LAS
REFORMAS DEL SIGLO XVI
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Tras la reforma del tercer decenio del siglo XVI, la plaza sufrió una importante remodelación, porque se derribaron muchos edificios, se explanaron los solares y se enterraron el palacio de los alcaides y varias casas adosadas. La más importante fue el derrumbe y escopetado del Palacio de los Alcaides, ocurrido en 1529, junto a la casa del alcaide Juan de Aranda y las de Madrigal entre otras. Gracias a las recientes excavaciones con motivo de las obras de reconstrucción las murallas del Gabán 201 0 con fondos del Ministerio de Fomento y la empresa SITE, sea puesto al descubierto la planta primera del palacio del alcalde y se conserva elevada hasta la mitad de su primer cuerpo. De la importancia de la plaza alta, destaca el gran número de pleitos que se entablan entre el cabildo municipal, los propietarios de casas y solares y los comerciantes porque comienzan a trasladar sus locales e instalarse bajo y a partir de la última puerta de la fortaleza. Hay muchos momentos con litigios y pleitos en la Chancillería de Granada y ejecutorias ganadas, como esta de 1573.
“El
Señor Juan de Narváez Padilla fiel
ejecutor dixo que a su noticia es
benydo esta una executoria en este cabildo, en que, por ella, se
manda que las tiendas, que están de la
Puerta de la billa, abaxo se suban a la Plaça e Mota de esta ciudad; y que, de dexarlas estender, se berna a despoblar la Mota y se perderá una
plaza y fuerça de las principales que Su
Magestad tiene en estos reynos, como se
ha bisto por ysperiencia benirse a ella muncha gente principal de Granada en el
tiempo de lebantamiento del reino de Granada, que pide y suplica al señor corregidor, y si es necesario, le
requiere , lo bea y cumpla como en ella se quiere, y de no lo hazer, los de dé
por testimonio quexarse y dar quenta a Su Magestad, donde mandó la dicha
executoria y esto digo”.
Por
otro lado, sobre el nuevo solar del palacio de los alcaides se abrió un espacio
abierto y se colocaron varios corredores, con tiendas en la parte superior y en
la parte baja escritorios y a veces tiendas de boticas. En concreto, sabemos su
fecha exacta en torno al año 1529, que se levantaron algunas tiendas en la
Plaza Alta. Y se mandó por los señores que se tomasen prestados de la Cámara
para acabar las tiendas que son cinco de
la ciudad, Hasta mediados de siglo ofrecía un espacio no uniforme, repleto
de escombros y materiales de derrumbe. “Descárguensele
más seiscientos sesenta Mrs. que pagó a Lope Garrido, obrero de esta ciudad,
para limpiar la
plaça alta de esta ciudad de quitar la piedra e tierra que estava junto a la Cárcel,
como mostró por libranza de esta ciudad. Su fecha a once de julio de quinientos
e quarenta e tres e mostró mandamiento de pago (Amar, 11 de julio de 1543)”.
Además,
se ampliaron las tiendas hasta llegar al número de nueve. Al mismo tiempo se
trasladaron otras tiendas artesanales como las que elaboraban el jabón dejando
su venta en la plaza. Se comenzaron a aumentar el número de tiendas y se
comunicaron por una escalera de ingreso a los corredores a partir de los años
cuarenta. En 1569, hay noticia de ocho tiendas y otros tantos escritorios de
escribanos que eran de propios de la ciudad en la plaza desde la torre del
aposento de la justicia hasta la torre de la cárcel, unas arrimadas a otras por
una fianza para las honras de don Carlos e Isabel de Portugal 1569. Dos años más tarde, se aumentó el número en
otra nueva tienda. Continuamente se allanaba
e, incluso se enladrillaba el suelo de la plaza con motivo de es fiestas
y acontecimientos como en 9 febrero de 1572 : más ochenta e seys mil e ochocientos e setenta y dos mrs y medio que
pagó, e se gastaron en allanar la plaça de esta ciudad y enladrillar parte
de ella y en las que se hizieron por el
buen alumbramiento de la Reina Nuestra Señora del Príncipe Nuestro Señor y en
lo que se gastó en esta manera los 15.913 mrs en allanar la plaza y enladrillar
parte de ella que se entraron veinte jornales de maestros picapedreros a tres
reales y medio que monstra .
