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martes, 26 de febrero de 2013


FEBRERILLO LOCO

 

            Al acercarse a un diccionario etimológico, lo que primero salta a la vista del mes de febrero, hace referencia al verbo latino "februare" cuyo significado se concreta en  "purificar".  Por eso, los romanos purificaban, en este mes,  los campos y  a los hombres y  en las fiestas se llevaban a cabo  actos religiosos de purgación dedicados a los dioses;  de ahí hay un paso a que el cristianismo se apropie de este significado y  recristianice el día dos de febrero con el de la Purificación , relacionado con la Virgen María.  En verdad que viene como anillo al dedo el que se aprendiera del mundo clásico y la sociedad española limpiara las calles invadidas por la basura, la bazofia y la corrupción que vienen crispando  la modélica e injustamente denostada transición. Se necesita que el agua de  la limpieza democrática triunfe sobre los lodos que recorren las cloacas y salte al aire limpio de las calles. 

            Pero si importante es la relación de este mes con su raíz etimológica, no es menos actual  la adjetivación de locura  que siempre salta a la conversación de los vecinos del lugar. Pues el refranero se hace eco de su  carácter movible y complicado al formar el frecuentado sintagma de febrerillo loco. No es de nada de extrañar que se revuelvan los tiempos atmosféricos, porque " Febrerillo es un mes corto, voluble y loco; trae viento, frío, nubes y sol, de todo un poco”  y esta locura climatológica alcanza hasta la vida de muchas personas y de sus cédulas diversas de asociación ( social, económica y política).  Pero, donde más se altera actualmente el ambiente, sobre todo, por ser tiempos de crisis, es en el terreno político, ya que aquí acuden con mayor avidez las aves carroñeras. Parece como si viviéramos momentos en los que se cumplen los vaticinios del castigo de la diosa Até ante la hybris o locura   que ha invadido todas las capas de la sociedad española. Además acontece algo semejante a lo  que  se narra sobre el discurso mitológico de esta diosa griega de la discordia, que fue castigada por Zeus, arrojándola a la tierra para crear la ceguera y la locura entre los hombres, a los que ronda continuamente; pues estos habían llegado a este  estado por las ansias de  orgullo o hybris, abandonado la mesura y la insensatez. Es así que esta  diosa maligna personifica  la pérdida de la razón,  la pasión ciega y lo que conlleva o se causa con sus acciones: ruina’, ‘insensatez’, ‘engaño', ‘mal’, ‘injusticia’, ‘locura ciega’,‘acción precipitada’, ‘ceguedad de espíritu’; ‘extravío fatal’, ‘calamidad’, ‘desgracia', ‘azote’; ‘pecado’, ‘falta’,‘crimen’, la venganza, la injusticia, la perversidad, la fatalidad, el mal como condición humana o el arrebato y el extravío de la irreflexión. Si cualquier persona analizara objetivamente la situación de nuestra sociedad, claramente es fruto de ese orgullo y pasión que arrastró a la mayoría de la población a las más altas cotas del desenfreno creyéndose que era rica y dominaba todos los resortes para hacer frente cualquier imprevisto. Pues cualquier hijo de vecino se consideraba un dios  o semidios y  no tuvo en cuenta que debería venir a la tierra esta diosa en el momento más inesperado para rendir cuentas y vengarse de la irracionalidad en la que habían caído tantos hombres. Por eso, nos preguntamos si hay solución ante esta tragedia humana. Y en la sociedad grecolatina y en nuestro refranero, tenemos la respuesta.

            Pues, si los latinos dulcificaron este mes ejerciendo acciones para congraciarse con los dioses, corresponde a la ciudadanía actual hacer frente también  a esta situación de locura que la invade. También, por otro lado los griegos pusieron  paños calientes para evitar el caos entre los mortales mediante ofrendas a esta diosa. Incluso, cuando se impuso la democracia ateniense, símbolo de la mesura y el equilibrio, contraria a cualquier exceso, hybvris y orgullo, se convirtió  esta diosa de la discordia en una diosa de castigo ante las malas acciones en las obras de los clásicos  y con un enfoque diferente, porque vengaba los actos malvados e infligía justos castigos a los delincuentes , de tal forma que su personalidad era casi la misma que la de Némesis y las Erinias;  por cierto, muy cercana a  la Justicia, lo que necesitan estos malos tiempos donde algunos parecen como si  respondieran a aquel refrán que dice Febrerillo el orate, cada día hace un disparate.

