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viernes, 25 de julio de 2025

LA FIESTA DE SANTIAGO APOSTOL EN ALCALÁ LA REAL


LA FIESTA DE SANTIAGO

SANTIAGO APOSTOL ESTÁ PRESENTE EN VARIOS LUGARES DE ALCALA LA REAL.   Tiene una muralla con el nombre del apostol de España, veneras por doquier como ornamento de abadía,  y en su pendón también aparece su figura. El Pendón de Alcalá la Real es una bandera histórica que representa a la ciudad y está estrechamente ligada a la figura de Santiago Apóstol. El pendón, que se encuentra en el Ayuntamiento de Alcalá la Real, hace referencia a la conquista de la ciudad por parte de las tropas cristianas en el siglo XIV, donde Santiago Apóstol fue considerado su protector.  El 20 de diciembre de 1341, durante la conquista de Alcalá la Real por el rey Alfonso XI, se tomaron los arrabales de la ciudad, y se nombró a Santo Domingo de Silos patrón de la ciudad en honor a ese día. Aunque Santiago Apóstol no es el patrón principal de Alcalá la Real, su figura y la imagen del pendón están vinculadas a la historia de la ciudad y su reconquista.  El pendón, por tanto, simboliza la victoria cristiana y la protección de Santiago Apóstol, y su existencia en el Ayuntamiento de Alcalá la Real es un testimonio de este importante evento histórico. 

 

-Se llevó a cabo a finales del siglo XVI y competía con la de San Juan, exponiendo los actos organizados a la oportunidad climatológica del momento y participando de las mismas actividades caballerescas para el fomento de la milicia local y la ganadería de caballos, yeguas  y potros.


-Como actividad religiosa, vísperas, misa y procesión que salía por la puerta de la Iglesia se dirigía a la Pla


za y volvía por la otra con acompañamiento de toda la clerecía, beneficiados y capellanes de Santa María y Santo Domingo, recorría todas las calles limpias en derredor de la calle de los Méndez de Sotomayor, Palacio Abacial y Calancha.

  -Como actividad fundamental era el juego de cañas y toros. En 1572, el gasto de 25.030 maravedíes nos da muestra de la importante cantidad con la que se afrontaron los regocijos de la fiesta.

Solía alzarse el pendón de la ciudad en este día.

-Los toros eran la otra actividad en la que competían las cuadrillas de cuatro en cuatro de caballeros-alcalaínos y forasteros- en la Plaza Alta de la Mota, algo así como la corrida de los Rejones de nuestros tiempos. Tan sólo se solía contratar a un joven del pueblo que toreaba los novillos a capeo, lo que daba lugar a accidentes de corneo. El protocolo de las ventanas de la Plaza Alta y de las ventanas de los Corredores jugaba un gran papel a la hora de repartirse el sitio para asistir a la fiesta  entre autoridades y oficiales. Chirimías y atabales alegraban el acontecimiento y a veces debían contratarse a ciudades importantes como Granada. Pagaban los menuderos y carniceros de la ciudad la mitad de los toros, unos cuatro, y el resto lo hacía el ayuntamiento. Los toros procedían de ganaderías de la zona y tenían nombres curiosos como Gamboa en referencia a un regidor del cabildo municipal.

-En la iglesia Mayor abacial se encargó al eswcultor Nicolás Raxis  una imagen de Santiago a finales de siglo imitando a la de Granada, con Santiago montando a caballo para celebrar la fiesta de una manera religiosa, incluso dio nombre a una capilla del testero.

El pago del voto de Santiago se mantuvo hasta muy avanzado el tiempo (XIX) y algunos vecinos que eran  caballeros de Santiago nos muestran en la ciudad la importancia de este santo en Alcalá la Real.

La fiesta decayó a mediados de siglo XVIII hasta el punto que hubo que recordar su celebración por la Corona, como aconteció en 1643. Pero en 1732 con motivo de la Toma de Orán. Además de la fiesta religiosa(rogativa, novenario, orador que mueva el corazón, misa y procesión general con asistencia de los dos cabildos),  se encendieron las luminarias tres noches, se repicaron las campanas y se anunciaron las fiestas con cohetes. Coincidiendo con el día de Santiago, se representó una mojiganga:

por todos los gremios una mojiganga pública , en que se ejecute dicho día por la tarde a competencia unos de otros con varios disfraces e ideas manifestando en ello la suma alegría y complacencia, que tenían de favorable noticia, finalizándose con juegos de mano, castillo, luminarias públicas y repique general de campanas, concurriendo con esto estar todas las calles con teones y luminarias.






jueves, 24 de julio de 2025

NOTAS PARA LA HISTORIA DE NUESTRA ABUELA SANTA ANA . LA DEVOCIÓN ANTES DEL PATRONAZGO

 