No
obstante, las torres, que eran de propios, se reutilizaron con fines
comerciales. Entre ellas, destacaba la tienda del Pendón como aposento de la
Justicia. A mediados de siglo XVI la plaza pública era una realidad con los
corredores y sus nueve tiendas, el cañuto y el gabán, las casas señoriales que
encerraban la plaza, el hospital de los Monteses, la iglesia y la Casas de
Cabildo y sus tiendas. Hasta 1574, se comunicaba el adarve entre la plaza y el
trabuquete, porque no estaba levantada la nueva Casa de la Justicia que fue una realidad por los años setenta.
En 1598, ya se encontraban muchas casas abandonadas y destruidas como la de
Francisco de Leyva. Las casas de su derredor no tenían buen drenaje ni un
racional sistema de encauzamiento de aguas de los tejados, provocando con el
recalado y la mala conducción de las aguas, la destrucción de paredes y muros. Con
la pérdida del Gabán, en 1581, la plaza perdió un elemento primordial de
configuración y defensa de su recinto defensivo. A partir de este momento,
todas las remodelaciones sólo quedarán como un canto de cisne de aquella obra
tan importante de la ingeniería fronteriza.
LA
SEGUNDA AMPLIACIÓN DE LA PLAZA
Es
muy agradable esta descripción del cabildo del de febrero de
1592 afirmando “ que no hay más de una plaza, la qual de más de
ser pequeña, la hazen muy desordenada los dos peçones y rincones de casas que están salidos de ella, linde con casa de
don Gonzalo de Valenzuela, y tienda de don
Francisco Fernández, de manera que no puede haber ni carrera ni fiesta
de caballos, lo que causa no poderse ejercitar el dicho ejercicio de ordinario,
como se haría quitando las dichas esquinas en largo hasta las casas de la Justicia
, y por ancho en línea derecha de la pared de la Iglesia Mayor , entonces abría
plaça que bastaría para fiesta y carrera y estaría con traça y adorno y daría
mucha autoridad para la Iglesia Mayor, porque se descubriría la puerta
principal, que sale a la dicha plaza, por lo tanto se acuerda que se compre el
sitio y edificio de estos dichos dos rincones , y se derrumben por el dicho
efecto, y se labren tiendas que salgan a la plaça en el dicho puesto, y con ellas
pueda aver las que son necesarias para la conservación de esta Mota..jpeg)
Al
principio de siglo XVII, era tan difícil la situación económica que la ciudad
tan sólo desarrollaba las actividades y servicios fundamentales de la ciudad:
el alcantarillado, el arreglo de calles, el abasto de la carnicería, el matadero,
las fiestas ordinarias, el arreglo de las fuentes y, alguna que otra cosa
excepcional, sin comprometerse en ninguna obra de envergadura. No obstante,
destacaron algunas obras de importancia como la reparación de las torres y el
Gabán, al mismo tiempo que los corredores de la plaza, por lo que significaba
para la vida comercial y los fondos que se recibían del alquiler de las
tiendas. Tan sólo, la remodelación de la plaza de la fortaleza de la Mota fue
una obra de gran envergadura en 1600, con el fin de cambiar su aspecto estrecho
y medieval en un espacio de amplias dimensiones por medio de la demolición de
diversas casas de don Gonzalo de Gamboa y el Hospital de los Monteses” porque, con esto, quedará cuadrada suficiente en
buena proporción así para la plaza de armas como para las fiestas”.
