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sábado, 25 de julio de 2015

FIESTA DE SANT YAGO EN ALCALÁ. FELICIDADES A LOS SANTI


LA FIESTA DE SANTIAGO


-Se llevó a cabo a finales del siglo XVI y competía con la de San Juan, exponiendo los actos organizados a la oportunidad climatológica  del momento y participando de las mismas actividades caballerescas para el fomento de la milicia local y la ganadería de caballos, yeguas  y potros.
-Como actividad religiosa, vísperas, misa y procesión que salía por la puerta de la Iglesia se dirigía a la Plaza y volvía por la otra con acompañamiento de toda la clerecía, beneficiados y capellanes de Santa María y Santo Domingo, recorría todas las calles limpias en derredor de la calle de los Méndez de Sotomayor, Palacio Abacial y Calancha.
  -Como actividad  fundamental era el juego de cañas y toros. En 1572, el gasto de 25.030 maravedíes nos da muestra de la importante cantidad con la que se afrontaron los regocijos de la fiesta.
Solía alzarse el pendón de la ciudad  en este día.
-Los toros eran la otra actividad  en la que competían las cuadrillas de cuatro en cuatro de caballeros-alcalaínos y forasteros- en la Plaza Alta de la Mota, algo así como la corrida de los Rejones de nuestros tiempos. Tan sólo se solía contratar a un joven del pueblo que toreaba los novillos a capeo, lo que daba lugar a accidentes de corneo. El protocolo de las ventanas de la Plaza Alta y de las ventanas de los Corredores  jugaba un gran papel a la hora de repartirse el sitio para asistir a la fiesta  entre autoridades y oficiales. Chirimías y atabales alegraban el acontecimiento y a veces debían contratarse a ciudades importantes como Granada. Pagaban los menuderos y carniceros de la ciudad la mitad de los toros, unos cuatro, y el resto lo hacía el ayuntamiento. Los toros procedían de ganaderías de la zona y tenían nombres curiosos como Gamboa en referencia a un regidor del cabildo municipal.
-En la iglesia Mayor abacial se encargó una imagen de Santiago a finales de siglo imitando a la de Granada, con Santiago montando a caballo para celebrar la fiesta de una manera religiosa, incluso dio nombre a una capilla del testero.
El pago del voto de Santiago  se mantuvo  hasta muy avanzado el tiempo ( XIX) y algunos vecinos que eran  caballeros de Santiago nos muestran en la ciudad la importancia de este santo en Alcalá la Real.
La fiesta decayó a mediados de siglo XVIII hasta el punto que hubo que recordar su celebración pòr la Corona, como aconteció en 1643.







viernes, 24 de julio de 2015

HACIA SAN YAGO Y FOTOS DE LA REMODELACIÓN DE SAN BLAS.




Julio


El día veintidós se celebraba la fiesta de santa María Magdalena, el veinticinco el apóstol Santiago y el veintiséis la de la Señora Santa Ana. Se celebraba en toda la abadía  por Breve de Gregorio XV.


Si importante fue la anterior celebración, no lo fue menos la del año 1732 con motivo de la Toma de Orán. Además de la fiesta religiosa( rogativa, novenario, orador que mueva el corazón, misa y procesión general con asistencia de los dos cabildos),  se encendieron las luminarias tres noches, se repicaron las campanas y se anunciaron las fiestas con cohetes. Coincidiendo con el día de Santiago, se representó una mojiganga:
por todos los gremios una mojiganga pública , en que se ejecute dicho día por la tarde a competencia unos de otros con varios disfraces e ideas manifestando en ello la suma alegría y complacencia, que tenían de favorable noticia, finalizándose con juegos de mano, castillo, luminarias públicas y repique general de campanas, concurriendo con esto estar todas las calles con teones y luminarias.








jueves, 23 de julio de 2015

DESDE LA TORRE DE LA IGLESIA DE SAN JOSÉ DE LA RÁBITA. En Alcalá la Real. Ideal.



 

            Podía elegirse una torre de cualquier aldea, más bien una espadaña de las que abundan por doquier de la comarca de la Sierra Sur, porque no llegaron a ser parroquias o viceparroquias hasta muy avanzado el siglo XIX. Antes y ahora, eran ermitas que prestaban los servicios religiosos a muchos vecinos de los campos alcalaínos; ante sus puertas, era el lugar de encuentro de los campesinos para recibir edictos municipales y celebrar acontecimientos festivos; e, incluso, sus capellanes y ministros  ejercieron como los antiguos zahoríes:  de consultores, maestros, relatores, tutores, cuentacuentos y de leyendas, avalistas, notarios fideitarios, sobresalientes y hasta recaudadores. Hasta que no se nombraron los alcaldes pedáneos o los vocales de barrios, tuvieron que comunicarse con el poder municipal de Alcalá la Real mediante estos capellanes, que dejaron el paso a los ministros de la justicia reconvertidos por decisión del cabildo municipal en sus legados a la misma altura y nivel de los de  la ciudad de la Mota.
            Estas torres o espadañas son testigos, claros y notorio, del devenir histórico del mundo rural de la comarca de la Sierra Sur ; desde el campanario, muchos vecinos contemplaron el vasallaje de los grandes rentistas- antiguos caballeros o familias hidalgas- sometidos al trabajo diario del sol a sol como gañanes, pastores, jornaleros a sueldo o soldada, luego algunos labradores conquistaron los terrenos menos fértiles y montañosos, y con sus yuntas roturaron las sierras y las pendientes y se hicieron un hueco laboral en el mundo rural, casi siempre disperso o a la vera de los caminos pecuarios, reales o municipales, donde se les concedía un solar para levantar una choza o  una pequeña  casa; finalmente, se asentaron constituyendo los núcleos rurales concentrados en forma de las catorce aldeas alcalaínas dando una nota especial al paisaje de la antigua Abadía.
            Y las Riberas surgieron molineras; Santa Ana conquistó el prado de los Llanos y las huertas de las Fuente del Rey; Cantera Blanca pasó de la dispersión de los cortijos del Llano de los Muchachos, las Roturas y Villalobos a la concentración de La Pedriza; Mures recogió los roturadores de la dehesa de su mismo nombre; Ermita Nueva, hizo lo mismo con la dehesa del Camello; la Venta de los Bramaderos se hizo aldea de paso ocupando el lugar de las Peñas de Majalcorón; desde la Cañada Membrillo a la Venta Valero , la Sierra de la Solana, agrupaba los cortijos de la Hortichuela y Fuente del Soto; nunca San Isidro llegó a emular otras aldeas, porque quiso mantener el rol disperso de sus Caserías en contraposición de Fuente Álamo que  recogió a los ganaderos de su dehesa en un aldea concentrada en torno al fuente; Charilla mozárabe, hegemónica y poblada del XIX, fue la primera en recibir los aires de libertad; y, por último, la  Sierra de San Pedro  se convirtió en  la síntesis de los partidos de campo alcalaíno: la Rábita como populosa aldea al socaire de su dehesa;   centro neurálgico  de comunicación, San José¸ venta, lugar  paso y antaño poblada  recordando el antiguo ribat que labraba las tierras de riego de la Laguna; las Grajeras emulando a las Caserías ; y muchos cortijos y casas de campo como los Canales o  el Veredón.
Y, desde el campanario de cada una de las aldeas, se asistió en repetidos momentos de la historia a la despedida de una diáspora de agricultores, que primero lo hicieron, allá por los años cincuenta del siglo XX,   a muchos lugares del extranjero. y, por otra parte,  los más pudientes al casco urbano o municipios cercanos a finales del mismo siglo. Fueron dos fases del despoblamiento del  mundo rural que dieron lugar a  que  la población de la ciudad de la Mota se multiplicara casi por tres con respecto a la de aldeas en el siglo XXI. Muchas espadañas sangrarían, por los años cincuenta y sesenta,  con las lágrimas de muchos vecinos que tuvieron que abandonar sus casas sin más recursos que sus propias manos para trabajar en las fábricas alemanas o catalanas, o en los servicios que no querían los aborígenes.
            Y menos mal que , a partir de los años setenta, y sobre toda, en los ochenta del siglo XX, se produjo un renacimiento muy significativo en el mundo de las aldeas y se cortó aquel éxodo rural. Gracias a las políticas municipales y el PER, de lugares sin servicios, se pasó al disfrute de la electricidad, el agua, el alcantarillado, la telefonía, las nuevas tecnologías, los consultorios médicos, los centros sociales,  el asociacionismo y la dispersión escolar que se había abandonado tras la concentración de los años setenta. Fue un torniquete que permitió emprender  ilusionantes retos de su puesta en valor con nuevos programas de turismo  y viviendas  rurales, renovación de las almazaras, instalación de polígonos o naves industriales, servicios sociales, incluso algunas bibliotecas y nuevos productos de la  agricultura complementaria al olivo.

            A mi parecer, la torre de San  José, como símbolo rural,  me recuerda el minarete de su antiguo ribat, como si quisiera  renacer de las cenizas, más bien de la destrucción de la techumbre de su ermita, con un canto  de esperanza a la población de su entorno de la Rábita y sus aledaños, donde sus inquietos vecinos ofrecen una nueva fisonomía a una tierra que pasó del vasallaje a la ciudadanía.        

martes, 21 de julio de 2015

Seis anécdotas de San Juan

  La pirmera:

-En el año 1869, se trasladó la parroquia de Santo Domingo de Silos a la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias.a petición del gobernador eclesiástico de la abadía y obispo de jaén.
 La Alcaldía le denegó ia subvención, pues no tenía dinero para contribuir en el traslado, 



La segunda 


La calle, que sube  a la Mota tras el  huerto de san Rafael , hace unos veinte años aproximadamente se bautizó,  a propuesta del cronista, como calle del Romancero.  Por papeles viejos del cabildo municipal, podemos manifestar que fue una calle que no tenía apenas vecinos y era de paso, cercano a los arrabales nuevos. El  paso en concreto era  de agua y se llamaba con un nombre árabe  LA  ZUBIA, tal como denominaban la calle en el siglo XVI.



La tercera

En el siglo XVI el  barrio de san Juan se encontraba a media construcción, su trazado partía de la calle Rosario, llamada de san Juan  y la que bajaba a los Álamos la del Pozuelo. Más arriba , la calle que unía san Juan con la puerta del Cambrón se llamaba también Llana. La de por encima de la Iglesia Llana de la Trinidad, la calle del Romacero, Zubia que quiere decir calle de paso de agua, la calle del Mudo, del  Puerto y la Peste, Relimpios y Labradores..

La cuarta

En el el mes de abril y mayo de 1587, se alarmó todo el barrio de san Juan, pues corrió un bando en el que se alertaba a la población para ir a luchar a la costa granadina. Pues, un  marino, llamado Pedro de Padilla, que había atracado su fragata en Cartagena, tajo noticias de una incursión que había partido de Árgel con veinte bageles gruesos y pequeñso. La ciudad se sentía muy insegura, porque un capellán del obispado de Salou, muy práctico en el conocimiento del costa de España, pasó de ser un esclavo cristiano  del rey moro a  ser un renegado de su fe católica  y convertirse al islamismo con el nombre de Alí Bena. Por el correo, aquel marino castellano, se enteró de que el rey estaba muy ufano y gallardo, diciéndo a sus súbdoitos que esta vez pensaba dar un golpe grande a los cristianos. El corregidor de Alcalá, un protugúes de nombre Jporge de Amaral, dio aviso y logró reunir cuarenta arcabuces para preparar la compañía de soldados y ayudar a las fortalezas de la costa motrileña. Menos que ello  no fue sino un simple susto, pues, por el mes de Junio, los vecinos acudieron a la plaza de la Mota para escuchar una farsa de un cómico muy famoso, que se daba por conocer con el nombre de Ovildo. 
QUINTA



