AQUÍ ESTA EL ERROR ALCALÁ LA REAL , REINO DE SEVILLA.
Nació en el seno de una de las principales y más notorias familias del Reino de Jaén.
Sus padres fueron Juan Narváez de Padilla, caballero muy principal de la ciudad de Jaén,
y María Montes, natural esta última de Alcalá la Real y vecina de Castillo de Locubín.
Por la familia de su madre, era hija a su vez del jurado de la ciudad Gonzalo de Medina
y de Catalina Núñez de Contreras, que tomó el apellido Montes, en memoria
de su madre María Montes, mujer que fue de Pedro Núñez de Contreras
El Tuerto o El Viejo, caballero de Alcalá la Real que participó al servicio
de los Reyes Católicos en la conquista de Granada.
La distinguida posición de su familia como hermano de Juan, que fue corregidor de Carmona (1569),
le llevó a tomar contacto con la Corte de Sevilla. La notoria tradición en la carrera de las armas
que ejerció su familia le llevó a alistarse al servicio del Rey, en el llamamiento que se hizo
a la nobleza de la ciudad en el año 1570, pasando al servicio de Juan de Austria
en la Real Armada, avecindándose poco después en la isla de la Gomera, en el archipiélago canario.
Al poco tiempo recibió el real nombramiento de almirante de la flota de Tierra
Firme de la Real Armada. Jerónimo realizó un primer viaje en el año 1571 a Panamá
donde, junto a otros españoles, rechazó el ataque de los piratas que, encabezados
por Francis Drake, pretendían apoderarse de los aprovisionamientos españoles.
Poco después se desplazó a Cartagena de Indias y en el año 1573 encabezó
varias persecuciones contra la piratería inglesa. Falleció algunos años más tarde
en Nueva España (c. 1576).
Hemos encontrado que poseía casas en la fortaleza de la Mota , linderas
con Rodrigo Manuel de Aranda y esquina de la Iglesia Mayor.
Y por Manuel Peláez del Rosal:
De todos los miembros del linaje de Narváez y Padilla quizás sea éste
el más relevante y de más caudal, como se deduce del codicilo ológrafo
otorgado
en 13 de marzo de 1573 en la ciudad del Nombre de Dios. Por su interés
y porque da la dimensión de su persona conviene que sea extractado y
referido.
En su introducción declara Jerónimo de Narvaéz y Padilla que “ los
hombres nacimos para morir” y que se encuentra en “ una tierra tan mala
para la salud” . Ordena que si fallece en dicha ciudad le entierren en su
iglesia mayor, y le digan una misa cantada con vigilia y las demás que tiene
dispuestas en el testamento y codicilo que entregó antes de su partida de España
a su tío y señor Jorge de Padilla, inquisidor de Logroño. Nombra albaceas
a Diego de Florez, general de la flota y a Cristóbal Pinelo, veedor de
la misma “ como tan caballeros y temerosos de Dios, miren por el descargo
de mi ánima” .
Entre las mandas que ordena, dispone que se paguen varias deudas que
tiene contraídas (110 pesos a un marinero de la nave capitana, que se llama
Beltrán, genovés de nación, y hermano de un grumete de la nave almiranta,
que se dice Andrea; 126.656 maravedís a Fernando de Porras, receptor real
en la Casa de Contratación de Sevilla, que le prestó una cadena de oro “ que
pesó doscientos pesos de oro fino y veinte botones de oro, que no me acuerdo
lo que pesaron” ). Reconoce también que una monja de Córdoba le en88
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tregó para vender 18 bolsas por las que sacó 317 reales, Diego López de
Granada dos piezas de raso negro y unas cintas clavadas que vendió en
137.828 maravedíes, María de Barrientos e Inés de Herrera, de Málaga, una
cajuela de labrados, una saya y dos camas igualmente para vender. Declara
asimismo que tiene en unos cofres 10 barras de plata ensayada, 80 pesos de
oro en plata corriente y en doblones 1700 reales, y en otros cofres la ropa
blanca y de vestir, que ordena sean vendidas. Prescribe que a su criado Martín
González se le dé una capa guarnecida y unas calzas, a Juan González,
diez ducados y un vestido, a un tal Castillo unos carahueles de damasco y
un herreruelo (capa corta), a su criado Román un gallo frailesco y 10 pesos,
al hospital de Nombre de Dios 20 pesos y al cura del Santísimo
Sacramento, 10 pesos. Reconoce haber vendido cuatrocientas setenta y tan tas
botijas de vino de Cazalla a Melchor de Ledesma para que éste las entregara
a Cristóbal de Mercado, vecino de Cartagena de Indias, y haber cobrado
a cuenta de su salario 600 ducados. En favro de los miembros de su familia
estatuye lo siguiente: a su tío, el inquisidor, le da el usufructo de sus
bienes, que pasarán a su padre, a la muerte de aquél, así como el libro en el
que tiene anotado sus cuestas y relatos, y a su hermano, Pedro y en su defecto
a Francisco, los oficios de regidor y fiel ejecutor, finalmente: dona
una alcancía a Nuestra Señora de la Antigua, de Sevilla, y estabelce que en
la capilla de su ciudad natal donde está enterrada su madre se haga un retablo
dedicado a Nuestra Señora de la Antigua y se gasten en él 40 ducados,
añadiendo los albaceas que se hiciedron dos, uno en Santa María y otro en
Santo Domingo.
De todo lo relatado se desprende que fueron los Narváez Padilla una
familia principal de hijosdalgos alcalaínos, avecindados, posiblemente,
desde la conquista de Alfonso XI. El entronque a finales del siglo XVI con
la familia Aranda no cabe duda que acrecentó su hidalguía.

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