viernes, 15 de febrero de 2013

JUICIO DE RESIDENCIA

Siempre  he querido escribir sobre esta institución y figura esencial en la Historia de España, sobre todo en los períodos de mayor crítica a las instituciones públicas y a sus representantes  y cargos políticos. Actualmente, es un tiempo fundamental, cuando las encuestas colocan a los servidores públicos en los puestos más bajos del reconocimiento social. Pues, ahora que tanto se habla de moralidad, de revisión de costumbres y de posturas éticas, necesitamos una institución o una persona con las competencias de esta institución de siglos pasados, por su eficiencia de control  de la actividad política  y  por su  rápidez en afrontar los desafueros  y escándalos por medio de la acusación popular.  Ciñéndonos a una de las muchas definiciones sobre los juicios de residencia, vale esta misma: “ fue un procedimiento judicial del derecho castellano, que consistía en que, al término del desempeño de un funcionario público,  se sometían a revisión sus actuaciones y se escuchaban todos los cargos que hubiese en su contra” .  Esto conllevaba  aspectos muy interesantes para que nadie pudiera  evadir la labor fiscalizadora y de control  público: “El funcionario no podía abandonar el lugar donde había ejercido el cargo, ni asumir otro, hasta que concluyese este procedimiento. La neutralidad se garantizaba, porque  el encargado de dirigir el proceso, llamado juez de residencia, era, al principio, una persona ajena al sucesor en el cargo y , con ello, se conseguía la imparcialidad a la hora de recibir todas las quejas, acusaciones -con fundamento y sin fundamento-,  agravios comparativos, ultrajes y todo tipo de denuncias, que debían ser aclaradas y resueltas. Este periodo de  residencia solía durar, en las ciudades, al menos unos quince días y a veces se prolongaba meses,  y no quedaba reservado a las altas esferas como los virreyes o corregidores, sino que toda autoridad que había ejercido su cargo debía ser sometida a un juicio de residencia; además este juicio era  sumarial y público, y acudían los vecinos protestando del asunto más nimio, a lo que, el que había desempeñado el cargo, respondía defendiéndose y justificando todas sus actuaciones; además debía pagar con dinero todos los atropellos y desfalcos. Una vez acabado todo este proceso, si resultaba satisfactorio, no había inconveniente para que el corregidor o alcalde mayor ascendiera  en el cargo de una ciudad más importante; pero,  si había cometido cargos, errores o ilegalidades, podía ser sancionado con una multa o la prohibición de por vida de un cargo(…)  Las sanciones eran variables, aunque frecuentemente consistían en multas”. El proceso tuvo sus fallos y  sus deficiencias  conforme se apartaba de los orígenes legislativos de los  Reyes Católicos; es decir se desvirtuó, con la prórroga de los cargos al pasar  de uno a tres años e, incluso, a seis; con el cambio del juez de residencia por su sucesor en el cargo, por la tramoya burocrática a la hora de resolver las acusaciones que acabaron en pleitos entre los vecinos y las autoridades,  por  haber intentado sustituirlo con figuras de intervención pero asentada en el lugar, por la connivencia entre autoridades y la justicia, y por un sinfín  de elementos decadentes.  Pero en este momento  que tanto se habla  de regeneración ética y moral, son muy certeras las palabras de Adela Cortina “ sí que urge forjar una ética pública que sirva de antídoto frente a la corrupción”.  Y, desde luego,  el juicio de residencia podría ser una de las formas  o “sugerencias nacidas de esta ética para ir reforzando el vigor de la justicia” y con el fin de que resolviera rápidamente las acusaciones populares y aclarara los  evidentes y notorios  entuertos. Pero, ¿qué personaje o institución podría ejercerlo  con estas dos características de  rapidez y del valor ejemplarizante de resarcimiento de lo público? Para eso, están los legisladores y ,  de seguro que hay instituciones y personas en nuestra Constitución como el defensor del pueblo; es hora de encomendárselo o agregarle nuevas funciones éticas. Lo importante es que todos los ciudadanos comprueben con los hechos su labor ética y de justicia.

miércoles, 6 de febrero de 2013

MANOLO RUÍZ LÓPEZ


 
 