  Amigos míos, el cabildo no siempre estuvo organizado como ahora. En un principio, incluso, se celebraban concejos abiertos que se reunían a las puertas de la Iglesia Mayor para debatir asuntos importantes de la ciudad, pero, cuando ,  el rey Alfonso XI, le concedio una serie de regimientos comenzaron a reunirse en una torre de  la muralla, la llamada del Rey, o del Pendón. 
SEXTA
 En el siglo XVI, el Vía Crucis o práctica piadosa que versa sobre la Pasión de Jesús,  se puso de moda en muchas ciudades fuera de las iglesias en sitios que simulaban  o creían que era parecido al  monte Calvario, para que los devotos lo rezaran. Consistía en una serie de cruces y pequeños humilladeros en forma de hornacinas o  capillas, con escenas de la Pasión de Cristo. Antes que en Alcalá , se levantara el del cerro de las Cruces o Calvario, en un barrio más debajo de las murallas y cerca de la puerta de Granada o Cambrón, hubo un Calvario, realizado por la cofradía de la Limpia Concepción, a instancias de Pedro Rodrigo, que amojonó cada una de las estaciones entre dicha cuesta del Cambrón  y la cruz de san Pedro.



















lunes, 20 de julio de 2015

TRES CURIOSIDADES SOBRE EL BARRIO DE SAN JUAN

SAN JUAN PARROQUIA PASA AL ROSARIO

En  1844, se trasladó la sede de la parroquia de Santa María la Mayor desde la iglesia de san Juan a la del Rosario, concediendo el Ayuntamiento  2.732, pues  a mediados de los años cincuenta del siglo XIX,  los cultos los pagaba el Ayuntamiento y recogía impuestos para ello. También nombraba unos comisarios de culto y clero. Además los gastos eran controlados por la Diputación Provincial de Jaén que los aprobaba en 28 de setiembre de 1842. Entre los gastos parroquiales, estaban los sueldos parroquiales de los sacristanes, curas y tenientes parroquiales. A partir del año 1855, se trasladó la parroquia de Santa María Mayor,- al convento del Rosario, pues, desde el siglo XVII se celebraban la mayoría de los cultos en el templo sanjuanero. Años antes, incluso figuraba popularmente en algunos casos, como de san Juan-.,
      




  UNA IGLESIA EN LA TRINIDAD POR LOS AÑOS CUARENTA


-En el año 1943, el  párroco don José Antonio del Río Alados emprendió la tarea de levantar una Iglesia Pública sobre las ruinas de la Trinidad y solicitó al ayuntamiento una puerta de hierro, similar a la capilla de Misericordia para que permitiera a los fieles visitar el templo con comodidad. Este templo no era otro sino la capilla de san Rafael , que todavía se mantiene.

EL BAILE DE LA JERIGONZA

El cancionero popular ha sido  estudiado por algunos historiadores locales. Cantaban nuestros antepasados la  jerigonza, y nos preguntamos qué era aquello. Así, lo responde Luis León:
            Era un baile burlesco, lleno de gracia ingenua y colorido, una moza llevaba la voz cantante, y las demás que tomaban parte en la danza la secundaban...era un cuadro, en que combinaban hábilmente la música, el canto y el baile. Las muchachas que tomaban parte en la contradanza iban expresando, con singular gracejo y estilizadas actitudes y gestos, todos los pormenores marcados por la letra, hasta llegar a la escena final( La escena de efecto) en que las bailadoras, cuando la canción lo requería, dirigíanse, formando una cadena, al personaje más serio, más grotesco o menos dispuesto para el bailes que hubiera en la fiesta, y lo invitaban a bailar. El invitado no podía sustraerse, fuera quien fuere; tenía que dejarse prender por la cadena de mocitas, y salir al centro del patio y bailar la Jerigonza. Era la ley suprema de la fiesta. La canción decía:

Ahora sí que la doña Juana,
Ella hilaba
Y devanaba
Y bebía vino,
Y le daba la sopita al niño,
Y como era tuerta,
Con el pie atrancaba la puerta,
Y dale un cedazo,
Y dale un abrazo,
Y no se le des,
Que le gusta mucho a esa mujer
Saltar y brincar,
Y andar por el aire,
Esta es la jerigonza del fraile,
Con su jerigonza,
Por lo bien que lo baila la moza,
Y déjela sola,
Solita y sola,
Sola bailando, que a la niña le gusta el fandango.
Y salga usté
Y salga usté,
Que lo quiero ver
Saltar y bailar,
Y andar por el aire;
Esta es la jerigonza del fraile.



