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lunes, 26 de noviembre de 2018

SANTA ANA (III) EN IDEAL ALCALÁ LA REAL




De una ermita a una aldea. De una aldea a la concentración urbana más extensa y populosa del municipio alcalaíno. De un asentamiento en torno a un camino de propios a un núcleo distribuidor de los pueblos de la zona norte de la ciudad de la Mota y de los Montes Orientales de Granada. Nuevas rotondas permiten el paso hacia tierras del sur jiennense y norte granadino en dirección hacia Noalejo e Iznalloz, hacia el municipio de Frailes y las Riberas, hacia la ciudad de la Mota y hacia las Riberas y Mures. Se plantean como plataformas que servirán para conectar sus dos zonas industriales, el Chaparral y el Llano de Mazuelos.Y Santa Ana no puede concebirse sin su iglesia declarada parroquial hace un siglo. Una iglesia romera que atraía en el mes de la cosecha agosteña a los alcalaínos para honrar a su patrona, y que se erigió en un emplazamiento apropiado, donde la alameda de su entorno y la plaza constituían un espacio entre rural y urbano. El primero fue testigo para parada de caballerizas, y el segundo para constituirse en un sitio amplio de concentración urbana.Destaca la fachada de la iglesia, ejemplo de manierismo renacentista y de los famosos maestros de obras de la Abadía, coronada por la espadaña y envuelta entre arcos de ocultos corredores que alojaban a los romeros y sus caballerías. Ningún visitante puede pasar de realizar la visita de su interior , contemplando dentro de la planta abacial de salón, un patrimonio singular de la comarca alcalaína: desde el retablo de Nuestra Señora de las Angustias atribuido a los Raxis hasta el grandioso y excelente cuadro de la Coronación de la Virgen, una obra de la escuela granadina del siglo XVI y del entorno del pintor Bocanegra sin olvidar el cuadro de la Inmaculada atribuido a Alonso Cano; tampoco puede quedar desapercibido el  testero o presbiterio de este templo con la imagen de la Abuela, recuerdo de la anterior imagen gótica, y la nueva peana del Árbol de Jesé. Ni los enseres de su patrimonio parroquial como el manto renacentista al estilo del padre de Juan Martínez Montañés.La plaza, junto a la iglesia de Santa Ana, es espacio urbano distribuidor de un conglomerado de calles que se enredan en callejones, calles radiales y reminiscencias de antiguos paso de terrenos de propios, donde se asentaron las viviendas de teja, los chozones de retama y algunas casas de rentistas y pujareros: Actualmente, las antiguas dimensiones de sus fondos residenciales  usurparon los corralones pecuarios y se convirtieron en unas  viviendas de mayor habitualidad y fueron reformadas con nuevas fachadas y balconadas  que sustituyeron  a las de dos cuerpos con pocos vanos, muy frecuentes en los siglos de la Edad Moderna.  Sobresalen varias calles que conectan con la carretera de Frailes: la  primera, más meridional,  recuerda los albores del siglo XX y adquirió auge con la instalación de la escuela pública; la  segunda, que dividió la antigua alameda,  transformada en vial urbano, y  hecha una realidad de residencias humanas, data  a finales del siglo XX, conecta directamente el parque  del  Comendador con la plaza, el antiguo  lavadero y la fuente del siglo XVI; y la calle de Nuestra Abuela, en tercer lugar, amplió el núcleo original hasta las Eras Alta y dio salida hacia los molinos de Huéscar y las Riberas. En torno a la plaza, se levantaban el local del cine, las tiendas, la escuela (recuerdo, entre otros maestros, a don Luís Gómez Feijjóo), la expendeduría de tabaco, las casas nobles (algunas recuerdan su diseño modernista de principios del siglo XX y se remontan a sus predecesores hidalgos, los dos que los hubo en la aldea allá por el siglo XVIII).En otras  direcciones, Santa Ana creció en terreno urbano:  por las Eras Altas se prolongó  aquella primer núcleo, por medio de las  casas de dos cuerpos,  y corralones; hacia la calle Perchel ,  como si quisiera beber de los huertos y convertirse en viacrucis semanasantero; y,  hacia la carretera de Frailes en dirección hacia el Humilladero, donde hubo un Calvario,  y , salvando una cantera que se mantuvo hasta mediados del siglo XX, alcanzó las huertas de la Fuente Rey  y Pasailla con  las  Casas Nuevas que  conformaron una unidad urbana que albergó a las familias obreras y engrandecieron su entorno con nuevas urbanizaciones. Reminiscencia de tiempos pasados, son las casas que forman discontinuamente la carretera de Frailes, donde, como lugar de tránsito, se abren locales de servicios (farmacia, bares, tiendas de supermercado…). Y este entramado urbano se entretejió con callejones que desembocaban hacia arterias y albergaron unas gentes inquietas y laboriosas. Los hay agricultores que supieron aumentar sus haciendas como los beneficiados de las tierras de la casería de Viedma, hortelanos que regaron sus hortalizas de la Fuente del Rey, la Pasailla y la Lastra, molineros que mantienen un pan que surtía las viviendas alcalaínas en siglos pasados, emprendedores que trabajan la madera, la albañilería, y ofrecen sus servicios comoSe consideran obras patentes y evidente muestra del progreso de la actual Santa Ana su centro escolar dentro del Colegio Público Sierra Sur, su consultorio médico, sus asociaciones de mujeres, sociales, deportivas, de deportes, de vecinos y de AMPAS entre otras, cofradías como la de la patrona La Abuela y Virgen de la Cabeza. Y es que Santa Ana casi extiende su abrazo a la ciudad de la Mota por la Fuente del Rey (en torno a la Coronada y los Llanos) y une sus manos por el Portichuelo. No puede extrañar que estas dos unidades poblacionales de Santa Ana de Alcalá la Real alcancen estos datos demográficos, que el INE recoge en 2017: 992 habitantes ( 1301) , y 775 (1302).  Casi vuelven a los tiempos de la mitad del siglo XX antes de la diáspora.


domingo, 25 de noviembre de 2018

COTTIJOS DE LA RIBERA Y SALOGRAR. POR VAO DE CHIQUERO, ALONSO DE RUEDA, VALENZUELA, MARAÑÓN Y BARRIO.


CORTIJO DE LA RIBERA, PROPIO DE DON ALONSO DE RUEDA


Era propio del lucentino don Alonso de Rueda, que tenía su residencia de los Ramírez Rico de Rueda  en la calle de las Torres de Lucena, este linaje  de los condes de de las Navas era  muy importante en una de sus numerosas ramas. Desde la segunda mitad del Setecientos, la casa perteneció a don Alonso José Ramírez Rico de Rueda y Poblaciones con el nombre de "las casas del Arco Bajo de la plaza Nueva”, por situarse justo frente a ellas una de las puertas del lienzo de muralla. Fue fruto de la integración y del  ennoblecimiento de un grupo judeoconverso. Constituye una de las muchas huellas que en Lucena dejó la nutrida comunidad cristiano nueva  en la configuración social, política, económica y también cultural de la ciudad. Las raíces de este linaje de los Ramírez se hunden en Espejo, otro de los señoríos integrantes del estado de Comares, donde hicieron fortuna gracias al negocio del dinero, prestando censos a particulares y al propio marqués, quien pronto los situaría al frente de su administración. Así fue cómo, ya instalados en Lucena, Miguel Ramírez, el pariente mayor de este vastísimo abolengo, y su hijo Juan se convirtieron en gobernadores y contadores de la Casa señorial. En este caso, por tanto, fue el favor de los Fernández de Córdoba lo que propició su espectacular afianzamiento en los medios locales. Y no sólo su afianzamiento, sino su propia supervivencia. Bajo su  égida, los Ramirez lograron acreditar la hidalguía y limpeza de sangre como base curricular para alcanzar puestos en el escalafon administrativo y social. También se unieron con  los Rico de Rueda que controlaban  varias regidurías de LucenaA su lado, los Ramírez lograrían acreditar su preterida hidalguía y su limpieza de sangre, fundamental para seguir escalando posiciones en la pirámide social. Ya libres de toda sospecha, pudieron unirse a otra de las más renombradas estirpes lucentinas, la de los Rico de Rueda, que controlaban desde antiguo algunas regidurías en el municipio de modo que se mutiplicaron los matrimonios de estas familias desde el silgo XVI. E, in cluso lo hicieron otras en en el reino de Granada como los Rosal, Pérez del Pulgar y Maldonado. .En concreto,   Juan Ramírez de Aguilar, regidor y familiar del Santo Oficio, esposo de doña Isabel de Rueda Rico, instituyó el mayorazgo junto con un nuevo vínculo en 1597. En él requería que su primogénito, don Pedro Ramírez de Rueda, había de tomar su legítima “en las casas de mi morada, que son en esta villa en las Torres, linde con casas de don Bartolomé Ramírez, mi hermano, linde de casas de los herederos de Francisco Ramírez, mi tío”. 

 En la década de 1730, el por entonces sucesor en la Casa y mayorazgos, don Juan Fernando Ramírez del Pulgar, le vendía a su hermano don Juan Pascual Ramírez del Pulgar las que eran las casas principales de la rama primigenia del linaje. A pesar de estar vinculadas, éste último las adquiría como libres por un precio de 19.300 reales de vellón. El motivo de la venta no era otro que el traslado de don Juan Fernando a otras casas libres, “de mayor estimación”, muy próximas a las precedentes y “que nombran la de los balcones, en linde con el Arco Bajo de dicha plaza y casas del vínculo que fundó don Melchor del Adarve”. Su nueva morada, en la plaza Nueva, pasaría a ser uno de los bienes integrantes del mayorazgo que fundó en 1731
Relacionado con Alcalá la Real con esta rama de  don Juan Pascual, que mantuvo aquellas casas del Arco, fue la unióm  entre ( de  la línea familiar representada por don Juan Pascual,  que maantuvo las casas del Arco Bajo,  una de las hijas tenidas por este personaje con su segunda esposa doña Teresa Javiera Poblaciones), de doña Ana María Ramírez Rico de Rueda y Poblaciones en 1741 con su primo hermano don Alonso Rico de Rueda Cabrera y Poblaciones.Este  don Alonso Rico de Rueda Cabrera y Poblaciones eran hijo de don Andrés Rico de Rueda Cabrera y Rojas y de doña Catalina Victoria de Poblaciones Godo Godínez y Sandoval, hija de los condes de las Infantas y hermana de doña Teresa Javiera de Poblaciones. Su tía, por tanto, llegó a convertirse también en su suegra. según Nereida Serrano Márquez . De este hidalgo son las tierras de la Ribera. 
Se sacaban de ganancias 1.500 reales.
Y lo  tenía arrendado a 
Francisco López de Castilla (1774), mayor de 61 años,  casado con María Gabriela Cárdenas y Torrevejano , tenía tres hijos  mayores de 18 años ( Alfonso de 22 años, Antonio de 20,  José de 18 años),  en la misma labrador,  tres gañanes (Luís García, de bueyes que ganaba 22 reales; Pedro Escobar, gañán de mancera  haciendo referencia al arado, que ganaba 20 reales,  Francisco Bailón, de mancera que ganaba 28 reales) ,  y seis sirvientes ganaderos ( Pedro de Moya, pastor que ganaba 21 reales;   Juan Márquez , pastor, quince reales;  Antonio Ramos,  15 reales; con cerdos, dos porqueros que ganaba 18 reales cada uno). Poesía una casa en la calle Fuente Nueva, con su bodega, sin vasos, una despensa, caballeriza, una cocina, una sala todo en bajo, yen  lo alto  cala, cuarto, cámara, y en el  tercero cámaras, de nueve varas de frente por once de fondo, con un corral y tres olivos, cuatro morales, una higuera,(16 ducados), gravada con un censo de tres mil reales que se pagaban al jiennense don Fernando de Carvajal. Arrendada en 66 reales. Lindero con casas del vecino del castellana Anguiano Francisco de Rueda, por la parte alta, y por la baja,  de doña Alfonsa de Alba. Otra casa en la calle Capuchinos , con su bodega, con 2 vasos, cuarto, colgadizo, cuarto,  caballeriza,   una cocina, cámara, con un corral.  De 13 varas de frente por seis de fondo.), gravada con un censo de trescientos reales que se pagaban al cordobés  don Manuel Clemente de Montes, impuesto pro Manuel de Uclés. Lindero con casas de Lucas Zamora  por la parte alta, y por la baja,  corrales de doña Josefa Cano. de doña Alfonsa de Alba.  Otra media casa en la calle Lecheros compartida la otra mitad con Francisco López Baro,  y su parte con portal  con su bodega, sin  vasos, cuarto en alto,   caballeriza,   una cocina,  y cámara, con un corral.  De 14 varas de frente por 10 de fondo.), gravada con un censo de trescientos reales que se pagaban a la monja dominica sor Francisca de la Encarnación. Lindero con casas de Juan Salvador  del Castillo,  por la parte alta, y por la baja,  el labrador José Martínez . Otra  casa en la calle Fuente Nueva,  y su parte en lo alto, otra cocina,  y su cámara en l o en alto,   caballeriza,   una cocina,  y cámara,  y en  corral con un cuerpo de  colgadizo y caballeriza.  De 6 varas de frente por 5 de fondo. Lindero con casas propias de este dueño lo,  por la parte alta, y por la baja,  Miguel de MedinaOtra casa en la calle Nueva   de un cuerpo,  con bodega, caballeriza y corral, y en lo alto, un cuarto y cocina, sus cámaras y en ellas otra cocina..  De  7 varas de frente por 7 de fondo.), Lindero con casas de Juan Chiquero  por la parte alta, y por la baja,  propias del declarante (6 ducados).
Otra media casa en la calle Pastores de dos cuerpos, bodega con tres   vasos y un tonel, cuarto en alto,   y otro en bajo ,   una cocina,  y cámara, con sos corrales con una parra y caballeriza .  De 14 varas de frente por 10 de fondo.),  Lindero con casas de Tomas Grande ,  por la parte alta, y por la baja,  Francisco Cruz.
Poseía  28 fanegas en la Cuesta de Frailes, ganaba cinco ducados, con 60 encinas,   de tercera (21) y cuarta calidad (t fanegas y 6 celemines),lindera con tierras del granadino cura Francisco Valdés,  tierras del Rey (S),  de Cristóbal García (O) y camino viejo de Frailes (N).  de tercera (21) y cuarta calidad (t fanegas y 6 celemines). 
Otras 5 fanegas en el Vado Chiquero (Bochiquero), lindera con tierras de las monjas trinitarias (E),  tierras del Rey (S),  de don Álvaro de Valenzuela (O) y Tierras de Juan de Alcalá  (N). De segunda y tercera calidad
Otras dos fanegas en la Cuesta de Frailes, ganaba cinco ducados, ,   de tercera (21) y cuarta calidad (t fanegas y 6 celemines),lindera con tierras del granadino Domingo  Valdés,  franciscano de Consolación Francisco Macías  (S),  de Alfonso Rico Rueda  (O) y de Martín Hidalgo  (N).  de segunda  calidad. 

Otras doce fanegas en los Cierzos del Palancares   con 12 encinas,  y cinco quejigos ,lindera con tierras de don Félix  de Mesa ( E y N)l ,  de don José Ruiz,(O),  de  la granadina doña Baltasar de Sotomayor (S), rentaba dos fanegas de trigo  de tercera y cuarta calidad. 
Una fanega de tierra  de viña, con una higuera en la Solana de la Dehesa , lindera con  viña de Antonio Ruiz (E),  de Pedro González (O),  de don Rufino,  realengas (N)  de  tercera calidad.
 Otra fanega y media en el sitio de la Mata,  de segunda calidad,  linderas con tierras de don Juan Eusebio Sevilla (E),  fábrica de la Iglesia Mayor (S),  de Francisco de la Cámara ( O y N)  Rentab dos fanegas de trigo. 
Otras dos fanegas y media  en la Mata, de segunda calidad, linderas con  los herederos de don Juan de la Rosa (E),  del Hospital de la Madre de Dios (S),  herederos de don Antonio de Frias (O),  Rentaba seis fanegas de trigo. 
Otras cuatro fanegas en Puertollano,  de cuarta calidad, linders con tierras de don José Ruiz (E),  granadina  doña Mariana Aguilar(N),  cortijo de don Francisco Piqueras (O),  y gravada con un censo de 100 ducados a favor de las monjas dominicas de la Encarnación.
Disponía de 10 bueyes, 4 vacas, un becerro, dos becerras, 6 novillos,  3 jumentos,  5 jumentas, un cabalo, 8 yeguas, 20 cerdos,  18 puercas de cría, 30 lechones, 25 lechonas, 400 ovejas, 20 carneros, 15 borregos, 18 borregas, 150 corderos, 3 colmenas,  50 cabras, 6 machos, y 20 abritos, Sabía firmar y la hacía en diez de febrero de 1752.
Tenía arrendada fanega y media en Las Colmenillas distante a cinco cuartos,  de legua, , linderas a olivar de don Manuel González,  y de doña Alfonsa de Alba (S), de tercera calidad 
Y  Otras 40 fanegas   de labor de segunda y tercera ,   y 20   de menchones  con 200 encinas y quejigos , propias de Domingo Valdés presbiitero granadino, y de don Pedro Padilla , vecino de Granada, al cuarto  en la Ribera, se le regulaban 120 reales.

CORTIJO DE  DON MARTÍN DE ARANDA
SE Encontraba en la Ribera.  a una legua de la ciudad de la Mota.  
 Francisco Cano (1777), jornalero, residente en la Ribera, de 50 años, casado con Isabel de la Peña , tenia a Cristóbal entrado en edad de18 años, que trabajaban jornal, otro menor Antonio de 10 años, dos hijas, dos gañanes y tres sirvientes ganaderos, ganaba 133 reales) Disponía de ovejas, borregos, y carneros, 3 vacas, una becerra, dos becerros,un novillo,una novilla, 14 puercas d cría, un novillo, una novilla, 14 puercas, , 11 cerdos, 20 lechones, 10 lechonas, dos jumentos, uno pequeño. 
Firmaba porque sabía escribir a 5 de febrero de 1752. 
Tenía arrendamiento de 12 fanegas de la fundación de los Niños Expósitos. en la Cabeza del Molino con 10 encinas. (55 reales).  de Tercera calidad de sembradura  y cuarta 


 CORTIJO DEL SALOGRAR  DE JUAN MARAÑÓN
 Pertenecía a  Juan Marañón .Tenía una casa rodeada de tierra del Rey,  de nueve varas de frente y y de ancho,   con portal y cámaras. a un cuarto de legua, si se arrendara ganaría tres ducados. , lindera con tierras propias  





Era su casero:
Gabriel Gallardo (17791), de 41 años, casado con Juana Delgada , jornalero,  casado, tenía una hija, cuatro gañanes y cinco sirvientes ganaderos. Disponía de una jumenta. Firmaba en su lugar Felipe de Castro a 20 de abril de 1752. 

CORTIJO DE DOÑA ALFONSA DE ALBA

Pertenecía a doña Alfonsa de Alba y estaba situado en el Salobral
Y se componía de
 -una casa de campo en el Salobral, distante tres cuartas de legua, compuesta de cuarto bajo y alto, paradero y corral. de 20 varas de frente por diez de fondo (100 reales) . Rodeadas de 192 fanegas de tierra divididas en tres hazas: 
-una de 65 fanegas de sembradura de calma  con arbolado , linderas con tierras de don Juan de Cárdenas (E y  N), arroyo (O), del granadino don Francisco Corellas, con 30 encinas en tres fanegas, y el resto de primera, segunda y tercera calidad. 
-una de 118 fanegas de sembradura de calma  con arbolado , linderas con tierras del lojeño don Antonio Narváez ( E), arroyo (O), tierras concejiles (N), del convento dominico de la Encarnación. granadino don Francisco Corellas, con 48 encinas , y el resto de primera, segunda y tercera calidad. 



- otra de 9 fanegas de sembradura de calma  con arbolado , linderas con tierras de don Francisco Corella (E), arroyo (O),  y camino de la Ribera Baja, con 3 encinas fanegas, y el resto de primera, segunda y tercera calidad.  

lLo arrendaba a 
Juan Marañón (1781), de 34 años, casado con Isabel Cano, jornalero,  casado, tenía una hija, cuatro gañanes y cinco sirvientes ganaderos. Tenía en arrendamiento 21 fanegas del convento de las monjas trinitarias, de sembradura de tercera calidad, arrendada de diez partes dos , lindera con tierras de don Nicolás Cerrato, vecino de Granad,  de Bartolomé de Cuenca,  de doña Alfonsa de Alba y de don Fernando Carvajal. de Tercera calidad.  Con 30 encinas, Disponía de 5 bueyes, 5 vacas, un becerro, dos becerras 100 ovejas, 5 carneros, 14 borregos, 25 cegajos, 60 cabras,  3 machos, 5 chotos, 7 chotas, 1o puercas, 9 cerdos, 40 lechones, 30 lechonas, una yegua, dos jumentos una jumenta y potro, 
Tenia arrendadas cinco fanegas en el Salobral, propias de l granadino don Nicolás Galabardo, de tercera calidad, . 

POR EL CASTILLO Y PANTANO E VÍBORAS EN EL JAÉN SEMANA


Son muchos los rincones que la provincia de Jaén ofrece para llevar a cabo rutas de senderismo, de bicicleta o, simplemente, en coche, al mismo tiempo que poder degustar de la gastronomía rural. Desde cualquier punto de la provincia, hasta llegar a la Autovía del Olivar, se puede uno dirigir al enclave del Castillo y pantano del Víboras, Desde la carretera que en dirección desde Martos se dirige a Alcaudete, continuación de la proyectada autovía, se desmiembra otra de carácter provincial que conduce a este paraje. Antes de llegar a las Casillas de Martos, la elevada altura de la zona permite entrever entre montes por el horizonte la Peña de Martos. Por un carril asfaltado, entre olivos se acerca el senderista a este paraje de ensueño, que juguetea desde el principio con el espectador a la hora del contemplar este recinto fortificado. Casi emprendiendo un circuito circular, sin mucha dificultad en la pendiente, entre monte bajo y olivares conquistados a lo largo de la historia, se llega a las faldas del Castillo del Víboras, junto a la Sierra Caracolera, un paraje alfombrado de olivos que conduce a un entorno natural que califican de gran valor paisajístico, sobre un montículo rocoso dominante desde el margen derecho del río Víboras”.

Se puede abundar en su entorno natural, pero lo que no puede pasarse por alto es la peculiaridad de esta fortificación medieval, datada del siglo IX, que constituía un albacar de refugio de la población cercana. Como frontera del reino nazarí, era un recinto avanzado de la cora de Elvira del iqlim de Alcalá Alcalá la Real, y, a la inversa, parapeto ante las incursiones nazaríes. En el 1225 Al Bayasi, emir de Baeza lo entrega a Fernando III, del que era vasallo, junto al castillo de Martos y Porcuna, Un año después, se expulsó la guarnición musulmana del territorio, siendo en el 1228 entregado al maestre de la Orden de Calatrava Gonzaliañez.
 Presenta muchas dificultades adentrarse su recinto, pero se constata su carácter inexpugnable y la seguridad militar, porque se ubica sobre un promontorio y en una posición de altura que le permitía dominar toda la ribera del río Víboras desde su nacimiento hasta las tierras de Alcaudete que actualmente son vertebradas por la futura de la autovía del Olivar.  Denotan los folletos informativos una descripción de esta fortaleza junto con las referencias de los paneles de su entorno,” en la cara septentrional la roca forma una pared vertical que hace innecesaria toda fortificación. La ladera meridional, con pendiente menos acusada, estaba protegida por una muralla. Y en la parte más elevada se encuentra una gran torre de planta ligeramente cuadrada con las esquinas redondeadas, levantada sobre la roca y realizada en mampostería. Tiene dos plantas y terraza. En el interior se puede apreciar la bóveda de cañón.  Junto a la torre, en la parte baja, se aprecian restos de cubos y muralla, así como de un aljibe cubierto con bóveda rebajada, los muros son de mampostería de gran espesor, revestidos de almagre". Este castillo sugiere al principio un nombre del reptil, pero no tiene que ver nada con lugar de víboras sino con " la evolución fonética de Bib-Bora, que en árabe andalusí significa Puerta de Bora, por encontrarse en el lugar de acceso a la antigua ciudad turdetana de Bora, localizada en el Cerro de San Cristóbal y que acuñó moneda en el año 50 antes de nuestra era”. Tras la conquista cristiana fue concedida en Encomienda a la Orden Militar de Calatrava hasta la desamortización eclesiástica de Mendizábal en el siglo XIX.
Los muy atrevidos son capaces de subir por la zona desde el río Víboras (al sur) mediante un sistema de rampas, o desde el norte por una vía de conexión con Martos. Y pueden comprobar las formaciones geológicas en forma de muralla natural, los dos recintos, los aljibes, las caballerizas, y su ingente torre de Homenaje.  
 Pero, cualquier senderista se apresta a continuar por un camino más seguro hacia el embalse del Víboras, entre olivares, y retamales, donde se contempla el área de servicios y las canalizaciones del agua del embalse.
Tras bajar una pendiente pronunciada, se llega al parque periurbano del Embalse, donde puede contemplarse la presa desde varios miradores. Este embalse del Víboras, construido en 1997, está situado en el cauce del río que le da nombre, y enclavado entre las estribaciones de la sierra de la Grana y de la Caracolera, bañando la pedanía de Las Casillas, del municipio de Martos. Su entorno es un remanso, donde predomina el cultivo del olivar junto con pinos repoblados y flora del monte mediterráneo En sus aguas, hay carpas, truchas, y barbos que invitan al ejercicio de este deporte.
Se completa una visita otoñal de esta muestra de paraíso interior con paseo por la aldea de las Casillas, donde destacan sus blancas casas, la iglesia neogótica, obra de Francisco Martín Serrano (El Alcalaeño fue su maestro de obras) y la remozada plaza, en la que es obligada una parada gastronómica en el bar Mendoza,


 


















sábado, 24 de noviembre de 2018

DE DÓNDE PROVIENE EL NOMBRE DE LA PUERTA DE LAS LANZAS DE LA FORTALEZA DE LA MOTA DE ALCALÁ LA REAL


Me ha caído a mis manos un documento del escribano Alonso Ordóñez, con fecha de 30 de  mayo de 1590, en el que se llevaba a cabo un contrato de compra de vino entre el vicario abacial y dos mercaderes de vinos.



-El vicario era el licenciado don Francisco Bonmar
-Los compradores fueron Francisco de Padilla, con su mujer Leonor López de Mejorada, y avalada por Catalina de Santisteban esposa de Joan de Padilla, difunto. Se 
-El montante  de la operación alcanzaba la cantidad de 156. 240 maravedíes, con las que se adquiría 540 arrobas de vino que se almacenaban en las 12 tinajas en "Sus casas las Lanzas y en la  bodega de Bartolomé de Valdivia una tinaja",aforadas a 45 arrobas cada una de las tinajas ( las de tinto a 104 maravedíes cada arroba de vino) y  de las 366 arrobas de vino nuevo almacenadas en el Lagar de Puertollano de las viñas de su alrededor ( una de tinto a razón de 28 maravedíes cada arroba).
-El pago se realizaba en tres plazos: por la fiesta de Santa María en Agosto; por el Día de Todos los Santos y, el primero del año, 1591.
-Los compradores avalaban la operación con un lagar y 14 aranzadas de viñas, en la Pasada Baena, linderas con viñas de don Pedro de Góngora Tobilla, don Juan de Aranda y camino hacia Baena, otras tres en la Camuña, linderas del Melchor de Frías y de Alonso de Mejorada. Y unas casas que lindaban con el Monasterio de la Encarnación. 

CONCLUSIONES
Por esta fecha no fue solo este contrato de los productos abaciales, el que realizó el vicario, también lo hizo de un molino en la Ribera. Pero, con este documento, se confirma que el nombre de esta puerta de las Entrepuertas, la tercera desde la de la Plaza,  debió ser reciente a partir de principios del siglo XVI, cuando se edificó , junto a ella, sobre la contramina del pasadizo, la casa del alhorí abacial donde se almacenaban los productos para pagar las lanzas, los soldados  lanceros que debía pagar el abad en el ejército de frontera. La puerta de las Lanzas no tenía plaza para reunir soldados y menos una compañía, sino que se encontraba junto la casa de las Lanzas, de Ahí de que puerta de la Casa de Las Lanzas se pasó a Puerta de las Lanzas. 

viernes, 23 de noviembre de 2018

EN ALCALÁ LA REAL, CON LA ACEITUNA, LUGARES HABITABLES


CON LA ACEITUNA, LUGARES HABITABLES
De nuevo, se repite la misma historia del final de todos los años. Es un rito, y no por cierto muy agradable ni digno. Son los mismos actores, y, en el año actual, parece que se ha cambiado de escenario de interpretación de los papeles.
Hasta octubre, la ciudad dormía en medio de la tranquila cotidianidad y el trabajo. Desarrollaba su vida normal y otros se preparaban para afrontar la puesta escena. Pero, ante las nuevas perspectivas de una cosecha superior a la de la media, se rompieron todos los esquemas. Ya no vale las respuestas de la tierra quemada, al destruirse los insanos asentamientos que se han mantenido los años anteriores. Aquí, no son enemigos sino aliados de los cosecheros que trabajan en sus predios para poder sacar una recolección esperada, que tienen que afrontar, con sus medios, y recursos humanos provenientes de otros lugares. Y estos no son los caballeros de una razzia que talan panes, sino que, gracias a su trabajo, pueden sacar sus beneficios y cobrar el PAC. Por eso, ya no valen las respuestas provisionales, ocasionales o fruto del azar. Ahora, la situación es imprevisible. Pues, aunque no es de extrañar que se repitan escenas de seres humanos durmiendo en cajeros bancarios, y se reproduzcan los sueños bajo los techados más insólitos, pueden sorprender con los escenarios más insólitos. Ya se escucha entre los vecinos la alarma de la invasión de las viviendas del casco antiguo, unas utilizadas como segunda de vivienda, otras empleadas de almacén y, las más esperando la suerte de un inquilino que las vayan a comprar.
Todo el mundo es un analista excepcional, que sabe diagnosticar y promover propuestas. Pero nadie ha cogido el toro por los cuernos. Hay que partir de una población en la que se mezclan los minifundistas y los medianos propietarios. No hay que tener oídos sordos a las personas e instituciones que se implican en campañas de lograr una nueva situación para la llegada de inmigrantes. No hay que responder con   palabras, sino con hechos a un aspecto que solucione esta situación y erradique de todas las miserias, porque las otras medidas de manutención, de vestido y de asistencia social, son complementarias, pero no arreglan el problema en su totalidad.
La vivienda es el nudo gordiano entre los trabajadores que acuden a nuestras tierras. Y, algunos más aventajados y con mayores propiedades o campos arrendados, han podido dar solución, pero, muchos pequeños propietarios y medianos no pueden arrostrar un alojamiento digno, y hay que afrontar medidas que permitan pasar una vida digna de los trabajadores en una campaña aceitunera. Se han intentado campañas de bolsas de viviendas por las instituciones, y han puesto su esfuerzo a lo largo de todo el año, nadie puede hacer la vista gorda. Es el momento de dar una respuesta por los propietarios, y por los patronos, pueden buscarse fórmulas muy variadas que partan desde el aval y seguro de la vivienda ante cualquier deterioro, a la manera de que contrata y arrienda a todo hijo de vecino, como recurrir a la unión cooperativa de servicios. Mientras tanto no se solucione la vivienda, y no se tome conciencia de la realidad sangrante que se nos ha echado encima, parece cono si quisiéramos cerrar los ojos a la hora de aportar soluciones y mal camino emprendemos.

 




                Si la comarca depende, en una gran parte, de los recursos agrícolas, debemos plantearnos una postura inteligente para hacer frente a la situación. No se puede caer en la confusión tan común y demagógica de confundir la sociedad con el poder institucional. Pues, si una sociedad se estructura desde arriba, probablemente no le queda nada de iniciativa a individuo. Y viene esto a cuenta, a la muestra de escenas que se nos repetirán estos días: las largas filas de demandantes de trabajo en los derredores de las Estación de Autobuses, los inhumanos lugares de dormir y en los días de los más altos fríos, los numerosos demandantes de una comida, la llegada de muchos emigrantes que exceden el cupo de la oferta … Y, en medio de esta trama, se violentará el lenguaje, y lo que es un asentamiento ilegal se transformará en un hotel, una arruinada casa en un albergue, y un cajero un hacinado en un lugar de pasar tristemente a noche. Tan sólo se salvan los alberques municipales y aquellos patronos que previeron y dignificaron la vida de sus trabajadores temporales.
Ahí está el reto, que es mucho más comprensible, si nos quedamos con estas palabras de Luigi Ferrajoli que, en sus “Derechos y garantías. La ley del más débil”, considerando la vivienda y residencia como derecho  fundamental  y universal para cualquier ser humano  lejos del simple carácter ciudadano perteneciente a un Estado o comunidad determinada , afirmaba: “Y desvincularlos de la ciudadanía significa reconocer  el carácter supranacional –en los dos sentidos de su doble garantía constitucional e internacional- y por tanto tutelarlos no sólo dentro sino también fuera y frente a los Estados, poniendo fin a esta gran apartheid que excluye de su disfrute a la gran mayoría del género humano contradiciendo su proclamado universalismo. Significa, en concreto, transformar en derechos de la persona los dos únicos derechos que han quedado reservados a los ciudadanos: el derecho de residencia y el derecho de circulación en nuestros países privilegiados”. En campaña electoral, es hora de baremar lo que cada grupo propone, pero también lo que realiza para dignificar ese derecho. Obras son amores y no buenas razones.  

COSTUMBRISMO DEL AMBIENTE RURAL DE LA SIERRA SUR. LAS ALDEAS ALCALÁINAS



.  Actualmente, es difícil percibir el ambiente rural y la dispersión poblacional tal como se manifestaba a lo largo del siglo XIX. Fue fruto de una gran labor roturadora que partió de los repartimientos de tierras y roturación de campos para conseguir arbitrios desde Alfonso XI hasta el mismo siglo XX, que culmina el proceso desamortizador con los bienes propios. Al mismo tiempo que se produjo un gran movimiento migratorio desde los núcleos urbanos a las anteriores cortijadas, que dieron lugar a núcleos más concentrados, en forma de aldeas, Principalmente y hábitat disperso a lo largo de los territorios cercanos a los caminos reales, veredas, veredas, ventas, molinos, dehesas, servideras, descansaderos y abrevaderos. Se dividieron en doce partidos de campo que recogió el Diccionario Histórico-Geográfico de Madoz, simplemente un refrendo de aquellas divisiones administrativas de índole local para el pago de impuestos, guarda de montes y tierras privadas y comunales, reclutamiento y levas, y disfrute de servicios religiosos
Muchas aldeas vivieron su punto álgido a partir de los años treinta del siglo pasado hasta que comenzó la diáspora de los años sesenta, y, a pesar de que mantenían una gran dispersión de sus viviendas, consiguieron engrandecer los núcleos constituyentes a partir de un edificio público o religioso, o simplemente expandido en torno a un cortijo de labradores. Durante estos años, se asentaron muchos vecinos y, además, se establecieron algunos servicios públicos como el correo, el estanco, la escuela y la iglesia (a veces, compartidas en un mismo edificio.
Unas costumbres peculiares, unas formas de vida especiales y un trabajo agrícola-ganadero, marcado por la distancia con el casco urbano más cercano y la dispersión se sus viviendas rurales. Sus vínculos de unión comarcal y de apertura ante el progreso radicaba en el  desplazamiento a la ciudad de Alcalá la Real para comerciar sus productos, surtirse de los servicios básicos como los religiosos ( matrimoniales, funerarios y  bautismales) y la celebración de las  fiestas y   ferias, así como, a la inversa, la celebración de  las fiestas aldeanas, que fueron programándose con el esplendor y la inauguración de sus  templos, atrajo a los vecinos del casco urbano y de otras aldeas y cortijadas de su derredor. Desde la tradicional Santa Ana, patrona alcalaína y la Coronada, hasta la fiesta de San Isidro, surgieron, antes de los años treinta del siglo XX, una gran cantidad de fiestas aldeanas, como la de San Juan y San Jerónimo en las Riberas, la Cruz en la Pedriza y Hortichuela, san José en la Rábita, san Miguel y Nuestra Señora del Rosario en Charilla y Fuente Álamo, San Vicente en Grajeras, y san Roque en Mures.
Se cerró el círculo en muchas de ellas, cuando se propagó la devoción de la Virgen de Fátima, que daba lugar a celebrar la fiesta por el me de mayo y estrenar una puesta en sociedad de los niños aldeanos recibiendo las primeras comuniones. Al mismo tiempo que los doce partidos de partidos de campo se acrecentaron con nuevos núcleos rurales como Villalobos, las Peñas, Venta de los Agramaderos, Puertollano y la Hoya entre otros.
EL COSTUMBRISMO
            