NOTAS PARA LA HISTORIA DE NUESTRA ABUELA SANTA ANA

 LA DEVOCIÓN ANTES DEL PATRONAZGO


A finales del siglo XVI y en los primeros decenios del siglo XVII, la devoción a Santa Ana se acrecentó entre los vecinos de Alcalá la Real. Se manifestaba a través de su invocación a la hora de las rogativas que se celebraban por la ciudad con motivo de epidemias de peste, lluvias o tiempos de sequía. También, aumentaron los hermanos de su cofradía, así como los bienes que donaban para su iglesia, cofradía y cultos y días de su fiesta. No era de extrañar que abundaran que se otorgaban a esta cofradía, con lo que se ligaban muchas personas por medio de tierras, casas u otros bienes en su favor. De estos tiempos, en 1626, ante el escribano Antón de Santillán (legajo 4998. folio 826), aparece el jubetero y vecino (un oficio de aquella época que hacía jubetes, para las prendas militares, o jubones para la gente) Cristóbal de Espejo. Este vendía, por juro de heredad, a Francisco Ramírez Góngora, procurador y teniente de depositario de la ciudad un haza de una fanega de tierra de labor ubicada en la Fontanilla, lindera con tierras del clérigo Miguel Muñoz, Bartolomé de Espejo y capellanía de don Pedro de Novoa. Y lo interesante este contrato era que estaba gravada con cargo de un censo de 20.000 maravedíes en favor de la cofradía de Nuestra Señora de Santa Ana a pagar a partir de la navidad de este año de modo que manifiesta el enraizamiento que Nuestra Señora Santa Ana tenía en la ciudad, como se señala en el documento.

II

UNA CAPELLANÍA PARA EL CULTO DE NUESTRA SEÑORA SANTA ANA TRAS SU PATRONAZGO


Otra costumbre de aquella época Era la fundación de capellanías con las que se dedicaban misas en honor de Nuestra Abuela Santa Ana. Esta, en concreto, fue fundada en 1643 por Pedro de la Peña y Cano, vecino de la ciudad de Alcalá la Real, un clérigo de menores  órdenes ( lo que le facultaba para el ostiariado, el lectorado, el exorcistado y acolitado)  y  que pretendía  ascender a mayores ( subdiácono, diácono, y presbítero). Las basaba en 18 fanegas de tierra de Puertollano, linderas con las del granadino don Jacinto de Mendoza. Lo hacía ante el mismo escribano (legajo 5007. Folios 115-119).   El propio Pedro se autonombraba por primer capellán, y disponía como primera condición para él y los capellanes, que le sucedieran, decir seis misas rezadas por el alma  de sus padres el jurado Pedro de la Peña y doña Quiteria  Cano  y sus hermanas doña Elvira y doña Mencía y doña Ana de la Peña.  Aunque las capellanías solían inscribirse en las parroquias, en este caso en la iglesia de Santa María Mayor de la Mota, lo interesante de esta radicaba en que intención era clara: cuatro se habían de decir dentro del oficio de Nuestra Señora, y las dos restantes del oficio de “ mi Señora Santa Ana” y resalta frente a la anterior “ patrona de esta ciudad”. Y rogaba, que, como él, los futuros capellanes   que por tiempo fueren “perpetuamente las digan o hagan decir en la capilla y el altar que el otorgante tiene por suya propia en el convento del Señor San Francisco de esta ciudad “ ; y he aquí, la novedad de una nueva capilla de la ciudad de Alcalá la Real en este convento” de la advocación de mi Señora Santa Ana, porque así es mi voluntad”.  En caso de que se opusieran los frailes, se digan las misas por los capellanes en la Iglesia Mayor. Para continuar en la realización de las obligaciones nombraba por capellán, al presbítero don Miguel de Utrilla, hijo del regidor don Miguel de Utrilla, y si no lo pudiera en don Juan de Utrilla casado con doña Isabel de Carvajal. Continuaba en orden ser con los de Bartolomé Ruiz Morón, luego los de los Mazuela, Joan Marín Cano , Cristóbal de Lara, en todos primando la primogenitura de los hijos frente a las hembras. 

 

III

UN RETABLO PARA NUESTRA SEÑORA SANTA ANA

 

    Ante el mismo escribano (Legajo 5021, folio 746-8) en once días de noviembre de 1659, nos abre un nuevo ángulo para la historia de la cofradía de Nuestra Señora Santa Ana. Tras la marcha y la falta de producción artística de la familia de Pablo de Rojas, los Sardos Raxis, aparece un nuevo artista conocido en tierras de la Abadía de Alcalá la Real, firmando un contrato importante para la iglesia de Santa Ana. Se trata de Joan de Vitoria, vecino de Granada en la parroquia de San Juan de los Reyes, y maestro ensamblador, un primer paso para los artífices de su retablo. Se encontraba en la ciudad de Alcalá la Real y había acudido ante Antón de Santillán para firmar con el hermano mayor de la cofradía de Santa Ana Damián de Tapia el retablo. Lo afirmaba con estas palabras:” dixeron que es ansi que la dicha cofradía siempre a tenido intención de hazer en la yglesia y ermita de mi Señora Santa Ana en el altar mayor de ella un retablo de madera para el mayor adorno  de la dicha yglesia y de presente se ha ajustado que tenga efecto de hacer el dicho retablo”. Por eso el dicho maestro presentaba: 2 y para ello a hecho la muestra de su moldura en papel dibuxado y para su Señoría el Señor don Francisco Delgado Somoza, abad mayor desta abadía, vista lo  abido por bien y dado orden de licencia para que se haga el dicho retablo y en el execución  de ello está asentado y concertado el hacer en la forma y condiciones siguientes.” Y con estos preámbulos, conocemos su forma por las condiciones expuestas a continuación:

