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viernes, 10 de enero de 2020

ANTONIO CASANOVA, COCINERO DEL ABAD ESTEBAN DE MENDOZA Y GATICA

El abad don Esteban Lorenzo  Mendoza y Gatica fue muy emprendedor. A él se debe la remodelación de las obras del Palacio Abacial, sito en el Llanillo, vendió las casas anexas de la Cárcel Eclesiástica  a su hermana Juana para hacer la fachada y darle uniformidad al Palacio, que posteriormente fueron donadas por ella misma al abad en 1782. Debió rodearse de una amplia curia con su vicesecretario  don Agustin Lovatón, vicario general, capellanes, mayordomo, notario y juez de rentas. Pero el personal de servicio no le vino a la zaga con sus cocheros, criados e, incluso, un cocinero para prepararle las comidas. Viene esto a colación de un momento de que una amplia colonia de origen francés se instala en la localidad abacial. Y entre las las familias más importantes, los Casanova. Uno de ellos  testó en en doce de septiembre de 1782 nos ilustra  de su presencia. Antonio Casanova se llamaba, y  era un soltero de 25 años, muy para prepararse para la otra vida. Ejercía de cocinero del abad, como lo manifestaba a través de su testamento. Lo introduce con el testimonio y creencia de su fe católica, pero nos manifiesta el origen de esta familia. Había nacido en la aldea de Romegeur, de nación francesa, parroquia de Ocenate, obispado de Sant Fleur. Sus padres era Pedro Casanova y Catalina de Angas.   Debía hablar occitano, porque en el documento aparece Sant Flor, que era  un municipio  situado en el departamento de Cantal , capital de la Alta Auvernia, al final de una colada de lava sobre la Planèze, gran altiplano de Cantal, sobre el río Ander y el valle del Lander.  Recibía  apodo de "ciudad de los vientos" por la asiduidad de este fenómeno meteorológico. Antonio debió llegar a Alcalá, unos años antes de la Revolución  Francesa. No vivió los momentos trágicos para su pueblo que vieron extinguida la diócesis. Allí se quedaron sus padres y sus hermanas Catalina y Ana Casanova que fueron sus herederas con su otro hermano Francisco. 
Con él e vino a tierras alcalaínas su  hermano Francisco Casanova.Lo vistió con sus prendas. una capa y montera de paño negro, , dos pares de calzones de algodón, negros, un chaleco de felpa azul, una chupa de felpa negra, unos zapatos nuevos con una cubillas de plata , un sombrero forrado de ule, c  dos camisas,  , dos pares de medias de algodón, y otras de corambre  Y también, vino un primo de nombre Juan Casanova  que le debía 1.200 reales. .  
También le dio a su lavandera Antonia Berlango varias chaquetas o chupas, una de paño azul, un chaleco viejo, una montera de paño viejo  otro
No fue el único francés, también residía en la ciudad de la Mota Vicente Mauretta, al que regaló su reloj de plata por lo mucho que le quería y los favores que le había concedido ya que  le debía 250 reales . De origen francés Juan Antonio Bertin le debía también  329 reales y se hallaba en Frailes. No fueron los únicos deudores suyos  sino que también le debían  el tabernero  Mateo de la Plza del Ayuntamiento  (8reales),  Francisco López Coletero (100 reales), Juan Torres carcelero (20 reales) y su hermano Francisco (40 reales).  Juan de la Palma, mesonero de la Plaza ( 600 reales), , la mujer de Salvador Pose ( 140 reales), Y a l vecino de Jaén (60 reales) que le pagaba con la escopeta que le vendío. Yl g francés Baptiste vecino de Granada (40 reales). y otro granadino Esteban Benitez (1.200 reales). y el jiennense Juan Salazar ( 150 reales). Y Pedro Maestre, portero del obispo de Jaén, le debía también 40 reales. Y nos da pista de  que vinieron de tierras jiennenses los Casanova, y estaban relacionados con la estancia del abad Esteban Lorenzo como canónigo de la catedral de Jaén. El matrimonio de Preigo Vicente de Montes y María de Rueda le debían también  más de mil reales. .  
Llevaba ya, al menos diez años para adquirir la vecindad. Pero recordaba  que su padre Pedro Casanova había nacido en Romeguer y su madre Catalina Faroan en Annette, aunque  se habría trasladado a Romeur, donde murieron. .
Cayó enfermo tan joven, pidió ser  enterrado en la iglesia de la Veracruz con el acompañamiento de los beneficiados de la Iglesia Mayor abacial y en medio de los toques de muerto de trece llano  con doble a pino , tan cercana al Palacio Abacial, con los hábitos franciscanos.  En un testamento de 1785, en la  iglesia de San Juan. Se le dijeron doscientas misas, cifra muy signficativa para un cocinero en la parroquia y se cumplieron sus mandas de dar limosna a la cera del Santísimo Sacramento, los Niños Expósitos y por la Redención de los Cautivos.  Había dejado como albaceas al capellán abacial don Francisco de Paula y a su hermano , que se  encargaron con los dos mil quinientos reales de pagar los servicios religiosos y otras deudas y de enviar la parte de la herencia en dinero a sus hermanas. .

jueves, 9 de enero de 2020

un pasquín de la coronación en 1929

Me ha venido, entre revistas del Programa de la Virgen de las Mercedes, este pasquín, que mi madre leía, mientras rezaba diariamente a la Virgen de las Mercedes. Es curioso, refleja el primer intento de su coronación en 1929, y la foto responde a la antigua imagen de la Virgen de las Mercedes.



