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lunes, 23 de septiembre de 2019

EEL PALACIO VIEJO DE LA CIUDAD FORTIFICADA DE LA MOTA




UN ABRAZO,.Hace unos años, hice una visita con un profesor universitario y, al pasar por la Plaza Alta de la ciudad fortificada de la Mota, le sorprendí y me miró circunspecto como si hubiera dicho una barbaridad, al comentar el Palacio del Conde de Cabra, recientemente excavada y puesta en valor con motivo de la restauración de las Murallas del Gabán. Nunca me vine abajo, y sostuve que los restos de aquel claustro, la cocina, las caballerizas, las habitaciones de su entorno, el vestíbulo y los muros que se conservaban intactos eran claro testimonio de mis palabras, que se basaban en estudios y documentos anteriores, por cierto con clara referencia al Palacio del Alcaide y su identidad con las Casas del Conde de Cabra. Un nuevo documento de una compravetna de unas  casas linderas ratifican este testimonio, y dejan claro y evidente que hubo un palacio, y que fueron casas del conde de Cabra. Se realizó ante el escribano Bernabé Rodríguez, con fecha de    17 de febrero de   1517. Sus actores fueron el pagador y tundidor  Hernando de Madrigal a la venddora Inés Hernández, mujer de Alonso Hernández, de Salamanca, ya difunto, por unas casa que se describen exactamente:

"unas casas que yo he y tengo en la Plaça Pública  de esta ciudad, que son linderas más cercanas de una parte con las casas del Conde de Cabra, que es Palacio el  Viejo, e de otra parte con casas  de Leonor Alonso, mujer  de Alonso Gómez, ya difuntos, e de otra parte, con las casas de Fernán López de Atencia".

Cifraba la operación en 12.000 maravedíes en dos plazos y se obligaban a cumplir todas las claúsules de entrega y compra de acuerdo con las leyes de aquellos tiempos. Lo hacían en las casas de la vendedora, y eran testigos el escribano Francisco de Santa Cruz, Cristobal González de Trasierra padre e hijo Y Juan de Villodres.
Un segundo documento de diez después   aclaraba los dos plazos  entre  los dosplazos de junio de los  años de  1517 y 1518. 

CUCHILLADAS Y PERDÓN (un relato del siglo XVI)





