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martes, 9 de junio de 2015

EL PASO DE LOS CORREGIDORES POR LAS CIUDADES EN TIEMPOS DE FELIPE II

EL PASO DE LOS CORREGIDORES POR LAS CIUDADES EN TIEMPOS DE FELIPE II

         En el reinado de Felipe II, dentro del contexto absolutista que se va imprimiendo en la política española, la figura del corregidor se  robustece a través de una serie de atribuciones y del ejercicio autoritario del poder en detrimento de la libertad de las ciudades, a ello hay que añadir el gran número de jueces puntuales que acuden a las ciudades para recoger  y ejercer el control del cobro del gran número de servicios que las Cortes y el Rey ordenaron.



Pues coincidimos con González Alonso: “No se van a presenciar alteraciones básicas en la ordenación institucional del corregidor llevada a cabo por los Reyes Católicos, sino sucesivas y numerosas rectificaciones destinadas por los Reyes Católicos destinadas a adaptarla a la creciente complejidad administrativa, motivadas por la necesidad de servirse del corregidor para acentuar el absolutismo y centralismo austriacos” ([1])
         Las líneas de actuación provienen del reinado anterior. Primero, según acuerdo de las Cortes de Santiago de 1520, se cuidaba  en elegir corregidores, cuyo retrato respondiera a figuras maduras, repletas de vitalidad, prácticamente imprescindibles y personas competentes que convinieran  para el ejercicio de la Justicia. No fue el caso del corregimiento alcalaíno el de las ciudades comuneras, por lo que se refiere a que convertirse en objeto de la animadversión popular, al menos no hemos podido constatarlo en las escasas fuentes que nos quedan de las actas de cabildo. Aún más, la ciudad fue asumiendo  su carácter de delegados regios y tampoco, en modo alguno, aquí se decantaron por apoyar las ciudades comuneras. A la inversa, formaron frente con la federación de ciudades de la Rambla a favor del emperador. Por eso, el corregimiento alcalaíno responde más al espíritu de las Cortes del año 1525 en Toledo, que al espíritu comunero que trataba de volver al periodo medieval, cuando se exigía que los  corregidores fueran nombrados por el monarca a petición de los vecinos de la ciudad. Y eso está claro cuando repasamos las lista de los anteriores corregidores, que  son miembros ligados a las Instituciones y cuadros de la Corona, sobre todo a su secretario del Rey, y a oficiales, que se habían elegido con gran diligencia y cuidado, como personas aptas y capaces, para  mantuvieran el orden en las ciudades. Son parientes de Francisco de los Cobos, hidalgos de la ciudad Úbeda, abogados de su tiempo de la Chancillería de Granada, etc.  No podemos olvidar en esta elección de corregidores  las Cortes de Madrid 1528 y de Valladolid de  1542,  ambas se manifiestan claramente porque se envíen a las ciudades buenos corregidores e oficiales, pues “tanto cumple en la gobernación e administración de la justicia y descargo de la conciencia de S, M” El criterio se centraba en que fueran personas de ciencia, experiencia y autoridad Y  recogemos una cita de una carta de Carlos I en 1543 dirigida a su hijo  Felipe II:
         “Habéis de tener muy gran cuidado en mirar que se nombren  muy buenos corregidores. Y pues los habéis de nombrar con parecer del Cardenal, presidente y Cobos, les encargaréis que lo tengan de especial cuidado de aconsejaros  bien en ello” ([2] ).

         Ya en concreto, en el reinado de Felipe II, la concordancia entre el rey y las Cortes es evidente a la hora de la presencia sin vacación alguna y del modo de  nombramiento de los corregidores. En cuanto a lo primero, las cortes de Madrid y de Valladolid  de 1555, los procuradores se mostraban siempre a favor de que las ciudades estuvieran bajo la autoridad del corregidor. Y, en verdad que no hemos encontrado vacío de poder en este periodo, y, si se hacía, incluso con la protesta de los regidores por ocupar el carácter interino algún regidor  en las sesiones de cabildo. En sen cuanto a lo segundo, en las Cortes de Madrid de 1579, se señalaba en la petición 28ª:
         “La mayor quietud y buen gobierno destos reynos depende de ser los corregidores personas calificadas” ([3]).
 El propio rey le transmitió a Diego de Covarruvias, presidente del Consejo  en 1582:
         “Para que haya en estos Reynos buen Gobierno, administración de Justicia, ejecución y guarda de las leyes, lo que importa es la buena provisión de los Corregidores y otras justicias” ([4]).





