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miércoles, 4 de febrero de 2026

LA PLAZA ALTA DE LA MOTA EN LA EDAD MODERNA. COOREDORES Y TIENDAS.

 

LAS REFORMAS DEL SIGLO XVI

Fotos de PPH

 








Tras la reforma del tercer decenio del siglo XVI, la plaza sufrió una importante remodelación, porque se derribaron muchos edificios, se explanaron los solares y se enterraron el palacio de los alcaides y varias casas adosadas. La más importante fue el derrumbe y escopetado del Palacio de los Alcaides, ocurrido en 1529, junto a la casa del alcaide Juan de Aranda y las de Madrigal entre otras. Gracias a las recientes excavaciones con motivo de las obras de reconstrucción las murallas del Gabán 201 0 con fondos del Ministerio de Fomento y la empresa SITE, sea puesto al descubierto la planta primera del palacio del alcalde y se conserva elevada hasta la mitad de su primer cuerpo. De la importancia de la plaza alta, destaca el gran número de pleitos que se entablan entre el cabildo municipal, los propietarios de casas y solares y los comerciantes porque comienzan a trasladar sus locales e instalarse bajo y a partir de la última puerta de la fortaleza. Hay muchos momentos con litigios y pleitos en la Chancillería de Granada y ejecutorias ganadas, como esta de 1573.

            El Señor Juan de Narváez Padilla  fiel ejecutor  dixo que a su noticia es benydo  esta una executoria  en este cabildo, en que, por ella, se manda  que las tiendas, que están de la Puerta de la billa, abaxo  se suban  a la Plaça e Mota  de esta ciudad;  y que, de dexarlas estender,  se berna a despoblar la Mota y se perderá una plaza y fuerça de las principales  que Su Magestad tiene  en estos reynos, como se ha bisto por ysperiencia benirse a ella muncha gente principal de Granada en el tiempo de lebantamiento del reino de Granada, que pide y suplica   al señor corregidor, y si es necesario, le requiere , lo bea y cumpla como en ella se quiere, y de no lo hazer, los de dé por testimonio quexarse y dar quenta a Su Magestad, donde mandó la dicha executoria  y esto digo”.

Por otro lado, sobre el nuevo solar del palacio de los alcaides se abrió un espacio abierto y se colocaron varios corredores, con tiendas en la parte superior y en la parte baja escritorios y a veces tiendas de boticas. En concreto, sabemos su fecha exacta en torno al año 1529, que se levantaron algunas tiendas en la Plaza Alta. Y se mandó por los señores que se tomasen prestados de la Cámara para acabar las tiendas que son cinco de la ciudad, Hasta mediados de siglo ofrecía un espacio no uniforme, repleto de escombros y materiales de derrumbe. Descárguensele más seiscientos sesenta Mrs. que pagó a Lope Garrido, obrero de esta ciudad, para limpiar la plaça alta de esta ciudad de quitar la piedra e tierra que estava junto a la Cárcel, como mostró por libranza de esta ciudad. Su fecha a once de julio de quinientos e quarenta e tres e mostró mandamiento de pago (Amar, 11 de julio de 1543)”.

Además, se ampliaron las tiendas hasta llegar al número de nueve. Al mismo tiempo se trasladaron otras tiendas artesanales como las que elaboraban el jabón dejando su venta en la plaza. Se comenzaron a aumentar el número de tiendas y se comunicaron por una escalera de ingreso a los corredores a partir de los años cuarenta. En 1569, hay noticia de ocho tiendas y otros tantos escritorios de escribanos que eran de propios de la ciudad en la plaza desde la torre del aposento de la justicia hasta la torre de la cárcel, unas arrimadas a otras por una fianza para las honras de don Carlos e Isabel de Portugal 1569.  Dos años más tarde, se aumentó el número en otra nueva tienda. Continuamente se allanaba  e, incluso se enladrillaba el suelo de la plaza con motivo de es fiestas y acontecimientos como en 9 febrero de 1572 : más ochenta e seys mil e ochocientos e setenta y dos mrs y medio que pagó, e se gastaron en allanar la plaça de esta ciudad y enladrillar parte de  ella y en las que se hizieron por el buen alumbramiento de la Reina Nuestra Señora del Príncipe Nuestro Señor y en lo que se gastó en esta manera los 15.913 mrs en allanar la plaza y enladrillar parte de ella que se entraron veinte jornales de maestros picapedreros a tres reales y medio que monstra     .

