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domingo, 13 de octubre de 2013

CAPÍTULO XIV. EL ESCRIBANO PINTOR ENTRE EL MISTERIO Y EL EROS


            CAPÍTULO XIV. EL ESCRIBANO PINTOR ENTRE EL MISTERIO Y EL AMOR.  SUS DELICIAS.

 

 

Antón se levantó esta mañana con el desasosiego en el cuerpo de haber dejado para otro domingo la segunda parte de la  presencia alcalaína en la Guerra de la sublevación de los moriscos, lo que correspondía a los tiempos de gobierno militar de don  Juan de Austria. Apenas se veía por la oscuridad de las nubes, e hizo tiempo, adentrándose por otro recorrido más llano con el fin de evitar algún tropiezo:  lo hizo por la calle de los Mesones y parte alta del barrio de san Sebastián; llegó a la puerta del Aire y , tras pasar por las caballerizas del abad, escuchó el relincho de los caballos de tiro. Dejó atrás el Bahondillo, se fijó si estaban abiertas las puertas del Palacio Abacial y, por la Calancha  marchó a la calle del Preceptor hasta la Plaza Alta. Las ventanas estaban cerradas y se escuchaba el jadeo  humano de los vecinos acostados y algunos estornudos de sus pequeños en aquella mañana de Diciembre. En la plaza saludó a los porteros del cabildo y al alguacil menor del corregidor. Por fin llegó a su tienda de escribanía, donde hacia una hora se encontraba su patrón el escribano Gome Muñoz, con grandes ojeras de no haber pegado ojo en toda la noche. Los amores lo tenían trastocado y no sabía cómo meterle mano a aquel laberinto de signos geométricos que se le caían de sus manos en forma de dibujos esotéricos  engarzados con las leyendas de la Mota.

A-Buenos días, mi señor.

G-Buenos días, Antón.

A-¿Como se encuentra, señor?

G-Igual que ayer, no sé cómo encontrar el final del hilo del ovillo. Me lleva esta dama por la calle de la Amargura. Un día me envía un mensaje: que si no soy hidalgo; otro se  remonta a mi limpieza de sangre; al siguiente , otro que si sus padres madres no me quieren…. Me dijo anoche con su criado que la clave se encontraba en una piedra de la torre de la Iglesia Mayor ¡Cómo no tiene sillares, esculpidos y dibujados! No hacía más que darle vueltas y revueltas a mi mente, y dormí con las piernas al aire casi todas las horas de la noche. Al fin di con algo que presencié una mañana de hace pocos años   en su elaboración acompañando al cantero de su talla.

A-¿De qué se trata?

G-No lo sé con seguridad- pero, subiendo a la habitación  superior del coro  se encuentra una leyenda.

A-No la he visto yo nunca.  Ni un ápice de inscripción. Bueno, en esa habitación, de seguro que no.

G-Más bien en unas escalinatas que nos  introducen  al corredor del antepecho del tejado.

A-Creo que en las escaleras tampoco. Se lo aseguro. Ahí, no hay nada.

G-Llevas razón. En el intradós que se simula en el dintel de la puerta.

A-Eso sí. Ahora recuerdo que ahí se encuentra un anagrama  con  una leyenda que yo no he podido descifrar  nunca

G-Es algo así como Mº y  Lº unidas . Y, en su interior algo así como  VCO

A- Lo primero, podemos adivinarlo. Esto último totalmente  unido, entrelazado y para leerlo , no los saben más que  el cura Blázquez y tú).. Y  y una fecha que le orla.15…

G-Setenta y siete. 1577. Una muy bella inscripción, preciosa, con letra cortesana, renacentista. Le da majestuosidad a aquel rincón, que no debió servir, Antón, si no para la escapada de los músicos  durante las horas de rezos  de los capellanes y para perderse los cansinos sermones del señor abad.

A-Y para echar un canita al aire o brindar  con el vino torrontés por  poder cobrar la misa. Más bien, para poner trampas el pertiguero a los pájaros que merodean estos parajes. Allí, no sube ni el campanero  sino que desde en el antecoro toca  la campana. Y solo curiosea  cuando se le parte la soga o los días de retejo.

G- Yo he subido pocas veces, una con un maestro de obras, que contrataron para diseñar la parte alta,o chapìtel  pero no llegó a lugar. También, en otra ocasión... ¿No te acuerdas del día que se contrató  la campana meno para el toque de la quedar?

