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viernes, 8 de mayo de 2020

LA MOTA NO SE VENDE. CAPÍTULO I. ENTRE EL RELATO Y LA NOVELA HISTÓRICA,


        LA MOTA NO SE VENDE




            INTRODUCCIÓN


Era un día  de Navidad del año 1994 y, no había mucho personal en las oficinas del ayuntamiento alcalaíno. Ángel, desempeñando las funciones de secretario interino, había recogido el correo de manos de los ordenanzas y lo clasificaba para distribuirlo entre las distintas dependencias. De pronto topó con una exótica carta, creía que era propaganda de una rama árabe y, por ello,  estuvo a punto de tirarla en la  papelera precipitándose  por el color verde claro de su papel y  por unas grafías que le fueron imposibles de descifrar de su remite. "Una broma de algún gracioso", pensó en su interior. Sin embargo, antes que cometiera un desaguisado, fijó la mirada en ella  y se percató que en otro color estaban escritas las señas en versión inglesa. Y, en el dorso de la carta, en letras pequeñas, venía relatado el nombre de un personaje árabe.
 
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            Llegó un mercedes negro, muy lujoso, con una  pegatina que  en el espejo de la parte trasera  tenía impreso un banderín y el emblema de Pakistán, de él se apearon varios señores, vestidos con chaqueta americana, eran la escolta del jeque, que estaba recostado en la parte trasera derecha del automóvil.
            A las puertas del Ayuntamiento,  el alcalde, dando sensación de solemnidad, con su chaqueta cruzada azulmarino, lo recibió como la máxima autoridad alcalaína.
            En su despacho, se intercambiaron saludos y se hicieron las diplomáticas presentaciones de los miembros de amabas comitivas. El alcalde se hallaba acompañado de varios tenientes de alcalde, su secretario Ángel y varios  socios de una fundación en trámite que pretendía revitlalizar el monumento, todos ellos  formados en  el intercambio  y con ciertos conocimientos de inglés y francés. Tras  referir el jeque su  origen musulmá emparentado con los primeros Banu Said, recatamente, le dice que tiene mucho interés por  las características del monumento. Le  recuerda  que el poeta  al-Hiyari la llamaba Roca de Andalus,  pues su gabinete técnico le ha preparado algunos dossieres en los que recogían algunos bellos cantos como cuando otros la definían "Riñón de Andalucía".  Una de las presentes, al instante, le hace referencia al tiempo de que esta fortaleza era muslmana,  y le dice que se llamó Qalat Yashub, Qalat Astalir y Qalat Banu Said,  término que, en época de frontera, con los reinos castellanos se castellanizó con  el nombre de Alcalá de Aben Zayde con la conquista de Alfonso XI en el año 1341.
-       -He encontrado que los reyes moros  la consideraban un auténtico azote, pues tenían por  el mayor padrastro que Granada tuvo. Y, lo que tenían por seguro, en palabras de un alcaide antiguo llamado Gamboa  que era la ciudad de Alcalá de Aben Zaide, así por la natural fortaleza del sitio como por la fortaleza de de sus murallas y torres que para aquel tiempo eran gallardas, como hoy se muestran, parecía inexpugnable, como lo era, y que había conservado la frontera por los moros tanto tiempo, estando tan cerca de Jaén y Martos y Alcaudete y todo lo demás de Andalucía, que era de cristianos, y sólo ella y su Castillo de Locubín hacían reparo a la entrada de los cristianos.
-Todo es según el cristal con el que se mire. Para los reyes cristianos era su mejor escudo. Entre ellos, los Reyes Católicos  y sus antecesores la consideraban  una de las mejores fuerzas y fortalezas de Andalucía, ateniéndose a que era  el paso mejor guardado entre el reino de Castilla y Granada la llamaron  llave, guarda y defendimiento de  los reinos de Castilla y León. Una exageración, sin embargo, era  lo que decía en  1588  cierto regidor, con el fin de que no se creara una nueva parroquia en el barrio de la Veracruz la mayor e inexpugnable fuerza que el Rey Nuestro Señor, en este caso Felipe II,  tiene en toda Andalucía y reino de Granada.  Incluso, su situación privilegiada, daba lugar a que la  estimaran mas y la protegieran con medidas de exención de impuestos y  ayudas de bastimentos  para sus defensores. Pero, todos estos elogios no respondían sino a  una ciudad con dos mil vecinos, dos parroquias y varias ermitas nuevas que colaboraban con las anteriores, de modo que no podía permitirse  el lujo del perder el carácter privilegiado de la fortaleza por el simple capricho de algunos vecinos querer crear una pila para bautizar en la iglesia de la Veracruz, que , según ello, estaba cubierta con los servicios religiosos del convento de Conspolación y , tan sólo, tenía un santero y ningun cura capellán.
Disertaban sobre el mencionado alcaide Gamboa, que fue el primero que escribió una  historia de los orígenes de  esta ciudad, de su  villa del Castillo de Locubín y de la conquista cristiana. Y, le advertían que incluso esta fortaleza pasó de manos musulmanas a cristianas por un  desinio divino, pues uno de los del Consejo Real le refirió el siguiente dicho de Salomón Señor, Salomón, dixo que el corazon del rey está en la mano de Dios para lo guiar a do qusiiere. Diós  creía  en toda la tierra de Alcaá de Aben Zaide.Por eso, tras la batalla del Salado y unas maniobras de distracción, el rey Alfonso XI fijó sus objetivos militares en el año 1340 en Alcalá lde Aben Zaide, pues decían que esta ciudad serviría de fuerza tan importante  para colocarse como freno y llave de Castilla, como en adelante aconteció. Primero, conquistó el arrabal Viejo, llamado de  Santo Domingo de Silos, porque  aconteció el día 20 de diciembre, después el  seis  de agosto el resto de la fortaleza. De ahí le viene el nombre de Alcalá la Real, y  el llave y Guarda de los reinos de Castilla y León.  
 
Como el gabinete del alcalde estaba de antemano  preparado para recibir la ilustre comitiva, inmediatamente, el edil mayor llamó a  sus técnicos municipales, para que le  expusieran y disertaran sobre las pecualiariades técnicas  del monumento ( las tres hectáreas de las que se compone todo el recinto fortificado, la orientación de las murallas, el enclave geográfico, la localización dentro de la ciudad...). Le hacen un breve resumen del monumento en los siguientes términos tras abrir un plano de todo el recinto: más que un castillo es un recinto fortificado, que actualmente se encuentra sin población, pues se abandonó por los primeros años del siglo XVIII. Se distribuía entre  varios círculos de murallas. La de la alcazaba, o parte militar; la  madina  con su  mezquita;  el barrio popular, todo ello encerrado dentro de la segunda muralla y los arrabales que se expandieron en los años siguiente, principalmente  el arrabal Viejo. Simplemente, como muestra de algunos datos estadísticos, solían vivir unos novecientos vecinos,  en más de doce calles en el interior fortificado y algo parecido en los arrabales de su alrededor, había más de cien tiendas,  294 casas, y  allí estaban los edificios, más importantes de la ciudad. El alhorí alto y el bajo, el cabildo, la casa de la Justicia, el palacio abacial, la imprenta, la iglesia abacial, las carnicerías, dos hospitales, varios mesones,  los escritorios, las cárceles, las boticas, la escuela, ........        
            Tras un austero desayuno con café con leche y té y unas pastas de marca, según el gusto de los comensales, bajan de la sala de audiencias por las escaleras de la bóveda de media naranja, contemplando  el mural del hombre del arado.

            El guía les sugiere que hay que ser cauto con lo que se van a encontrar, a pesar de que las últimas restauraciones han cambiado el recinto fortificado. Pues,  en el siglo pasado hasta los años setenta era un punto del que quedaban algunos restos de murallas, un cementerio abandonado y parte de la muralla y de la alcazaba. Les justificaba que se abandono se produjo a mediados del siglo XVII, y les dio una nota de un acbildo del 23 de junio  de 1668. Decía así:
 Y en la celebración de la Fuesta del Santísimo Sacramento vaya la procesión por lo más dilatado y público del dicho sitio de la Mota y en las calles que han quedado en forma de calles, por donde pasa no hay dieciséis casas habitables y todas  las demás arruinadas y descubiertas y es necesario repartir por distancias entre los vecinos de cada oficio que cuidan la parte que se les encargan , para que con ramas y colgadores y haciendo calles de madera cubran parte de aquellas ruinas y las pongan con alguna decencia(,,).pues se había convertido en un bosque de conejos, pìllaeje, ganado arruindo que ocasionaba pecados... 
















LA ALCALÁ LA REAL EN TIEMPOS DE CARLOS II. DE LA ANTIGUA CIUDAD A LA NUEVA CIUDAD.



CARLOS II(1665-1700)
PRIMERA PARTE

 

La muerte de Felipe IV el 17 de septiembre de 1665 no presagiaba un cambio notable la vida nacional y menos aún en las ciudades que, como era el caso de Alcalá, se hallaban en una auténtica decadencia, porque contribuían con muchas dificultades a los  enormes gastos contraídos por la Corte. En 1668, se hizo un balance de las cuentas de donativos, ofrecimientos y servicios  a la Corona que suponía 58.134.185 maravedíes. Estos manifestaban un claro desfase de 2.547.325 frente a los ingresos por las rentas de arbitrios de tierras concedidas para otros fines en la cantidad de 60.950.145 maravedíes. Esto se agravaba por  los impagos de las personas, lo que daba lugar a que el ayuntamiento no podía afrontar con sus productos las rentas anuales o los compromisos con alojamientos, o contribución a los 24 soldados del tercio provincial. Lo mismo acontecía con otras imposiciones, como el impuesto del servicio de millones que también resultaba alcanzado.
De ahí que, ante la petición en forma de un  servicio de bagaje y transporte de 1.250 fanegas de cebada con motivo de la guerra de Portugal, se complicara el primer año a los munícipes para conseguirlo e, incluso, el propio corregidor fue multado con doscientos ducados a principios del año 1666 por no haberse aprestado a enviar lo que había requerido la Corona. Al final la ciudad  hubo de comprometerse con arrieros de Doña Mencia, que solicitaron el pago de 14 reales por fanega de carga y se repartieron las cargas  entre los vecinos.
Lo mismo sucedió con los treinta y un bagaje que se llevaron hacia Osuna por el mes de abril de 1666, a pesar de que la ciudad protestó por la falta de arrieros, trajineros y falderos y por los escasos medios para afrontar los gastos. También, la ausencia del corregidor Diego de Obando, enfermo en Loja,  agravó la situación, ya que empezaron a surgir protestas  para implicar las otras ciudades del corregimiento Loja y Alhama en el terreno militar, como fue el caso del alojamiento de una compañía de 65 soldados en el año 1668.
A pesar de que el ayuntamiento quería desligarse del vínculo jurisdiccional con el reino de Jaén- no quería ser representado el cabildo alcalaíno por los munícipes jiennenses en Las  Cortes- para evadir impuestos o cargas reales, de nada le sirvieron a la ciudad dichas alegaciones; lo mismo que en los 80.000 reales requeridos por parte de don Luís de los Ríos y Guzmán en 1670, que  se tuvieron que pagar sin ningún tipo de alegación.  El hostigamiento de estas medidas alcanzaba tal nivel que no  era de extrañar que muchos vecinos se marcharan de la ciudad y, en ocasiones, no pudieran recogerse las cosechas o la vendimia, porque incluso los que venían a trabajar se marchaban[1] como aconteció en la compañía de desocupados de 1670 que se iba reclutar para el socorro de Melilla y el Peñón.
Cada vez pesaba mas el alojamiento de soldados, recordando los desmanes anteriores, como los de la compañía del Tercio de la Armada Española. De ahí que los deseos de independencia con respecto a los reinos de Granada y Jaén, le daba lugar a un aumento de servicios militares, por recibir órdenes derivadas de los dos reinos y, en la mayoría de las ocasiones, al final la Corona le imponía lo  que rechazaba y argumentaba con las miles de escapatorias jurídicas. 

Don Fernando de Ceballos dijo en 1670 “ desde que recibió la orden apresó los que parece son mal entretenidos y con esta novedad muchos forasteros que habían venido a trabajar a las vendimias que están pendientes , se han ausentado y no se halla quien trabaje así en este ministerio como en otros necesarios en esta república ni se hallarán, mientras no se enviaren los que fueron a propósito de los que están presos 
Estos alojamientos resultaron penosos a muchas ciudades, hasta tal punto que en 1674 hubo intento de confederación  con otras ciudades. Así se hizo contra estas medidas por parte de Andújar, enviándose una carta para representarse ante la Corte, con la que la ciudad alcalaína  se solidariza, pero no admite la representación que, en aquella sociedad foralista,  consideraba más conveniente llevarla a cabo por sí sola.
Junto los alojamientos no se puede olvidar los repartimientos de cargas por las obras públicas como los puentes de Toledo y de Córdoba. Al primero tuvo que afrontarse, mientras el segundo de nuevo levantó un nuevo litigio en el que se desmarcó de cualquier intento de pagarlo porque no pertenecía la ciudad a ninguno de los reinos que estaban implicados, el de Córdoba y Granada. Esta cuestión puso al descubierto la dificultad administrativa de una demarcación geográfica que, en muchas ocasiones, porfiaba por mantener la estructura anterior de ciudad privilegiada fronteriza, pero que no se adaptaba a las nuevas circunstancias. Años más tarde, la cuestión quedó definitivamente zanjada con la llegada de la dinastía borbónica, integrando el corregidor de Alcalá bajo la jurisdicción de la intendencia de Jaén. 

     Algunos servicios como la sal encontraban también  dificultades para trasladarla desde Baena a Alcalá. La ciudad, que disponía del abastecimiento de las Salinas de Filique y podía conseguir unos fondos de este producto, se vio obligada a un litigio con el administrador general de la sal de Córdoba para pagar la imposición de la renta de sal.




La decadencia de la ciudad

Tampoco, durante este reinado, se produjo un nuevo resurgimiento de la ciudad fortificada de la Mota, sino que profundizo en su decadencia. Se deterioraron los corredores de las Casas de Cabildo, la casa del corregidor sufrió desperfectos en la fachada y balcón e incluso ardieron la casa de Justicia en su techumbre y chimenea. En 1678, en concreto se cayó un pedazo de corral junto a las casas de Justicia, y, la plaza ofrecía un aspecto desolador con algunas tiendas  caídas, tanto las de propios como las colindantes de Rodrigo de Valenzuela; en parecida situación se encontraba el Matadero, el adarve del Gabán, y el Peso de la Harina. Son muchas las descripciones de aquel tiempo, lamentándose de la importancia de la fortaleza como recinto inexpugnable el más importante de Andalucía para la frontera y para cualquier servicio real. Así el cabildo del 19 de junio de 1668 nos presenta este aspecto desolador:

Las murallas y torres de la cerca de ella están amenazando ruina y algunas caídas y, en particular, demás de ello, en el lienzo de Muralla desde la Puerta de Martín Ruiz hasta el Rastro han echado y echan muchas cantidades de estiércol y tierra, lo  que ocasiona  más ruina y que el paso de la Carrera y barrio de san Bartolomé y el Matadero lo van cerrando y cegando.


Algo parecido se manifiesta por la parte opuesta de la fortaleza un año más tarde (Cf.13-6-1669) que se componía de un cubo cuadrado y una puerta de arco  en forma de torre que abría todo el lienzo de la Puerta del Aire:

la fortaleza de esta ciudad por la parte que mira a la puerta del Aire está muy maltratada y con tiempos tan rigurosos de agua  deste ynvierno  sea transminado y hecho un abujero muy grande, sino se pone remedio  se ha de caer luego todo el lienço de dicha muralla y costará mucho dinero.

Si importante era el deterioro de la parte norte, el año lluvioso de 1675 provocó una alta preocupación por lo que significaba la destrucción de la parte emblemática de la Mota:
con las muchas aguas de estos días se an caydo mucha parte de peñas y parte de los cimientos del Gaván, y que si no se le pone remedio y se repara , haciéndole caja que reciban la muralla,  se a de hundir y llevar tras de sí parte de la Plaça Pública que  no a de poder hacerse la obra con dos mil ducados de más del daño que hará en la Iglesia del Señor Santo Domingo y por quanto esta ciudad tiene noticia que hace la obra Francisco González, maestro de cantería, a toda costa puniendo materiales /Cf. 6.4.1675/

Y no sólo  se produjo destrucción de murallas exteriores, sino que en el año 1683, los portillos de la primera puerta, que iban a la Plaza,  en el sitio denominado del colegio, se habían arruinado por completo y la propia pared que llegaba a la plaza amenazaba ruina con un gran desnivel. Los terremotos de los años 1680 y 1684 acompañados de torrenciales lluvias supusieron agravar la situación de toda aquella mole que era un esqueleto en ruinas, que necesitaba de auténticos reparos, lo mismo que la villeta y torres del Castillo de Locubín. Un año después, la única entrada segura de la ciudad era la puerta del Aire, por donde subían  y bajaban los coches del corregidor y del señor abad.
Sin embargo el traslado de las carnicería nos sugiere todavía un último intento de recuperación de la fortaleza de la Mota por las clases hidalgas como son estas afirmaciones del alcaide Pedro de Góngora, que ya vaticinaba  en 1670 lo  que varios siglos  después aconteció: la destrucción de la fortaleza de la Mota y de todos los barrios colindantes si se bajaban los vecinos (Cf.4.1.1670) que ya amenazaban una gran decadencia en la calle o barrio del Pósito, Cava, san Blas, santo Domingo, san Sebastián, san Francisco, santa Trinidad y san Juan por la dificultad en el sitio de edificar:

estando como están las Casas de Justicia tan ilustres  y fuertes y, consiguientemente a ellas, la Cárcel muy sigura y pues le siguen las escripturas de escribanos  públicos y junta a ellas los corredores y casas de Ayuntamiento y la Iglesia Mayor que todos son edificios  suntuosísimos y fuertes con tal orden y concierto dispuestos que causan envidia a otras ciudades y tamvien se deven conservar las plaças, pescadería, Casas Abaciales y no dar lugar a que se pierda por falta de comercio”


Lo que sí era cierto que el centro de la población alcalaína se desplazaba hacia el eje de la calle Rosario, por donde el Corpus Christi del año 1675 hizo el itinerario que se iniciaba desde la Iglesia Mayor, bajando por las Entrepuertas, calle Real hasta el Rosario y subiendo por la calle Rosario hasta la iglesia de san Juan,- constituida hace tiempo coadjutriz de la parroquia de Santa María Mayor-, y  a través de la placeta de la Trinidad volvía por el mismo itinerario. Claro testigo de una época anterior era la procesión del Corpus y de la situación de la fortaleza que coincidía con la situación social en la que ya no existía un número importante de gremios de oficios que pudieran arreglar y adornar las calles por donde pasaba y estaban dedicados a la labranza:

Salga de la Iglesia mayor y ande por alrededor de la plaça en consideración de que están arruinadas todas las casas de las calles de la Mota, por donde solía andar dichos días (Cf. Cabildo 7.5.1675).

Así no era extraño  que, en 1686, la situación era insoportable para mantener los restos de la fortaleza de la Mota  como aparato administrativo, judicial o de servicios. La cárcel se encontraba en pésimas condiciones, alejada de la vida municipal y de la justicia permitiendo la fuga de presos, los gastos excesivos de guardas y el abandono de los encarcelados que se sumían en la pobreza e inanición por falta de asistencia.
El vecindario se había trasladado a la parte llana y tan sólo  quedaban el cabildo, tres casas particulares y el ayuntamiento, dando lugar a que fuera bastante engorroso el comercio para trasladarse de un sitio a otro y se provocara el absentismo de regidores, procuradores y escribanos por no querer subir a ella.     Ya no sólo, se ponía en peligro el recinto militar, sino los barrios de san Bartolomé, san Blas y san Francisco. Como es natural ya hacía tiempo  que habían desaparecido todas las tiendas de la plaza y en el 1689 se subastaron sin encontrar postor alguno ni siquiera para compra de los materiales. De ahí que en este final de siglo era una necesidad urgente adecuar los organismos administrativos a la nueva estructura urbana. En el 1690, solicitando que se le concediera una menor leva de soldados se nos describe una ciudad:
con más gravámenes y más estéril que (Loja) y no tiene otros ingresos y, en el tiempo presente, con tan corto valor que las más de las tierras y cortijos se quedan sin sembrar y tan diseminada de vecindad que muchos barrios de ella que se hallaban con entera vecindad, quando se hizo el primer repartimiento, se hallan muy despoblados sin que ayan vecinos en ella como el de la Mota, que era el principal de esta ciudad, donde no quedaba ningún vecino para contribuir por ser esentos los vecinos que la abitan el señor abad, don Francisco de Sotomayor, caballero de la Orden de Santiago, el capellán don Rodrigo de Valenzuela y don Rodrigo de Aranda y  el barrio  que llaman de San Bartolomé donde no ha quedado ningún vecino , siendo así que era de más de cien, y el de San Francisco y Peña Horadada, donde abía más de trescientos a donde sólo se hallan veinte vecinos, y San Blas que tendría quinientos vecinos se halla cincuenta y se perderán, que, por ser barrios despoblados, no biben en ellos gente que tenga posible para dicha contribución        

Ya no era sólo el abandono de la ciudad sino también la ruina que amanezaba a los barrios vecinos. En 1695 los alarifes  realizaron un informe sobre la situación amenazante para el barrio de Santo Domingo y de San Sebastián por las partes del Gabán, la cárcel pública, en la que se produjeron varias fugas de presos, y la muralla y torre de Santiago.





La nueva ciudad

La nueva ciudad va consolidando poco a poco el nuevo diseño que dejaría sus huellas para futuras reordenaciones urbanas. El parque de la Magdalena ya no se concebía como un simple ejido, como dijimos anteriormente, sino que los propios frailes capuchinos cooperaron en diversas obras entre las que destacaba la renovación de la alameda de especie negra frente a los blancos y la incorporación de un compás y acera frente a la iglesia. A esto había que añadir el espacio abierto hasta la ermita de la Magdalena que se prolongaba desde los Arcos en dirección del camino de Granada. Es curioso que muchas partes de las casas y calles abandonadas de la Mota servían de cimiento para la calzada de esta vía al servirse del cascajo y el escombro de los edificios derruidos. 
Hubo intentos de traslado de las carnicerías, y creación de nueva plaza, provocando un amplio debate en la población entre los defensores de su mantenimiento y los que pretendían una nueva ubicación o la creación de otra nueva en el Llanillo. La ciudad tenía un nuevo centro convencional entre el convento de la Trinidad y el del Rosario y allí se proponía su ubicación para poder abastecer a los vecinos. La vida oficial, representada por las celebraciones religiosas de rogativas, y fiestas de acontecimientos nacionales y locales, se plasmaba en las grandes procesiones generales que recorría estas calles como aconteció el de noviembre de 1675 en el que se hizo una procesión general por el acierto de rey don Carlos II por las calles del Corpus.
Además la vida comercial estaba prácticamente trasladada al Llanillo, perdiéndose el centro neurálgico de abastecimiento  de los ciudadanos en la Mota y promoviéndose las tiendas particulares, en las que no tenían ningún control sanitario ni de precios. De las catorce tiendas, que arrendaba y tenía el ayuntamiento en la plaza Alta de Mota, no quedaba ninguna. Las tiendillas de la pescadería en la plaza se cayeron en 1680 y prácticamente este comercio se realizaba totalmente en cuatro tiendas del Llanillo. La misma situación de decadencia se ofrecía en las torres del Castillo de Locubín en 1682.
El año 1683 supuso un gran paso de esta renovación urbanística de la ciudad moderna que había surgido en torno al Llanillo, a  cuya vertiente se había trasladado la población , pues se necesitaba de una nueva plaza donde se pudieran vender la caza, las legumbres y hortalizas (Cf. 8.3.1670, y 3.2.1679). Jugó un papel fundamental en este nuevo diseño el traslado de las carnicerías al Llanillo en una casa alquilada en el año 1678 a Lucas Romero por el precio  de cuarenta ducados, y, posteriormente, se trasladó a una nueva obra de la calle Real, ejecutada por Manuel del Álamo con bóveda de ladrillo y fachada de piedra[2]: Significó el punto final a la antigua ciudad de la Mota, donde tan sólo el  Ayuntamiento quedó como bastión de la vida municipal y la Iglesia Mayor abacial, testigo de un pasado que ya no se pudo recuperar. La razón de la miseria de la ciudad se aducía a posturas irracionales de querer mantener una situación en contra de los intereses de la mayoría de la población que se sumía en la miseria por la falta de un emplazamiento de la vida comercial para mejorar el abasto del pescado, frutas y caza y rebajar los precios de estos productos, al mismo tiempo que se necesitaban otros edificios y adornos públicos precisos y necesarios en el llano para aumento de las rentas. Es verdad que hubo medidas de transición hasta que se construyó la nueva plaza en el siglo siguiente,  como en el año 1679 con el establecimiento y repartimiento de tres tendillas en el Llanillo, dos en la placeta del Rosario, y otra en la de Trinidad, manteniéndose la del barrio de la Mota.
 Sin embargo, el corregidor Manuel Hurtado de Mendoza en 1687, replanteó solicitar una provisión real que ya no sólo afectaba a las carnicerías, sino al traslado de los dos últimos bastiones civiles que pervivían, las Casas de Cabildo y la Cárcel Real en medio de tan sólo la Iglesia y Casa Abacial, las de Cabildo y tres casas de Caballeros y un panorama desolador de solares y casas  amenaçando todas ruina. La ciudad ya en 1670 no tenía en el barrio de la Mota y santo Domingo sino diez casas habitadas y el resto era casas en ruinas y solares. Los corredores de la Plaza encima de los escritorios de la plaza estaban completamente desolados, años más tarde, lo mismo la cochera del corregidor, las casas de Justicia e, incluso, las casas de Cabildo. 
Se cambió el emplazamiento de la Fuente de la Mora que estaba en el Llanillo, cuyo coste alcanzó  2.000 ducados, que saldaron la cañería. Las puertas más importantes de la nueva ciudad se remozaron, construyéndose una casilla en la Puerta de los Álamos para puesto de guardia y control del comercio (29.10.1677). Por eso, no es extraño que lugares como el Corral de Comedias, que apenas podía mantener  la cofradía de la Veracruz recibiera subvenciones de arreglo de los aposentos oficiales y de la estructura de su fábrica ( la cofradía y su mayordomo Martín García recibe 100 ducados en 18.4.1669).
     Los conventos van a jugar un papel importante en la nueva ciudad con la incorporación de los vecinos a sus cultos, capellanías, servicios que prestaban como la enseñanza de gramática en san Francisco,y  las obras del Rosario, Capuchinos  y Consolación, con las que colabora la ciudad con cortas libranzas ( 50 ducados para el Rosario 1671, dorado del retablo y sagrario de Capuchinos en 1677;).
   
Esto no impidió que se realizaran obras de mantenimiento en los sitios que amenazaban ruina inmediata de la fortaleza de la Mota como las Casas de Cabildo, puerta de la Aire, matadero, corredores de la plaza y Casa de Justicia, las calles de las Entrepuertas y el pretil de la Cruz de la Piedra, aunque se percibe que en la mayoría de los casos son más bien labores de albañilería como bóvedas o retejo  en detrimento de la cantería que había predominado en siglos anteriores, siendo maestros Pedro Pérez y Diego de Lara sin participación los grandes maestros que habían participado hasta mediados de siglo como Ginés Martínez de Aranda, Juan de Aranda, Ambrosio de Vico, o Luis González. Casos excepcionales son en 1677 el reparo del Gabán o el adarvillo que está en frente de la Cruz de la Piedra y de la imagen de Nªª Sª de la Soledad (cfr. 21.7. 1677) o, casi finalizado el siglo, en el pretil que estaba próximo a la Puerta del Ayre frente a las Caballerizas de las Casas Abaciales (Cf. 17.3.1693)

Desde el punto de vista administrativo, la botica de la Mota, las tiendas y las dependencias de la Casa de la Justicia, cocheras y caballerizas, estaban completamente destruidas en el 1681 y se bajaron sus materiales  para reutilizarse en los poyos de la Casa de la Puerta de los Álamos. Era el mejor símbolo de una época, la destrucción de la antigua ciudad se había culminado, y servía de base para la edificación de la nueva ciudad.

     El perímetro de la ciudad se va cerrando por los aledaños  del cerro de los Llanos, delimitándolo con el corral del Concejo y el pilar de Mari Ramos y la cruz de los Moros, que comienzan a ser nuevos testigos de la nueva ciudad, abriéndose a la calle Nueva. Cuando en 1680 los regidores se dan cuenta de la necesidad de trasladar la cárcel pública de la Mota, la situación era más que lamentable:
no abía quedado en ella más de tres cassas y que las abitan dos caballeros biudos y un lego capellán y la cárcel y estaba amenazando todo la ruina
Años, más tarde, en 1698, se sondean lugares para matadero.



 










[1] AMAR. Cabildo de 26 DE SEPTIEMBRE DE 670),
[2] AMAR. Caja 323. Pieza 3. Los gastos de las Carnicerías de la calle Real se presentan el cinco de agosto de 1687 con varios pagos a Manuel de Álamo como tracista y maestro mayor de la obra, al carpintero Eugenio Montoro. al albañil José González, herrero Cobaleda, los  canteros Andrés Martín y Lechuga

jueves, 7 de mayo de 2020

LAS OBRAS DEL MATADERO DEL CERRO DE LOS PALACIOS






Entre las obras, que se acometieron con motivo de la ampliación  de la ciudad de Alcalá la Real, a través de los arrabales nuevos, fue el Matadero Municipal. Ya comentamos algunos datos de su construcción en los primeros decenios del siglo XVI,   hoy los vamos a complementar con un interesante documento de Alonso de Jamilena, con fecha de 25 de marzo de 1555. Se refiere al contrato de obras entre el regidor alcalaíno Martín de Frías, comisario encargado y que disponía de las trazas y condiciones, y el cantero Miguel de Bolívar que se comprometió con los maestros y oficiales a hacer la parte más importante de la obra de canteria: su portada, delantera y esquina de la casa ( en ella había un pesador que guardaba las reses y carne) y matadero, arcos y pilares interiores. Todo debía hacerse de piedra labrada de cantería, como se encuentran todavía en algunas paredes del contorno (ver la foto), y por oficiales y maestros expertos en cortar y asentar la piedra.
El ayuntamiento se comprometía a dar la arena, cal, madera y   andamios para la obra y proponer dos oficiales que dieran el visto bueno. Unos días antes el compromiso del comisario lo hizo con el pocero Juan Marquez, que  realizó la limpia de  los pozos y los suelos hasta llegar con el agua. En concreto, había dos pozos, segúnun manfiesta el documento de Alonso de Jamilena.

CUANDO TENÍAMOS QUE COMPRAR ACEITE PARA EL ABASTO DE LA CIUDAD...

Hace ya muchos años que nos abastecemos de aceite en el municipio y término de Alcalá la Real. Costó trabajo pasar de una economía agroganadera, en la que primaban el ganado, el cereal  y  el viñedo. Hasta finales del siglo XIX no llegamos a ser autárquicos de este producto de consumo en la ciudad de la Mota; muchos antes Alcaudete y Castillo de Locubín recogieron de sus olivares el aceite para los hogares. 
Anteriormente, el aceite debía importarse. Salía en subasta y almoneda por el cabildo municipal y solía recaer en una abstecedor del aceite de todo el año, que debía repartir en las tiendas" tendillas de aceite", que se repartían en diferentes barrios de la ciudad: el de la Mota, junto a la plaza, y conforme se fueron desarrollando los barrios nuevos,  se colocaron tendillas en el barrio de Santo Domingo, barrios nuevos de los alrededores, Tejuela, Llanillo y Veracruz. 
Por un documento sin fecha ( por los documentos de su entorno 1555 ante Alonso de  Jamilena en le Archivo Histórico Provincial de Jaén), se sabe que el rematador del aceite de aquel año fue Diego Martínez Izquierdo. Este, a su vez subarrendaba la  traída del aceite, porque en Alcalá la Real no existían más olivos que algunos acebuches, castúos y olivos solitarios en corrales, corralones y linderos ( algunos disfrutaban aceite de su tierras en el término de la villa del Castillo de Locubín). En concreto, lo hacía con los vecinos de Alcalá la Real Miguel Pérez y Juan Ramos. Y es muy interesante el contrato de subarriendo, porque nos indica el número de cuatro tiendas abastecedoras de Alcalá la Real, y varios compromisos: las bestias de transporte, los lugares de origen del aceite( la campiña cordobesa en la que se citan Cabra,  Lucena y Baena y el precio de cada arroba a medio real). La forma de pago consistía en consonancia de la traída de las cargas y se comprometían al cumplimiento de este compromiso de que no faltara  con sus personas  y bienes ( se han de quedar por cien arrobas once cuartos para paliar las faltas). 
En el lñugar de origen, como en Baena, por otro documento del mismo año los regidores Gonzalo de Ávila y Bartolomé de la Madrid facultaba a venderlo a Francisco dde Ávila, vecino de Baena,  en Alcalá el aceite en los precios que pudiere, lo que nos amplía el arco  del comercio de la venta del olivo.
Así se mantuvo el comercio del aceite, cambiaron los lugares Luque y Arjona como abastecedores hasta tiempos de Carlos III, que se realizaron las primeras plantaciones, tambien deficientes para el abasto alcalaíno; luego aumentaron en los repartimientos del siglo XIX para llegar a su final, cuando se acrecentaron los molinos en todo el término alcaláino y, por ende la propagación del olivar.  



miércoles, 6 de mayo de 2020

LA TECHUMBRE Y ARMADURA DEL TEMPLO DE SAN PEDRO DE CASTILLO DE LOCUBÍN.

