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jueves, 28 de agosto de 2014

COMIENZA LA VENDIMIA. EL VINO DE LA SIERRA SUR. (i)


                              EL VINO EN  LA COMARCA DE LA SIERRA SUR

 

CONFERENCIA
SOBRE 
 LA IMPORTANCIA DEL VINO EN LAS JONARDAS DEL VINO DE FRAILES (2000)
 
 
 
AGRADECIMIENTO
 

 

            En  primer lugar, quiero agradecer la invitación a estas jornadas del Vino, que se celebran en Frailes.  Es verdad que no me siento tan preparado para intervenir en ellas como otros conferenciantes de años pasados, pues soy consciente de que en estos años  han acudido personajes relevantes de la historia y literatura andaluza y nacional. Razones de gratitud con el pueblo y la gente de Frailes me han hecho aceptar la invitación, pues  aquí he compartido con vosotros muchos momentos de nuestra  vivencia histórica  actual y de la amistad con  muchas personas de este pueblo, inquietas por el progreso de nuestra Sierra Sur. En primer lugar, por vuestro alcalde don Antonio Cano y el concejal de Cultura , que siempre han sido unos paladines de la comarca de la Sierra Sur; con él he compartido muchos momentos importantes para el desarrollo de nuestro entorno, su inquietud por el progreso de Frailes y , sobre todo, su dedicación en que cada día vuestro pueblo consiga hitos de presencia en la vida provincial y andaluza.

            A Santiago Campos, un cronista que ya lo quisieran tener muchos pueblos de España, inquieto por Frailes, buen literato y preocupado por el desarrollo de las personas de la Sierra Sur. Siente el amor de sus tierra, como va a demostrar con creces con el estudio histórico y profundo que ha llevado a cabo con su libro que pronto editará.

            A mis alumnos de Frailes, que me hacen comprender las costumbres y por su sincero cariño.

            A todos los amigos, que en muchas ocasiones que los he requerido siempre me han puesto a disposición todo lo que necesitaba para  la comprensión de nuestra comarca: Manolo, con el compartí aquella vivencia de la tumba tardorromana por los años setenta y es historia práctica de Frailes,  Maite Murcia,  colega de investigación, familia Aceituno, y un sinfín de anónimos colaboradores 

 

 

            Son muchos los autores que consideran la evolución de nuestra economía basada en la agricultura mayoritariamente, los que piensan que la Sierra Sur ha sido un lugar de producción cereal y olivar. Sin embargo hay que remontarse a periodos anteriores, en los que otro tipo de formas de subsistencia, en las que productos que hoy son residuales como el vino  y la ganadería ocupaban el primer lugar de la producción agrícola.

 Pues en ella, se ha pasado del binomio cereal- viñedo- (olivar) al viñedo- cereal en el XVI;  cereal- viñedo- olivar; XIX; cereal- olivar  XX y actualmente olivar- cereal  y residual el viñedo.

De los lugares  y paisajes, se  ha pasado del ruedo/ Rosalejo, Boca Charilla, Mata  y Camuña a la Dehesilla, Torbiscal, Llanos y Camellos en el XVIII  y en 1998, a Frailes, Charilla,. Mures ( 16 Productores, Ermita Nueva (45), Charilla(14) , Ribera Baja( 1) , y  Santa Ana( 8). Siempre  dentro de una mayor actividad pecuaria. Pero veámoslo a lo largo de la historia y sus artistas.

            Sería osado competir en la exposición con  las personas que he referido anteriormente. Por eso, quiero simplemente trazar las líneas de la historia de la vid de la Sierra Sur en la faceta de un aspecto muy olvidado, cual es la vida cotidiana de nuestros antepasados. Una rama de la historia  que ha sido tan olvidada, pero tan presente en los actuales tratamientos de esta rama del saber.

            Pues el vino forma parte de la cultura de la Sierra Sur, en su modo de vida, en sus costumbres y, en lo que algunos escritores, llaman el espíritu de los pueblos.

 

            Época romana

 

            Nuestra comarca, en tiempos de los romanos, consistía en varios poblados de origen iberorromano ( Uniynutum, Almedinilla, Fuente Tójar, Carcabuey)  y varios oppida importantes , en una situación estratégica cercana al río y  en torno a pequeñas elevaciones. Prueba  son los de la Encina Hermosa, Gineta, la Rábita y el cercano de la Mesa que tenía su influencia sobre el terreno de  Frailes. La cantidad de elementos de cerámica, molinos, y restos de muros no es sino una confirmación de un modo de vida en el que se mezclaba la agricultura con la ganadería.

