Archivo del blog

sábado, 17 de noviembre de 2012

AGRADECIMIENTO


 

                  
            Estos primeros versos de la Odisea Ἄνδρα μοι ἔννεπε, μοῦσα, πολύτροπον, ὃς μάλα πολλὰ πλάγχθη  inspírame musa para cantar , en voz alta , al hombre, los quise transformar en  cantar en voz alta  los asuntos de la  ciudad. Y me sentí  ligado  al poeta griego Kavafis, en este bello poema que dediqué a Alcalá: "Iré a otra tierra, iré a algún otro mar./Mejor que ésta, ¿ habrá alguna otra ciudad?/(...)Donde vuelvo la vista, mire a donde mire,/ de mi vida las ruinas cárdenas negras aquí las veo, / en he pasado, consumido y gastado tantos años./ No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares./La ciudad te seguirá. Y vagarás por las mismas calles/ Y envejecerás  en las mismas barriadas/ y canas te saldrán en estas mismas casas./ Pues en verdad que Alcalá la Real, como ciudad de congresos, era ella quien  nos había  congregado a un centenar de comunicantes para  desarrollar nuestras inquietudes, nuestras investigaciones y nuestros estudios, y también para exponer nuestras vivencias. Muchos congresistas acudieron de lugares lejanos de nuestra localidad, e hicieron un gran esfuerzo en  acompañarnos con sus estudios a los que habían dedicado muchas horas. La labor inconmensurable, el sumo esfuerzo de recopilación y  la suma empatía  se manifestaron en el trabajo biobliográfico del cronista Domingo Murcia. Respeto y agradecimiento fueron mis palabras para el ayuntamiento local, representado por su alcaldesa, Elena Víboras, su concejal Rafael Hinojosa, y el resto de los concejales, gracias a su apoyo municipal me agraciaron con este momento tan feliz para cualquier persona. Mi familia ocupó un rincón privilegiado de gratitud en este congreso y  también todos aquellos que me han dado la fuerza creadora o la oportunidad para poder ejercer los campos de mi acción social , literaria , profesional, política, o religiosa. Con las notas de Laura Moyano y el " Gaudeamur igitur", interpretado por la Coral Alfonso XI, volvía recordar con emoción el final del poema  "Siempre arribarás a esta ciudad. ¿Para qué ir a otra parte ir?/-no lo esperes-, ya no hay barco ni ruta para ti./Al derretir aquí  tu vida,  en este rincón íntimo,/para toda la tierra tú ya la has destruido./ Sin darme cuenta, me envolví recíprocamente en una red de abrazos y agradecimientos de todos los presentes al acto. Gracias a todos.

 

 

lunes, 12 de noviembre de 2012

ANTONIO LÓPEZ EXPÓSITO


 

 

            Hace años, me encontraba en un archivo parroquial de Alcalá la Real  tratando de concluir el árbol mi linaje familiar. Grande fue la sorpresa al toparme con su final, pues ya no podía avanzar más inserto en una partida bautismal  de una morisca proveniente de las Alpujarras  y avecindada en el municipio de la Sierra Sur por su amor con un campesino labrador del cortijo de un famoso alcaíde.  Con este panorama, me vino a la mente  la presencia del apellido de los Expósito tan frecuente en otras épocas  y encubierto en palabras  de  la Cruz o de otra índole.  Y, siempre me  ha llamado la atención  el interés por conocer sus orígenes de  los que ya  han asimilado  este apellido Expósito como si fuera López o Fernández. Le prometí a su hijo del  mismo nombre,  (y de seguro que lo  plasmaré por escrito) Antonio López Expósito  que se los investigaría por ser su padre un  hombre de aspecto cortesano, apuesto en las formas, siempre  con la sonrisa en los labios, educado y urbano en sus formas exteriores.

