Archivo del blog

lunes, 26 de marzo de 2018

MI OBITUARIO EN EL JAÉN DE HOY.


JUANA EXPÓSITO SÁNCHEZ

Hace unos años, escribí un obituario con motivo de la muerte del entrañable Pepe Ibáñez Sánchez. Me extendía en la larga y pausada conversación de un soldado que descansaba tras miles batallas, el descanso ganado del guerrero. No olvidaba su inquietud cultural ni la deuda que teníamos con su persona, sobre todo, en el renacimiento de la música alcalaína y el regreso de la Agrupación Musical Pep Ventura. Recientemente falleció su esposa Juana Expósito Sánchez. La recuerdo por las calles altas a la falda del cerro de las Cruces, entre el callejón del Pintor y la Corredera subiendo con dificultad los peldaños de un empedrado que se le hacía muy cuesta arriba, cerca del entorno de la casa de su hija.

 Y mira por donde que su figura siempre me recordó al mítica Penélope, esa mujer paciente y heroína callada que esperaba el regreso de su marido inserto en los avatares de la guerra de Troya. En este caso, Juana escribió su poema épico de una Odisea mucho más prolongada, superior a los nueve años de aquella contienda entre griegos y troyano.  No sé quién desencadenó aquel enfrentamiento. Pues, si seguimos el poema de Homero, todo se origina en torno al Juicio de Paris, pero, si profundizamos en razones socioeconómicas, debió ser el control de los intereses comerciales en la ruta de Oriente a Occidente.
Entre Juana y Pepe, se vivió una odisea similar que siempre reflejó por escrito el diario secreto donde el marido ausente redactaba con una prosa fluida y pasional su vida llena de aventuras. Juana era la esposa que quedó en la Itaca de la ciudad de la Mota, al verse trucado el regreso por otra guerra fratricida, en la que el joven Odiseo de la Sierra Sur entabló los primeros pasos de su combate sobrevenido. Posteriormente, se desencadenó un relato inverso al itinerario del poema griego, vinieron años en los que Juana tuvo que tejer desde el lamento por la derrota,  el presidio cavernario en diversos escenarios de las cárceles,  el destierro a tierras sevillanas, las tentaciones de Calipso y Nausica, el tapiz retejido con miles de escenas no deseadas recordando a los  peligros de los lotófagos y de Polifemo, el cuidado de su hija sin apenas conocer a su padre  hasta su adolescencia, los Antinoos y al Laertes de turnos, y siempre, por encima de todo, tejiendo en el tapiz la diosa Lealtad, mientras Pepe respiraba la libertad conseguida y obligada a marchar por tierras  catalanas. Y, nunca pudo olvidar el regreso de su guerrero hacia la tierra que le vio nacer, a su Ítaca ansiada en la que compartió su amor tejido en la juventud.  En la atalaya de la Corredera como un faro de mar, compartió los últimos años de su esposo como si quisiera recorrer todo el tiempo perdido de su ausencia, la propagación de la afición de la música en recrear la nueva banda municipal, en fundar rondallas, o en renovar la banda mixta, fue un pionero en crear academias para el fomento del arte de la musa Euterpe. Y siempre Juana complaciéndolo en todas sus aficiones de la época de júbilo como cronista visual y escritor de las costumbres de la ciudad. Hasta el día que le dijo adiós definitivo hacia tierra de Caronte, y se quedó bajo el cuidado de su nieta María José y de toda su familia, que guardó los secretos de aquella Odisea y, sobre todo, cuidó con más mimo incluso que la diosa Atenea a su abuela Juana hasta su óbito a la tierra prometida, donde tejerá el tapiz definitivo.