Un amigo cronista de una ciudad de la abadía me había encargado cierta investigación sobre el clérigo Pedro López de Córdoba. Me fui a los escribanos más antiguos de Alcalá la Real, a Santa Cruz, Blázquez, Guillén y Ordóñez. Nada me encontré salvo unos pocos arrendamientos entre vecinos. Pero sobre su apellido Córdoba, no paraban de toparme en los archivos y libros con muchos documentos de préstamos relacionados con la familia de Alonso y Martín de Córdoba, los familiares del conde de Cabra, y su relación con muchos regidores y caballeros alcalaínos, entre ellos los miembros de la familia de los Valenzuela y los Aranda. Pero, sobre todo, se mantenían estrechos vínculos con estos últimos. 
Existía mucha gente poderosa y privilegiada. Pero, tras lo conquista de Granada, los miembros de la familia de los Aranda campaban por sus anchas en las tierras de la ciudad de la Mota. No habían escarmentado ni habían aprendido la lección de que se les acusaba de algunos delitos que habían quedado encubiertos y en el anonimato. La gente los acusaba de muchas fechorías a hurtadillas; los poderosos comenzaban a medirle las distancias, y los respetaban más por miedo que por convencimiento. Los corregidores andaban con la mosca tras la oreja ante los rumores que eran los reyes de aquella ciudad más que los Reyes Católicos, porque siempre asumían con cierta precaución este cargo real. Entre los corrillos de la Corte, no olvidaban al corregidor Bartolomé Santa Cruz, que había sidoasesinado a cuchilladas de manos de dos hermanos, que encubrían a unos de estos regidores y caballeros de la ciudad. Como los Aranda querían apoderarse hasta de la cerilla de los oídos de todos los vecinos, se entroncaban con todas las familias más poderosas, los Medina, los Gadea, los Cañaveral los Pineda, los Góngora, los Valenzuela, los Alcaraz, los Montesinos de la Isla y de Ávila; nadie se les resistía y amañaban los matrimonios de las hijas e hijos engrandeciendo sus haciendas.  Parecían que controlaban todo. El cielo y la tierra, lo divino y lo humano. Pues lo mismo un miembro de su familia era un capellán de la iglesia, como otro escribano; y, aún más, a pesar de que eran algo rudos, comenzaron a llevar a sus hijos a la Universidad de Granada y formarse en oficios como la medicina y la farmacia, por eso no era de extrañar que regentaran las primeras boticas, los primeros, batanes, las primeras tiendas... Pero, donde se movían como peces en agua era en el mundo de la economía.No había molino que no dependiera de algún miembro de su familia, de Alcalá o Castillo. Traficaban con toda clase ganado, sobre todos con la lana y las ovejas; de la tierra, no digamos, porque controlaban casi todas  las tierras abusando de las rozas concedidas por los reyes anteriores; se  anexionaban para sus cortijos y propiedades las tierras de las cabezadas de los montes y de las hondonadas junto a los arroyos y río; se adueñaban de las tierras de los pequeños propietarios mediante compraventas de labriegos en ruina y sus ganados no cumplían norma alguna  invadiendo las tierras linderas sin más control que el libre albedrío de sus pastores y gañanes, que engañaban o se concertaban fraudulentamente con los caballeros de la Sierra, unos guardas de campo que se parecían más a unos cambistas que a unos guardianes del orden agrario. Se sentían los amos del monte, y, a las primeras de cambio, blandían la espada para zanjar los litigios de pastos o de invasión de términos. Sus servicios guerreros se vieron recompensados con otras prebendas y honores, de modo que llegaron a ejercer alcaldías como la de Montilla y disfrutaron de la venta de los beneficios de los bienes de los moriscos expulsados en los primeros decenios del Siglo XVI.
Entre estos, Juan de Aranda era hijo de Alonso Fernández de Aranda, alcaide Montilla y de Leonor González de Escavias. Se casó con Inés de Cañaveral y tuvo cuatro hijos (Pedro, Sancho, Alonso y Juan) y cuatro hijas (Guiomar de Rueda, Leonor de Escavias, Catalina de Aranda e Isabel de Cañaveral. Los primeros nacieron en Montilla, donde presenciaron con sus propios ojos la ganadería paterna y algún que otro enfrentamiento con otros caballeros propietarios de ganado. Cuentan las crónicas y los libros genealógicos que tanto padres como hijos se educaron entre ayos que le enseñaron la doctrina y las buenas costumbres, al mismo tiempo que algunos fueron pajes del maestre de Alcántara Gómez de Solís, y continos del, Señor de Aguilar. 
Toda su familia vivió en sus carnes tristes acontecimientos como refriegas a cuchilladas entre ganaderos de ovejas. De casta les venía el galgo, pues frecuentaba la posesión de ganados y el trato con los comerciantes castellanos y los genoveses con los que se enrolaron en las redes comerciales.  En concreto, heredó de su padre,  cuando estaba en Montilla, un ganado muy prolífico, y sufrió el destierro a tierras de la capital cordobesa, Solo sobrepasaron la adolescencia Sancho y Juan de Aranda, que nunca olvidaron el litigio que tuvo su padre con el caballero Gonzalo  Arias en Montilla, por un enfrentamiento entre sus pastores, que acabó con un duelo a cuchillada limpia, quedando lisiado su enemigo y a punto de fallecer su padre por la cuchillada traicionera y por la espalda, que le asestó su hermano Bartolomé.
Tras este incidente, se marchó a Córdoba Juan de Aranda donde los niños eran mozalbetes y comprobaron la actividad lanera en sus casas. No le fueron mal las cosas a Juan; aunque era  un caballero con dos caballeros y una mula, pero se sentía dolido de que no podía disponer de los caballos para la guerra, y  paliaba estas carencias en una hacienda familiar con una telar, donde labraba lanas de sus ovejas y tejía paños de bureles, enrubiados y frisas; agregaba a sus ingreso la granjería con sus telas y se ahorraba la mano de obra con los esclavos moros que  dedicaba a carduzar, cardar y peina la lana; el hilo  del torno de la rueca y el estambre se lo reservaban a las esclavas y criadas que componía aquella familia numerosa entre hijos y servidumbre.
Parece que Juan de Aranda se agotaba en aquella ciudad tan populosa. Decidió volver a su tierra de la fortaleza de la Mota.  Cuentan que se veía como una persona ahogándose en un gran lago y no veía otra salida que cambiar de aires. E, incluso le salvó el salvavidas de su padre que, le aportó el cargo de regidor del cabildo alcalaíno y una apetitosa herencia; como hijo de caballero recibió las casas de la ciudad fortificada, algunas aranzadas de viñas, y una treintena de fanegas de pan comer en un haza. Lo vieron hombre emprendedor y le encargaron que iniciara la obra de las nuevas Casas del Ayuntamiento tras el traslado desde la Torre del Rey. Juan  vivió los últimos años de la conquista de Granada, con la presencia de la propia reina Isabel  en la Mota, y de sus capitanes, incluso acompañó al capitán de Villena, don Francisco de Pacheco, por aquel tiempo capitán general de la frontera. Sus hijos siempre referían que tenía el acostamiento, es decir una paga de dos lanzas por servir como vasallo de los reyes, y el incidente que mantuvo con otro alcalaíno desterrado Juan de Sillo cuando acudió acompañando a las tropas del marqués en socorro de los cercados de Alhendín. Aquel incidente marcó a sus hijos, cuando se los contaba su padre, la afrenta contra un hombre lleno de rencor y venganza, y su agilidad para esquivar un golpe de espada entre jinetas a caballo.
   Entre ellos, Alonso de Aranda había heredado el cargo de regidor de su padre Juan de Aranda, y también su espíritu belicoso; RECIBIÓ LA DONACIÓN DE SU PADRE UN 17 DE JUNIO DE 1517 por sus bueneos servicios que le había prestado; y con la obligación de servir a la reina Juan y al rey, su hijo Carlos, al mismo tiempo que a la ciudad de Alcalá la Real.   No era de extrañar que, a cualquier afrenta, fuera pronto de sacar su espada y lanzarse contra el impostor, pues los había comprobado en sus primeros años con su padre en más de una ocasión. Como hombre de guerra se había hecho de un criado que se llamaba Cristóbal, un esclavo de guerra que ejecutaba sus órdenes e intenciones, con tal de contemplar la mirada. Su hermano Pedro Fernández de Aranda no era regatero ni se quedaba atrás en sus ardores guerreros. Por eso, no era de extrañar que resolvieran con las armas el mínimo choque verbal o la sospecha de un intento de engaño mercantil.
Con la llegada de nuevos repobladores, la ciudad  descendía a las faldas de la Mota. Además, se había extendido por la ciudad que la mayoría de los mercaderes, avecindados en la ciudad amurallada, eran cristianos nuevos, judeoconversos, que controlaban el comercio y la administración de muchos impuestos reales. No sabían el modo de desquitárselos del medio, porque eran sus deudores de continuas cargas de censo y empréstitos. Solían apellidarse con nombres de oficios como Contador, y muchos eran originarios de Córdoba, lo que añadieron a sus nombres de bautismo. Entre ellos destacaba uno de ellos Pedro de Córdoba, un influyente que controlaba el mundo de la seda, no sólo su comercialización, sino también su producción instalando telares en el primer cuerpo de su casa de la ciudad fortificada. No vivían en el entorno más noble, la medina musulmana, pero se habían avecindado en calles nuevas de los arrabales, y en la nueva Calancha de la Mota. Instaló un telar de tejer la seda y, apuraba hasta las primeras horas de la noche a la luz de un candil para fabricar prendas de seda, que comenzaban a exportarse a las tierras americanas. Estos mercaderes comenzaron a controlar el cobro de muchos impuestos, y, por otro lado, la familia de los Aranda se les retardaba algunas prebendas, porque no recibían los beneficios de su participación en la conquista de Granada. A Francisco de Aranda se le había concedió una suma muy importante de más de 300.000 maravedíes entre los bienes de los moriscos que habían sido expulsados de Granada.  No era de extrañar que surgieran competencias y recelos entre los privilegiados y los nuevos advenidizos judeizantes. El que más onflictos ocasionaba era el de la seda y la meaja, porque trataban de ocultar las producciones para aliviarse de la carga de la sisa. 
Habían tenido los Aranda, y Francisco de Córdoba algún que otro incidente en los conciertos comerciales. Se creían que se les usurpaba su terreno. Y urdieron un plan para castigarlo. A su casa a se acercaron, de noche, los tres personajes, Alonso y Pedro d Aranda y su esclavo Cristóbal. Y al pasar por la calle de las Cuatro Esquinas, escalonaron la marcha de cada uno a la casa del sedero. Alonso se quedó en retaguardia, a la espera de los acontecimientos. En primer lugar, llegó el esclavo con la espada, y a izquierda de la jamba de la puerta, se ocultó para esperar que saliera el tejedor Córdoba de su casa. Así aconteció. Abrió la puerta y, lo amenazó blandiendo la espada, al mismo tiempo que, al retroceder, aprovechó el descuido de volverla a cerrar, para seguirlo a su interior. Se provocó un forcejeo entre ambos, pero acudió en ese momento Pedro Fernández de Aranda, y, a la par, le dieron una cuchillada en la muñeca del brazo derecho, y, sacándole  a la calle otra en el brazo derecho. Al final pudo zafarse de ellos, pero ambos se sintieron satisfechos por haberle dado un aviso para que no se entrometiera en asuntos de cobranza.
Sin embargo, no quedó el asunto en una reyerta más de las que acontecían con frecuencia entre los vecinos, aquella afrenta se asemejaba más a un duelo cuerpo a cuerpo entre soldados con alma de combatientes de frontera que a una pelea entre vecinos y mercaderes por pujar en las competencias de mercado en una comunidad en paz. Mientras el mercader consideró que había sido una emboscada  y un plan programado por un poderoso del entorno de aquellos.  Ellos quisieron ocultarlo, como si no hubiera sido obra de ellos.
No creía que el asunto recayera en una simple paliza de dos mozos. Y, aunque no estaban seguro de que fueran por su propia cuenta, comenzó a acusar a su hermano don Alonso como el inductor.  Pues, fue curarse a casa de su hermano el boticario Diego de Córdoba, que los animó a acudir a la Justicia, para que el señor corregidor don Andrés de Torres tomara cartas en el asunto y dirimiera entre ejecutores e inductor. Y así, falló el caso sometiéndoles a incoar el auto con la culpabilidad correspondiente de cada uno de ellos, encubridor, ejecutores e inductores. No quedó el fallo en esto, desvelar la mano del regidor Alonso de Aranda y las manos ejecutoras de su hermano pedro y el esclavo Cristóbal, sino que, con la ayuda del médico, testimoniaron que ,por mucho que procuraran las curas para sanar las heridas, Francisco de Córdoba quedaría lisiado. 
No quedaron muy convencidos, con las medidas del corregidor y los jurados del cabildo. Cárcel hasta resolverse los trámites. Dieron un paso más y fueron a la Corte, y solicitaron la justicia de los Reyes en la Sala del Crimen de la Chancillería de Granada, que le recompensaron su imposibilidad de no ejercer de tejedor sedero ni poder mercadear en los lugares comarcanos y Granada.
Ante la suma elevada que podía ocasionarse, se vinieron los Aranda a las buenas. Se reunieron los tres y acordaron arreglarlo, llegaron al acuerdo de pagar al tejedor quinientos ducados de oro, nada menos que quince mil maravedíes, porque con esto comenzaban a recompensarlo. Además, quedó claro que los condenaron por las heridas y por los daños colaterales de las cuchilladas, que le impedían volver al mundo del telar.
 Francisco de Córdoba no estaba muy de acuerdo con la cantidad, sino que exigió que, en caso de que, de nuevo, surgieran atentados verbales o físico contra su persona reanudaría el juicio contra ellos. Además les obligó a pagar todas las medicinas que le había proporcionado su hermano, amén de las dietas de los médicos y el cirujano. A regañadientes, aceptó el perdón ante Francisco de Bruna, Pedro de Aranda y Pedro del Corral clérigo. Al salir de la tienda de la Plaza Pública, donde el escribano Bernabé Rodríguez  había levantado acta un 29 de agosto de 1519, topó con su hermano y le dijo:
-No me fío de los Aranda, No las juegan a la primera de cambio.