Respondía más a un doncel del mundo nobiliario  que a una persona muy n ligada al terruño, al que lo reconocía desde los ángulos más insospechados como pueden ser los rincones cinegéticos o los paseos trashumantes por los mismos senderos que en otros tiempos  recorrió  bajo la guía de su padre  atento al pastoreo  caprino o  lanar. Pues Antonio había sido cabrero en su mocedad, y, ya  en edad madura, fue peón de una tierra que remontaba sus orígenes en las suertes de propios de la ciudad  que había respondido el ayuntamiento entre los yunteros  humildes, desalojados por las injusticias de las hipotecas  obligadas y  de las  inclemencias del tiempo. Compartía las labores de la tierra con el oficio de matancero , que es así como se llaman a los matarifes y carniceros de los cerdos domésticos  De ahí que Antonio,  y por transmisión oral su hijos y nietos,  fuera los mejores  reconocedores de los  puestos más propicios  para esperar la perdiz,  excelentes expertos en recorrer los escondrijos en el corte de los Llanos transformados en una trinchera acolmenada mirando a la Celada y Veimtenovias o  avizores excelentes del prado donde reverdecían las setas  tras las primeras lluvias o  nacían los cárdenos espárragos trigueros. Con esa sabiduría popular supo mimar y trabajar la tierra  hasta que, por las necesidades tan profundas de mediados del siglo XX, tuvo que emigrar a Suiza. Luego, se convirtió en un fiel peón de esa cooperativa de Santo Domingo de Silos que tanto  contribuyó al desarrollo de Alcalá la Real, y creó escuela dando paso a su hijo para que aprendiera el oficio de la albañilería. Casado con  Consuelo Cano, tuvo una prole que no llegó a la familia numerosa de anteriores tiempos, pero que hoy día se considera con este adjetivo. Sus hijos Antonio, Manolo y Rosi saben lo que es su   luchar por ellos y  reconocen el trabajo de sus manos a favor de su manutención hasta que llegó la jubilación. No fue un hombre impasible, acomodaticio  ni amodorrado,  se le veía siempre con su vara de cabrero  andar caminos y desembocar desde la cañada Nevazo volviendo de la torre de la Moraleja desde donde podía contemplar la bella panorámica  de una ciudad de frontera y, en su derredor, unas tierras que se adentraban antiguamente al reino de Granda con un fondo de sierras, cortes montañosos y una pantalla blanca y majestuosa,  al fondo, por las cumbres de Sierra Nevada.  Tras la cotidiana caminata, frecuentaba la curia senatorial del Paseo de los Álamos donde los de su generación  arreglaban la ciudad  colaborando con las autoridades. Pero esa enfermedad incomprensible que le  recorría sus venas, de vez en cuando , le jugaba algunas malas pasadas y  le clavó un ictus  a forma de rejón mortífero que le paralizó sus  andarinas piernas  asentándolo en la cama de un hospital de Granada. No pudo reponerse de este zarpazo, lo había tocado de muerte, recorrió muchas noches con su pensamiento el campo trashumante de su pasión por sus hijos y  devaneó utopías que le gustaría que se hicieran realidad en su hijo Antonio.  Le tocó su final, su corazón no pudo más.  Que la tierra que tanto amó, en el andar y el labrar, te sea leve  como si fueras un hijo  de la madre Cibeles.   

 

 

