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jueves, 8 de enero de 2026

OBITUARIO DE JUAN VEGA VEGA EN EL JAÉN

 



Este año, ya no escucharemos a Juan Vega Vega, este auroro de estirpe familiar , con el que las Noches de Navidad y la muestra de Villancicos de San Juan se transformaban en oraciones nacidas del corazón y la tradición por medio de su voz insustituible, que, como me decía Rafael Picaso, cualquier melodía se convertía en música perfecta de las manos de su voz y su s cuerda. Ni escucharemos las saetas auténticas de su voz hecha más que oración, canto de serafines a la entrega de los cuadros y gallardetes, el mejor saetero de Alcalá la Real, por seguiriya y cualquier tipo de toná.

Este devoto del Cristo Sanjuanero no saldrá a escuchar su banda, con la que su trompeta daba el punto culminante de aquellas marchas desde los años setenta hasta avanzado el III milenio. 

Y no podremos tampoco vivir y escuchar la pasión hecha pueblo con sus pregones de los pasos en la tarde del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo, en su toná única y deje  final aflamencado en su voz señera. La pasión de 2026 sonará más triste en forma de queda por tu adiós a tu devoción de alma y en la que fuiste el pregonero simpar de amor pasional.

En la casa de hermandad, se mantendrán las huellas de tus manos artesanas que hacías bella hasta la piedra del mampuesto. Como coralista de muchas comparsas , la música en tu voz y tu dirección sonaba con una sinfonía especial en muchos actos populares y en otros  de la corte celestial de los Ángeles de la tierra, una voz y unas cuerdas que siempre estuvieron  al servicio de Cristo y de su pueblo, todo lo entregaste.

Este cuatro de enero se quedó muda la iglesia de San Juan,  cuando se informó de la muerte de Juan Vega Vega, que entroncaba con estas tradiciones, porque fue una voz insustituible que recogió de su familia las canciones de los antiguos carnavales, los cantos y cuerda de las rondallas dirigidas por el mismo, el sabor aflamencado de los pregones de la Semana Santa de Alcalá la Real sin olvidar su sonidos únicos del  metal  de su corneta, las auténticas saetas alcaláinas, las canciones tradicionales de temporadas y estaciones, los cantos aguilanderos de los auroros y el pozo de villancicos tradicionales, romancísticos y de los cantaores flamencos del siglo XX.   Juan fue músico del pueblo, y, excelente persona que siempre estaba dispuesto a entregar sus cualidades y servicios para la historia alcaláina. Padre y esposo ideal, derrochador de su amor familiar, y entrega total a la cultura alcalaína.

Cuando llegue el Viernes Santo, retumbará el paseíllo de la Mora este año con  estos versos auroros:

Son méritos

que hacemos

para la otra vida

dadlo abundante,

nadie lo impida.

Que la Virgen de la Aurora y Jesús en las advocaciones de Salud, Ecce Homo y Columna, se lo recompensen con creces en el cielo.

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