A
finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, tuvo lugar esa segunda
remodelación de la plaza, porque se
arrendaron tierras destinadas a millones, según el acuerdo municipal de 23 de
marzo de 1599 “ para el desempeño de la
ciudad y ensanche de la plaça y se comete a los caballeros comisarios para que
a todo asistan a señalar las dichas tierras conforme a la relación y en
todo hagan las diligencias que
convienen que para todo se les da comisión en forma que las pagas
an de ser por los días de Santa María”. Y al no ser muy grande, ni
llana, en 1599 se compraron las casas valoradas en 600 ducados del licenciado
Gamboa, miembro del Consejo de Felipe II, (a su vez adquiridas a Hernando de
Padilla), dos pares de tiendas y la casa de María del Monte Isla, donde se
albergaban los hospitales; en 1597hubo que quitar varias peñas que impedían la entrada al cabildo
y la Iglesia Mayor. Fue, en 1600, el
momento de racionalizar el espacio mediante la ampliación de la plaza, con la
destrucción de edificios, porque eran los obstáculos más importantes. Este
cierre de la plaza se plasmó por la parte norte con la compra y el derrumbe de las
casas y tiendas de Gonzalo de Gamboa y del Hospital de los Monteses o de San
Bartolomé, pagados al abad los cuales se abrieron a principio del siglo XVII
para hacer más abierta y amplía la plaza. Fue una operación de gran envergadura,
porque se necesitaba para esta plaza, que desde por la mañana y al amanecer se
palpitaba el pulso de la ciudad. También,
algunas casas hacían rinconeras y no le daban una forma equilibrada por sus
líneas rectas de los lados, de ahí que hubo que derribar las casas adosadas a
la Iglesia Mayor para hacer línea con su fachada Importaba mucho esta reforma
porque había que cuidar de su adorno e
pulicia (policía) de la plaza de esta ciudad, la qual está dentro de la fuerça
della con privilegio de que no aya otra en esta ciudad por su conservación.
Y en esta fecha se encontraba, además de ser muy pequeña, muy desproporcionada
sin parecer plaza y con el allanamiento de la plaza se sacaron sillares para
los edificios públicos y casas particulares sin que ningún cantero sacara de
las canteras piedra. También, al haber aumentado la población dentro de
la fortaleza, este recinto abierto se había quedado angostado para las fiestas
de la ciudad, concentración de tropas en las levas y reclutamiento, mercado abierto
de la ciudad y, simplemente, como lugar de ocio y asueto. Por eso, se pensó que
el lugar adecuado de ampliación era por la parte que se orientaba al oriente:
porque con esto quedará cuadrada, suficiente en buna proporción para plaza de
Armas como para fiestas.
Por
eso, en el año 1615, de nuevo se obligó a que volvieran todas las tiendas de la
ciudad llana a la plaza de la Mota; por otra parte, las tiendas arruinadas se
reformaran y se habitaran por todos los tenderos y mercaderes, ya que se habían
ubicado en la nueva calle Real y otros lugares de la ciudad llana. Fue un
intento baldío de ocupar las tiendas de la plaza baja y alta, las de la
iglesia, la botica, la de la Mazmorra, las de la plaza alta de la Mota, la de
la Escaleruela, las de las Entrepuertas, la del Postigo junto a la Puerta de la
Imagen, las del Albaicín, en el adarvillo de Moya, junto al Pósito y junto a la
Alhóndiga.
No
obstante, a lo largo de estos dos siglos tras la conquista, varios edificios
que dignificaron e hicieron emblemática la plaza de la ciudad: la iglesia Mayor Abacial con todas sus
dependencias e inmuebles anexos (sacristía, claustro, capilla del Deán, casa
del sacristán…), las Casas de Cabildo o Ayuntamiento y las nuevas Casas de
aposento de la Justicia con sus dependencias de la Cárcel Real, caballerizas y
capilla de presos.