lunes, 5 de noviembre de 2012

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE PABLO DE ROJAS



ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE PABLO DE ROJAS
 


EL DOCUMENTO DE SU HERENCIA QUE LLEVÓ AL NACIMIENTO
EN ALCALÁ LA REAL Y SU MUERTE EN  SEPTIEMBRE DE 1611
            Hace 401 años murió el escultor e imaginero alcalaíno Pablo de Rojas. Se sabía que era el maestro de Juan Martínez Montañés, también un escultor  fundamental para el desarrollo de la escuela granadina, y , por el estudio de importantes críticos de Arte, que había intervenido en  muchos retablos, imágenes y obras no suntuosas de las diócesis de la Bética Oriental  Hoy día, su figura se ha convertido en un personaje perfectamente estudiado desde que tuvimos la suerte de descubrir el nacimiento en la ciudad de Alcalá la Real y su bautizo en la parroquia de Santo Domingo de Silos, en 1549. Su paso por la vida quedó fijado cuando descubrimos que sus herederos, de ascendencia alcalaína,  habían acudido a los notarios de nuestra ciudad a testimoniar poderes y ratificar la parte de herencia que les correspondía por ser miembros de segundo  grado y quedar sin descendencia con Ana de Aguilar. En el interirm, de aquellos datos encontrados hacia el 1984 han pasado 27 años muy fructíferos para poner al día toda su biografía: su familia de origen sardo ( por su padre el pinto Pedro Sardo), su relación y formación con artistas de Granada y Jaén, su marcha y establecimiento de un taller en la calle Elvira de la ciudad de la Alhambra, su escuela y sus discípulos, su influencia en la vida local granadina y la expansión de su obra en otras diócesis, el refrendo de la maestría sobre Juan Martínez Montañés y la revalorización de su figura.    A pocos días de finalizar  la celebración del aniversario de  su fallecimiento, creemos conveniente destacar varios puntos:en primer lugar, un gran número de obras han ampliado su catálogo de atribuciones a su persona, o, al menos, a su entorno dando lugar a  refrendar la importancia de su gubia y su arte con respecto en el entorno artístico que se desenvolvía; en segundo lugar, ya no cabe duda de esta definición como artista de la figura de Pablo de Rojas:“Rojas es el eslabón que enlaza el romanismo manierista con el naturalismo barroco, el creador de los prototipos de Crucificados y Nazarenos andaluces, y aún de los castellanos; en tercer lugar, se han dado nuevos pasos en el conocimiento de  su biografía-y en esta línea, se ha editado un  reciente libro que gira en torno su  obra y sus coetáneos por varios profesores de universidades andaluzas-;  en cuarto lugar, ya no hay dudas sobre la relación de Pablo de Rojas con diversos escultores e imagineros de su tiempo, especialmente es digno de destacar el parentesco  y relación artística con Bernabé de Gaviria, su sobrino político a través  de su esposa Ana de Aguilar. Alcalá lo ha honrado con su estatua en los Álamos y nombrándole hijo predilecto, falta una muestra magna de su obra en colaboración con otras instituciones.

 

miércoles, 31 de octubre de 2012

MI TÍO DON LUIS


 

 

 

           

Cuentan que en los núcleos rurales, durante muchos años, el cura, el  maestro y  la autoridad civil o militar  (un guarda, un guardia civil o un pedáneo) eran los ejes que estructuraban y  conformaban la vida social de muchas sociedades. Todos obedecían a sus órdenes, seguían sus consejos y  cumplían sus deseos como si se tratara de las  manillas del reloj. Por cierto, no se ha escrito mucho de los curas de la comarca; algo más de las autoridades, (algunos  se extendieron en  la influencia de los zahoríes, precedente de los alcaldes pedáneos). Hoy nos vamos a detener en uno de estos personajes más influyentes de las aldeas: los maestros.   

Se trata del docente Luís Gómez Atienza. Este nació, a principios del siglo XIX, en una casa solariega  de la Fuente del Rey.  El  padre de Luís  era un labrador devoto de la Virgen de la Cabeza, a cuya fiesta del monte del Cabezo acudía siempre todos los últimos domingos de Abril: lo hacía con su acémila y su numerosa familia; incluso hubo años que ostentó el cargo de hermano mayor de la cofradía. Su  madre, Adelaida, mujer prolífica, y religiosa como la que más, representaba la bondad humana y la santidad de los seguidores de Jesús en  la tierra. En su hogar, la familia rezaba al alba, en el ángelus, en las ánimas y  al acostarse.. Por tradición, sus  hermanos se dedicaron al campo  y acompañaron al padre en la venta de la leche  y los más jóvenes ingresaron en el Cuerpo de la Guardia Civil. Luís, el más pequeño, como era frecuente, por aquellos años, marchó a tierras extremeñas, a un seminario de la ciudad de  Don Benito, atraído por los aires de santidad de  un misionero que le había cautivados en las frecuentes Misiones Religiosas, que se celebraban  en la comarca alcalaína para formar  cristianamente a la población.  Sin embargo, por los años treinta corrían aires no muy propensos a los estudios del sacerdocio y Luís  volvió  a sus tierra, imbuido en una fuerte formación religiosa que lo iba definir en toda su vida. Su familia, labradora y ganadera, debió mantener buenas relaciones con el alcalde pedáneo de Santa Ana y, durante los años del bienio radicalcedista, el joven Luís cooperó en la elaboración del censo de aquel partido de campo. Esto le ocasionó más que un disgusto sufriendo los desgarramientos de la lucha fratricida.

