Estos
primeros versos de "la historia local contribuye a fundamentar la base del conocimiento global de los pueblos desde el estudio de los acontecimientos de las ciudades"
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sábado, 17 de noviembre de 2012
AGRADECIMIENTO
Estos
primeros versos de lunes, 12 de noviembre de 2012
ANTONIO LÓPEZ EXPÓSITO
Hace años, me
encontraba en un archivo parroquial de Alcalá la Real tratando de concluir el árbol mi linaje
familiar. Grande fue la sorpresa al toparme con su final, pues ya no podía
avanzar más inserto en una partida bautismal
de una morisca proveniente de las Alpujarras y avecindada en el municipio de la Sierra Sur
por su amor con un campesino labrador del cortijo de un famoso alcaíde. Con este panorama, me vino a la mente la presencia del apellido de los Expósito tan
frecuente en otras épocas y encubierto
en palabras de la Cruz o de otra índole. Y, siempre me
ha llamado la atención el interés
por conocer sus orígenes de los que
ya han asimilado este apellido Expósito como si fuera López o
Fernández. Le prometí a su hijo del
mismo nombre, (y de seguro que
lo plasmaré por escrito) Antonio López
Expósito que se los investigaría por ser
su padre un hombre de aspecto cortesano,
apuesto en las formas, siempre con la
sonrisa en los labios, educado y urbano en sus formas exteriores.
Respondía más
a un doncel del mundo nobiliario que a
una persona muy n ligada al terruño, al que lo reconocía desde los ángulos más
insospechados como pueden ser los rincones cinegéticos o los paseos trashumantes
por los mismos senderos que en otros tiempos
recorrió bajo la guía de su
padre atento al pastoreo caprino o lanar. Pues Antonio había sido cabrero en su
mocedad, y, ya en edad madura, fue peón
de una tierra que remontaba sus orígenes en las suertes de propios de la
ciudad que había respondido el
ayuntamiento entre los yunteros
humildes, desalojados por las injusticias de las hipotecas obligadas y
de las inclemencias del tiempo. Compartía
las labores de la tierra con el oficio de matancero , que es así como se llaman
a los matarifes y carniceros de los cerdos domésticos De ahí que Antonio, y por transmisión oral su hijos y nietos, fuera los mejores reconocedores de los puestos más propicios para esperar la perdiz, excelentes expertos en recorrer los
escondrijos en el corte de los Llanos transformados en una trinchera acolmenada
mirando a la Celada y Veimtenovias o avizores excelentes del prado donde
reverdecían las setas tras las primeras
lluvias o nacían los cárdenos espárragos
trigueros. Con esa sabiduría popular supo mimar y trabajar la tierra hasta que, por las necesidades tan profundas
de mediados del siglo XX, tuvo que emigrar a Suiza. Luego, se convirtió en un
fiel peón de esa cooperativa de Santo Domingo de Silos que tanto contribuyó al desarrollo de Alcalá la Real, y
creó escuela dando paso a su hijo para que aprendiera el oficio de la
albañilería. Casado con Consuelo Cano,
tuvo una prole que no llegó a la familia numerosa de anteriores tiempos, pero
que hoy día se considera con este adjetivo. Sus hijos Antonio, Manolo y Rosi saben
lo que es su luchar por ellos y reconocen el trabajo de sus manos a favor de
su manutención hasta que llegó la jubilación. No fue un hombre impasible,
acomodaticio ni amodorrado, se le veía siempre con su vara de cabrero andar caminos y desembocar desde la cañada
Nevazo volviendo de la torre de la Moraleja desde donde podía contemplar la
bella panorámica de una ciudad de
frontera y, en su derredor, unas tierras que se adentraban antiguamente al reino
de Granda con un fondo de sierras, cortes montañosos y una pantalla blanca y
majestuosa, al fondo, por las cumbres de
Sierra Nevada. Tras la cotidiana caminata,
frecuentaba la curia senatorial del Paseo de los Álamos donde los de su generación arreglaban la ciudad colaborando con las autoridades. Pero esa
enfermedad incomprensible que le
recorría sus venas, de vez en cuando , le jugaba algunas malas pasadas
y le clavó un ictus a forma de rejón mortífero que le paralizó
sus andarinas piernas asentándolo en la cama de un hospital de
Granada. No pudo reponerse de este zarpazo, lo había tocado de muerte, recorrió
muchas noches con su pensamiento el campo trashumante de su pasión por sus
hijos y devaneó utopías que le gustaría
que se hicieran realidad en su hijo Antonio.