Cuando,
veinte años más tarde, a principios del siglo XVII, se terminaron los
corredores, la plaza era el orgullo de la ciudad, que, por su estilo recoleto,
rodeado de edificios de fachadas de cantería, tan importantes, se consideraba
por muchos viajeros como una de las más bellas de Andalucía, hasta tal punto
que siempre cuidaban por su ornato, limpiándola, allanándola y reconstruyendo
las continuas ruinas que se provocaban en sus edificios. La consideraban el
sitio donde se maquinaba el bien de la res publica en los días ordinarios de
martes y viernes, se realizaba los negocios más importantes de los vecinos, se
ejercía la justicia y la caridad con los presos y los pobres y servía de paso
para los recintos espirituales. Desde antes de las siete de la mañana, los
porteros, vestidos con ropas de terciopelo carmesí, preparaban las salas del cabildo y de la audiencia, para que a las
ocho de la mañana aquel recinto ya tuviera
vida, pues a esta hora acudían todos los martes y
viernes a las casas de Cabildo los regidores y jurados junto con los oficiales
del cabildo,- estos dos porteros y el escribano de turno-, rezaban y asistían a
misa, oficiada por el capellán de la ciudad en un altar presidido por un
retablo, obra del pintor Pedro Sardo, habilitándose la sala de cabildo con un
altar y una mesita donde se colocaban las vinajeras. Después, se reunían en la sala alta, donde hacían propuestas, libraban gastos, recurrían
acuerdos, debatían y exponían sus votos que no eran sino sus pareceres para que
la Justicia los armonizase y, como
hombre de bien nombrado por la Corona, o, por así decirlo con términos
de hoy, de consenso, lograba el acuerdo
final para ejecutarlos; inmediatamente se distribuían en grupos de dos y tres,
lo que llamaban diputaciones y comisiones para cumplir con las tareas que se
les habían adjudicado en el famoso cabildo de suertes.
Como
en toda España, el día del Corpus era muy esperado por los vecinos. No sólo,
por las vísperas, sino por el jueves en el que se celebraba la fiesta y por su
Octava. Salían de la Iglesia cuadrillas de gitanos cantando con castañuelas,
ginebrinas, panderos y toda clase de instrumentos de percusión; después los diablillos,
los danzantes, los Niños de la Iglesia como los seises sevillanos, todas las
cofradías con sus imágenes y estandartes, el clero y el cabildo municipal. Y,
al final, en esta plaza se colocaba la custodia y las andas en un tablado y a
su lado en otro tablado, se subían recitantes que cantaban sonetos al Santísimo,
actores que representaban pasos y autos.
No siempre, debió tener tanta vida. Pero debemos considerar que era el centro del comercio y mercado de la ciudad. Allí se traficaba de todo, y, por eso, los regidores e hidalgos siempre se manifestaban en contra de cualquiera que comerciantes o artesano que montara su tienda en las afueras de la plaza y de la calle Real. Allí, los vecinos podían comprar una tela de tafetán de varios colores, seda importada o de los talleres alcalaínos, damascos, especies, frutas, y hortalizas, y, el pescado que le sobraba a los playeros tras su venta en los mesones, cosa que era muy perseguida e, incluso, abrieron la mano para que los pudieran traer cualquier vecino. El pescado era cecial, abadejo, toldo, sardinas y arenques.
Y
se repetían los pleitos contras los comerciantes y tenderos que se bajaban sus
tiendas o los que las colocaban fuera de la Mota Desde 1560 hasta los años treinta del siglo XVII sufre
este recinto una importante transformación. Por una ejecutoria contra los
oficiales que asistían en la Mota de 1560 “desde
la puerta de la Fortaleza hasta la Puerta Nueva”,
entre ellos barberos, traperos, sastres, carpinteros, herreros, y herradores,
odreros, torneros uy otros y otros oficiales de cualquier oficios: carpinteros,
tejedores y herradores.
Para hacernos una idea de la población, destacar que,
en 1530, había en la ciudad 300 vecinos y 4 oficios; y en 1562, 3000 vecinos
con 200 oficios y faltaban tiendas. Plaza Mayor, Cárcel Audiencia, Escuela y
feria de todo los días y otros vecinos con casas. Por un resumen de bienes de
16167 se reconocen estos edificios de la ciudad
al recibir un censo de censo de María Fernández de la Blanca, se
detallan como propios, y añadimos los de la Iglesia y
particulares: Casas de Cabildo, lindera con Iglesia Mayor en Plaza Alta y esta junto
con la capilla del Deán y casa del
sacristán, las Casas de la Justicia
que lindaban con la Cárcel y las
murallas y calle de la antigua Encarnación, siete tiendas encima de los
corredores en la Plaza Alta ( FALTABAN DOS Y UNA CAPILLA), 10 escritorios por bajo de los
corredores. A todo se añadía algunas tiendas por la parte que daba a la calle
frente a la iglesia. Esto dejando aparte las 5 tiendas en Plaza Baja y la Casas
de mujeres extramuros y cortijos. El bullicio rompía las normas y hubo que
reglamentar aspectos muy singulares que pervivieron hasta hoy como la presencia
de los trabajadores y jornaleros en la Plaza Alta para contratarlos de modo que
no se pongan en la entrada de ella ni puerta para el paso de la gente. O el hecho de que, al ensancharse la plaza
se vendieran frutas ni pescados fuera, ni se vendan en Plaza Baja porque se
junta mucha gente y no hay paso” y obligaba a que se haga en Plaza Alta junto a
casa doña María de Aranda “Pedro
Fernández Alcaraz.Ni tampoco se pueda vender desde la tienda de la Escaleruela
arrimado a pared de Cabildo de esta ciudad, sino en Plaza Alta”.
En
estos primeros decenio del siglo XVII, tan sólo
en 1613, se hicieron pequeñas obras como cortar peñas para abrir el paso a la Iglesia Mayor y quitar un barranco que lo sirbía de echar inmundicias
que alindaba a la plaça de esta ciudad y limpiar la plaça alta de ella que
linda con la iglesia mayor atento a que ay munchas inmundicias y de suerte que
tiene muncha yerba , y se eche una capa de
arena, y el mayordomo dé lo necesario con testimonio de este acuerdo y cédula de Pedro Fernández Mazuela, regidor diputado de bastimentos , y antes se le pase en
quenta.
A
partir de 1638, comenzó el declive de la plaza de modo que el ayuntamiento
alcalaíno requirió al corregidor Diego de Guzmán una provisión real para que se
arreglaran los corredores, que se encontraban bastante deteriorados. Al mismo
tiempo se solicitaba que los comerciantes subieran a la plaza de la fortaleza,
porque muchas casas estaban caídas y maltratadas y se habían bajado los comerciantes
al Llanillo. Y aunque hasta 1660 se arreglaron los corredores de la Plaza y los
de las Casas de Cabildo para presenciar la lidia y unos
capeos y encontrarse maltrechos, dos años más tarde se encuentran en pleno
deterioro tanto la escalera como y corredores de las Casas de Justicia. Y no es
de extrañar que el Beneficiado Francisco Méndez de Aranda solicitara ante el
corregidor, y pidiera licencia “para
llevar de las casas de la Mota, que eran de sus abuelos y que están detrás de
los corrales de las Casas de Justicia y de otras de María Ramírez, en el
Bahondillo lo que quisiere para reedificar sus casas que tiene en la Placeta de
la Trinidad. O que se arreglaran los corredores, con un presupuesto que
hizo el cantero Pedro Pérez en 1.000 ducados.
Pero
las Casas de la Justicia sufrieron grandes destrozos en un incendio en 1665 y se
quemaron las chimeneas y parte del tejado. Y aunque todavía los actos oficiales
como en 1666 se celebraron con motivo del alzamiento del Pendón por el rey
Carlos II y se repararon las Casas de Justicia y Matadero. El declive era
total, y, a principios del siglo XVIII, ya estaba deshabitada toda la fortaleza
de la Mota, trasladado el comercio a la parte llana y se derrumbaron los
corredores, casas del corregidor y ña mayoría de los edificios.
CORREDORES Y TIENDAS DE LA MOTA
En
los primeros decenios del siglo XVI, hay constancia de los corredores de la
plaza alta. Se levantaron desde la tienda del Portón del Cañuto hasta la torre
de la Cárcel, Por un censo que hizo la ciudad en 1569 se ubicaban “Sobre ocho tiendas y escritorios de
escribanos que son de los dichos propios en la plaça de esta ciudad que están
desde la Torre del Aposento de la Justicia hasta la Torres de la Cárcel, unas
arrimadas a otras”. Y Se nos ilustra del tipo y usos de estas tiendas de la
Plaza Alta: tienda de la botica de
Sebastián Quesada, lindera con tiendas de la capellanía de Hernando de
Contreras e poseyó Juan de Narváez Padilla. Nueve tiendas que son de Propios e renta,
en que entraba el aposento de la Justicia, cabo lo caydo de la Casa de la
Justicia, que todas van una en pos de otra con sus corredores hasta la Cárcel
Real, que, en la Plaça, y sobre sus rentas. Y una tienda que es en la plaça,
que se dice “La tienda del Contraste”, que tiene en renta Pedro Núñez especiero
que es de propios.
En 1587, en la Plaza Pública estaban las Casas de
Justicia y de Cabildo, y nueve tiendas bajo los portales cono los altos que
tienen los corredores. Por otro censo, se sabe con certeza que eran nueve tiendas que son de Propios e renta,
en que entraba el aposento de la Justicia, cabo lo caydo de la Casa de la
Justicia, que todas van una en pos de otra con sus corredores hasta la Cárcel
Real, que, en la Plaça, y sobre sus rentas y una tienda que es en la plaça,
que se dice “La tienda del Contraste”, que tiene en renta Pedro Núñez especiero
que es de propios. Además, hay noticias
de su restauración por el acta de 14 de febrero de 1587: acordó
e mandó que los señores comisarios de obras hagan reparar e aderezar los
corredores de la Plaza por estar muy arruinados, e con mucho peligro de se caer
e por ser ornato de la plaza, e que luego se reparen, e que los señores comisarios
a quien se acometió el reparo, lo hagan hazer, e que el mayordomo de propios de
esta ciudad dé para ello lo necesario. Hasta 1592, siguieron las obras de
los corredores según las facturas de libranza.
Hoy
desaparecidos, se levantaban entre los cimientos de la casa palacio del alcaide
y el Gabán. No debía ser una obra, al principio, muy consistente, porque
continuamente se hacían reparaciones y reformas a costa de los arrendadores de
las tiendas. Se componían de dos cuerpos y con dos corredores. En la parte
baja, adintelada, y la de arriba cerrada con un corredor donde se entraban en
las tiendas de la ciudad. Se comunicaban mediante una escalera de una a otra.
La primera destinada a los escribanos; y la segunda a los vendedores de telas,
cambistas, sederos, especieros...Al principio fueron solo cinco (1529), aumentó
el número a mediados del siglo XVI, y posteriormente llegaron a construirlos corredores y la totalidad de
nueve tiendas que eran arrendadas para pagar los gastos dentro de la entrada de
los propios de la ciudad y servían de aposento de los oficiales y caballeros
para contemplar los festejos, toros, fiestas del Corpus. Sus maestros de obras
fueron Lope Garrido y Pedro Ramos, canteros y obreros locales. En 1530 mandaron que se pregonasen las tiendas de la ciudad, porque, a quienes las
quisieren arrendar, las labre del alquiler de las tiendas y aducían que esto
porque de los propios no ay dineros para que se acaben de los vecinos. Estas tiendas se hicieron con sus puertas de
entrada, su techumbre y un adarve que hacía de mirador. Otro si el señor
teniente del señor Alonso de Cabrera tomen las libranzas de la Cámara e se vea
lo que ay para que se gasten en los dichos adarves para que luego se adoben.