Si tuviéramos que identificar las tierras de la Abadía con el nombre de un monumento o un elemento del paisaje, a Alcalá la  Real le adjudicaría la fortaleza de la Mota; a Priego, el Adarve; a Frailes y Castillo de Locubín, con los nombre del los ríos, San Juan y Velillos ( denominado  con el nombre de la villa frailera por estos lares); pero si a cada época tuviéramos que bautizarla con nombres de personajes que hicieron patria supramunicipal, en el medievo, señalaríamos   los señores de Alcaudete; en la Edad Moderna con la familia de artistas de los Raxis ( Pablo de Rojas, Migue, Nicolás, Pedro y Melchor Sardo); en los años de la Ilustración, con la palabra de colono que dieron lugar al nacimiento de las aldeas y al asentamiento definitivo  la villa de Frailes. Pero si tuviéramos que hacerlo en los últimos siglos, formaron comarca los diputados Abril (Gregorio y Rafael), Pablo  Batmala y Carlos León Álvarez  Lara y Juan Montilla Adán  Adán. Pero, por encima de todos ellos, Manuel López Ruiz ocupa el lugar privilegiado de agrandar aquella abadía y las tierras del conde de Alcaudete con el abrazo que forjó entre muchas gentes de las  tierras de la comarca de la Sierra Sur (desde los Villares hasta la aldea de Ermita Nueva). Curiosamente, sus manos no emplearon los fines legítimos de la política, como muchos de los personajes mencionados anteriormente. Manolo, haciendo gala de la virtud de su apelativo “Sereno”, empleó otras artes para atraer a su tierra adoptiva el optimismo vital, la generosidad compartida y la pasión por lo auténtico.

            Cualquiera de los muchos que han conocido a Manolo podría rememorar muchas anécdotas acaecidas con su persona, divulgar historias, relatos y reminiscencias de costumbres que transmitió a eruditos, artistas y viajeros de la Sierra Sur. Tuve la fortuna de conocerlo allá por los años setenta,  y siempre me quedé cautivado de su generosidad y de  su alma de servicio hacia los demás. Fue, con motivo del descubrimiento de una tumba romana en el límite de Alcalá la Real y Frailes. En aquel  encuentro descubrí que Manolo reflejaba pasión por el conocer y el saber,  capacidad para escuchar y empapar los frutos del espíritu   y solidez para valorar la cultura. Este encuentro se encadenó en otros muchos momentos, de generosidad compartida  en las citas culturales de la comarca, en los ágapes fraternales  en su privilegiada casa, más bien en su mansión de todos; en los actos que organizó como  mecenas  poniendo a disposición de  muchas personas todo lo suyo; y , sobre todo,  aportando la sonrisa  en sus labios sin caer nunca en el desaliento.

            Hace unos días leía estos versos de Nacha Guevvara, que  me recordaban su actitud ante la  vida: Cuando no hay más que amor/para abrir el camino / y forzar el destino/ en cualquier ocasión, / Así habrá que forjar/ nuestro mundo y luchar/ sin tener nada más / que la fuerza de amar./ Ahora  me viene a la mente  que siempre que me adentre por los bellos parajes de la villa de Frailes, tu espíritu volará entre las callejas dando abrazos y saludos de amor. Pues, no sólo hiciste comarca  sino que forjaste la intrahistoria del estallido diario de tantos encuentros, cooperaste en   efusiones de alegría compartidas, fraguaste  mañanas de proyectos humanistas  entre pueblos y armonizaste un coro de manos entrelazadas porque, como decía la anterior poeta cuando no hay más que amor/ como única sed, como única fe, como único don… la deuda con tu persona será un reto para los hombres de la Sierra Sur.    

MANUEL PEÑALVER CASTILLO


 

 