Le tocó su final, su corazón no pudo más. Que la tierra que tanto amó, en el andar y el
labrar, te sea leve como si fueras un
hijo de la madre Cibeles. lunes, 5 de noviembre de 2012
ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE PABLO DE ROJAS
ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE PABLO DE ROJAS
Hace
401 años murió el escultor e imaginero alcalaíno Pablo de Rojas. Se sabía que
era el maestro de Juan Martínez Montañés, también un escultor fundamental para el desarrollo de la escuela
granadina, y , por el estudio de importantes críticos de Arte, que había
intervenido en muchos retablos, imágenes
y obras no suntuosas de las diócesis de la Bética Oriental Hoy día, su figura se ha convertido en un
personaje perfectamente estudiado desde que tuvimos la suerte de descubrir el
nacimiento en la ciudad de Alcalá la
Real y su bautizo en la parroquia de Santo Domingo de Silos,
en 1549. Su paso por la vida quedó fijado cuando descubrimos que sus herederos,
de ascendencia alcalaína, habían acudido
a los notarios de nuestra ciudad a testimoniar poderes y ratificar la parte de
herencia que les correspondía por ser miembros de segundo grado y quedar sin descendencia con Ana de
Aguilar. En el interirm, de aquellos datos encontrados hacia el 1984 han pasado
27 años muy fructíferos para poner al día toda su biografía: su familia de
origen sardo ( por su padre el pinto Pedro Sardo), su relación y formación con
artistas de Granada y Jaén, su marcha y establecimiento de un taller en la
calle Elvira de la ciudad de la
Alhambra , su escuela y sus discípulos, su influencia en la
vida local granadina y la expansión de su obra en otras diócesis, el refrendo
de la maestría sobre Juan Martínez Montañés y la revalorización de su figura. A pocos días de finalizar la celebración del aniversario de su fallecimiento, creemos conveniente
destacar varios puntos:en primer lugar, un gran número de obras han ampliado su
catálogo de atribuciones a su persona, o, al menos, a su entorno dando lugar a refrendar la importancia de su gubia y su arte
con respecto en el entorno artístico que se desenvolvía; en segundo lugar, ya
no cabe duda de esta definición como artista de la figura de Pablo de Rojas:“Rojas es el eslabón que enlaza el romanismo
manierista con el naturalismo barroco, el creador de los prototipos de
Crucificados y Nazarenos andaluces, y aún de los castellanos; en tercer
lugar, se han dado nuevos pasos en el conocimiento de su biografía-y en esta línea, se ha editado
un reciente libro que gira en torno
su obra y sus coetáneos por varios
profesores de universidades andaluzas-; en
cuarto lugar, ya no hay dudas sobre la relación de Pablo de Rojas con diversos
escultores e imagineros de su tiempo, especialmente es digno de destacar el
parentesco y relación artística con
Bernabé de Gaviria, su sobrino político a través de su esposa Ana de Aguilar. Alcalá lo ha
honrado con su estatua en los Álamos y nombrándole hijo predilecto, falta una
muestra magna de su obra en colaboración con otras instituciones.
| EL DOCUMENTO DE SU HERENCIA QUE LLEVÓ AL NACIMIENTO EN ALCALÁ LA REAL Y SU MUERTE EN SEPTIEMBRE DE 1611 |
miércoles, 31 de octubre de 2012
MI TÍO DON LUIS
Cuentan que en
los núcleos rurales, durante muchos años, el cura, el maestro y
la autoridad civil o militar (un
guarda, un guardia civil o un pedáneo) eran los ejes que estructuraban y conformaban la vida social de muchas
sociedades. Todos obedecían a sus órdenes, seguían sus consejos y cumplían sus deseos como si se tratara de
las manillas del reloj. Por cierto, no
se ha escrito mucho de los curas de la comarca; algo más de las autoridades,
(algunos se extendieron en la influencia de los zahoríes, precedente de
los alcaldes pedáneos). Hoy nos vamos a detener en uno de estos personajes más
influyentes de las aldeas: los maestros.
Se trata del
docente Luís Gómez Atienza. Este nació, a principios del siglo XIX, en una casa
solariega de la Fuente del Rey. El padre de Luís
era un labrador devoto de la
Virgen de la
Cabeza , a cuya fiesta del monte del Cabezo acudía siempre
todos los últimos domingos de Abril: lo hacía con su acémila y su numerosa
familia; incluso hubo años que ostentó el cargo de hermano mayor de la
cofradía. Su madre, Adelaida, mujer
prolífica, y religiosa como la que más, representaba la bondad humana y la
santidad de los seguidores de Jesús en
la tierra. En su hogar, la familia rezaba al alba, en el ángelus, en las
ánimas y al acostarse.. Por tradición,
sus hermanos se dedicaron al campo y acompañaron al padre en la venta de la
leche y los más jóvenes ingresaron en el
Cuerpo de la Guardia
Civil. Luís, el más pequeño, como era frecuente, por aquellos años, marchó a
tierras extremeñas, a un seminario de la ciudad de Don Benito, atraído por los aires de santidad
de un misionero que le había cautivados
en las frecuentes Misiones Religiosas, que se celebraban en la comarca alcalaína para formar cristianamente a la población. Sin embargo, por los años treinta corrían
aires no muy propensos a los estudios del sacerdocio y Luís volvió
a sus tierra, imbuido en una fuerte formación religiosa que lo iba
definir en toda su vida. Su familia, labradora y ganadera, debió mantener
buenas relaciones con el alcalde pedáneo de Santa Ana y, durante los años del
bienio radicalcedista, el joven Luís cooperó en la elaboración del censo de
aquel partido de campo. Esto le ocasionó más que un disgusto sufriendo los
desgarramientos de la lucha fratricida.
Tras la
guerra, ejerció de maestro; primero lo hizo en Ermita Nueva y,
posteriormente, desde finales de los
años cuarenta, en la aldea de Santa Ana, en los bajos de un gran caserón que
miraba a las espaldas del presbiterio de
la iglesia. Todavía lo recordamos con su bata oscura dirigir el corifeo infantil sentado en los
bancos de madera instruyéndole en las primeras letras y en el cálculo de los
números, Placentero como el que más, ejercía su autoridad y transmitía su bondad a sus discípulos que
lograba darle ese instrumento fundamental que los iniciaba en el mundo de la
formación y la cultura para librarlos de la ignorancia. Su fama se extendía a
todos las aldeas, núcleos rurales y a la misma Alcalá la Real , desde donde acudían jovenzuelos
para perfeccionarse en sus estudios básicos. Muchas anécdotas recuerdan de la
etapa escolar y de una enseñanza en la que todavía no se había extendido su
obligatoriedad y, menos aún, se cuestionaban los métodos y disciplina del maestro. Siempre, marcó el
ejercicio de la docencia con la
transmisión de valores, y la huella del humanismo cristianismo era
latente a la hora de impregnar su comportamiento ético e intelectual.
Fue, además,
un hombre de amplia cultura, entusiasta bibliófilo, recogió algunos restos de
bibliotecas de sacerdotes y personas
cultas, al mismo tiempo que no había novedad bibliográfica que no adquiriera
para las baldas de su biblioteca particular. Generalmente, se desplazaba a
Alcalá la Real ,
y en la librería del maestro don Pascual
Baca compraba todo tipo de novedades.
Don Luís, que
era una institución en Santa Ana, dejó su huella en muchos que ya han fallecido
y en otros alumnos supervivientes hasta los años sesenta del siglo XX. Luego,
cambió de aires, se vino a Alcalá y ejerció la docencia muy pocos años en las
Escuelas de la Sagrada Familia.