-Bueno, pero tienes la carta de que no se han acabado los autos de la Chancillería de Granada.
Murió Inés, la esposa de au pdre Juan. Y Juan volvió a casarse con Leonor de Gadea y tuvo por hijos a Alonso de Aranda, Luís Méndez de Aranda y Pedro Fernández de Aranda. 


domingo, 22 de septiembre de 2019

ITNERARIO ENTRE CAÑUELO Y PORTILLO DE LAS CARRETAS



Francisco Martín Rosales

 


            Este camino es de tiempo inmemorial y aparece ya descrito por Diego de Anaya en el libro de Veredas del siglo XIV, Provenía desde la ciudad por el camino que bajaba de la Mota y se unía al de la Fuente el Conejo y camino Alto de Montefrío. También, los ganaderos se acercaban a él desde la Dehesa de la Hondonera por el Rosalejo. Desde el Cañuelo hasta la fuente de Chinares debió existir un terreno que fue anteriormente repartido entre los conquistadores y sus descendientes por los reyes Alfonso XI, los Reyes Católicos y Carlos V. Posteriormente, la zona de la Cañada Membrillo se vio afectada por otro repartimiento de Felipe II, y se mantuvo por tierras de arbitrios para pagar la política exterior de la Corona y otros gastos de la Corte.Hasta hoy día, se conservan terrenos comunales y propios del ayuntamiento alcalaíno    

Según el libro de Veredas del siglo XVI



            VEREDA DESDE EL  CAÑUELO  HASTA  LA CAÑADA DEL MEMBRILLO

            -“…..   desde la dehesa de la Ladera, sale una vereda que va a  los montes o Baldíos de la Cañada Membrillo y entra en baldío por la fuente el Fresno ( un árbol oliáceo, corteza y hojas febrífugas y  purgantes, y de madera blanca y elástica), que esta a linde por lo alto en la heredad de Benito de Contreras, clérigo y que ahora es de los herederos del médico Ocálíz”. Tenía cinco estadales de anchura  16 metros. Comenzaba  en las dehesas y  “ desde poco antes de la Fuente y Pilar del Cañuelo, sale el camino Real y baja una cortezuela  hasta la Pasada  de agua que baja del dicho Pilar , por do pasan al cortijo de la capellanía de Hernando de Contreras, clérigo, y pasado de la dicha agua sube  aquella lastra arriba y va alindando con tierras de Hernando de Contreras,  y esta llega a la servidera por do entra en la cañada el Membrillo y a las hazas y heredades que están al pie de ellos y las de Pedro Sánchez de la Hinojosa, y luego por entre esta dicha haza y la que hemos dicho  va la dicha servidera, la qual llega hasta la Fuente el Membrillo, y de allí va por el arroyo que baja de la Fuente del Fresno hasta debajo de la Cañada del Membrillo. Y por ella se sirven ya para entrar al baldío de la dicha cañada.. También se bifurcaba por la  misma haza de Pedro Sánchez otra vereda a través “de un monte baxo se llegaba a la Fuente del Fresno ( Chinares) que estaba entre peñas”.



            LA FUENTE  DEL CAÑUELO


            Ocupaba un punto clave del camino que salía de la Puerta del Campo de la fortaleza de la Mota y se dirigía al camino bajo y alto de Montefrío. Exactamente en el momento en que se bifurcaban estos dos y el de la Hortichuela que culminaba en el portillo de la Hortichuela y luego se metía en el baldío y terreno comunal del Portillo de las Carretas. Estaba en una zona de zumacales y viñedos, donde había muchas capellanías.
            Esta fuente debió datar de tiempos inmemorial, pero la actual fue construida  por el ayuntamiento alcalaíno en 15546, siendo corregidor Francisco de Chirinos, el mismo que hizo la Fuente de la Tejuela. Era menos artística que esta segunda, pero en el aparejo y sillería se parece a  la construcción del arquitecto Martín de Bolívar que fue quien la diseñó y construyó junto con su hermano Miguel de Bolívar. Ambos canteros que procedían de Guernica y se afincaron  en la ciudad, donde construyeron muchos edificios religiosos y civiles (el Pósito, la Iglesia Mayor Abacial, Casas de Cabildo.....)


LA FUENTE DE CHINARES


            Es una fuente comunal de esta zona que atraviesa el camino de la Hortichuela por el Portillo de las Carretas y la Cañada de Membrillo. Construida para abrevadero de animales debió remontarse al siglo XVI y se denominaba Fuente de la Piedra. Estaba rodeada de fincas concedidas por los reyes a los conquistadores de Alcalá la Real, los Aranda.No hay mejor descripción del  itinerario que vais a recorrer que esta del libro de Veredas de 1567, donde se cita la Fuente con el nombre de la Fuente del Fresno si lo hicierais de la Mota 

            En el Diccionario  de Madoz , aparece con el nombre actual de Chilares dentro del término partido del campo de las Caserías de San Isidro. Su nombre proviene de un cortijo que se denominaba Chinales o Chinal  con relación al de los Pedernales, era de propiedad particular. Este autor lo encuadra dentro de los seis nacimientos de agua que había en el partido: Fuente la Negra, Fontanilla, Ayoso, Caserías (…) y manifiesta que es “de exquisitas aguas”.

TORRE DE LA SOLANA


            Se encontraba en una de las alineaciones de comunicación  entre las plazas fronterizas y las poblaciones más importantes. Alcalá la Real en tiempos del reino nazarita y anterior a la conquista.  Alcalá la Real recibía comunicaciones  de las torres situadas en la frontera cercana. En concreto por el S. y E.  Alcalá  servía de emisora  de  avisos de Loja, Alhama, Granada y Guadix..  Y  dentro de la alineación de Carcabuey y Priego,   Alcalá era el centro receptor de comunicación de los avisos de dichas fortalezas con las cristianas de Cabra  y Lucena a través de esta torre de la Solana.
            Se encontraba  en la cumbre del Cerro de la Torre, a 4.200 metros al O-SO de la fortaleza de Alcalá la Real, a la derecha de la carretera que une esta localidad con Montefrío. Sobre ella, existe un vértice geodésico. MTN-Alcalá la Real(990-II) –1:25.000. Coordenadas UTM(414.090-4.144.680). Altitud 1.183 metros.
            Es una torre atalaya de cronología árabe, con figura cilíndrica  y planta circular, de unos 5.20 metros de diámetro. Está construida con mampostería de grandes piedras, formando hiladas regulares. Actualmente tiene una altura conservada de algo menos de 1.00 metros, si bien se encuentra enterrada en sus propios escombros. Se observan mampuestos dl parámetro exterior entre el E y el S-SO.




            LA  TORRE DE 


GIBRALQUITA


            Se le llamaba  también del Portichuelo, Guadalquite y Cerro Gordo.  Es una torre  atalaya fronteriza construida en 1341 tras la conquista de  Alcalá de Abén Zayde. Formaba parte de la frontera entre el reino  de Castilla y el Reino de Granada ( en concreto en la parte NO de este sector) La formaban 25 torres entre  Alcalá ( parte cristiana) y Montefrío, Íllora, Moclín  y Colomera ( parte musulmana).
            Se encuentra situada en el Cerro Gordo, a 4.600 metros al SO  de la fortaleza de Alcalá la Real, a la derecha de la carretera que comunica esta localidad con Montefrío MTN-Alcalá la Real (990-II) 1:25. 000. Coordenadas UTM (414.800-4.413.100). . Altitud 1.148 metros. Tiene forma cilíndrica y planta circular, con un diámetro aproximado de 7.00 metros. Está construida con sillares de gran tamaño, tomados con mortero de cal y formando  hiladas regulares. Quedan restos de los sillar4s del paramento exterior entre el S y el NE. La torre estaba ataluzada  en su base, según se observa en los restos de la escarpa existente  al E-SE. Tiene una altura conservada de unos 4.50  metros.
Su estado actual de conservación es muy malo. Está rota de arriba abajo al S y al NO, presentando un gran socavón en toda la base de la zona E. Adosado a este, existió, hasta principios de los años cincuenta, una construcción conocida como el cortijo de Cerro Gordo, la cual ha dejado en la piedra del paramento de la torre la impronta de una chimenea  y de los palos de la cubierta. Está declarada en el Registro General del BIC. Del 22-6-93.  
 

            EL PORTILLO DE LAS CARRETAS Y LA CAÑADA DEL MEMBRILLO

            Eran unos parajes  propiedad del rey o tierras comunales, que fueron concedidos a partir del siglo XVI a la   ciudad de Alcalá la Real, para que se los arrendaran a los vecinos de  Alcalá con el fin de que con su fruto pagaran los arbitrios. Con estos  arbitrios, el rey llevaba a cabo acciones  de guerra, actividades extraordinarias o hacía frente a la política exterior. 

Como es lógico estas tierras  se dividían en trances, estos a su vez en suertes,  partes o roturas que variaban de 5 a 10 fanegas para que en un espacio de  años pudieran ser rentables, una vez que el monte se roturaba o desmontaba.
            Aquí se roturaron  179 fanegas.



OTRA DE CUENTOS RURALES



La pastora con sus cabras


A la sombra de una piedra,
Había  una niña sentada
Con un rosario en la mano
Rezando la vida sagrada
Y vio venir tres personas,
Dos blancas y una morada.
Y le pregunta la morada:
Niña, ¿de quien son las cabras?
-Tuyas, Virgen María,
La pastora con sus cabras.
Le respondió Jesús:
-Niña, tan bien nos conoces
Que tan dulcemente hablas.
Y se la llevaron al cielo
De Serafina Cercana.
Su madre viendo que no venía
La pastora con sus cabras,
Se arrodilla delante de Cristo
Y le dice: Señor, ¿dónde tienes
Mi pastora que tantos días tarda?.
Le respondió una voz:
-Toma tus ovejas y tus cabras
Que tu hija está en el cielo´
con mi familia sagrada.

LA POBRE VIEJECITA



Había una viejecita, muy pobre, muy pobre, pero muy buena….Vivía en una casa  con todos sus muebles  muy antiguos, desgastados  y destartalados. Sólo le quedaba una gallina muy delgada. Pero decidió cocinarla para invitar al Señor por Navidad. Primero  arregló toda la casa muy esmeradamente, mató a la gallina y la  troceó y la puso en la olla. A continuación,  se  puso en marcha  y bajó a la Iglesia para  invitar a  comer al Señor.
Desde los barrios altos de su aldea bajó a la iglesia, tras entrar en ella, le dijo al Señor:
-Mira, Señor, me gustaría mucho que subieras a comer conmigo.
El le respondió:
-Vete  tú primero, que yo, a continuación subo.
Así, como se lo  había mandado el Señor, lo  cumplió. Entró en su casa y se quedó esperando al Señor. Al cabo de un buen rato, un viejecito  llamó  a la puerta, al instante le abrió la puerta  y aquel pobre hombre   se le acercó diciendo
-Por favor, señora, tiene  algo con que darme.
Elle le respondió:
-Toma este pedazico de gallina, la verdad es que estoy esperando al Señor para comer con él, pero, no importa, tómelo.
Pasó mucho rato, y, al darse cuenta de que el Señor no se presentaba, volvió a la iglesia y le dijo:
-Señor, suba, ya que se va a enfriar la comida.
El le contestó:

-Súbete, que pronto estoy allí.
De nuevo, se demoró la visita de su Señor, entretanto pasó un niño andrajoso y mal vestido, que llamó a la puerta, y, el muchacho le pidió algo de comer. Aunque estaba inquieta la viejecita  por la tardanza de su Señor a quien le tenía preparada la cena y porque ya sólo le quedaba media gallina, ello no fue óbice para que diera otro trozo de la gallina al chiquillo.
Como no subía el Señor, de nuevo bajó por tercera vez a la iglesia. De nuevo, el Señor le ordenó que se subiera y  le esperara dentro de su casa. Le obedeció la muchacha. Ahora se encontró con una nueva visita, la de un mendigo pidiéndole algo de comer. La viejecita le dijo:
-He invitado al Señor a comer, pero….bueno, te daré un  trocito.
El mendigo, loco de contento, se la agradeció en gran manera. Por su parte, la viejecita se decía a sí misma:. “ Voy a volver a bajar por tercera vez, porque la comida se ha enfriado y yo no sé lo que pasa al señor”. Así hizo, bajó  de nuevo a la iglesia y entabló conversación  con el  Señor que le dijo:
-Tres veces que he subido a comer, las tres veces que me has dado. Ahora, inmediatamente súbete a tu casa y acaba de comerte la gallina,  
La viejecita se quedó asombrada y se subió a su casa en un santiamén. Al llegar, todo había cambiado. Su casa se convirtió en un palacio,  en la despensa había grandes manjares, le servían varios mayordomos, relucían lámparas maravillosas, grandes y esplendorosos sillones amueblaban el salón, el huerto se había transformado en un versallesco jardín…..
Sin embargo, una vecina de la viejecita, por cierto muy orgullosa y altanera, egoísta y envidiosa, y, para colmo altanera, se enteró de lo ocurrido y no pudo soportar este cambio en la forma de vida de la  viejecita. Entonces le dijo:
-Voy a preparar una gran comilona, e invitaré también  al Señor, para que me pase todo lo que le ha acontecido a mi vecina.
            A continuación, ordenó matar a su mejor cordero, compró las frutas más ricas del mercado de la plaza y acudió al horno por dulces exquisitos y el pan más tierno. Con estos preparativos, bajó a la iglesia a invitar al Señor, que le dijo:
-           - Súbete ya tu , que pronto voy a visitarte yo.
            Tras  llegar a su casa, tuvo la visita de un mendigo y le pidió algo de comer. Ella lo echó a patadas y no le hizo caso alguno. Más tarde, un pobre niño le tocó la puerta pidiéndole un trozo de pan y ella ni lo miró. Al ver que el  Señor no subía, volvió a llamarlo y éste le dijo:
            -Ya subiré, no te impacientes.
            De nuevo, un viejecito tocó a la puerta pidiéndole algo de comer. La misma respuesta de rechazo y de negaciones tuvo con el desafortunado viejo.
Al volver a ver en la iglesia al Señor, este le contestó:
            -Tres veces, que te he pedido de comer, las tres veces me has echado.
            Ella quedó sorprendida por las respuestas.  Subió a su casa y no pudo aguantarse, porque se había transformado totalmente. Desde el cuadro  más pequeño hasta el arcón más grande se había convertido en lo más feo y  anticuado que uno se podía imaginar, su casa ya no era una mansión, de un palacio,  era una cuadra de animales, los mayordomos pordioseros mendigos…y colorín, colorado este cuento se ha acabado.          














            




EN EL JAÉN DE HOY, MI HOMENAJE A MI AMIGO ANTONIO LÓPEZ MARTÍN



ANTONIO LÓPEZ MARTÍN


 
Siempre he escrito sobre el voluntariado, un capítulo fundamental de la humanidad  y una vivencia trascendental del ser humano que  se completa con las notas de la generosidad y altruismo. Para algunos, el voluntario desborda el parámetro de medir el comportamiento de los seres vivos, porque supera  la concepción egoísta del hombre y lo eleva a la categoría de lo social. Y lo hace con el argumento de tejer la convivencia de  los tejidos sociales con las manos de la solidaridad. Este es el caso de Antonio López Martín. Desde que lo conocí, siempre complementaba su vida familiar,  en la que se integraban su mujer Estrella y sus dos hijos, recientemente aumentada por sus nietos, con la entrega a los demás.Su vida profesional de mancebo de la farmacia de Santiago no se embadurnaba sólo de la alquimia de  aquel recinto, sino que aplicaba sus dotes de buenas relaciones públicas para atender a los clientes, sus amigos y asesorados, siempre con la sonrisa en el rostro y marcando las buenas intenciones para paliar las grandes y pequeñas enfermedades. Y, con su espíritu altruista, transportaba la farmacia y los servicios básicos de salud a los rincones más inéditos, de modo que no era cicatero para atender  a la mujer olvidada de la última cuesta de las Cruces o de San Juan,  o a la  octogenaria que caminaba con dificultad  hacia los últimos pasos de la vida; tampoco, le faltaba tiempo para prestar los primeros auxilios en el momento más inoportuno de un accidente fortuito. Lo había aprendido en su farmacia, y lo había cimentado en los cursos de su ONG más querida, la Asamblea de la Cruz Roja de Alcalá la Real, donde regentó el cargo de vicepresidente y  las veces de presidente durante muchos años de estos últimos decenios. Si el cerro de la Luna hablara, comentaría el hambre que palió en los más excluidos y emigrantes. Si las paredes del viejo Hospital visualizaran su vida,  no olvidaría tantos esfuerzos para mantener y crear una asociación con su infraestructura y su formación en primeros auxilios, con un amplio círculo de voluntarios y con las  campañas más variopintas para paliar la exclusión social: desde la atención a los emigrantes, hasta la primera comida de  los  más necesitados   pasando por la presencia de los  servicios médicos en  los grandes acontecimientos del pueblo de Alcalá la Real.; y comportándose con su dedicación contra viento y marea de los que no comprenden que hay necesitados.  Si el cielo del patín de San Juan se abriera, se vería a Antonio,  con su cornetín, organizando aquella banda de los años ochenta, lo que repitió con la del Dulce Nombre de Jesús, o acudiendo a la fiesta anual del Cristo Septembrino o desviviéndose por aquel grupo de amigos que siempre apoyó, y arrostrando con entereza sus anhelos y sus desvelos de presidir una hermandad que siempre amó. Si el pilar de la fuente de la Mora cantara gestas anteriores, no olvidaría su apoyo a momentos trascendentales en la comunidad alcalaína que las generaciones actuales dan por hechos sobrados, cuando  afortunadamente se siente saciada del bien básico del agua. . Y todo, a cambio de nada. Tan sólo, de la sonrisa de una visita a Rute o al Rocío; de un apretón de manos que lo convertía en un sello indeleble con la fuerza que lo imprimía; de un recuerdo de hermandad o de asociación que preparaba con todo mimo; de un redoble y una marcha de Jesús Nazareno ante las Dominicas;  de una visita  a la persona más humilde; de una oferta de nueva entrega, de un estrambote final para despertar una sonrisa con tus ingeniosas ocurrencias y sagaces frases de bella ironía.El voluntario es, a veces, un incomprendido; no se le cree en su generosidad, el ladrón piensa que todo el mundo es de su condición; pero el ser creador, de seguro que  le abrirá  las puertas levitando los sacrificios y los malos tragos de sus últimas soledades  en la patena de libación colectiva y de la ofrenda final. Y sin dudas que Antonio habrá entrado como heraldo tocando su cornetín de órdenes  y templando las notas de una historia sencilla y humilde de un testimonio de voluntariado  y solidaridad. Gratias tibi, Antonio, compañero miembro de aquella hermandad que compartí desde el acta fundacional  en una  visita a la bodega de anís de Rute,  con el nombre de un dulce, que siempre te marcó. Y, como siempre, decías, colorín colorado, este relato de amor  se ha acabado en este camino humano.


sábado, 21 de septiembre de 2019

ALCALÁ LA REAL, PARA UN GRUPO DE MALAGUEÑOS, RECUERDO DE UNA VISITA.

ALCALA LA REAL


SU NOMBRE



El nombre antiguo de Alcalá la Real fue Qal’at Astalir, una ciudad que pertenecía en el siglo VIII a la cora de Elvira,  (Granada). Con el paso del tiempo, esta ciudad fue cambiando su nombre, partiendo de la rama Yemení de los Banu Said que se ubicó en la fortaleza de la Mota: Alcalá fue Qal’at Yahsub y , principalmente, Qal’at Banu Said, que se castellanizó en Alcalá de Aben Zayde.
En 1341, el rey Alfonso XI conquistó la ciudad para los reinos de Castilla y León y le otorgó el nombre de Alcalá la Real

                       


ALCALÁ FUE UNA CIUDAD FRONTERIZA
           
           
Desde la conquista  de este rey, Alcalá la Real  fue una ciudad fronteriza durante 150 años. Esto le otorgó una serie de características y privilegios a sus vecinos:

            -El escudo. Con una llave y los leones y castillos, sin la granada,  demuestra  su pasado ante de la conquista del reino de Granada en 1492.
            -  Sus habitantes proceden de los conquistadores y de varias repoblaciones que se continuaron a lo largo de los  años posteriores a este acontecimiento: para ello los reyes les concedieron muchos privilegios    que les permitían estar exentos de tributos a la Corte, al mismo tiempo que recibía pagas de trigo y dinero para mantener la fortaleza.
            -Su fortaleza, Qal’at,  es una de  mayor extensión de Andalucía, tres hectáreas, muy cantada por los poetas árabes y cristianos:

“el salterio más alto que la Mota” (Juan Ruiz Arcipreste de Hita)

            Y también fue reconocida por los monarcas, entre ellos los Reyes Católicos, que la consideraban de las más importantes de Andalucía.  Su valor estratégico como avanzadilla para la conquista del reino de Granada, las razones económicas por ser importante puerto de Castilla y Granada para el paso de cualquier actividad comercial y su ubicación geográfica  en un punto elevado que la hace inexpugnable para sus defensores y sumamente controlada por el sistema defensivo de atalayas de su ENTORNO.Mata, Boca de Charilla…) y la red de comunicaciones hacia la Costa y en el  nudo crucial con Murcia, Córdoba, Málaga, Jaén,  Baena,…

-El Alcázar, con sus tres torres (Homenaje, Mocha y Campana) y un patio de armas.

-La trama urbana de la ciudad, con los restos arqueológicos de El Bahondillo, Despeñacaballos, Molinos, aljibes, casas, restos de palacios, adarves, o lagares,

-Las Casas de Cabildo del siglo XVI, obra de arquitectos renacentistas.

-Las entrañas de esta fortaleza, donde  predominan pasadizos, cuevas y un mundo de leyendas sumidos en el ambiente musulmán y romántico. Claro ejemplo es estos versos  del romance “La Conquista de Antequera y la escaramuza de Alcalá”
           

Mañanitas de san Juan
Al tiempo que alboreaba
Gran fiesta hacen los moros
Por la Vega de Granada (…)
Dando voces vino un moro
Con la cara ensangrentada
El infante don Fernando
Tiene Antequera ganada (…)
Muchos moros dejan muertos
Yo soy quien mejor libraba
Siete lanzadas yo traigo
El cuerpo todo me pasa,
Los que domingo escaparon
En Archidona quedaban
Con tal nueva el rey,
la casa se demudaba:

 




Manda juntar sus trompetas,
que toquen todas al arma,
Manda juntar a los suyos,
Hace  muy de gran cabalgada,
Y a las puertas de Alcalá,
que la Real se llamaba,
Los cristianos y los moros
una escaramuza traban.
Los cristianos eran muchos,
 mas llevaban orden mala:
Los moros, que son de guerra,
 dádoles han mala carga:
De ellos matan, de ellos prenden,
 de ellos toman en celada..
Con la victoria, los moros
van de vuelta de Granada,
A grandes voces de día: ¡La victoria ya es cobrada!
 


-Los arrabales con su sistema amurallado y la iglesia de Santo Domingo de Silos, el mundo mudéjar.  

-El parque botánico del Arrabal Nuevo

-El rincón de los poetas









EL ARTE DE FRONTERA  E ITINERARIOS PARA SU VISITA

Muestra de esta época es una visita por la fortaleza de la Mota, donde se puede contemplar:

-El cinturón amurallado, fruto de varios periodos históricos (desde el diseño califal  hasta la destrucción en época napoleónica)

-La comunicación de la fronteras con la visión desde su elevado lugar de las atalayas de protección de la ciudad (Cascante, Moraleja, Dehesilla, Pedregales, Chopos,  
-Pasadizos, cuevas, y el bajorrelieve de la Leyenda de la Mora Cava.

-La Iglesia de san Juan y su museo de religiosidad popular

-El Pósito

-El arco y puerta del Arrabal

-Miradores para contemplar el camino de la Corte, el puente dromano y  el camino del Condestable.
















 

   ALCALÁ, CIUDAD ABACIAL

           
El rey Alfonso XI fundó en la ciudad una abadía de patronato real, que la hizo  muy diferente a otras que todavía se conservan:

            -Era independiente de toda diócesis, sólo pagaba a Toledo y , dicho en latín “ su lema era “vere nullíus” no pertenecía a ninguna diócesis, no la de Jaén ni la de Granada ni la de Córdoba.
           
-Alcalá la Real era la capital de esta abadía, a la que pertenecía los pueblos cordobeses de Priego y Carcabuey y los jiennenses de Castillo de Locubín o Noalejo.
           
-Su sede eclesial l era la Iglesia Mayor abacial de Santa María, una iglesia que primero fue gótica y  actualmente se levanta con un estilo renacentista, cuyos primeros diseñadores fueron los arquitectos Diego de Siloé y Ambrosio de Vico.
           
-Esta Iglesia era gobernada por los abades (algunos obispos, otros administradores apostólicos e incluso  hubo tres cardenales) que eran nombrados por el propio monarca, dicha institución se mantuvo hasta 1850 al  extinguirse  con motivo del Concordato de aquella fecha.

- Con el paso del tiempos los Reyes permitieron que la ciudad fronteriza se extendiera en el Llano y surgió la ciudad renacentista, diseñada por dos ejes muy romanos la cardo ( El Llanillo) y la decumana (calle Real), en trono a la cual se extendieron calles y edificios con un sistema reticular ( perpendicular y paralelo).

           
            EL ARTE DE LA ABADÍA

            La  Alcalá renacentista se refleja  en los siguientes muestras de arte:

-El diseño de la ciudad del valle que se contempla desde el adarve de la Mota, con calle muy rectas y, desde los años 30 del siglo XX,  está declarada de  recinto histórico-artístico.

-Pasadizos, cuevas, y el bajorrelieve de la Leyenda de la Mora Cava.

-La Iglesia de san Juan y su museo de religiosidad popular

-El Pósito

-El arco y puerta del Arrabal

-Miradores para contemplar el camino de la Corte, el puente dromano y  el camino del Condestable.
  

-Los edificios de la fortaleza de la Mota  realizados tras la conquista: la Iglesia Mayor Abacial, las Casas de Cabildo, el Pósito, la Puerta de las Lanzas….



-Las iglesias de San Juan en el arrabal de su nombre, la de Consolación, donde se alberga la patrona, los conventos de las Madres Dominicas y de Capuchinos y  el pilar de los Álamos y la ermita de San Marcos.

