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lunes, 12 de abril de 2021

PUERTAS NUEVAS DE LA MOTA

 


PUERTAS NUEVAS DE LA MOTA

    Se realizan actualmente las obras de parte de la muralla de Santiago, desde la Torre Nueva de la Cárcel hasta la Puerta Nueva del Bahondillo. Esta última se abrió en tiempos de las Reyes Católicos, pero fue un acceso fundamental para todos los vecinos que provenían de los barrios o arrabales de San Sebastián, Peña Horadada, Cerro de los Palacios o San Bartolomé, Matadero, Rastro y entorno de esta puerta; fue, también, salida de los campesinos de la ciudad fortificada y de sus vecinos al campo en momentos, como el actual, de epidemias, pandemias y peste. Ganó importancia en tiempos de Carlos I hasta tal punto que el famoso maestro Martín de Bolívar la ejecutó a la manera de la puerta de las Lanzas y con una imagen, probablemente de Santa Ana, y escudos de la ciudad a mediados del siglo XVI. Aquel barrio y este lugar desaparecieron prácticamente a finales del siglo XVIII, y se transformó el hábitat humano en una tierra de cultivo. Ahora se vuelve a sus orígenes y puede revitalizarse por ser una magnífica novedosa entrada de la Mota, por la que  se ofrece al visitante una nueva lectura del monumento  alcalaíno: por un lado, se comprende perfectamente, la historia alcalaína del mundo troglodita hasta los tiempos abaciales; por otro lado, es un magnífico mirador de las tierras que miraban a Priego y Montefrío; y, por último, pueden recuperarse restos arqueológicos importantes de la zona y lugares como  el paramento de la Carrera de los Caballos, la  Puerta del Rastro, el Matadero y las Carnicerías Viejas, así como la Puerta de Zayde que comunicaba estos barrios con el de Santo Domingo. Otra puerta desconocida que se conserva en todo su arranque hasta la mitad de sus pilares y la calle que se dirigía a la perdida puerta del Cañuto, al pie de la muralla del Gabán.

Hay muy pocos arabismos que se hayan conservado en la Mota: adarve, albañares, aljibe, almena, escopetar, mezquita, Zayde, ...y gabán. Esta procede del árabe qaba, aban, capote, y de ahí recinto con una bóveda ahuecada, que en Alcalá arrancaba a desde la torre de Aguilera y bajaba en su descendía por un cañuto hasta la puerta Zayde, y se enlazaba con otra descendida hacia la iglesia de Santo Domingo. En su trayecto final junto a la entrada a la plaza, se encontraba la puerta del Cañuto y algunas tiendas que fueron levantadas en tiempos del corregidor de licenciado Cabezas.  Se entraba por un pasadizo rodeado también de tiendas, donde se colocaban los puestos de vender harina, cebada y otros productos de la huerta, incluso, el pescado.  En 1574, los regidores de este año así lo describían, se haga la pescadería debajo del cañuto por inconvenientes de venderlo (…) en derecho como se baja de la plaza por el camino debajo del Gabán en el grueso debajo de la plaza, que es donde ningún perjuicio recibe el Gabán, la muralla ni particular ni la calle y está cubierto y costará poco. La dicha pescadería se haga allí encima del arco del repeso de la romana y bajo

Con esto se manifiesta que el recinto debió estar muy habitado y con un fuerte uso comercial por su entrada y salida y el recorrido interior. Con el mismo escribano Alonso Ramírez de Molina en 1570, se ubica, en una parte del Cañuto, La Puerta Baja del Cañuto mediante la dote de las casas que se concedieron a Juana de Castro y Antón García de Extremera: “unas casas en el final de la Puerta abajo del Cañuto, linde con casas de Juan de Castro y el adarve de la Puerta Zayde”. Por lo que se describe que la salida del Cañuto por la parte baja se cerraba con una Puerta, cercana al adarve de la Puerta Zayde y unas casas a su derredor, las de Juan de Castro.

 Entre el recinto fortificado de la Mota y los nuevos barrios de los Mesones, Caba, Cuesta del Cambrón, Trinidad y San Francisco, se extendía el tramo de las Entrepuertas, entre la Puerta de la Imagen y la de las Lanzas. Pero, no nos extraña la presencia de otra puerta nueva, la puerta del Hierro que no se conserva, y tan sólo persiste un arranque del arco antes del tramo ascendente delante de la Puerta de las Lanzas. En un documento del escribano anterior Alonso Ramírez de Molina, de 1566 en un contrato entre un zapatero Lázaro Rodríguez y  el regidor Pedro Hernández de Alcaraz en 1566 se sabe que se  hallaban estas casas y tiendas, con cuatro moradas, encima, que nos los principales tenemos en la calle de los zapateros de esta ciudad, linde por abajo con casas de la viuda de Juan Martínez y tienda de Pedro de Martos, e por arriba la calle del Albaicín hasta dar a una calle que le dicen de la Puerta el Hierro.

Por lo que este tramo de la calle de Entrepuertas se llamaba de Los Zapateros, y nos ubica LA PUERTA DEL HIERRO . . Es curioso su nombre. Hay datos fidedignos que allí ubicaron su taller de forja varios cerrajeros, herreros, caldereros y herradores. No podía recibir mejor denominación. Hoy, los restos de esta puerta que cerraba el arrabal de los Mesones y Lagares, es uno de los miradores de la ciudad del llano y del valle de Alcalá la Real. Esta puerta, antes cerraba con las epidemias, hoy día es un altozano privilegiado para contemplar el entorno de la Sierra Sur. Lo mismo que las puertas Nueva, Rastro, Zayde, Cañuto e Hierro. Un patrimonio que se ha recuperado en muchos años, y ahora se ofrece para el disfrute y conocimiento. 

MI obituario a Daniel Ocón EN EL JAÉN LA SEMANA.

 
DANIEL OCÓN LUCENA
Desde que conocí a Daniel Ocón en Ermita Nueva me cautivó su personalidad y su saber estar, allá por los años setenta del siglo pasado con motivo de una visita a la aldea para organizar las bases de la vida municipal de la ciudad de la Mota en un momento crucial de la transición democrática.  Era una persona que tenía la virtud de la acogida a las personas, entregándole toda su hospitalidad junto con toda la familia de su esposa, Los Nieto del núcleo urbano de Cequia. Cada vez que lo fue conociendo me impresionó más su vida. Descubrí su saber y que tenía el alma de los antiguos zahorí gracias a su oficio de agrimensor.  Vivía y s se encontraba en el lugar y sitio idóneo, unas tierras que nunca se han mantenido intocables, sino que han sufrido la roturación desde tiempos prehistóricos. Nos ilustró de la intrahistoria de aquella aldea, desde el dolmen y la Virgen del Camello hasta el Centro Social Obrero, donde la paloma herida acudía con los versos del poeta Altolaguirre. La tenía recorrida de cabo a rabo logrando la paz entre sus paisanos campesinos con sus acertados deslindes, colocación de mojoneras y divisiones de peculios por doquier.  Era un libro abierto, con el que podíamos conocer la geografía de aquel partido del campo, desde los
cortijos que dieron lugar a concentración de los tres núcleos rurales y al mantenimiento de estas viviendas hasta nuestros días junto con la aparición de nuevos asentamientos.  Me hizo comprender el origen de estas nuevas tierras que se habían subdividido desde los conquistadores y sus primeros compradores, los frailes de la Cartuja hasta las roturaciones de las desamortizaciones del siglo XIX. Y no solo era un libro hablante, sino que, en sus últimos años, trasladó sus planos a la escritura artística de altos vuelos, con trazos de altura por encima de la fuente normal para alcanzar un grosor superior al normal.  Los editaba en los programas fiestas e incluso varios libros de su vida, donde puso al descubierto su   humanismo y la entrega a la vida social. Tuve la suerte de recibir el regalo de algunos volúmenes, pero también que me concediera varios originales para ser editados en la revista del patrón. Sus escritos eran como las lápidas conmemorativas de los monumentos.  Realzaban los personajes y los hechos notables de la vida local y naciones, De3jaba para el pueblo alcalaíno la memoria de la inscripción volitiva.
Nunca podía soslayar la parada cuando me lo topaba con él, era el hombre bueno y culto, educado, cortés y sensible. Disfrutaba de su encuentro, de su saber y de su prudencia. Siempre rememoraba los primeros años de la democracia municipal cuando ejerció de concejal y, al mismo tiempo representaba a su aldea. Daniel Ocón nos dejó en Alcalá su letra y su saber, también esas virtudes que siempre caracterizaban a las personas que recorrían los parajes del sur del término alcalaíno. Hombre muy familiar supo transmitir esa pasión a su descendencia y siempre mantuvo sus lazos familiares. Su huella quedó grabada entre aquella tierra profusa de cortijos y los núcleos de Cequia, Pilillas, Ventorrillo y, en otros tiempos, la Ciudad y las casillas del Camello.
Si hubiera que imitarlo con una inscripción latina, le grabaríamos Homo bonus, peritus dicendi. Mas bien, peritus agrimensoris et iustus. 


NB. Cuando se refiere a las esposas, se refiere  tanto a la familia suya como las de los Nieto ha sido un lapsus mentis, pido disculpasl La redacción ha sido aquí corregida. 


domingo, 11 de abril de 2021

en el jaén de hoy DANIEL OCÓN LUCENA

 




Desde que conocí a Daniel Ocón en Ermita Nueva me cautivó su personalidad y su saber estar, allá por los años setenta del siglo pasado con motivo de una visita a la aldea para organizar las bases de la vida municipal de la ciudad de la Mota en un momento crucial de la transición democrática.  Era una persona que tenía la virtud de la acogida a las personas, entregándole toda su hospitalidad junto con toda la familia de su esposa, Los Nieto del núcleo urbano de Cequia. Cada vez que lo fue conociendo me impresionó más su vida. Descubrí su saber y que tenía el alma de los antiguos zahorí gracias a su oficio de agrimensor.  Vivía y s se encontraba en el lugar y sitio idóneo, unas tierras que nunca se han mantenido intocables, sino que han sufrido la roturación desde tiempos prehistóricos. Nos ilustró de la intrahistoria de aquella aldea, desde el dolmen y la Virgen del Camello hasta el Centro Social Obrero, donde la paloma herida acudía con los versos del poeta Altolaguirre. La tenía recorrida de cabo a rabo logrando la paz entre sus paisanos campesinos con sus acertados deslindes, colocación de mojoneras y divisiones de peculios por doquier.  Era un libro abierto, con el que podíamos conocer la geografía de aquel partido del campo, desde los cortijos que dieron lugar a concentración de los tres núcleos rurales y al mantenimiento de estas viviendas hasta nuestros días junto con la aparición de nuevos asentamientos.  Me hizo comprender el origen de estas nuevas tierras que se habían subdividido desde los conquistadores y sus primeros compradores, los frailes de la Cartuja hasta las roturaciones de las desamortizaciones del siglo XIX. Y no solo era un libro hablante, sino que, en sus últimos años, trasladó sus planos a la escritura artística de altos vuelos, con trazos de altura por encima de la fuente normal para alcanzar un grosor superior al normal.  Los editaba en los programas fiestas e incluso varios libros de su vida, donde puso al descubierto su   humanismo y la entrega a la vida social. Tuve la suerte de recibir el regalo de algunos volúmenes, pero también que me concediera varios originales para ser editados en la revista del patrón. Sus escritos eran como las lápidas conmemorativas de los monumentos.  Realzaban los personajes y los hechos notables de la vida local y naciones, De3jaba para el pueblo alcalaíno la memoria de la inscripción volitiva.