No llegó a los sesenta años cuando le alcanzó la muerte muriendo con la misma
paz que compartió con todos los de su
alrededor.
Y SI NOS FALTARA LA SOCIEDAD DEL BIENESTAR...
En el mundo
occidental, la sociedad del bienestar ha supuesto un paso de gigante en
comparación con otros periodos históricos. El sistema público se organizó,
gracias a la aportación de sus
contribuyentes, con una capacidad protectora que podía afrontar y paliar muchas
de las situaciones precarias de los componentes de la sociedad europea y
española. Ante la falta de trabajo o el desempleo, proveyó los mecanismos para
atenuar el menoscabo de la primera fuente de ingresos de los trabajadores en
tiempos de crisis o de situaciones difíciles
por los que suelen pasar muchas empresas; en la tercera edad, dispuso de
los mecanismos necesarios básicos para afrontar las carencias de una vida
feliz desde la atención a la salud hasta
el momento crucial de la dependencia de muchas familias;
en otras edades de la vida, alcanzó el máximo desarrollo de actividades,
infraestructuras y otros programas para conseguir el total bienestar de los
ciudadanos.
Pero
si nos falta este sistema público y no existe, en consecuencia, la sociedad de
bienestar, ¿qué podría suceder o acontecer? No
nos lo figuramos; criticamos todo
lo que se nos antoja y nos cuesta trabajo mantenerlo, despotricamos de
los que se desvelan por luchar por este modo de vida y nos hacemos de bruces armando guerras entre tirios y
troyanos como si no estuvieran muy cercanos los primeros síntomas del
advenimiento de la destrucción de la sociedad del bienestar. Y yo me pregunto : Para no quedarnos de
bruces y creer que estoy escribiendo un cuento de hadas, más bien de duendes
malos ¿ por qué no se los preguntamos a las cantidad de personas que acuden a
recibir una ayuda diaria de muchos organismos no gubernamentales? Pues estos
han sido los primeros que se han dado cuenta de que la sociedad del
bienestar ya no es una realidad, sino
que ellos mismos han sido víctimas de un tsunamis arrasador que se ha llevado
a toda persona por delante sin miramiento alguno, sobre todo a los más
débiles y desprotegidos. Pues, en primer
lugar, le ha quitado o reducido el
empleo de su unidad familiar de modo que los ha
mermado drásticamente en los recursos e ingresos, con lo que se ven
coartados para afrontar todas las
necesidades básicas ( y digo básicas
como el alimento, el vestir, o la
vivienda, que son derechos
constitucionales y, por qué no naturales ). En segundo lugar, las familias se
han visto condenadas a un endeudamiento insoportable que muchas
han agotado hasta las alforjas y alcancías de los abuelos, que lo habían
atesorado con gran esfuerzo y sacrificio,
y en un santiamén se han quedado
con los tiestos rotos. En tercer lugar,
muchas personas se han visto excluidas en medio de la pobreza y la
vulnerabilidad más lacerante que nos podamos imaginar y se han convertido en los seres más desfavorecidos e indefensos
de este Tercer Mundo, a cuyas personas
no se les pone la cara sonrojada ante la inmediata isla de pobreza y
exclusión social de l Cuarto Mundo que
ha nacido entre sus paredes. Por último
recojo unas palabras del VII Informe del Observatorio de la Realidad Social en
septiembre de 2012 Cáritas Nacional “ la
evolución de la solicitudes de ayuda de Cáritas no es un asunto pasajero o
coyuntural , sino que expresa la consolidación de una estructura social en la
que un número elevado de personas y familias han quedado sin esperanza en su
proyecto vital”. Lo dejo como
corolario último, pues ha tocado el lado más sensible de los individuos
, se ha cortado de raíz la esperanza de muchas personas.
