LOS AÑOS DE
LA REORGANIZACION DE LA HERMANDAD
Poco a poco el
barrio de San Blas va quedando abandonado y los hermanos de Santo Cristo de la
Salud se trasladan al barrio de San Juan. Pues, a partir de principio de siglo,
el Llanillo se había convertido en la arteria principal alcalaína y las viejas
casonas de la calle Veracruz, Rosario, Luque, los Caños, La Peste, Trinidad se
transforman en colmenas de familias que habilitan los distintos compartimentos
de la casa para las familias humildes, viviendo de alquiler y compartiendo los
servicios comunes de higiene y lavandería, e, incluso, de cocina.
Los pujareros mantienen su casas de amplios corralones, cuadras viejas y un tercer piso de trojes y pajar. Muchas familias abandonan el barrio por motivos de guerra, por falta de trabajo o por mejorar su vida. Los huertos de las casas se cultivan con pequeñas hortalizas, la carne del lar familiar se abastece con unos pares de cerdo, algunos pollos y gallos y algo extraordinario de un ave cazada, y, la mayoría de los vecinos viven de su jornal del campo (manigeros, yunteros, segadores, vareadores, vendimiadores, hortelanos...); algunos comparten con los pocos albañiles el peón de obra y la pobreza se centra en el hospicio de la Iglesia de San Juan,l a Gota Leche, el Auxilio Social y, más tarde, en San Vicente de Paul. Son los años del estraperlo, de las grandes sequías, de los vales del racionamiento y de la suma pobreza.
Entre los
pujareros son casas importantes del barrio la de
Francisco Huertes, la de Francisco Arenas Padilla, Mariano Pinto, Rosales,
López el de la Ribera Baja,Pedro Sánchez, Antonio Serrano, Cano-Caballero,
Pérez Canovaca, López, los García, Canovaca, los Serrano y otros muchos
laboriosos agricultores que solían
proporcionar trabajo a muchos jornaleros con los salarios que tan sólo
permitían vivir. ...
De las casas de
vecinos destacan la del cura y sus
colindantes y la de la Paz y Miguelón en la calle Veracruz, la del
General Lastres en la calle Luque, las colindantes de la casa de Francisco Alonso Rubio de ambos lados de la calle
Veracruz, la tía Ana, la de Murcia, en la calle Real, la familia de los Vegas
en la calle la Peste y la familia de los
Alvarez en la calle Los Caños. No era extraña la convivencia de varios
matrimonios de una misma familia compartiendo un mismo techo, que solía ser
propiedad del paterfamilias .
Pocos son los vecinos que gozan de una casa sencilla, sin mántener relación con la labranza. Por eso, es frecuente que la hermandad se componga de todo este grupo de agricultores que así los definía José Serrano:
"hombres sin letra y sin cultura humana, pero con la sabiduría que da
estar en posesión de una fe arraigada que la llevaban en la vida cotidiana; de
una experiencia basada en costumbres y modos de vida, donde reinaba la hermosa
convivencia entre los hombres"
FRANCISCO ARENAS PADILLA
La guerra civil supuso un retroceso en la hermandad, porque se perdió la imagen, los cultos no se llegaron a realizar, y la imagen y el culto se trasladaron a la iglesia de San Juan. Ahora bien, pronto, los antiguos hermanos volvieron a reorganizar la hermandad, como pone de manifiesto el acta del día veinte y cinco de mayo de mil novecientos treinta y nueve: "En la ciudad de Alcalá la Real a las veinte y dos horas del día veinte y cinco de Mayo de mil novecientos treinta y nueve antiguos cofrades que se citan al margen (Francisco Arenas Padilla, José Serrano Sánchez, Francisco Huerte Granda, Marcelo Muñoz Pérez, Gregorio Gámez López, Francisco Gámez Serrano, Manuel Esteo Gallardo y Vicente Serrano Hinojosa),antiguos cofrades de la Hermandad del Santo Cristo de la Salud de esta ciudad se reunen bajo la presidencia del hermano mayor Francisco Arenas Padilla y en su domicilio, calle Veracruz, número 14, secretario José Serrano Sánchez y en su nombre su hijo José Serrano Ramírez por encontrarse ausente y haber sido autorizado para representarlo, tesorero don Francisco Huerte Granda y acuerdan después de deliberada discusión :
l.El
reorganizar la hermandad.
2,El ingresar cada uno de los hermanos la cantidad de pesetas quince con el objeto de adquirir una imagen de Santo Cristo de la Salud por haber sido la anterior imagen destruída durante la dominación marxista en el año mil noveientos treinta y seis,no incluyendo la cuota correspondiente de dicha hermandad,por ser aquella una cuota extraordinaria."
La reunión acabó
a las veinticuatro horas y se señala , por lo
que da a entender, que el año anterior debió ejercer la misma directiva de una manera casi clandestina.
