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domingo, 10 de mayo de 2026

EN LA SEMANA DEL JAÉN. LA CUEVA DEL JABONERO

 LA CUEVA DEL JABONERO

La cueva del Jabonero forma parte de un yacimiento que se encuentra en una pequeña meseta, donde aprecian restos de construcciones muy deterioradas. Entre los materiales en superficie destacan por su número hachas de piedra pulida y bruñidas. Posiblemente en el interior de la Cueva exista una zona de hábitat, sin embargo, la colmatación existente impide apreciar restos de fragmentos cerámicos.

Es muy importante el entorno de la Cueva del Jabonero, ya si nos acercamos desde  la zona de las Diaclasas, bajando del  altozano de la Torre vigía de la Nava; ya  si partimos de la parte alta de pueblo por un carril bastante pendiente que  pasa por las ruinas de la Ermita del Calvario, y, una vez perdido el carril, se continua por un bonito sendero a los pies del roquedal que te acerca a la Cueva del Jabonero; ya si te acercas por el carril que baja desde la parte de atrás del cortijo de la Nava.

Suele optarse por la primera ruta. A través de terrenos imposibles de cultivar, sin agua, pero bellísimos por su entorno y medio y su paisaje que nos llevaba la vista a las Vegas, por senderos y no senderos parecidos al Torcal, con alguna que otra sima y torcales  llegamos a la Torre, bellísimo paraje que conduce la vista hasta la Mota, por el camino de las tropas castellanas y los sitios de la Fuente del Gato, Guadalcotón, Charilla, torres ; y a nuestro alrededor puestos de perdiz y retama por vigías ( Charilla y Boca Charilla, Pedregales en el horizonte) los Tajos ( el Hacho y asoman los zumacales). La Torre Vigía de la Nava se encuentra en el borde de un mirador de 1054 metros, con excelentes vistas sobre Alcalá la Real y Sierra Nevada, desde aquí se divisan territorio de tres provincias, Jaén, Granada y Córdoba. El cuerpo es cilíndrico de 4,33 metros de diámetro en su base por 8.84 metros de altura. El descenso es Bordeando por la parte alta de la cornisa del cerro de la Nava hasta la carretera N-432, después un trozo de carril, un sendero de herradura que conecta con un carril que te deja en el pueblo, desde aquí a nuestro sitio de partida. La etapa no tiene grandes dificultades, de modo que se debe extremar la precaución en las simas producida por las Diaclasas.


             Desde aquel paraje se baja a la Mesa Redonda, por un cerro espectacular entre linderos de tierras de mampuesto, algún que un hongo y pocas setas. Cantan los pájaros y se observan las hocicadas de los jabalíes, y el guía nos explica la casa de Toribio, los maquis del grupo de Cencerro y sus encuentros con los vecinos del Castillo, sus delataciones, la era, el sistema de producción, el fracaso del colonato…en la bajada, alguna que otra torcedura superada por nuestro tercer apoyo y, tras unos tajos se nos anuncia la cueva del Jabonero. Antes, parada de lujo y subida a la Mesa Redonda con vistas inigualables.  Reculando se llegamos a ella, y encanta el lugar entre zarzos, arbustos, olor a otoño húmedo. El guía explica la leyenda de la moza del jubonero, que se libró del acoso de los franceses en la Guerra de la Independencia. Los más intrépidos y el hombre garzo de Moisés suben al interior de la cueva, mientras explica la cueva chica y el encierro de cencerro en esta guarida. Buen sitio.

LA LEYENDA

La cueva del Jabonero es una de las muchas que existen en Castillo de Locubín, de una belleza extraordinaria y muy visitada por los castilleros y castilleras y otras personas senderistas, turistas y aficionados a la espeleología.  Cuenta la leyenda que, durante la Guerra de Independencia contra los franceses, vino a refugiarse a Castillo de Locubín un maestro jabonero con su hija, que se ganaban la vida elaborando jabones, con el aceite de oliva usado que abundaba en estas tierras del Sur (en el Castillo por producción, en Alcalá la Real por consumo). La hija del jabonero era una joven muy hermosa y la cortejaban los mozos de los alcalaínos. El jabonero ideó esconderse ambos en una cueva cercana al pueblo, con el fin de preservar a su bella hija de la atención desmedida de los soldados franceses, ya que los abusos y ultrajes por parte de los soldados de las tropas de Napoleón eran muy frecuentes. Así pues, decidieron esconderse durante bastante tiempo en esa cueva, que hoy lleva su nombre, "del Jabonero". Los castilleros le llevaban comida y, tras la huida de las tropas napoleónicas, salieron de ella, continuando con su vida cotidiana y elaborando jabones de extraordinaria calidad en la zona de la Tejuela. A partir de entonces, esta cueva lleva el nombre de la profesión que ejercía este señor: “La Cueva del Jabonero”.

Esta es la leyenda, pero esto es la realidad. Hay una serie de documentos notariales del AHPJ referidos a Alcalá la Real, donde aparece la Cueva del Jabonero, ya dos siglos antes. Quedémonos en 25 de marzo de 1663. Doña Paula Pacheco de Barrionuevo había enviudado de don Alonso de Herrera y Valenzuela, nada menos que veinticuatro caballeros del cabildo granadino e hijo del regidor y depositario alcaláino Francisco de Herrera, y se había encerrado en el monasterio dominico de Nuestra Señora de la Encarnación de Alcalá la Real. En su locutorio, acudió el castillero Francisco de la Rosa y le compró una finca. Nada menos que un haza de media fanega de su propiedad, que la lindaban varias fincas, que nos ilustran del paisaje agrícola de aquel tiempo: por ambos lados, dos olivares (uno del propio comprador y otro de Alonso Pérez); por la cabecera, servidera de las viñas de la Nava; y por lo bajo, olivar del castillero Diego Collado. Y denomina el haza con el nombre de la Cueva del Jabonero. Así, de claro. Y la vende por juro heredad en la cantidad de doce ducados. 

Ahí, los datos del siglo XVII (AHPJ. ESCRIBANO JUAN LÓPEZ DE LA CHICA. LEGAJO 5090. FOLIOS 184 Y SS.):  la cueva ya se llamaba del Jabonero, el paisaje era s muy semejante al actual, con algunos cambios del viñedo y del asfalto actual sustituyendo a la antigua servidera. Por aquel tiempo, la leyenda no existía, pero el jabonero debió ser un primer propietario o un arrendador; el aceite o las cenizas servían para el jabón.

Existen varias entradas para acceder a la cueva, Para entrar en su interior hay que trepar en la entrada de unos dos metros de altura; la otra entrada es inaccesible; por su parte, la cueva es bastante amplia pero no muy profunda. También es célebre por haber servido de refugio a personas durante la Guerra Civil, y, lo más comentado, por pasar en ella su primera noche el legendario maqui Tomás Villén “Cencerro”. Desde la cueva y su embaucador entorno se sube   Mesa Redonda, que nos sirve de fantástico mirador natural sobre el casco urbano de Castillo de Locubín y el incipiente Valle del Río San Juan.



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