JUANA EXPÓSITO SÁNCHEZ

Hace unos años, escribí un obituario con motivo de la muerte del entrañable Pepe Ibáñez Sánchez. Me extendía en la larga y pausada conversación de un soldado que descansaba tras miles batallas, el descanso ganado del guerrero. No olvidaba su inquietud cultural ni la deuda que teníamos con su persona, sobre todo, en el renacimiento de la música alcalaína y el regreso de la Agrupación Musical Pep Ventura. Recientemente falleció su esposa Juana Expósito Sánchez. La recuerdo por las calles altas a la falda del cerro de las Cruces, entre el callejón del Pintor y la Corredera subiendo con dificultad los peldaños de un empedrado que se le hacía muy cuesta arriba, cerca del entorno de la casa de su hija.
Descripción: C:\Users\usuario\Desktop\IMG-20180221-WA0010.jpg Y mira por donde que su figura siempre me recordó al mítica Penélope, esa mujer paciente y heroína callada que esperaba el regreso de su marido inserto en los avatares de la guerra de Troya. En este caso, Juana escribió su poema épico de una Odisea mucho más prolongada, superior a los nueve años de aquella contienda entre griegos y troyano.  No sé quién desencadenó aquel enfrentamiento. Pues, si seguimos el poema de Homero, todo se origina en torno al Juicio de Paris, pero, si profundizamos en razones socioeconómicas, debió ser el control de los intereses comerciales en la ruta de Oriente a Occidente.
Entre Juana y Pepe, se vivió una odisea similar que siempre reflejó por escrito el diario secreto donde el marido ausente redactaba con una prosa fluida y pasional su vida llena de aventuras. Juana era la esposa que quedó en la Itaca de la ciudad de la Mota, al verse trucado el regreso por otra guerra fratricida, en la que el joven Odiseo de la Sierra Sur entabló los primeros pasos de su combate sobrevenido. Posteriormente, se desencadenó un relato inverso al itinerario del poema griego, vinieron años en los que Juana tuvo que tejer desde el lamento por la derrota,  el Descripción: C:\Users\usuario\Desktop\Nueva carpeta\IMG-20180221-WA0011.jpgpresidio cavernario en diversos escenarios de las cárceles,  el destierro a tierras sevillanas, las tentaciones de Calipso y Nausica, el tapiz retejido con miles de escenas no deseadas recordando a los  peligros de los lotófagos y de Polifemo, el cuidado de su hija sin apenas conocer a su padre  hasta su adolescencia, los Antinoos y al Laertes de turnos, y siempre, por encima de todo, tejiendo en el tapiz la diosa Lealtad, mientras Pepe respiraba la libertad conseguida y obligada a marchar por tierras  catalanas. Y, nunca pudo olvidar el regreso de su guerrero hacia la tierra que le vio nacer, a su Ítaca ansiada en la que compartió su amor tejido en la juventud.  En la atalaya de la Corredera como un faro de mar, compartió los últimos años de su esposo como si quisiera recorrer todo el tiempo perdido de su ausencia, la propagación de la afición de la música en recrear la nueva banda municipal, en fundar rondallas, o en renovar la banda mixta, fue un pionero en crear academias para el fomento del arte de la musa Euterpe. Y siempre Juana complaciéndolo en todas sus aficiones de la época de júbilo como cronista visual y escritor de las costumbres de la ciudad. Hasta el día que le dijo adiós definitivo hacia tierra de Caronte, y se quedó bajo el cuidado de su nieta María José y de toda su familia, que guardó los secretos de aquella Odisea y, sobre todo, cuidó con más mimo incluso que la diosa Atenea a su abuela Juana hasta su óbito a la tierra prometida, donde tejerá el tapiz definitivo.

domingo, 25 de marzo de 2018

EN DIARIO JAÉN. SEMANA. LA SEMANA SANTA VIVIENTE
















En la Semana Santa jiennense predominan las estaciones de penitencia con diversas modalidades. Abundan las manifestaciones religiosas en forma de procesión en torno a diversas imágenes que conforman los diversos tramos de este desfile. Dicha celebración se complementa de un protocolo, en el que se inicia con la cruz guía o la  cruz parroquial y acaba con una agrupación musical pasando por un cortejo de personas vestidas de nazarenos, damas ataviadas de mantilla, insignias, símbolos, estandartería y representaciones capitulares y de hermandades. En muchas de ellas, los anderos han sido sustituidos por los nuevos costaleros bajo los majestuosos tronos y canastillas que portan las devociones singulares de la Pasión. Curiosamente, esta iconografía desborda el primer sentido o simbología del origen de muchas estaciones de penitencia. Pues nacieron, en otros tiempos, desde que se quiso evangelizar en la calle y catequizar con el género que más entusiasma a los vecinos, el teatro. Este salió a las calles desde las catedrales y los templos, donde se realizaban pequeñas escenificaciones denominadas en unos tiempos misterios, en otros autos e, incluso Coloquios. Si se ahondara en los archivos de muchas parroquias no es de extrañar que algunos pasajes de la Vida de Cristo se escenificara, desde Navidad hasta su Muerte y Resurrección.
                Muestra de este variante pasional son los pasos vivientes que abundan en la Sierra Sur. Formaban parte de un legado patrimonial que tratan de mantener todas las cofradías y se han visto refrendadas con las denominaciones de interés turístico. Comparten unas vivencias que, incluso, se asemejan a pueblos del sur cordobés y de las tierras sicilianas, como se han manifestado en dos exposiciones  de Caminos de Pasión celebradas recientemente. Este teatro en la calle recibe diversos nombres desde la pasión viviente al más genérico de pasos. No en el sentido de la Semana Santa más genérica, sino en pequeñas piezas  interpretadas  por diversos hermanos de cofradías interpretando pasajes bíblicos, a la manera de los autos, en este caso, generalmente de Pasión. Se remontan estas escenificaciones en torno al siglo XVI y no se centran en la secuencia pasional. Desborda el contenido de la Pasión de Cristo para remontarse a los primeros capítulos de la Biblia. Desgraciadamente, estos pasos del Antiguo Testamento  han desparecido en su mayor parte y en las propias cofradías. Con el nombre de los Planetas, la cofradía de la Veracruz de Alcalá la Real representaba el Paraíso Terrenal, e, incluso, se atrevía a mostrar la cosmología de su tiempo con los Planetas o su visión terrenal con el Auto de la Muerte mediante  el diálogo entablado entre el diablo y la muerte con su guadaña. En forma de desfile procesional, tampoco se conservan          los pasos de los Profetas, Jueces, Ángeles y Arcángeles. Sólo como una rara avis, el Paso de Abraham  se mantuvo hasta el siglo XX en casi todos los pueblos de la Sierra Sur (Alcalá, Castillo de Locubín, Frailes Valdepeñas y Fuensanta). No ha decaído nuca y es un símbolo semansantero en la mañana del Viernes Santo de Alcaudete con una escenografía muy similar a la que solía frecuentarse en los diversos pueblos del Sur. Pequeños escenarios de madera recordando el carro de Tespis , sobre los que montaban estos ingenios y autos  provenientes de los desfiles de  máscaras de las fiestas municipales. De la Nuevo Testamento, se conservan los pasos de los Apóstoles de Alcaudete y Alcalá la Real, pero ha desparecido el numeroso grupo de los Discípulos de Jesús, superando a los setenta,  que en Alcalá la Real pervive testimonialmente  con sus túnicas blancas y, adaptando su mortaja y corona con unas pequeñas cruces y estolas  portando la mesa de la Santa Cena, estelas con los versículos  del Credo o la simbología de sus oficios o atributos devocionales.
                En la Sierra Sur, las escenas pasionales perviven, así como otros recursos escénicos para comprender unos artificios en forma de mímesis, sin apenas palabras y con otros personajes, que a veces asumían los soldados de la propia tropa de la ciudad o los propios penitentes. Son los pasos o escenas de los momentos más importantes de la Pasión de Jesús. La Cena se celebra en Alcaudete y ha recuperado Valdepeñas o se ha adaptado a los nuevos tiempos en Fuensanta. El Prendimiento se realiza en Alcaudete y en Alcalá (aquí en Viernes Santo extemporáneamente y dentro de la misma manifestación religiosa sin escenario alguno), y se ha readaptado en los otros pueblos de la Sierra Sur. La Sentencia y Condena se mantienen en Alcaudete y en Alcalá, pero ha sustituido el diálogo con el pregón de deje aflamencado de unos pregoneros que sustituyeron al clero que iba acompañando a las imágenes y, junto con los ministriles, cantando o recitando la Pasión. Incluso se conservan los textos, provenientes de pequeños libretos o manuscritos de siglos pasados como los del Castillo de Locubín o Valdepeñas, o a través de la tradición oral con sus deficiencias de transmisión en textos repletos de anacronismos. Los Reos, con  el nombre del Mal y Buen Ladrón, se exhiben en  Alcalá con ribetes de personajes de la Santa Inquisición y pervive en Alcaudete; la Venta y el Arrepentimiento de Judas es un paso que nadie puede perderse de ver en la mañana del Viernes Santo de Alcalá la Real. La Lanzada, denominada en otros lugares como el Cristo de la Expiración, recuerda tiempos de siglos pasado con figuras como el Lazarillo. El Lavatorio de las Manos de Pilatos, el Juego de la Túnica, Simón Cirineo, los Azotes, la Velada, la Verónica o el Encuentro con las Mujeres se ven recreados por actores de la Sierra Sur, una veces a la manera de las antiguas mascaradas de sayones, judíos, romanos y soldados de la ciudad con los rostrillos de la Semana Santa de la Ciudad de la Mota, y otras veces, con personajes que acercan la pasión al siglo XX,  como  en Fuensanta de Martos o en Frailes.
                No es extraño que estos retazos de la Semana Santa sean una joya del patrimonio jiennense que debemos conservar e invitar a otras personas para disfrutar del patrimonio . Pues, en palabras de los organizador de Pasos y Misterios. Semana Santa  en el corazón de Andalucía y Sicilia,  constituyen que “la historia milenaria del Mediterráneo ha cruzado desde tiempos remotos los destinos de Sicilia y Andalucía, cuyas regiones comparten un alma cultural común que ponen de manifiesto todavía rituales, ceremonias y tradiciones legendarias que mantienen vivos. (…)  el particular modo que tienen los municipios de sentir, vivir y celebrar la Semana Santa, descubriendo al visitante las singularidades y similitudes de territorios hermanos. Y, en Jaén, la huella quedó clara en los pueblos del Sur con sus Semas Santas vivientes.