EL PASO DE LOS PLANETAS

Se presenta el próximo 18 de enero el cartel de Semana Santa, sobre la procesión del Santo Entierro y de la Soledad. Se mantuvo hasta finales del siglo XVIII, y renació a mediados del siglo XX.
Paso actual  del Paraiso  en Baena
Pero aquella Semana Santa de los tiempos del Barroco. ofrecía un elenco de procesiones diferente al presente. El Domingo de Ramos era celebrado por la propia curia abacial en la Iglesia Mayor de la Mota con procesión de palmas y olivos, según los tiempos. Los Lunes y Martes Santos no procesionaban pasos. El Miércoles se denominaba la procesión de la Oración de Huerto, organizada por el Cristo de la Humildad. El  Jueves Santo procesionaba la Santa Cruz, Cristo de las Penas, el Señor de la Columna,  y la Madre de Dios con un gran elenco de pasos vivientes. El Viernes Santo dividía el día con dos procesiones: por la mañana la procesión de Jesús Nazareno y los pasos vivientes del Ecce-Homo , Verónica y Madre de Dios, Soledad del Rosario, , por la tarde y noche la Soledad y el Santo Entierro. El Domingo de Resurrección se celebraba con todas las cofradías en la iglesia Mayor de la Mota con la presencia de todas las cofradías.
Curiosamente, los pasos vivientes sufrieron muchos ataques por las autoridades eclesiásticas y, aunque la Compañía de Soldados y la cuadrilla de Judíos mantuvo su presencia en muchas procesiones, renacieron  y desaparecieron como el Guadiana.

 Este es el caso del Paso de los Planetas que se había extinguido en los años ochenta del siglo de la Ilustración " a causa de los muchos adminiculos que para el se necesitaban". Curiosa palabra, que deririvaba del latín en plural de ad miniculum, refiere un a) objeto pequeño que sirve de ayuda o complemento para algo, como un imperdible, una chincheta, etc. b) cada uno de los objetos que se tienen o llevan para utilizarlos en caso de necesida  . 

Un documento del siglo XVIII, ante el escribano Florencio Serrano de seis de marzo de 1782 nos ilustra de su renacimiento y pormenores. 
Un grupo de hermanos vecinos de la ciudad ( Diego de Frías, José de Guardia, Antonio Matías Santiago, Juan de Mesa,  Benito Martínez, Manuel Méndez, Jacinto Valladares, Juan Castillo, Manuel Peñalver, Pablo Espinosa, Manuel de Guardia, y Pedro Hinojosa), s comprometían a sacar el Paso de los Planetas en la procesión del Jueves Santo que "saca la cofradía del Santo  Cristo de las Penas, sita en la Iglesia de la Veracruz de esta ciudad". Lo intentaban con la intención  de reproducir y entablarse formando hermandad para que fuese perpetua su permanencia. . E Hicieron presencia en el cabildo en dos de marzo de 1781. Lo hacían con tal que se le restituyeran los rostrillos y otros utensilios correspondientes y se los devolviera reparados don Florencio Serrano, que había sido el hermano mayor que los restauró. También , por parte de la cofradía se obligaba a llevar la cera y el pendón con motivo de la muerte de los nuevos hermanos de este paso,  con los mismos derechos que los hermanos de los gallardete,  
Y es muy interesante para conocer la esencia y constitución de este paso las siguientes palabras:
"Era uno  el de los Planetas, que iban brestidos y adornados con las insignias y rostrillos, por donde son demostrados". Cuatro hermanos vestidos de blanco llevaban las andas del Paraiso, a costa de l hermano mayor. 
Y se agregaban otros pasos a este de los Planetas formando el conjunto: " "a cuyo paso istaba agregado  el del Paraíso, manifestado en un Arbol que se llevaba en una grandes andas" y " junto a él lo que representban a nuestros primeros Padres Adan y Eva, al Diablo que los engañó y a el Ángel que los arroxó del dicho sitio.  " y del mismo modo .se contenía en dicho Paso  el Rey  David, vestido de Pastor en su juvenil edad con la cabeza del  Gigante Goliat". Y, en este programa iconográfico era conscientes la cofradía y nueva hermandad, cuando  declaran "todas las figuras alusivas por presencia, antecedencia o sentimiento a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que es la que se demuestra en dicha Procesión". Otra condición recoge  que estaba agregada  a dicho Paso " el  vestido de la Muerte," y debía restaurarse y repararse. 
  Estuvieron presentes por parte de la cofradía, el hermano de años anteriores Florencio Serrano, el actual  el presbítero Alfonso Delgado, que era el actual, y los individuos  Manuel de Briones y Juan que entregaron todos los enseres. Se debía comunicar al Provisor General para que confirmara todos estos compromisos. También nombraron Padre de Almas ,apara que se encargar de la cobranza de la limosna de misas, renovar los rostros y de demáss  pertrechos  de dicho paso., ,. 