Los ocho miembros miembros de aquella junta emprenden la labor encomendada, llenos de entusiasmo, recabando las cuotas extraordinarias a los hermanos que van incorporado de nuevo, tras el parentesis de las guerra, reorganizan la hermandad y afrontan todos los gastos con la demanda en los campos y en la ciudad, recorriendo el más recóndito cortijo o la útlima calleja de la ciudad.Al mismo tiempo, contactan con José Gabriel Martín Simón,imaginero granadino, que ya había realizado algunas imágenes en nuestra ciudad, entre las que destaca la Virgen de las Mercedes. Hacen el contrato de la nueva imagen del Cristo de la Salud y le proponen una semejante a la anteriormente desaparecida. No pudiéndola ejecutarla por no existir testimonios gráficos y tan sólo conservarse algunas litografías, por cierto, muy alejadas del original, el célebre escultor se inclina por un tipo iconográfico, muy querido por sus preferencias, los cristos crucificados de Mora,q ue viene realizando y volverá a realizar para muchas cofradías andaluzas. Su prototipo es el conocido Cristo de la Expiración de la capital granadina, de aspecto sereno, representando el momento final de la muerte de Jesús, cuando ya ha exhalado el último aliento y parece como si se dirigiera al orante en un diálogo intenso de amor. Durante su elaboración, diversos miembros de la Junta Directiva y el joven Antonio Urbano frecuentan el taller del imaginero y se muestran satisfechos de aquella obra, distinta a la anterior, más esbelta y más alta, pero de gran efecto devocional. El imaginero, sin embargo, no se siente satisfecho de la cruz ralizada, probablemente hubiera preferido otra simulando a la anterior imitando a un tronco de un arbol.
Sienten una responsabilidad especial al restituir un
Cristo tan amado por los alcalaínos. En este año, casi se elabora un nuevo
censo de hermanos, procedentes de los años anteriores. Colaboran muy
estrechamente en todas las tareas de demandas, aportan la cuota extraordinaaria
con dinero o con especie de grano, ya sea cebada o trigo, y, con gran
entusiasmo, no olvidan hasta dar todo lo que pueden por aquellos años para ir
pagando los plazos que el escultor le va demandando.
Aparte de los
miembros de la Junta anterior nombrada, figuran en esta lista de hermanos:
Victoriano Sánchez, Manuel López Lechuga, Agustín Sánchez, Vicente Martín
Huertes, José y Juan Romero, Francisco Gámez López, Rafael Garrido, Luis,
Gregorio y Milesio Hinojosa, Manuel Huerte, Manuel Merino, Rafael Lozano,
Rafael Saez Frías, Juan Gámez, Pedro Jiménez, Manuel Gámez, Miguel Pérez
Canovaca y José Rosales López.
En el mes de agosto,la imagen está practicamente terminada y se convoca una junta, a la que acuden todos los hermanos, el día veintiuno. Se hacen los preparativos para traerlo a la ciudad y programar los actos de su llegada. Tambien se acuerda que se instale en la Iglesia de San Juan, porque la ermita de San Blas ya está abandonada y allí anteriormente había permanecido durante la guerra civil. Se encarga de la tarea Antonio Aguayo Urbano para el transporte. El sábado primero del mes de septiembre, traen la imagen del Cristo de la Salud por la tarde, en un pequeño camión, de marca Cherolet, propiedad de la antigua fábrica de harina. Antes de embarcarlo, lo embalaron con una serie de bastidores para inmovilizarlo y para que sufriera deterioro alguno. Acompañan al conductor Francisco Huerte Grande y Domingo Sánchez Velasco. Tras subir la calle Rosario, la placeta de San Juan, repleta de púnblico, y engalanada con romero y colgantes, estalla en vítores al Cristo de la Salud, al mismo tiempo que las campanas redoblan de alegría. Se introduce al templo, donde esrecibido y bendecido por Don José Antonio del Río Alados,parroco del Santo Domingo de Silos. Se instala en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, donde permanecerá durante varios años. Al día siguiente, se celebra la función de iglesia y la fiesta nuevo titular. El quinario completa todo el ciclo en honor al Cristo de la Salud. Durante estos días se intensifican las limosnas y las plegarias son abundantes ante los pies del Cristo de la Salud.
En la nueva casa
del hermano mayor, el número cincuenta y dos de la calle Veracruz, el día
dieciseis de septiembre se reunen todos los hermanos anteriormente citados y
nuevos hermanos como Manuel Pérez Canovaca, Rafael López Frías, Gregorio Gámez,
Gregorio Rodríguez Cuenca, Antonio Palmero Ruiz, Francisco Gámez Lizana,
Domingo Sánchez Velasco, Juan Sánchez Serrano, Rafael Gonzalez Romero y Manuel
Romero Fernández. En ella vuelven a elegir la misma junta directiva y les
manifiestan su agradecimiento
"por su
entusiasmo y sacrificio que han contribuído para que el Cristo de la Salud se
vuelva a venerar en la Iglesia de San Juan ".
Debieron quedar
pendientes algunos plazos comprometidos del costo de la imagen, que alcanzaba
la cifra de tres mil seiscientas cincuenta pesetas, a pesar del esfuerzo
desinteresado de la Junta Directiva y de las cuotas extraordinarias. Así, hasta
el mes de noviembre de 1941, la hermandad
se mantiene con un fuerte déficit de seiscientas cincuenta cincuenta y una
pesetas y cincuenta céntimos.
El año 1948, de
nuevo, es elegido hermano mayor y lo ejercerá en el importante año de la
incorporación semanasantera de nuestra hermandad, cual fue el 1949. La junta
directiva se aumentó con la depositaria de Domingo Sánchez Velasco, y tres
vocales que eran Francisco Gámez Serrano, Rafael Ferreira Rodríguez y Saturnino
López Pérez,actuando como secretario José Serrano,hijo. Digno de esfuerzo fue
la labor de estos hombres que no regatearon esfuerzos para poder afrontar los
gastos que conllevaba la salida del Viernes Santo, e, incluso, el Domingo de
Ramos en un viacrucis,que,organizado por don José del Río Alados, partía de la
iglesia de las Angustias y recorría en penitencia las calles alcalaínas. En
este año, se inauguró la costumbre del popular"refresco"que se
ofrecía a los hermanos y fue costeado po el propio hermano mayor. Hasta este
tiempo, la toma de posesióm se mantenía en la casa del hermano mayoir saliente.
En su vejez,
llegó a ser hermano mayor para el año 1955 y poseedor de la cruz-guía el mismo
año. Reorganizada ya la hermandad en este tiempo ,el viacrucis de Semana Santa,
la procesión del Viernes Santo, -por cierto, anunciada por aquel año en el
periódico Jaen -, la fiesta de Septiembre con la velada de la tarde anterior,
la música de Capilla de la función de Iglesia, las rifas, la procesión de la tarde con la Banda
de Música, que anunciaba, junto con la Banda de tambores, la Diana, y el
Quinario son ya actividades tradicionales y ya perfectamente arraigadas entre
los hermanos, así como la costumbre de los demandantes de campo, mesas
petitorias y otras formas de recoger fondos , -en este año una rifa de
jamones-, para afrontar todas los actos y
cultos en honor del titular. Tambien se acudió a visitar al señor
Obispo. El primer domingo de septiembre, ofició la cátedra religiosa durante
este año, el coadjutor Don Antonio Aranda.
FRANCISCO
HUERTES GRANDA
Reorganizador de
la hermandad, había ejercido el cargo en el difícil año de 1936 y la devoción
en la iglesia de Consolación durante los años de la guerra civil; en su
ancianidad, es elegido hermano mayor para los años 1953-4, formando una
junta joven con Pedro Frías como depositario, vicesecretario Antonio Martín y
vocales Saturnino López,Matías Ramírez, Luis
y Rafael Ferreira, Francisco Arenas, José Sánchez Jiménez, a
quien le correspondió la Cruz Guía, Juan
Romero Cantero y José Gallego.
Era una persona
respetada por todos los hermanos del Cristo de la Salud, cofrade de la Virgen
de las Mercedes y de la Virgen de la Aurora, a la que reorganizó en los años
treinta, siendo hermano mayor en el año 1933. Mantenía un talante conciliador
que le valió ser hombre de bien en los laudos y conflictos más dificiles de
nuestra ciudad durante la Segunda República. Pujarero, como miembro de los
patronos agrícolas, pertenecía a la Junta Agraria Local junto a Manuel Rosales Bailón,
Antonio Sánchez y el alcalde don José Benavides en el año 1941 "tenso y
encorvado, de nariz aguileña, piel blanca. Manos de sarmiento, gentil,
respetuoso, amigo de su amigos jóvenes y viejos, labrador entendido,
propietario y rentero, pagador con o sin dinero. Frasquito era y fue el mejor
caballero que tuvio el Cristo de la Salud. Sin duda, costeó muchas cosas a la
Hermandad. Su figura de capa parda y chambergo, pantalón de pana-terciopelo,
chaqueta cruzada de paño y botas enterizas de pañoleta. De pocas palabras,
siempre y siempre acertado, era una estampa del castellano Cristo de la Sangre.
Su casa en el tercer tramo de la calle Veracruz, fue hospitalaria para
todos", en ella se celebraron muchas reuniones de la Junta Directiva y
muchas actividades de la hermandad como ponía de manifiesto el perenne recuento
de los demandantes.
Era el primero
que se comprometía con su propio peculio para cualquier enser u objeto sagrado
que necesitara nuestra hermandad. El primer donador en la imagen y en el trono,
como manifiestan los libros de actas; amigo íntimo de Francisco Arenas, Domingo
Sánchez, José Serrano, Antonio Aguayo y de sus familiares Vicente Martín y
Antonio Martín; devoto ejemplar y amante hasta su muerte de la hermandad, donde
dejará una huella que perduró a lo largo de los años por su estilo
sobrio, entregado y de fe auténtica.
Fue depositario
muchos años de la vida de la hermandad, sobre todo por los años veinte y
treinta y vocal hasta el momento de su muerte por el año 1963, en el que fué
nombrado hermano mayor a título póstumo.
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