Nos envía el cronista Rabieno estas notas primerPas de su actividad informativa de la Sierra Sur.
Han pasado muchos años desde que la Navidad
cristiana estaba completamente enraizada en
todos los hogares de Alcalá la Real. Hoy vivimos
otros tiempos, en los que el banquete de la Misa
del Gallo se ha sustituido muchas veces por la
comida familiar; el programa extraordinario te-
levisivo ha suplantado los cantos colectivos de
las familias tras la asistencia a la misa; y el alum-
brado extraordinario de nuestra ciudad, con su
estrella de oriente en la Mota, ha ocupado el lu-
gar de los cantos de aguilanderos, animeros y
auroros, que hacían de heraldos de las fiestas de
la Navidad. Nos ha invadido la técnica para mal
menor; con su aspecto generalizante y como
adormidera, les ha quitado la ternura a nuestras
fiestas de amor y familia. Pero esto no fue siem-
pre así. Recuerdan las constituciones abaciales
de Juan de Ávila que, por esas fechas, se hacían
sa, aunque sea en lo divino”, lo que demuestra
la pervivencia de estos romances y misterios de
Navidad, como recogen la constitución 5 del tí-
tulo XIII del abad Pedro de Moya. En nuestros
tiempos, estas escenificaciones quedaron como
un testigo deformado en los colegios y en algu-
nos templos.
Pero nada quedó de aquellas representacio-
nes, salvo la letra de estos villancicos navide-
ños. Más reciente y, en parte conservada, es la
tradición de los aguilanderos, grupos espontá-
neos de hermanos de cofradías (en Alcalá y en
las aldeas, hay noticias de las de las Ánimas, del
Pecado original o la de Nuestra Señora de la Au-
rora) que iban de una casa a otra de los herma-
nos con rústico acompañamiento musical de
zambombas, panderos, panderetas, instru-
mentos de percusión, algún violín , guitarra o
laúd cantando villancicos, que culminaba con
el canto del aguilando real “Vamos cantando, /
en algunas iglesias y ermitas “algunas repre-
sentaciones, juegos o remembranzas u otras co-
sas semejantes”, por cierto, a veces “no muy ho-
nestas” porque en la celebración de aquellos
autos o teatros menores se introducían algunos
versos graciosos, “las célebres morcillas” tea-
trales, como consta en los cantos de los largos
romances, que todavía se conservan y cantan
en la noche de Navidad por parte algunas fami-
lias tradicionales de Alcalá. Preciosos y llenos
de lirismo son el muy popular “Cuando el Eter-
no se quiso hacer Niño” o del “Niño Jesús Car-
pintero”, que recogimos cantado de Pilar Gál-
vez, o el más universal “Los desposorios de San
José”, “La huida a Egipto”, o “la Posada”. Eran
parte y herencia de los misterios medievales,
que los abades tuvieron que prohibir por cau-
sarse algún escándalo. Un siglo después, estos
villancicos y estas representaciones se refugia-
ron en las fiestas profanas, con el nombre “far-
a la vez que pedimos/ el aguilando./ Que le den/
con el rabo / en la sartén, /”. Su finalidad no era
otra sino recaudar fondos (materiales y de dine-
ro) para una rifa que se realizaba en los primeros
días de Navidad. Con ellos mantenían los cultos
y fiestas de la cofradía, y obligaciones caritati-
vas con sus hermanos, generalmente misas por
el alma de los cofrades fallecidos. Tampoco olvi-
daban a acudir a la misa del Gallo, con su coro y
faroles de limpio y brillante cristal. Desgracia-
damente, solo han quedado restos de aquella
hermandad de Nuestra Señora de la Aurora en
el coro que se prepara para las fiestas por la Her-
mandad del Cristo de la Salud en la Noche de la
Misa del Callo, la Muestra y Ofrenda de Villanci-
cos. Y los sones de este canto auroro: “Eres ma-
dre de tierra y doncella/ y madre del Niño que en
Belén nació. / Y eres de cristal dorado, / donde
Jesucristo vivo se encerró, nueve meses con tan-
ta grandeza/ y quedaste Virgen y Madre de Dios.