domingo, 5 de enero de 2020


MARTÍNEZ MONTAÑÉS  EN SEVILLA









Desde el 30 de diciembre del año pasado hasta el 15 de marzo del recién nacido 2020, puede contemplarse la muestra única e irrepetible de la  mayoría de las obras maestras del alcalaíno  Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568- Sevilla, 1649),  Un jiennense, considerado  por  muchos tratadistas del arte “maestro de los maestros”, tal como titulan la  exposición hispalense de modo que,  en el campo de la escultura fue uno de los que mejor define la transición del Renacimiento al Barroco gracias a la influencia de su maestro, también alcalaíno, el imaginero Pablo de Rojas. En la figura del Lisipo Español, se consigue la capacidad de levantar un territorio artístico personal, poniendo toda la intensidad de creatividad personal al servicio de la fe y de la belleza. En el Museo de Bellas Artes, las salas quinta y la reservada para las exposiciones temporales ambientan, gracias a su anterior uso de templo conventual, las 44 esculturas y relieves del genial artista, coadyuvadas con una exquisita ubicación para ser contempladas y una iluminación muy sugerente Completa  la exposición hasta  58 obras, pertenecientes a su contexto artístico de la Sevilla del Dios de la Madera, con las obras de Valera, Pacheco, Gaspar Núñez, Herrera  y otros.
Se echa de menos una introducción documental y biográfica de su etapa de la infancia y aprendizaje en tierras alcalaínas y, granadinas, con su maestro Pablo de Rojas, donde aprendió los modelos iconográficos de los santos, Virgen, Niños Jesús, Jesús Nazareno, y Crucificados. Así lo manifestaba, en su tiempo, el propio Pacheco refiriéndose al Crucificado de marfil para el conde de Monteagudo, esculpido en 1580, que luego sublimará Montañés con sus obras sevillanas de este modelo iconográfico. Toda la exposición se encuentra centrada en su etapa sevillana, donde han aparecido la mayoría de las obras descubiertas o atribuidas, entre los cuadros majestuosos de Roelas, Herrera, Zurbarán y Murillo que cuelgan de las paredes del extinto templo. Muy bien distribuida para el conocimiento y estudio de la obra montañesina, la exposición se inicia con una sección, que coincide con los pies y el cuerpo del antiguo templo conventual, donde se exponen los primeros retablos o conjuntos más notables de San Isidoro del Campo y San Leandro, así como algunos encargos privados. De tierras de Santiponce, proceden  varias imágenes del retablo mayor del  monasterio cartujano, los sepulcros de sus fundadores y las pequeñas figuras del retablo de la capilla eucarística del Reservado; del retablo de San Leandro, recoge el programa iconográfico de la exaltación de la  genealogía de san Juan Bautista y Jesucristo mediante las imágenes de su principales miembros, y los relieves de la escenas de San Juan en el desierto y el Bautismo de Jesús sin olvidar la presencia de varios ángeles atlantes y la cabeza degollada de San Juan Bautista, en la doble versión del escultor alcalaíno y de Gaspar Núñez; del convento franciscano de Santa Clara, los santos Juanes y San Francisco, restaurados contrastan y resplandecen frente a la exposición alcalaína.   En el segundo tramo, correspondiente al crucero y presbiterio, destacan las muestras más importantes de su excelente producción artística desde su primera obra localizada tras el examen de maestro de escultura y arquitectura, cual fue el majestuoso San Cristóbal, en el que se puede contemplar desde diversos ángulos el perfecto estudio de fuerzas y equilibrios que lo acercan a los genios universales con la figura del santo y el Niño Jesús. En un contexto introductorio con cuadros que incitan a la devoción por parte de las manos pintoras de Pacheco y Varela y  el retrato montañesino de Francisco Varela, atribuyéndole el falso origen sevillano, desde Santa  Catalina a Santa Teresa, pasando por san Agustín y lo santos jesuitas an Ignacio y san Francisco de Borja, se encuentra un rincón devocional que refrenda su huella en la imaginería de los grandes santos, patronos de órdenes religiosas y exponentes  de la mística del siglo XVII.   La figura de San Jerónimo, partiendo del barro cocido de Torrigiano, se complementan con las que fueron fruto de su gubia en Santiponce y Llerena, donde impresionan y anuncian otros modelos iconográficos como el de Santo Domingo de Silos, recogiendo el ambiente ascético del Siglo de Oro.
 En la Sala reservada para exposiciones temporales, abundan sus aportaciones más importantes dentro de la iconografía sevillana con el Niño Jesús del Sagrario de la Catedral de Sevilla, la serie de la Inmaculada Concepción haciéndose eco de ese momento de este dogma mariano trasplantado al intimismo del creyente moderno. Y, sobre todo, destacan las imágenes de los Crucificados, bellamente complementados con obras de su entorno para una mejor comprensión del tratamiento peculiar montañesino. Como en la exposición alcalaína se echa en falta la presencia de una imagen nazarena, así como alguna muestra de su producción para tierras americanas, que complementarían esta excelente exposición del ilustre imaginero alcalaíno. No obstante, la presencia del Cristo de la Clemencia y la Cieguecita, resaltan en un contexto enriquecido con la presencia de los Crucificados de los Desamparados y de Santa Clara. Y la Inmaculadas del San Andrés, San Julián, Pedroso y Santa Clara.
La gran labor de conservación y restauración de muchas obras, entre ellas de las expuestas el año anterior en Alcalá la Real, han enriquecido la exposición y es aliciente para su visita, ya que significan un excelente punto de partida para el estudio de su obra, sobre todo las de las imágenes del monasterio de Santa Clara, ya que permiten contemplar la extraordinaria calidad y belleza del maestro alcalaíno. Además, el acercamiento al espectador que se percibe en tablas de retablos, como los recién restaurados de la iglesia de la Anunciación resalta en la expresión pictórica que le aportaron entre otros su paisano Gaspar de Regis, el pintor Francisco de Pacheco y Baltasar Quintero,  firma recién descubierta en el retablo del monasterio de San Leandro.
En esta muestra. no se ha olvidado la producción no religiosa con lo que se  complementa a la exposición alcalaína como las figuras de Guzmán el Bueno y  María Alonso Coronel, ni el san Juan Evangelista del museo de Valladolid, ni la etapa trágica con  algunos elementos del retablo de la iglesia jerezana  de San Miguel  por la presencia de las imágenes de San Pedro y San Pablo y varios ángeles, que recogen momentos importantes y etapas que influyeron en la vida de Montañés como la peste sevillana de los años cuarenta del siglo XVIII.   La Virgen de Cinta de la catedral de Huelva, San Bruno de la Cartuja de Sevilla, y otras obras atribuidas como las de la iglesia de la Magdalena no podían faltar a la cita museística, así como las del propio museo de Bellas Artes de Sevilla, procedentes de colecciones de otros conventos. Tampoco están ausentes Alonso Cano ni Juan de Mesa, el maestro abrió la senda de muchos artistas, de las que se hace eco esta exposición. Una muestra que como pretenden los organizadores. Las cotas alcanzadas por el artista lo convierten en maestro de maestros, cuyo principal discípulo fue Juan de Mesa. Esta exposición constituye una oportunidad única de profundizar en su vida y su obra en la génesis del Barroco en Sevilla.
    .     