A-Sí, claro que sí. Y una vez le ayudé a encender las luminarias de las Vísperas del Corpus.

G-Bueno, bueno, dejémonos de d historias. Mº y  Lº quieren decir

A-Maestro y Licenciado.

G- No, qué va, la Lº  es la abreviatura  de licenciado en muchos documentos  y en muchas inscripciones, pero aquí no tiene sentido. A no ser que fuera el abad que mandó hacer la obra.

A-Puede ser Lº, ¿un nombre?

G-´Eso es. Puede ser  Leovigildo , Lorenzo, Ludovico, Lucrecio Luyso, Lázaro..

A-Para, para, mi señor---Uno de ellos es…Pero yo no conozco a ningún Luis maestro de obras, ni Lorenzo,  y Ludovico y Leovigildo son reyes visigodos.

G-Entonces será Lorenzo.

A-Lázaro, evidentemente, es y  tengo en la punta de la lengua el apellido de aquel yerno del Florentino que tanto frecuentaba la ciudad en las obras de la abadía. Pues, está claro que aparece y me  dices que hay una  V dentro  y luego CO. Pues  falta más que ELAS.

g-Claro que sí. No puede ser otro que  Lázaro de Velasco, quiso distinguirse con su firma. ¿ No te das cuentas que la torre tiene un estilo diferente en las bóvedas de todos los pisos al resto de los pies y el coro de la iglesia?.

A. Evidentemente.

-G Ya tenemos una clave.

-A Pero ¿ qué pinta esto con tus amores?- Le inquiere Antón poniéndole cara de extrañado.

G-En absoluto, nada. Pues la firma  es un documento histórico para la posteridad,  Un sello del artista. Me refiero, Antón,  a lo que hay escrito al lado “Deliciae mea et ign.. .

A.-Me suena a amor, a juventud, …a una mala vida .

G-.¡Qué tío  más culto debió ser! ¿Copiaría a Horacio? ¿ a Ovidio? Me suena mucho a Gayo Valerio Catulo, el poeta del amor por excelencia. Y lo escribió un clérigo culto copiando algún manuscrito de un  libro de poetas latinos.

-A. Puede ser. Pero, salvo, en tiempos de frontera de los Reyes Católicos, no hubo abades muy  cultos acompañados de conocedores del latín.

G-Blázquez me suele comentar que Pedro Mártir de Anglería recitaba poemas de amor a sus colegas y venía con la corte de Isabel. Y es que me suena Delica mea et ignis , al fuego del amor.

A-Maestro , no llego a tanto. Yo, solo sé algún romancillo y un soneto de Petrarca.

G.- Antón,  si  hay un poeta en el mundo clásico que refleja, por excelencia,  el canto del amor este es Gayo Valerio Catulo que vivió en  los últimos años del siglo I antes de Cristo. Sus poemas, “Cármina”, es un itinerario amoroso de un poeta espontáneo y desenfadado, que nos descubre líricamente todos los recovecos del  alma de un apasionado amante atraído por una mujer libertaria del  mundo romano.

-Como se encuentra mi señor, ardiente, fogoso, como un potrillo desbocado.

- Es verdad. Como vivo yo en estos momentos, sus versos saltan sentimientos de intenso amor a  movimientos de odios viscerales pasando por cantos a los caprichos de su amada. Así adaptaba  este  famoso poema  de  Catulo con  esta traducción libre,  que respira el apogeo amoroso:

 

Vivamos,   Lesbia mía, et amémonos

            Y un céntimo, nada más,  nos importen

             De   los trasnochados sus palabras banales:

             la luz pura del sol, un día,   muere,

y, con fulgor, día después,   renace.

Si la llama declina brevemente,

Durmamos, pues, una eterna noche,

Mil  besos, pronta, ven a darme,

Mil besos, luego, ven a doblarme,

Mil besos más, cien mil hasta saciarme

Luego, otros cien mil, un millón  más

Hasta hacer la cifra interminable.

 Que sea  cadena de  ósculos infinita

 Sin correcta cuenta, y al libre socaire,

Envidia del cornudo que nos acecha,

En tanto nuestras bocas se eternizan.

 

A-Pero mi señor, usted vive las vacilaciones y dudas que le conlleva el amor de Lesbia, su sentimiento  del amante herido.