            Recientemente, Manuel Peñalver Castillo ha publicado una bellísima obra titulada “Castillo de Locubín en su diversidad” que recoge literariamente  un elenco de reflexiones, sentimientos y propuestas sobre su tierra castillera. Este profesor universitario, afincado en Almería, no olvida nunca  el vínculo que le une con la provincia de Jaén, y menos aún, con la comarca de la Sierra Sur centrándose  con esta obra en su pueblo que lo vio nacer. Manuel Peñalver profundiza en el alma castillera y en el paisaje de las ricas tierras que baña el río San  Juan dando muestras de que  domina completamente toda su geografía, su economía, su historia, su lengua y sus gentes. Y lo hace lleno de una empathía  especial que persuade al lector para cantar en forma épica  y con denotaciones líricas, a la manera el elegíaco Tibulo, su admiración por su tierra y el anhelo de transmitir la utopía de  un proyecto común de futuro en defensa de estas tierras privilegiadas . Y, a lo largo de sus letras increpa al lector ” En este paraíso terrenal –bello como la nieve recién caída en sus calles los días invernales-de cuyas robustas raíces brotan chorros de aromas eternos y las pupilas se llenan con el más rico colorido, siempre surge del atento observador  la misma pregunta, ¡ cómo es posible tanta belleza natural? Piropea a su ciudad: “Locubín refugio de hermosura, prodigio de la naturaleza, fulgente andaluz del Nacimiento del Río, m del Caz., del Caño, del salado, del Chorrillo, el Salado, heraldo de las divinas cerezas y cestas e mimbres llenas de frutas” o , elevándose a lo mitológico  “Atlas de la Acamuña., del Puerto, de la Campana, de los Peñoncillos , de la  Coronilla...”  y divinizándola en el reino del  Olimpo :  ”Castillo de Locubín, el dios de la primavera, el como “ edén que tanto queremos y al que siempre volvemos”  para caer en ricos ritmos de prosa poética “ Señero octosílabo del blanco mar de los cerezos y almendros en flor, del verde océano de los olivos; pintura cubista  de los barrancos, caminos y cañadas; lienzo de las tonalidades , más prodigiosas,  espejo donde se miran  las puestas de sol…”. Nadie como este profesor eminente ha defendido la peculiar habla de su tierra ( su ceceo, su sintaxis, su léxico...) entroncándola con los  estudios de los mejores lingüistas como el profesor Alvar y teniendo en cuenta que es un magnífico docente universitario de la Lengua y Literatura Castellanas (  primero profesor de enseñanza secundaria y , posteriormente, universitario preparadísimo en sus conocimientos y  por sus  méritos de expediente, sin olvidar la defensa de los profesionales de la enseñanza ).   Además, su obra no cae en un simple prurito literario y chovinista, sino es fruto de una vasta erudición, en la que se acumulan como estudioso y conocedor de su  entorno, la vida y obra de muchos personajes,  escritores, historiadores (y por qué no decirlo estando al  día de las publicaciones más recientes de la comarca y de las investigaciones más punteras). Manuel Peñalver se siente en su obra miembro de un elenco de personas estudiosas de  este rincón provincial, a veces olvidado y obnubilado por otros rincones que brillaron por  la hidalguía cortesana o por su preeminencia serrana. El escritor castillero  no se sonroja por apostar por su tierra , a la que considera que es puntera y excelente-  término muy de moda   en  el mundo turístico y empresarial-  tratando de presentar una tierra providencial gracias a  su rico aceite, la singularidad de su  cereza,  su  potencialidad del turismo rural , su privilegiado  entorno y  sus gentes.

La comarca de la Sierra Sur debe estar en deuda con Manuel Peñalver Castillo, profesor que siempre ha acudido a todas las citas culturales y acontecimientos, aportando con su presencia el sello indeleble del sabio, del honrado y preparado docente, del trabajador por su tierra en el campo literario. Peñalver, poeta lírico y épico,  pregonero y heraldo, embajador y  amigo,  hospitalario y apologético en la laicidad,  afectuoso y sincero. En suma, Manuel Peñalver es un  hombre de compromiso con su tierra como lo fueron Juan de Aranda Salazar, Ginés Martínez de Aranda,  y otros más contemporáneos a los que no olvida, cita y los siente como coralistas del círculo defensor  la tierra meridional del reino de Jaén.     

miércoles, 30 de enero de 2013

LA CUESTA DE ENERO



 

Al comenzar el año, se presenta el mes de Enero inaugurando una nueva etapa de la vida de cada persona. Como  puede acontecer con el mes de Diciembre, no puede ser  el momento de la reflexión, sino de cargar  las pilas para afrontar  y  resistir los envites y embates del año que se avecina. Mas, si nos apoyamos en  la tradicional figura de la Cuesta de  Enero, parece como si se contemplara este mes a la manera de un sísifoalpinista que escala  una montaña de  una cima muy alta,  la que nadie se imagina que logrará escalarla. Sin embargo, nadie  se ha preguntado por el significado etimológico de  la palabra Enero, que le podría aclarar muchos aspectos variopintos de este mes ;  pues , por el contrario,  si se habla de abril, julio, junio o mayo , se brinda rápidamente  la respuesta con algún elemento de nuestro pasado mitológico romano, y no digamos,  con los mal llamados septiembre, octubre, noviembre, diciembre,  a los que definimos con  que enumeran cada una  de las últimas etapas de este año. 