martes, 31 de diciembre de 2019

EN LOCUBIN.NUEVOS DATOS SOBRE LA FAMILIA DE LOS ARANDA Y SU RELACIÓN CON EL CASTILLO DE LOCUBÍN




I
EL PRIMER TESTAMENTO DE GINÉS MARTÍNEZ DE ARANDA






   En anteriores artículos sobre el maestro de obras Ginés Martínez de Aranda, he tratado de varios aspectos y documentos que abrían nuevas vías de su vida y obra. Desde el descubrimiento de su testamento y la partición de sus bienes hasta su última etapa en tierras alcalaínas dirigiendo las obras de la sacristía de la Iglesia Mayor. Unos los fueron por los años ochenta del siglo pasado en revistas locales, como las del programa de ferias. También, le dediqué varios artículos en el periódico provincial Jaén. Declaraba en uno de los últimos publicados: “A la hora de desvelar enigmas de la biografía de los personajes o artistas de Jaén, juegan un papel fundamental las fuentes documentales relacionadas con sus momentos culminantes de su trayecto vial. Si las partidas de bautismo o los certificados nacimiento dejan en entredicho muchas hipótesis promovidas por el simple comparativismo, las partidas de defunción abren un abanico informativo que encuadra a los personajes desde su entorno familiar o generacional hasta su estilo y modo de vida (hacienda, tendencias, estudios, cultura...). No podemos obviar ni pasar por alto la contribución de los estudios genealógicos con su diversa gama de documentos para complementarla.   Hace años, se divulgó un descubrimiento muy esperado que fue la división y participación de bienes de Ginés Martínez de Aranda, en el que se insertaba su testamento escrito en Castillo de Locubín en 1622 ante el notario Lucas Jordán.  Ponía al día el entorno familiar de este maestro de obras, nacido en tierras de Jaén, y que dejó su huella en tierras muy lejanas de la provincia del Santo Reino”.

Pero, antes de este testamento, hubo, al menos, otro anterior levantado ante el escribano castillero Juan Bautista Cano, en seis de enero de 1616, según recogen sus protocolos notariales de Castillo de Locubín donde lo realizó, siendo testigos don Alonso de Benavides, Juan Colomo el Viejo y Pedro Hurtado, todos vecinos de esta villa. Lo redactaron, estando enfermo de cuerpo, pero sano de alma (en voluntad, entendimiento y juicio, pero antes el temor de sobrevenirle la muerte), y declarándose vecino de Castillo de Locubín y por nombre y apellidos como Ginés Martínez de Aranda. Tras la fórmula de rigor de testimoniar sus creencias católicas de salvación en el Dios que le dio la vida, inicia una serie de mandas, que aportan los datos biográficos.
No es tan rico en aportar nuevos datos al que comentamos en anteriores artículos, pero tiene la importancia de ser el primero que, hasta ahora, se ha descubierto. Pedía ser perdonado por su vida y ser acogido al seno de Dios Padre. Declara que, en el día de su enterramiento, fuera enterrado en la iglesia de San Pedro, y, señalaba que se hiciera en la sepultura de la capilla nueva de la Iglesia Mayor de ella (sic); lo que es una clara confusión o un lapsus calami por capilla mayor; para el día su entierro.
Mandaba ser acompañado por los beneficiados, curas y capellanes y religiosos de Castillo de Locubín. Y añadía que se dijeran la misa de réquiem cantada, y otras misas por su alma (las nueve de las fiestas de la Virgen, cinco por las Llagas de Jesucristo, tres de Espíritu Santo, 33 de San Amador), 6 por sus padres sin citarlos, otras seis por sus suegros, con lo que aportaba el linaje de su esposa (en concreto eran el castillero Juan Galán). Las seis misas por las ánimas del Purgatorio eran frecuentes en los testimonios, pero las seis de sus hermanos, nos ilustran de su familia, (uno que había fallecido Hernando y Francisco de Aranda, padre de su sobrino el famosos arquitecto Juan de Aranda Salazar).
Se señalaba a su mujer, la castillera María de Morales, para que ella administrase una manda de 200 misas por su alma donde quisiere y en el sitio que le placiere. Recordaba que, en la carta dotal, trajo para contraer matrimonio la cantidad de cien ducados, con el fin de que lo supieran sus herederos, cuando falleciera su madre. Estos herederos los nombró como universales para que se repartieran los bienes cuando falleciere tras pagar todos los gastos contraídos antes de la muerte e impagados. Eran María de ArandaGinés Martín de Aranda y Juan: a la primera levantó carta de dote para casarse con Luís González, vecino de Priego (también arquitecto que trabajó en la iglesia de Santa María Mayor de la Mota), ante el mismo escribano de su primer testamento y manifestaba que allí se encontraba escrito lo que le donó; al segundo, le dio entre dineros, oro, paño, trigo y cebada   en la cantidad de 133 ducados. Y en este contexto citaba una serie de fincas que se añadieron  a este hijo en un memorial firmado  por él y refrendado con el juramente ante Dios signado con un cruz: una alameda en el río, lindera en lo primero de todo con la presa de don Fernando de Aranda y el camino empezado por la parte baja, donde tenía que sacar 24 álamos, que se valoraba en 100 ducados, más dos aranzadas de  viña  en el Picacho de Castillo de Locubín, lindera con la viña de Bartolomé López Hidalgo  y la viuda de Mateo García,  un pedazo de zumacal y aranzada y media de olivar en el mismo sitio, linderos con el resto de heredades y con el camino de la Nava ( afirma que lo escribe para que se sepa y no había hecho escritura)  . Declaraba como albaceas a su hijo Ginés Martín y a su esposa María de Morales, al mismo que anulaba cualquier declaración o codicilos testamentarios.

II
GINÉS MARTÍNEZ DE ARANDA Y SU RELACIÓN CON LA CATEDRAL DE SEVILLA
No se acababa su presencia con este documento testamentario de Ginés Martínez de Aranda, sino que, además del contrato de obras de la sacristía y capilla mayor de la Iglesia de Santa María Mayor de la Mota, su presencia en tierras de la abadía alcalaína tras la llegada de tierras gallegas, debieron multiplicarse.  Como Ginés Martínez de Aranda, el Viejo, este arquitecto baezano y vecino del Castillo de Locubín, firmaba varios contratos y actas notariales por estos años. En 5 de noviembre de 1517 aparecía cobrando de los hermanos Pedro y Diego del Castillo, las rentas del cortijo que poseía en la dehesa y tierras de Fuente Tetar. 