Pero,  lo más importante el gran número de restos de cerámica. Son restos de ánforas y dolias, que guardaban el vino en las bodegas de  las más  sesenta  villas romanas,  villae rusticae, donde se cultivaba el vino y cuyo testimonio más claro son los posteriores cortijos que perduraran hasta nuestra época. Y es que como decía Homero en la Odisea el vino era el producto más importante de la agricultura  y lo mezclaban  los heraldos de la batalla en las cráteras antes de iniciar el combate . Era un vaso grande de boca ancha , al que Anacreonte refería con estos versos referentes al modo de verterlo :

 

            Ea, traeme la jarra, muchacho,

            para que de un golpe me beba la copa llena,

            Pon diez cazos de agua y cinco de vino,

            pues hasta los misterios de Baco

            los voy a celebrar sin desmesura.

 

Y es verdad que aquellos vinos sin destilar, acuosos, artesanales, debían de producir con su bebida en exceso más de una descomposición repentina del cuerpo.

La gama de vasos para beber eran muy variados y hay restos en la comarca de los kilix, llamados por los romanos calix y  los cántaros.

Pues el vino era una parte fundamental de la vida, pues compartía con el aceite perfumado y la leche , además de elemento vital, el honor de servir de objeto de ofrenda para los dioses y para todos los ritos funerarios  Y qué decir de las fiestas de Baco o los banquetes de la época del Bajo Imperio.

El ánfora , stamnos y pithios, en Roma las llamadas dolia y ánforas, eran  los  objetos para transportarlo. Y esto abunda la comarca. Y para verterlo, la lagoda de una aza.

El vino en los más remotos orígenes, por lo tanto, estaba sumamente enraizado en la Sierra Sur. No hay aldea o cortijo antiguo que no tenga un vestigio  de este tipo de cerámica, pues en estas villas era habitual el cultivo de los cereales, la vid, los olivos y los frutales y los hortalizas. Es verdad que no hay restos de grandes actividades artesanales de transformación agropecuaria, pero todos los presupuestos básicos se encuentran:

-lagares ideados para construir estas villas.

-muchas denominaciones de villares en la comarca, varias se encuentran  en la linea fronteriza de Alcalá con Granada cerca de Frailes.

-Vías cercanas de fácil acceso a los terrenos comarcales. Eran cauces o caminos  secundarios a la Vía de Hércules y la de Plata  que conectaban con el Levante, a través de Iznalloz, Guadiana el Menor y otras a Córdoba, por Alcaudete.

-A la falda de las montañas orientadas hacia el sur y cercanas al río hay constatadas villas

-Vega de Paz

-Ribera

-Medianil

-La Lncha

-Cortijo Utrilla

-Fuente el Gato

-Cero Alcalá

-La Pedriza

-Castillo de locubín. Encina Hermosa.                                 

-                  -Sierra Ahillo

-                  -Las Caserías.


miércoles, 27 de agosto de 2014

EL PALACIO ABACIAL



          EL PALACIO ABACIAL



 

 

En un manuscrito sobre la historia de Alcalá la Real, se escribía por parte de su autor Agustín Garrido Linares,  que

 "así mismo el Ilustrísimo Señor Don Maximiliano de Austria hiço la torre de la iglesia Parroquial de Santo Domingo de Silos, y el Ilustrísimo Señor Diego de Ávila las Casas Abaciales que  existen tan próximas a su ruina inmediatas a la dicha Santa Iglesia Matriz, solicitando su maior cercanía para su maior asistencia i régimen de su Culto"

Estos datos sobre los precedentes del Palacio Abacial nos manifiestan que, en un principio, estuvo situado en la fortaleza de la Mota y adosado junto a la Iglesia Mayor. Pero, por las fechas aproximadas del documento, las casas abaciales se abandonaron en torno al primer decenio del siglo XVIII. Unos años antes, algunos abades ya  habían intentado el traslado de la residencia abacial a la parte baja de la ciudad moderna, dejando el recinto fortificado, a pesar de que el cabildo municipal se lo había impedido en reiteradas ocasiones.

 

Las Casas Abaciales del Llanillo

 

En el año 1725, hay constancia de la presencia de los altos cargos del cabildo eclesiástico en unas casas situadas en el Llanillo, donde convivían el provisor y gobernador eclesiástico, un presbítero, el secretario del Gobernador y un capellán con su familia. No debía preocupar mucho en este tiempo su buen decoro  ni se construyó una mansión palaciega para el abad, porque los cardenales  Borja y de la Cerda y don Álvaro de Mendoza, abades de Alcalá la Real, no residieron en ellas y,  hasta muy avanzada la segunda mitad del siglo XVIII, no hay testimonio alguno de una estancia prolongada de abad alguno.