-En el año 1869, se trasladó la parroquia de Santo Domingo de Silos a la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias. La Alcaldía le denegó ia subvención, pues no tenía dinero para contribuir en el traslado, a peteición del gobernador eclesiástico de la badía y obispo de jaén.

domingo, 19 de julio de 2015

MUJERES DEL BARRIO DE SAN JUAN. VICENTA CANTERO MESA

MUJERES DEL BARRIO DE SAN JUAN. VICENTA CANTERO MESA



            Hace unos años, iniciamos una serie de artículos dedicados a las mujeres del barrio de san Juan. Por razones de espacio, estos fueron  interrumpidos en algunos programas de nuestra hermandad. De nuevo, este año nos ponemos manos a la obra con una mujer que no pasó en modo alguno desapercibida  entre el pueblo de Alcalá o en el anonimato de la oficialidad del refrendo popular,  sino que  fue un claro exponente de la  sabiduría y maestría  autodidacta  de los años cuarenta a los setenta. Y, no fue un caso aislado, sino que se encuadra  dentro de la profesionalidad y las buenas formas de muchas mujeres  que  han jugado un papel muy importante en la vida social, económica y cultural de  la historia de Alcalá la Real.
            Pues, como manifestábamos  por el mes de mayo en una conferencia sobre la mujer en  la Asociación de Mujeres Sendero, la mujer desempeñó una labor fundamental en el mundo cultural y, sobre todo, en el  sistema productivo, pues,  en todos los oficios, junto con el hombre,  destacó en fomentar la riqueza de Alcalá. Si no,  adentrémonos en  la sociedad alcalaína, fijémonos cómo cooperaba con el marido en las tareas del campo, o en la artesanía-ya fuera tejedora de tafetanes y seda, o en la industria agroalimentaria como molinera y hornera-, y en la vida comercial regentando tiendas, mesones,  o posadas.  Esto, sin olvidar su participación en actividades culturales. Claro ejemplo fue  María Pilar Contreras, maestra, profesora de la escuela de magisterio y poetisa a caballo entre los siglos diecinueve y veinte, y, un poco más atrás en el túnel del tiempo,  sor Inés de la Cruz, la  hija del médico Godoy en el siglo XVII.  Y como broche final, en el sector de  los servicios,   manifestar que  ya hubo  matronas reconocidas oficialmente  desde el siglo XV, y mujeres  entregadas intensamente  a los muy celebrados  servicios religiosos cultos- las famosas beatas o santeras-, y , algunas con gran inquietud, como las fundadoras de conventos  en Alcalá- dominicas o trinitarias- o en Granada- dominicas de la ciudad del Alhambra.
            Dentro del mundo de la medicina, a partir de los años cuarenta, vivió en Alcalá una mujer, que no podemos soslayar entre sus vecinos de barrio ni puede ser olvidada dentro del anonimato de la historia, aunque sea la historia con letra pequeña  de la vida cotidiana de Alcalá. Tan importante y , actualmente, tan reconocida para una visión integral de la sociedad y del tiempo de los personajes. Y no lo digo esto, porque su nieto Manolo Ramírez me la haya traído a colación y me haya trasladado el interés de la población alcalaína para que se recogiera una moción del pueblo, muy aplaudida, para que una calle se intitulase con el nombre de Vicenta "La Cantera" . Concretamente, se trata de Vicenta Cantero Mesa. Vivió en nuestro barrio de San Juan  y no fue una mujer de tantas, sino que impactó en el alma de muchas personas de Alcalá y de la comarca. Con su porte oblongo, que soportaba más de cien kilos  comprendidos en una estatura que se aproximaba a los uno noventa, parecía más una hidalga   con el refrendo del pueblo sencillo  que una agraciada por la herencia de una familia gentilicia. La conocimos y era de esas mujeres que inspiraban confianza y respeto. Su palabra  era de peso, y su obrar, una tarjeta de crédito con calidad y visa de oro.