 

 

  No obstante, las torres, que eran de propios, se reutilizaron con fines comerciales. Entre ellas, destacaba la tienda del Pendón como aposento de la Justicia. A mediados de siglo XVI la plaza pública era una realidad con los corredores y sus nueve tiendas, el cañuto y el gabán, las casas señoriales que encerraban la plaza, el hospital de los Monteses, la iglesia y la Casas de Cabildo y sus tiendas. Hasta 1574, se comunicaba el adarve entre la plaza y el trabuquete, porque no estaba levantada la nueva Casa de la Justicia      que fue una realidad por los años setenta. En 1598, ya se encontraban muchas casas abandonadas y destruidas como la de Francisco de Leyva. Las casas de su derredor no tenían buen drenaje ni un racional sistema de encauzamiento de aguas de los tejados, provocando con el recalado y la mala conducción de las aguas, la destrucción de paredes y muros. Con la pérdida del Gabán, en 1581, la plaza perdió un elemento primordial de configuración y defensa de su recinto defensivo. A partir de este momento, todas las remodelaciones sólo quedarán como un canto de cisne de aquella obra tan importante de la ingeniería fronteriza.

           

LA SEGUNDA AMPLIACIÓN DE LA PLAZA

 

Es muy  agradable esta  descripción del cabildo del de febrero de 1592 afirmando “ que  no hay más de una plaza, la qual de más de ser pequeña, la hazen muy desordenada los dos peçones y rincones de casas  que están salidos de ella, linde con casa de don Gonzalo de Valenzuela, y tienda de don  Francisco Fernández, de manera que no puede haber ni carrera ni fiesta de caballos, lo que causa no poderse ejercitar el dicho ejercicio de ordinario, como se haría quitando las dichas esquinas en largo hasta las casas de la Justicia , y por ancho en línea derecha de la pared de la Iglesia Mayor , entonces abría plaça que bastaría para fiesta y carrera y estaría con traça y adorno y daría mucha autoridad para la Iglesia Mayor, porque se descubriría la puerta principal, que sale a la dicha plaza, por lo tanto se acuerda que se compre el sitio y edificio de estos dichos dos rincones , y se derrumben por el dicho efecto, y se labren tiendas que salgan a la plaça en el dicho puesto, y con ellas pueda aver las que son necesarias para la conservación de esta Mota.

Al principio de siglo XVII, era tan difícil la situación económica que la ciudad tan sólo desarrollaba las actividades y servicios fundamentales de la ciudad: el alcantarillado, el arreglo de calles, el abasto de la carnicería, el matadero, las fiestas ordinarias, el arreglo de las fuentes y, alguna que otra cosa excepcional, sin comprometerse en ninguna obra de envergadura. No obstante, destacaron algunas obras de importancia como la reparación de las torres y el Gabán, al mismo tiempo que los corredores de la plaza, por lo que significaba para la vida comercial y los fondos que se recibían del alquiler de las tiendas. Tan sólo, la remodelación de la plaza de la fortaleza de la Mota fue una obra de gran envergadura en 1600, con el fin de cambiar su aspecto estrecho y medieval en un espacio de amplias dimensiones por medio de la demolición de diversas casas de don Gonzalo de Gamboa y el Hospital de los Monteses” porque, con esto, quedará cuadrada suficiente en buena proporción así para la plaza de armas como para las fiestas”.

A finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, tuvo lugar esa segunda remodelación de la plaza,  porque se arrendaron tierras destinadas a millones, según el acuerdo municipal de 23 de marzo de 1599 “ para el desempeño de la ciudad y ensanche de la plaça y se comete a los caballeros comisarios para que a todo asistan a señalar las dichas tierras conforme a la relación  y en  todo hagan las diligencias que  convienen que para todo se les da comisión   en forma que las  pagas  an de ser por los días de Santa María”. Y al no ser muy grande, ni llana, en 1599 se compraron las casas valoradas en 600 ducados del licenciado Gamboa, miembro del Consejo de Felipe II, (a su vez adquiridas a Hernando de Padilla), dos pares de tiendas y la casa de María del Monte Isla, donde se albergaban los hospitales; en 1597hubo que quitar varias   peñas que impedían la entrada al cabildo y  la Iglesia Mayor. Fue, en 1600, el momento de racionalizar el espacio mediante la ampliación de la plaza, con la destrucción de edificios, porque eran los obstáculos más importantes. Este cierre de la plaza se plasmó por la parte norte con la compra y el derrumbe de las casas y tiendas de Gonzalo de Gamboa y del Hospital de los Monteses o de San Bartolomé, pagados al abad los cuales se abrieron a principio del siglo XVII para hacer más abierta y amplía la plaza. Fue una operación de gran envergadura, porque se necesitaba para esta plaza, que desde por la mañana y al amanecer se palpitaba el pulso de la ciudad.  También, algunas casas hacían rinconeras y no le daban una forma equilibrada por sus líneas rectas de los lados, de ahí que hubo que derribar las casas adosadas a la Iglesia Mayor para hacer línea con su fachada Importaba mucho esta reforma porque había que cuidar de su adorno e pulicia (policía) de la plaza de esta ciudad, la qual está dentro de la fuerça della con privilegio de que no aya otra en esta ciudad por su conservación. Y en esta fecha se encontraba, además de ser muy pequeña, muy   desproporcionada sin parecer plaza y con el allanamiento de la plaza se sacaron sillares para los edificios públicos y casas particulares sin que ningún cantero sacara de las canteras piedra. También, al haber aumentado la población dentro de la fortaleza, este recinto abierto se había quedado angostado para las fiestas de la ciudad, concentración de tropas en las levas y reclutamiento, mercado abierto de la ciudad y, simplemente, como lugar de ocio y asueto. Por eso, se pensó que el lugar adecuado de ampliación era por la parte que se orientaba al oriente: porque con esto quedará cuadrada, suficiente en buna proporción para plaza de Armas como para fiestas.          

Por eso, en el año 1615, de nuevo se obligó a que volvieran todas las tiendas de la ciudad llana a la plaza de la Mota; por otra parte, las tiendas arruinadas se reformaran y se habitaran por todos los tenderos y mercaderes, ya que se habían ubicado en la nueva calle Real y otros lugares de la ciudad llana. Fue un intento baldío de ocupar las tiendas de la plaza baja y alta, las de la iglesia, la botica, la de la Mazmorra, las de la plaza alta de la Mota, la de la Escaleruela, las de las Entrepuertas, la del Postigo junto a la Puerta de la Imagen, las del Albaicín, en el adarvillo de Moya, junto al Pósito y junto a la Alhóndiga.

No obstante, a lo largo de estos dos siglos tras la conquista, varios edificios que dignificaron e hicieron emblemática la plaza de la ciudad:  la iglesia Mayor Abacial con todas sus dependencias e inmuebles anexos (sacristía, claustro, capilla del Deán, casa del sacristán…), las Casas de Cabildo o Ayuntamiento y las nuevas Casas de aposento de la Justicia con sus dependencias de la Cárcel Real, caballerizas y capilla de presos.

 

Cuando, veinte años más tarde, a principios del siglo XVII, se terminaron los corredores, la plaza era el orgullo de la ciudad, que, por su estilo recoleto, rodeado de edificios de fachadas de cantería, tan importantes, se consideraba por muchos viajeros como una de las más bellas de Andalucía, hasta tal punto que siempre cuidaban por su ornato, limpiándola, allanándola y reconstruyendo las continuas ruinas que se provocaban en sus edificios. La consideraban el sitio donde se maquinaba el bien de la res publica en los días ordinarios de martes y viernes, se realizaba los negocios más importantes de los vecinos, se ejercía la justicia y la caridad con los presos y los pobres y servía de paso para los recintos espirituales. Desde antes de las siete de la mañana, los porteros, vestidos con ropas de terciopelo carmesí, preparaban las salas  del cabildo y de la audiencia, para que a las ocho de la mañana aquel recinto ya tuviera  vida,  pues  a esta hora acudían todos los martes y viernes a las casas de Cabildo los regidores y jurados junto con los oficiales del cabildo,- estos dos porteros y el escribano de turno-, rezaban y asistían a misa, oficiada por el capellán de la ciudad en un altar presidido por un retablo, obra del pintor Pedro Sardo, habilitándose la sala de cabildo con un altar y una mesita donde se colocaban las vinajeras. Después, se  reunían en la sala alta, donde  hacían propuestas, libraban gastos, recurrían acuerdos, debatían y exponían sus votos que no eran sino sus pareceres para que la Justicia los armonizase y, como  hombre de bien nombrado por la Corona, o, por así decirlo con términos de hoy,  de consenso, lograba el acuerdo final para ejecutarlos; inmediatamente se distribuían en grupos de dos y tres, lo que llamaban diputaciones y comisiones para cumplir con las tareas que se les habían adjudicado en el famoso cabildo de suertes.

Como en toda España, el día del Corpus era muy esperado por los vecinos. No sólo, por las vísperas, sino por el jueves en el que se celebraba la fiesta y por su Octava. Salían de la Iglesia cuadrillas de gitanos cantando con castañuelas, ginebrinas, panderos y toda clase de instrumentos de percusión; después los diablillos, los danzantes, los Niños de la Iglesia como los seises sevillanos, todas las cofradías con sus imágenes y estandartes, el clero y el cabildo municipal. Y, al final, en esta plaza se colocaba la custodia y las andas en un tablado y a su lado en otro tablado, se subían recitantes que cantaban sonetos al Santísimo, actores que representaban pasos y autos.

 

No siempre, debió tener tanta vida. Pero debemos considerar que era el centro del comercio y mercado de la ciudad. Allí se traficaba de todo, y, por eso, los regidores e hidalgos siempre se manifestaban en contra de cualquiera que comerciantes o artesano que montara su tienda en las afueras de la plaza y de la calle Real. Allí, los vecinos podían comprar una tela de tafetán de varios colores, seda importada o de los talleres alcalaínos, damascos, especies, frutas, y hortalizas, y, el pescado que le sobraba a los playeros tras su venta en los mesones, cosa que era muy perseguida e, incluso, abrieron la mano para que los pudieran traer cualquier vecino. El pescado era cecial, abadejo, toldo, sardinas y arenques.   

Y se repetían los pleitos contras los comerciantes y tenderos que se bajaban sus tiendas o los que las colocaban fuera de la Mota Desde 1560  hasta los años treinta del siglo XVII sufre este recinto una importante transformación. Por una ejecutoria contra los oficiales que asistían en la Mota de 1560 desde la puerta de la Fortaleza hasta la Puerta Nueva”, entre ellos barberos, traperos, sastres, carpinteros, herreros, y herradores, odreros, torneros uy otros y otros oficiales de cualquier oficios: carpinteros, tejedores y herradores.