-Lo primero que el dicho Joan de Vitoria ha d3e hacer el dicho retablo de buena madera seca en la forma de la dicha planta y molduras, en que a de ser siete baras menos tercia y de alto ocho baras y tercia de modo que todo el testero del altar mayor lo a de coxer (6,25  X siete metros)  y , a de llevar sus columnas , cornixas y cenefas. Y desde luego a de comenzar a travaxar el dicho retablo y es a tener fecho  acavado y puesto  en el dicho altar mayor dentro de seis meses contadas desde hoy  dicho día acabado en toda perfección a vista de ensambladores que declaren que  está acavado en toda perfección  e obra conforme a al trato y disposición  que está ajustado, y si ansi no los hiciere e cumpliere y el dicho retablo  tuviere alguna falta  o no estuviere como es puesto, el dicho hermano mayor  pueda traer  maestros que declararan  de hacer en toda perfección  y por lo que para ello fuera menester  e intereses que se siguieren  a la dicha cofradía, se le pueda executar y execute y por sus costas "

    En la segunda condición manifestaban que la planta del retablo estaba firmada por el señor abad y el escribano, pero para que se llevara a cabo y en la forma perfecta había que dársela al maestro Joan de Vitoria para ir travaxando  y ajustando   en el tiempo de los seis meses  y , al final se vea si la madera era buena y se cumplían las condiciones expuestas.

-Se le entregaba para la madera, clavo y todo lo demás que fuera necesario para quedar acabado por parte de la cofradía en nombre de Damián de Tapia 3.000 reales, de los que recibía 250 reales en el momento de firmar el contrato y el resto se le pagaba cuando estuviera acabado.


 -La tercera condición es muy interesante, tal como aparece en los inventarios posteriores, la figura de los ángeles” que demás de obligación  que a de tener el dicho Joan de Vitoria  de hazer y acabar el dicho retablo en la forma de la dicha planta y como va referido a de hazer e poner en el medio del dicho retablo  en el alto de él  dos ánxeles de buena madera en el frontis  los quales an de ser de talla de madera y desnudos y de una vara de alto cada uno y por todo ello se an de dar los tres mil reales e no otra cosa.

-Se fijaba la fecha el día 15 de agosto, fecha Nuestra Señora y la ejecución judicial si hubiera necesidad.

Y este fue el retablo que se mantuvo hasta el siglo XVIII, y posteriormente, como figura en el libro recientemente publicado sobre la Historia de Nuestra Señora Santa Ana.

 

miércoles, 23 de julio de 2025

HACIA SANTA ANA 25. SACRISTÁN E INVENTARIO DE SANTA ANA

                


En 1634, el diez de octubre, se presentaba ante el escribano Blas Martínez de Cáceres, Francisco de León, natural del Puerto de Santa María y que había sido ermitaño de la ermita de San Marcos de Alcaudete , avalado por Juan de Arroyo, sacristán de la iglesia de San Pedro del Castillo de Locubín. Hicieron estas declaraciones:

"Para que mas bien se sirva la iglesia de Nuestra Señora Santa Ana, de esta ciudad y extramuros de ella donde está fundada una cofradía y hay particular devoción de los vecinos de ella y  los forasteros y pasaxeros, está tratado que el hermano Francisco de León asista en  la ermita y tenga a su cargo la plata y los ornamentos y de la dicha santa iglesia y para que este con la seguridad que para esto conbiene, comete la presente escritura, por cuyo tenor ambos dos principal, y fiador otorgaron la siguiente escritura". En estos años que ya se celebraba su patronazgo de la ciudad el principio del documento manifiesta la gran importancia y propagación que la devoción de Santa Ana tenía en la comarca  y abadía de Alcalá la Ral entre vecinos  y forasteros. 



    Se comprometieron al documento inventarial  los anteriormente lo mencionados y los miembros de la cofradía siguientes: el hermano mayor don Pedro de Pineda Mesía, caballero de la Orden de Santiago, el comendador, y el maeso Pedro Ruiz de Rivilla, alcalde ella., ambos vecinos de la ciudad de Alcalá la Real.




     En la misma ermita de Santa Ana una lámpara grande de plata, un caliz, con su patena, una  campanilla pequeña que tiene un Niño Jesús, y tres coronas de plata que tienen las imágenes de  Señora Santa Ana, Nuestra Señora y  el Niño,que están en los altares y los ornamentos el dicho hermano mayor y alcalde tendrá razon e inventario, y lo uno y lo otro se obligan  a que el dicho Francisco tendrá con recato, custodia y guarda que conviene para lo dar  y entregar y dar quenta c loada vez que se lo pida por los oficiales" . Acaba el documento con una serie de formulismos de responsabilidad que adquiría tanto el sacristán como los oficiales, presentes y futuros.  Firmaba el documento como testigos los canteros que realizaban por aquel tiempo la obra Pedro de Robles y Juan de Arjona. 


AHPJ. Legajo 4646. Folios 799-801. Blas Martínez de Cáceres. 1934

martes, 22 de julio de 2025

CRÓNICAS DEL ESCRIBANO IV. EL COMEDIANTE PEDRO ORTEGÓN

 










Eran las ocho de la mañana y toda la gente de la compañía de Pedro Ortegón se encontraba a las puertas de la Casa de Comedias dispuesta a emprender el camino hacia a Jaén, donde iban a representar sus obras en los próximos días. Pedro alentaba a los más perezosos al caminar y se ponía al frente de la comitiva dando los primeros pasos por el Llanillo, mientras recogía de los mesones de Izquierdo, Ginés Martínez de Aranda y la Alcalaína a los otros comediantes. Al Llegar a la Puerta Villena, dudaron de subir hasta el Barrero, pero tomaron el camino del Castillo en dirección a la Nava. El arriero y jurado Diego Gómez había preparado caballerías, varias carretas y una veintena de asnos y se comprometió a llegar a Jaén al anochecer de este día de final de verano ( lo había pacto con la condición que el exceso de tiempo en el traslado lo debía pagar el autor.  Intercambiaba con Obregón conversaciones a lo largo del trayecto. Al llegar a Charilla le comentó   que los veía más perezosos que en el anterior traslado desde Granada. Pedro de Ortegón, estaba casado con Micaela López, que  hacía aplaudir como primera dama  de sus obras, le tuvo un trato especial montándola en la carreta. Y, comenzó Obregón a contarle historias.

-Te voy a referir los malos ratos que me han hecho pasar en mi vida.

-Ha estado en muchos lugares, muchos corrales de comedias, palacios y teatros.

-Muchos. Por ejemplo, en Sevilla hace tres años.

-Allí, debía cotizarse mucho su compañía.

-Fíjate. Recuerdo que fue por un asunto extraordinario. Había llegado a Sevilla Francis Cottington, el primer barón Cottington,y  fue alojado cinco días en los Reales Alcázares de Sevilla por mandato del  conde duque de Olivares. Era muy recordado porque había residido previamente en Sevilla, entre 1612 y 1613, encargado del consulado inglés en esta ciudad. Esta vez te puedo ser exacto, llegó a Sevilla el 20 de febrero de 1631, tras la firma del tratado de Madrid, y estuvo hasta el día 24, cuando partió para Sanlúcar de Barrameda. Le hicieron muchos agasajos. Entre los gastos ocasionados, al frente de un grupo  de ministriles  se encargaron de tocar a las horas de la comida y salidas de este  embajador. Los caballeros hidalgos celebraron también “fiestas de torneos” y representaciones teatrales que tuvieron lugar en uno de los salones del Alcázar, en las cuales también participó un grupo de ministriles. Como s autores de las comedias fuimos José de Salazar y yo.

Al pasar el puente del río San Juan, las aguas le recordaron otra ciudad andaluza regada por el Guadalquivir, 

-En este mismo año, actuamos en la corrala de Córdoba

-Sería insoportable los calores en el caminar durante el verano- le comentó el arriero.

-Dependía de la distancia, no es igual ir a Valencia como el año pasado, por el mes de mayo, tras varias jornadas, postas y estancias en posadas a lo largo del camino que desplazarse en los pueblos sevillanos.  

-¿Siempre mantenía  el mismo modelo de representaciones?

-Muy parecido, algunos ejercicios de música entremeses y la comedia que tanto atraía al publico

-Me han dicho que  en algunas ocasiones  introdujeron  novedades.

- Ah, sí, en 1632, estuvimos en otra Alcalá, la de Henares, y gustó mucho nuestra jácara, una especie de entremés cantado (normalmente por una actriz) o con alternancia de trozos cantados y representados (y a menudo bailables), con protagonistas rufianescos, que por lo general terminaba recibiendo su castigo. Pero la interpretamos de varios modos, a lo largo de las representaciones, la jácara, ya dialogada, ya entremeseada (representada), que describía el mundo marginal del hampa, dando entrada a s la germanía literaria. Pero había algunas jácaras de tema cortesano, muy pocas, y también otras a lo divino.

-Me cuentan que una gustaba muchísimo.

-Sí la Jácara de doña Isabel, la ladrona, que azotaron y cortaron las orejas en Madrid., 

Dejaron atrás a Alcaudete y comentaron la azarosa vida de los comediantes y las dificultades que se encontraban a la hora de cumplir todos los contratos entre la propia compañía y sus componentes y con los contratantes, los patronos de los corrales de comedias. Desde hospitales a duques pasando por cofradías y ayuntamientos municipales. 

En Martos se detuvieron a la hora de la comida Y, tuvieron varios momentos de descanso. 

    

                Llegaron a Jaén y en la Alhóndiga, pesó toda la ropa de las carretas y comprobaron que prácticamente las pesas guardaban equilibrio. Se dieron la mano, tras el pago de lo comprometido por peso de la carga y cada una de las caballerías. Era el cuatro de septiembre.

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    En 1635, el duque de Arcos, le pagó por una representación en Marchena. Con Alonso de Olmedo de vuelta en Sevilla desde Granada otra vez volvió a Sevilla á representar los autos.  Estuvo en Antequera y en tierras portuguesas, en Lisboa.  Ortegón llegó en este año a  tanta pobreza, que un día rompió el arca de los fondos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Novena y se apoderó de las existencias. Era cómico muy mediano. Murió en Madrid en una casa de la calle de Cantarranas en 1636. Los autos que Olmedo y Ortegón representaron fueron debidos á la pluma de uno de los más ilustres poetas andaluces, á la de don Alvaro Cubillo de Aragón (Nació en Granada, y él mismo se retrató magistralmente en un romance inserto en el libro El enano de las Musas). 

Un año  después, la compañía de Obregón representó en Sevilla y  Madrid con la obra Porfiando vence amor de Lope de Vega.   Murió en medio de la más grande pobreza en 1636.

 

NOTAS PARA LA HISTORIA DE LA HERMANDAD DE SANTA ANA (I)

 

NOTAS PARA LA HISTORIA DE LA HERMANDAD DE SANTA ANA (I)

 








 

Hace unos años, se propuso llevar a cabo un libro de la historia de la hermandad de Nuestra Abuela de Santa Ana. Los hermanos mayores lo han intentado y de seguro que alguien lo hará realidad. Como hermano, he venido aportando a lo largo de años anteriores la historia social de los vecinos de la aldea de mis antepasados. Ahora voy a iniciar una serie de artículos que no tienen más interés que aportar datos para la historia de este futuro libro de la hermandad. Parto de todo el material que he recogido en los distintos archivos provinciales y locales, sin dejar en el olvido la gran aportación que me hizo mi amigo Juan Cano con la fotocopia de un libro de actas de la hermandad, y sigo la línea metodológica comenzada con la Historia de la Coronada. Una entrega por años. Posteriormente, si alguno quisiera, puede ordenar el material y plasmarlo en un eje cronológico correcto y lineal.

 

            Mis primeras notas se basan en las actas anteriormente comentadas, que he cruzado con otros datos investigados en otros archivos. Corresponden a los años comprendidos entre 1714 1779 y se titulan LIBRO DE LA COFRADÍA DE SEÑORA SANTA ANA, QUE LO HIZO Y DIO JUAN RUIZ GÓMEZ, SIENDO HERMANO MAYOR DE LA DICHA COFRADÍA EN EL AÑO DE MIL SETECIENTOS CATORCE. A lo largo de dicho texto, aparecen, sobre todo, los acuerdos de las reuniones de cabildo de la cofradía, los nombramientos de cargos, anotaciones de misas y los inventarios de la cofradía. Vamos a comentar, esencialmente, las características de la hermandad a lo largo de este artículo.

Por su semejanza, la cofradía suele tener las características de otras que se conservan y denominamos de estructura “cerrada”, con poco número de hermanos, elecciones rotatorias y control jerárquico. Generalmente, pertenecían a las clases privilegiadas y a los hacendados frente a las hermandades, esclavitudes, o algunas cofradías, de carácter algo más abierto, como las cuadrillas del Dulce Nombre de Jesús

 

            CONSTITUCIONES

 

            Habían desparecido en el siglo XVII las constituciones de la cofradía, el decreto de la fundación y su erección. Pero era un hecho constatable que habían existido y se regían de un modo consuetudinario- la tradición de las constituciones antiguas y los acuerdos anuales del cabildo-. A instancia de los hermanos el año 1746 exponen la situación de desamparo documental, manifiestan la extracción social de los hermanos-labradores -  y solicitan de nuevo la fundación de la cofradía, algo parecido lo que ha sucedido durante estos últimos años.

            El reformismo religioso del siglo XVIII instaurado en el gobierno abacial incidió en la elaboración de nuevas constituciones, basadas en  que “era bien entendido de ser lo mejor lo que van a ejecutar y bajo de esta ciencia otorgaron que, en ratificación de la fundación antigua de dicha cofradía y de sus cabildos, juntas y acuerdos hacen criar, erigen y levantan esta de nuevo y en reformación de lo que han considerado por gravoso, quieren que observe y guarde en adelante lo que ha prevenido en las constituciones siguientes” . Tuvo lugar, la presentación de las nuevas constituciones lugar el cinco de junio de 1743 ante el gobernador eclesiástico. El veinticinco de dicho mes fueron   aprobadas por el gobernador eclesiástico don Manuel Machado y Luna.

 

 

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LOS CABILDOS

 

El hecho de ser una cofradía de gran prestigio y antigüedad tenía una organización muy ligada con el cabildo eclesiástico de la Abadía. De ahí que sus juntas fueran presididas por una alta dignidad, generalmente el Provisor, Vicario General y Juez de Rentas en representación del señor abad, por cierto, solía estar ausente por estos años. O, en otros cabildos el teniente de vicario. De entre los que asistieron, por este siglo, a estos cabildos se encontraba Matías Fernando Montero de Paz Ramírez, y Gabriel Muñoz Merino, comisario del Santo Oficio de la Inquisición de Córdoba. abogado y colegial de Santa Catalina de Granada, don Diego de Torres, canónigo de la catedral de León, capellán de Felipe V y notario de la Nunciatura, Diego de Guzmán y Bolaños, colegial e la Universidad de Salamanca y miembro de la Orden de Santiago, don Miguel Cedillo y don Diego Bolaños y Guzmán capellán de Felipe V. La integraban el representante eclesiástico, el hermano mayor, los alcaldes y los oficiales, así como un notario escribano e la abadía...

Generalmente, los puntos del orden del día se resumían según el tipo de cabildos ordinarios y extraordinarios. Los anuales y ordinarios   solían comprender el nombramiento de hermano mayor, alcaldes y oficiales del año y, la consiguiente aprobación del inventario de la cofradía y cuentas. Daban fe de la celebración de los actos el representante eclesiástico y el hermano mayor, posteriormente fue sustituido por el capellán de la cofradía partir de 1744.

Solían celebrarse todos los cabildos fuera de la ermita Santa Ana, pues sus hermanos residían en Alcalá. Casi siempre lo hacían en la iglesia de la Veracruz, otras veces en el palacio abacial, sede de la vivienda del vicario general, Pero, a partir de 1744, se comenzaron a celebrar el día de la fiesta de Santa Ana en la propia ermita, pues, como eran labradores, les suponía un gasto importante trasladarse desde los cortijos a Alcalá, al mismo tiempo comenzó a responsabilizarse más intensamente el capellán de la cofradía por delegación del gobernador eclesiástico.

            La fecha de celebración del cabildo variaba desde el mes de abril hasta primeros de junio, Pero, tras la reforma, se impuso el día veintiséis de julio.

           

LOS CARGOS

 

            Eran, como hemos dicho, un hermano mayor, dos alcaldes y varios oficiales. Solían elegirse por periodos de tres años. Antes del siglo XVII, solían hacerse por el sistema de rueda para la elección de cargos de acuerdo con el puesto que se encontraba en la lista de 20 hermanos aproximadamente. Pero en el segundo decenio del siglo XVIII, hicieron una reforma, por el que el sistema de elección consistía en que los cargos se sucedieran de acuerdo con esta proposición: al hermano mayor le sucedía el alcalde más antiguo de la cofradía -actualmente sería el primer vicepresidente- y a este el segundo alcalde.

El hermano mayor, desde el año 1726 era el encargado de presidir misas, funciones, hacer propuestas de cabildo, comprobar el inventario y fedatario de la cofradía. Por eso   escribía en un libro las faltas de los hermanos que no acudían a los actos religiosos, con el fin de imponerle el castigo. Era, también, el responsable de todas las operaciones madereras de la alameda de la cofradía. No podía renunciar al cargo a no ser por razones de enfermedad.

            Para la elección de los alcaldes, los hermanos los votaban secretamente; previa invitación – los convidaban a ser, decían-, y, el que era mayor de edad, quedaba nombrado como primer alcalde y, el otro, segundo alcalde. Paso previo, era la aceptación de los cargos, pues no había propuestas anteriores, sino que lo hacían libremente y en lista totalmente abierta. Incluso, podía hacerse con personas que no estuvieran presentes y, que luego aceptaran el cargo. Cuando se procedía el óbito de algún alcalde, se convocaba cabildo par nombrar otro y reestructurar los patronos del mes. Sustituía y colaboraba con el hermano mayor y presidía las ceremonias religiosas.

También se nombraban doce patronos demandantes que ejercían mensualmente. el cargo con la bacinilla para fondos de culto de la iglesia. Esta recolección lo hacían por las calles de Alcalá. Podían ser sustituidos por una persona que buscaran en lugar de ellos.

El resto de los hermanos formaban una piña para ayudar al hermano mayor en todo tipo de obras materiales de arreglo del templo.

Un capellán era nombrado para ejercer de director espiritual de la cofradía por parte del hermano mayor.

Todos tomaban posesión de los cargos el primero de julio.

Con motivo de la reforma de 1743 y las nuevas constituciones todos los cargos se redujeron al periodo de mandato de un año. El primer domingo de abril, se avisaba al juez eclesiástico para que diera permiso para los cabildos que se celebraran con antelación a la fiesta, evitando acercarse al mes de julio para que tuvieran suficiente para organizarla. También, se creó la figura de padre de ánimas, que se encargó del control de los hermanos fallecidos, la recolecta de misas de sufragio, el pago al capellán y todo lo relacionado con los gastos del funeral. Solían comunicarlo el día de la fiesta. 

 

CAPELLANES

 

Eran los encargados del culto de la ermita de Santa Ana, misas, sufragios por difuntos y compartieron, a partir de mediados de siglo XVIII, ser cobradores del diezmo eclesial en el partido de Santa Ana. Cuando aumentó la residencia de muchos vecinos alcalaíno en la aldea de Santa Ana, el capellán desempeñó, además de las funciones religiosas, otros servicios muy cercanos a los vecinos en labores testamentarias, reparto y distribución d censos, empadronamientos, mediador con el estamento eclesiástico. Decía misa todos los días de fiesta y recibía doce fanegas de trigo por su trabajo. El capellán guardaba la llave del Sagrario y de todas las arquetas y otras cajas, donde se guardarán reliquias y objetos de valor.