LICENCIADO GARCÍA HERNÁNDEZ DE MOLINA (1555-1556)


                           
Fue corregidor de Alcalá entre el uno de diciembre de 1555 y  1556, como juez pesquisidor,  y llevó a cabo la residencia del anterior corregidor por el mes de junio. No  nos quedan sino unos pocos documentos sobre el  periodo de su corregimiento, ya que faltan las actas de cabildo de este año ([5]). En Alcalá, su alcalde mayor fue el licenciado  Venegas y el alguacil mayor, Bernabé de Paris y Lope de Ocampo.
En Loja, se encontraba el 3 de diciembre nombrando por alcalde mayor al Licenciado Pedro Valero y  después al licenciado Venegas; por  alguacil mayor Gregorio de Medina; teniente de justicia, Lope de Ocampo y Gregorio de Medina. 
Por el libro de cuentas de propios ([6]), correspondiente al periodo, comprendido entre los días de san Juan de los años 1555-1556,  sus actuaciones debieron ser bastante contundentes  con respecto a la  administración local. Tras condenar a los  anteriores cargos,  les obligó a devolver el dinero al anterior corregidor licenciado Sebastián de Ribera, a  los regidores y a los oficiales del cabildo, dinero empleado para los lutos de la  muerte de la reina,  y consistentes en la tela de ropa  para las vestimentas en los días de las exequias. ([7]). En este año se resolvieron muchas apelaciones del tiempo del licenciado Ribera y del Bachiller Sabiote por resolución de provisiones reales adversas al dictamen de anteriores corregidores.
Por el libro de condenaciones del corregidor Ponce de León,  obligó, por medio e una cédula real de la princesa Juana, a que se devolvieran las cantidades de la residencia al anterior corregidor que pertenecían a la Cámara Real, que el juez Molina había llevado a cabo, ([8]).
Un pleito que se llevó a la Corte fue la libertad de exenciones prorrogado en muchas ocasiones por los anteriores reyes,  y que fue el objetivo primordial del cabildo, para que lo aprobara el nuevo rey Felipe II. Otro, sobre los frailes de Consolación referente a la apertura de una calle, ¿ este pleito provenía de corregidores precedentes, se resolvió levantando la excomunión a los miembros del cabildo por tomar una calle al conseguir una provisión real de la Chancillería de Granada).
También resolvió otro conflicto  sobre el derecho de la alcabala que le pidieron a los arrieros que llevaban el trigo a vender en Loja.

         FIESTAS Y EXEQUIAS

En el trece de abril del año 1556, se recibieron las cédulas en las que se comunicaba la abdicación del emperador en su hijo Felipe II,  y por las que se permitían alzar los pendones al rey Felipe II. Sin embargo, éstas no tuvieron lugar  hasta el día de Santiago que se hicieron fiestas de toros, invenciones  y  alegría. En Loja, por el contrario se realizaron preparativos de proclamar al rey alzando su pendón morado de tafetán entredoble, con sus armas reales y fleturas de morado y oro,  la víspera se celebró el pregón con la compañía de arcabuceros,  y, unos días pues, se lidiaron toros. El acto de la proclamación tuvo lugar el 31 de mayo en Loja por motivos de conflicto entre los regidores con la proclamación del pendón en la alcazaba. Similar debió ser en Alcalá, donde  la ausencia de fuentes se suple con el ritual de posteriores proclamaciones.
El año de 1566 fue  de gran esterilidad, en el que hubo que esperar para años posteriores la renta de los cortijos de propios, y se dio trigo  a los panaderos para repartirlo entre el pueblo. Incluso se persiguió a los arrieros que sacaban trigo para otros lugares de fuera de la comarca. Pues, en palabras del mayordomo sobrevinieron muchos casos fortuitos de aguas, lluvias y nieves”. Sin embargo, esto no impidió que la ciudad  celebrara el día del Corpus Christi y su octavario, acudiendo el recitante Francisco Juárez “por los  oficios  que fizo e representó delante del Santísimo Sacramento el día del Corpus Christi los quales se le dicen e por lo que representó el día del Octavario e por la música e trompetas  viguela  de arco harpa e flauta  que truxo e gente que para ello convino u estuvo en esta ciudad desde el domingo de la Trinidad hasta la Octava del Corpus Xriti “. ([9]) 
                   GOBERNANZA

En cuanto a la gobernación del municipio alcalaíno, se llevaron a cabo la corrección de medidas de peso de la carne de acuerdo con las  establecidas en Granada y los hierros de tundidores, a los que la ciudad nombraba a un veedor. En la usurpación de tierras, se llevaron a cabo gestiones del sindico Francisco de Carvajal , por haberlas ocupado los frailes de la Cartuja de Granada en  la zona de las Juntas y otras que, también, ocuparon la viuda de Corchón  en Cofrida. El mantenimiento de la ganadería caballar se mantuvo con la traída de los caballos garañones  y a un albéitar, vecino  de Priego para echarlas a las yeguas. Se pagaron los censos de las obras del alhorí.
En Loja tomó medidas contra la tala de los montes por parte de los labradores que alegaban que la hacían para aperos de labranza y carretas ([10]).
                            OBRAS Y PROGRESO

         En cuanto a la  promoción del municipio alcalaíno, se realizaron obras de reparo de los corredores de la Plaza (tejado y suelo), entalle de las casas de la Justicia por Martín Pérez ([11]), la Venta de la Acequia, tiendas del Francés, el pilar de la Fuente Álamo- lugar que gozaba de fama por sus virtudes curativas-de la torre del Argamasón,  y otras de la Plaza,  la alcantarilla del puente de los Loberones, el maderaje del puente de Chiquero,  los arcos del Rastro y Matadero ([12]), y empedrado de Entrepuertas abajo y adarve del Arrabal Viejo. Sin embargo, para la comunicación con el reino de Jaén, fue trascendental el inicio de la obra del Puente del Carrizal, donde intervino el cantero Diego Martínez Izquierdo con dos pilares de piedra de cantería  y con las trazas del maestro de cantería Miguel de Bolívar. Las  Casas del cabildo se terminaron con el cerramiento de las ventanas y puertas con  madera tallada y  un  retablo del interior a cargo del entallador Martín Pérez. En Loja, destacaron las obras del puente de Riofrío

…
Por lo que se refiere al orden público, se alteró, sobre todo, en la ciudad de Loja  durante  el mes de octubre con la llegada de varias compañías- la del capitán Sancho de Ávila y la de Antonio Vaca- en un ambiente de pillaje, pues se encontraban sin dinero, famélicos, y la ciudad, reacia a darle alojamiento y posada,  y obligaron al alcalde mayor a los comisarios a que  los posaderos abrieran las puertas o las allanaban ([13]).