Para hacernos una idea de la población, destacar que, en 1530, había en la ciudad 300 vecinos y 4 oficios; y en 1562, 3000 vecinos con 200 oficios y faltaban tiendas. Plaza Mayor, Cárcel Audiencia, Escuela y feria de todo los días y otros vecinos con casas. Por un resumen de bienes de 16167 se reconocen estos edificios de la ciudad  al recibir un censo de censo de María Fernández de la Blanca, se detallan  como  propios, y añadimos los de la Iglesia y particulares: Casas de Cabildo, lindera con Iglesia Mayor en Plaza Alta y esta junto con  la capilla del Deán y casa del sacristán, las Casas  de la Justicia que  lindaban con la Cárcel y las murallas y calle de la antigua Encarnación, siete tiendas encima de los corredores en la Plaza Alta ( FALTABAN DOS Y  UNA CAPILLA), 10 escritorios por bajo de los corredores. A todo se añadía algunas tiendas por la parte que daba a la calle frente a la iglesia. Esto dejando aparte las 5 tiendas en Plaza Baja y la Casas de mujeres extramuros y cortijos. El bullicio rompía las normas y hubo que reglamentar aspectos muy singulares que pervivieron hasta hoy como la presencia de los trabajadores y jornaleros en la Plaza Alta para contratarlos de modo que no se pongan en la entrada de ella ni puerta para el paso de la gente. O el hecho de que, al ensancharse la plaza se vendieran frutas ni pescados fuera, ni se vendan en Plaza Baja  porque se junta mucha gente y no hay paso” y obligaba a que se haga en Plaza Alta junto a casa doña María de Aranda “Pedro Fernández Alcaraz.Ni tampoco se pueda vender desde la tienda de la Escaleruela arrimado a pared de Cabildo de esta ciudad, sino en Plaza Alta”.

En estos primeros decenio del siglo XVII, tan sólo  en 1613, se hicieron pequeñas obras como cortar peñas para abrir  el paso a la Iglesia Mayor y quitar un barranco que lo sirbía de echar inmundicias que alindaba a la plaça de esta ciudad y limpiar la plaça alta de ella que linda con la iglesia mayor atento a que ay munchas inmundicias y de suerte que tiene muncha yerba , y se eche una capa de arena, y el mayordomo dé lo necesario con testimonio de este acuerdo y cédula de Pedro Fernández Mazuela, regidor diputado de bastimentos , y antes se le pase en quenta.

A partir de 1638, comenzó el declive de la plaza de modo que el ayuntamiento alcalaíno requirió al corregidor Diego de Guzmán una provisión real para que se arreglaran los corredores, que se encontraban bastante deteriorados. Al mismo tiempo se solicitaba que los comerciantes subieran a la plaza de la fortaleza, porque muchas casas estaban caídas y maltratadas y se habían bajado los comerciantes al Llanillo. Y aunque hasta 1660 se arreglaron los corredores de la Plaza y los de las Casas de Cabildo para presenciar la lidia y   unos capeos y encontrarse maltrechos, dos años más tarde se encuentran en pleno deterioro tanto la escalera como y corredores de las Casas de Justicia. Y no es de extrañar que el Beneficiado Francisco Méndez de Aranda solicitara ante el corregidor, y pidiera licencia “para llevar de las casas de la Mota, que eran de sus abuelos y que están detrás de los corrales de las Casas de Justicia y de otras de María Ramírez, en el Bahondillo lo que quisiere para reedificar sus casas que tiene en la Placeta de la Trinidad. O que se arreglaran los corredores, con un presupuesto que hizo el cantero Pedro Pérez en 1.000 ducados.

Pero las Casas de la Justicia sufrieron grandes destrozos en un incendio en 1665 y se quemaron las chimeneas y parte del tejado. Y aunque todavía los actos oficiales como en 1666 se celebraron con motivo del alzamiento del Pendón por el rey Carlos II y se repararon las Casas de Justicia y Matadero. El declive era total, y, a principios del siglo XVIII, ya estaba deshabitada toda la fortaleza de la Mota, trasladado el comercio a la parte llana y se derrumbaron los corredores, casas del corregidor y ña mayoría de los edificios.