Tras la guerra, ejerció de maestro; primero lo hizo en Ermita Nueva y, posteriormente,  desde finales de los años cuarenta, en la aldea de Santa Ana, en los bajos de un gran caserón que miraba  a las espaldas del presbiterio de la iglesia. Todavía lo recordamos con su bata oscura  dirigir el corifeo infantil sentado en los bancos de madera instruyéndole en las primeras letras y en el cálculo de los números, Placentero como el que más, ejercía su autoridad  y transmitía su bondad a sus discípulos que lograba darle ese instrumento fundamental que los iniciaba en el mundo de la formación y la cultura para librarlos de la ignorancia. Su fama se extendía a todos las aldeas, núcleos rurales y a la misma Alcalá la Real, desde donde acudían jovenzuelos para perfeccionarse en sus estudios básicos. Muchas anécdotas recuerdan de la etapa escolar y de una enseñanza en la que todavía no se había extendido su obligatoriedad  y, menos aún,  se cuestionaban los métodos  y disciplina del maestro. Siempre, marcó el ejercicio de la docencia  con la transmisión de valores,  y  la huella del humanismo cristianismo era latente a la hora de impregnar su comportamiento ético e intelectual. 

Preparaba a los niños para el día de la Primera Comunión con gran entusiasmo, ya que era un gran militante de la Iglesia Católica: frecuentaba encuentros diocesanos de la Acción Católica, se imbuía del espíritu de los Cursillos de Cristiandad y  practicaba la piedad  a lo largo del día sin olvidar diariamente la visita  al Sagrario de la iglesia de Santa Ana.  Aún más, ofrecía su hospitalidad y la de su familia, heredando esta costumbre  de su madre Adelaida, a todos los sacerdotes. Francisco Callejas, don Esteban, don Francisco…En su casa. Siempre había un rincón para paliar las necesidades de los excluidos y sus manos rotas derrochaban generosidad a muchas personas carentes de las necesidades básicas. No cobraba las horas extraordinarias a muchos hijos de familias rotas y que necesitaban los estudios para avanzar en su  currículo.

Fue, además, un hombre de amplia cultura, entusiasta bibliófilo, recogió algunos restos de bibliotecas de sacerdotes y  personas cultas, al mismo tiempo que no había novedad bibliográfica que no adquiriera para las baldas de su biblioteca particular. Generalmente, se desplazaba a Alcalá la Real, y  en la librería del maestro don Pascual Baca  compraba todo tipo de novedades.

Don Luís, que era una institución en Santa Ana, dejó su huella en muchos que ya han fallecido y en otros alumnos supervivientes hasta los años sesenta del siglo XX. Luego, cambió de aires, se vino a Alcalá y ejerció la docencia muy pocos años en las Escuelas de la Sagrada Familia. No llegó a los sesenta años cuando le alcanzó la muerte muriendo con la misma paz  que compartió con todos los de su alrededor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y SI NOS FALTARA LA SOCIEDAD DEL BIENESTAR...



 

En el mundo occidental, la sociedad del bienestar ha supuesto un paso de gigante en comparación con otros periodos históricos. El sistema público se organizó, gracias a  la aportación de sus contribuyentes, con una capacidad protectora que podía afrontar y paliar muchas de las situaciones precarias de los componentes de la sociedad europea y española. Ante la falta de trabajo o el desempleo, proveyó los mecanismos para atenuar el menoscabo de la primera fuente de ingresos de los trabajadores en tiempos de crisis o de situaciones difíciles  por los que suelen pasar muchas empresas; en la tercera edad, dispuso de los mecanismos necesarios básicos para afrontar las carencias de una vida feliz  desde la atención a la salud hasta el  momento  crucial de la dependencia de muchas familias; en otras edades de la vida, alcanzó el máximo desarrollo de actividades, infraestructuras y otros programas para conseguir el total bienestar de los ciudadanos.