Recoger las peculiaridades de aquellos tiempos consiste en remontarse a un periodo comprendido entre el Catastro de la Ensenada y los años cuarenta del siglo XX.  Analizamos el contraste entre Alcalá la Real y el mundo de los cortijos y aldeas con estas palabras:  En este primer tercio del siglo XX la gente vive anclada en el tiempo. Si para cualquier vecino de una ciudad populosa el campo representa el sosiego y el descanso, la vida sana y el placer del ocio, para el cortijero o aldeano es el trabajo duro y la pobreza, el olvido y la humildad. Realmente son dignas de admiración estas gentes sencillas y honradas, que viven en unas condiciones  precarias,  en donde todo lo de los demás está ausente: la cultura, la educación el confort, el progreso… .[1]  Y en verdad que, si nos atendiéramos al simple dato de la escritura y lectura básicas, hasta muy entrado el siglo XIX, no existen escuelas en las aldeas, menos aún en los cortijos, y , tan sólo,  muy pocos vecinos de estas zonas sabían leer y firmar. Con la extensión de las escuelas, comenzando por la parte de Charilla, Santa Ana, Riberas, Mures, Ermita Nueva, la Rábita, dio lugar que el campesino se liberara de muchos aspectos, pero tuvo que pasar un siglo para la cultura y educación públicas se ofreciera a toda la población. Y en verdad que hubo momentos, desde finales del siglo XIX, en los que los maestros garroteros y los centros de las sociedades obreras significaron cierta apertura.  El tipo de vivienda responde a diferentes formas de vida. Desde el cortijo al chozón de retama, pasando por la casa de teja, el núcleo fundamental es la familia. Esta familia se compone de una persona que ejerce el patriarcado. Y se encuentran desde el viudo o el soltero con familiares o sirvientes hasta la familia numerosa con varios hijos y varios sirvientes (gañanes o mozos de soldada o suelos y sirvientes ganaderos o porqueros). Generalmente, en las casas de los más pudientes (los labradores de cortijos y los pujareros) suelen aumentar el número de miembros, mientras que los jornaleros y las viudas, salvo el caso de algunas labradoras, las familias no llegan a sobrepasar los tres miembros. Conforme se alcanza el siglo XX, el núcleo familiar queda reducido a grados de parentesco, y no se adscriben los miembros ajenos a los vínculos consanguíneos
En la mayoría de las viviendas rurales, el centro de la casa es el cuarto de entrada, que hacía las veces de comedor y cocina, cercano al portal, que no siempre se encuentra en las viviendas. Su mobiliario consiste en una mesa muy modesta, unas banquetas y unas sillas de anea. El instrumental de la comida suele ser platos y cucharas de palo, a veces de cerámica o de otros materiales de alfarería o vidriados. Se da el caso de que una misma familia utiliza la misma cuchara y tenedor, la navajilla suele ser individual. Por turno rigurosos pasaba de mano en mano el cubierto hasta que se agotaba el alimento. El padre iniciaba la primera cucharada y daba la señal del final de la comida con la guarda del cubierto en el cebero. A continuación, suelen los campesinos atender los animales en los tinados, cuadras, caballerizas, zahurdones y gallineros. Y bajo la luz del candil o la lumbre, la sobremesa es la antesala de las horas de sueño.  Suelen prevenir la labor del día siguiente, realizar algunas labores de telar, punto e, incluso, del horno de pan. En la tertulia, el padre de familia suele contar algunas historias o leyendas de su pasado miliciano, y no quedan en el arcón del olvido las vivencias de santeros. Abundan también las leyendas de fantasmas, tesoros y bandoleros y triángulos de amor. Solía concluir la tertulia con el rezo del rosario entre los labradores, que se despedían de la patrona colgada en las litografías adquiridas a los demandantes que acudían a las casas y cortijos con motivo de las fiestas de la Virgen de las Mercedes, Cristo de la Salud, Cristo del Paño, Aurora y Santo Domingo. Y así lo recogía Antonia Conde: Labrador, si tú quieres,/ fruto del campo, /con tu mujer y tus hijos,/ reza el rosario,
            Juega, entre los vecinos de los partidos del campo, un papel fundamental el Zaor, que es una palabra vulgar con el apócope del zahorí, generalmente ejercía de ministro de la justicia, vocal de barrio y, ya muy adentrado el siglo, de alcalde pedáneo.  Este personaje suele desplegar, en la vida de los aldeanos y cortijeros, una influencia proverbial. Lo mismo daba recetas vegetales para la cura de las enfermedades, que interpretaba todos los sueños y desvaríos del entendimiento. Como trotamundos, les proyectaba la mente a los parajes más exóticos del mundo, y, como hombre organizativo, lo mismo preparaba una procesión que un carnaval en una concentración de vecinos de los cortijos, o una fiesta de la cruz en una era. En estos terreros muy secanos, su mayor impacto lo ejercía en la búsqueda de las aguas subterráneas y en la proyección y apertura de pozos.
 El horario de la gente del campo se regía por la universal ley de “sol a sol”, y, en las primeras luces de la alba, tras el canto de los gallos, se incorporaban a sus tareas en las tierras roturadas que rodeaban a la vivienda, en las propias o del cortijo arrendado. Generalmente, su trabajo consistía en la tala de los montes, roturación  de campos, siembra, escarda, siega y recogida de la cosecha por ser los campos de sembradura que
solían calificarse de diversas cualidades ( desde la primera calidad, sin interrupción de siembra anualmente, hasta la sembradura de habas, yeros y escañas de seis años en seis años que ocupaba la cuarta escala); por las tierras de Alcalá, el viñedo suele ocupar el laboreo del olivar, y se complementa con el zumacal y la ganadería, pastoreo, y la apicultura. El que ocupaba mayor número de personas se relaciona con el laboreo de los cereales. María Pilar  Contreras así lo describe : “Lejos de arredrarles o entristecerles el natural cansancio por  producido por la continua tarea,  alegres y solícitos, dan al viento cantares  característicos del país, mientras los capataces o aperadores con la mayor pulcritud y agilidad condimentan el rico y fresco gazpacho  que les ha de servir de merienda, después de transportar de un lado a otro los sacos o costales repletos de semillas; esta animación y pequeña algazara dan vida y colorido al cuadro que alumbrado por el sol de Andalucía, ofrece un golpe de vista admirable[2]”. A principios de siglo XX,  Jesús Rodríguez Jiménez comentaba la vida campesina y abundaba en otros detalles, distinguía ente los trabajadores fijos de los cortijos  y eventuales, el lugar de contrato en los alrededores del hostal de la fundación Moya, o en Consolación, la función del amo que proporcionaba pan, tocino, ajos y aceite  para hacer las migas, el comienzo de la jornada tras la comida miguera, el final de la jornada con el Ave María Purísima del aperador, el gazpacho del mediodía y el cocido de noche, la  rebusca y de frutos silvestres, volatería caracoles y ranas  por los eventuales.
No todo radicaba en trabajar, sino que solía acabarse el final de una cosecha con la fiesta del remate, a la que acudían todos los jornaleros a la casa de un labrador y celebrar una fiesta. Decíamos “… lo hacían nuestros paisanos, a lo largo de las diversas estaciones del año y en las tareas agrícolas y artesanales. Desde los encuentros familiares y festivo s, como el nacimiento, boda, petición de mano, hasta los puramente religiosos, como las fiestas navideñas, ofrecían momentos oportunos para desarrollar la copla andaluza, composición breve, poética, que suele servir de letra a un cantar   En nuestra tierra abundan las canciones de olivar, de arriero, de coro[3]. En las Caserías de San Isidro, resalta esta canción labradora, recogida por Rafael Jesús Peinado Cano: “La perdiz canta en el monte, / la liebre en el retamal, / el gazpacho en el dornillo. / ¡Vámonos a merendar!
 
 
EL NACIMIENTO
El nacimiento de un miembro familiar era celebrado siempre por todos.  El Zahorí era convocado para leer el futuro del niño, y, lo que era muy frecuente, ante las primeras enfermedades prevenir o curar el mal de ojo de los recién nacidos, ya que abundaba la muerte de los recién nacidos y de las madres en medio de unas condiciones ínfimas para realizar el parto con el uso de barreños y los recursos más artesanales que podía uno figurarse. Por eso, solían trasladarse los más pudientes a la ciudad de Alcalá la Real, en los días anteriores del parto para ser asistidos por las comadronas. Es curioso que muchos pequeños solían morir en los primeros días de verano y saciaban su tristeza aludiendo que los recogía bajo su manto la Virgen del Carmen, devoción que se extendió en la iglesia de la Veracruz. Antes del nacimiento, se solía preparar el vestido que dominaban de “cristianar”, con su gorrito y capa blancos o de color hueso, la cuna y los amuletos o medallones, sobre todo, del Ángel de la Guarda, y se elegían los padrinos de la ceremonia. No siempre daba lugar a todos estos preparativos, sino que, a veces, ante riesgo de muerte, se hacía en los primeros días del nacimiento.
El día del bautizo se centraba en la ceremonia religiosa y el baile posterior, al que se invitaba familiares y amigos.  Lo más curioso es el ceremonial de regreso a la casa de la familia del bautizado. Suelen acudir a la puerta de la iglesia los niños de los vecinos y familiares, que arremeten contra los padrinos a gritos de “roña, roñica, una lismonica…” roña, roñura, si no me das un chavo, que se muera la criatura…”. Desde el templo hasta la casa del nacido, el padrino saca de sus bolsillos monedas de poco valor y las arroja a al suelo para que las recojan los zagales al vuelo. En el portal se repite en varias ocasiones la misma tirada de monedas. A continuación, se celebra un pequeño convite, al que se invita con garbanzos tostados, licores, arresoli. A veces se hacen bailes entre los presentes en el salón de la casa.  Si recogemos un baile aldeano, María Pilar Contreras así nos lo describe:
“En las fiestas de campos, días de rifas (hoy muy frecuentes en las aldeas), bautizos, bodas y romerías, abundaban las almendras y el garbanzo tostado; y alguna vez, muy rara, por cierto, el licor (según ellos el arresoli), bebida clásica, superfina, que solo se usaba en las grandes solemnidades.   


