Archivo del blog

sábado, 31 de enero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (IV). LA PLAZA ANTES DE LOS REYES CATÓLICOS

 

LA PLAZA ANTES DE LOS REYES CATÓLICOS

 

             Rabieno ha visitado la plaza alta de la Mota, se detuvo en ella y se remontó al tiempo en que se conformó cmo plaza cristiana. Ye recordó.      Con la conquista por el rey Alfonso XI, las torres se reutilizaron y las casas nobles de los habitantes musulmanes se concedieron a los caballeros cristianos, al mismo tiempo que se produjo una importante remodelación en la zona murada.   La plaza sirvió de solar para regocijar fiestas, celebra juegos de cañas, y organizar levas; de sitio de reunión y de contrato de trabajadores, lugar de proclamar pregones y almonedas, recinto comercial, y, también, se definieron algunos edificios públicos y religiosos, destacando el palacio del alcaide. La configuración de la plaza de la fortaleza de la Mota y su entorno espacial no ofrecían, en modo alguno, el aspecto actual que, hasta ahora, podemos contemplar. Esta primera plaza fue testigo de reyertas y de la muerte del corregidor Bartolomé de Santa Cruz Así, en la mañana del cinco de mayo de 1492 subía el corregidor a la plaza para adentrarse en su posada, en la que residía, junto a la plaza baja, cuando se le acercaron dos jóvenes. Le rodearon y le asestaron varias puñaladas cayendo mortalmente herido al suelo. Los regidores de la Torre del Rey, por las rendijas contemplaban el espectáculo y dejaron escapar a los jóvenes. Ningún se acercó a prenderlos. Los dejaron escapar por las callejas de las calles de las cuatro esquinas hacia el Bahondillo. Tras un prudencial tiempo para la evasiva de sus cómplices criminales, se acercaron al lugar y lo recogieron dando sus últimos alaridos. Herido de muerte. Lo llevaron a la posada, avisaron al físico, al cirujano, que le limpiaron la sangre, le vendaron con gasas. Pero no pudieran hacer nada. Con un fuerte esténtor falleció. Al día siguiente, la ciudad se sentía liberada, pero sobre las cabezas de los vecinos se movían los comentarios más rencorosos que un ser humano pudiera comprender. Se juraron y se transmitían aquel dicho que no hay culpa alguna ante la muerte de los tiranos, sino que era una liberación del pueblo. Para ellos, morir y matar les eran familiares, acostumbrados como estaban con los moros en la frontera. Está claro que huyeron de Alcalá, sabemos que los Gadea, los Montesinos, y Fernández de Alcaraz vivieron en la ciudad de los Cármenes. Algunos fueron muy influyentes, hubo familias de los Escavias que crearon hasta un convento. Pero el hilo que creímos desvelado se nos quedó inconcluso al tener que investigar en los archivos granadinos. Sin embargo, los reyes no estaban por estos derroteros, pues se habían propuesto meter en vereda a todos los insubordinados de todo lo que fuera indisciplina con su poder. Para este cometido, habían elegido a los corregidores. No les importaba tanto su capacidad de adquirir más recursos para sus empresas militares, sino someter a todos los jefezuelos de la piel de toro bajo su jurisdicción. Primero, lo hicieron con las grandes ciudades, y ya les había tocado a los últimos reductos de su vasto territorio: las ciudades en primera línea de frontera. No importaba que tuvieran que agrupar varias ciudades bajo un mismo corregidor. Sólo le interesaba que tuvieran sometidos a las personas indómitas. Y, en Alcalá los había, pues por los servicios, se excedían en los abusos con los territorios regios y con la política emprendida. Y, con estos precedentes, se pusieron   manos al asunto, primero enviaron un pesquisidor para investigar el crimen de lesa majestad. Un representante suyo asesinado en presencia de todo el pueblo, y sin ningún delator. El pesquisidor se las vio y las deseó, en primer lugar, pregonó un bando en la peña de la plaza obligando a todo el mundo a que declarara quienes habían sido los causantes o autores del crimen. El asunto resultó espinoso. Pues, nadie quería desvelar nada. Llamó a los regidores y escribanos para que le dijeran que hacían aquel día en el cabildo. Ninguno confesaba nada. Pero, entrevía que algo ocultaban. Pues no se sentían autores, pero el pliego de descargos y eximentes, eran amplio. Que el corregidor era un entrometido, no les dejaba relacionarse con sus clientes en el reparto de tierras, les impedía el trato, les atosigaban con nuevas sisas, les acumulaban cargos por invasión de tierras comunales…una sarta de falsas justificaciones, que querían justificar aquel magnicidio. Por ello, el pesquisidor los envió a la Corte para que se presentaran ante el rey y les castigara.  La ciudad quedó gobernada tan sólo por Pedro de Aranda y Escabias. Nada consiguieron, entonces envió un alguacil real para ejecutar y cortar de raíz, la situación. Hubo algunos tormentos en los vecinos y tenderos de la plaza, y lograron declarar todo al detalle habían sido los hijos de Antón Hortelano juntamente con el padre y otros vecinos. A los primeros les confiscaron los bienes, les derrumbaron las casas, y fueron ajusticiados, sin embargo, los otros acusados, en concreto, dos hermanos, lograron escapar de la cárcel. Se fueron a Granada, allí rehicieron sus vidas. La pista se perdió. Y, eso que su madre Mari Sánchez, quería que se les devolviesen los solares donde tenía su casa para reconstruirla. Incluso, años más tarde, arrepentidos los asesinos enviaron desde Granada a Alcalá una misiva. que desvelará toda la trama del crimen. Hubo una capilla en la iglesia de Santo Domingo de Silos, que nadie sabía quien la había instituido, cuando se había creado, era un secreto de confesión. Lo habían perpetrado dos hermanos que se habían ido a Granada por los años siguientes a la entrega de la capital del reino nazarí por Boabdil a los Isabel y Fernando. Habían combatido hasta el último momento con los reyes y esperaban el momento de recibir mercedes, por eso vendieron sus bienes de Alcalá, se trasladaron a Granada, eran de la familia de los Gadea, de los Montesino, ¿Quién sabe? Lo cierto que se arrepintieron de sus actos y mandaron en su testamento una gran cantidad de dinero para fundar una capilla en la primera de la iglesia de Alcalá.