Por los años cuarenta y cincuenta, las fuentes documentales hacen referencia a dos casas abaciales, que eran parte de patrimonio de la abadía y que demandaban servicios del cabildo municipal. Por un acuerdo de los regidores, en concreto, en los años cuarenta, se les concedió la licencia de agua de la red municipal que transcurría desde el arqueta del Pilar de Mari Ramos hasta la Fuente de los Álamos a través de la calle Pastores. En 1745, se hace referencia a la casa lindera, la de Juan Manuel Gámez y se señala que se encontraba en el Llanillo, lindando por la parte de abajo con la esquina de la Fuente Nueva y por la parte alta con la Cárcel Eclesiástica de la fábrica abacial (AHPJ. Escribano Francisco Montes Lezcano Legajo 5145, folio 390 electrónico 2377, 21 de mayo de 1945)
Otro acuerdo posterior del año 1749, ante la escasez y sequía que sufrían los vecinos, obligó a una revisión de la cañería  en las casas que se denominaban Abaciales, Palacio Abacial  o del Señor Gobernador de la Abadía. 


Aquellas casas debieron estructurarse en torno a una planta central de arcadas y un cuerpo de doble crujía, que daba a una sencilla fachada. En su interior se distribuían el resto de dependencias, tanto  oficiales- la Cárcel Eclesiástica, la Biblioteca, el Archivo, la capilla del Abad, en este caso, la del Gobernador, la sala de audiencias- como  particulares, dedicadas a  los aposentos del abad y al resto de miembros de su curia eclesiástica. De esta época, debe datar el claustro, con sus doce columnas superpuestas de orden toscano, y la capilla de los abades.  Como típico de las casas de la ciudad llana, además se le adosó un huerto a las espaldas del edificio que se describe en algunos documentos, provisto de un bello jardín y, en su parte alta, unas habitaciones que, en el resto de las viviendas de la ciudad, solían destinarse a graneros.

Todo ello estaba en consonancia con las casas y palacios señoriales que solían estructurarse con el mismo claustro y la escalera frente a la puerta; en este caso, en un lienzo lateral, fruto de reconversiones anteriores. Varios son los arquitectos que intervienen en las obras municipales desde principio de siglo hasta mediados del XVIII, pero no es de extrañar que en diversas fases de esta obra imprimieran su huella  los maestros locales Manuel de Álamo, Mateo Primo y Felipe García Peinado. Por este último nos inclinamos principalmente  porque  la semejanza de las bóvedas de las escaleras y la sencillez aquitectónica y decorativa del interior del Palacio Abacial están muy  relacionadas con las de las  Casas del Ayuntamiento y las de Enfrente que en el año 1734 se estaba construyendo.

 

El Palacio Abacial de Mendoza y Gatica

 

Nombrado abad don Esteban Lorenzo Mendoza y Gatica, no debía estar satisfecho con la  sobriedad de aquel edificio  y, en el año, 1779, encargó una portada para el Palacio Abacial. Este abad pertenecía a una ilustre familia jerezana, emparentada con los Lorenzo, los Mendoza, los Ortiz de Gatica y los Ponce de León. Pues sus padres fueron don Sancho de Lorenzo Mendoza Ortiz de Gatica, y doña Rosa María de Pembriche. Ejerció cargos universitarios y religiosos en Granada y en Jaén, donde estaba relacionado con don Gonzalo de Mesía, marqués de Acapulco y disfrutaba de una canonjía  antes de tomar la posesión de la abadía de Alcalá la Real. Su labor de mecenazgo se plasmó en una donación de dos mil ducados que permitió reedificar el palacio, dándole mayores extensiones y  levantando desde los cimientos toda la pared principal de cantería adornada de balcones y rejas y colocando en el cuarto bajo el archivo general en buenos estantes.

La obra fue terminada en el año 1781, y, entre las innovaciones que supuso sobre el anterior edificio, provocó desgraciadamente la desviación vial del eje del Llanillo, aunque, al mismo tiempo, engrandeció esta calle tan importante de la ciudad y el propio edificio. La transformación afectó fundamentalmente a la fachada, donde destacan el balcón central, el alero curvo, las mansardas y la abundancia de planos convexos  y cóncavos. Su estilo demuestra la influencia del último período de  la arquitectura barroca española, aunque la portada contrasta por su mayor depuración de órdenes y composición.  En su parte superior se encuentra el blasón del abad y en la cornisa del tejado la siguiente leyenda. COSTEÓ ESTA OBRA EL ILMO. SR. D. ESTEBAN LORENZO MENDOZA Y GATICA DEL CONSEJO DE S.M. ABAD MAYOR DE ESTA CIUDAD. AÑO DE 1781.



 Con este  abad debió estar tan agradecida la Iglesia  Mayor que se le concedió una capellanía para que se le dijeran una misa de requiem y vigilia, costeada por la fábrica de la Iglesia, en sufragio por su alma y en reconocimiento de su labor de mecenazgo. Muy acertado es el juicio del profesor Galera sobre las influencias de la arquitectura barroca de la Baja Andalucía en el diseño del Palacio alcalaíno, ya que el abad procedía de Jerez y, por otro lado, resulta clara y evidente  la influencia de los palacios jerezanos  del Marqués de Montana y el de Bertemati. Aunque se observen  algunas modificaciones en el Palacio alcalaíno, éste se organiza también sobre la planta cuadrangular, con un patio tras la crujía inmediata a la calle, al que se ingresa por amplio zaguán, con una escalera en uno de sus lados, y un alzado que se compone de dos plantas y un sobrado  que suele ser cerrado y de poca altura, con balcones y ventanas, lo mismo que en la fachada, donde predominan los  de gran vuelo y con tejaroces. En palabras del catedrático jiennense:

 "su fachada se concibe a la manera ostentosa del palacio de la Baja Andalucía, con las pocas plasmaciones del concepto borromninesco en el uso de los planos cóncavos y convexos en la portada o en los grandes salientes curvos de los aleros, de que era (por su menor proporción)  un modesto, pero valiente antecedente el Hospital de Cambil".    

Por estos años, intervenía en las  obras locales el insigne arquitecto alcalaíno Antonio Martín Espinosa de  los Monteros, pero la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando obligaba a que todas las obras fueran revisadas por sus arquitectos. Nos inclinamos que tanto Manuel de Godoy, que fue maestro mayor de  obras de la Iglesia del Sagrario de Jaén en entre los años 1772 y 1782, como su aparejador Francisco de Layncera, debieron supervisar muy intensamente los proyectos y trazas de la obra, pues su presencia en otras obras de  la ciudad era frecuente rectificando a los arquitectos locales,  como la intervención  de este último en la torre de las Casas Consistoriales, donde introdujo las correspondientes propuestas de reforma al arquitecto alcalaíno. Motivos similares de su fachada, aunque más sobrios, se encuentran en la iglesia de las Angustias, donde  se combina los planos de sus muros, rotos por curvos balcones, con el juego de sus atrevidas cornisas y en contraste con el adintelamiento de las jambas de las puertas.

No debió ser tan simple la reforma del Palacio Abacial, pues las fuentes documentales indican que incidió en las importantes mejoras que el dicho Señor Abad hizo a las Casas Abaciales  de esta ciudad para  la decente habitación de los Señores Abades.

También se denotan en su construcción la mano de los maestros albañiles del momento como Félix Méndez y Cobalea y del maestro alarife  Juan Miguel de Contreras, natural del Castillo, que intervinieron en otras obras religiosas  de la localidad, en las que el yeso y el uso del mampuesto predominaban frente a la labor de la cantería bajo la dirección de Antonio Martín Espinosa de los Monteros.

 

EL Palacio en el siglo XIX

 



El Palacio era residencia de los gobernadores eclesiásticos y de los abades, que estaban obligados a pagar una renta de arrendamiento por su uso. En su recinto, residieron los abades fray José Palomino y Lerena, fray Manuel María Trujillo y Tirado, don Manuel Cayetano Muñoz y Benavente, don José Carrión y Marfil  y el último de ellos, fray Antonio Sánchez Matas. Durante estos años, el oratorio del Palacio, era una de las salas más significativas junto con la sala cuadrada- la que denominaban sala grande- y la sala capitular, donde se dirimieron importantes litigios ente el estamento eclesiástico y civil en la convulsionada España del siglo XIX. En la planta baja, tuvieron que hacerse importantes adaptaciones, pues el simple servicio del abad lo requería. Sirva de ejemplo que el abad Trujillo, tenía como miembros de su servicio: un cocinero y ayudante, tres cocheros y un mozo de mulas, un coche y seis mulas que le tiraban. Por ello, toda esta planta baja debió albergar las cuadras y el importante archivo y biblioteca de la Abadía, así como varias dependencias dedicadas a la audiencia eclesiástica. Además tuvo adosada una casa en la que estaba instalada la Cárcel Eclesiástica y la vivienda del alcaide o vigilante de  este departamento judicial de la jurisdicción religiosa.   