Nunca podía soslayar la parada cuando me lo topaba con él, era el hombre bueno y culto, educado, cortés y sensible. Disfrutaba de su encuentro, de su saber y de su prudencia. Siempre rememoraba los primeros años de la democracia municipal cuando ejerció de concejal y, al mismo tiempo representaba a su aldea. Daniel Ocón nos dejó en Alcalá su letra y su saber, también esas virtudes que siempre caracterizaban a las personas que recorrían los parajes del sur del término alcalaíno. Hombre muy familiar supo transmitir esa pasión a su descendencia y siempre mantuvo sus lazos familiares. Su huella quedó grabada entre aquella tierra profusa de cortijos y los núcleos de Cequia, Pilillas, Ventorrillo y, en otros tiempos, la Ciudad y las casillas del Camello.

Si hubiera que imitarlo con una inscripción latina, le grabaríamos Homo bonus, peritus dicendi. Mas bien, peritus agrimensoris et iustus. 

PD. DONDE DICE SUS ESPOSAS, LOS NIETO QUIERE DECIR "su esposa", ha sido lapsus mentis, pido disculpas a su familia. Unm abrazo. 

EN LA SEMANA DEL JAÉN. MIRADOR DE LA CIUDAD. LA PUERTA DEL HIERRO, UNA PUERTA DE LA MOTA

 


MIRADOR DE LA CIUDAD. LA PUERTA DEL HIERRO, UNA PUERTA DE LA MOTA.

Las ciudades antiguas, al ocupar zonas de alturas y escarpadas, ofrecían su dificultad a la hora de vigilar su entorno y protegerse de sus enemigos. Si a esta dificultad orográfica le añadimos el cerramiento murado, se convertían totalmente inexpugnables. Pasaron los tiempos bélicos, y quedaron como santuarios y miradores de la nueva ciudad que se extendían al llano. En la provincia de Jaén, se multiplican los ejemplos de este tipo de ciudades con la fortaleza o recinto fortificado en las alturas, y la urbanización en las faldas de sus cerros. Curiosamente, la entrada a estos lugares se salvaba mediante muy pocas puertas, una principal y otra poterna. Claro testimonio de este tipo de urbanizaciones fueron las ciudades principales del Reino de Jaén (Jaén, Úbeda, Baeza, Cazorla, Martos, Alcaudete, Arjona, Lopera), pero no olvidaban las ciudades el control de entrada y multiplicaron sus puertas de entradas, generalmente con el permiso y licencia reales. 

Es curioso el nombre de las puertas de las ciudades. Principalmente, cuando se remontaban a tiempos romanos, la cardo y la decumana abundaron en muchas urbes de origen romano.  Pronto fueron cambiando su denominación por abrir el camino hacia las ciudades más importantes de su entorno: las hay Puerta de Martos y Granada en Jaén. Otras veces, eran nombres referidos al antiguo recinto de la ciudad fortificada como la Villa en Alcaudete; o advocaciones religiosas, Santa Ana en esta ciudad o el Ángel en Jaén. A veces, se abrían como portillos de otras puertas principales como la del Sol de Jaén o el Postigo en Alcalá la Real. Pues muchas ocupaban la parte inferior de un alto torreón, cuya entrada se estructuraba por dos puertas, a veces en forma de vestíbulo o del típico recodo musulmán como la del Alcázar de la ciudad de la Mota.

Tratar sobre las puertas de las ciudades es volver a rememorar la historia en los hitos más importantes de la ciudad, porque muchas se abrieron con motivo de la expansión económica que definían una nueva ciudad ya lejana de tiempos de frontera y de conquistas. No era raro que pasaran las ciudades de las dos importantes entradas hasta el acrecentamiento de sus entradas. Alcalá la Real llegó a ofrecer hasta más de nueve entradas: antiguas, la de la Imagen, Zayde, Arrabal, y Aire; tras la conquista, Peso de la Harina o Plaza, Cañuto, Lanzas, Granada, Cambrón, Rastro, Martin Nieto; y, tras los Reyes Católicos Puerta Nueva. Algo parecido debió acontecer en otras ciudades jiennenses; incluso en el desarrollo renacentista de las ciudades del llano, los arrabales nuevos se abrieron nuevas puertas que se definían más por su aspecto monumento y control comercial y sanitario. En el ámbito alcalaíno, dos puertas surgieron y se perpetuaron Puerta de los Arcos y de Villena. Curiosamente, no fueron estas las únicas puertas, los barrios, arrabales, albacares multiplicaron las entradas a los recintos amurallados, Sírvanos el ejemplo alcalaíno.   

Entre el recinto fortificado de la Mota y los nuevos barrios, se extendía el tramo de las Entrepuertas, entre la Puerta de la Imagen y la de las Lanzas, incluso puede referirse hasta la Puerta del Peso de la Harina o de la Plaza. Pero, no nos extraña la presencia de una puerta nueva, que no se conserva, y tan sólo se observa un arranque del arco antes del tramo ascendente delante de la Puerta de las Lanzas. En un documento del escribano Alonso Ramírez de Molina, por fin, he encontrado la Puerta del Hierro. Aparece en una escritura de censo de 12 de enero de 1566 que realiza el zapatero Lázaro Rodríguez, junto con su esposa Ana Martínez de Pareja, con el regidor Pedro Hernández de Alcaraz en 1566 (legajo 4720 folios 86-89). Para avalar esta operación hipoteca y pone a disposición sus casas. 

Se hallaban estas casas y tiendas, con cuatro moradas, encima, que nos los principales tenemos en la calle de los zapateros de esta ciudad, linde por abajo con casas de la viuda de Juan Martínez y tienda de Pedro de Martos, e por arriba la calle del Albaicín hasta dar a una calle que le dicen de la Puerta el Hierro.

Por lo que este tramo de la calle de Entrepuertas se llamaba de Los Zapateros, y nos ubica LA PUERTA DEL HIERRO en el tramo que denominaba a su calle. No es la única puerta con nombre de oficio, recuerdo la de Cueros de Baeza. Es curioso su nombre. Hay datos fidedignos que allí ubicaron su taller de forja varios cerrajeros, herreros, caldereros y herradores. No podía recibir mejor denominación. Hoy, los restos de esta puerta que cerraba el arrabal de los Mesones y Lagares, es uno de los miradores de la ciudad del llano y del valle de Alcalá la Real. La puerta antes cerraba con las epidemias, hoy día es un altozano privilegiado para contemplar el entrono de la Sierra Sur.

 

 

sábado, 10 de abril de 2021

EL RETABLO DE MIGUEL MUÑOZ EN EL CONVENTO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 




Miguel Muñoz el Viejo vivó en el barrio de los Mesones, muy cercanos al monasterio de la Santísima Trinidad. Por eso, estaba muy ligado a este convento, en él quiso ser enterrado y fundó una memoria con las monjas en su templo.  Se encontraba de priora doña Violante Vivero en 1598 y concertó con Miguel Muñoz, vecino de la ciudad, un contrato muy frecuente por aquellos tiempos (legajo 4743 298 y ss). Este se comprometía a donar 106.000 maravedíes de un censo, y, en recompensa, recibía “
se le dé un arco en la iglesia con dos sepulturas junto a él, que se diga la misa mayor de todos los domingos del año por su intención.

Se pidió licencia al abad Alonso de Mendoza, que dio permiso tras recabar opinión del cura mayordomo del convento el cura Juan Jiménez, el presbítero Juan de Villalobos, y el vecino Luis de Novoa Gallego. Se situaba su ubicación en concreto en un arco que está en la dicha iglesia a la entrada de la Puerta que sale a la calle Real a Mano izquierda que es donde presente está un crucifijo y porque además de este arco ha de tener el derecho de sepulturas. En otros lugares se dice que es la calle que viene de los Mesones como se entra a mano izquierda cerca de la dicha puerta y arrimado donde está en el hecho un frontal rojo carmesí que tiene sin un Cristo que oy está el cual a de quedar por el dicho monasterio.