 

 

Además de acontecimientos notable, destaca el desarrollo histórico para configurar distintos momentos de este espacio urbano. Por lo tanto, la plaza no fue un espacio amplio, cuadrado o racionalizado, ni tampoco se mantuvo el mismo aspecto, distribución y mantenimiento de los mismos edificios que se nos ha transmitido documentalmente hasta el siglo XX.

            Al principio, la plaza era muy angosta, reducida, sin red viaria con diversos salientes que correspondían a la organización musulmana del espacio. Por eso, no nos extraña este comentario de la plaza: “Dixo que por lo muncho que importa el adorno e pulicia (policía) de la plaza de esta ciudad, la qual está dentro de la fuerça della con privilegio de que no aya otra en esta ciudad por su conservación, la qual, demás de ser muy pequeña, está desproporcionada sin parezer plaza”.

 

            El núcleo más importante de este espacio fue el palacio del gobernador musulmán y de los caballeros musulmanes, en torno al cual se levantaron la mezquita aljama, un hospital, viviendas de caballeros, zoco, que pasó a manos cristianas con otros términos adaptados. En el libro de la genealogía de los Arandas (1454. Folio 25 v, Libro IV Capítulo II) se encuentra una muy interesante descripción de la plaza con motivo de una reyerta entre bandos de la ciudad, los Aranda y los Montesinos de la Isla. Sería ora prima ya salido el sol.  Y como asomaron por ella vieron estar tres escuadrones de hombres armados, el uno a la puerta, el otro en la calzada que es mirador que está frontero de la dicha plaza, y el otro y tercero junto a la casa de Palacio, que entonces era, y ahora es plaza. Los quales, como los vieron para pelear, aunque eran tan pocos que había diez para cada uno de ellos, no se atrevieron a atender y esperar. Que los de la puerta las iglesias se entraron en ella, por tener cerca de la guarida. Estos eran gente de Martín Alonso de Montemayor que favorecía a los Monteses, porque algunos de ellos vivían con él. Los de la calzada que eran los mismos contrarios, bajándose de ella se fueron la calle arriba de la Plaza para sus casas y algunos de ellos llevaban tanto temor que no pararon asta esconderse en los gallineros(..)Los que estaban junto a la casa de Palacio que eran los criados de Diego de Merlo, que a la sazón era alcaide de Alcalá, y les debería favorecer, entrarónse en ella, y, como entrasen dentro ellos, tras de ellos, no pararon hasta las faldas doña García Carrillo, su mujer”.PALACIO DEL ALCAIDE

 

En el siglo XV, se juntaban a cabildo, en un palacio, que Carmen Juan atribuye a la casa del alcaide y alcalde mayor Alonso Fernández, situado en la Plaza Alta, frente a la Iglesia de Santa María. Restos de las casas de los señores de Aben Zayde se reutilizaron en la Casa del Alcaide de la ciudad, que regentaron las familias del conde de Cabra y los señores de Aguilar y los Fernández de Córdoba, así como el Condestable y Luís de Merlo entre otros. En esta pernoctó el rey el Condestable Lucas de Iranzo. “Vino el rey  don Enrique a Alcalá y, con él, el Condestable don Miguel Lucas, que era muy gran privado suya, al qual avía dado la tenencia de ella, Y posando el rey en las casas ya dichas de Palazio, estando un día parado sobre una ventana de enzima de la puerta que enseñorea la Plaza, y con el  Condestable, un viejo, Juan Monte, ya entrado en edad  hizo una oración y habla al rey Por lo qual se quejaba de muchos desaguisados que los tres hermanos avían hecho(...)lo s mandó prender y poner en la bóveda más alta de la Torre Nueva que ellos avían subido por fuerça, como arriva a dicho, y luego fueron presos. Y esa misma noche, después de aver zenado, el rey y el condestable, solos salieron por una puerta vaja del aposentamiento, que salía junto a la puerta de la dicha torre. Subieron a lo alto de ella y por la bóbeda del torrejón, que en medio estava, parónse a la boca, que en el suelo estava, a mirar lo que los presos hazían.  En esta cita queda claro que las excavaciones de la plaza de la Mota pusieron al descubierto la casa del conde de Cabra. porque en un acuerdo del acta de cabildo de 30 de diciembre de 1529. dice sí: 


En este cabildo   se cometieron a los señores el teniente e Cristóbal de Frías regidores que vean ciertos agravios que dice el señor alcaide Juan de Aranda, regidor, que ha recibido de las casas que deroçó la casa del Conde e de la tierra que le han echado arrimada a su pared, e, que, visto, lo mande el mismo endobar e fase la que sea que la ciudad está obligada fazer e que a acosta de ella se haga luego. Por tanto, el palacio de los alcaides se denomina del conde en honor del conde de Cabra. La estrechura de la plaza queda de manifiesta por encontrarse casas adosadas a él que aparecen en los restos descubiertos; también se denotan en la planta Baja la puerta de entrada, el vestíbulo, habitaciones secundarias, caballerizas y pesebreras, cocina, leñera, despensas, patio abierto del claustro central con basas de columnas góticas. Y se adivina una segunda planta de aposentos y dormitorios. muros sustentantes.

 




No hay comentarios:

Publicar un comentario