En el año 1853, extinguida la demarcación eclesiástica de  la abadía tras la muerte del último abad, el Palacio se transformó en residencia del arcipreste de Alcalá la Real. A partir de este año, varios fueron los intentos de los distintos gobiernos municipales para emplearlo como órgano de docencia y judicial. En el mes de febrero de 1868 se incautaron los bienes muebles de la abadía y en sus dependencias, se le registraron una biblioteca 300 volúmenes de libros- que no estaban catalogados ni inventariados por medio de índices-, así como una colección de 9 cuadros ( siete grandes de pintura y dos pequeños).  En diciembre del año 1871, el ayuntamiento alcalaíno firmó con el Obispado de la Diócesis un concierto de alquiler, estipulado en 2.200 reales,  por medio del cual se le permitía el uso del  Palacio de los Abades y la Cárcel Eclesiástica para la instalación de una Escuela de Instrucción Primaria y el fomento de la enseñanza de la Juventud. El clero local se reservó las habitaciones del Archivo Eclesiástico, la Secretaría, el Oratorio y dos  salas del piso segundo.

A finales del año 1872, ejercieron por primera vez  la docencia en sus aulas los maestros Félix Contreras, José Paredes  y Santiago Sánchez. Unos años después, se instalaron los juzgados del partido judicial y, tan sólo, se mantuvieron  reservadas para la administración religiosa las dependencias de archivo y biblioteca. En 1873, este era el parecer del Ayuntamiento ante un informe solicitado por el señor Juez.

"el magnífico Palacio Abacial que ha dado en arrendamiento el Excelentísimo Señor Obispo de Jaén por tiempo ilimitado, cuyo edificio por su bella construcción, muchísimas piezas que contiene, basto salón y oratorio que le adornan, lo tiene destinado el Municipio a locales de Instrucción Primaria del Juzgado Municipal y del de Primera Instancia del partido, quedando bacías una porción de buenas habitaciones".

 

Sin embargo, el establecimiento definitivo tuvo lugar en el año 1896, que así cantaba María Pilar Contreras:

Mientras en Cuba el soldado

pelea con patrio ardor,

a Alcalá vuelve el Juzgado

y hay fiestas en su loor.

  

El palacio en el siglo XX

 



En el año 1920, el Obispado de Jaén hizo una oferta de venta del edificio a un particular, que fue abortada por el cabildo municipal ya que pujó para quedarse con el edificio. Durante estos años de los primeros decenios del siglo XX, la situación anómala del pago de su alquiler provocó algunas diferencias que quedaron solventadas definitivamente con la compra de todas sus dependencias en el año 1927 por el  Ayuntamiento de Alcalá la Real. De su recinto, salieron por los años treinta del siglo XX, gran parte de estos archivos con destino a los órganos administrativos religiosos de la capital del Santo Reino en cuya catedral de Jaén todavía se conservan algunos legajos de expedientes matrimoniales, capellanías, cuentas de la abadía extinta y de las parroquias. Por los años treinta, tuvieron que hacerse varios requerimientos al arcipreste para que desalojara el archivo de la abadía con el fin de ocupar sus habitaciones para escuela. Durante la guerra civil algunas de sus habitaciones llegaron a utilizarse de comedor y de otros servicios.

 En el año 1947, el arquitecto Santiago Sanguinetti redactó un proyecto en el que se recogía una profunda remodelación del edificio dentro de los planes de la Dirección General de Regiones Devastadas. El retraso de las obras y las carencias presupuestarias supusieron  que no se cumplieran las actuaciones previstas y, tan sólo, se realizó una obra consistente en un saneamiento general del edificio, quedando estructurado en una serie de dependencias que comprendían desde el arresto municipal hasta servicios judiciales y sanitarios  pasando por otros muy heterogéneos como almacenes, archivo notarial y municipal, despacho del forense, academia de Música y viviendas de portero y alguaciles. Incluso se convirtió durante muchos días en la sede de algunas secciones de los jóvenes falangistas. En la primera y segunda planta, los juzgados siguieron sirviéndose de las habitaciones más nobles, y el resto se reservó para la vivienda de los jueces. En 1959, se ubicó el Centro Oficial de Enseñanza Media Nuestra Señora de las Mercedes, que nació bajo el patrocinio del Ayuntamiento alcalaíno, donde varias generaciones de profesionales y títulos universitarios se prepararon en sus aulas hasta el año 1969. En este año, se cedieron las dependencias a diversas asociaciones culturales y, posteriormente, el cronista oficial de la ciudad  ocupó una de sus dependencias.

Con los primeros ayuntamientos democráticos, se intervino de nuevo en la techumbre del edificio y en la fijación de algunos elementos bajo las directrices técnicas del arquitecto Francisco del Castillo. En el año 1995, tras un amplio y minucioso proceso y estudio  del Palacio, la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Alcalá la Real iniciaron las obras, basadas en un ambicioso proyecto del arquitecto jiennense Santiago Quesada. En 1999 su reconstrucción ha significado un paso trascendental y -no reformista como en anteriores actuaciones- por la consolidación de este monumento y, sobre todo, por la nueva funcionalidad de sus dependencias, donde el pueblo de Alcalá la Real dispodrá del Conservatorio de Música para enseñanza de esta especialidad artística. Al mismo tiempo, las nuevas y remozadas salas  albergan los restos del patrimonio mueble alcalaíno y de algunas joyas, dignas de gran interés, como el Tesoro de Ermita Nueva. Concebido como una proyección de apoyo a las actividades  culturales y a la creación de nuevas técnicas, encuadradas en  la vanguardia de Andalucía y nacional, también residen en sus dependencias  el Centro Andaluz de Arte Seriado y.        

    

 

FRANCISCO MARTÍN ROSALES

                 

  

 

 

 

 

 



 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 26 de agosto de 2014






                    SANTA ANA EN EL SIGLO XVIII


Francisco Martín Rosales


 
La roturación de tierras de los terrenos cercanos a la ermita y la transformación de alguna dehesa cercana en labor -Llano de Mazuelos, Nogueruelas y bordes de los Llanos-, así como los pagos de Entretorres durante el siglo XVII y XVIII y la Cañada de la Fuente Somera, de la Torre, Boca de Charilla, Nogueruelas, Chaparral de Viedma y Portichuelo,  dieron lugar al nacimiento de casas, albergues, cortijos y otros asentamientos hasta tal punto que fue creciendo paulatinamente  la población a lo largo de los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III y IV.
A mitad del siglo, en el año 1750, seguían siendo importantes como terrenos de regadío los conocidos de la Fuente Somera y Fuente Rey. En su mayor parte, estaban manos de  propietarios alcalaínos y ,a su vez, eran  arrendados a hortelanos y labradores pujareros, que se abastecían de las anteriores fuentes a través de acequias. Todos ellos consideraban de mayor estimación. Estas propiedades producían  frutales como morales, higueras, peros, duraznos, albaricoques, perales, granados, guindos , cerezos, ciruelos, nogueras, zamboos, membrillos, níspolas, manzanos, almendros y melocotones. En la Torre de los Llanos, había parras y viñedos; por su parte, en los Llanos algunos olivares comenzaban a plantarse por estos pagos de la comarca alcalaína. No obstante  en torno a la ermita existía una extensa alameda, lo mismo que en la Lancha.
Solía sembrarse por fanega cinco cuartillas de habas, 9 celemines de trigo, un celemín de maíz, dos fanegas de linaza, una fanega y seis celemines de cañamones, 100 ristras de ajos, bajando las medidas por fanega en habas, ajos, y trigo en las de segunda calidad. Los cortijos que tenían tierras de secano sembraban 3 celemines de habas, 9 de trigo, y 4 de garbanzos, bajando las de segunda calidad en 6 celemines de trigo y 1 de cebada. Los hortelanos recogían uvas de parras, melones , sandías, berenjenas, tomates, pimientos, pepinos, coles, cardos, nabos, zanahorias, papas, cebollas, rábanos y lechugas. La seda, aunque en pequeñas cantidades también se producía, lo mismo que la bellotas en los terrenos de la dehesas. Existía, por aquellos tiempos, un molino, que era propiedad de Francisco Alcaide, vecino de la Fuente Rey, que le producía 30 fanegas.