[1] GONZÁLEZ ALONSO, B. op.cit. Pág. 121.
[2] GONZALÉZ ALONSO, Benjamín. O.c. Pág., 124. Nota 24.
[3] ACC DE MADRID, pet 28 VI, p 831.
[4] Ibidem  o. c. nota 125.
[5] DEL ROSAL PAULI y  otro. Op. Cit. Pág.257.
[6] AMAR. Legajo 63  Pieza 2 El resumen de este corregimiento se ha basado en las distintas libranzas y en la aceptación de las cuentas por el corregidor y dos regidores.
[7] Ibidem . La cantidad  debió ser significativa, pues sobrepasaba a 69.605 maravedíes que  llega a duplicar los 37.466 maravedíes recogidos en las penas de cámara.
[8] AMAR. Legajo 46 Pieza 8. Libro de cuentas de 1558.
[9] AMAR.  Ibidem. Cargos de cuentas. Se encuentran los procesos con los arrendadores de los cortijos y los fallos del corregidor Molina y su alcalde mayor, en los que se condenaron a pagar con el trigo recogido y fianzas para los años posteriores.. Tierras de Santa Ana, Cabeza Carnero, Cerro la Madriguera, tierras de Majalcorón, cortijo de la Fuente la Piedra, Mesa, Medianil, 
[10]  AML. Actas del cabildo del 15 de febrero de 1555
[11]  Ibidem. La libranza es muy interesante, porque superaba la cantidad de 47.842 maravedíes.
[12]  Ibidem. No se hizo esta sola obra, sino que se gastaron en el Matadero nada menos que la cifra de 330.000 maravedíes al maestro de cantería Martín de Bolívar, como se constata en la libranza de 21 de enero de 1556..
[13]  AML. Actas de los cabildos del 14, 17, 22 y 23 de octubre de 1555.

lunes, 8 de junio de 2015

OBITUARIO DE MATEO RUIZ . COMPLETO.

MATEO RUIZ 
“MATEÍLLO”

            En este caluroso mes de mayo, se nos fue un personaje popular de Alcalá la Real. No ha escrito ninguna obra cumbre ni ha realizado una proeza especial; tampoco, triunfó por otros lares ni  su nombre se asoció con esta tierra por un éxito o triunfo excepcional. Pero, sabemos que popular se relaciona, más que con  la fama,  con el término “people” inglés, que tiene el mismo origen etimológico pero es una variante significativa mucho más arraigada en el terruño y en la colectividad con la que compartimos el quehacer diario. Mateo fue pueblo puro, se integró en la red vecinal transmitiendo su mejor voluntad y recibiendo los mejores parabienes con los que se topaba diariamente con su persona. Era una alma entrañable y  querida,  e imán de afecto para muchos alcalaínos, sobre todo, los que  compartían calle y conversación en los aledaños del Juego Pelota y el Compás de Consolación. Por eso no nos extraña que Marino Aguilera lo defina perfectamente con estas palabras y lo entronque con este espacio urbano del barrio, antaño comercial por excelencia: “El paisaje urbano de la ciudad no solo son calles, árboles y edificios. Hay personas tan arraigadas a determinados lugares que cuando los imaginamos siempre aparecen como una parte más, como si siempre hubieran estado ahí. Mateo es la parte humana del Compás de Consolación que siempre salta a mi mente cuando recreo ese rincón tan alcalaíno. Nunca falta ni faltará, aunque imagine un Compás solo con las piedras de la historia, solitario y desnudo, tarde o temprano doblarán la esquina de la torre unos perrillos tras los cuales aparecerá Mateo para sentarse bajo los tilos sin decir muchas palabras. Se fumará un cigarro y te mirará con ojos limpios aunque puede que no te salude”.
Tampoco, se nos pasa por alto que Mateo formara parte de aquel catálogo fotográfico magistralmente editado por José Hidalgo (PPH), una obra de arte que recogía personajes de carne y hueso de Alcalá, con la buena imagen del blanco y negro, colocando a los personajes inmersos en el frío y en el calor, en el ambiente familiar y en la soledad creadora. Y así, recogió a Mateo con unas instantáneas insuperables para no olvidarlo nunca de la retina de las personas  que lo querían. Y es que, PPH, sabía que Mateo” Siempre estuvo pero pasaba invisible ante la gente. (…)Era un hombre tranquilo, solitario, sin ambiciones. Su vida transcurrió Llanillo arriba y abajo, con la inseparable compañía de sus perrillos y de su cigarro. Nunca negó su ayuda y colaboración con cofradías y procesiones; era de todas y para todas. Se le echará de menos, formaba parte de nuestro día a día, era un personaje de esos que perdurará en el recuerdo de su pueblo, Alcalá la Real”.