sábado, 24 de marzo de 2018

  
LAS CASERÍAS DE SAN ISIDRO (Y II)



Existen rutas que recorren las aldeas y la ciudad de la Mota u otras que podrían agruparlas. Las hay de los Castillos y las Batallas que por estas tierras dejó su huella en las atalayas levantadas sobre los cerros; pasan por las Caserías las del Califato y de Washington Irving que hacen escala por estas sierras tras su azarosa estancia en Priego de Córdoba; la carolina, o imperial de Carlos V y la de Caminos de Pasión.
Otras rutas se podrían abrir. En el cortijo de las Monjas, se ha diluido la huella iberorromana de un asentamiento arqueológico, con diversos estratos que cimentaban diversos momentos del paso del hombre por estos lares, desde la erótica lucerna romana hasta el pilar de la época moderna y la era de los tiempos de la roturación.  Es un paisaje que, situándose en el carril antiguo junto a la nueva carretera de Priego, se transforma en un mirador singular desde donde se divisan la torre de los Pedregales, la Fuente la Negra, el cerro de la Cruz, y la Tiñosa al fondo; o, si se asciende, se proyecta la sombra vespertina de Pineda, las Albarizas, cerro de la Jurada y la Acamuña. Como el poeta cantaba, te absorbe la loma abarrancada:  Entre un mar de olivares, /paisaje del mundo, /sonreía Pineda, /a los lejos del Fundo.
       Esta aldea hasta tuvo punto de parada y caballeriza. La distancia tan cercana a la ciudad de la Mota, sin embargo, ha cortado la expansión de aquel núcleo concentrado en torno a la Venta de la Fantasía, la escuela de los años cincuenta y la ermita de Nuestra Señora de Fátima. Esta fue inaugurada en 1976 por el obispo Peinado, y fue su principal patrocinador Bonifacio Aguilera. En los años cuarenta, la escuela rural hizo de iglesia y se introdujo la devoción a la Virgen de Fátima en el núcleo de las CASERÍAS. Hoy, han nacido nuevas inquietudes como el punto de la ITV de Alcalá la Real para la inspección de vehículos de la zona de la Comarca de la Sierra Sur. O el Punto Limpio para estación de recogida y trasvase de residuos urbanos.  O, en la agricultura, el cambio de los antiguos viñedos por los cerezos y, en algunos casos, por los esparragales



Y, sobre todo, por su paisaje sobresale la ruta del Olivar. Su territorio es una muestra clara y bien definida en defensa del Patrimonio de la Humanidad para el Paisaje del Olivo. En un espacio tan disperso y tan cercano a la ciudad de la Mota, no es de extrañar que se plantaran los primeros olivos a las faldas de la señera Acamuña en torno al cortijo Marróun. Y que, en esa misma mansión rural, se abriera la primera almazara del municipio de Alcalá la Real, como se recoge en la declaración privada de este regidor alcalaíno en las manifestaciones personales ante el corregidor Alfonso de Montoya. Tampoco causa sorpresa de que se hayan asentado siempre varias almazaras y puntos de recogida de aceituna. La de Aceites Cervera, situada a la salida de los grandes pagos del Coscojar, Cañadahonda y Corniccabra, una fábrica de aceite que conjuga el buen sabor de los caldos tradicionales con los nuevos cultivos del picual, que por estas tierras se denomina marteño o nevado. O la antigua fábrica de la Concepción Sierra, fundada en 1911, y actual sede y propiedad de Alcalá Oliva. Un edificio modernista con resabios regionalistas, bellamente adaptado a Museo del Aceite, como exponente de nuestro aceite de oliva de Alcalá, donde destaca las pequeñas dosis envueltas en un envase que simula una aceituna, muy apropiada para los desayunos y los aliños de mesa y conocida por todo el mundo.
Sus guías ilustran a los grupos que comienzan a frecuentarlo  maravillosamente del mundo de la aceituna y   la extracción del aceite en esta antigua almazara provista de su tolva, sinfín, molturación, prensa, decante, envasado Y , en el aula del olivar,/se escuchaba la guía/ su lección explicar./ Mientras dan a probar  las variantes de su producto estrella en las gamas de dulce, alimonado, picante, de desayuno...y el vinagre....Desde su mirador en el sótano, se contempla la fortaleza en forma de excepcional mirador:  adiós, san Isidro,/ en la ruta del olivar,/por las Caserías,/se escuchaba al pasar,/caer las aceitunas,/desde el Coscojar.



viernes, 23 de marzo de 2018

UN MARZO AGUADO. EN ALCALÁ LA REAL. INFORMACIÓN.






              
  Como  se cumplan los augurios de marzo, nos espera una primavera  desconocida por estos lares de la Sierra Sur  en estos últimos años.  Pues, si se consuma el  refrán, “Cuando marzo marcea, mayo mayea”, nos espera unos meses  lluviosos y cumpliendo en demasía  las previsiones de los agricultores. Con los campos  verdes, por las fecundas sementeras; los olivos, cambiando su vestimenta amarillenta y enfermiza,  por una copa de verde negro  y una trama a rebosar de un producto que solo puede perjudicar los vientos malignos. Y los árboles frutales tiñéndose de rosas canas y los esparragales    mutando su alfombra ocre  por sus  acanalados regueros de frutos esperados. A veinte  de marzo, se ha superado la media del año agrícola normal de lluvias y nos aproximamos a los tiempos que el paraguas era el objeto que proliferaba en todos los rincones (e, incluso, nadie olvida las sombrerilleras  que arreglaban el paraguas como Mercedes la Barranca),  y, si nos remontamos a tiempos  muy lejanos, hasta podía darse el caso de que las rogativas se transformaban en acción de gracias, los Tedeum abaciales,  o se celebraban para  imprecar el paro de las lluvias. Y es que el agua aporta ilusión y abre las mentes. Hace reflexionar  sobre  todas las circunstancias de la persona. No es de extrañar que, en una sociedad tan envejecida como la de  los hombres de la Mota,  el agua remueva las  consciencias y se alce con las reivindicaciones de los  jubilados. Pues las personas de la Tercera Edad  han sido siempre conscientes del esfuerzo conseguido con su trabajo  que, durante muchas veces, se ha prolongado  más allá de los cuarenta años cotizados. Y no digamos los tiempos  que, como aprendices, tuvieron que  trabajar sin más que alguna que otra propina,  y sin cotizar ni a la Seguridad Social ni recibir emolumento alguno, simplemente para  poder colocarse en la lista de espera de un puesto de trabajo. Nuestros mayores son los hijos  de aquellos que  iniciaron los primeros pasos en la extensión universal  de la Seguridad Social  y recibieron las primeras pagas de su jubilación muy bien ganada con la aportación de su trabajo.    Por eso, a pesar de la lluvia, no tuvieron miedo a  la adversidad  climatológica y  manifestaron que  defendían su más preciada conquista, amenazada por el sistema, y, sufriendo los zarpazos de los duros tiempos de crisis prolongada, solo pagada por  determinados sectores. 
                Con el paraguas en la mano y los toldos de plástico al alcance de los priostes y mayordomos, se preparan las efemérides de la  Pasión. Se ha anunciado y se han hecho eco de la singularidad de la Semana Santa Alcalaína en diversas exposiciones  de Camino de Pasión en el Palacio de la Provincia de Sevilla y en los sótanos de los jiennenses del museo de la mansión de Villadompardo, donde se albergan los Baños árabes. En medio de  escenas de escenas  sicilianas y andaluzas,  se yerguen los pasos de la  Pasión  de  Alcalá la Real. Con el título de Pasos y Misterios, se entroncan dentro de la historia milenaria de  unos pueblos  comprendidos en esta ruta, en la que está  comprendida la ciudad de la Mota. Junto a  los tamborileros de Baena, se  presencia la escena de la Venta con  Judas Iscariote, el Juillas,  y el Capitán de la Tropa de la ciudad haciendo de Anás.  Junto a la singularidad  de la danza de la Muerte italiana, aparece  los rostrillos de la hermandad de los Apóstoles de Alcalá la Real. Junto  a las carreras de los anderos lucentinos, escenas de la mañana del Viernes Santo del municipio de la Sierra Sur como las de los Reos o de los  Judíos a las puertas  del antiguo convento de Consolación. El misterio se hace patrimonio  en muchos rincones de estas dos  regiones del Sur de Europa,  y, junto a las murallas de Carmona, destaca un Cristo  barroco, pero  sobresale la imagen recostada  en las parihuelas del Crucificado de la Salud bajo el dosel de la Roca del Ándalus, de la fortaleza de la Mota.
El agua amenaza lluvias, pero deja entreclaros para las salidas .En estos tiempos  corren muchas formas de entender y vivir   esta semana de Pasión y Pascua, desde la turística, la laica, hasta la religiosa y, vivencial para los cristianos. Al menos,  hay que reconocer, como  escribían  los  organizadores de esta muestra “Imponentes procesiones, curiosas costumbres, tallas de espectacular belleza y manifestaciones de fervor que reflejan  el incalculable valor artístico, patrimonial, social y antropológico de esta fiesta y la identidad de los vecinos”.   De seguro que  desde el más joven al mayor   es consciente que  pasión está ligada con agonía, la lucha por la vida, y esta es más feliz si no olvidamos la solidaridad y la fraternidad.