Ante
estas situaciones de pobreza y precariedad, creemos que no nos va coger nunca
el tren de la exclusión, y saltamos fácilmente de largo al otro lado de la vía del bienestar para irnos a la orilla de la integración
social, y en una comarca como la nuestra, que todavía no nos hemos resentido
profundamente, nos instalamos inamovibles e insensibles ante la llamada de la
solidaridad de muchas familias. Pero si
nos faltara a muchos la sociedad
del bienestar, me pregunto qué haríamos. Pues, como, en otras ciudades, en la
nuestra ya son numerosas las personas que acuden a Cáritas y Cruz Roja para
demandar en primer lugar alimentación (
que sobrepasa más del setenta por ciento), luego reclaman ayudas de vivienda y
empleo, ropa y calzado, gastos sanitarios y asuntos legales. Y siempre, con la
cabeza alta dicen que lo que quieren conseguir es un empleo, porque lo otro lo
piden con la cabeza gacha por el amor de sus hijos que tienen que comer
diariamente.
martes, 23 de octubre de 2012
ANA CORTECERO
Hace varias
semanas, el joven Carlos Hinojosa se despedía del cargo de la delegación del Instituto Andaluz de la Juventud de Jaén; el
pasado jueves 11 de octubre, Ana Cortecero, concejal de Recursos Humanos,
Policía y Turismo, bajaba las escaleras
del ayuntamiento alcalaíno tras una intensa vida dedicada a la res publica
despidiéndose de la representación oficial, en la que se ha mantenido durante
más de trece años. Le pesaba dar su último adiós en una casa, en la que ha
pasado ( en sus palabras de su discurso final, recogiendo el verso machadiano “
todo pasa y todo queda”) muchas horas de
trabajo y lucha por defender los intereses de “su ciudad”, tal como viene
manifestando en muchas declaraciones a pesar de ser natural de la ciudad tosiriana
. Aún más, no solo lo ha expresado públicamente, sino también muchas personas
han podido comprobar diariamente su amor
por nuestra tierra y sus gentes renunciando a cotas más altas en favor y
entrega por mejorar el bienestar de los alcalaínos y cumplir el compromiso
firmado, a lo largo de tres gobiernos, en la cartas del programa y candidatura
que asumió y afrontó en los primeros años del segundo milenio.
A todos nos
han sorprendido favorablemente numerosos aspectos de su participación y
presencia municipales, su ser, su estar y su hacer. Pero, nadie puede olvidar
tampoco que Ana se ha adaptado
totalmente a su nueva ciudad, que le acogió en sus primeros pasos de
impartir la enseñanza secundaria, aportando su profundo saber, su fructífera
pedagogía y su dotes de magnífica y eficiente directiva para dinamizar el
funcionamiento del instituto Alfonso XI ; también , supo ser receptora a la llamada e invitación de formar parte de la tarea
colectiva para colaborar con el progreso y desarrollo de Alcalá la Real en todos los campos que
asumió como concejal de cultura o de gobernación municipal. Como mujer
luchadora, valiente y tenaz ante la adversidad, nunca se arrugó ni en los momentos difíciles, ni moldeó su forma de ser
a las corrientes del aire pasajero, sino que mantuvo siempre la esencia
de su intelectualidad apoyándose en el
razonamiento y dando siempre todo tipo de argumentaciones para
describirnos el universo realista de una
Alcalá en progreso, que dejaba su sabor de terruño para convertirse en una
ciudad del siglo XXI. Nunca le faltó el rigor científico y siempre
cuidó del protocolo de cuidar la
amistad entre todos los que le rodeaban: en la docencia o en la praxis política, su melodiosa voz y su
mensaje argumentativo siempre serán una seña de identidad de muchos actos de su
pasada permanencia en la vida local.
Comprendo, perfectamente,
aquellas palabras que dijo en su despedida como profesora del centro educativo
, aludiendo que “siempre se sentirá profesora del IES Alfonso XI y este será su
centro”, porque fue el centro en el que
dejó una huella imborrable, y, en este caso, esta perdurará en muchos alumnos a
los que les abrió los ojos con el
discurso racional y le recordarán cuando
muestren a sus hijos aquella agenda
escolar , en la que daban sus primeros pasos de acercamiento al mundo
de la filosofía.