Me unió a su persona un vínculo especial, un nudo gordiano que nadie puede imaginar amén de ser una de las personas que siempre me saludaba y entablaba una conversación corta, pero afable y cariñosa. Me refiero al compartir oficio cofrade en la hermandad de la cuerda. Mateo lo hacía desde tiempo que no puedo recordar en las cofradías de la iglesia de Consolación, sobre todo, con la del Dulce Nombre de Jesús, que han lamentado durante estos días su triste pérdida. El que escribe lo hace en la cofradía del barrio sanjuanero; y nos honra manejar a los penitentes con esta costumbre alcalaína de tirar de la cuerda y enrollarla en el carrete mientras controlamos el ritmo de la procesión al compás de los regentes de turnos. Nos honra el  espíritu de servicio, que contiene este acto a veces no muy apetecido por muchas personas, pero   tan digno como el portar una vara de mando, en el fondo ambos pretenden los mismos objetivos y, si se apura, ser puros acompañantes de un símbolo itinerante que trasciende el aspecto físico de controlar el amarre de los compañeros de la ruta penitencial para asemejar el espíritu del  caminar con la imagen que preside el paso procesional. Qué bella lección nos dio Mateo, y, a lo mejor fue un incomprendido en este menester, sin reconocerle su espíritu de servicio, dando lo que podía. Como le decía su fotógrafo y vecino, queremos darle nuestro último adiós con la vista puesta en aquel reportaje inolvidable, pues “Éste era Mateo, él mismo, tal cual, con su sonrisa noble, a ratos serio. Queremos hacerle nuestro humilde homenaje como sólo sabemos hacerlo: con nuestras fotos, sus fotos, las que pudimos realizarle en los últimos años. Descansa en paz, "Mateíllo".

domingo, 7 de junio de 2015

SEGUNDA PARTE DEL CORPUS

Los conflictos entre el estamento civil y religioso son frecuentes. No es extraño que se firme un nuevo convenio de concordia el año 1721, donde se recoge entre otras cosas anteriores como la salutación en los sermones y la presidencia y llaves en el día del Jueves Santo, junto con el acompañamiento de dos pajes en la procesión.[1] Se repiten en el año 1751, que se llega a la concordia con el fin de que todos los estamentos municipales ganen el jubileo que había otorgado Benedicto X.[2] Pero reverdecen a finales de siglo,con motivo de llevar la silla el abad, entablándose un pleito que se hace comparar los privilegios con el de otros obispados[3]. Incluso, en el año 1783 no acudieron a la fiesta por dicho motivo[4] prorrogando el conflicto hasta el año 1793.
Nuevos elementos diferentes a los siglos anteriores se manifiestan en los siglos posteriores al siglo XVII.  En el año 1725, en la víspera del Corpus, aprovechándose de la presencia del Regimiento de Dragones Pavía, se iluminó la plaza del Ayuntamiento en la calle Real, se hicieron  salvas de fusilería por las tropas y una velada, alternada entre la capilla de música de la iglesia Mayor y los cuatro obóes del Regimiento.
Por los años treinta del siglo XVIII, se escribe en el forro de las portadas de los libros de Cabildo, el dato de la probanza de los dulces del Corpus por parte de todos los regidores y oficiales del Ayuntamiento, señalando la fecha exacta de dicho acontecimiento, como un acto importante de la festividad.