Por este tiempo el convento firmó otras memorias de misas, una con Juan Vázquez Mesía para la misa del amanecer de todos los días, y otra con el famoso cerrajero y herrero Andrés del Moral para el día de San Andrés. 

Para afrontar los gastos, en 26 de febrero de 1598 Miguel Muñoz otorgó dos censos que coincidía con total del enterramiento. Uno contra el jurado Alonso Ruiz Morón en la cantidad de 84.000 maravedíes, y el otro contra Juan Ramos 20.944 maravedís (legajo 4743 folio 43 y sus) para pagar cera, inciso y otras cosas, así como el capellán y ministros que le acompañaran, poner el altar limpio t y reparado por sucesores con sus ornamentos, entre ellos un frontal carmesí. Las monjas se obligaban, a su vez, a dedicar por su alma la misa conventual de todos los domingos del año con cuatro velas, otras solemnidades y esposo posterior a la misa sobre su tumba y el día de San Miguel con su Víspera con su misa cantada. 

 

Y se ubica el sitio de la sepultura en otro lugar del que se le concedió " junto a la puerta alta de la iglesia". Pues se justificaba de la siguiente manera el cambio "  precediendo licencia de V.S, y con parecer de las monjas  y discretas de este convento, y ahora por algunas causas justas quiere el dicho Miguel Muñoz e a pedido se le dé otro arco en la pared de la iglesia junto a él torno que está por labrar y que él labrará a su costa  y que él dejara el arco labrado que se le ha dado junto a la puerta para el convento como  lo era antes que se le diese y, en esto, el convento es aprovechado e resulta en su utilidad, suplica se le dé licencia para que las monjas y el convento puedan precediendo sus tratados e siendo cosa útil hacer la dicha permuta y otorgar título a el dicho Miguel Muñoz en forma bastante para  su firmeza e para escritura".  A 28 de julio de 1598, el abad don Alonso de Mendoza aprobaba la petición y recogía la petición en los mismos términos, que refrendaba en el cabildo de las monjas de doce de agosto de 1598 celebrado en el locutorio presididas por la mencionada priora y la presencia de Beatriz de san Francisco, Juana Bautista de Lara, Leonor de Gadea, doña Isabel de Carmona y doña María de Cabrera.  Y se especifica en la obligación " de que se diese un arco y enterramiento para poder hacer altar y enterrarse él y sus difuntos y se le dijese todos los domingos del año que es ya conventual, que él se dice y se le dijese otra fiesta de San Miguel, y por ser esto útil al dicho monasterio se la acepto” y se aprobó la permuta del arco junto a la puerta alta de la dicha iglesia con el güeco de él y dos sepulturas colaterales y se ficieron de él ". Y justificaba la permuta por querer hace más limosna  al monasterio  y concreta el enterramiento "  se ubique  en la pared del claustro y capítulo donde de presente  está el torno  para el servicio de la sacristía  y confesionario  tomándose desde el dicho torno bajo , que quede entre el arco y  el que tienen los herederos de Barrera donde se pueda , quedando compás para volver a hacer  el dicho confesionario , y que en esta pared  haga el arco a su costa  y perdición el gueco con la anchura en el mesmo enterramiento todo lo que tomare el güeco  con dos sepulturas más lo que vengan asidas  del alto abaxo en quadro, y porque en esto se sigue más notable beneficio  al dicho monasterio por estar l dicha pared destroçada por ser  bieja y de antiguo edificio y reparo , el dicho monasterio no puede acudir por tener  obras más precisas y queda con esto asigurada y se adorna la iglesia con otro nuebo altar del dicho Miguel Muñoz, ha de poner retablo  con la imaxen de Nuestra Señora Santa Ana  y adquiere el dicho monasterio probecho  a raçon de enterrar allí el dicho Miguel  Muñoz y sus herederos  su sepultura  en la dicha iglesia  y el dicho monasterio  quede obligado a decir las mesmas misas  y fiesta  y dar los recaudos necesarios asi para ellas  así como el adereço del dicho altar   . Tras el debate y el acuerdo de las mojas, Miguel Muñoz recibió el arco y las dos sepulturas y la capilla en las mismas condiciones y obligaciones que las anteriores que existían en el convento en el mismo día, mes y año. 

 

EL RETABLO

 

Ante el mismo escribano y legajo (folio 139 y rv), el día seis de junio de 1599, el pintor Cristóbal Álvarez se comprometía con Miguel Muñoz a realizar el retablo. No hay muchos datos sobre este pintor coetáneo a la familia de los Taxis, en concreto a Pedro de Taxis y estante en Alcaudete, asumía también las labores del dorado.  Por los términos del contrato se comprometía a " que se obligava y obligo a dorar un retablo que Miguel Muñoz vecino de esta ciudad tiene en el monasterio   de la Santísima Trinidad". Y no solo quedaba sumido su trabajo en esto sino que "el qual a de dar pintar y estofar, lo qual es el dorado y esto lo que fuere arquitectura e talla y lo que es pintura se entiende los tableros llanos, los quales  son ". Y describe muy bien la iconografía y programa del retablo

-"tres en el arco de arriba, en el del medio ha de estar la coronación de Nuestra Señora y los dos de los lados, el uno de San Francisco, y el otro de San Gerónimo en la Penitencia".

-Y otros dos más baxos en el dicho del enmedio que son los mayores que están a los lados de la caxa de Nuestra Señora Santa Ana a de ser  el uno  de San Miguel, el otro de San Joséph con su Niño  en. las manos  y algunas insignias de carpintero  entre las manos, todo de pintura ".

-"Y en el banco  otros dos tableros que están debajo  de los arriba dicha se a de pintar uno Santa Lucía y en el otro de San Idelfonso, y en el medio a decir  dorado y hechas unas letras de las palabras de la Concepción, todas enteramente 

-Y en los otros pedestales  pequeños an de yr dos San Juanes Evangelista y Bautista  y en los dos de afuera la del medio  la del fundador y el año".


Era condición fundamental que "  se a de facer a bista y aprobación de colores, fríos y perfección  y aprobación  de Pedro de Raxes y en él se remite y comete y en acabado". Se concretaba el precio en 70 ducados (  cuarenta coniforme fuera trabajado y los treinta restantes al final de acabado).  El quitarlo y traerlo corría a cargo de Miguel Muñoz y el cumplimiento de  las condiciones para su acabado a la aprobación de Pedro de Raxis, acompañaban la firma el carpintero Juan Sánchez Montañés, que luego realizó el retablo de la Virgen de las Mercedes, Melchor Raxis y Rodrigo Alonso de Colomo.  

viernes, 9 de abril de 2021

LA ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ DE ALCALÁ LA REAL


A finales del siglo XVII, la ciudad de Alcalá la Real se había expandido desde el barrio de Santo Domingo a los barrios Nuevos dela Tejueñla, Llanillo, Consolación, Veracruz, Fuente Nueva, Álamos, san Juan, san Francisco hasta los barrios de San Francisco, San Sebastián, Peña Horadada, San Bartolomé ( antiguo arrbal de del cerro de los PALACIOS),  y Rastro, Puerta Nueva, y Matadero junto von el de la Cuesta del Cambrón ( san Blas). El barrio de san Bartolomé daba nombre al antiguo de los Palacios atravesado por dos calles una que venía del Matadero y otra de la Puerta Nueva. La ermita dedicada al santo ocupaba un lugar principal. Asi era la cofradía en 1568" 
Siguiendo las declaraciones ante el corregidor, se presentó Alonso Contador, como priostre de la cofradía de San Bartolomé y manifestó que esta estaba constituida desde 1544 por un grupo de vecinos de la ciudad de Alcalá la Real. Se hizo una cofradía, templo y ermita en las eras de los Palacios,  gracias a sus limosnas, fue bendecida por un obispo, y se domaron ornamentos, y se decía misa todos los domingos y días de fiesta y otros días , porque en esos lugares o barrios no existía ninguna iglesia.Y había una procesión en el día de San Bartolomé el 24 de agosto a la Iglesia Mayor".