Por eso, volviendo al mundo clásico, tal vez  el significado  de Enero ( mensis Ianuarius, el mes de Jano, que pasa de Ianuario,  o Ienuaario,  al término español  Enero),  probablemente haga cambiar los malos augurios y presentimientos de muchas personas con este mes.  Pues Jano , Ianus,   dios  romano,  tenia dos caras  por medio de  las que miraba  hacia delante y hacia atrás;  de donde le viene a   Jano  y  no podía ser, de otra manera , sino el dios de las puertas de las casas;  y, relacionado con lo anterior, el dios de los comienzos y los finales. Con acierto, pues, la mitología romana  le  consagró el primer mes del año. Con estas mimbres,  se entienden mucho mejor algunas cosas y acontecimientos  de este mes  que con  el apelativo  de la cuesta de Enero:  sobre todo,  en los  momentos  actuales . Con una cara de Jano,  Diciembre se despidió  dejando  las alforjas vacías en muchos hogares acuciados  por la crisis, sin embargo, el mes de Enero abre la puerta de la esperanza de iniciar una nueva etapa, la  que rectifique o, al menos, cambie los cimientos de una sociedad completamente  hecha un tiovivo al vaivén de los flujos financieros. Y, mientra, Diciembre dio su último adiós entre primas de riesgos, elevados déficits y alto nivel de paro, al menos, en los primeros días de Enero  ya se han oído voces en contrae el capitalismo salvaje que nos invade, por el Primado de Roma, o los líderes políticos y sindicales, tras el examen de conciencia de las fiestas navideñas, proponen nuevas alternativas,  mejoras de las relaciones y nuevos proyectos  para calmar la ansiedad de muchos hogares repletos de personas de la mayor empresa del país. Incluso, mientras la cara de Jano llora la última campanada de un año que, ,para algunos, está repleto de  nostalgias anheladas, quimeras incumplidas y deseos no  saciados,  ,  el  mes de Enero quiere  inaugurar el mes con el Día de la Paz,.Es verdad que,  aunque existen muchos conflictos latentes, se están cerrando las puertas del templo de Jano  en algunas naciones del mundo,  que  dejan las armas, firman armisticios y se   tienden las manos.

Por otra parte, Jano, como lo describía Albert  Camus en  La caída,  se vislumbra todavía   por nuestras tierras entre fuegos de artificio y verborreas de crispación,  pues siguen en muchos lugares y en muchas personas los mismos modales, mantiene en muchos la rémora del pasado y las buenas intenciones del futuro. Mejor,  ante e malcariz  de la cara del pasado,  les vendría a  todos el fumar  la pipa de la paz y proseguir en la caridad  política-me refiero no a aquella caridad que muchos quieren confundir con la beneficencia , y no pretenden  aprenderla  por ser la portadora de las buenas  artes del amor y  para hacer entre todos una buena sociedad, distinta a la de la  usura y abierta al compromiso de generosidad – cerrando  las puertas del templo del dios Jano, con lo que se establecería un interregno, en que gozáramos de una tranquilidad y paz para construir un mundo mejor, donde el jornal ni el trabajo faltaran a los mismos de siempre, el beneficio de las haciendas se invirtiera en bancos cívicos que cuidaran más de los beneficios de los hombres que del capital,  se establecieran economatos de consumo, cooperativas sociales , escuelas y sanidad para todos, sin privilegios ,y se  primara la pedagogía del compartir frente a la competividad, En fin,  anhelamos con los mejores augurios y súplicas que Jano, patrón de la jurisprudencia, de la moneda y de la agricultura, estableciera unas buenas leyes para todos, una agricultura con el  aceite justo y necesario, y un  dinero corriente y suficiente  para gastarlo en las necesidades básicas  e invertirlo en la creación de puestos de trabajo .De este modo, nos olvidaríamos de nuestro  Sísifo soportando la Cuesta de Enero, e invocaríamos la cara de un próspero dos mil doce más uno para todos.

domingo, 27 de enero de 2013

DOROTEO HIDALGO PÉREZ



 