Es frecuente que el cabildo costee la cera de la iglesia de los regidores.[5] Esta  se dedicaba a altar de la Iglesia Mayor, al gobernador, los ministros y el cuerpo de la ciudad. Por las circunstancias adversas o económicas, en años como el 1744, se restringe el adorno de la plaza y se sugiere que sea lo menos costoso posible, ocurriendo el caso de que se suspendan las propinas que se daban a los munícipes y los gastos de danzas.[6]
En la misma línea de restricción de gastos, se aceptó en el año 1749 que se cambiaran los dulces y propinas que daban a los miembros del Cabildo por la parte correspondiente de telade lana para las chupas.[7]
El año 1753 nos ilustra de los elementos constitutivos de la fiesta al presentar las cuentas los diputados encargados de ellas: Los adornos de la plaza, el altar,la cera, los dulces y, curiosamente, la Danza de los Valencianos completaban el montante de unos siete mil trescientos cincuenta y dos reales. Aunque no quieren introducir estilos ni perjudicar lo esencial de la fiesta, la nueva danza de los Valencianos es una novedad de la fiesta, que se repetirá en el año siguiente en el día de la función en el de la Octava al contratarse a Pascual Millares.[8] Unos días después, se nos especifica la reiterada probanza y convite de dulces y además se manifiesta que la procesión salía de la iglesia de San Juan hasta la Plaza Nueva. Una arroba de cera para la hermandad del Santísimo Sacramento, veintitrés libras para la iglesia( preste, diáconos, curas, beneficiados, sochantres, sacristanes, organistas, maestro de ceremonias, capellanes, campanero y caniculario), cuarenta y cuatro velas de media libra para el día del Corpus y Octava, catorce velas de media libra para para el preste y altar en los días señalados, otra al abad y gobernador, al fiscal, notario y mayordomo. No se olvidaban de la media libra del paje del Gobernador. El altar de la plaza alcanzaba los dos mil quinientos reales. Los dulces se repartían una arroba para el abad y media para el gobernador, en la misma proporción el corregidor y el alcalde mayor y los regidores y jurados recibían seis libras, dos los escribanos, tres los abogados, dos el capellán del cabildo, dos el contador y el alguacil mayor, administradores de propios y Pósito, y una en el mayordomo, el fiscal, el portero y el trompetero. No obstante, este año se restringió el refresco del Día de la Octava.[9] A veces,se amplia el derecho de cera a los miembros del Tribunal Eclesiástico como en el año 1763. En otras ocasiones, se distingue al corregidor con una cera especial como en el año 1780 [10]. Durante muchos años los presupuestos fijados ascendieron los doscientas y cincuenta mil maravedís.
A mediados de siglo se constata que una familia granadina va ser la encargada de la organización de todos los preparativos, ornamentos, aderezos, danzas, altares, y demás elementos de la Fiesta del Corpus. Era la familia de los Perea, que provenían del Corpus de la ciudad de la Alhambra y, mediante conciertos de siete y ocho años, se obligarán de padres a hijos a organizar los principales actos y adornos. En concreto, el 1757, Juan Perea firma un contrato cuyo memorial recoge el acta del cabildo del día ocho de enero, donde se compromete a a hacer todos los años la función del Corpus y tener pertrechos suficientes, que eran los adornos y altar de la plaza juntamente con las tres danzas de dichos días [1]. El período de duración del contrato suele establecerse con una periodicidad de siete años, que a veces prorrogan como es el caso de este mismo en el año 1763, aunque cada vez exigen nuevos elementos y materiales: en este año precisamente las tablas, madera y rollizo de los altares y de los toldos.[2] Al morir en el año 1772, sus hijos, tulelados por Felipe Guillén, mantienen las mismas cláusulas[3]. En el año 1784, finalizó este contrato y el propio cabildo quien organiza la tramoya del toldo e iluminarias[4].




  Al perderse el eslabón con ellos, la ciudad va a adquirir algunos elementos de tramoya y aparato, que eran sobre todo los lienzos de damasco rojo que colgaban todos los ventanales de las Casas de Cabildo y de las Carnicería y cubrían el altar levantado en el centro de la Plaza del Ayuntamiento. Concuerda con el color de terciopelo rojo que tenían los vestidos de los porteros y los trompeteros y los asientos del cabildo en la Iglesia Mayor.[5] Muestra de esta situación es el año 1748, cuando los comisarios Diego de Moya y Juan de Callava se ven imposibilitados a traer  un adorno decente de la plaza. Los motivos eran claros: no había persona que se comprometiera a venir por la escasa cantidad librada par tal efecto por la ciudad. Acuden , entonces , al maestro Arenas, residente en Alcalá, que pide un anticipo de doscientos ducados y se concierte con él un período de ochos años. Así lo refieren los anteriores comisarios:
Han tanteado  al maestro Arenas que se halla en esta ocasión y este se obliga a hazer el adorno nuebo para la plaza con la condición de que salgan con la anticipación doscientos ducados y que éstos se extingan en ocho años a razón de veinticinco en cada uno y con la condición que a de adornarla dicha plaza en los expresados años de nueba pintura y a satisfazión de los caballeros comisarios en quien entrase el turno en los ocho años.[6]


En 1747 va a tomar cartas en la organización de las fiestas el propio Marqués de la Ensenada que transmite una orden a la ciudad.
Junto los lienzos y la cera del altar, se entoldaba todo el recorrido de las calles de la Plaza. Para las figuras y los paneles de los cuadros se procuraba contratar un maestro pintor, que a veces se quejaba de que no era su obligación el entoldamiento de las  calles de la plaza. Ante soluciones que ocasionalmente se habían producido con encañados y verduras, el cabildo manifiesta que no le parece, no vaya a que llueva y se haga irrisible funzión que debe ser de la mayor venerazión[1]. Los toldos importaron dos mil cuatro ducados, ochenta y cuatro reales y veintiún maravedís.[2]  En el año 1798, se adquirieron ochenta varas de damasco rojo  que era para los distintos doseles, manteles de altar, cubre balcones y ventanas. En dicho año finaliza el conflicto entre el abad y el cabildo municipal acerca de las andas del Santísimo Sacramento.En el año 1807, sufrió una importante desgracia al incendiarse el altar en la noche del veintisiete de mayo " que se había construido  en medio de la Plaza Pública por la celebración de la festividad cuyo adorno
se reducía a colgaduras de damasco, costeados por esta M.N.L.C. y han resultado quemados seis cortinas y cuatro inutilizadas de las noventa y seis que le entregó el caballero diputado don José Revilla, encargado para la custodia de ellas, se entera la ciudad y obliga entregar las ochenta y seis restantes"[3]
La fiesta del Corpus se mantiene hasta entrado el siglo XX y hay relación de gasto presupuestario en el 1891, recogido con la nueva moneda y concretado en doscientas setenta y cinco pesetas[4] Algunos cambios se producen como son la contratación de la Música que intervenía en la función religiosa, la iluminación de las Casas de Cabildo, la velada musical en la víspera y los fuegos artificiales [5] A veces , surgen problemas de competencia entre los dos grupos musicales de la localidad como en el año 1889. La Sociedad Lírica de Alcalá la Real, provista de su banda de música se vió alternar en las distintas funciones y veladas con la banda de música de don Antonio Núñez López a lo largo de las fiestas [6]. La capilla de música, compuesta de músicos locales o foráneos suele ser parte importante en la festividad los días del Corpus y la Octava [7]
La cera y la iluminación del alumbrado público con bombillas solían ser uno de los gastos más importantes en el año 1920.