Las obras del templo parroquial de San Pedro del Castillo de Locubín se encontraban muy avanzadas en 1632. Prácticamente quedaban por cubrirse  y se habían cobrado una importante suma de dineros que  el mayordomo Juan Márquez había conseguido con la financiación, entre otras fuentes, de las limosnas de la ermita alcalaína de San Blas ( Diego de Cea su capellán con el permiso de vicario Pedro López de Córdoba). Pero, en este año murió el mayordomo Juan Márquez y le sustituyó el presbítero y licenciado Pablo de Mesa, que afrontó el final de la obra. Entre el nuevo mayordomo y el capellán alcalaíno se firmó un contrato de censo de 42.606 maravedís hipotecando una huerta del valle del Castillo, y seis fanegas en el Salado.
Pagó a Juan de Aranda Salazar otra carta de su contrato (10.045 y medio maravedíes, según las cédulas y libranzas) en 10 de diciembre de 1632 como maestro de cantería y vecino del Castillo de Locubín en los gastos  de la obra de la iglesia de San Pedro de esta villa en que entraron en (...) y enmaderado). Por la falta de texto ( al estar roto), no se nos aclara el concepto del pago. Pero se encuentra un documento muy interesante sobre la armadura, cubrición, bóveda y techumbre y tejado de la obra, firmado unos días antes, con las condiciones del propio Juan de Aranda Salazar por su propia mano y la escritura de contrato con  los  maestros de esta parte de la obra (AHPJ. Francisco Jordan. Legajo 4703. 1450 y ss.). Salieron las obras en almoneda y subasta para llevar a cabo el remate Y el 10 de agosto comenzaron a pregonarse, por Cristóbal de Navas, en la plaza pública, citando expresamente el enmaderado de la obra de la iglesia de san Pedro.  El primero que se presentó fue Eugenio de la Carrera, un carpintero que había intervenido en las obras de los corredores de la Plaza de la ciudad de Alcalá la Real,  fijando la obra en 700, reales y en la segunda 550 reales, luego le siguió el castillero Diego de Aguayo y lo hizo en 600 reales y 500 , la tercera postura la hicieron el mismo Diego, luego lo hizo otro castillero Gaspar Martín. Al final lo hicieron Pedro González de Molina  maestro albañil y como fiador  Francisco de Aranda, que ya tenía experiencia en estas obras de  albañilería en quinientos reales y en las condiciones y trazas que había adjuntado en el documento el maestro mayor de obras Juan de Aranda Salazar. Como era normal, hipotecaron sus bienes, asumieron las condiciones, fijaron los plazos de acabado y pago de la obra nueva, como se insiste en el documento de contraro. 
Es muy interesante 

















CONDICIONES QUE DE GUARDAR EL MAESTRO  QUE HA DE HACER LOS TEJADOS Y LOS BÓVEDAS Y LO DEMÁS HASTA LOS SUELOS EN LA DICHA IGLESIA DE SAN PEDRO SON LAS SIGUIENTES.
Es condición que el maestro que en la dicha obra se encargare a de echar  su arco de caña, y encima  lo a de cubrirla de yeso, después asentar la teja y todo el tejado  principal   de la dicha iglesia  como estribos y costillas las hornamientos de abajo  del dicho corral y echar sus caballetes , cinchos y cruces en la cima y tejado principal  como ( las..)  y estribos referidos, y hasta que se le a de dar la armadura hecha que al  que, al efecto a,  que la a de subir  y a dejar  en los claros de los pares , una en el testero y dos  amynados en el otro estado  cerca de la armadura bieja de media vara  en alto poco más o menos hasta  los repigaderos de la caja  de la armadura ;  y al dicho maestro se le darán  sesenta  haces de cañas que están comprados a quenta de la yglesia...

  En el margen, " se declara que a de derribar los pilares viejos y arcos vejos y la atadura de la torre,  y, si en aquel pedazo de la torre ubiere algo que rehundir lo a de refundir y rehenchir en lo que ubiere en ella".
...-que están en la puerta grande ya están por hacer  (t em anda y a haecerlas . y si faltare  de cimbralas, y si si le sobrare  se de aprobechar  de ella. En suma a de dar acabados todos los tejados puniendo tomiça y yeso dento de ocho días de como se le diere la primera paga, y así mismo a de hacer las bóbedas atando con los mobimientos  que asi aian y ciñiendolas con los arcos que baia de un arco a otro  el cañuto a regla, echando a costilla de un  arco a otros  que aquí se declaran, que será siete cada una en medio  y tres a los lados, porque no es necesaria aia  como en la que antigua esá fecha, siendo  el yeso bueno, porque esto conbiene para el refuerço de la dicha bóbeda. Los quales se a rodeallo de tomiça, y a apescantallos  en los tirantes para que se bençan . La qual dicha bóbeda a de llebar media tercia de que  está hecho con su ripio, jaharada y ebnlucida por el bajo y fraguada  , rellenándolos  de cascote y grança en seco y, después de hechas y enlucidas  las ha de enjabelgar de escobilla ello y la demás obra  hasta el suelo por la parte de dentro rebocando  primero las juntas que ubieren  quebrado  con los asientos, y asimismo por la parte de afuera hasta la pared, que está con la torre, que era atadura de la pared vieja, la de henchir y ponella a regla, y contra hacer de cantería las hiladas, que ban prosiguiendo  de la torre a fenecer a la portada, para todo lo qual  se le a de dar la cal que ubiere menester para este henchimiento, que lo que toca a viejo ripio, y todos los demás materiales lo a de poner  fuera de las ctorce  bigas que an de ir a costilla  en las bóbedas, porque estas se le darán tambiéen  y toda la teja que ubiere menester también  se le a de ayudar . Más todos los demás materiales que 
conbiene menester o sea de poner por su cuenta que se de dar más que el dinero en se concertare y lo  que está advertido  en las dichas coondiciones que , si quedaren  peltrechos de la obra, se le prestará lo que pudieren dar, pero por porque aia  dicha obligación de darles nada , todo lo qual an de hacer  a lei de buena obra y a la a satisfación de el maestro mair de ella, y el dinero en que se rematare, se les dara tercia parte, luego ,. y tercia parte en tiniendo hecho este tejado, y començadas las bóbedas, las quales se a de acabar un mes desppues  de los tejados, y la otra tercia parte , para que acaben con declaración que an de qudear doscientos reales, hasa estar entregada conforme a las condiciones a satifacción  del dicho ,estro  o de otro que nombraren para ello declarando  aber acabado se le darán al contado y a de dar fiança  al dicho mayordomo,
FIRMADO.
PABLO DE MESA. JUAN  DE ARANDA SALAZAR. 



.....LAS CONDICIONES  QUE A DE GUARDAR EL MAESTRO QUE ENCARGARE DE HACER LA ARMADURA DE LA IGLESYA DEL SEÑOR SAN PEDRO SON LAS SIGUIENTES.