En la historia
de Alcalá hay hitos que han marcado un impacto especial entre la población, Ana
será siempre muy bien recordada por el pueblo alcalaíno ( Etnosur, Biblioteca
Municipal, la Cultura
explicada y razonada, Turismo de Excelencia….) y, en palabras machadianas,
aunque todo pase y todo quede “Ya es sólo brocal el pozo; púlpito será mañana;
pasado mañana, trono./".
domingo, 7 de octubre de 2012
MI TIA LOLA
DOLORES GÓMEZ FREIJÓO
En
el paraje de aquella casona de la aldea de Santa Ana, pasaba, durante mi niñez, todos los
meses de verano, como si se tratara de unas vacaciones escolares. Aquella mansión
rezumaba olores de tiza de clases particulares de verano y de tinta azulona de
los pupitres de madera, que se ubicaban en la clase de la planta baja. En aquel
caserón, todos los días subía a sus trasteros de la tercera planta para
curiosear las frutas que maduraban en
las trojes repletas de trigo de la ultima recolecta.
Me
llamaba muchísimo la atención la prominente
barbilla de mi tía Asunción, con la que me atraía siempre a su regazo y
me acariciaba como si fuera su hijo pequeño, a pesar que sólo era su sobrino.
Siempre, la veía vestida de negro, con el rosario en la mano, rezando novenas a
la imagen de una pequeña Virgen, que presidía el acomodador de la segunda
planta y mi bisabuelo José María, ( dicunt) se había encontrado en el camino de
aquella meseta, antaño comunal y bien de
propios, llamada de los Llanos, y , ahora, en manos de nuevos
propietarios que habían acumulado todas las parcelas del repartimiento de
Carlos III tras la desamortización de Madoz.
Mi tío Luís, que era el maestro
de la aldea, y era hermano de Asunción y
Lola, ejercía de paterfamilias de aquella estirpe peculiar y muy religiosa; me
gustaba mirar por lar rendija de la puerta del aula a los despistados alumnos y
siempre
le seguía los pasos porque me entusiasmaba cuando llegaba de Alcalá
lleno de paquetes de libros que colocaba con mimo en las baldas de su pequeña estantería.
Nombré a mi tía Lola como si no fuera nadie. Y encarnaba para mí , y
para todos sus sobrinos y
resobrinos la señal y presencia del amor en el más amplio sentido de
la palabra. Durante mis vacaciones, se desvivía
por el hecho de que lo pasara lo mejor posible, se convertía en mi segunda madre y me
llenaba de mimos y de muestras de
cariño durante todas las horas del día.
En aquellos duros años del franquismo, pude disfrutar de algunas cosas que no se frecuentaban en mi casa como el
chocolate de tabla ( pues en la mía
se
nos daba el de bollo de Priego de
Córdoba con un canto de pan con aceite), o como las frutas y hortalizas frescas de las huertas
de la Fuente
del Rey. Mis dos tías y mi tío Luís
frecuentaban todos los cultos de la iglesia de Santa Ana, eran beatos en el buen
sentido filológico e histórico de la palabra, personas felices entregadas
al servicio de Dios, y en concreto de su Ecce-Homo que presidía la escalinata de
su casa y habían heredado de su antigua
casa de los Núñez en la Fuente
del Rey. Lo habían recibido de sus padres, sobre todo, de su madre y mi
bisabuela Adelaida ( me dijo el cura Carmelo que, si el tuviera
que canonizar de santa a alguna persona
lo haría con aquella mujer), y en aquellos tiempos ejercían la plasmación del
amor cristiano con el servicio a la comunidad rural y a su hermanos. También, mi tía Lola se
ganaba la vida con su oficio de tejedora doméstica haciendo jerseys, blusas,
saquitos y cooperando con su cuota para poder cobrar la vejez. Nunca le escuché
maldecir el trabajo ni ser antipática con nadie, la dulzura estaba siempre en
sus labios. Nos tenía vestidos a todos con las prendas de lana de última moda.
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