El itinerario sufre un cambio según se produce el desarrollo urbanístico se va plasmando. A finales del siglo XVIII, se  desplaza a la iglesia de la Veracruz, Llanillo, Real , Llana y calle Veracruz, pasando por alto el antiguo que llegaba por la calle Rosario.[8] Curiosamente,  la procesión va acompañada de la Virgen de las Mercedes que, por aquel tiempo, permanecía en la Iglesia de la Veracruz. En el año 1793, se aprueba la Cofradía del Santísimo Sacramento de esta iglesia y se comunica al cabildo para conocimiento[9]. Esta hermandad se mantendrá a lo largo del siglo XIX y , junto con la de las Animas de la dicha iglesia, ocuparán el vacío dejado por la Cofradía de la Veracruz. La riqueza de sus fondos nos muestra ya en el año 1842 una hermandad languidecida y pendiente de las limosnas por los demandantes de las calles y de los campos para celebrar una función de iglesia precedida de unos fuegos marciales y música marcial cuando la llevaban  a los enfermos.[10]Sin embargo, la decadencia es notable y a partir del año 1830, se nos muestra que la fiesta del Corpus suele coincidir con la de San Frenando y obliga gastos comunes y extraordinarios hasta tal punto que se restringe la colocación de cortinas como adornos en la Plaza de la Iglesia Mayor de Consolación y sólo se colocan doscientas luminarias en las Casas Capitulares y la música se hace presente con dificultad no  permitiéndose el refresco.[1] Todo ello tenía lugar el día del Corpus, su Octava y el mencionado día de San Fernando, no permitiéndose por la escasez de recursos el resto de los días intermedios, ya que no alcanzaba el presupuesto a los tres mil reales para afrontar todos los gastos. La dejadez de estos años es manifiesta hasta tal punto que se fija un contrato con un vecino de Granada, Pascual Muñoz, que recibe las quejas del cabildo del veintiocho de mayo por los adornos de damasco que eran sencillos e indecorosos, por las colgaduras de la fachada prinicìpal,rota, descolorida y enmendada, por el dosel del Rey muy pequeño de mal prospecto y estilo  que en lugar de aderezar afea y desagrada a santidad del día que es dedicado,  mientras la ciudad pretendía un dosel con buen gusto adornado de espejos y cornucopias para colocar los retratos reales y poderles hacer guardias en los días de vocación y funciones. El cúmulo de quejas alcanzaba a la ausencia de los pernios de la Corte que nos lo había puesto, a la de los pabellones de damasco con platilla y pericardios de las ventanas de las galerías convertidos en unas tiras de  faldo los parabosi, y la conversión del gran pórtico a corcel anchuroso en un un indecente un cuatro pies de damasco viejo y un lienzo de fardo sin cubrir. En los portales de la plaza también afectó todo esto, los pabellones y colgaduras se redujeron a una faja con cortinas de filipidum y unos indecentes pabellones. Se completaba el adorno de la plaza con el laberinto alegórico dedicado al santísimo Sacramento en la fuente de la plaza, que quedó convertido en un o irrisorio en lugar de la suntuosidad, sustituyendo las figuras alegórica y columnas en puras líneas indecentes y poco significativas [2].
Es frecuente que se amenizaran las fiestas con fuegos a lo largo del año, como hay constancia en el año 1848 [3]. Los antiguos comisarios van a dejar paso en la organización a la Comisión de Ornato que son conscientes de que deben celebrar la fiesta con ostentación y suntuosidad.
No obstante, en los momentos de periodos revolucionarios, que frecuentemente coinciden con épocas de escasez y penuria económica, se restringen los gastos de ostentación y lo primero que se restringe son los fuegos artificiales y el refresco como sucedió con el Corpus del dos de Junio de 1771, año que estalló la primera República [4]  
El horario era matutino tras la función de iglesia. Sin embargo a finales del siglo XIX, el cabildo solicita que se celebre por la tarde por lo intempestivo de la hora y se concede hasta hoy día desde el año 1891[5].










[1] AMAR. Acta del cabildo del catorce de mayo de 1831.
[2] AMAR. Acta del cabildo del 28 de mayo de 1831.
[3] AMAR. Acta del cabildo del veintitrés de marzo de 1848.
[4] AMAR. Acta del cabildo del dos de junio de 1771.
[5] AMAR. Cabildo deltrece de enero de 1891.