Hay personajes alcalaínos, que se merecerían una novela, y no de  simple ficción, sino de realismo puro y duro. Paso, pues,  por alto la ingratitud de cierto crítico  espontáneo y analfabeto que identificó con los reality show la vida de  algunas de estas personas comentándolas a la ligera y   tachando su historia de novela de ficción urbana, simplemente   para  denigrar al adversario,    y así evadir su sentimiento de culpa. En Alcalá la Real, abundaron estos personajes de vida intensa y novelesca, como Pepe Ibáñez, Manuel y  Agustín Linares, Francisco Vela León, Adolfo Díaz o Pedro Gálvez. Son personas que aprendieron las primeras letras en las escuelas de los maestros garroteros de las aldeas o del casco urbano de Alcalá la Real, se forjaron en lides guerreras( primero los hicieron en tierras africanas, con el desastre de Anual,  y, luego en las filas de la  Guerra Civil); a pesar de su entrega en la lozana juventud, dieron,  en muchos casos,  sus carnes en cárceles y en campos de concentración; purgaron sus presuntas culpas de luchar por la República en los batallones de trabajo;  y, curtidos con un bagaje cultural de introducción básica a profesiones artesanas o administrativas, ejercieron  puestos de trabajo y cargos administrativos desde peón hasta llegar  a las más altas cotas que podía aspirar un proscrito por el régimen. Eran y fueron autodidactas en su formación, en su aprendizaje profesional y en el ejercicio de sus relaciones laborales, Pero, aprovecharon los más oscuros rincones recónditos para adquirir la cultura básica del álgebra, el dominio de la gramática castellana y las bases teóricas de la contabilidad: unos lo hicieron en las celdas de cárceles; otros en las literas de las amplias salas frías de los campos de concentración; los hubo que aprovecharon las teóricas del  horario de milicia. Estos personajes habían nacido en el ambiente rural, pero venían marcados con un sino artístico; por eso,  abundan poetas populares  (incluso  los hay que hacen pinitos  de atrevidos quintetos y algún que otro soneto), pintores ( he encontrado muchos dibujos inspirados en personajes de tebeos) y , sobre todo, abundan los músicos aficionados. Era la música como su tubo de escape a la presión que se veían sometidos. Si tuviéramos que concretizar todo esto en una persona; no hay duda de que Doroteo Hidalgo Pérez es el soldado que encuadra en tierras  republicanas, sufre el  duro trabajo de los batallones  franquistas de Málaga y  adquirió un dominio musical del violín que lo distinguió hasta los años setenta del siglo XX por muchos rincones de la comarca alcalaína.  Nacido en Jamilena,  residió durante muchos años en Charilla, su radio de acción se extendió en todo su derredor  aldeano  y se hizo célebre por su acompañamiento orquestal en los bailes del candil formando parte de las Orquestas de Ferreira, que fue quien le enseñó el arte del violín,  Isabelita la Ciega y  José  “El Molinero” en su aldea  y la del alcalaíno  Andrés el Ciego ( con las que  los alcalaínos iniciaban, en invierno,  el rito del enamoramiento dentro de  las plantas bajas de los cortijos;  o en las eras al descubierto , por la primavera y estío); tras la guerra, con Revelles. En 1946, con eso de que “pasas más hambr e que un músico”, se  dedicó a la agricultura y  ser recovero de muchos rincones de la Alcalá rural.  Pero aquella inquietud y dotes de mando que había adquirido en las contiendas, reverdeció, siendo ya maduro,  en experiencias empresariales cuando entró  en las filas laborales de la Cooperativa San José Artesano o en la metalística Demansa. Pero, entre números y contabilidades, nunca Doroteo olvidaba  el violín, pues aprovechaba los momentos de convivencia familiar y las fiestas de sus nietos para llenar el ambiente con el  viento agradable de las notas musicales de un instrumento de cuerda que dominaba  como nadie.  Ya, en sus últimos años, Doroteo se hizo conferenciante , no ocultó su pasado ni sus conocimientos artísticos a nadie, expandió su callada cultura con la edición de un disco musical  de los cantes y bailes que se remontaban a las crónicas de María del Pilar Contreras. Estaba orgulloso de haber compuesto su vals “Alba”. Parecía como si la sangre le hirviera en su cuerpo como en su juventud  primera; se le veía como un adolescente de noventa años, de aspecto quijotesco, mirada profunda y viva, facciones propias de un espíritu inteligente y pleno de la paciencia a la manera  de un músico de orquesta que quiere armonizar las notas de la composición con el resto de la toupe. Se sentía orgulloso del reconocimiento oficial  de sus años como soldado en las filas republicanas, creía que no habían sido en balde, porque su prole había alcanzado lo que a él le costó tanto tiempo llegar. Tenía voz de convocatoria  y  de escucha, compostura de un caballero del pueblo haciendo honor a su apellido sin el don  por privilegio real, ganado a fuerza de los duros palos que le había la vida. Que la tierra le sea leve y  su espíritu sea granjeado con coronas de  laurel  por la musa Erato, que de seguro le prestará, en la otra vida,  la viola para amansar los cisnes del descanso eterno.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 23 de enero de 2013