Ante el escribano Francisco Fernández Cabrera se firmó un documento de aval y fianza en 17 de junio de 1619 entre Ginés Martínez de Aranda y su yerno Luís González, casado con su hija María. Lo hizo como vecino del Castillo de Locubín, en cuya villa se encontraba por aquellas fechas. Curiosamente, aparecían, a la hora de la firma varios miembros de la familia de Ginés: el propio Ginés, su mujer María de Morales, su yerno Luís González y su hijo Ginés Martínez de Aranda, viudo.
Por otro lado, su yerno Luís González aparecía como maestro de cantería y vecino de Cabra y casado con María de Morales., que había concertado y asentado con la Santa Iglesia Mayor de Sevilla (la catedral) en realizar   una obra mayor de jaspe. Mediante una escritura entre el canónigo mayor y el propio Luís González: ."en dos mil cien ducados, que la dicha obra es una tribuna  a las espaldas del coro, en la forma de unas traza fecha  por Miguel de Zumárraga, maestro mayor de la Santa Iglesia Mayor de Sevilla, que está firmada del dicho canónigo Salto, obrero de la dicha Santa Iglesia , y el dicho Luís González, la qual se obligó en el plazo de quatro meses, con que se a de labrar, acabar y sentar todo el jaspe que era menester para la dicha traça y  obra de la dicha tribuna, llebando por su quenta el jaspe colorado  que fuera menester el propio Luís Gonçaléz para toda la cornisa dela dicha obra de las canteras de la villa, de Cabra y así mismo  toda la piedra negra que fuera menester  para la dicha obra, puesto en ella  a su costa, cobrada y acabada para el dicho efecto; y la demás piedra, andamios y pertrechos, cimbras y bronçes y todos los demás materiales  que para la dicha obra fuera necesarios, e dándole toda la demás piedra que fuere necesario  que a de venir de Portugal, y Aracena, puesta en ella  a de ser por quenta de la dicha iglesia, en tiempo que el dicho Luís Gonçalez pueda cumplir e hacer la dicha obra dentro de los dicho quatro meses". Entre otras condiciones del contrato, corría el plazo a partir de los cuatro meses desde el diez del presente mes y año. Y en tres meses debía tener abonadas las fianzas, y, si no hiciera, debía responder con los daños y menoscabos.   Su mujer María de Moral, junto con su suegro Ginés Martínez de Aranda y su cuñado Ginés Martínez de Aranda, se comprometieron a ser los avalistas y fiadores de Luís. Este se comprometía a labrar, bruñir y asentar el dicho jaspe en el periodo de cuatro meses, y la daría acabada conforme al criterio del Cabildo Eclesiástico de la Santa Iglesia y a vista de los oficiales nombrados por ella de acuerdo con las condiciones y capitulaciones firmadas por las partes. Lo demás fueron las fórmulas acostumbradas para cerciorarse el contratante de la responsabilidad de las clausulas firmadas con los puños y letras de los dos Ginés, el familiar del S.O Pedro Fernández Povedano, Pedro Díaz de Villalta, y Francisco de la Torre.







Esta obra, de gran calidad, diseño y suntuosidad, sobre todo de materiales, (mármoles, jaspes, bronce, escultura y pinturas) fue diseñada por Miguel de Zumárraga en 1.619. La puso en marcha el yerno de Ginés, pero la obra se interrumpió un año después y se mantuvo parada durante un decenio, cuando se reanudaron los trabajos, que finalizaron en 1.635
III
DATOS SOBRE LOS FAMILIARES CASTILLEROS DE GINÉS MARTÍNEZ DE ARANDA.

           


SOBRE SU HIJA MARÍA DE ARANDA Y SU YERNO EL ARQUITECTO MARÍA GONZÁLEZ.

. Por otra parte, la carta dotal en 3 de abril de 1612 ante Juan Bautista Cano, entre Luís González y la familia de Ginés Martínez de Aranda se comprometía con Luís González, como vecino de Priego, en ochocientos ducados, que repartía en varios compartimentos: doscientos en bienes de ajuar, doscientos en viñas y el resto de los cuatrocientos en dinero. 

En otro documento ante escribano Juan Bautista Cano a 30 de agosto de 1617, este matrimonio se encontraba como vecinos de Cabra, pero estante en Castillo de Locubín. Vendía una viña en el Endrinal del mismo Castillo de Locubín, lindero con viñas de Juan Villén, a Juan Galán Cañadilla por el precio de 10.000 maravedíes.

SOBRE SU HIJO GINÉS MARTÍNEZ DE ARANDA, EL MOZO

Curiosamente este hijo aparece, más frecuentemente y documentalmente, en los protocolos notariales del Castillo de Locubín y Alcalá la Real. Como un comerciante y prestamista, abundan los contratos en todo tipo de transacciones. Muy rara es su presencia como cantero. 
Ante el escribano Juan Bautista Cano, como vecino del Castillo de Locubín, compraba un mulo gallego al corredor y mercader Gregorio Fernández por 20 ducados en 28 de mayo de 1617, siendo testigos el presbítero Juan Márquez, Juan de Alba y Juan de Vílchez.  En otro documento de 20 de diciembre de 1617 del mismo escribano, recibía del castillero Manuel Rodríguez, casado con Juana Díaz, 70 reales por la venta de una cantidad de carne. En otro del mismo escribano Juan Bautista Cano, Andrés García de Cabra le pagaba 20 reales por media fanega de garbanzos en dos de abril de 1617.  En otro de 26 de abril de 1617, trataba con Juan de Logroño el Mozo por un préstamo de 16 reales. Con Juan López de Elvira en un documento manifestaba que le debía pagar diez ducados por un zumacar en el Picacho del Castillo de Locubín a 26 de junio de 1617.  Juan Martín Valverde le pagaba   37 ducados por 60 arrobas de vino en un documento de 3 de diciembre de 1617 ante el mismo escribano.  Y Matías Pérez de Santisteban se comprometía en un pago de la cantidad de 8 ducados por un censo de Cristóbal Ruiz, labrador de Alcalá la Real, con fecha de 8 de octubre de 1618.