G-Espere, se lo voy a recitar, es el poema 85, los versos más cortos y más intensos de la lírica amorosa, alargados por la versión poética:

 

            Te odio y te amo,  cara pura  de Jano

¿acaso real, o, en  verdad,  posible?

            pregunta para ti desconcertante,

            entraña rota en la cruel tortura

de sentimientos duales de un amante.  

 

A-    No se dio usted  cuenta de la calavera que hay sobre estos versos.

G-    También en los versos hay respuesta con  estos versos  que hastiado de la vida  política del siglo I antes de Cristo, exclama:

 

            ¿Qué te pasa, Catulo,  que Caronte

Te espera, en la laguna, a embarcarte?

Si ya  Nonio tu enemigo escrofuloso

Se sienta sobre la silla justiciera,

 E impaciente Vatinio  profiriera

            un pronto  y de seguro consulado

            ¿Qué te pasa, Catulo, que Caronte

            Te espera con la barca en la ribera

            Y te  tardas soñando en quimeras?.  

 

            A- Mi señor, pero este poeta es más bien un idealista  que vive el amor platónico.

G. Que no,  que no.  A lo largo de sus poemas, Catulo se resiste a descubrir el nombre de  su amada para revestirla con la sacralidad del mundo clásico  y llamarla Lesbia Delia ( la de la isla  de Lesbos, la poetisa del  amor)como hacen muchos poetas que se evaden, por medio del anonimato, de la carnalidad de su amor presente  Su escenario es trastiberino, lejos del ágora o del foro romano, sus versos resuman  la alcoba de los cubícula de las  domus romanas. Tan sólo, se congracia con la poesía amorosa griega en los poemas largos como  el de Himeneo, las  bodas de Tetis y Peleo. Pero, en sus versos  se huele la atmósfera regada tras una lluvia fina o, se barrunta una tormenta con olor a pólvora mojada. A pesar  del rechazo, en los momentos finales de su discurso amoroso, siempre deja encendida la lámpara de un renacimiento del eros, lo que yo sufro ahora:

 

Mil y una vez,  Lesbia me maldice;

 contra  Catulo ahora despotrica,.

 Que me muera, de amor, si  no me incita.

 Mil  y ciento de señales me remite,

Y con el dedo, desvelarla puedo

Que m e muera de amor porque la quiero.,

-Está loco , mi señor. No ve la calavera     

           

                        En medio de esta tertulia poética, se acercó el cura Blázquez. Y, le dice al escribano pintor:

-          No tiene nada que ver aquella inscripción con Catulo. Todo lo que sabes, es de su época de estudios en los colegios universitarios de Granada.

Lo invita a subir a la torre, para ratificarlo. Se marcharon Blázquez y el escribano Gómez. Abren la puerta baja de la torre por la capilla del baptisterio. Suben pausadamente las escaleras y,  al llegar a la sesenta y ocho, se adentran a la sala  del Reloj. La pasan ligero como si le comiera la prisa  y se sientan en la escalera. Miran a la izquierda y ven el anagrama de Lázaro de Velasco.

            Comienza a leer en voz alta el cura Blázquez y dice

-DELICTA IUVENTUIS MEAE ET IGN

            -Gome, que no es deliciae, sino delicta. No son delicias, sino delicta, los pecados.

-Reverendo, pero el ignis

-¡Qué ignis!

-Eso es el inicio de ign….orantiam

-.Me suena a un a frase que comentó san Agustín sobre el pecado.

-Claro es el versículo 7 del salmo 24 , que dice    DELICTA IUVENTUTIS MEÆ, ET IGNORANTIAS MEAS NE MEMINERIS. SECUNDUM .....

-En nuestra lengua romance.

-No te acuerdes de  los pecados ni  de mis faltas de juventud….

-Ya, esta mujer  me puso otra zancadilla en mi escala de amor. Ya se acordó de mi vida pendenciera durante  mi adolescencia.

Bajó la vista,  y  entonces le señaló el cura la calavera sobre la inscripción  mientras le deletreaba  la frase que le rodeaba.

- MENTO MORI. -Como ves, poco clásico y amoroso. Arrepentimiento, señor escribano. Déjate de cuitas amorosas. ACUÉRDATE DE QUE TIENES QUE MORIR. Lo dice el salmo.

 

 

 

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