            Pero si nos falta este sistema público y no existe, en consecuencia, la sociedad de bienestar, ¿qué podría suceder o acontecer? No  nos lo figuramos; criticamos todo  lo que se nos antoja y nos cuesta trabajo mantenerlo, despotricamos de los que se desvelan por luchar por este modo de vida  y nos hacemos de  bruces armando guerras entre tirios y troyanos como si no estuvieran muy cercanos los primeros síntomas del advenimiento de la destrucción de la sociedad del bienestar.  Y yo me pregunto : Para no quedarnos de bruces y creer que estoy escribiendo un cuento de hadas, más bien de duendes malos ¿ por qué no se los preguntamos a las cantidad de personas que acuden a recibir una ayuda diaria de muchos organismos no gubernamentales? Pues estos han sido los primeros que se han dado cuenta de que la sociedad del bienestar  ya no es una realidad, sino que ellos mismos han sido víctimas de un tsunamis arrasador que  se ha llevado  a toda persona por delante sin miramiento alguno, sobre todo a los más débiles y desprotegidos.  Pues, en primer lugar, le ha quitado  o reducido el empleo de su unidad familiar de modo que los ha  mermado drásticamente  en los  recursos e ingresos, con lo que se ven coartados  para afrontar todas las necesidades básicas  ( y digo básicas como el alimento, el vestir, o  la vivienda,  que son derechos constitucionales y, por qué no naturales ). En segundo lugar, las familias se han visto condenadas a un endeudamiento insoportable que  muchas  han agotado hasta las alforjas y alcancías de los abuelos, que lo habían atesorado con gran esfuerzo y sacrificio,  y en un santiamén  se han quedado con los tiestos rotos. En tercer lugar,  muchas personas se han visto excluidas en medio de la pobreza y la vulnerabilidad más lacerante que nos podamos imaginar  y se han convertido  en los seres más desfavorecidos e indefensos de este Tercer Mundo, a cuyas personas  no se les pone la cara sonrojada ante la inmediata isla de pobreza y exclusión social  de l Cuarto Mundo que ha  nacido entre sus paredes. Por último recojo unas palabras del VII Informe del Observatorio de la Realidad Social en septiembre de 2012 Cáritas Nacional “ la evolución de la solicitudes de ayuda de Cáritas no es un asunto pasajero o coyuntural , sino que expresa la consolidación de una estructura social en la que un número elevado de personas y familias han quedado sin esperanza en su proyecto vital”. Lo dejo como  corolario último, pues ha tocado el lado más sensible de los individuos , se ha cortado de raíz la esperanza de muchas personas.

            Ante estas situaciones de pobreza y precariedad, creemos que no nos va coger nunca el tren de la exclusión, y saltamos fácilmente de largo al otro lado de la  vía del bienestar  para irnos a la orilla de la integración social, y en una comarca como la nuestra, que todavía no nos hemos resentido profundamente, nos instalamos inamovibles e insensibles ante la llamada de la solidaridad de muchas familias. Pero si  nos faltara  a muchos la sociedad del bienestar, me pregunto qué haríamos. Pues, como, en otras ciudades, en la nuestra ya son numerosas las personas que acuden a Cáritas y Cruz Roja para demandar  en primer lugar alimentación ( que sobrepasa más del setenta por ciento), luego reclaman ayudas de vivienda y empleo, ropa y calzado, gastos sanitarios y asuntos legales. Y siempre, con la cabeza alta dicen que lo que quieren conseguir es un empleo, porque lo otro lo piden con la cabeza gacha por el amor de sus hijos que tienen que comer diariamente.  

 

martes, 23 de octubre de 2012

ANA CORTECERO



 

Hace varias semanas, el joven Carlos Hinojosa se despedía del cargo de la  delegación del  Instituto Andaluz de la Juventud de Jaén; el pasado jueves 11 de octubre, Ana Cortecero, concejal de Recursos Humanos, Policía y Turismo,  bajaba las escaleras del ayuntamiento alcalaíno tras una intensa vida dedicada a la res publica despidiéndose de la representación oficial, en la que se ha mantenido durante más de trece años. Le pesaba dar su último adiós en una casa, en la que ha pasado ( en sus palabras de su discurso final, recogiendo el verso machadiano “ todo pasa y todo queda”)  muchas horas de trabajo y lucha por defender los intereses de “su ciudad”, tal como viene manifestando en muchas declaraciones a pesar de ser natural de la ciudad tosiriana . Aún más, no solo lo ha expresado públicamente, sino también muchas personas han podido comprobar diariamente  su amor por nuestra tierra y sus gentes renunciando a cotas más altas en favor y entrega por mejorar el bienestar de los alcalaínos y cumplir el compromiso firmado, a lo largo de tres gobiernos, en la cartas del programa y candidatura que asumió y afrontó en los primeros años del segundo milenio.

