerbas veneosas que pastan , -dijo un resabiado guarda.

-Que no, que esto no tiene expolicación, cayó de bruces  y ni había comido hierbas ni había llegado a la fuente.    Coin la boca chica, se defendía Navas, diciendo que los toros se morían de hacerles correr tanto por los campos. Pero confiaba que el guarda  Castro debía tener cuidado que no le pasase nada al toro. Habían correteado muchaq veces a aquel animal de tal modo que lo había castigado en desmesura. Tal era la fatiga del toro del convento que este  murió.

El emisario del convento quedó convencidos de que este podía haber sido la causa de la muerte rependtina. Por eso, el convento pidio a Alonso de Navas a través de su abogado Merino 800 reales aludiendo que  sus mozos de Navas habían sido los causantes de aquel atropello. El corregidor exclclamó, tras emitir el fallo:

-Otro lingote de oro para los gastos del retablo. Y sin corrida. 

La gente veía cómo se llevaban los tablones de la plaza y abrían el toril. 

domingo, 15 de junio de 2025

SIEMPRE HUBO INDULTOS

 

SIEMPRE HUBO INDULTOS. 

Una  historia de perjuros

    Con motivo de  la reforma agrícola de  Carlos III, se repartieron muchas tierras de propios y realengo, para que pasaran a los colonos alcaláinos. El rey estaba esperanzado de que la nación prosperaría con los nuevos propietarios y campesinos; por otro lado, los nuevos labradores se afanaba en romper montes  por doquier quitando encinas y el monte bajo. Pero no  se quedaba  esta política en las buenas intenciones que promocionaba el espíritu real, sino que muchos aprovecharon cabezadas de fincas y sitios comunales para añadir a las nuevas tierras. Era un desastre total; no podían los ministros de la justicia parar aquel atropello ecológico a la naturaleza. 




    Por las sierras castilleras, se repartieron varias tierras a colonos de la villa y estos, como muchos otros,  se excedieron en sus propiedades dando lugar a que interviniera la justicia. Participaron de estos abusos muchas personas, pero cogieron con la mano en la masa a dos personas. El corregidor llamó por testigos al escribano Antonio Gutiérrez, escribano, y Ana Iñigo mujer de Emeterio de Paradyso. Pero el asunto se complicó, porque llevó ante el juez a Cristóbal de Abril, Pedro Aguayo Juan Carrillo, Cristóbal Marcelino Pérez, Francisco Javita Hidalgo, Manuel Pérez  el mayor y el menor fueron sobornados por aquellas personas  imputadas a las que les prometieron las primeras pagas de las rentas de sus fincas  y, al ponerse el escribano a redactar el auto,  desistieron de las dos  anteriores acusaciones y por haber recibido sobornos. No tuvo el juez más remedio que llevar a los sobornados a la cárcel. Pero mira que por donde que, mientras permanecían entre rejas,  un pregonero les  anunciaba que se celebraba una misa de rogativa  por el parto de la  Reina e iban a dar un indulto general. Todo quedó en agua de borrajas.