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sábado, 21 de diciembre de 2013

viernes, 20 de diciembre de 2013


DICIEMBRE

 

Antes de llegar el rey Numa al trono de Roma,  Diciembre  era el mes décimo  o  en forma de refrán “Diciembre es del año, el mes más anciano”. Y, salvo en contados años, en los que,  por nuestras tierras, los pronósticos   vuelven locos  a los  hombres del tiempo y de las  cabañuelas,   “En diciembre, frío; y calor en el estío”. Lo curioso acontece cuando  nos fijamos en  los  numerosos eventos que se celebran durante el mes de de diciembre. Predominan los actos  y fiestas de amor, entendido no como “eros” conquistador (que lo hay, porque los donjuanes ya se refugian en todos los tiempos),  sino en la nueva lectura de la gracia, o “ágape”, regalo o  banquete  que recibimos desde diversas instancias superiores. Abundan las cenas del mundo de la empresa, de compañeros de trabajo, de peñas deportivas, de muchas asociaciones y de los grupos más insospechados. En nuestro mundo  occidental, ocupan un lugar central  las opíparas cenas  familiares  de Navidad y Fin de Año (algunos no olvidan los Reyes Magos por eso de que todos los santos tienen Novena). Por el contrario, parece como si ese concepto de amor-ágape no calara en nuestros corazones, cuando vemos que muchas personas de otros países solo reciben sino las migajas  del rico Epulón, las de nuestros alimentos  o del dinero sobrantes. Y eso que se multiplican  los mensajes  y campañas  de confraternidad y solidaridad por este tiempo; y además aumentan los dardos envenenados con lemas como los que la generosidad no es dar lo que nos sobra. Se nos debería caer la cara de vergüenza  cuando  no les damos el mismo  trato ni  una similar   acogida  a estas personas que   nosotros exigiríamos dentro de nuestro catálogo de derechos y pocos deberes, en el caso de que nos encontráramos en tierras extrañas.   Para estas personas, ha desaparecido, del  decálogo de la ley natural de la subsistencia básica;  no existe  la palabra amor/ ágape plasmada en el alojamiento, la comida básica, la atención de la salud y el vestido. ¿Para qué referirnos a los lazos familiares? Aquí no hay buey ni mula, la familia se ha quedado con un solo personaje que ha emprendido su huida a Egipto sin encontrar ni la posada ni  la tierra prometida donde le den de comer.   Para  estos hermanos nuestros, no sirven aquellos refranes  “El mes de Pascua, pásalo junto a la ascua”, ni    “En diciembre, hielos y nieve; ladrillos de matanza y roscos de aguardiente”, pues vienen a buscar trabajo  y salen trasquilados ante la terrible situación que afrontan  viviendo bajo cobertizos  y sin ni siquiera leña para encender una fogata ni un pedazo de pan y aceite poder llevado a su boca.

En muchas familias alcalaínas por estas fechas, caló aquel dicho “Como nace, mece”, refiriéndose al nacimiento de Jesucristo. Muchas personas hacen cábalas a la hora de programar para al año siguiente los actos de Semana Santa y, en otros hogares, el destino de sus vacaciones.  Últimamente rara es la Nochebuena, en la que no cae un chirimiri  que barrunta lluvia y se transforma en una tormenta  de órdago en el Viernes Santo venidero.  Todas la ilusiones puestas  para una salida procesional, mas bien su manifestación religiosa,  se caen en el vacío al depender de un momento, un lugar y una climatología. Nos hemos quedado  en  el Antiguo Testamento griego usando  la palabra eros, para conquistar el objeto y , aunque  Friedrich Nietzsche diga que el cristianismo  habría dado de beber al eros un veneno, y   le hizo degenerar en vicio,  en parte tiene cierta razón porque  el mundo occidental  todavía no ha experimentado lo que significa  la palabra ágape,  que  denota sin duda algo esencial en la novedad del cristianismo, precisamente en su modo de entender el amor, el sentarse en torno a una mesa, ser todos miembros de un solo ser,  el ver el rostro de  Dios en  las personas más excluidas. Si tuviéramos esta visión, perfectamente  comprenderíamos  el dicho del final y principio del ciclo  histórico de  Jesús y no nos quedaríamos  en los oropeles. Pues, si nace como uno más  de nosotros, morirá en las mimas  condiciones. Lo demás son autojustificaciones, evasivas o simplemente quedarnos  “Días de diciembre, días de amargura; apenas amanece, ya es noche oscura”. Noches de crisis para los de siempre,  de espantar sus diablos para los miembros de las sociedades de bienestar. Por eso encomendémonos a San Silvestro y llevemos al nuevo año del  cabestro. Feliz Año 2014 a todos.

 

jueves, 19 de diciembre de 2013

NAVIDAD ALCALAÍNA


NAVIDAD ALCALAÍNA

 

            Se acercan las fiestas navideñas que se celebran en  las  últimas  semanas  de 2013 y principios del nuevo año 2014. A partir del día veinticuatro de diciembre, forman parte de un ciclo religioso que comienza con el día de la Natividad de Jesús y acababa con la Adoración de los Reyes Magos-curiosamente esta es la fiesta navideña de los ortodoxos- pasando por  la fiesta de la Familia de Nazaret, y  la del Dulce Nombre de Jesús. Todas ellas estaban enraizadas en la  vida religiosa de los vecinos de la abadía alcalaína dando lugar a un rico elenco y acervo cultural. Se celebraban  actos religiosos  y de convivencia familiar en todos los hogares colocando belenes familiares en las casas y realizando autos sacramentales en las iglesias.  Decayeron algunos  actos religiosos en los convulsos siglos diecinueve y veinte, quedando el Belén relegado en los hogares y desapreciando la dramaturgia catequética de los autos, porque se refugiaron algunas reliquias  de  estas manifestaciones en las fiestas navideñas tras la Misa del Gallo y la de Final de Año, y casi nada en la fiesta de Reyes.

 Pero , como  la hidra consumista y capitalista de los ultimaos cincuenta años lo  invade todo, se asiste a  la transformación más profunda de estas fiestas  vaciándolas de su contenido  y mensaje y   adelantándola como si fuera  una goma elástica o una nebulosa etérea  al albur de los accionistas del mercantilismo.  Además, se ha producido  una total metamorfosis singular  y total de estas efemérides, al pasar de una fiesta religiosa- en honor al nacimiento del Mesías-  a un culto  orgiástico y una  bacanal desmesurada - en honor del dios Mercurio-. Se han traspasado todas las fronteras y límites consensuados.  Han desparecido por completo las vísperas anunciadoras de adviento  y la tracas finales de la octava de  estas  fiestas: pues las calles ni se llenan de los coros infantiles ni los antiguos auroros   piden el aguilando al son de las zambombas e instrumentos artesanales de percusión-la botella estriada, el cencerro, …-; tampoco, se organizan las fiestas familiares, vecinales  o religiosas para rifar y festejar aquel aguilando musical y  colectivamente conseguido para fines caritativos o cofrades en medio de villancicos romanceados y canciones de siglos pasados; por ende, aquellos campanilleros de la queda rural  nos se ven por estos lares ni por las aldeas  cantando canciones de Navidad. No sólo ha invadido la esfera pública, sino que,  hasta los mismos creyentes, no cumplen con su estacionalidad litúrgica y ya se encuentran los balcones orlados con los Niños Jesús  y los esterillos tapizados con la Natividad de Jesús sin ni siquiera haber nacido el Salvador.  El consumo  lo  invade todo y   a todos, sin dejar resquicio alguno al valor auténtico de la Buena Nueva.

Nada menos, se celebra  que ha nacido el Salvador. Pero, es un incomprendido, porque, de seguro que no es el salvador del consumo y  de la opresión, sino el  liberador de los pobres y de los más excluidos, el liberador de la exclusión social de muchas personas. Por eso,  me reservo  para estas Navidades estos dos  slogans del  dominico Ricardo Cuadrado: uno  “tener un corazón sin puertas y las manos siempre abiertas”;  y un segundo “  la acogida, la entrega, la disponibilidad, la comprensión sin límites, el corazón festivo y el amor sin fronteras, serán tu “distintivo navideño”.

martes, 17 de diciembre de 2013

CUATRO FUNDADORAS JIENNENSES EN GRANADA A MODO DE RELATO.

CUATRO FUNDADORAS  JIENNENSES  EN GRANADA A MODO DE  RELATO.