La población alcanzaba, por estos años, la cifra de 31 vecinos, incluidos los de la Fuente Somera, lo que daba lugar a unos 139 habitantes, repartidos en los cortijos de los hacendados alcalaínos, las casas de las huertas, las casas de las nuevas roturaciones y el nuevo núcleo que se iba formando en torno a la ermita. La totalidad de la población se dedicaba a la agricultura y se repartía en 10 jornaleros, que no tenían más subsistencia que sus brazos para el alimento propio  y el de su familia, 5 labradores pujareros que labraban las tierras propias y arrendadas, 3 hortelanos que cobraban el jornal diario a razón de dos reales y 7 labradores jornaleros con yuntas que tenían una jornal, añadido con sus hijos y mozos, de seis reales. En total, de todos los vecinos 25 se dedicaban al campo, cuatro pobres de solemnidad,  algún que otro administraba sus propias tierras o arrendaba, y el capellán asistía la ermita de Santa Ana, el santero ayudaba a la iglesia. Todos los restantes de complementaban con piaras de cerdos, cabras u ovejas, caballos y algunas yuntas de mulos y asnos. 
 
 Existían bastantes casas albergues, algún que otro lagar con su casa y muchas de retama. Importantes cortijos fueron el de la Cabeza el Carnero, con 250 fanegas  y el de la Mesa, con 330 fanegas que eran propios del cabildo alcalaíno y subastados al mejor postor. También existía otra pieza en Santa Ana, propiedad del Ayuntamiento de 40 fanegas.  Su fisonomía actual era fruto de los continuas reformas que llevaban a cabo en sus pajares, caballeriza, comedor, dormitorios cuadras de animales. También, las propiedades de la Obra Pía del Abad Moya, que administraba don Pedro de Biedma. Pero más importante eran las nuevas tierras concejiles que  fueron roturándose y dieron lugar al asentamiento de nuevos colonos  en la Cañada del Carril, con 2.335 fanegas y 6 celemines, las Nogueruelas y la Cuesta, con más de 1157 fanegas. La primera  fue durante mucho tiempo una dehesa de la ciudad,  y estaba protegida para reserva de los ganados. Sin embargo, fue repartida definitivamente a finales del siglo XVIII.         
Otro lugar, que se mantuvo de pasto común de ganados hasta finales del siglo XIX, fue la zona de los Llanos, cuyos límites sobrepasaban a los actuales alcanzando hasta la Fuente Somera, el Comendador y llegaban hasta la Boca de Charilla. De todo este extenso territorio se repartieron unas 606 fanegas de tierra, que resultaban muy improductivas hasta tal punto que solían ser pronto abandonadas por los campesinos al no poder pagar las rentas al segundo o tercer año. En algunos repartos que se producían a manera de renta y censo anual por un espacio limitado de años solían repartirse lugares cercanos a la vereda del Salobral y de el arroyo de la Fuente del Rey, en torno a 76 celemines, cosa que provocaba bastante conflictos con los ganaderos que veían invadidos sus abrevaderos, descansaderos, y fuentes.
Por este tiempo, se nombraba por el Juez Eclesiástico de Rentas un sobresaliente del campo, generalmente, capellán o sacerdote que se encargaba de cobrar los diezmos del campo a los  labradores, cuya renta una renta consistía en 18 fanegas de trigo y 9 de cebada, a lo que había de añadir las limosnas de la ermita. Así lo manifestaba, el cura Antonio Cano en una declaración de bienes en 1771. Este capellán vivía en Alcalá, concretamente, en  la parroquia de  Santo Domingo,  compartiendo los bienes declarados por el ejercicio del culto con otras fincas pequeñas heredadas de sus antepasados así como los distintos censos de misas.      
Una acontecimiento crucial tuvo lugar en el año 1784, el 3 de septiembre. Fue un  año de intensas lluvias  en el primer trimestre del año, con tormentas en agosto, y, para colmo de males,  nevadas e hielos en el invierno. Con motivo de la epidemia de fiebres tercianas que tuvo lugar en Santa Ana se tomaron una serie de medidas en las que debieron tomar tanto las autoridades locales, como las provinciales y nacionales.