El testamento de  cura Alonso Ruiz de Atencia, además de clérigo, prsbítero y capellán perpetuo de la Iglesia Mayor  realizado en 4 de agosto de 1599 ante Alonso Ramírez de Molina nos aporta nuevos datos. Este fue enterrado en la capilla mayor de la Iglesia Santa María, y acompñado por los cofrades presbíteros de la de San Pedro con cdera y cruces. Curiosamente, su devocionario de misas tras su muerte se decican a  La Virgen de la Cabeza, de la Soledad, Nuestra Señora Esperanza de los Remediios, san Jacinto y los Bienaventurados mártires san Cecilio y sus compañeros, que alcanzaron una difusión devocional muy profusa por este tiempo en estos lares. Encargó todas sus ofrendas y administracion de sus bienes para el pago de las exequias a la cofradía de San Pedro con el pago de misas, pan y vino y otros gastos. 

Los datos más interesantes son los referidos a la ermita de San Bartolomé, dejando aparte el inventario de bienes y un censo contra Juan de Aguilera. Dice así la manda:

"Iten, es mi boluntad y mando se dé a la ermita del Señor San Bartolomé treynnta y  mil maravedíes com los quales se acabe  y se labrare y labre  la capilla mayor de la dicha ermita y acabada con ellos  por la cantidad que baliere se paga un retablo de una bara en alto  en quadro de madera y en él se pinte  de pincel e o de oleo  como mejor pareciere a mis alabaceas el bienaventurado san Elifonso  Elifonso en el estado que Nuestra Señora  le hizo la gracia de poner la casulla con su letrero de pie de conmemoración  mía y gasto en la dicha capilla de de manera que  que en todo se gasten los dichos  los dichos maravedíes y estos se tomen de los dichos censos para ello e para ello se paaggan en reaacudos que sean necesarios  la ejecuación de lo qual remito a los dichos albaceas". Les daba a su criada Isabel y a su hija catorce mil ducados hasta tanto se emplearan en la ermita de San Bartolomé, con cargo para que se dijera una misa por su alma en la ermita  , una con el oficio de Nuestra Señora de la Paz, y otra de san Idelfonso, y luego se lo encargaba a sus descendientes. Nombraba por albaceas Juan de Cueto Torreblanca y Antón Sánchez de Rojas. 

 

jueves, 8 de abril de 2021

LA CALLE POR DONDE VAN LOS CAÑOS

 La calle actual de Miguel de Cervantes compartía nombre con el de Los Caños. La razón de su último nombre no hay duda se hizo con motivo del homenaje al "Manco de Lepanto" a principios del siglo XX. La de los Caños ofrecía duda, porque se deominaron varios tramos según el apellido o apodo de sus vecinos, como la calle del Rojo en el primer tramo; el tramo cercano al Pozuelo tambien recibió el dicho nombre.Pero mira que existían dos calles del Pozuelo, una que se dirigía a la calle Real, y luego al convento de Nuestra Señora del Rosario, y otra que incluso se denominó como camino  que bajaba a la Fuente Nueva. Todos estos nombres se mantuvieron a lo largo del siglo XVI. Esta segunda denominación  en muchos documentos notariales se




encontraba  con estos términos, como este de un censo de Gabriel González de Hinojosa contra Juan de Espinosa ante el escribano Alonso Ramírez de Molina en 1599 (Legajo 4743m folio 277)

" Unas casas en el arrabal de esta ciudad en la calle del Pozuelo donde van los caños, linde con casas del jurado Estebán Morón, y  herederos de Alonso García Serrano". 

Estas coinciden actualmente  con las casas de  los herederos de Moisés Álvarez y de Manuel Rueda, aproximadamente.