Dedicado a Enrique López Ríos
Con el fin de aportar alguna información nueva del convento de San Francisco de Alcaudete recogemos estas notas del testamento del alferez mayor de la villa de Alcaudete Alonso de Palomar( familia muy arraigada en la villa , su padre Diego y su madre María de la Torre y sus abuelos Juan de Palomar y Catalina de la Rosa de la que heredó una Viña entre caminos de Alcalá y Castillo, con destino a decir misas en Santa María y sus bisabuelo Juan García de Palomar ) , muy relacionado con Alcalá la Real , ante el escribano alcalaíno Pedro Ruiz de Baena (AHPJ . Legajo 5041, folio 230, año 1649). Mandó ser enterrado en la sepultura suya de la Iglesia de Santa María Mayor de Alcaudete de la que era parroquiano, pero si moría en Alcalá la Real en la capilla que también disponía en el convento de San Francisco. Encargó novecientas misas por su alma en las festividades de la Cruz, Cristo, Virgen María, apóstoles y otros santo como san Amador y ángeles y a la madre santa Teresa de Jesús, de lo que nos da muestra de ser hacendado, así como su féretro fuera portado por doce pobres que recibieran limosna. Estaba casado con Catalina de Aranda, y Angulo, su prima, lo que le entroncaba a la noble familia alcaláina, así como que su hermana Francisca era monja de la Trinidad y le había dejado 22 ducados para una memoria de misas que se dijeran la mitad en la ermita de Santa Ana y la otra mitad en San Blas. No quedaba en esta relación sino que estaba con seiscientos de deuda de tres censo, a los que se comprometía pagarlos vendiendo la heredad del cortijo de los Santos. ( contra Francisco Muñoz de Orduña regidor e importante comerciante de la seda, y dos doncellas entre ella la beata . Poseía dos tiendas en los corredores de la plaza, que lindaban con otras tiendas de otros hidalgos como Marañón y del capitán Merino. Aunque mantenía un censo con el convento de Santa Clara, lo importante era la posesión de la capilla de san Antonio de Padua, que la había labrado y edificado con sus ingresos y había levantado escritura ante Marcos López Poyatos. Para que celebraran la fiesta, misa cantada y procesión del santo de Padua aportaba quinientos reales sobre una huerta del lugar de los Santos con viña, olivar y zumacar por ingresos para que no se perdiera. Como, al final por una claúsula de su codicilo, hizo varios reparos a su testamentos, sabemos que fue enterrado en la capilla de Nuestra señora de los Ángeles del convento de San Francisco.
Hay varias fotografías que, según Tano García, nos de presenta una vista de justo después de la Guerra, desde el altar hacia los pies, de Ortega (compañera de otra foto que ha puesto Manuel en la primera publicación). La puerta está a la derecha, esa claridad que entra a continuación de los dos arcos, que eran las capillas de la Virgen de los Dolores, el que está más cerca del fotógrafo, y de San Antonio, el que está junto a la puerta. El arco del fondo es el coro; ese tramo último sin el arco, el arco de San Antonio (no la capilla) y parte del muro de ese lado es más o menos lo que hoy se conserva, en una casa particular. Las fotos de Baldomero muestran lo que queda de los pies de la iglesia, que en esta foto que yo pongo está al otro lado del muro que cierra el arco del coro.Fue construido a principios del siglo XVI y funcionó como convento hasta el siglo XIX. En 1843 el edificio del convento fue cedido a la junta local de beneficencia para usarlo como hospital de pobres; después ya no sé cuánto tiempo funcionó el hospital ni si tuvo otros usos. La iglesia, efectivamente, continuó abierta al culto hasta la Guerra Civil. Fue bombardeada y prácticamente destruida por los aviones y apenas quedan algunos restos.