EL MATRIMONIO


Eran frecuentes las concentraciones humanas en las aldeas con motivo de sus patrones, las cruces y el uno de mayo, los remates, el carnaval…Eran momentos propicios para el encuentro entre jóvenes.  La pedida de mano a los padres se declaraba y se representaba con muestras de regalos y, sobre todo, los pañuelos. Dolores López cantaba: Ese pañuelo que arrojas, /en el suelo despreciado, / recógelo, tu , velera, /por ser de tu buen amado./ Ja, ja, Así me lo pongo bando/, así, a lo bandolero, /así a lo sevillano/, y así a lo caballero, /, ja ja//. Y la presentación oficial ante los vecinos del a aldea o cortijada. Era frecuente que mostraran una rigurosa seriedad en la primera salida, se asistía a la misa de la ermita, junto con familiares y amigos, y, si existía algún puesto, convidarse tras la ceremonia. Tras los meses posteriores de maduración del noviazgo, se fijaba la fecha de la boda. Por un lado, la novia se esmeraba en asimilar todas las enseñanzas de la comida y mantenimiento del hogar junto con la preparación de su ajuar. Por su parte, el novio deja de frecuentar los encuentros con otros amigos en fiestas de aldeas, y se dedica a ahorrar para tiempos posteriores al matrimonio. Suelen existir acuerdos de dote. Las familias más hacendadas reflejaban la dote que se les concedía a los hijos mediante un documento ante el escribano, y, posteriormente, el notario. El estudio de los enseres y bienes que se suelen recoger radica en una lista muy variada, que, al final, se reduce a cantidades de la moneda del momento. Se especifica desde las fincas que se incluyen en la prestación dotal desde una finca extensa hasta el último broche de adorno, pasando por el mobiliario de cuartos, cocina, aposentos, vestuario, ornamentos y cuadros, instrumentos y herramientas de oficios y de labranza, censos, y memorias. Varía de una familia a otra y sería objeto de otra comunicación.
En las casas y, sobre todo, en las aldeas, se suele hacer la limpieza general de la casa, y no es de extrañar que la primera mansión del nuevo matrimonio se reserve en una parte de la casa o se amplíe una parte del cortijo. Se suele prevenir la alimentación matando los mejores carneros, elaborando queso y requesón, y reservando huevos y gallinas para la pepitoria.
Los días anteriores de la boda eran muy propensos para invitar a los vecinos a que acudieran a la casa del nuevo matrimonio para que contemplaran sus habitaciones y estructura, los enseres y el estado de la nueva vivienda. Es curioso que, sobre la cama, algún bromista coloque unas tijeras y, en alguna alcayata, un pero colgado de una cuerda. Esta costumbre la usaba el sacristán de la iglesia Francisco Gámez, cuando se hacían reformas en la ermita de San Juan. Era una manera de vacunarse ante las críticas de los invitados.  A la boda y el convite, asistía todo el mundo sin tarjeta de invitación, esta costumbre todavía se mantiene en algunas aldeas alcalaínas. El día de la boda, antes de acudir a la ceremonia, los padres de los contrayentes impartían una singular bendición a cada uno de sus hijos, y se cubren con la célebre capa española o los mejores trajes. Benigno Trujillo, a sus 94 años, así lo recordaba: “Por la salud, señorita, / y la de tu esposo amado, ya dejas de ser mocita, Dios te eche la bendición, / de bienes y salud colmada, / Es distinta obligación, / como mujer casada./[4] En las aldeas, incluso en verano la capa es signo de alcurnia y se tocan con pañuelos  de color en la cabeza. Existían unos cantos relacionados con los pañuelos.   Cada invitado forma la correspondiente comitiva de los contrayentes por separado y le acompaña desde la salida de su casa hasta la iglesia; en primer lugar, lo hace el novio con sus familiares o amigos, que recogen a la novia, y, juntos acudían a la iglesia, con la preeminencia de las mujeres y los hombres cerrando el desfile nupcial. El ceremonial se llevaba a cabo ante el sacerdote, según el ritual católico. En las aldeas que no podían celebrarse misa se hace en las parroquias.  Y la vuelta se hacía a caballería u al trote. Suelen asomarse al camino los vecinos de las cortijadas y arrojar trigo a su paso sobre las cabezas tras la vuelta al hogar; los padres suelen invitar a una copita de aguardiente o licor.  Y, a continuación, se asistía al banquete o convite. En las aldeas, en una habitación de un cortijo grande, aposento principal, orlado de colchas, cuadros y flores.  En un lugar destacado se colocaban novios y padrinos. Al final de la comida la novia “ponía la falda”, que consistía en que en su regazo colocaba un pañuelo, en el que recibía los presentes, en la mayoría de las ocasiones dinero puro y duro, que donaban los invitados haciendo ostentación de entrega.  Los primeros que entregaban eran los padrinos y padres de los novios; luego los invitados y finalmente las mujeres. En las aldeas decíamos “similar a casco urbano, guarda aquí todavía aparecen días especiales”. Pues el padre del novio llevaba a cabo intercambian de una manera solemne una serie de frases con el de la novia, que se mantuvieron hasta muy reciente tiempo.  Tras su ofrenda siguen los padrinos e, familiares e invitados, con frases como Quisiera que usted fuese una cosa como usted se merece.  Todos en silencio lo atienden y dice:  - ¿Me da su merced licencia para hacer una dádiva a la señora novia?  Le responde el padre del novio: Haga usted la dádiva y Dios se lo premie.  Al anochecer, se regresaba a los hogares.
 Al final de este ceremonial, se encerraban los novios y padrinos y contaban el montante de los donativos. Luego, se servía chocolate y roscas, arresoli, bizcochos de canela y de boda. Se acababa con un baile, amenizado por las cámaras de música, y en el siglo XX, pequeñas orquestas, de instrumentales básicos, en los que se impone poco a poco los bombos y la batería como percusión, una trompeta, un vocalista, y un acordeón. Los muy pudientes y hacendados prolongaba durante tres días la celebración del matrimonio y el segundo día se suele hace la convidada de la mañana recorriendo diversos domicilios y con degustación de licores y aguardiente con dulces. Era frecuente, que, durante el primer año, el nievo matrimonio mantuviera el vínculo en casa de los padres.
Unas bodas especiales eran las de la etnia gitana, con sus rituales especiales del paso del pañuelo, y el predominio del cante de castañuelas al son de la guitarra y el vino de las sierras subbéticas.
Otra boda singular era la que enlazaba la pareja con un viudo, no se veía privado de la cencerrada. Consistía en la concentración de los jóvenes y vecinos a cantarle chanzas y hacer percutir el instrumental más insospechado de cocina y de labranza bajo el balcón o ventana del nuevo matrimonio durante varios días.
LA MUERTE
Antes de producirse el óbito final, los enfermos suelen recibir la extremaunción. El sacerdote acudía acompañado del sacristán y de un monaguillo, que tocaba la campana y avisaba paso del sacramento. A su paso, dos familiares solían portar dos farolillos para iluminar el paso por las calles y prevenía a los vecinos y los que se cruzaban para santiguarse y entonar un padrenuestro por el moribundo. Ceremonia especial era la del Santo Viático o el Señor de los impedidos, que consistía en trasladar la comunión a los más impedidos. Este acto se organizaba desde las parroquias y se hacía un día especial en otoño, en forma de procesión. Solían llamarse a la de las Angustias el Dios de Arriba y a la Santa María la Mayor el de abajo. 

La muerte se anunciaba hasta mediados del siglo XX con el redoble de campanas, que variaba su cantidad de sones de acuerdo con el sexo y la categoría social. En las parroquias, y los más hacendados en la torre de la Iglesia Mayor.  A la llamada de la campana, suelen acudir los vecinos, amigos y familiares a la casa del difunto. Raro es el caso que se realice en un salón de una institución, y se acude para dar el pésame a la casa del finado. Consistía en una frase lúgubre acompañé a usted en su sentimiento. Y suelen sentarse en torno al féretro y en las habitaciones del portal, donde no suele hablarse o a lo más, se hace una pequeña hagiografía, con un final que descanse en paz. Se escuchan algunos gemidos de las mujeres, y a veces se enjuga la pena con algunos platos de bizcotelas u chocolates. El ritual de la muerte de un niño, encerrado en un ataúd banco, como signo de pureza, era muy curioso. 
Decíamos “Con la impresionante fe en la vida, se baila alrededor de los angélicos, con castañuelas, bebiéndose vino y comiéndose garbanzos tostados”. En la muerte de los adultos, acudían los vecinos y familiares solían tocarse la cabeza con pañuelos de colores., según María Pilar Contreras.  En la ciudad, se suele enterrar en las iglesias, ermitas y algunos cementerios colindantes como en la Veracruz, hasta mediados del siglo XIX, asistiendo las cofradías con sus estandartes, cruz y hachones y cera a la misa y al entierro en la cripta de la cofradías y hermandades o de familias notables, todo ello pagado por ser miembro de asociación o familia.