TABERNAS PERDIDAS


 

 

             En una ciudad como la nuestra se echa de menos la antigua taberna, por lo que la definía e imponía su sello costumbrista y de singularidad social. Sería acertado que se incorporaran  en forma de mesones: con su renovación, pero con su vino de la tierra y el aperito de sabor de aceituna aliñada con tomillo, romero y ajo crudo. Es verdad que ha quedado, como un testigo quijotesco,  la de Luis Miracielos en el segundo tramo  de la calle los Caños. Pero, este taberna no es sino el crisol de una  Alcalá  que ha cambiado en muchos aspectos. Tampoco, es  una nostalgia de aquellos vetustos  establecimientos que se remontaban a los siglos XVI y XVII  y abundaban en  Alcalá vendiéndose los mejores vinos que buscaban los taberneros entre sus tinajas para no perder el emporio   comercial del rico torrontés de esta zona de Andalucía.  Esta taberna es una isla  de la  Alcalá que ha pasado de una sociedad rural a una ciudad eminentemente de servicios, a medio camino entre su pasado rural y el sector predominante de servicios con algunas industrias agropecuarias y del plástico. Una Alcalá  que ha perdido las casas entrañables de vecinos del casco histórico-artístico, moteadas por las tabernas del  Atranque, Joaquín Hermoso, el Gordo, el bodegón de los Muertos, Callejas o Canastas, Caniles, Vicente Romero, o Sansón en los barrios altos; o en la calle Real, se levantaban como reminiscencias de su hidalguía , la de Juan Manuel, Noni, Roldán, o Torreznico;  o estacionales, las había como la  de  Manuel Rosales, Vicente "Caroca" o Francisco Rosales; y, en los barrios medios, la de Anchuela y Galán hacia  la parte meridional , y más al norte, la de la Anastasia, Góngora, Gutiérrez, Canovaca, las de las fondas, y la Tercia;y, en el centro de la ciudad,  el bodegón del Pradillo, tiendas de las fondas de la plaza como la de Antonio Martín entre otra,  o las  de  la Tejuela y el  Llanillo, de la familia Hinojosa en los primeros años del siglo XX. Si muchas paredes de estas tabernas hablaran ( en la mayoría de los casas transformadas en bloques de pisos o casas casi abandonadas), nos haría revivir una sociedad, donde la oficina de empleo tenía su sede en un clima imbuido entre botellas de vino del terreno; en lugares,  que se convertían en las oficinas de depositaría para pagar los jornales, saldar deudas, cumplir con los préstamos y abrir anticipos entre familias. Y, en la taberna, no se ejercía  sólo esta función puramente laboral hasta tal punto que los munícipes , incluso, dispusieron normas de prohibir el pago de jornal en medio del ardor de los ricos caldos para que no se  engañara a la parte más débil y analfabeta,  sino que eran auténticos casinos de los pobres, donde se evadían penas, hambre y preocupaciones con los juegos básicos de los naipes y las chanzas entre los clientes y el tabernero. Hubo tabernas que, además,  fueron sedes de movimientos sociales y políticas, pues en ellas se reclutaban militantes y simpatizantes para la vida política, se hacían campañas de divulgación de propaganda de los partidos ( y durante muchos años del partido único); incluso, las hubo donde se tramó alguna conspiración para derrocar el poder local o donde, tras la  guerra civil,  fueron detenidos  y dieron con sus cuerpos en las cárceles, porque,  por los años cuarenta, cantaron aires de libertad tras el triunfo de los países democráticos sobre Hitler. Alcalá, hoy día, es más moderna, con  más servicios de hostelería, pero falta esa taberna social, que creaba amigos, y, no se convertía, como los establecimientos públicos actuales, en un enjambre sin  maestro. ¿ Quién le pondrá el cascabel a gato?