[1] AMAR. Acta de Cabildo del veintiuno de mayo de 1751. La ciudad acuerda comprar los toldos.
[2] AMAR. Libranza del cabildo del veintinueve de junio de 1751.
[3] AMAR. Acta del Cabildo del 16 de junio de 1807.Informe de Miguel de Cisneros, comisario del Corpus.
[4] AMAR. Acta del cabildo del once de agosto de 1891.
[5] AMAR. Acta del cabildo del  diecinueve de mayo de 1885.
[6] AMAR. Acta del cabildo del diez de junio de 1889.
[7] AMAR. Acta del cabildo del veintitrés de agosto de 1900.
[8] AMAR. Acta del Cabildo del 26 de mayo de 1799.
[9]AMAR. Acta del cabildo del 26 de abril y 29 de mayo  de 1793, posteriormente, el cinco de junio de 1820 y.
[10]AMAR. Legajo 76. P.9.

[1] AMAR. Acta del cabildo ocho de enero de 1757 y otras del  1761
[2] AMAR. Acta del Cabildo del catorce de abril del 1763.
[3] AMAR. Acta del cabildo del soasw febrero de 1772.
[4]AMAR.Acta del cabildo.
[5] AMAR. Acta del cabildo del treinta de mayo de 1748, donde se libran  6.077 maravedís para los vestidos y la tela de los escaños.
[6] AMAR. Acta  del Cabildo del cinco de marzo de 1758.

[1] AMAR Cabildo del once de enero de 1711.
[2] AMAR. Acta del cabildo del seis de junio de 1751.
[3] AMAR. Acta del cabildo del treinta de mayo de 1783.
[4]AMAR. Acta del cabildo del diecinueve de junio de 1783.
[5] AMAR.Acta de Cabildo del siete de abril de 1742.
[6] AMAR. Actas de cabildo del dieciséis y veintiuno de abril, y cuatro de mayo ( libranza de 3.067 reales) de 1744.
[7] AMAR. Acta de cabildo del veintitrés de junio de 1749.
[8] AMAR. Acta del cabildo del dieciocho de junio de 1753, y del año 1754.
[9] AMAR. Acta del cabildo del diecinueve de junio de 1753.
[10]AMAR. Acta del cabildo del veintisiete de mayo de 1780.

RUTA DE SAN MARCOS

RUTA DE SAN MARCOS

Con motivo de la feria de las asociaciones, hemos realizado una visita a San Marcos. Nos reunimos esta vez en Capuchinos como lugar de salida, viejos ruteros y alguna que otra incorporación junto con Teresa Hinojosa Afán de Ribera, la concejala de Participación Ciudadana. Tras subir por la calle Conde de Tendilla ( que no Tendillas, el Mendoza que pernoctó en Alcalá antes de la toma de Granada), ascendimos por calle Fuente Nueva , en su último tramo nos detuvimos cerca del Hospitalico de los Pobres, donde comentamos esa institución antaño municipal y hoy una simple casa del Tele. Por calle Utrilla , antigua vía pecuaria, dimos con la Cruz de la Casería de los Valencia, antigua Cruz de los Moros, comentamos su historia del paraje de









estos personajes y de puerta de control para la salida del campo. Y, ante la pregunta de destrucción de las cruces, la dejamos para otra parada posterior. Por el camino antiguo de Frailes, paramos en el mirador de la Mina, donde comentamos la leyenda de la Mina  y del pasadizo que venía de la Mota, como consecuencia de no haberse explorado ni pasado  por el padre de la mora Cava dando lugar a la entrega de Alcalá por parte de los musulmanes en favor de los cristianos de Alfonso XI. Breves notas sobre la ciudad de damero a lo romano, la cardo, la decumana, las vías paralelas y transversales, las diagonales....hasta llegar a la Cruz del Rayo" la han hecho/miles de peñas y peñones/ para que se den ---/ muchos calamochones.·Un canto de carnaval de los años treinta del siglo pasado, leyenda del rayo que mató al pastor, lo comunal y los propios, terrenos baldíos y de pasto, las desamortizaciones...y camino adelante, llegamos a la Verónica, describimos la Carrera de los Caballos y los ensayos para la Guerra de Fronteras ( juegos de cañas, ensayos bélicos, doma de animales, alcancía...) y  por entre nueva tierra municipal avanzamos hacia el mirador de Fátima, más bien de la ermita de San Judas o del Santo Sepulcro, décima cuarta estación del Vía Crucis o Calvario que quedaba bajo nuestros pies. Desde allí por una vereda, nos dirigimos a la alambrada de los Llanos, con explicación del sistema hídrico e Alcalá y la ciudad argárica de la cultura de las  Cuevas. No olvidamos las canteras, los predios perdidos por las personas sencillas para cultivo de lentejas y su transformación en amplia dehesa,  hasta llegar al camino del portillo de los Aspadores saltando tomillo y romero y monte mediterráneo. De allí a la subida a san Marcos por las casas del tren de los años sesenta, realizadas pro Clotilde Batmala. En la recién inaugurada plaza nos sentamos comentamos el carácter de santuario religioso de la ermita, su transformación en convento para terminar como ermita de San Marcos y Virgen de la Cabeza. Dentro, gracias a la gentileza del vecino Rafael, explicación sobre el retablo manierista, el pastor de Colomera, María Magdalena, Dolorosa, san Francisco,San Marcos y Virgen de la Cabeza ....las bóvedas y pinturas, las huellas conventuales,la tumba de la joven misteriosa y el mirador renacentista....Al salir foto de rigor en un marco incomparable, leímos poesías de María Teresa Afán  y una del Tamboril, anda corre tamboril, que se acerca el mes de abril... para lanzar la mirada a la Mota
Bajamos con priesa pero nos detuvimos en la cruz y el depósito de agua, la  fuente de la mora Vieja y tuvimos tiempo para explicar la Corredera antes de llegar a la Feria de Muestras. Pero, sin desayunar.
Expusimos nuestras actividades dentro de la feria, los cabales y abandono de los anteriores conferenciantes que estuvimos escuchando. 