SU ESPOSA MARÍA DE MORALES

Gracias a su testamento ante este mismo escribano en 28 de agosto de 1617 siendo testigos Juan de Aranda y Diego Hurtado, realizado cuando estaba enferma de cuerpo y sana en espíritu, voluntad y entendimiento, tras su declaración de fe cristiana, se sacan estos datos biográficos.
Fue sepultada en una sepultura que tenía reservada  en la iglesia de San Pedro del Castillo y su entierro fue realizado por los beneficiados, curas y capellanes rezando misa de réquiem no cantada,  nueve misa de Nuestra Señora, cinco a las plagas de Cristo, Espíritu Santo (6), Trinidad (3), Apóstoles (3), Santa Ana(4), , San Amador (33), San Agustín (7), San Juan Evangelista (2), San Francisco y fray Diego, san Jerónimo y San José  (2), almas del purgatorio (4), San Vicente Ferrer, (1), Santa Ana (d4), Ángel de la Guarda (4), por su padres (4), abuelos de su padre (4), su hermana Francisca  y Ana(dos) difunta, suegros (24), tía María de Morales (2)Juan de Morales (dos),  y Francisco de Aranda su cuñado(4),
Se sabe que había muerto el padre de Juan de Aranda Salazar por decirle mises y afirmarse difunto, También que le donó a su criada Ana, que la crio y le sirvió y le tenía mucho amor, 10.000 maravedíes o, en su ausencia, para sus sucesores. A su comadre, que era Juana García, le dejó una camisa., y una misa cantada. Se debían pagar 36 reales por ciertas restituciones de su marido Ginés, al que dejó encargado de las misas que se dieren en una parte. Como albaceas nombraba a su marido Ginés y al presbítero Pedro de la Puerta. Nombraba como herederos sus hijos Ginés Martínez de Aranda y Juan de Aranda y María y Petronila de Aranda, sus hijas. 
No son estos los únicos documentos de la familia de María Morales. En 11 de enero de 1598, se levantó la carta dotal entre Ginés Martínez de Aranda y María de Morales, ante el escribano García de Espinosa. En ocho de septiembre de 1600 se llevaron a cabo el inventario y partición de bienes entre los hijos de su madre, también María de Morales, entre sus hijos ante el escribano Pedro de Escamilla, un documento muy interesante para conocer los bienes que pertenecieron de herencia y los que consiguió por su trabajo y contracciones Ginés Martínez de Aranda. Pero esto se aleja del contenido de este artículo.
FRANCISCO MARTÍN ROSALES
ACADÉMICO DE BELLAS ARTES DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS DE GRANADA-

viernes, 27 de diciembre de 2019

NAVIDAD ALDEANA. EN IDEALA ALCALÁ LA REAL.




Visitar las aldeas es recordar su pasado, sus costumbres, sus vivencias y sus fiestas. Muy interesante es un recorrido por cada una de ellas en tiempos navideños. Remontarse a tiempos que levantaron las primeras capillas y se reunían en comparsas y pandillas familiares con zambombas panderos y los más ingeniosos instrumentos de percusión, interpretando canciones y villancicos de Navidad en la ermita de la aldea. Podrían revivirse la misa del Gallo en muchos lugres y ermitas. Pero comencemos por la más cercana y en la visita del año pasado encuadrando la escena navideña. Ante el altar mayor de Nuestra Abuela Santa Ana, se levantaba un precioso belén, donde abundaba aquel paisaje verde cubierto con el musgo de los peñascos y rocas de los Tajos y el cerro de la Mota, Se apoderaba del panel de madera el amarillento serrín un desierto repleto de dunas. El ingenio de la belenista artesano hacía moverse los mulos en las eras de pan y trigo; los cangilones de las norias sacaban aguas de las corrientes turbulentas del ficticio río Jordán; los herreros golpeaban la barra de hierro, rojiza por la luz de fuego de fragua sobre el yunque; y los había que movían las ruedas de moler de los molinos harineros.  Simulaban los molinos de Huéscar entre cantos burlescos entre el arrendatario y su mujer con los usuarios del pan y harina.: Que vengo de moler, moler, /de los molinos de enfrente, /y hablo con la molinera, /y su marido lo consiente. O los de la Ribera Baja junto al cortijo Cerrato.  Que vengo de moler, moler/ de los molinos de abajo, /y hablo con la molinera, /no me cobra los trabajos. O los de la zona de Frailes y los del Cubo, Cabrera y cortijo de la Encarnación de la Ribera Alta. Que vengo de moler, moler, /de los molinos de arriba, /y hablo con la molinera, /y no me cobra las maquilas.
En el partido de campo de Fuente Álamo, hace unos años, algunas comparsas se escuchaban cantando canciones de auroros de la misa de aguilando, con un tono algo desafinado  y diferente al que interpretan los coros de San Juan y los de Priego:  Zapatero que estás remendando/ todica la noche a la luz del candil,/luego viene la Aurora y te llama,/Dices que no puedes, que vas a dormir./No has de permitir,/por estarte otro rato en la cama/ el Santo Rosario no pueda salir./Incluso llegó a las Ventas del Carrizal, donde   Juan Barranco, con  62 años en 1995  entonaba :  Es María la blanca paloma/que un día en España/la vieron volar/ en el centro de una hermosa nube/ vino a Zaragoza/ en carne mortal/Y Santiago como lo sabía/cayó de rodillas/al pie del pilar.
Estas comparsas se conectaban con la tradición de los aguilanderos, grupos espontáneos de hermanos de cofradías ( en  Alcalá y en las aldeas, hay noticias de las de las Ánimas , del Pecado original o la de Nuestra Señora de la Aurora) que iban de una casa a otra de los hermanos con rústico acompañamiento musical de zambombas, panderos, panderetas,  instrumentos de percusión, algún violín , guitarra o  laúd  cantando villancicos, que culminaba con el canto del  aguilando real : El aguilando real/ son tres Kilos de tocino, /cuatro de bacalao/ y arroba y media de vino,/Con el kiriki,/Con el kirikando,/de aquí no me voy/sin el aguilando,/ dámelo con ligereza,/         que la vecina de enfrente/ me llama con la cabeza/Con el kiriki, con el kirikando,/ de aquí no me voy/ Sin el aguilando.  Y la guinda final:  Vamos cantando/ a la vez que pedimos/ el aguilando. que le den/ con el rabo/ en la sarten. Y  con gran fuerza, tocan en las estrías del vidrio de la botella de aguardiente:  Que le den/Con el rabo la sartén.//.
 Y más centrados en la Navidad, seguimos la ruta aldeana con un villancico romanceado de larga extensión, desgraciadamente desaparecido que contaba el relato de un milagro o escena de la infancia de Jesús, Lo referían las constituciones abaciales de Juan de Ávila, que, por estas fechas, se hacían en algunas iglesias y ermitas “algunas representaciones, juegos o remembranzas u otras cosas semejantes”, por cierto, a veces “no muy honestas”, porque, como hemos referido, en la celebración de aquellos autos o teatros menores se introducían algunos versos graciosos “las célebres morcillas” teatrales. Escuchaba los cantos de los largos romances. Preciosos y llenos de lirismo le resultaba el villancico “Cuando el Eterno se quiso hacer Niño”, o del “Niño Jesús Carpintero”, o los más universales “Los desposorios de San José, “La huida a Egipto”, o “la Posada”. Eran parte y herencia de los misterios medievales, pero los abades tuvieron que prohibirlos en su tiempo, para que no se celebraran en las iglesias por causarse algún que otro escándalo. Pero pervivieron en las ermitas y en las fiestas de las aldeas.  Pues, un siglo después, estos villancicos y estas representaciones se refugiaron en las fiestas profanas, con el nombre “farsa, aunque sea en lo divino”, lo que demuestra la pervivencia de estos romances y misterios de Navidad, como recogen la constitución 5 del título XIII del abad Pedro de Moya. En nuestros tiempos, estas escenificaciones quedaron como un testigo deformado en los colegios, en algunos templos y reuniones familiares de aldea a la luz del candil. Incluso, en aldeas de La Rábita, Hortichuela y San José, donde a veces sustituyen Caminito de Belén, por de Egipto para Belén y con un final de estribillo lírico muy reiterativo pero muy preciado en este Verde Naranjuez :  Camina la Virgen pura, viva el amor,/camina la Virgen pura, viva el laurel,/caminito de Belén,/viva el amor,/ viva el laurel,/caminito de Belén.
 

