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domingo, 28 de diciembre de 2025

EN LA SEMANA DEL JAÉN . ENTRE EL PINO Y EL BELÉN.

 






LA MOTA ENTRE EL PINO Y EL BELÉN













En estos primeros momentos del invierno, el correspondiente solsticio atrae a los seres humanos para agrupar una serie de días festivos en ese vaivén del decurso temporal. Algunos se remontan a Mitra para fundamentar las celebraciones de estas fechas. Los que más, dentro del mundo europeo con tradición grecorromana, se contentan con las explicaciones y razonamientos de Julio Caro Baroja, fundamentándose en la alternancia del péndulo estacional entre dos los ejes de contraste, la alegría/ la tristeza, la vida/ la muerte, el bien y / el mal.  En Roma, celebraban las Saturnales y salía la gente a la calle travistiéndose en los papeles y roles, los esclavos en patricios, los pobres en ricos y los humanos en dioses. Constantino cristianizó esta fiesta con la celebración navideña. Y, a partir de este emperador, salvo los momentos iconoclastas, los pueblos de tradición cristiana convirtieron esta fecha en una de las más celebradas. El portal ocupó el lugar por excelencia de los templos. Los misterios, los autos de Nacimiento, las representaciones ante el portal y el villancico no faltaron en muchos pueblos. Recientemente, san Nicolás, santa Claus, y papa Noel comenzaron a invadir los hogares europeos y suplantaron la tradición helenística en los pueblos del Sur. Como una reliquia, los templos, algunas instituciones y familias mantienen esta tradición.









 Pues, ya es raro encontrar familias que realicen esos belenes familiares, procedentes de la tradición napolitana, Lo más frecuente y extendido es el árbol de Navidad, ese pino talado de las sierras del entorno, para colgar las lucecitas de colores y, de vez en cuando, un crisma de sus amigos o empresa. Incluso ni eso. El belén ha sido desplazado por los SMS y el WhatsApp ininterrumpido que te envía los más insospechados mensajes. Rebuscan en el arte y lo vulgarizan, deforman en el copiar y pegar la naturaleza y la convivencia caricaturizando hasta el personaje o ser vivo más pintado. Se hacen tan reiterativos de que no es raro que te acosen con la misma salutación por diversas emisiones de grupos




   Entre belenes y pinos navideños, se experimentan las más diversas sensaciones. Por un lado, el belén invita a la reflexión, a recorrer todos los meses del año. Por otro lado, el pino te eleva, te invita a planificar el futuro. Parece como si el belén fuera más acogedor, y el pino más frío, más cortante, pero más optimista.

Ante el belén, lo primero que te viene a la mente, es la recién estrenada estación de invierno en medio de una lluvia muy esperada, el impacto de la emigración en la ciudad de la Mota, el frío de los cajeros que se convierten en dormitorios humanos.  Si uno  se detiene en los diversos paisajes, el belén te acerca a la desertización y la prolongada sequía que nos ha invadido casi todo el año; o te hace compartir el caminar diario del pueblo, los artesanos te transportan a  las nuevas empresas y los nuevos  yacimientos de trabajo en el polígono del Llano de Mazuelos, las chabolas y cuevas te sumergen en las viviendas de patrimonio perdido, alguno deseado como la Casa del Pecado, y otras en trance de  estar condenadas a la picota de una letal ruina; si  uno se sumerge uno en el bullicio del zoco palestino, le deslumbran las luces de una  Navidad luminosa, las  gentes que acuden al recinto fortificado, las convocatorias de festivales, fiestas, ferias, encuentros y congresos; si uno se fija en la mirada del rey Herodes, se encuentra con la lucha por la violencia de género o por la exclusión; si se monta en la barca del río Jordán, contempla los olivos y los vides que estaban  ahítos de sed.  

 

En el pino, por su parte, la mirada se prolonga hacia el nuevo año. Tras el paso del este otoño tan veraniego, con el pino llegó el invierno y transformó los ciclos estacionales de modo que casi convirtió el otoño en verano y el invierno en otoñal. Se adelantó la recogida de aceituna, los frutales se encogieron, las fuentes se secaron y los pantanos ajustaron al milímetro el desembalse para mantener el abastecimiento humano. En su verticalidad, nuevos proyectos pretendían paliar la acogida y alojamiento de los trabajadores foráneos. La robustez del tronco apuntaba para mejorar el total de la muralla del Aire o la arruinada del Trabuquete, reclamaba un nuevo Urban o Edusi o sepa Dios como se llamase para paliar la posible degradación del patrimonio.  Este conífero afilaba su punta para abortar los malos sentimientos y crear nuevos espacios de convivencia y de compartir en una feliz patria común. Veía enlazados y repletos de empresas los polígonos industriales, y anunciaba nuevas perspectivas para las cosechas de aceite, cereales, espárragos y frutos. En tiempos de Navidad, parece que deben predominar los buenos valores de aquellos pastores que se reunían en la cueva. La solidaridad suele campar por todos los rincones, esparciendo la generosidad y la alegría en las casas desechando todo tipo de malas intenciones. Igualmente, acontece en las asociaciones grupales y colectivas; es tiempo de ágapes, reconocimiento de méritos, pagas extraordinarias, y de las correspondientes bolsas de estas fechas.

Sin embargo, el contexto sociopolítico no presenta, ni por asomo, este paisaje tan plácido y tranquilo. Las espadas están en alto por todos los rincones que uno dirija la mirada. Si nos fijamos en la política nacional, las aguas no bajan tranquilas, es imposible mantener el gobierno nacional tras las elecciones últimas. Nadie se deja domeñar ni cede, ni tiene voluntad de consenso, de modo que el espíritu navideño ya no cala en estos lares del mundo de la poli como en otros tiempos. Predominan las miradas de reojo entre la gente, nadie tiende la mano, todo el mundo se guarda un as en su manga y el disenso bulle por doquier sin visos de que la luz del acuerdo asome, ni por casualidad. Está claro que para los contendientes ya no se juega una simple partida o una batalla más, se apunta a su futuro próximo de subsistencia.




 

 

         

Y, no hay un ángel esperanzador, en estos tiempos de tensar la cuerda para conseguir lo máximo en las conversaciones de alto nivel, no se enciende ni la luz de una lánguida vela de esperanza. Incluso, se extienden la incertidumbre y la desesperanza ante tantas ilusiones levantadas a lo largo de todos estos años. Parece como si el guion se hubiera escrito al revés. Se ilusionaba, pero el resultado último estaba ya totalmente dictado con un desgraciado final; y, es un decir el final, más bien se ha caído en un tiempo de inseguridad institucional, y proclamación de continuas transiciones, como si no hubiera costado ni un gramo el cambio de la dictadura al sistema democrático.

No se ha

ce caso al anuncio “Paz a los hombres de buena voluntad”. Parece como si el ejercicio de la democracia quedara reflejado en proclamar la contrariedad o la adversidad de todo lo que significa la buena gobernanza; se han pasado, en un pizco, bloques de páginas de los tiempos de los pactos como los de la Moncloa, de los consensos en los asuntos de Estado como ocurrió en muchos actos del último tercio de siglo, y, de la paz social entre los diversos sectores sociales en muchos conflictos y situaciones de crisis.

Ojalá renacieran, para el 2026, estos personajes repletos de buenos deseos de felicidad para todos, los que quiero compartir con mi belén y vuestro pino.

 

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