A todos nos han sorprendido favorablemente numerosos aspectos de su participación y presencia municipales, su ser, su estar y su hacer. Pero, nadie puede olvidar tampoco  que Ana se ha adaptado totalmente  a su nueva ciudad,  que le acogió en sus primeros pasos de impartir la enseñanza secundaria, aportando su profundo saber, su fructífera pedagogía y su dotes de magnífica y eficiente directiva para dinamizar el funcionamiento del instituto Alfonso XI ; también ,  supo ser receptora a la llamada  e invitación de formar parte de la tarea colectiva para  colaborar con el  progreso y desarrollo de Alcalá la Real en todos los campos que asumió como concejal de cultura o de gobernación municipal. Como mujer luchadora, valiente y tenaz ante la adversidad, nunca se arrugó  ni en los momentos difíciles, ni moldeó su  forma de ser  a las corrientes del aire pasajero, sino que mantuvo siempre la esencia de su intelectualidad apoyándose en el  razonamiento y dando siempre todo tipo de argumentaciones para describirnos el universo realista de  una Alcalá en progreso, que dejaba su sabor de terruño para convertirse en una ciudad del siglo XXI. Nunca le faltó el rigor científico  y siempre  cuidó del protocolo de cuidar  la amistad entre todos los que le rodeaban: en la docencia o  en la praxis política, su melodiosa voz y su mensaje argumentativo siempre serán una seña de identidad de muchos actos de su pasada permanencia en la vida local.  Comprendo,  perfectamente, aquellas palabras que dijo en su despedida como profesora del centro educativo , aludiendo que “siempre se sentirá profesora del IES Alfonso XI y este será su centro”, porque fue el  centro en el que dejó una huella imborrable, y, en este caso, esta perdurará en muchos alumnos a los que les abrió  los ojos con el discurso racional  y le recordarán cuando muestren a sus hijos aquella agenda  escolar , en la que daban sus primeros pasos de acercamiento al mundo de  la filosofía.

En la historia de Alcalá hay hitos que han marcado un impacto especial entre la población, Ana será siempre muy bien recordada por el pueblo alcalaíno ( Etnosur, Biblioteca Municipal, la Cultura explicada y razonada, Turismo de Excelencia….) y, en palabras machadianas, aunque todo pase y todo quede “Ya es sólo brocal el pozo; púlpito será mañana; pasado mañana, trono./". 

   

 

domingo, 7 de octubre de 2012


MI TIA LOLA

DOLORES GÓMEZ FREIJÓO
 

            En el paraje de aquella casona de la aldea de  Santa Ana, pasaba, durante mi niñez, todos los meses de verano, como si se tratara de unas vacaciones escolares. Aquella mansión rezumaba olores de tiza de clases particulares de verano y de tinta azulona de los pupitres de madera, que se ubicaban en la clase de la planta baja. En aquel caserón, todos los días subía a sus trasteros de la tercera planta para curiosear las frutas que maduraban  en las trojes repletas de trigo de la ultima recolecta. 