-Las tablas y pinturas de la iglesia de las Angustias

-Él Depósito de San Marcos.

CON LA ILUSTRACIÓN, ALCALÁ FUE IMPORTANTE

En el siglo XVIII, de nuevo Alcalá la Real fue importante. Los reyes borbones hicieron un gran reparto de tierra, favoreciendo la agricultura e incentivando la artesanía. Nacieron en  Alcalá pintores, como la familia Melgar, y  la ciudad se remodeló con un  gran racionalismo urbanístico. Surgieron los siguientes edificios de estilo barroco purista en transición al neoclásico:

-El Ayuntamiento de Alcalá y las Casas de Enfrente, obra de los arquitectos Manuel Pérez de Alda y Felipe García Peinado, donde destaca su fachada, la torre y, en sus  interior, su pinacoteca, el reloj y el pendón de la ciudad.

-La Iglesia de las Angustias, actual parroquia de Santo Domingo de Silos obra principal de Antonio Martín Espinosa de los Monteros, que destaca por su singular planta y las pinturas que alberga.
 
-El Palacio Abacial, remodelado por el abad Mendoza y Gatica. Allí vivían los abades  y alberga el museo de la ciudad, muy pedagógico y de interés para una visita escolar

-La iglesia de San Antón, de planta octogonal.


LA ALCALÁ MODERNA

Ser remonta a los primeros años del siglo XX, cuando nació una gran fiebre restauradora con muchos edificios que imitan a las grandes vías de las capitales de España, con casonas de estilo regionalista, modernista y todos los atrevidos neos. Entre las casas podemos señalar.


            -La Casa de los Mesones
-           -El Banco Central
            -La Casa de Explosivos
            -La Casa de las Boticas.
                        -Otros edificios de la calle Veracruz
                        -La Casa de Tapia.
 ALCALAÍNOS ILUSTRES.

            Los poetas  árabes

Abu- Yafar,

poeta que murió en 1163, tuvo un idilio amoroso con la poetisa granadina Hansa Rakuniya, que le llevó a su muerte. Un poema suyo fue
 

Proteja, Dios., una velada, exenta  de censor,
que nos acogió y nos dio asilo en Hawr Muammal
Venía de Nachd un perfume
 que al soplar difundía el aroma del clavo.

Cantaba la tórtola entre el boscaje
 y se curvaban los ramos de arrayán
 sobre el arroyo
Verías el jardín alborozado
 porque fue testigo d abrazos, retozos y besos
-Por vida tuya, a que no alegró
el jardín nuestra llegada,
 sino que, antes bien, nos mostró odio y envidia.
No aplaudió el río de júbilo
 por vernos cerca,
y sí la tórtola cantó,
fue porque estaba triste.
No seas tan bien pensado,
como es digno de ti,
que no en todas partes obran derechamente.
Si el horizonte hizo asomar sus luceros,
 creo que no fue sino para espiarnos.

Ben Jakán




Era de la aldea de Charilla, fue muy famoso por sus sátiras y se le conoce por el Quevedo hispanoárabe. Murió en 1140-
           


 



Ay Dios, me ha visitado de tu parte una gacela
Pavoneándose orgullosa entre los velos de la tarde.
Tuve que contenerme con su amor, como si fuera Marwan.
Atemorizado por los escuadrones del al –Saffah.
Mas perdí y dejé mi continencia en el desierto
Y monté mi gozo a rienda suelta
Me ofreció la rosa de sus dos mejillas
Y la recogí con la mirada sin pecado
Quise abstenerme de su amor, pero no pude
Mostrándole seriedad en medio de la bruma
 Y dejé que mi corazón fuese, por el ardiente afecto
Como una ave con la que vuelan, sin alas, los deseos.

Ibn. Said al Magribi 8( 1214-1274)

Gracias a sus antologías  y   “Al Mugrib” se conoce el pasado del andaluz.
Una poesía suya está dedicada al viento.
  
Miembro de una familia artística de origen italiana, se afincó en la abadía,  fue fundador de la escuela granadina del manierismo andaluz que desembocará en Juan Martínez Montañés, su discípulo. La diócesis de Granada se halla completamente repleta de figuras del  Nazaareno,  Jesús en la Columna, Vírgenes ( Inmaculada, Favores, Madre De Dios ..)Crucificados  que actualmente procesionan en la ciudad de la Alhambra.

 
Juan Martínez Montañés (1568)

Creador, a su vez, de la escuela sevillana del Barroco andaliuz, El “ dios de la Madera” llevó al máximo clasicismo y naturalismo la expresión de la Pasión de Jesús con sus imágenes talladas a la perfección. Famoso el retablo de San Isidoro de Santiponce, la Cieguecita y el Crucificado de la Catedral de Sevilla.


Pep Ventura(1815--1879)

Hijo de un sargento natural de Figueras, fue el remodelador de la Sardana nació en siglo XIX y fue bautizado en al parroquia de Santo Domingo de Silos.
              

ALCALÁ Y MÁLAGA


Los alcalaínos frecuentaron las costas de Málaga, porque en los ataques que llevan a cabo los turcos, las tropas sarracenas o cualquier tipo de invasión a la península debían acudir con una compañía de caballeros en su defensa. Solían ir, sobre todo, a defender las plazas de Torre del Mar, Vélez Málaga, la capital malagueña, las norteafricanas  y las granadinas.
Existía un camino de playeros que se extendía desde Úbeda hasta Torre del Mar y pasaba por Alcalá la Real, a donde acudían los arrieros para traer el pescado a las ciudades del interior desde siglos remotos hasta principios del siglo XX. A la vuelta, transportaban los cereales, sobre todo el trigo para alimentar las grandes ciudades de la Costa.
Manuel de la Morena, famoso maestro de obras alcaláino, intervino en algunos edificios modernistas y regionalistas de Torremolinos a principios del siglo XX.
El malagueño Alberto Jiménez Frau,  era hijo de Juan  Giménez, un alcaláino que abandonó el Seminario y se introdujo en el mundo de la industria. Alberto fue el Director de la Residencia de Estudiantes de Madrid donde estudiaron y estuvieron García Lorca y Dalí entre otros.