CORREDORES Y TIENDAS DE LA MOTA

                        En los primeros decenios del siglo XVI, hay constancia de los corredores de la plaza alta. Se levantaron desde la tienda del Portón del Cañuto hasta la torre de la Cárcel, Por un censo que hizo la ciudad en 1569 se ubicaban “Sobre ocho tiendas y escritorios de escribanos que son de los dichos propios en la plaça de esta ciudad que están desde la Torre del Aposento de la Justicia hasta la Torres de la Cárcel, unas arrimadas a otras”. Y Se nos ilustra del tipo y usos de estas tiendas de la Plaza Alta: tienda de la botica de Sebastián Quesada, lindera con tiendas de la capellanía de Hernando de Contreras e poseyó Juan de Narváez Padilla. Nueve tiendas que son de Propios e renta, en que entraba el aposento de la Justicia, cabo lo caydo de la Casa de la Justicia, que todas van una en pos de otra con sus corredores hasta la Cárcel Real, que, en la Plaça, y sobre sus rentas. Y una tienda que es en la plaça, que se dice “La tienda del Contraste”, que tiene en renta Pedro Núñez especiero que es de propios. 

En 1587, en la Plaza Pública estaban las Casas de Justicia y de Cabildo, y nueve tiendas bajo los portales cono los altos que tienen los corredores. Por otro censo, se sabe con certeza que eran nueve tiendas que son de Propios e renta, en que entraba el aposento de la Justicia, cabo lo caydo de la Casa de la Justicia, que todas van una en pos de otra con sus corredores hasta la Cárcel Real, que, en la Plaça, y sobre sus rentas y una tienda que es en la plaça, que se dice “La tienda del Contraste”, que tiene en renta Pedro Núñez especiero que es de propios.  Además, hay noticias de su restauración por el acta de 14 de febrero de 1587:   acordó e mandó que los señores comisarios de obras hagan reparar e aderezar los corredores de la Plaza por estar muy arruinados,  e con mucho peligro de se caer e por ser  ornato de la plaza, e que luego se reparen, e que los señores comisarios a quien se acometió el reparo, lo hagan hazer, e que el mayordomo de propios de esta ciudad dé para ello lo necesario. Hasta 1592, siguieron las obras de los corredores según las facturas de libranza.

Hoy desaparecidos, se levantaban entre los cimientos de la casa palacio del alcaide y el Gabán. No debía ser una obra, al principio, muy consistente, porque continuamente se hacían reparaciones y reformas a costa de los arrendadores de las tiendas. Se componían de dos cuerpos y con dos corredores. En la parte baja, adintelada, y la de arriba cerrada con un corredor donde se entraban en las tiendas de la ciudad. Se comunicaban mediante una escalera de una a otra. La primera destinada a los escribanos; y la segunda a los vendedores de telas, cambistas, sederos, especieros...Al principio fueron solo cinco (1529), aumentó el número a mediados del siglo XVI, y posteriormente llegaron a   construirlos corredores y la totalidad de nueve tiendas que eran arrendadas para pagar los gastos dentro de la entrada de los propios de la ciudad y servían de aposento de los oficiales y caballeros para contemplar los festejos, toros, fiestas del Corpus. Sus maestros de obras fueron Lope Garrido y Pedro Ramos, canteros y obreros locales.  En 1530 mandaron que se pregonasen las tiendas de la ciudad, porque, a quienes las quisieren arrendar, las labre del alquiler de las tiendas y aducían que esto porque de los propios no ay dineros para que se acaben de los vecinos. Estas tiendas se hicieron con sus puertas de entrada, su techumbre y un adarve que hacía de mirador. Otro si el señor teniente del señor Alonso de Cabrera tomen las libranzas de la Cámara e se vea lo que ay para que se gasten en los dichos adarves para que luego se adoben. Hasta mediados del siglo XVI no se construyeron las restantes tiendas que alcanzaron el número de nueve con sus correspondientes escritorios debajo de ellas. Su material era principalmente madera, hierro y piedra en los elementos sustentantes, balcones y corredores de modo que continuamente se veían sometidos a llevar a cabo restauraciones y remodelaciones hasta tal punto que la principal de ellas tuvo lugar en el segundo decenio del siglo XVI transformados sus pilares en columnas de piedra. Sobre todo, los mejores carpinteros y herreros de la ciudad intervinieron en los años noventa del siglo XVI.       En 1586, preocupaba su situación y s e ordenó que arreglaran los corredores de la plaza, por estar en peligro y son “ornato de la Plaza están des retejados. Tuvo que ser una obra importante, porque se llevó a cabo en almoneda la restauración de acuerdo con las trazas y condiciones establecidas por el cabildo. Era comisario  Juan de Narváez de Padilla, y  Juan de Oliva  era carpintero, los que  dieron noticia a su merced como avían venido a esta ciudad cinco carros de madera, los quales tenían comprado ciertos vecinos de esta ciudad a precio de treze ducados cada carro  e a pedimiento  del dicho señor comisario su merced mandó embragar la dicha madera para que se hiciese la dicha obra queda quenta  a esta ciudad para que , si quisiere, que se tome e probea de dineros para lo pagar, e que en esto esta ciudad  dé orden  de lo  que conviniere hazerse, lo trate e confiera. No obstante, se dilató la compra y se retejaron los tejados que caían sobre los escritorios e tiendas de la plaça, entretanto se hace la obra y el mayordomo dé lo necesario”.

             En 1619, se estaban hundiendo los corredores y soportales donde estaban los escritorios, que eran el decoro y adorno de la Plaza junto con las Casas de la Justicia y la Iglesia. Y advertían los munícipes de aquel tiempo que, si se hundía, se acabaría con la plaza desmantelada y perjudicando las rentas de propios de la ciudad que sacaban de las tiendas y de los escritorios que estaban debajo de las anteriores. Se ordenó reedificarlos, ya que se cimentaban sobre la misma muralla y se recalaba esta y las torres Se nombraron dos comisarios con una cantidad de 5000 ducados para reedificarla. Se consiguió una nueva ejecutoria real para su restauración, porque el arco de la muralla había hecho fisura y su reedificación sería muy costosa, Un año después, se llevó a cabo la restauración con arcos y con gran firmeza siguiendo la línea mantenida en los anteriores.

 Actualmente, se conserva   la parte baja de los pilares que soportaban los dos pisos de este edificio municipal, en el que se abrían nueve tiendas empedradas en la parte baja, destinados en su mayor parte al escritorio salvo la Casa del Corregidor y otras nueve en la parte alta que albergaban tiendas de cambistas, paños, sastrería, hilatura y especería. El ayuntamiento alcalaíno debió obligar a los oficiales y escribanos a ocupar dichas tiendas y escritorios, porque tenían tendencia a ubicarse a partir de las tiendas situadas por debajo de la Plaza Baja.  Se accedía a su corredor a través de una escalera que estaba en otra tienda más baja y desde el Cañuto que daba a las tiendas superiores por el corredor. El corredor era la pieza alargada de este edificio que servía de paso a las tiendas y escritorios y hacía de pasillo cubierto y de portales en la parte. Solían subdividirse las tiendas con tabiques y las arrendaba el cabildo alcalaíno como bienes propios de la ciudad para afrontar sus gastos. La ciudad se sentía orgullosa de este cierre de su plaza, obra de cantería, con muchos vanos y ventanales que permitía a las clases privilegiadas contemplar desde sus aposentos los espectáculos públicos de las corridas de toros, juegos de cañas y actos de la festividad del Corpus Cristi. En los años veinte del siglo XVII, se llevaron a cabo obras de cantería por parte de maestros locales y de carpintería por el maestro Eugenio de la Carrera. Entre

 los años 1660 y 1664, se llevaron a cabo varias obras en los corredores de la plaza, sustituyendo su madera de cubiertas, entibos y pilares por la de los álamos.  En 22 de febrero de 1714, a las ocho antes de anoche, se cayeron los corredores de la Plaza de la Mota, que estaban por encima de los oficios y parte de los de la Cárcel, a que antiguamente tenía esta ciudad en dicha plaza.