Hasta mediados del siglo XVI no se construyeron las restantes tiendas que
alcanzaron el número de nueve con sus correspondientes escritorios debajo de
ellas. Su material era principalmente madera, hierro y piedra en los elementos sustentantes,
balcones y corredores de modo que continuamente se veían sometidos a llevar a
cabo restauraciones y remodelaciones hasta tal punto que la principal de ellas
tuvo lugar en el segundo decenio del siglo XVI transformados sus pilares en
columnas de piedra. Sobre todo, los mejores carpinteros y herreros de la ciudad
intervinieron en los años noventa del siglo XVI. En 1586, preocupaba su situación y s e ordenó que arreglaran
los corredores de la plaza, por estar en peligro y son “ornato de la Plaza están
des retejados. Tuvo que ser una obra importante, porque se llevó a cabo en
almoneda la restauración de acuerdo con las trazas y condiciones establecidas
por el cabildo. Era comisario Juan de
Narváez de Padilla, y Juan de Oliva era carpintero, los que dieron noticia a su merced como avían venido a esta ciudad cinco carros
de madera, los quales tenían comprado ciertos vecinos de esta ciudad a precio
de treze ducados cada carro e a
pedimiento del dicho señor comisario su
merced mandó embragar la dicha madera para que se hiciese la dicha obra queda
quenta a esta ciudad para que , si
quisiere, que se tome e probea de dineros para lo pagar, e que en esto esta
ciudad dé orden de lo
que conviniere hazerse, lo trate e
confiera. No obstante, se dilató la compra y se retejaron los tejados que
caían sobre los escritorios e tiendas de
la plaça, entretanto se hace la obra y el mayordomo dé lo necesario”.
En 1619, se
estaban hundiendo los corredores y soportales donde estaban los escritorios,
que eran el decoro y adorno de la Plaza junto con las Casas de la Justicia y la
Iglesia. Y advertían los munícipes de aquel tiempo que, si se hundía, se
acabaría con la plaza desmantelada y perjudicando las rentas de propios de la
ciudad que sacaban de las tiendas y de los escritorios que estaban debajo de
las anteriores. Se ordenó reedificarlos, ya que se cimentaban sobre la misma
muralla y se recalaba esta y las torres Se nombraron dos comisarios con una
cantidad de 5000 ducados para reedificarla. Se consiguió una nueva ejecutoria
real para su restauración, porque el arco de la muralla había hecho fisura y su
reedificación sería muy costosa, Un año después, se llevó a cabo la
restauración con arcos y con gran firmeza siguiendo la línea mantenida en los anteriores.
Actualmente, se conserva la parte baja de los pilares que soportaban los dos pisos de este edificio municipal, en el que se abrían nueve tiendas empedradas en la parte baja, destinados en su mayor parte al escritorio salvo la Casa del Corregidor y otras nueve en la parte alta que albergaban tiendas de cambistas, paños, sastrería, hilatura y especería. El ayuntamiento alcalaíno debió obligar a los oficiales y escribanos a ocupar dichas tiendas y escritorios, porque tenían tendencia a ubicarse a partir de las tiendas situadas por debajo de la Plaza Baja. Se accedía a su corredor a través de una escalera que estaba en otra tienda más baja y desde el Cañuto que daba a las tiendas superiores por el corredor. El corredor era la pieza alargada de este edificio que servía de paso a las tiendas y escritorios y hacía de pasillo cubierto y de portales en la parte. Solían subdividirse las tiendas con tabiques y las arrendaba el cabildo alcalaíno como bienes propios de la ciudad para afrontar sus gastos. La ciudad se sentía orgullosa de este cierre de su plaza, obra de cantería, con muchos vanos y ventanales que permitía a las clases privilegiadas contemplar desde sus aposentos los espectáculos públicos de las corridas de toros, juegos de cañas y actos de la festividad del Corpus Cristi. En los años veinte del siglo XVII, se llevaron a cabo obras de cantería por parte de maestros locales y de carpintería por el maestro Eugenio de la Carrera. Entre
los años 1660 y 1664, se llevaron a cabo
varias obras en los corredores de la plaza, sustituyendo su madera de
cubiertas, entibos y pilares por la de los álamos. En 22 de febrero de 1714, a las ocho antes de
anoche, se cayeron los corredores de la Plaza de la Mota, que estaban por
encima de los oficios y parte de los de la Cárcel, a que antiguamente tenía
esta ciudad en dicha plaza.

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