sábado, 6 de junio de 2015

Corpus Christi (I)

Junio:

El Corpus Cristi se celebraba durante varios días: en la vísperas,  subían los miembros del Cabildo a la Iglesia Mayor Abacial o a la de San Juan sin la presencia del corregidor ni los caballeros comisarios, organizadores de la fiesta; el  Día del Corpus, acudían a la solemne función religiosa y procesión; durante todas las tardes de la Octava acuden un determinado número de caballeros.; el día Octavo sube toda la ciudad en pleno. El ayuntamiento corría con el gasto de la cera y la que sobrara se la dará a Nuestra Señora de las Mercedes
I
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LA FESTIVIDAD DEL CORPUS CRISTI

Como fiesta capitular,  continúa celebrándose como la más importante de todas hasta tal punto que se mantiene la obligación de nombrar  comisarios en los cabildos últimos del año, hacer presupuesto y contratar todos los elementos de la fiesta del día del Corpus y su Octava, a pesar de las dificultades que asiduamente van resolviendo los miembros del ayuntamiento para contratar y hacer frente a los gastos. Se llega incluso a tomar créditos por los comisarios hasta que  se les libra de los más recónditos procedimientos: pagas de arbitrios. Hay momentos de que incluso se anulan las suertes de los comisarios y se aplaza su nombramiento en las fechas próximas de la festividad.
Lo normal de dicha fiesta radicaba en que el cabildo municipal acudiera  formado como ciudad desde sus casas capitulares, yendo delante al clarinero de librea, seguido de los porteros y el resto de la ciudad.[1] En la iglesia recogían los comisarios al señor abad, vicario o gobernador, que lo acompañaban hasta el coro; en la despedida los mismos comisarios lo hacían hasta la puerta de la Iglesia en el caso del abad y hasta la sacristía con el vicario, de donde lo sacaron. En el coro se reparte la cera por los porteros parte al coro eclesiástico y otra a la ciudad sin entregarle a los regidores, portadores de palio.

En la procesión general era frecuente  que acudieran todas las cofradías, comunidades religiosas y el cabildo eclesiástico con sus estandartes, cruces  e imágenes, así como las danzas y los gremios de la ciudad. Estos se vestían y formaban cuadrillas de diablillos y  no sólo con ropas  y rostros de tales, sino con los de los sayones de Semana Santa y otros ridículos y extraordinarios trages, que no vienen al casso para el culto,ni cossa de razón, sino para executar licenciosamente toda suerte de desórdenes. Al final de la manifestación religiosa iba el cabildo, precedido con ochos sujetos vestidos de librea y asistidos por un oficial del cabildo, el clarinero o timbales, los porteros y el resto de la corporación. Al Cabildo eclesiástico- beneficiados, capellanes y clérigos- lo presidía el abad o el gobernador, que era acompañado por dos pajes en el primer caso, asistiéndole con un cojín para bonete.[2]
La villa del Castillo de Locubín también mantenía la tradición festiva y no era extraño que hasta muy entrado el siglo XVIII cooperara el ayuntamiento municipal. Así Juan Beltran de Callava, regidor, contrataba en el año 1742 con Mateo de Molina y Tomás de Santiago tres danzas de dieciséis hombres y ocho mujeres con sus instrumentos para el trabajo de los nueve días, la octava, fiesta y vísperas del Corpus, dándose 1100 reales por persona [3].
Los conflictos entre el estamento civil y religioso son frecuentes. No es extraño que se firme un nuevo convenio de concordia el año 1721, donde se recoge entre otras cosas anteriores como la salutación en los sermones y la presidencia y llaves en el día del Jueves Santo, junto con el acompañamiento de dos pajes en la procesión.[4] Se repiten en el año 1751, que se llega a la concordia con el fin de que todos los estamentos municipales ganen el jubileo que había otorgado Benedicto X.[5] Pero reverdecen a finales de siglo,con motivo de llevar la silla el abad, entablándose





un pleito que se hace comparar los privilegios con el de otros obispados[6]. Incluso, en el año 1783 no acudieron a la fiesta por dicho motivo[7] prorrogando el conflicto hasta el año 1793.


[1] AMAR. Provisión real recogida en el Libro de Ordenanzas del año 1751, como nota marginal.
[2] AMAR. Libro de Ordenanzas de la Ciudad del año 1766. Folio 32 y siguientes.
[3]AHPJ. Legajo 5312. Folio 703. Ocho deenero de 1742.
[4] AMAR Cabildo del once de enero de 1711.
[5] AMAR. Acta del cabildo del seis de junio de 1751.
[6] AMAR. Acta del cabildo del treinta de mayo de 1783.
[7]AMAR. Acta del cabildo del diecinueve de junio de 1783.