Pero tampoco faltaba en las aldeas los villancicos cortos de redondillas, y cuartetas Desde villancico jaenero con estos versos Entre olivares y cantos,/Lo mismo que en Israel/entre olivares y cantos,/lo mismo que Israel,/El Niño de Dios debiera/ haber nacido en Jaén.
 Y como una canción andaluza de sabor navideño e invernal:A la una canta el gallo,/A las dos el perdigón/A las tres la tortolilla/Y a las cuatro canto yo./ O con estos versos de música y letra de nana: Ya se acerca la nana sombría,/Ya se esconden los rayos del sol,/Ya de estrellas se cubren los cielos,/Ya la luna su disco asomó que se interrumpía con esta letra a más profana en medio de los cortijos de la Rivera del Palancares o del río san Juan:  ¿De quién será esta casita/ con estas torres tan altas?/ De Antonia o de Victoria,/ Dios les dé muy buenas Pascuas.Villancicos que acababa con la canción de cuna para acostar a los niños:  Ea, ea, / Ea, nanita, nana, Nanita sea/Mi Jesús tiene sueño, /Bendito sea, /Ea, ea. /Cuáles son tus ensueños/Y tus alhelíes, /Qué es lo que tu estás soñando/Que te sonríes, /Ea, ea, Ea, /nanita, nana, anita, ea.FRANCISCO MARTÍN ROSALES


domingo, 22 de diciembre de 2019

EN LA SEMANA. DIARIO JAÉN. VILLANCICOS DE LA COMARCA DE LA SIERRA SUR











           


No hay mejor modo de conjugar el villancico que con los retablos renacentistas. En las noches de Navidad de muchas iglesias del sur de Jaén,  las canciones o villancicos cantados  por capillas de cámara o por los coros del Niños del pueblo  compartían  con las calles y los cuerpos  del retablo el mensaje salvador del Niño de  Belén.  Por el banco de este frontal evangélico, pondría este romance de las gentes del Castillo de Locubín anunciando la Adoración de PASTORES, con música romanceada navideña al estilo del célebre canto popular de San Antonio de Padua.


Es el ángel san Gabriel,
El que anunció a los pastores,
Que había nacido el Mesías,
El amor de los amores.
Todos nosotros contentos,
Con júbilo y con bondad,
Todos llevamos regalos
Al Cordero Celestial.
Un pastor en su rebaño,
Veía gente pasar,
Y, conforme iban pasando,
Les pregunta dónde van.
-Vamos todos a Belén,
Dicen que ha nacido un Niño,
Y le vamos a adorar
Con muchísimo cariño.
El pastor alza el ganado,
Y marcha para el portal,
Y con la flauta que lleva
No para de tocar.
Cuando llega al portalillo,
Se quedó como pasmado,
Al ver entre la humilde paja
Aquella vara de nardo.
Le dicen Niño precioso,
Medita mis pensamientos,
Que eres un ángel divino
Que viene del firmamento.
Anunciado por profetas,
Se tenía que presentar.
El hijo de Dios al mundo
Guiando a la humildad.
María estaba contenta
Y San José mucho más
Por la persona del Ángel
Que se lo vino anunciar.
Para madre de un cordero
El mismo rey celestial,
Que nos enseña el camino
Dándonos fraternidad.
Niño Jesús de mi vida,
Cariño y amor del bien,
Un lucero misterioso
Que ha encendido nuestra fe.
Ha venido en la miseria
Por dormitorio un portal,
Este cuerpo tan divino
¡Que frío, qué frío está!
María alegre estaba,
 Muy pensativa esperando
Las palabras que del cielo
Le venían anunciando.
El ángel le dijo que venga,
Por obra del celestial
Tienes que ser la madre
Del rey de la humanidad.
María con alegría,
Le dice con ansiedad,
Si es por obra de Dios PADRE
Cúmplase la voluntad.