E, incluso el pasado cuatro de enero se quedó
muda la iglesia de San Juan, cuando se informó
de la muerte de Juan Vega Vega, que entroncaba
con estas tradiciones, porque fue una voz insus-
tituible que recogió de su familia las canciones
de los antiguos carnavales, los cantos y cuerda
de las rondallas dirigidas por el mismo, el sabor
aflamencado de los pregones de la Semana San-
ta de Alcalá la Real sin olvidar su sonidos únicos
del metal de su corneta, las auténticas saetas
alcalaína, las canciones tradicionales de tem-
poradas y estaciones, los cantos aguilanderos
de los auroros y el pozo de villancicos tradicio-
nales, romancísticos y de los cantaores flamen-
cos del siglo XX.
Juan fue músico del pueblo, y, excelente perso-
na que siempre estaba dispuesto a entregar sus
cualidades y servicios para la historia alcalaína.
Padre y esposo ideal, derrochador de su amor
familiar, y entrega total a la cultura local.
Uno pasea por la renovada calle Álamos y no le
cuesta convencerse de que Alcalá ha ganado
con la intervención, vaya esto por delante. Cier-
to es que, a menudo, las obras de calado no
han tenido, de primeras, la buena recepción
que hubiera cabido esperar. Lo triste en este ca-
so es que los errores cometidos parecen haber
ensombrecido, por el momento, casi todo lo
demás. Porque no olvidemos que la obra ha su-
puesto ampliar las aceras y reducir la calzada a
seis metros, manteniendo los dos carriles, con
un aparcamiento que ha pasado a ser en línea,
decenas los vecinos que se echen a caminar
por ese acerado tan generoso que, además,
ofrece novedosas perspectivas del Paseo de los
Álamos.
Y a pesar de todo ello, es lo malo lo que termi-
na sonando. A la interminable ejecución de las
obras se sumaba, como desafortunado colo-
fón, el excesivo adoquinado instalado en la
vía. Las quejas de los primeros conductores
que transitaron por el recién estrenado pavi-
mento no eran gratuitas. Aquello no era un
adoquín normal. Después han venido meses
para favorecer la creación de una acera en la
margen que linda con el Paseo de los Álamos,
de forma que nuestro principal parque cuente
con una acera circundante. Se han renovado y
reubicado los contenedores soterrados y las re-
des de saneamiento, al tiempo que se ha refor-
zado la seguridad en el entorno de la SAFA.
Amén de todo ello, el propio conjunto ha ga-
nado en elegancia, adquiriendo ese anillo en
torno al paseo un cierto aire de pequeño bule-
var, que sin duda le faltaba. Lo comprobare-
mos, sin duda, cuando mejore el tiempo y sean
extras a la espera de la reparación, anunciada
para el pasado septiembre, pero que no ha ter-
minado de hacerse realidad hasta diciembre.
Nuevamente, como ya lo hicieran durante el
calvario de las obras en esta vía, los comercian-
tes volvían a lamentarse ahora de que en estos
días navideños, que son de los pocos en los que
se puede hacer algo de negocio, volviera el in-
cordio de las máquinas. Por si fuera poco, una
vez finalizada la intervención, la polémica no
termina de agotarse, y son muchos los que si-
guen pensando que, aunque ha mejorado un
poco, circular por este tramo de adoquines
continúa siendo un verdadero desafío para los
vehículos, que tarde o temprano acabará te-
niendo consecuencias para la mecánica de
muchos usuarios. Otros, directamente, ponen
en cuestión el haber optado por un pavimento
de adoquín en una vía de tanto tráfico, asegu-
rando que hubiera valido más optar por una
solución que facilitara la circulación y no al
contrario.
En la presentación de la intervención en calle
Álamos, en agosto de 2024, ya se adelantaba
que esta actuación sería “un primer e impor-
tante paso en el proyecto de renovación urba-
na de la ciudad, que tendrá continuidad con la
remodelación del Llanillo y el Compás de Con-
solación, proyecto que nos gustaría iniciar a
principios de 2026”. Contando con el prece-
dente que han supuesto estas obras y su im-
pacto sobre el tráfico en el centro de la ciudad,
da respeto imaginar a lo qué podemos enfren-
tarnos ahora. Solo queda cruzar los dedos y es-
perar que los hados sean benévolos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario