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sábado, 31 de enero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (IV). LA PLAZA ANTES DE LOS REYES CATÓLICOS

 

LA PLAZA ANTES DE LOS REYES CATÓLICOS

 

             Rabieno ha visitado la plaza alta de la Mota, se detuvo en ella y se remontó al tiempo en que se conformó cmo plaza cristiana. Ye recordó.      Con la conquista por el rey Alfonso XI, las torres se reutilizaron y las casas nobles de los habitantes musulmanes se concedieron a los caballeros cristianos, al mismo tiempo que se produjo una importante remodelación en la zona murada.   La plaza sirvió de solar para regocijar fiestas, celebra juegos de cañas, y organizar levas; de sitio de reunión y de contrato de trabajadores, lugar de proclamar pregones y almonedas, recinto comercial, y, también, se definieron algunos edificios públicos y religiosos, destacando el palacio del alcaide. La configuración de la plaza de la fortaleza de la Mota y su entorno espacial no ofrecían, en modo alguno, el aspecto actual que, hasta ahora, podemos contemplar. Esta primera plaza fue testigo de reyertas y de la muerte del corregidor Bartolomé de Santa Cruz Así, en la mañana del cinco de mayo de 1492 subía el corregidor a la plaza para adentrarse en su posada, en la que residía, junto a la plaza baja, cuando se le acercaron dos jóvenes. Le rodearon y le asestaron varias puñaladas cayendo mortalmente herido al suelo. Los regidores de la Torre del Rey, por las rendijas contemplaban el espectáculo y dejaron escapar a los jóvenes. Ningún se acercó a prenderlos. Los dejaron escapar por las callejas de las calles de las cuatro esquinas hacia el Bahondillo. Tras un prudencial tiempo para la evasiva de sus cómplices criminales, se acercaron al lugar y lo recogieron dando sus últimos alaridos. Herido de muerte. Lo llevaron a la posada, avisaron al físico, al cirujano, que le limpiaron la sangre, le vendaron con gasas. Pero no pudieran hacer nada. Con un fuerte esténtor falleció. Al día siguiente, la ciudad se sentía liberada, pero sobre las cabezas de los vecinos se movían los comentarios más rencorosos que un ser humano pudiera comprender. Se juraron y se transmitían aquel dicho que no hay culpa alguna ante la muerte de los tiranos, sino que era una liberación del pueblo. Para ellos, morir y matar les eran familiares, acostumbrados como estaban con los moros en la frontera. Está claro que huyeron de Alcalá, sabemos que los Gadea, los Montesinos, y Fernández de Alcaraz vivieron en la ciudad de los Cármenes. Algunos fueron muy influyentes, hubo familias de los Escavias que crearon hasta un convento. Pero el hilo que creímos desvelado se nos quedó inconcluso al tener que investigar en los archivos granadinos. Sin embargo, los reyes no estaban por estos derroteros, pues se habían propuesto meter en vereda a todos los insubordinados de todo lo que fuera indisciplina con su poder. Para este cometido, habían elegido a los corregidores. No les importaba tanto su capacidad de adquirir más recursos para sus empresas militares, sino someter a todos los jefezuelos de la piel de toro bajo su jurisdicción. Primero, lo hicieron con las grandes ciudades, y ya les había tocado a los últimos reductos de su vasto territorio: las ciudades en primera línea de frontera. No importaba que tuvieran que agrupar varias ciudades bajo un mismo corregidor. Sólo le interesaba que tuvieran sometidos a las personas indómitas. Y, en Alcalá los había, pues por los servicios, se excedían en los abusos con los territorios regios y con la política emprendida. Y, con estos precedentes, se pusieron   manos al asunto, primero enviaron un pesquisidor para investigar el crimen de lesa majestad. Un representante suyo asesinado en presencia de todo el pueblo, y sin ningún delator. El pesquisidor se las vio y las deseó, en primer lugar, pregonó un bando en la peña de la plaza obligando a todo el mundo a que declarara quienes habían sido los causantes o autores del crimen. El asunto resultó espinoso. Pues, nadie quería desvelar nada. Llamó a los regidores y escribanos para que le dijeran que hacían aquel día en el cabildo. Ninguno confesaba nada. Pero, entrevía que algo ocultaban. Pues no se sentían autores, pero el pliego de descargos y eximentes, eran amplio. Que el corregidor era un entrometido, no les dejaba relacionarse con sus clientes en el reparto de tierras, les impedía el trato, les atosigaban con nuevas sisas, les acumulaban cargos por invasión de tierras comunales…una sarta de falsas justificaciones, que querían justificar aquel magnicidio. Por ello, el pesquisidor los envió a la Corte para que se presentaran ante el rey y les castigara.  La ciudad quedó gobernada tan sólo por Pedro de Aranda y Escabias. Nada consiguieron, entonces envió un alguacil real para ejecutar y cortar de raíz, la situación. Hubo algunos tormentos en los vecinos y tenderos de la plaza, y lograron declarar todo al detalle habían sido los hijos de Antón Hortelano juntamente con el padre y otros vecinos. A los primeros les confiscaron los bienes, les derrumbaron las casas, y fueron ajusticiados, sin embargo, los otros acusados, en concreto, dos hermanos, lograron escapar de la cárcel. Se fueron a Granada, allí rehicieron sus vidas. La pista se perdió. Y, eso que su madre Mari Sánchez, quería que se les devolviesen los solares donde tenía su casa para reconstruirla. Incluso, años más tarde, arrepentidos los asesinos enviaron desde Granada a Alcalá una misiva. que desvelará toda la trama del crimen. Hubo una capilla en la iglesia de Santo Domingo de Silos, que nadie sabía quien la había instituido, cuando se había creado, era un secreto de confesión. Lo habían perpetrado dos hermanos que se habían ido a Granada por los años siguientes a la entrega de la capital del reino nazarí por Boabdil a los Isabel y Fernando. Habían combatido hasta el último momento con los reyes y esperaban el momento de recibir mercedes, por eso vendieron sus bienes de Alcalá, se trasladaron a Granada, eran de la familia de los Gadea, de los Montesino, ¿Quién sabe? Lo cierto que se arrepintieron de sus actos y mandaron en su testamento una gran cantidad de dinero para fundar una capilla en la primera de la iglesia de Alcalá.

 

 

Además de acontecimientos notable, destaca el desarrollo histórico para configurar distintos momentos de este espacio urbano. Por lo tanto, la plaza no fue un espacio amplio, cuadrado o racionalizado, ni tampoco se mantuvo el mismo aspecto, distribución y mantenimiento de los mismos edificios que se nos ha transmitido documentalmente hasta el siglo XX.

            Al principio, la plaza era muy angosta, reducida, sin red viaria con diversos salientes que correspondían a la organización musulmana del espacio. Por eso, no nos extraña este comentario de la plaza: “Dixo que por lo muncho que importa el adorno e pulicia (policía) de la plaza de esta ciudad, la qual está dentro de la fuerça della con privilegio de que no aya otra en esta ciudad por su conservación, la qual, demás de ser muy pequeña, está desproporcionada sin parezer plaza”.

 

            El núcleo más importante de este espacio fue el palacio del gobernador musulmán y de los caballeros musulmanes, en torno al cual se levantaron la mezquita aljama, un hospital, viviendas de caballeros, zoco, que pasó a manos cristianas con otros términos adaptados. En el libro de la genealogía de los Arandas (1454. Folio 25 v, Libro IV Capítulo II) se encuentra una muy interesante descripción de la plaza con motivo de una reyerta entre bandos de la ciudad, los Aranda y los Montesinos de la Isla. Sería ora prima ya salido el sol.  Y como asomaron por ella vieron estar tres escuadrones de hombres armados, el uno a la puerta, el otro en la calzada que es mirador que está frontero de la dicha plaza, y el otro y tercero junto a la casa de Palacio, que entonces era, y ahora es plaza. Los quales, como los vieron para pelear, aunque eran tan pocos que había diez para cada uno de ellos, no se atrevieron a atender y esperar. Que los de la puerta las iglesias se entraron en ella, por tener cerca de la guarida. Estos eran gente de Martín Alonso de Montemayor que favorecía a los Monteses, porque algunos de ellos vivían con él. Los de la calzada que eran los mismos contrarios, bajándose de ella se fueron la calle arriba de la Plaza para sus casas y algunos de ellos llevaban tanto temor que no pararon asta esconderse en los gallineros(..)Los que estaban junto a la casa de Palacio que eran los criados de Diego de Merlo, que a la sazón era alcaide de Alcalá, y les debería favorecer, entrarónse en ella, y, como entrasen dentro ellos, tras de ellos, no pararon hasta las faldas doña García Carrillo, su mujer”.PALACIO DEL ALCAIDE

 

En el siglo XV, se juntaban a cabildo, en un palacio, que Carmen Juan atribuye a la casa del alcaide y alcalde mayor Alonso Fernández, situado en la Plaza Alta, frente a la Iglesia de Santa María. Restos de las casas de los señores de Aben Zayde se reutilizaron en la Casa del Alcaide de la ciudad, que regentaron las familias del conde de Cabra y los señores de Aguilar y los Fernández de Córdoba, así como el Condestable y Luís de Merlo entre otros. En esta pernoctó el rey el Condestable Lucas de Iranzo. “Vino el rey  don Enrique a Alcalá y, con él, el Condestable don Miguel Lucas, que era muy gran privado suya, al qual avía dado la tenencia de ella, Y posando el rey en las casas ya dichas de Palazio, estando un día parado sobre una ventana de enzima de la puerta que enseñorea la Plaza, y con el  Condestable, un viejo, Juan Monte, ya entrado en edad  hizo una oración y habla al rey Por lo qual se quejaba de muchos desaguisados que los tres hermanos avían hecho(...)lo s mandó prender y poner en la bóveda más alta de la Torre Nueva que ellos avían subido por fuerça, como arriva a dicho, y luego fueron presos. Y esa misma noche, después de aver zenado, el rey y el condestable, solos salieron por una puerta vaja del aposentamiento, que salía junto a la puerta de la dicha torre. Subieron a lo alto de ella y por la bóbeda del torrejón, que en medio estava, parónse a la boca, que en el suelo estava, a mirar lo que los presos hazían.  En esta cita queda claro que las excavaciones de la plaza de la Mota pusieron al descubierto la casa del conde de Cabra. porque en un acuerdo del acta de cabildo de 30 de diciembre de 1529. dice sí: 


En este cabildo   se cometieron a los señores el teniente e Cristóbal de Frías regidores que vean ciertos agravios que dice el señor alcaide Juan de Aranda, regidor, que ha recibido de las casas que deroçó la casa del Conde e de la tierra que le han echado arrimada a su pared, e, que, visto, lo mande el mismo endobar e fase la que sea que la ciudad está obligada fazer e que a acosta de ella se haga luego. Por tanto, el palacio de los alcaides se denomina del conde en honor del conde de Cabra. La estrechura de la plaza queda de manifiesta por encontrarse casas adosadas a él que aparecen en los restos descubiertos; también se denotan en la planta Baja la puerta de entrada, el vestíbulo, habitaciones secundarias, caballerizas y pesebreras, cocina, leñera, despensas, patio abierto del claustro central con basas de columnas góticas. Y se adivina una segunda planta de aposentos y dormitorios. muros sustentantes.

 




jueves, 29 de enero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA (III) LAS CASAS DE LA JUSTICIA

 

LAS CASAS DE LA JUSTICIA

Las casas de Justicia no siempre se ubicaban en un mismo sitio prefijado, pues tenemos noticias que se alquilaban casas de la Mota con caballerizas en 1557 y la torre comentada sirvió de vivienda y botica del físico Taste, que murió en ese año en la ciudad. Precisamente  en  ese año  el corregidor  Pero Ponce de León las cambió por las que anteriormente vivía dando lugar a que se transformaran en Cárcel Real; también el licenciado Bernuy  habilitó por casa de la justicia estas casas que estaban en la  torre del Gabán, y, como era tan estrecha, no se podía vivir en ella, y  para ensancharla y adorno de la plaza, los regidores convinieron tomar dos tiendas de los propios de la ciudad bajo de los portales de la plaza pública, que estaban junto a la torre.     Con los nuevos cuerpos y el interior de la torre se habilitaron varias habitaciones de vivienda para el corregidor en obra de albañilería.


 

En este cabildo se trató e confirió cómo la Casa de la Justicia, que está ciudad tiene en la plaça  de la Mota, no se puede abitar  ni morar, así por ser tan estrecha como por tener los aposentos,  que tiene a la parte  donde combate mucho ayre, por estar en lo más alto de la ciudad e por estar asimismo muy maltratados e biejos,  por ser cosa tan necesaria que la Justicia asista en la Plaça e resida en la Mota , por asistir y estar en ella  los oficiales de la Audiencia y la Cárcel, e,  porque en la Mota ,aunque quisiese alquilar no ay casa bastante donde pueda estar la Justicia , e porque todo el trato e comercio  de esta ciudad está arriba en lo alto, por lo que ansimismo  ymporta la conserbación  de ella al serbicio de Su Magestad y bien de este reino, por ser plaça  tan fuerte e necesaria , se acordó para remedio de los susodicho  que la dicha casa de la Justicia se repare  e ansimismo hazia la parte  de la plaza se añadan dos o tres cuartos de aposentos,  porque están defendidos allí de los ayres ,que baten la dicha casa, lebantando los dichos aposentos  sobre arcos o emparejando  lo que se hiciere con lo alto de la Torre, e, si fuere necesario meter algunas tiendas  de las que lindan la dicha torre, se pueda meter  de suerte que los aposentos  queden con la anchura e comodidad que conbiene, e, para que este efecto se haga traça e condiciones,  y se eche en almoneda,  e se haga con la brevedad posible e se nombraron  por comisarios a los dichos señores Pedro Serrano de Alférez  e Rodrigo de Góngora, regidores.

Como en las plaza manchegas, incluso, estas   tiendas sirvieron de Casa de Justicia, donde vivía el corregidor y esta casa ocupaba tres tiendas y escritorios, que era lo que solía habilitarse en su parte baja, por la parte trasera daba al gabán.

Además del muro, las dos torres del Pendón y del Farol debieron ser muy importantes porque le daban a esta parte de fortaleza una vista que ya no recuperaría jamás. La Torre del Pendón o del Gabán albergaba la Casa de la Justicia desde mediados del siglo XVI. Su importancia no puede soslayarse en una de ellas, pues junto a la Justicia, se encontraba una tienda, que hizo de a vivienda del corregidor, su mirador hacia Sierra Nevada, su puerta de entrada, balcón a la plaza con las armas reales y las de la ciudad. Esta torre tenía una puerta de entrada a ella y a la fortaleza y estaba cubierta con un tejado, con una terraza donde se colocaban luminarias con motivo de los festejos extraordinarios. Prácticamente era inhabitable por su estrechez y falta de aposentos para la familia del corregidor y por las corrientes de aires que la golpeaban continuamente maltratado sus dependencias. Por eso, se hizo una importante reforma en esta torre y casa con el fin de que sugiera residiendo la <Justicia en esta torre donde se encontraba los escribanos de la Audiencia y de la Cárcel el comercio y la vida social y religiosa de Alcalá la Real.  Fue obra del maestro de cantería Juan de Riaño, maestro de cantería en Guadix e Íllora, la ampliación de la Casa de la Justicia en 1573 ocupando dos tiendas y levantando una portada principal y sobre unos arcos un nuevo cuerpo con tres cuartos de aposentos hacia la plaza y emparejando su altura con la torre del Pendón con un costo de 600 ducados para proteger el edificio de los aires.  En 1581, se derrumbaron el lienzo de cerca, adarve y torres de la muralla del Gabán, y, se encontró la ciudad desasistida de un lugar para albergar la Casa de la Justicia y el aposento del corregidor. y sin posibilidad de restauración ni buscar casa alquilada y con la amenaza de bajarse el juez fuera de la ciudad fortificada de modo que se emprendió la posibilidad de buscar un solar para la nueva Casa de la Justicia.  Por la peste, e tomaron varias medidas de urgencia y el corregidor se fue de la “Torre de la Justicia” a la casa de Pedro Cano junto al monasterio de la Trinidad., cuyas casas se repararon (2.6.) A partir del cabildo del mes de junio de 1581, hay continuas alusiones a la reparación de la torre de las Casas de la Justicia y Muralla del Gabán: acudieron Juan Macías y alarifes de la ciudad, planteando entibar madera para repuntarla, lo mismo que la torre del Pendón, que cubra de piedra y arena las bóvedas y cavernas que han hecho los vecinos Buscar en Granada y Jaén para amurallar maestros. Se maceren las casas e minas que confinan con murallas e torres según el informe lo hace Gabriel de Aranda. Incluso, v se hizo un préstamo del Pósito de 2.000 fanegas de tierra.  En 1584, salieron en arrendamiento como tiendas, pues no eran usadas por el corregidor. Evidentemente., por eso, al final de la última tienda, donde estaba adosada la Cárcel Pública de la ciudad, existía una tienda que gozaba de un buen arriendo para el fisco de la ciudad. En 1585. se reformó el patio de la caballeriza de la Casa de Justicia           y se informa de que se ha hundido el tejado de la Casa de Justicia. Se acordó arreglar el tejado de las Casas de Justicia, que se había caído por las aguas.En este cabildo se mandaron librar a Juan de Oliva, el Viejo, carpintero, 38 reales de la cantarera e obras que se hizo en la Casa de la Justicia e de una puerta, que hizo para la Cárcel e seys reales más que se le deven de aver hecho un pisebre para la Casa de la Justicia que todo monta 44 reales”.

LAS TERCERAS Y ÚLTIMAS CASAS DEL CORREGIDOR EN LA FORTALEZA DE LA MOTA

 

El corregidor de Alcalá, Loja y Alhama tuvo su mansión en cada una de las ciudades del corregimiento, pero su sede oficial radicaba en la fortaleza de la Mota, durante los siglos XV, XVI y parte del siglo XVII. El corregidor era un personaje esencial para la ciudad, tanto o más que el abad. Pues, el primero está relacionado con el estamento civil y el segundo con el religioso. Pero, aún más con el nudo umbilical con la Corona. Su papel fue fundamental, porque las ciudades ejercían una función importante, y esta por ser fronteriza, mucho más. Teniendo en cuenta que desde que decayó el poder del alcaide, en manos por cierto de familias nobiliarias, ellos jugaron el papel moderador y de conexión con el poder del Estado.  Pues, Alcalá estaba gobernada por varios bandos que ocupaban la mayoría de los cargos de la ciudad, con los que su autoridad colisionaba. En tiempos de los Reyes Católicos, los vecinos llegaron a asesinar al corregidor Santa Cruz y fueron perseguidos los miembros del cabildo municipal.

La Casa de la Torre del Gabán se hundió en 1583 y el corregidor se encontró sin vivienda en la Plaza de la ciudad fortificada y, a finales del siglo XVI el cabildo municipal consideraba que debía residir en ella alegando que se favorecía a la buena gobernación de los negocios, se encontraba cercana la cárcel y casas de cabildos, donde su autoridad debía ejercerse sin dilaciones.

Para paliar las circunstancias adversas de las Casas de la Torre del Gabán, se propuso un nuevo lugar dentro de la Plaza junto a la Cárcel Real. Eran las casas de doña María de Aranda, hija de Bernardo de Aranda, vecino del Castillo y se componían de la propia vivienda, tiendas y varios anexos que entraron en el trato con Sebastián de Magaña, también vecino de la villa, su tutor y curador. Estas eran " muy a propósito, porque desde allí se podrían encontrar la Justicia con mucha comodidad y se remediarían los dichos inconvenientes, las quales estaban apreciadas en seiscientos noventa ducados”. Estaban situadas entre la Cárcel Real y las casas de doña Isabel de Leiva y herederos de Gonzalo Monte en precio de seiscientos y noventa ducados que montaron doscientos cincuenta y ocho mil setecientos cincuenta y ocho maravedíes.  Junto a ella la casa del Toril y las caballerizas de la cárcel-. Años más tarde, en torno al 1589 en dicho lugar al comprarse la casa de Leonor Méndez de Sotomayor, se construyó la Casa de la Justicia, lindando por la otra parte con la cárcel mencionada, las murallas y una calle que se dirigía a la plaza. Al principio intervinieron Alonso Martínez Izquierdo. En 1590, el maestro de obras Ambrosio de Vico vino a la ciudad para supervisar la restauración y cimentación de las torres y murallas del Gabán. Con ese motivo, su asesoramiento técnico provocó un cambio en la ejecución y dirección de la obra en curso de la Casa de la Justicia, porque contempló una gran deficiencia en la cimentación y levantamiento inclinado de las ligazones y trabazones de las paredes, proponiendo cimentarla y levantarla de nuevo ante una posible caída. Las obras de la Casa de la Justicia que, en la Plaza, se labraban, con traza errada, no había patio ni comodidad de aposento, ni se abrían ventanas a la plaza ni el ornato, por no tener perpiaños estaba desplomada y podía derrumbar antes de su finalización, lo más justo era que se le tasase la obra de Alonso Martín de Tudela.  También fijó las trazas de las nuevas condiciones de la  obras:  dos piezas cuadradas con catorce tercias de ancho y alto y un terrado  de nueve tercias con una danza de arcos de cantería limpia , reformar la bodega quitando las paredes y ensancharla hasta catorce tercias  y poniéndola a nivel para colocar la pesebrera y caballerizas, colocar una  pared limpia hacia el toril de todo largo hasta el altura que tenía  el tejado, porque con esto tiene hasta altura de reparar las cámaras  y dividir lo que fuere menester para recámaras de las dichas piezas  y hazer escaleras por donde la ciudad ordenare  facerlas e un corredor de ocho pies de ancho en la segunda pieza para que desde  él se sirvan las piezas e recámaras y todo los dicho se a de jaharrar  y enlucir  y cavar y dividir los aposentos que fuere a voluntad de la ciudad de cómo sean los nuevos que aquí van señalados e para toda la dicha obra sola a de dar la ciudad madera teja y clavazón.

Un año después, vino Ambrosio de Vico, maestro mayor de Granada, para ver obras del Gabán y casas de Justicia e informaron Pedro de Pineda Góngora y Francisco de Pineda Mesía, que se labraban las Casas de Justicia en casas de Francisco de Herrera y se concedieron 500 ducados del Pósito para la Casa de la Justicia en 1591.

 

Tras las nuevas    trazas de Ambrosio, en los últimos años Ginés Martínez de Aranda y Miguel de Bolívar se cambiaron de metros de cantería y tuvieron una gran participación, pues la obra duró hasta 1593. El primero propuso su ampliación por la parte de la casa de María de Leyva en1590.  Su fachada con dos balcones y una baranda, flanqueados por los escudos reales y el de Alcalá. Se sabe que era de dos pisos y, en su parte superior, tenía balcones exteriores y unos corredores y unos marmolillos. Solía tener, al principio, las dependencias básicas (cuartos de dormitorio en la parte superior, escalera grande, miradores que se orientaba a la muralla del Trabuquete del Aire, una cocina, y hubo que adosarles una cochera y unas caballerizas con sus pesebres de la misma forma que todavía pueden contemplarse en los cimientos de algunas casas ya muy avanzado el siglo XVII.  Al final de año quedaba muy poco por hacer y a punto de finalizar se encuentran en el año siguiente.  Hasta 1597, no se acabaron los interiores y quedó definitivamente acabada la Casa de la Justicia. Según un pleito muy interesante entre María de Aranda, hija de Bernardo de Aranda y el ayuntamiento de Alcalá la Real, en 1597 se manifiesta que la casa quedó incompleta, porque Francisco de Leiva no quiso dar una parte de su casa para ampliación de la vivienda comprada.  Tenía una portada, a la plaza, con una puerta y, dos huecos que s antecedían con un balcón de piedra que sustituyó a   unos balcones  de madera teñidos de azul con algunos remates dorados con sus tejadillos que los cubran   y  a otro balcón de hierro en la segunda planta que ocupaba toda la delantera, según la traza; la escalera se  abría  por el cuadro principal  y se propuso  nueva escalera  o Escaleruela que  se ascendía por ella a los corredores y  era servidora  de los distintos aposentos; también se hacía con dos corredores en la parte alta o piso segundo y el cuarto principal quedó desjarretado porque no se hizo la construcción, según las trazas de Ambrosio de Vico, y estaban construidos los demás aposentos.

En 1598, se compraron las casas de Francisco de Leiva, porque se debían llevar importantes reformas en la Casa de la Justicia o del Corregidor. Aparecen en  un  epígrafe con el título “Reforma  de la casa del Corregidor” que se  ha de hacer una Escaleruela en las Casas de  la Justicia   y balcones  de piedra las ventanas, lo que fue una realidad tras  la compra de a casa de Leyva”[1].  (

“La ciudad dixo que, quando se labró la Casa de la Justicia de esta ciudad por la consideraciones y causas tan importantes del servicio de Su Majestad y bien de esta república, como se contiene en los dichos acuerdos, por entonces no fue posible dar escalera que convenía para el servicio de la dicha casa, por no querer Francisco de Leyva dar de la suya una parte, por donde sea de suvir a los dos corredores, con cuya traza se hizo. Por cuya causa, se echó la escalera por el cuarto principal  que tiene la dicha casa, con que se desjarretó y quedó sin suficiente acomodo los aposentos principales de ella;  y que ahora a entendido que el dicho Francisco de Leyva quiere  dar de la dicha su casa  lo necesario para la fábrica de la dicha escalera;  y ansi  acuerda que,  para quede  con el ornato  y comodidad  necesario,  se  le compre al dicho Francisco de Leyba  el sitio que fuere menester,  y se le pague de propios  de esta ciudad;  y se haga conforme a la dicha traza,  y se derribe la que está fecha. E otrosí que, por quanto esta ciudad tenía acordado se hiciese un balcón de hierro en las dichas casas, que tomase toda la delantera de ella, por el cual piden mil ducados, que esta ciudad no está ahora para tan gran gasto, acuerda ye manda se hagan unos valcones de madera teñidos de azul con algunos remates dorados con sus tejadillos que los cubran y para esta comisión y que lo haga hacer la ciudad nombra a Jusepe Gómez de Villalba e jurado Miguel de Utrilla”. Esta escalera fue realizada por el albañil Alonso Martínez Izquierdo   a finales del 1598 (AHPJ LEGAJO 5054 folio 920 y ss, 20 de noviembre) y la hizo,según  este contrato:

Me obligo hacer en las casas de la justicia una escalera gran de piedra de la cantera de los Llanos de ella, encerrandola por todas partes hasta llegar al piso deñ  primer corredor  de la dicha casa de manera que quede bien labrada y  acabada "

Se le debían   pagar 23 ducados , cal , arena y demás materoales por la ciudad. 

 

 

 

.           En 1600, Se compró una parte del solar de casa para cocina de la Casa de la Justicia y correderuela de la casa de Francisco de Leyva, (ascendió a la cantidad de 40 ducados) y se hicieron arreglos en la canalización de las aguas de los tejados para evitar que hundieran las casas colindantes. Por cierto, la cocina estaba en la parte alta de la Casa de Justicia y tenía un caño para despedir el agua e inmundicias y caía a la Plaza y calle Pública. Ya el resto de reformas fueron insignificantes como en 1611, se repararon la puerta, ensanche a mano izquierda, corredores, pasadizo y chimenea. Algo más significativa fue una de 1636, por un huracán del aire, porque Se llevó a cabo una reforma de las Casas de La Justicia por el maestro de obras Miguel Sánchez Meléndez.  Costaron 150 reales.

Pero en 1699, el abandono de la Mota dio lugar a que el corregidor residiera en la parte llana. Esta es la situación da a entender a avitado las casas que estaban destinadas para los señores corregidores antecesores a su Señoría y que de ellos se bajó a los que bibe al presente; siendo así que es como ha referido, siempre ha bibido en las que abita por estar las de arriba arruinadas  sin abitación alguna y especialmente con el huracán que ubo el día de San Agustín del año pasado, aviéndose caído la mayor parte de dichas casas, como consta a esta ziudad, uno y otro, y no tiene caudal para repararlo al presente por sus empeños de que tiene noticia, se necesitará más de mil quinientos ducados, para que se puedan avitar, siendo justo que , no dándole la casa, se le libre lo que paga por estas, a que se añade la suma cortedad de emolumentos que tiene a este correximiento y ser de justicia  se le dé casas en que biba,  en el interim que se repara  las de oficios, suplica se sierva de acordar se acuda al Consejo para que  mande se apruebe lo que a librado por la razones que van expresadas”. Y se solicitó al Rey Carlos que concediera la Provisión Real, para que se le pagasen sesenta ducados para el alquiler de las Casas de Justicia en la zona llana de Alcalá la Real.... porque, por quanto las Casas en que bibe el señor corregidor, están en la Mota de esta ciudad, sitio despoblado, y las dichas casas inhabitables. Por lo qual y estar el comercio en los barrios baxos, el señor don Francisco de Pineda, correxidor de esta ciudad, bibe en dichos barrios baxos asistiendo por su persona a la administración de Justicia y buen gobierno de la república pribarse de vivir en las dichas casas que estaban diputadas para los señores correxidor por esta ciudad…”.

En 1703, con motivo de la llegada del corregidor Conde de Torrepalama, se hicieron varias obras en las Casas de Justicia. Para ello, se ordenó al maestro de albañilería, Juan García, que reconociera la situación de la casa, declarase las reparaciones e hiciese tasación.

 En la dicha ciudad de Alcalá la Real, en ocho día, mes y año, su mercede el señor don Juan Pacheco de Padilla, caballero de la Orden de Alcántara, corregidor de esta ciudad, para dar cumplimiento a lo contenido en el acuerdo de arriba hizo aparecer a Blas Magaña, maestro alarife  y vecino de ella y le tomó y rcivió juramento a Dios e Veracruz en lo que  el dixo y firmó a decir la verdad y presentado a l tenor del dicho acuerdo, dixo que en compañía de los caballeros comisarios ha visto y reconocido Las Cassas de la Justicia que están en el sitio de la Mota, así quartos altos como bajos y que unos y otros están muy arruinados, como es notorio, que para componerse en forma  fuera menester gran suma de ducados y que para la averiguación que se pretende haga en ella  el correxidor  y está para benir halla por los más precisos reparos siguientes. Las puertas de las Caballerizas están caidas en el suelo por falta de marco necesitan de aderezos. El quarto vajo de marco izquierda está demolido de los suelos y quebradas las ventanas. La escalera principal necesita de demoler los tabiques que se están cayendo el hacer de nuevo y adereçar una yda que se está hundiendo, y la puerta que está en dicha escalera, por donde se sube a las cámaras necesita de marco nuevo. La Cocina Principal tiene de pared el testero donde carga la chimenea tienen necesidad de demoler y levantar de nuevo o reedificarla con todo cuidado. La chimenea francesa de la Sala están los tabiques flojos y necesitan de reparos, porque no se caygan en una de las ventanas que miran al Rastro. Todos los tejados de dicha cassa, por la fortaleza de los aires, necesitan a mil e quinientas tejas y muchas goteras aderezar caballetes y echarles diez  vigas y echarles tijeras y lo que para toda la toda la dicha obra  son menester diez  caices de hiesso  y así para  lo que toca a la albañilería como a carpintería, manifacturas y todos los gastos de puertas, sogas, clavos y agua que está por no aver en otra parte sino al pie de  se riega, lo tasa todo en mil doscientos reales  ezepto cerraduras, llaves y lo demás por lo que serviría cura tasación hace s u leal saber entender que visto es la verdad se cargó de juramento y que es de edad de sesenta año y no firma por que no savía firmolo dicho corregidor doy fe y testigos”. En 22 de febrero de 1714, sufrieron el derrumbe de una gran parte de la Cárcel y Casas de Justicia y se vendieron sus materiales, rejas, piedra y maderas.



[1]      AMAR. Acta de 20 de octubre de 1598.

CONOCIENDO LA MOTA. LA PLAZA ALTA (II)

 

 

LA PLAZA ALTA DE LA MOTA

 

 

 

            DESCRIPCIÓN DEL SIGLO XV Y DE FINALES DEL SIGLO XVI

 


            Actualmente se entra por unas Escaleruela de fácil acceso, donde se levantaba una importante tienda. Pero, pero no era la única entrada a la plaza porque existían varias. Por la calle del Preceptor y por la iglesia, y desde el Arrabal Viejo a través del Cañuto, bajo el Gabán, un corredor pendiente y empedrado como si se tratara de una calle cubierta, que bajaba a través de varias rampas a la puerta de Zaíde y acortaba el camino a los vecinos que venían del barrio de san Bartolomé o de Santo Domingo. En su trayecto final junto a la entrada a la plaza, se encontraban algunas tiendas que fueron levantadas en tiempos del corregidor de licenciado Cabezas.  A través del Cañuto,  y  bajo el Gabán, se entraba por un pasadizo rodeado de tiendas, allí se colocaban los puestos de vender harina, cebada y otros productos de la huerta, incluso, el pescado en ciertas ocasiones ;  al suroeste, por detrás de la casa del corregidor- antes del conde de Cabra y, en el siglo XVU,  Leonor Méndez de Sotomayor-  tenían su entrada los vecinos de la parte alta  de la fortaleza a través de la calle del Preceptor que se unía con la Calancha y el Bahondillo y con la de la propia Iglesia.

En la plaza alta, a mano izquierda, desde las casas de Cabildo, quedan los pilares de los corredores   que se levantaban con nueve tiendas bajo unos soportales, que simulaban a la actual plaza de Almagro, y, encima de ellos unos altos adintelados, con unos buenos balcones de forja de la saga de los Oliva, y cubiertos de teja, por su parte trasera se abrían unas ventanas que miraban al Sur, a Sierra Nevada.  Se sentaban  sobre diez columnas de estilo dórico, muy equilibradas pues sus veinte basas y capitales mantenían las mismas dimensiones , encima de las cuales estaban las tarjas, los bolsones, los 24 garabatos con sus esconces en los ángulos, que servían de portada; unas cornisas de piedra  y antepechos abrían el paso a los ventanales., Pertenecían a lo que llaman propios de la ciudad, y, unas veces se alquilaban a los comerciantes cambistas,  u otras a tenderos  de pequeñas mercadurías y de paños, también a los escribanos, que llegaron a superar la docena, donde colocaban sus oficinas, y otras, sobre todo a mediados del siglo XVII,  quedaban desiertas en la subasta municipal. Sin embargo, incluso, en algunos tiempos, alguna de estas tiendas sirvió de Casa de Justicia, donde vivía el corregidor y en cuya fachada estaban colocadas las armas reales y el escudo de la ciudad. 

Al final de la última tienda, estaba adosada la Cárcel Pública de la ciudad, donde existía una tienda que gozaba de un buen arriendo para el fisco de la ciudad. Años más tarde, en torno al 158O.  se construyó la Casa de la Justicia, lindando por la otra parte con la Cárcel y con las Murallas y una calle. Esta era de dos pisos y, en su parte superior, tenía unos corredores y unos marmolillos. Y, junto a ella, la casa de Isabel de Leiva, que sirvió de convento de las monjas dominicas desde el año 1580 hasta el año 1601, cuando se bajaron al hospital de la Veracruz. Una calle se abría junto a la casa de Sancho de Aranda, toda ella de fachada de piedra, y además se cerraba la plaza con el hospital de los Monteses junto con la casa de Leonor Méndez de Sotomayor y la casa de Francisco Cabrera, que estaba adosada a la Iglesia Mayor. En esta plaza, todavía resuenan muchos ecos de la historia de la ciudad, pues la presidía las Casas de Cabildo, con su planta alta dedicada a las reuniones de los regidores y jurados, su capilla y archivo que se iluminaba con unos ampliaos ventanales, que daban a la plaza; y su planta baja con los soportales de los arcos y una sala dedicada para la audiencia de la justicia.  Pero no sólo ejercía una función municipal sino también festiva, desde sus balcones se recibía el estandarte real de la ciudad, y se colgaba con motivo de la proclamación de los reyes, se vestía de gala y sus balcones eran ocupados por todo el cabildo con motivo de las fiestas de toros y de cañas que se celebraban.  Había dos tipos de fiestas: las ordinarias estaban fijadas en unas tablas colgadas en las habitaciones de cabildo, y las extraordinarias.

En esta plaza, enladrillada por muchos sitios para celebrar con decencia las fiestas y los toros, desde por la mañana, ya al amanecer se palpitaba el pulso de la ciudad. A las ocho, acudían a las casas de Cabildo los regidores y jurados, rezaban y asistían a misa, oficiada por el capellán de la ciudad en un altar presidido por un retablo realizado por el pintor Pedro Sardo;  después se  reunían en la sala alta del Cabildo, donde debatían y exponían sus votos que no eran sino sus pareceres para que la Justicia los armonizase y, como  hombre, por así decirlo con términos de hoy,  de consenso, lograba el acuerdo final para ejecutarlos; inmediatamente se distribuían en grupos de dos y tres, lo que llamaban diputaciones y comisiones: Unos bajaban  a la sala de audiencias y resolvían los delitos de faltas contra las ordenanzas de la ciudad, otros revisaban la calidad y los pesos de os alimentos, controlando los precios y las cuentas de los mayordomos. En tiempos bélicos reclutaban a los soldados, y lo que era frecuente, con la sequía, repartían acompañados de los panaderos, papeletas de pan a los pobres. Los escribanos, por su parte, en las oficinas de enfrente, registraban las escrituras de poder, los testimonios, los autos judiciales y los contratos más variopintos: desde la compra de un burro hasta la herencia de un cortijo pasando por el contrato de una obra de arte, realizado por un clérigo a la familia de Pablo de Rojas. Y no sólo los hombres de pluma, sino que el corregidor y los dos regidores de turno ejercían la justicia con los acusados. A unos gañanes les caían cien los azotes por la entrada de su rebaño o piara de cerdos en una heredad de viña, a otros los mandaba al tormento por haber acudido a una hechicera, y los había que sufrían la horca de manos del verdugo negro contratado de Granada. A las mansiones de los hidalgos acudían una caterva de criados, peones del campo, gañanes a que le distribuyeran las tareas del campo y los encargos para abastecerse de alimentos; al hospital de los Monteses se acercaban, los viajeros que iban a Alhama a curarse en los baños, los extranjeros, que huían de la Justicia de otros lugares, y los pobres de solemnidad que mendigaban por toda España.  Algunos pasajeros se inventaban y tramaban miles de argucias para avecindarse en la ciudad. Sobre todo, los judíos portugueses, y algunos moriscos y los franceses, estos últimos solían arrendar los puestos de las tiendas de las plazas de la Mota. Aunque algunos lograron avecindarse, la mayoría lo más que pudieron recibir fue un donativo, pues eran increíbles leyendas y cuentos tan insólitos como el del matrimonio de Pedro de Roez. Se hacía pasar por ser perseguidos por la justicia francesa acusados de matar a un clérigo calvinista, que les había forzado a renunciar a su fe católica.    Personas como estas se ayudaban de los clérigos que frecuentaban la plaza tras la salida de los cantos de la tercia o de realizar algún oficio de misa celebrado en un altar de la Iglesia Mayor, donde periódicamente oficiaban misas con la presencia de las familias que empeñaban sus bienes para cumplir con las mandas testamentarias de sus capellanías. Avisado el prelado, por los dos munícipes encargados de las fiestas, se preparaba para tres días después, una misa de acción de gracias, en la que el maestro de capilla contratado de la capilla Real de Granada y unos niños de la localidad, entonaba un hermoso Te Deum en una misa en la que el abad escuchaba atentamente al prior del monasterio de san Francisco en un púlpito que se trasladaba desde el mismo convento. Tras la misa, una procesión general por la plaza y claustro, y el juego de los mozos que se divertían tirando a unos doce gansos hasta matarlos.  Había veces como en el 1571, en el que por la tarde los vecinos de la ciudad, los artesanos, labradores, mancebos y gente llana competían a manera de comparsas, inventando unos regocijos y demostraciones de alegría, consistentes en cortas mojigatas y parodias burlescas para conseguir como premio algunos metros de tela de tafetán o de damasco.   

Los niños, algo más tarde, se dirigían a la escuela y al colegio de gramática; pero solían entrenarse jugando a la pelota, a la alcancía y a las cañas, simulando a los mayores.  

            Raro era el día que el bullicio no fuera la nota de color de aquel recinto tan pequeño. Pues, frecuentaban las concentraciones de vecinos motivadas por mil motivos. Proclamaciones de reyes, fiestas con motivo de la llegada del abad o del corregidor, juegos de cañas para ejercitar la caballería, procesiones del Corpus Christi, exposición de sambenitos, escarmientos de herejes judíos. -     Las más sonadas se realizaban con motivo de las asonadas militares. Al toque ronco y reiterado de la campana de la Iglesia Mayor, como si sonara a fuego, todos los vecinos varones, que estaban comprendidos entre los veinte y cuarenta años, acudían de inmediato ante las puertas del cabildo. El corregidor ordenaba silencio y se iniciaba el pregón de la convocatoria leyéndose la carta real por el pregonero. Al instante, los corrillos se formaban en los bajos de los corredores. Murmullos, imprecaciones, insultos soterrados. Parece como si estuvieran grabadas estas frases en las piedras de este recinto. Si las ondas del tiempo pudieran recogerlas, podríamos descubrir la historia de España, con cada una de las manifestaciones de los soldados que volvieron a su tierra tras algún acontecimiento bélico. Pues, algunos escribieron algunos comentarios, como si fueran Cesares renacentistas, para ensalzar las hazañas de sus antepasados. Es el caso de los Aranda, los Frías o los Arjona. Pero, si estas piedras hablaran, contarían las hazañas de tantos anónimos soldados que ayudaron a los reyes de España. Pues, siempre tenían dispuestas dos compañías para hacer frente a todo lo que le requiriera la Corona y al buen servicio de la fe católica. Y les puedo relatar cómo los Reyes Católicos en la toma de Granada, contaron con hidalgos alcalaínos, entre ellos los Pineda y las mercedes que recibieron de fincas, solares y reconocimientos de hidalguía. También cuando se aliaron contra Fernando V, tras la muerte de Isabel de Castilla y a favor de Juana Loca, a instancias del marqués de Priego. O ayudaron al emperador Carlos V en el levantamiento de las ciudades comuneras de Andalucía como Huéscar, y Úbeda y alojando en su viaje de boda con Isabel de Portugal de 1526 desde Sevilla a Granada. Miles de veces que acudieron a la Costa, unas veces a Motril o Almuñécar, las más a Vélez y las menos a Almería, ante la simple presencia de los bajeles turcos o las fragatas tunecinas.

miércoles, 28 de enero de 2026

CONOCIENDO LA MOTA. LA PLAZA BAJA

PLAZA BAJA DE LA MOTA

 

Hasta la tercera década del siglo XVII   la Plaza Baja fue muy importante para la vida social de la ciudad fortificada, y, sobre todo, para los parroquianos de Santa María. Al mismo tiempo que presentaba para el visitante un aspecto coqueto. Dentro del anárquico diseño de la ciudad militar, guardaba cierta armonía urbanística en su entorno y, lo que era más significativo, por aquellas fechas, todavía quedaban restos del pequeño comercio de la ciudad, ya que las autoridades obligaban a los comerciantes y a los hombres de oficios a que allí vendieran sus productos para no perder los privilegios que disfrutaban por ser ciudad de frontera gracias a esta fortaleza de defensa militar.  Tenía casi una forma circular y, a su alrededor, se levantaban edificaciones de planta baja, destacando por lo alto de ellas el trabuquete, la torre del argamasón y el edificio de la mazmorra.  La plaza era pequeña, pero soportaba el trajinar y el bullicio de los que pasaban por su empedrado suelo. Desafortunadamente, en 1623, con la remodelación de la Iglesia Mayor, perdió todo su encanto y atractivo, pues la Iglesia Mayor se apoderó de seis tiendas de sus fondos abaciales y pagó al cabildo alcalaíno 350 ducados para comprarle tres tiendas municipales, porque las necesitaba para edificar la nueva iglesia cuya fachada oriental puede contemplarse que no realza la plaza, sino que desentona por su frontalidad con los actuales cimientos de los destruidos edificios.





La plaza estaba rodeada de una serie de tiendas, desde su puerta de entrada hasta la salida a la calle de las Cuatro Esquinas. En los primeros años, se encontraban varias casas que funcionaban de los alhoríes del pan y recogían el trigo de propios y pósito, junto a una de las tiendas. Se sostenían sobre un arco de cantería, que se realizó en el siglo XVI, momento que nos ilustra de su estructura.

A la entrada, precisamente, estaba  la tienda de la Escaleruela alta  o tienda del Contraste,  y frente a ella, junto a las casas  del ayuntamiento, dos tiendas  pertenecientes al cabildo municipal,  y otras dos,  pertenecientes a la  Iglesia Mayor,  una de la capellanía de Hernando de Contreras y otra del cerero  Alonso García , casado con María de Frías,  que poseía una casa y tienda, vendida por  Diego Cabrera, linderas con casas de Juan de Aranda y casas de la ciudad,  donde se vendía la cera en el surtido de hachas, hachones, teas, y velas . Todas eran de cantería, talladas por los canteros de origen norteño, como Domingo Oribe, Martin Izquierdo y los Bolívar, y estaban  ligadas con la parte posterior de la antigua capilla mayor y la torre de la iglesia gótica,  la primera tienda del cabildo tenía un alto y un bajo y se encontraba en la esquina de la plaza  arrimada a la Iglesia y se comunicaba con sus tiendas; se encontraban otras dos , una botica, donde los físicos preparaban los mejunjes y jarabes para paliar los tabardillos, las enfermedades venéreas, la gota  y  las pulmonías que tanto se propalaban entre los vecinos de la fortaleza. Cuentan que causó un gran impacto el bálsamo, que, con licencia real, trajo en 1571 el protomédico Juan de Granada para curar heridas. Los vecinos la denominaron vieja y era perteneciente a los Aranda y, junto con el edificio de la mazmorra, se vino abajo en el año 1672, que servía de tienda y casa para aceitería.

            Frente a estas tiendas, se encontraban otras propias del ayuntamiento alcalaíno. En 1569, un censo comprometido por el cabildo municipal para hacer frente a los gastos de los fallecimientos de los principies, nos resume esta situación: Una tienda y casa que se dice de la Mazmorra, que tiene renta Francisco Hernández Jabonero, linde con la Botica Vieja; tienda Vieja de Botica en la Plaza Baja, linde con la tienda de la Mazmorra, la usa de botica Alonso Rodríguez; tiendas de Argamasón, que están metidas en murallas y adarve encima de la Puerta Segunda, como salen de la Plaza, que es de propios; una tienda y alto y bajo de ello, que son de propios de esta ciudad en la esquina de la Plaça baja e arrimada a la pared de la  Iglesia, que tienen Juan Francés y Juan García morisco.

EL ADARVE DE LA PLAZA BAJA

Un adarve redujo el recinto de la plaza y quitó su vista panorámica, de ahí que en 1571 sufrió varias rectificaciones con el fin de que se encerrara toda por medio de un antepecho y de todas las portadas de piedra que abrían las pequeñas mansiones y tiendas de oficios. Por este tiempo, solían ser los comerciantes y tenderos de origen portugués, francés e, incluso, algún que otro morisco o judío. En este lugar, solían acudir los vecinos de los barrios altos y bajos a comprar el pescado que traían los playeros; las hortalizas y frutas de los hortelanos del Castillo, Fuente Rey y Riberas; y otros productos como las especies, la cera y las menudencias. No les gustaba este trasiego a estos arrieros, pues solían evadir la subida a la plaza vendiendo el pescado en los mesones de los arrabales nuevos y en las pequeñas mercadurías. Incluso, otros trasladaron las oficinas a la parte baja de la ciudad, donde acudían muchos vecinos a realizar sus escrituras.

LA TIENDA DEL PENDÓN

 

Se utilizó antes de la caída de la torre como sala de cabildo hasta la construcción de las Casas de Cabildo a finales del siglo XVI. Posteriormente hasta 1581, se arrendaba como tienda de propios y despareció tras del derrumbe.

 

 

TIENDA DE ARGAMASÓN

 

-          Esta tienda estaba metidas en la murallas y adarve encima de la Puerta Segunda, conforme se salía de la Plaza, y era de propios. Esta tienda más famosa del Argamasón, que, a mediados del siglo XVI, arrendaron Martín Alonso y Ana de Aguilera por ser de propios de esta ciudad, tras la muerte de los anteriores arrendadores a Alonso de Rueda y su mujer e tres hijos. Como la arrendaron durante muchos años esta nueva familia de Aguilera, le dio el nombre a la parte de la torre a la que estaba adosada, por ser su vivienda de Argamasón, pues ocupaba todo el adarve y su muralla y estaba cubierta con un tejado. Esta tienda fue reconstruida en 1572, y se realizó con materiales pasajeros como yeso, y techumbre de tierra y tejas.    No siempre se emplearon con finos comerciales, sino que fueron en ocasiones sede de   varios escritorios y pescaderías, tienda de la cera, junto con las dos boticas.

 

LA TIENDA DE LA MAZMORRA

 

En algunos documentos esta tienda de la mazmorra se denominaba con el nombre de alhorí y debía hacer referencia al antiguo pósito situado dentro de la Mota. Todavía se encuentra esta mazmorra horadada en la roca, a la que se accedía por medio de una escalera de madera y, actualmente, protegida por un brocal modernista. Junto a ella, se encontraba la casa de una de las ramas de la familia Aranda, que fue utilizada como mesón, según parece por los restos de sus pesebres que responden a las caballerizas de las antiguas casas de María de Aranda y en el siglo XVI se arrendó por mesón a un converso perteneciente a la misma familia. Ya, en 1576, se unieron dos caballerizas, las de un tundidor y la del mesón del clérigo Cabrera o Aranda Estas casas causaron grandes destrozos en las Entrepuertas con sus desagües que se contemplan en los restos de las Carnicerías. También llego a utilizarse como cuartel de soldados. Esta a se abría a la plaza con una tienda hasta principios del siglo XVII

 

LA TIENDA DE LA BOTICA VIEJA

 

Colindaba con la tienda de la casa de la Mazmorra y solía arrendarse por botica acudiendo varios farmacéuticos importantes, como Sebastián de Quesada, Barea, Taste, o Alonso de Jerez en el siglo XVI, y Melchor de los Reyes Mejía en el siglo XVII.

 

-LAS TIENDAS DEL CABILDO

 

En 1595, eran cuatro tiendas en Plaza Baja, linde unas con capellanía de Hernando de Contreras, clérigo, y con las Casas de Cabildo y otras con casas de Alonso García Cerero. Esta última disponía de alto y bajo de ello y se encontraba en la esquina de la Plaza baja e arrimada a la pared de la Iglesia, que tienen Juan Francés y Juan García morisco. Estas desaparecieron con la reforma de la iglesia. Existía Otra era la que se denominaba” Tienda del Contraste”, se quedó Pedro Núñez y eran donde se guardaban pesas y medidas.

 

TIENDA BAJO LA ESCALERUELA

Hasta los primeros decenios del siglo XVII, se mantuvo esta tienda. Solía ser arrendada a comerciantes foráneos y, entre ellos, destacan los moriscos, que se vieron afectados por las medidas reales de expulsión a partir de 1609. Junto a ella estaba el portón del pescado con dos tiendas denominadas tercias del pescado bajo la Escaleruela. Cercana estaba otra tienda con el nombre de tabla del tocino.

TIENDAS BAJO EL PORTÓN DEL CAÑUTO

 

Está tienda situada en el entorno de la Plaza baja se arrendaba a los comerciantes y escribanos cono el título de Tienda del Portón la Plaza Baja. Hay noticias de comerciantes judíos y de origen portugués relacionados con el cambio de dinero y, sobre todo, con el comercio de paños y telas.  Entre ellos la familia de los  Núñez que se vieron implicados a principios  y mediados del siglo XVII con varios expediente de la Santo Oficio  de la  Inquisición.


 


 

lunes, 26 de enero de 2026

LUIS GONZÁLEZ Y LOS ESCUDOS DE LA CAPILLA MAYOR DE LA IGLESIA MAYOR DE LA MOTA

 Por un pleito entre María de Aranda, mujer de Juan de Fraguagua, ya fallecido, y el maestro de obras Luís González, sacamos las siguientes conclusiones sobre el adorno de los escudos de la capilla mayor.



-Se alude que Luís González se encontraba viviendo en la villa de Cabra, donde había nacido y se le habia encargado terminar la capilla  mayor y colocar cinco escudos, cuya piedra encargó a Juan de Fraguagua, por el precio de seiscientos reales, que fueron objeto de litigio por su pago al no haberlos pagado Luís González.

-Los cinco escudos fueron las armas del abad Pedro de Moya y la fecha de finalización , junto el de las armas reales en el arco toral. Se sacó la piedra de Cantera Blanca.

-Se entqabló un pleito en 1627, en el que falló el alcalde mayor Matías de Soto que había de pagar el maestro de obras a María Aranda los gastos del juicio y los del contrato con su padre..

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AHPJ5052 FOLIO 434 Y SS. 10 de abril de 1628

domingo, 25 de enero de 2026

UN DOCUMENTO CON FIRMA DEL ABAD MOYA

 EL DOCTOR ABAD MOYA DA LICENCIA PARA COMPRAR UN CENSO AL  DOCTOR NOGUERAL DEL CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD 


sábado, 24 de enero de 2026

LA FOTO MÁS ANTIGUA DE ALCALÁ LA REAL (1878). ACADEMIA SEGUNDA ENSEÑANZA NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES


Este Centro se acogió de nuevo a la libertad de enseñanza, apoyado  por el gobierno republicano local  de 1873 y trató de convertirse en comarcal, porque  que establecía “ que la enseñanza es libre en todos sus grados y cualesquiera que sean sus clases, todos los españoles quedan autorizados para fundar establecimientos”. Además,, cambió de mobiliario y se amplió con alumnos internos[2]. No se olvidó este centro de otras materias que las establecidas por la Ley, sino que amplió con clases extraordinarias de religión, y moral, francés  e italiano.. Se denominó Instituto Libre de Segunda Enseñanza de Alcalá la Real.

Pero, el centro que más tuvo vigencia fue el Colegio de “Nuestra Señora de las Mercedes”. Surgió en el año 1878, a iniciativa del catedrático y licenciado don Rosendo Orue y Sáez, natural de Burgos y que impartía clases de Geografía e Historia durante tres horas semanales ( en el primer curso la geografía, y otros dos cursos de Historia de España y Universal. Lo integraban  profesores que eran profesionales de diversas ramas, de ideología variopinta. Los había  clérigos, liberales, conservadores y hasta algún masón.

Su  objetivo radicaba en preparar a los alumnos de las clases medias alcalaínas a los exámenes  de los cursos y pruebas de Bachillerato, que se realizaban, según establecía la ley Moyano del 1857,  en los centros provinciales. Generalmente,  los alcalaínos las realizaban en Jaén,  Cabra, Écija o Granada. Allí,  los jóvenes alcalaínos de la clase media perfeccionaron estudios  de Fisiología e Higiene con el masón espiritista y doctor  Miguel Ruiz Matas,  que ejercía de vicerrector e impartía clase tres horas semanales. 






El licenciado José Retamero[3] les impartió, durante todos los días de la semana, clases de Sicología, Lógica y Ética. 




Don Miguel Siles[4] les explicaba, tres días a la semana, la Historia Natural, asignatura muy relacionada con el campo de las Ciencias Naturales. El farmacéutico don Miguel Rodríguez Marín les impartió diariamente los conocimientos de Física y Química[5]


El sacerdote Juan Merino impartía clases diarias de los cursos de primero y segundo de  Latín  y Lengua Castellana, la Retórica y Poética, ligada a la actual Estilística Literaria, quedaba en manos del párroco don José de la Torre.




Los estudios avanzados de Geometría y Agricultura, que sustituyó a la Trigonometría,  eran impartidos, durante todos los  días semanales, por el conservador liberal don Aquilino Sánchez Molero, que había obtenido los títulos de agrimensura y medidor rural en Madrid. Completaban el cuadro académico, don Francisco Díaz de Lara, profesor de Aritmética y Álgebra y como auxiliar de la sección de Letras, a lección diaria,  don Baldomero Sánchez y de auxiliar de Letras don Manuel de Arjona[6].



El colegio estuvo ubicado, unos años  en unas habitaciones del convento del Rosario y otras en el palacio Abacial. Como la mayoría ejercía cargos profesionales de abogados, escribanos, farmacéuticos y médicos, la mayoría de los profesionales ejercieron el cargo sin remuneración y por patriotismo. El Ayuntamiento alcalaíno se comprometió a dotarlo de local, algunas subvenciones y mobiliario. El Colegio, por su parte, se comprometió a dar clases gratuitas a seis estudiantes pobres[7].

En este colegio estudiaban la mayoría de los alumnos, hijos  de  los poderes económicos, políticos y sociales de la ciudad. Era el germen de los futuros representantes y escritores de los medios de difusión de aquella época. El Acicate, la Voz de Alcalá, la Luz del Cristianismo  fueron los órganos en los que sus profesores difundieron las teorías filosóficas, morales y económicas del momento. En este centro, se educó Guardia Castellano, María del Pilar Contreras, el poeta Alonso de León, Díaz de Lara, etc.
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[1] AMAR.Acta del dieciséis de septiembre de 1872.
[2] AMAR. Libro copiador nota 179. de 1873.
[3] Pertenecía al partido conservador y fue alcalde a finales de siglo en el turnismo municipal
[4] Fue alcalde liberal y médico y estaba relacionado con la familia de los Batmala.
[5] Era conservador  y era familiar de la poetisa María Pilar Contreras.
[6] JUAN LOVERA, Carmen. Los ayuntamientos de 1878 y de 1960 preocupados por la segunda enseñanza. Revista de la Patrona. Alcalá  1999.
[7] AMAR. Acta del 10 de junio de 1878.