 

Francisco Antonio de Contreras

1715-20

Francisco Ramírez de Aguilera

1720-51

Juan Antonio Contreras

1752

Antonio Cano Hinojosa

1767

 

 

HERMANOS

 

La mayoría de ellos eran labradores de los cortijos de la zona- entre Charilla y Ermita Nueva-, que solían arrendarlos de los propietarios alcalaínos, los hidalgos, y, que posteriormente con motivo del reparto de suertes en el reinado de Carlos III se asentaron alrededor de los caminos  y en torno a la ermita de Santa Ana con la construcción de viviendas de la que surgió la aldea de Santa Ana.. Por este tiempo, sus nombres eran Juan Martín Alcaide, Lucas Ramírez, Francisco Ramírez de Aguilera, familia de los González de Lara, Miguel Rufián, Pedro Pérez del Corral, Gaspar de la Fuente, Andrés Hidalgo, Antonio Romero Blas del Castillo, Andrés Palomino, Francisco Valenzuela, Tomás de Aguilar, Pedro Ruiz Rojano, Cristóbal del Barrio, Miguel de Ureña, Juan Garrido, Pedro de Mesa, Fernando Márquez, Lucas Zamora, . todos ellos padres de los que luego crearon el primer núcleo de vecinos de Santa Ana y que hemos referido en anteriores inventarios.

 

 

 

            MODO DE TOMAR ACUERDOS

 

            Mediante asentimiento de los hermanos, tras exponer cada uno sus votos y reparos. PEro , la sucesión de hermanos se llevaba  a cabo de un modo mecánico.

            La mayoría de ellos tenían una cultura básica de saber leer y escribir pues sabían firmar y algunos llegaban a tener buenos trazos.

            Las propuestas de nuevas medidas las realizaba el hermano mayor, el capellán o el representarte eclesiástico, como la reforma de la reforma de las Constituciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HERMANOS MAYORES DEL SIGLO XVIII.

 

            No todos vivían en los cortijos de Santa Ana, sino que muchos eran labradores de Alcalá, con casa en el casco.

 

Juan de Tapia

XVII

 

Nombre y apellidos

Año

Algunas actuaciones

Francisco Revilla

XVII

 

Juan Ruiz Gómez

1711-1714

 

Juan García Barrera

1714-1717

 

Miguel Rufián

1717-1720

 

Miguel González de Lara

1720-1723

 

Lucas Ramírez

1723-1726

 

Gaspar de la Fuente

1726-1729

 

Andrés Palomino

1729-1732

 

Pedro de Rufián

1732-1735

Relicario de Plata

Cristóbal del Barrio

1735-1738

Limosna para entierros

Lucas Zamora

1738-1741

 

Antonio Romero

1741-43

Renunció Pedro de Mesa por razones de enfermedad y  reformó las constituciones

Antonio Ureña

1743

La cofradía celebraba los cabildos en la emita de Santa Ana

Fernando Márquez

1744

 

Juan García Márquez

1745

 

Lorenzo de Torres

1746

 

Juan León

1747

 

Pedro del Barrio

1748

 

Francisco López de Castilla

1749

 

José Calvo

1750

 

Juan de Lizana

1751

 

José Nieto

1752

 

Juan Esteban Palomino

1753

Frontal

Juan Esteban Romero

1754

Frontal

Blas Zamora

1755

frontal

Fernando Márquez

1756

 

Juan Valverde

1757

Frontal

Cristóbal Berlango Márquez

1758

 

Antonio Romero

1759

 

Antonio de Cuenca

1760

 

Manuel de la Fuente

1761

 

Matías de la Fuente

1762

 

Felipe Valverde

1763

 

Pedro González

1764

 

Agustín García

1765

 

Pedro Cano

1766

Nuevo capellán

Francisco Armenteros

1767

 

Francisco Prieto

1768

 

Manuel Márquez

1769

 

Fernando Márquez

1770

 

Manuel de Cuenca

1771

 

José de Zafra

1772

 

Manuel Carmona

1773

 

Juan Márquez

1774

 

Francisco Toro

1775

 

Pedro García

1776

 

Miguel de Cuenca

1777

 

Vicente Romero

1778

 

Juan de Zafra

1779

 

Francisco Ruiz

1780

 

 

 

LOS INVENTARIOS

 

            Solían hacerse unos días después de celebrarse el cabildo ordinario y lo llevaban a cabo entre el representante eclesiástico, el hermano mayor y los alcaldes, asistiendo como testigo algunos hermanos y el capellán de la cofradía. Los lugares donde se llevaba a cabo eran: la iglesia-templo y sacristía, casa de la cofradía y en la Iglesia Mayor de Alcalá la Real. A veces, los hermanos mayores guardaban en sus casas algunos objetos. Cada año, se anotaba el incremento de objetos religiosos, ornamentos, cuadros, bienes muebles e inmuebles, censos ....  

 

MOVIMIENTO ECONÓMICO

 

            Se surtía de los ingresos de cuotas y de los censos y entradas de los bienes muebles de la cofradía, que consistían en un haza de nueve fanegas de tierra de erial, que producía, en su mayor parte, álamos, un censo de seis ducados anuales, y las limosnas de los fieles. La alameda no producía sino el fruto de madera, pues era un erial. Pero, a partir de 1764, comenzó a arrendarse a la familia Romero. 

 

ACTIVIDADES, Y CULTOS.