En la revista semana santa 2018. LA DEVOCIÓN DEL CRISTO DEL PAÑO EN ALCALÁ LA REAL






Hay varias litografías que reproducen el lienzo del Cristo del Paño, del santuario de la vecina villa de Moclín.  Pero destaca la de la sacristía, la de mayor tamaño o faneguera de las dimensiones que las de la Virgen de las Mercedes. Su iconología se presta a ayudar a las personas cristianas en un mal trance o enfermedad y a pedir el auxilio de Dios bajo esta advocación, símbolo de paciencia, mansedumbre y entereza ante cualquier tipo de sufrimiento o de la muerte. Por eso, tampoco nos sorprende que en las paredes de la sacristía del santuario granadino esté enmarcado un reciente poema popular de una persona alcalaína que se vio en esos momentos difíciles y logró liberarse del trance de la muerte acudiendo al Cristo del Paño, imitador de otra imagen de Tiziano y, a su vez del grabado de Durero. En el pie de estas litografías suele aparecer una leyenda SANTISIMO CRISTO DEL PAÑO QUE SE VENERA EN LA IGLESIA DE LA VILLA DE MOCLÍN HA Y CONCEDIDAS 820 DÍAS DE INDULGENCIAS AL QUE REZAREN UN CREDO ANTE SU IMAGEN O ESTAMPÓ POR VARIOS ILLMOS ARZOBISPOS. 
Esta persona no ha seguido sino la huella de otros muchos paisanos que acudían a la romería del cinco de octubre, y acompañaban a los tullidos, inválidos, menesterosos y necesitados que orlaban la calle de la subida al Castillo solicitando el socorro divino ante su enfermedad, y, al mismo tiempo, implorando un milagro, como recogen muchos poemas populares acerca de alguna actuación maravillosa. Desde que esta imagen caló en estas comarcas son frecuentes los minora miracula (pequeños milagros), las maravillas, según los teólogos, o gracias que obtuvieron muchos devotos: además, para dejar constancia de ello, los agraciados fijaban su testimonio en las tarjetas, inscripciones o monumentos que solían colocar en el altar mayor de la iglesia de la Encarnación, que es como se llamaba el santuario de Moclín. Con ello querían dar testimonio de la gracia recibida por su divina piedad y la invocación al Cristo del Paño. Para conocimiento de nuestros lectores, podemos citar estos que recogemos del libro “Noticia de la insigne, fuerte y célebre villa de Moclín y de la piadosa imagen de Jesús Nazareno que con el título del Santísimo Cristo del Paño se venera en la iglesia parroquial de dicha villa” obra de del fray Francisco Ferrón, escrita en 1761”.
            En 1692, Francisca Ramírez, mujer del alcalaíno Blas de Aranda, estaba lisiada y se encomendó a la imagen y decía la inscripción que quedó sanada. En 1706, otro vecino de Alcalá, Juan Fernández, puso este texto a una esquela “yendo por leña con dos mulas, se asombraron, y lo arrastraron hasta dejarlo por muerto, y trayéndolo su mujer a la Ciudad, su mujer Catalina de Toro lo ofreció ala Santo del Paño y a los tres días se halló bueno”. De 1732 data otro monumento que decía “Doña Dorotea de Moya, natural de Alcalá la Real, padeciendo el accidente de mal de corazón, en una ocasión le dio con tal rigor, que la tuvieron por muerta, y Bernabé de Moya su sobrino la encomendó al Santo Cristo del Paño, y se mejoró”A veces el anonimato predominaba en las notas de los agradecimientos como es este caso milagroso: “Año de 1735. Un devoto del Santo Cristo del Paño, vecino de Alcalá la Real, estando enfermo de un penoso accidente, se ofreció a su Majestad, y fue libre de él milagrosamente”. Males que se ofrecían a personas particulares como eran las quebraduras infantiles se encomendaban a la imagen como la de este niño alcalaíno en 1737 “Estando un niño accidentado de una quebracía, lo encomendó su madre al Santo Cristo del Paño, y milagrosamente quedó sano, sin lesión alguna, sucedió en la ciudad de Alcalá la Real”.
O el caso de Manuel de la Chica en 1743 que “estando atando dos yeguas con una soga, se asombraron, y se le lio a un pie, y lo arrastraron por un peñascal, y viéndose en este conflicto, invocó al Santísimo Cristo del Paño, y al instante se le apareció, y se pararon, y se le deslió el pie, ya al instante volvieron a correr, y el mozo se vio en breve tiempo sano, era vecino de Alcalá la Real”.