            Y, su porte se conjugaba con el reconocimiento social  adquirido y  con la experiencia  y enseñanzas de su abuelo Juan Cantero, que le impartió las primeras artes en la cura de las fracturas, tanto de  los animales como de las personas. Vivió en los primeros años de su vida en la Ventilla, a la salida de Alcalá, donde su padre labraba la tierra con el dominio de los buenos campesinos  y la maestría de los labradores alcalaínos, los que habían roturado y puesto en labor tantos montes. Años más, tarde emigró y vivió la aventura de nuevas tierras conviviendo con su familiares que trabajaron un cortijo en Morón de la Frontera. Se casó  con Manuel Ramírez y tuvo varios hijos. Las tierras del Puerto Castillo, propiedad del bueno de Pablo Batmala, todavía recuerdan los golpes de azada de su marido. Vivió en la calle del Puerto, en un barrio, que le enseñaba la caridad por convencimiento y no por obligación, ayudando con la comida de sus casa a los niños del barrio sumidos en la pobreza de los años del hambre. Pero lo que distinguió a esta mujer fue la gracia recibida en  saber curar las muchas afecciones ocasionadas por quebraduras de huesos, torceduras de muñecas y tobillos, salidas de sitio del hueso de  la cadera  y de otros huesos como los de las extremidades superiores. Y digo gracia, porque estas mujeres, que algunos llaman "santas", "santeras", "curanderas", "médicas", son las herederas de aquellos zahoríes tan prolíficos en el mundo rural, donde ejercen sus miles de saberes y conocimientos y, al mismo tiempo, se encuentran dirigiendo a la sociedad con el don  natural de saberlo todo y ser los lideres de su entorno sin el aprendizaje académico. La intuición y la experiencia han sido los pasos y los cursos de sus  carreras más que científicas. Se encuadran en lo artesanal, pero  alcanzan la categoría de lo profesional.
            De ahí que Vicenta era reconocida popularmente en su labor médica, como si se tratara de un auténtico especialista en traumatología. Pues tenía la sabiduría de sacar a mucha gente de los apuros, más simples y al mismo tiempo más embarazosos. Que cuenten las veces que  supo atender al parto de aquella mujer ciegecita de su barrio que no dejaba de traer niños al mundo por los años sesenta. Pues no acudir a ella, era vivir un conjunto de trances en una ciudad. donde lo más que podía resolverse era el cuidado de las enfermedades terminales en el hospital del Dulce Nombre de Jesús y Santa Ana, situado en la calle Rosario. Y, como paso siguiente, los traslados en coches de línea-tardíos y lentos-, las esperas en un hospital de la beneficencia de las capitales cercanas y, en la mayoría de las ocasiones, el lento y prolongado dolor  hasta  que se hiciera crónica la torcedura o la quebracía.  Los propios médicos aconsejaban a esta mujer y  no le ponían reparos, porque ella les correspondía con la prudencia de saber hasta dónde podía prestar sus servicios. Claro exponente de esta mujer sabia y no la aventurera que se refugia en fórmulas mágicas. Pues, sus manos eran las herramientas  más válidas de sus operaciones traumáticas; su mesa camilla-amplia y redonda-, por otro lado, se convertía en  el quirófano más limpio y sano, que uno se podía  imaginar, y  para las intervenciones de los niños , que habían caído jugando a masculillo y culón o los jóvenes que se habían desprendido desafortunadamente desde lo alto de un muro de las murallas del arrabal en las ficticias batallas con los vecinos del barrio del centro; las vendas, el aguarrás, el agua sal  y las tablillas eran los elementos con los que sus manos completaban la labor del enderezamiento de  muñecas, la destorcedura de una pierna y la puesta de una cadera en su sitio. Parecía como si Catón, el Censor,  se lo hubiera enseñado a través de su célebre libro epistolario  o hubiera leído los manuales de medicina natural de los antiguos griegos y romanos. Y, esta claro que algo de ello debía haber ocurrido entre los antepasados de la comarca como  Antoñico, el de la Joya, la charillera Adoración Ruiz Coca o la señora  Torres- esta segunda tan afamada por la cura de las quebracías interiores. Respondía a los antiguos protomedicatos que alcanzaban el diploma oficial por medio del refrendo popular y la práctica con los animales y los cadáveres sin que se enterase la oficialidad  en altas horas de la noche, como hacían los médicos judíos. Por eso, la frase de sus pacientes era repetitiva. ¡Cómo no confiar en personas que no usaban sino lo que nos da la santa naturaleza! Una mujer que había nacido en el año 1893 y respondía al prototipo de un matriarcado que predominaba en todo lo que significaba enseñanza y buenas costumbres.             
            Sus axiomas morales se asemejaban a la sabiduría de la que lo aprendió todo con el paso de los tiempos. No nos extraña que su frases más frecuentes fueran “Haz el bien y no mires a quien” Haz el mal, y guárdate”,. También compartía con los pujareros el refranero para sus previsiones meteorológicas “ ¿Quien hizo el habal?, en abril, un temporal",  o "Junio, la hoz en puño”. Era buena cocinera, mejor madre de familia y sus nietos la adoraban como una heroína, porque todavía muchos trabajadores le recuerdan y le agradecen las señales del día que cayeron de un andamio y les curó su abuela. O no olvidan aquella travesura que les libró de una paliza, porque Vicenta les enderezó un hueso tras golpear a un amigo con el que jugaba y su madre los esperaba para reprenderle de la mala acción.
            Pero esto no sería si no una historia de un curandero más. Su pasión por los demás rozaba los límites de la heroicidad. Recuerdan algunos el día que llamó a Joseíllo  y  Juanele para que acudieran a la iglesia de san Juan, tocaran  la campana y avisaran de que la cueva de los gitanos, por encima de la iglesia de Santo Domingo, se había hundido con los churumbeles y los calés dentro. Fue en el año 1959, un año de intensas lluvias, y ella , en primera línea , sacando la tierra y curando a los pequeños. Lo mismo que en el año 1957, con la caída de la plaza  portátil de toros, cuando sus servicios fueron muy revalorizados en medio de aquel centenar de heridos, que quedaron sumidos entre las tablas y vigas de un coso que no debió existir.   
            Su generosidad se cimentaba en una religiosidad que sólo conocen las mujeres del barrio de san Juan. Muy básica. Pero esencial. La caridad y el amor se da entre ellos, y se aprende en los quinarios de septiembre, novenas de las casas familiares con motivo del día de la Cruz, las charlas de cuaresma, en la lecturas de la Pasión en el Vía Crucis, que por los años sesenta recorría las calles de Alcalá saliendo de la antigua iglesia de santo Domingo y se encerraba en las Angustias. Vicenta, majestuosa, acudía a la cita. Rezaba, escuchaba misa y con su sonrisa correspondía a las muestras de agradecimiento por alguna buena obra de sus manos. 
            En lo profano le gustaba cantar las canciones del Casaíllo o de Raimundo que satirizaban a personajes de los años treinta. Gozaban  de popularidad, tanto ella como su familia, ya que un hermano era municipal muy conocido por sus diversas anécdotas ocurridas  en la vida alcalaína.
            Su casa fue una despensa para muchos niños, a los que daba el pan de higo o la carne membrillo, y una clínica de lujo para los jornaleros y obreros de los tres primeros tercios del siglo veinte.
            Vicenta murió en el año 1977, su entierro fue de los sonados de Alcalá. No había sido un portento en la escuela ni una doctora en letras, porque no pudo y tuvo que ser sirvienta en los primeros años de su vida para poder comer. Había sido una sabia analfabeta- que no sabía leer ni escribir- como mucho genios desperdiciados de su época. Pero de su abuelo Juan Cantero aprendió la intuición de lo que Salamanca no le da a muchos, el saber de la experiencia de la vida  y la lección magistral del buen hacer y los buenos modales. El mejor agradecimiento y el mejor regalo de aquel día fueron  la cara de satisfacción de muchos vecinos que le acompañaban en su último adiós. Y, no sólo vecinos de Alcalá , sino también de Castillo, Alcaudete, Valdepeñas y aldeas.
            Como ahora echamos de menos a Sánchez  Fuente, el ayer se llamó Vicenta la Cantera, o la Patita sea, la maestra de la calle Trinidad  ....y otras que vendrán......