            Me llamaba muchísimo la atención la prominente  barbilla de mi tía Asunción, con la que me atraía siempre a su regazo y me acariciaba como si fuera su hijo pequeño, a pesar que sólo era su sobrino. Siempre, la veía vestida de negro, con el rosario en la mano, rezando novenas a la imagen de una pequeña Virgen, que presidía el acomodador de la segunda planta y mi bisabuelo José María, ( dicunt) se había encontrado en el camino de aquella meseta, antaño comunal y  bien de propios, llamada de  los  Llanos, y , ahora, en manos de nuevos propietarios que habían acumulado todas las parcelas del repartimiento de Carlos III tras la desamortización de Madoz.  Mi tío  Luís, que era el maestro de la aldea, y era hermano de Asunción  y Lola, ejercía de paterfamilias de aquella estirpe peculiar y muy religiosa; me gustaba mirar por lar rendija de la puerta del aula a los despistados alumnos y  siempre  le seguía los pasos porque me entusiasmaba cuando llegaba de Alcalá lleno de paquetes de libros que colocaba con mimo en las baldas de su pequeña estantería. Nombré  a mi tía Lola como si no  fuera nadie. Y encarnaba  para  mí ,  y para todos  sus sobrinos y resobrinos  la señal  y presencia del amor en el más amplio sentido de la palabra. Durante mis vacaciones, se desvivía  por el hecho de que lo pasara lo mejor posible,  se convertía en mi segunda madre y  me  llenaba de mimos y de  muestras de cariño  durante todas las horas del día. En aquellos duros años del franquismo, pude disfrutar de  algunas cosas que no  se frecuentaban en mi casa  como el  chocolate de tabla ( pues  en la mía  se  nos daba el  de bollo de Priego de Córdoba con un canto de pan con aceite),  o como  las frutas y hortalizas frescas de las huertas de la Fuente del Rey. Mis dos tías  y mi tío Luís frecuentaban todos los cultos de la iglesia de Santa Ana, eran beatos en el buen sentido  filológico  e histórico de la palabra, personas felices entregadas al servicio de Dios,   y en concreto  de su Ecce-Homo que presidía la escalinata de su casa y habían heredado  de su antigua casa de los Núñez en la Fuente del Rey. Lo habían recibido de sus padres, sobre todo, de su madre y mi bisabuela  Adelaida  ( me dijo el cura Carmelo que, si el tuviera que canonizar de santa  a alguna persona lo haría con aquella mujer), y en aquellos tiempos ejercían la plasmación del amor cristiano con el servicio a la comunidad rural  y a su hermanos. También, mi tía Lola se ganaba la vida con su oficio de tejedora doméstica haciendo jerseys, blusas, saquitos  y  cooperando con su cuota  para poder cobrar la vejez. Nunca le escuché maldecir el trabajo ni ser antipática con nadie, la dulzura estaba siempre en sus labios. Nos tenía vestidos a todos con las prendas de lana de última moda.

 

            Murió Asunción, y Luís y Lola se vinieron a Alcalá, porque su hermano como maestro  trabajó en el colegio de la Sagrada Familia ( Safa.) Poco le duró la alegría a mi tía Lola, pues Luís murió de un repentino ictus. Con mi madre, la visitaba, de vez en cuando,  en aquella casa sombría y algo fría  de  la calle  Alonso de  Alcalá, que le causaba enfermedades reumáticas y unas cataratas adelantadas. Siempre rebuscaba algo para que me fuera con el bolsillo lleno de alguna calderilla. Su última donación fue una  parte de la antigua biblioteca de mi tío  ( los libros sacros y de anticuarios)  y aquella vitrina  del Eccehomo que deposité en el Museo de San Juan. Luego, siendo sexagenaria, cambió la soltería para formar un hogar como esposa. Recuerdo que me dejó de herencia una  serie de fotos familiares que conservo como oro en paño, son las señas de identidad de la familia de los Gómez. Son la memoria histórica de la Alcalá clerical del siglo XIX, la España de la posguerra con los encuentros de los cursillos de Cristiandad y con  las escuelas rurales de Ermita Nueva y Santa Ana, donde ejerció la docencia mi tío Luís. Con ellas puedo rellenar muchas ramas de todo el árbol genealógico de la familia Gómez Atienza y Freijóo Cano . Mi tía Lola enfermó  del corazón con el que tanto había amado, y marchó a una residencia de Montefrío, donde murió  tras varios síncopes sufridos en los años anteriores. Fue una mujer  buena en el buen sentido de la palabra como todos los Gómez, muy  religiosa como su madre Adelaida   y con el dardo de amor  cristiano, en el corazón. tan clavado  que nunca la olvidaré, pues  trataba de  paliar el dolor ajeno hasta lo indecible, No se me olvidaré  el hecho de que recogió todos los pasquines de una campaña electoral de 1979 porque los pisoteaban en el suelo de las calles de Alcalá y ella  se sentía herida por ser la fotografía de su sobrino la de uno de  los que figuraban en  aquel  díptico. Más amor no se puede pedir, hasta en la ausencia.