 Esta situación nos ilustra de la población a través de la mayoría de las actas municipales de finales del año referido. El avance poblacional era constatable, pues Santa Ana   se componía ya de 80 familias, que residían solo en la  llamada Cortijada de Santa Ana y correspondía a unas 360 personas. Fueron afectadas por la enfermedad 141 personas, más de un tercio de la población. Tan fuerte fue el impacto de la epidemia que murieron siete personas en ocho días. Por las circunstancias en las que se encontraban demuestran los hechos que vivían en la mayor indigencia hasta tal punto que reflejan las notas
"que no tenían alimento ni para una taza de caldo por su pobreza"
Ante ello acudieron las autoridades, que enviaron los dos médicos titulares de Alcalá, un cirujano, incluso el médico del Regimiento de Alcántara que se encontraba alojada en los cuarteles de Alcalá y el del Castillo de Locubín. Llevaron a cabo un exhaustivo informe y encomendaron la administración de los recursos -que alcanzaban los 10.000 reales- al capellán Antonio Cano Hinojosa para paliar la situación con el reparto de alimentos y ropa. Hubo que acudir además al abad Mendoza y Gatica, al intendente y al mismo Conde Floridablanca para que se les informara de la situación y permitiera los pagos de aquellos gastos. Se descubrió que la causa de la epidemia había sido el estancamiento de las aguas en las zonas pantanosas de la Casería de Biedma, afectando sobre todo a los niños pequeños. Para ello , se recomendó a las madres que dejaran sus hijos durante un tiempo al cuidado de amas sanas. La iglesia invocó a la providencia. Como curiosidad, no ayudó materialmente, ya que la Obra Pía del abad Moya, según refería el abad, se dedicaba enteramente a una casa de huérfanas y  a  becas de algunos estudiantes, y a las obras de restauración de sus propios cortijos.
 Sin embargo, al mismo tiempo, el propio corregidor dio de su propio peculio seis fanegas de tierra y seis carneros para alimento de los enfermos consumidos. A finales del mes ya se habían curado algunos, pero no obedecían las órdenes del médico que les impedía el consumo y contacto con frutales como las uvas y melones que colgaban de sus cámaras y, aunque tuvieron dificultades para el zanjeo de las aguas estancadas , al final las derivan hacia el Salobrar consiguiendo salvar la situación. A mediados de octubre, la epidemia se extinguió y se felicitaba al  cura capellán por su dedicación, el intendente de Jaén hacia lo mismo con los regidores alcalaínos y el propio conde Floridablanca  permitía todos los gastos y apoyaba con su agradecimiento las gestiones realizadas[1].   
La misma epidemia se propagó en el mes de agosto del año 1800, y por idénticos motivos,  cuando la población alcanzaba 96 vecinos y 417 almas, lo que nos demuestra una relación de un vecino por 4´3 almas. Se vieron afectados más de la mitad con unos 282 enfermos y la mortandad de 23. El método de hacer frente a la epidemia fue más expeditivo porque se aplicaron los dos mil reales de la bula de carne para el socorro de los enfermos, se puso un médico, se dieron quince comidas diarias y varios asistentes colaboraron con el capellán Antonio Cano y Bolívar que llegó a administrar  otros doce mil reales y recibió por su celo la prestamera de 800 ducados en Morente, reino de Córdoba. Fue mucho más fuerte ya que murieron 79 personas. De nuevo se reconoció el prado de Biedma como origen del foco de infección, que, según las acusaciones del cura Juan de Dios Sánchez del Peral, extendía la peste a todas las casas.
 
 


 

 

 

 

En el siglo XIX cuando Madoz elabora su Diccionario Geográfico y hace estadística de todos los pueblos, la aldea tiene ya 232 vecinos y con la proporción establecida anteriormente de 4.3 habitantes alcanzaría la suma de 997, que vivían distribuidos 181 en la propia aldeas: en 131, 25  en cortijos( tres en la Fuente Rey) y 23( siete en la aldea) en casillas diseminadas. Tenía tres molinos harineros , el de la Fuente Rey, el de la Lancha y Veinte Novias y uno de aceite que se concluyó en el año 1844, lo que nos demuestra el desarrollo de la producción aceitera por estos pagos con la roturación de las tierras. Además existían dos ventas, la del camino de Granada o de Góngora , aunque esta estaba más cercana al núcleo alcalaíno. Tiene escuela de primaria con 18 niños, dotada con 100 ducados . Existía una plaza frente a la iglesia y dos fuentes la de la Iglesia y la del Comendador, abrevaderos del ganado, construidos en el siglo XVII y  el importante lavadero de la Fuente Rey, que databa del siglo XVI. Su extenso término ocupaba importantes cortijos como los mencionados anteriormente y cercanos al camino de Iznalloz Polinar, El Ciego, La Cuesta y Media naranja, Piqueras, la Dehesa, de León y Salograr. Próximo al camino de Granada Merced, Melgar, Pernilla, Pernia, Peña el Yeso y, cerca el camino de Frailes, León , Noveruelas, Alhambra, Frailes , Durán  además de las Pinedas y Peñuelas.

En el año 1.911 alcanzaba la cifra de 1.237 habitantes, repartidos en 277 viviendas.

 

 

 

                                                                                                                            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] AMAR. Actas del año 1784. 3, 6,10 13, 24,31-IX y 2, 18, 23 y 27-X y 14-XII.