 

La Cofradía traía anualmente a la Iglesia Mayor de Alcalá la Real la imagen de la Señora Santa Ana. La recibían varios regidores a la entrada de la ciudad juntamente con miembros de la cofradía, hacía su primera estación en la iglesia de la Veracruz, y luego la colocaban en un nicho del altar de la Virgen de las Mercedes. En el día de a santa Ana, celebraban la festividad con una misa solemne, con ministriles y capilla de música.

Por la tarde, la imagen de Santa Ana se colocaba en sus andas y, en procesión, se trasladaba a la ermita acompañada de las banderas- guión de terciopelo rosado. pendón blanco de la cofradía-, insignias- cruz de plata, cuatro cetros con tarjetas para hermano mayor, alcaldes y capellán-, hermanos y devotos a la ermita.

Con motivo de la reforma del 1743, ya no se trajo Santa Ana a la Iglesia Mayor para celebrar la fiesta anual, sino que tan sólo vino con motivo de rogativas y con permiso de la autoridad eclesiástica

            La función religiosa comenzó a celebrarse en la ermita.

 

ALGUNAS ANÉCDOTAS IMPORTANTES DE LA VIDA DE LA COFRADÍA

 

            -El ocho de marzo de 1729, ante la presencia del provisor y vicario el doctor Juan Antonio Domínguez, que era a su vez abogado, colegial de san Felipe y Santiago   de la Universidad de Alcalá de Henares, don Antonio Aranda y Piqueras entregó a la cofradía una reliquia de la Señora Santa Ana que se hallaba en una caja del retablo viejo y el hermano mayor Francisco de Rivilla había guardado en su casa. Consistía en un hueso de Santa Ana, guardado dentro de un relicario pequeño de plata sobredorada incluido en un relicario más grande de talla sobredorado. Lo encerró en el sagrario del altar mayor. Provenía la reliquia de la familia María de Tapia, cuyo padre fue hermano mayor en el siglo XVI y lo había dejado a sus herederas, una sobrina doña Gracia de Tapia. Al acto, también estuvieron presentes, por petición expresa de la donante el capellán, notario y de hermano mayor.

            El dieciséis de junio de 1729, la cofradía se hallaba muy decadente, porque tan sólo asistían el hermano mayor y los alcaldes a las fiestas, funciones de iglesia, y procesiones, tuvo que intervenir don Juan Dios Antonio Domínguez, abogado, vicario para incitar a los hermanos a que acudieran con su presencia so pena de una libra de cera aplicada a la cofradía. 

            El 18 de mayo de 1732, se manifiesta un incremento de sus bienes con tres censos: uno de 120 ducados que pagaba pedro de Abril; otro de 110 ducados que pagaba don Bonoso Tedodoro de Corpas- por cierto, se pagaba sobre un pilar del Juego Pelota junto al pilar de Mari Ramos- y el último de 100 ducados, que lo pagaba don José de la Cruz.

En 1732, se vendieron todas las alhajas y la caja de plata para hacer un relicario, donde estaba la reliquia, anteriormente mencionada, de Santa Ana. Pesó diez onzas de plata y costaron cuatro reales de a ocho. Todo esto se hizo con la licencia del vicario y los hermanos aportaron mediante el sistema de limosnas una parte de lo que faltaba por pagar El día de su fiesta, 26 de julio las reliquias se llevaron a la Iglesia Mayor, se colocaron las reliquias en el altar mayor durante la fiesta de la misa solemne, fueron besadas por el oficiante, el clero, la corporación municipal y un sacerdote las expuso para que las tocaran el resto de los fieles. Por la tarde, se colocaron en las andas y en la tradicional procesión se trasladaron a la ermita de Santa Ana., donde se colocaron en el sagrario.

En el cabildo del 1735, se instauró la costumbre de pagar dos reales al capellán por parte de los hermanos, para que adelantaran los emolumentos con motivo de los sufragios de su muerte y no se retrasaran los días de las misas.

El diez de febrero de 1743, la cofradía llevó a cabo su refundación- se le llama fundación-ante el notario apostólico y la aprobó el vicario general y gobernador eclesiástico, don Manuel Machado y Luna, abogado de los Reales Consejos. El otorgamiento de su fundación tuvo lugar en la iglesia de san Juan el 10 de febrero de 1743

A partir del año 1744, comenzaron a celebrarse los cabildos de elección de hermano mayor en la aldea de Santa Ana a instancias del labrador y hermano mayor Antonio Ureña. El provisor don Manuel Machado y Luna, abogado y capellán mayor de Felipe V dio su consentimiento ante la dificultad de desplazamiento de los labradores a la ciudad de Alcalá y en l mismo día se entregue el inventario de bienes.

            En el año 1752, se aumentó el inventario de bienes con un frontal y una medallita de plata para Santa Ana.

En l año 1754, se llevó a cabo un exhaustivo inventario, en el que aparecieron un gran número de objetos nuevos de plata (agnus Dei,  corazones de la Soledad, exvotos por los milagros que daban los devotos,  y cera.

En el año 1768, se reforma los estatutos para que se integre la mujer del hermano dentro de la hermandad, pues, si era mozo podía recoger dicho privilegio su madre y hermanas.

 

            FRANCISCO MARTÍN ROSALES