           En la predela, con música de campanilleros de la campiña cordobesa, se pondrían estas escenas cantadas por los auroros, los coros de adultos con instrumentos de percusión y viento (carracas, guitarras, violines, objetos estriados, castañuelas, y panderetas...

En el primer cuadro,
María como una paloma se aparecería a los españoles:
Es María la blanca paloma
Que un día en España
La vieron volar
En el centro de una hermosa nube
Vino a Zaragoza
En carne mortal
Y Santiago como lo sabía
Cayó de rodillas
Al pie del pilar.

No olvidaría cantos rocieros con timbales, dulzainas y guitarras al ritmo de sevillanas:
Al atajo las carretas,
Que ya está la noche encima (bis)
Ole, ole, ole
Ese cachito de cielo,
Que viene por la marisma,
Y la divina Pastora que está con el Niño
Ole, ole, ole, ole
Cuando la Virgen está ronca,
Yo le canto esta nana
Nanita, nanita, nana,
Que mi niño se duerma
Por sevillanas.
O esta variante popular del villancico de los Reyes Magos:
En Oriente hay una estrella
Que a los Reyes Magos guía
Y en el portal de Belén
Nace el hijo de María.
Dale la zambomba,
Dale al cascabel
Que está noche nace
Jesús en Belén.

Y, acordándonos que en medio de la predela suele colocarse un Niño Jesús de Pasión, a la manera de Martínez Montañés:

En el portal de Belén,
Hay un clavel encarnado
Que, por redimir al mundo,
Se ha vuelto lirio morado.

Que nos evoca los pequeños belenes napolitanos colocados, en este caso pintado en el extremo de la predela:
En un portalico
De cal y arena
Nació Jesucristo
Por la Nochebuena


En torno al tabernáculo central, se colocarían varios cuadros de villancicos, con música tradicional del villancico de la marimorena y escenas de María en la calle de la izquierda. En el primer cuadro con contexto de las huertas castilleras:


            La Virgen estaba lavando
Debajo de una higuera
Y los hilillos bailaban
Al son de la lavandera.
            En el segundo cuadro, con otra escena doméstica:
La Virgen se está peinando
Debajo de una noguera
Y los pechos son de oro
Y el pelo de primavera.


 En el cuadro tercero, la naturaleza cantaría hasta la  propia María:

La Virgen se fue a lavar
Sus manos blancas al río,
Y el sol se paró a mirar
Y el agua perdió su brío.


El Tabernáculo central, recogeríamos la escena del Portal de Belén con este original villancico acompañado de  un solemne  y pausado canto  al  son de  zambombas, panderos, violines y   triángulos:   

En la Noche Buena,
Con gran alegría,
Todo el mundo canta,
Al Niño Mesías
Todo el mundo adora
Al Niño Mesías.
Redentor del mundo,
Al Niño veréis,
Le dan sus calores,
Le dan sus alientos
La mula y el buey.
Cantad, cantad, pastores,
Cantad al ver al Niño,
Soñad con ver al Niño,
Venid al Portalillo.
…Cantemos al Niño,
Cantemos a Dios,
 Cantemos al Niño
La dulce canción (bis)

            En la calle de la derecha, la conocida escena de la Huida a Egipto, se contextualiza en los montes de la Subbética:
La Virgen va caminando
Por una montaña oscura
Del vuelo de una perdiz
Se le ha espantado la mula

O con la llegada a la posada que  la convierten el cantante en un palacio real o una casa señorial de  los hidalgos renacentistas:

…Gracias a Dios, que llegamos
A este palacio real
Donde habitan las palomas
 Con las plateás.

O,  se  hace el villancico jaenero con estos versos:

Entre olivares y cantos,
Lo mismo que en Israel
Entre olivares y cantos,
Lo mismo que Israel,
El Niño de Dios debiera
Haber nacido en Jaén.



En el dintel del retablo cambiara el Pantocrátor o la escena del Calvario, con este villancico, síntesis de la figura de Cristo:


Por lo más alto del cielo,
Va mi Dios hecho pastor,
Y las hondas son de seda
Y el cayado de pastor.

Las columnas de las calles y los cuerpos, las revestiríamos con las los versos  de la canción andaluza de sabor navideño e invernal:

A la una canta el gallo,
A las dos el perdigón
A las tres la tortolilla
Y a las cuatro canto yo.
O con estos versos de música y letra de nana:
Ya se acerca la nana sombría,
Ya se esconden los rayos del sol,
Ya de estrellas se cubren los cielos,
Ya la luna su disco asomó.

No faltaran algunos adornos de angelotes con estas canciones en sus estelas:

Los pastores de Belén
Daban saltos de contentos
Al ver que los angelitos
Tocaban los instrumentos


 Y al salir de la iglesia, me imagino los niños del coro cantando canciones entre jocosas y navideñas:


María, abre las puertas
Que te traigo el aguilando
Una batata cocida,
Sopla que viene quemando.
O esta otra más profana en medio de los cortijos de la Rivera del Palancares o del río san Juan:
¿De quién será esta casita
Con estas torres tan altas?
De Antonia o de Victoria,
Dios les dé muy buenas Pascuas.

Que irían repitiendo con cambio de letras en los versos: De quién será esta casita/ con estos chorros de nieve/ y estas niñas tan bonitas/ dichoso el que se las lleve.





FRANCISCO MARTÍN ROSALES