 Hasta finales del siglo XX a la población de todo el término, se trasladaban los difuntos a los dos cementerios de la fortaleza de la Mota, al situado, primero dentro de la iglesia y, posteriormente, la de fuera del recinto sagrado en sus dos secciones; por otra parte, a los que se declaraban neutros como los masones o republicanos lo hacía en las Entrepuertas en el Pósito de la ciudad. Pronto surgieron cementerios en las aldeas, comenzando por Charilla, Mures, Santa Ana, San José, las Riberas y la Rábita.  Y, en algunas, hubo hasta dos cementerios como en Charilla. Solían hacer el velatorio en algunas iglesias del extrarradio y luego subir a la Mota de noche a la luz de los farolillos de la Aurora, con el ataúd y luminarias (el número de faroles variaba según la categoría social de los familiares que costeaban este servicio). Desde las aldeas solían traer a los fallecidos en unas parihuelas de madera sobre los mulos y, a veces, a hombros.
 
EJEMPLO DE HÁBITAT RURAL
CAÑADA HONDA
Esta zona  manifiesta la evolución de lo rural a las nuevas formas de mecanización.
 Desde el cruce de la carretera de Fuente Álamo, bajando el camino lindero con la actual carretera de Priego por el entorno del antiguo cortijo del Fundo, o de las Monjas Dominicas, se desciende entre olivos hasta el cortijo y molino de la Chinche, deteniéndose en el núcleo en torno a la ermita de las Casería. Virando hacia el oriente, por un camino secundario y tras una subida, y pasando bajo el cerro de la casa de Juan Rufino, dejamos varias casas abandonadas de Canales y otras en usos ganaderos, por medio de ribazos y lindazos de flora silvestre de gayumbares, majoletas, tapaculos, encinas y alguna hoguera, nísperos, hasta llegar al pequeño puente que salta el arroyo de Cañada Honda. Desde allí se perciben las casas de los Bonifacio, Vitela, y se contemplan los cortijos de los Coscojales, el cerro del Olivar, Camy, la Saetilla, Cornicabra, Toro y Albarizas. Por camino lindero al arroyo, se sube hacia la carretera de Fuente Álamo, dejando atrás casas de Benignos, fuente y lavadero de la Rata, casa Bonifacio, Pulido, Retamero, Custodio entre otras y mirando a la derecha los olivares del cortijo de las Monjas. Tras llegar al cortijo de Bermejo, se desciende al punto de partida. 

Se observa el paso de los tres tipos de viviendas (cortijo de teja, vivienda de teja o de retama y chozón de retama) a la proliferación de casas de segunda vivienda o de aperos, casas abandonadas de teja, y los cortijos y chozones desaparecidos o sustituidos por grandes naves de maquinaria agrícola.  desparecidos que recuerdan las dimensiones en torno a las diez varas y la presencia de un   lavadero común convertido en fuente sin agua. Es curioso el vestigio de las casas de teja o chozones de retama:  suelen conservar unas diez varas de frente y unas cinco de fondo; a veces se adosan a cuevas naturales que le sirven de caballerizas o cuadras, de dos plantas- la primera hace de portal, cocina y cuarto con una sola puerta o portón; y la segunda, con uno o dos pequeños vanos hace de cámaras. Estas casas se han transformado en viviendas similares al casco urbano, tras adosarle varios cuerpos y abrir otro tipo de balcones de cerrajería metálica. 



La tipología de los cortijos varía












 de una zona a otra, pero suele diferenciarse muy poco, salvo el contenido de sus elementos interiores y las dimensiones de anchura y longitud, así como la presencia de edificios anexos: corrales, tinados, pajares, zahurdones, chozones y cuevas. En las Caserías, junto al de La Cuesta de las Monjas dominicas se labraba en 1750 el cortijo del Allozo. Este era la situación de partida

El aparcero era Manuel Nieto (vecino 2054), un  labrador de 60. Su familia se componía de su mujer María de Peñalver, seis hijos entre ellos os hembras. Este cortijo pertenecía al presbítero Gaspar de Jerez en la Fuente del Allozo. Sus habitaciones se componían de un cuarto y cocina en bajo; y cámara y pajar, en alto; a estos elementos se añadía el corral. No era de grandes dimensiones, tan sólo, de cinco varas de frente (unos cuatro metros y medio) y ocho de fondo (unos siete metros), y se diferenciaba de la mayoría de ellos, que solía ser la fachada de la puerta de mayor longitud que el fondo o hastial. Como era lógico, se justificaba su construcción y uso por estar rodeado de 130 fanegas de tierra (linderas con las monjas dominicas de la Encarnación, del cortijo don tierras de don Pedro de Viedma, con el camino de Priego. Mantenía en tipo de arrendamiento más frecuente de siete partes se pagaban dos partes al dueño y al cuarto de semillas. Estos cortijos mantuvieron un paisaje entre tierra sembradura y monte, pues el del Allozo, con 120 encinas y quejigos en 12 fanegas, se labraban 112 de tercera calidad, 25 de segunda, 30 de tercera, y 37 de cuarta.
 Los labradores solían complementar sus recursos y ganancias con el arrendamiento de otras tierras. Este era el caso del labrador del Allozo, porque tenía arrendadas 16 fanegas en la Cañada del Dornillo, labradas a manchones y restantes de sembradura, lindera con tierras del Pósito, de la Santa Iglesia Mayor, herederos de don Lorenzo de la Cruz, y el arroyo que bajaba de la Cañada del Membrillo, con 24 encinas y quejigos. Lo arrendaba de ocho partes / dos para el dueño, y al cuarto de las semillas por ser de tercera y cuarta calidad. 

Y complementaba sus recursos con ganadería y animales domésticos: para alimentación y labranza 4 vacas, para transporte y traslado de personas, una yegua y una jumenta, Y para consumo familiar, 3 cerdos de cría, 3 lechones y 6 lechonas. Curiosamente, sabía leer y escribir y no sabía firmar. 
Este cortijo se encuentra inventariado en una reciente edición y así se especifica su conservación: Caserío de reducidas dimensiones, vinculado a terrenos en principio de sembradura, plantados de olivar en las últimas décadas del siglo XX. En origen configuraba un conjunto de planta en L, con patio delantero, al que se fueron añadiendo varias edificaciones transversales. En el cortijo destaca el bloque, mejor conservado, de una voluminosa pieza de dos alturas, con la vivienda principal, bajo tejados a cuatro aguas. Parte de las dependencias se encuentran muy deterioradas[5].
Muchos cortijos   cayeron con el tiempo en manos de rentistas foráneos, que enlazaron por uniones matrimoniales con hidalgos alcalaínos. Este es el caso del cortijo de la Fuente la Negra

[1] MURCIA ROSALES, Domingo y MARTIN ROSALES, Francisco. Alcalá la Real. Cancionero, relato y leyendas. Alcalá la Real. 1993.
[2] CONTRERAS, María del Pilar, La andaluza, Costumbres de Alcalá la Real (Jaén). Manuscrito recogido por Manuel Pérez Urbano. Boletín de Estudios Giennenses. Número CL. Jaén 1993.
[3] Ibídem. Pág. 551.
[4] Ibídem. Pág. 553.
[5] CORTIJOS, HACIENDAS  Y LAGARES DE LA PROVINCIA  DE JAÉN. CONSEJERÍA DE FOMENTO DE LA JUNTA DE  ANDALUCÍA.2018.