Francisco Martín Rosales



viernes, 17 de julio de 2015


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            Recuerdo hace muchos años cuando presencié una escena especial  de nuestra historia local.  Se celebraban  fiestas  de la feria de San Mateo . Comenzaban con el pistoletazo inicial de algún cohete ( creo que uno de los pocos que el ayuntamiento solía lanzar al aire)  y los cabezudos iniciaban su marcha por las callejuelas de la plaza. Algunos estaban expectantes de los nuevos organizadores de estos eventos, acostumbrados a la veteranía de la antigua comisión de fiestas. No  hacían más que zaherir a los nuevos gobernantes, y, mira por dónde el centro de la conversación radicaba en la certeza de la ausencia de la banda de música. A muchos de los presentes les llamaba la atención de que los interlocutores pudieran escandalizarse de la hipotética  situación, cuando, por entonces,  se asistía a un declive tan enorme  de  la banda de música, que se había convertido en un grupo de  antiguos músicos con más voluntad  y esfuerzo que la que ponían los organizadores, sin estructura ni al amparo del consistorio.   Y, de topetazo, aquellos tertulianos malintencionados toparon con que  desfilaba  una  renovada banda musical, reorganizada por Pepe Ibáñez bajo la batuta de Nicolás Navarrete y con el patrocinio total del nuevo ayuntamiento presidido por José Marañón Barrio. Luego, pasaron los años, sembraron la semilla  de la afición por este excelso arte de modo que el mundo musical alcalaíno sobresale con muchos grupos y seguidores de Euterpe;  y, aún más,  se mantienen  en la vanguardia del éxito  bajo el cobijo y formación  de la agrupación  musical Pep Ventura. Pues sus profesionales surten a muchas agrupaciones y bandas musicales de la comarca alcalaína; se multiplican creando grupos pequeños, cuartetos y tríos; triunfan en orquestas filarmónicas foráneas; y abundan los maestros de los conservatorios y de las especialidades de música. Aquel semillero  de la banda de  música no podía haber dado mejor fruto y formación a los jóvenes alcalaínos para servir de plataforma futura de muchas profesionales.
            Posiblemente, estos músicos caerán en la cuenta de que han superado el XXV aniversario  con diez años más. Son una clara muestra de superación, al mismo tiempo que son conscientes de que sin una dirección excelente no hubieran alcanzado estas brillantes  metas. A Nicolás Navarrete le sustituyó don Lirio Palomar, Pedro Rueda mantuvo el tipo en los momentos críticos, y afortunadamente de la mano de don Lirio Palomar la banda de música alcanzó una categoría que le condujo a interpretar conciertos de unidad temática o de género musical  de modo que podía pavonearse con las de primera categoría. Con el último director Jorge Molina, la renovación de la agrupación musical ha sido total y nuevas artes se complementan bajo su batuta. Ya no quedan aquellos veteranos del 44 que tantos días de gloria dieron al pueblo de Alcalá la Real,  pues la edad pesa y hace mella. Por eso, me viene a la memoria las palabras de aquel  músico recientemente fallecido Matías Bailón, al que homenajeo con este artículo, cuando afirmaba" estos chicos jóvenes de ambos sexos tienen una capacidad increíble para captar los estudios y que aprenden en la mitad de tiempo lo que no podían aprender los educandos de los tiempos pasados"; y les conminaba que les faltaba algo de disciplina, pero vaticinaba que  pronto triunfarían con la llegada de una persona sabia que los alentara y motivara. Y así aconteció.
            Largo relato de una anécdota, pero  para todos bella lección, la de la historia de la música alcalaína, principalmente  para todo tipo de organizaciones y personas. Hay momentos de crisis, de decadencia y de declive, o simplemente cambios de etapas de la vida de una asociación, partido o consistorio. Pero hay que saber pasar las  páginas de la historia y olvidar lo negativo que se fue como el viento se llevó, afrontando el futuro con sangre renovadora. Hay que dejar en el olvido los malos tragos y   lo que desgarra la convivencia, y afrontar metas nuevas con la savia de la ilusión y la renovación Es la hora de


convertirse en síntesis hegeliana para no tirar todo por la borda, porque ni todo es tan malo  ni tan bueno que no manifieste defecto alguno, porque  , a las primeras de cambio, salta la liebre cuando uno menos se espera. En este caso, una agrupación musical que sorprende en cada ocasión  siempre  que se monta a escena. Dirección, coordinación, formación y renovación continuada son los ingredientes de una etapa prolongada de éxitos. Se necesitan clases de comportamientos comparativos para educación de muchos colectivos de la sociedad.