Y es condición que a de empalmar el tejar de las bóvedas con las que están oi hechas antiguas , y a de guardar el quadrado de la obra con una tirante que se a deechar arrimado al lado de la torre, en que a de estribar todas las pendejas de la loma , y las demás tirantes se a der repartir en el ancho que a dentre esta tirante a la armadura hecha, ecarrmado al lado de la dicha torre, en que se a de entibar todas las  pendolas de la (lima) y las demás tirantes se a de repartir en el ancho, que a dentre esta tirante a la armadura hecha ehándola en los  (cimientos) que tienen hacia arriba que queden  de lomo, desde las soleras  de  los lados a las tirantes que dan hacen estribo  de la cima, se an de echar sus quadrados con los ángulos empalmados a media madera y clabados y tomado la mitad del ancho estto, que buelbe la dsde allí la armadura hecha, se an de rep artir en 18 tijeras  tomando el punto que tubieren lo que están fechas, que no an de subir  ni bajar a  cosa alguna  y lo mismo sea de hacer en los jabarcones que an de ir  enformados en el mismo tercio. 
 y los clabos que se an de clabar  esta ramadura se a de entender de esta manera.
Todos los  que clabaren  los enplames, las hileras y tirantes y las cruces de las tijerasy las cimas asi en las cruces como en lo alto, an de ser de a tercia con declaración que en la los empalmes asi con la que ase con los viejo, como en lo que ase  en lo nuebo , una con otro, y los mismo clabos an de llebar los quadrantes:  y todas las crués de las tijeras  y los empalmes  de los jabarcones  y todas las péndolas asi del testereo como de los lados an de ir clabados con clabos de esquadra, y la guía que se va cima de las cruces de las tijeras se a de clabar con lso mismos clabos, y se declara que  así sí de testero como de los lados, an de yr clabados con clavos de quarta, y la guía que va porcima de las cruçes, se a de clavar con los mismo clavos y se declara que, si en la madera el tejar por lo alto, si fuere necesario labrar algunos palos para abiar la armadura, lo a de hacer y subir la madera, que en suma no se les a de dar mejora de madera necesario y el dinero  en que se concertare  , todo lo qual que se de hacer a lei de buena obra en correspiondientes  de lo que esta hecho a satifacción de persona que se nombrare por ver si a cumplido, y la a de dar acabada dentro de quince días, como se le diere el dinero por començar, que será de esta manera: la tercia parte de lo que se rematare luego, yu tercua parte en tiniendo  eligido y la segunda e tercia parte se le yrá dando en el inter  que e ba acabando , y se le declara an de quedar en rales hasta ver entregado a sarisfación de la dicha obra. 
……
Y se obliga dar la fianza satisfacción del mayordomo de la dicha iglesia y en las dichas condiciones.

Juan de Aranda Salazar y Pablo de Mesa.



martes, 5 de mayo de 2020

UN TESTAMENTO CURIOSO. UN VESTIDO PARA NUESTRA SEÑORA DE LA CABEZA EN 1732




            
            Hasta fechas muy cercanas era frecuente que la mayoría de las personas, siempre que  estaban a punto de fallecer, otorgaran un testamento, revisado en muchas ocasiones con algunas cláusulas testamentarias. A través de este documento notarial, el testante  realizaba una declaración de fe y una serie de mandas, por las que repartía sus bienes o reservaba una serie de cantidades  para pagar deudas, hacer obras de caridad y encargar  misas y cultos por su alma en  la mayoría de las iglesias de la ciudad. Los había quienes creaban una fundación o una capellanía, con las que se erigía una capilla, una memoria de misas y un patrón que asumía los gastos grabados en censos, fincas o bienes muebles e inmuebles que quedaban  como recursos de las hermandades, cofradías e iglesias. En las cofradías, esta costumbre  creó una serie de patronos que identificaban a  familias con las distintas advocaciones de María, de Jesús o con los Santos: es el caso de los Pineda con la Virgen de la Mercedes con la familia de los Pineda; los Sotomayor con  la iglesia de Consolación, Pedro Muñoz de los Díez con la iglesia de Capuchinos, Nuestro Padre Jesús, la familia Lastres, etc.

            Pero no puede olvidarse la gran cantidad de personas humildes que reservaban los ahorros de su vida para que se dijeran misas en el altar de la imagen, de la que eran hermanos y cofrades; a veces, incluso, donaban sus mejores prendas o los ahorros de metales para que la cofradía administrara censos o comprara algún bien u ornato de la imagen. Este es el caso de Gabriel Montenegro y Luciana de Berciér, naturales y vecinos de Granada, que, casualmente, se encontraban en 1732 afincados y alojados en una casa del convento de Consolación. Por algún imprevisto, se vieron obligados a hacer el testamento  y solicitaron ser enterrados en dicho convento y que se les reconocieran dos censos dedicados a las cofradías de Nuestra Señora de la Soledad y Nuestra Madre de Dios del Rosario. Pero, lo que más nos interesa para la historia de la cofradía de Nuestra Señora de la Cabeza es la siguiente manda testamentaria:

            “A Nuestra Señora de Cabeza, sita en la iglesia de San Marcos, extramuros de esta ciudad, a la  cual se ha de dejar doce pesos de escudos de plata, los cuales se le han de dar luego que fallezcamos, todo otorgante a Andrés Bedrodo, nuestro albacea, para que las emplee en un VESTIDO  para nuestra Señora, para lo que alcanzare, porque así es nuestra voluntad”.

            Con esto comprobamos que la cofradía engrandecía su patrimonio a través de enseres y ornatos, en este caso un vestido de la imagen, costumbre que mantienen muchos hermanos mayores en su año mandato y, por otra parte, se manifiesta el carácter trashumante de dicha cofradía por el origen de muchas de sus personas devotas, ya que por sus apellidos y su vecindad debían ser ganaderos que se alojaban accidentalmente en Alcalá la Real Sin embargo, apreciamos que esta costumbre testamentaria ha quedado reducida en muy pocas familias que tan sólo hacen alguna donación a alguna institución. Cosa que engrandeció mucho el patrimonio artístico de muchas iglesias y cofradías.
Francisco Martín Rosales