 

A principios del siglo XVI, Alcalá  estaba encerrada en la fortaleza de la Mota y en el barrio de Santo Domingo. Tras siglo y medio de zozobra y congoja obligadas por las incursiones de los moros del reino de Granada,  la vida social y comunitaria, en tiempos de paz, comenzaba a desarrollarse  normalmente, como, en muchos otros lugares de Andalucía, lo habían hecho anteriormente. Las torres de defensa y de alojamiento en su interior,  dieron paso a nuevos edificios, destinados para casa de ayuntamiento, de la justicia,  escribanos y recaudadores  En aquella fortaleza, comenzó a resurgir el comercio  y se levantaron el matadero, las carnicerías, el pósito, y otros edificios públicos y religiosos,  dando un nuevo aspecto  en torno a una plaza, rodeada por la  Iglesia Mayor, el hospital de los Monteses,  los escritorios  y las tiendas adosadas a las  torres con sus  corredores y miradores, la antigua cárcel, la botica y las casas de fachada piedra de los principales caballeros de la ciudad.

Incluso, los propios Reyes Católicos, agradecidos por los servicios de aquellos vecinos tan dechados de valor bélico, coadyuvaron al ornato de la ciudad y otorgaron una provisión por la que les concedieron una campana y reloj, cuyo sonido debía escucharse en todas  las caserías de  la comarca.

Su vecinos eran,  en su mayoría, descendientes de los antiguos pobladores y conquistadores, entre los que residían algunos judíos, a los que se le aplicó que pagasen la moneda forera  Los principales  conflictos se provocaban entre los distintos bandos de caballeros,  y, además entre este  grupo y la Corona. Solían ocasionarse  por el abuso de estos señores, que controlaban los órganos de gobierno de la ciudad y se introducían en las tierras comunales beneficiándose de sus prerrogativas.

No era todo malo  en estos caballeros, sino que  siempre estaban preparados para cualquier servicio a los reyes. Pues, tras el toque de campanas de las iglesias o  la convocatoria de concentración  por el pregonero y por el tambor, al instante se concentraban en la plaza de la Mota y nombraban el capitán y otros cargos  formando una compañía de caballería en dirección a los frentes de guerra.. Por eso, tras  la toma de Granada no se  había calmado la sed de botines .

Eran ganaderos. Pero el vino de Alcalá se había hecho famoso, pues  obtuvo un privilegio especial para que pudiera venderse en Granada, y algunos abnadonaron las armas  para dedicarse a la agricultura.

La ciudad estaba  controlada, primordialmente, por la familia de los Aranda en detrimento de otras, sobre todo, los Montesinos y Gadeas, que, a través de enlaces matrimoniales, iban acaparando la mayoría de los cargos municipales y  las  tierras de la ciudad, dando lugar a abusos de poder con los que confrontarán con el propio cabildo invadiendo y usurpando tierras de lo común. Solían ser valientes guerreros y también aventureros. Pero, cansados de guerras, los mayores comenzaban a disfrutar de los beneficios anteriores. Los más jóvenes, siempre dispuestos al combate, caían en los miles de frentes que se abrían en Italia, África o  el Nuevo Mundo. Otros, pagaron con una muerte temprana tantos años de lucha. Entre ellos, el capitán  Pedro de Quesada, que había dejado a su viuda con sus cuatro hermanas.

 

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En aquellos tiempos,  los predicadores franciscanos y dominicos comenzaron a visitar la Iglesia Mayor por tiempo de Cuaresma. Criticaban las malas costumbres, y animaban a  la cruzada y la evangelización de las Indias.  No era extraño que, con sus prédicas, muchas mujeres  no vieran con buenos ojos  la Casa de Mancebía, que, incluso, los reyes habían permitido que se estableciera dentro de la fortaleza. Entre  ellas, Catalina,  que era la  viuda del mencionado  alcaide y capitán del Castillo de Locubín. Junto con sus hermanas Lucía, Margarita, y María,  formaron una especie de incipiente convento en su casa, tras la entrevista  con el provisor del abad  don Juan de Ávila.

En la soledad, no les había quedado más remedio a estas castas mujeres, que entregarse a la religión, pues estaban emparentadas con los hidalgos alcalaínos y debían mantener su pureza, convirtiéndose en beatas al servicio de Dios, lo mismo que sus maridos lo habían hecho en vida en la conquista de nuevas tierras con el nombre de Dios por delante.

Las cuatro, unidas por el mismo sentimiento religioso, tomaron la unánime decisión de transformar en  oratorio una de sus casas de la calle de  Despeñacaballos. Adecentaron toda su casa y se lo comunicaron a su confesor, un teniente de capellán, que no llegaba a comprender aquel cambio. Ellas le recordaban que nunca podían olvidar la huella que les dejó en años anteriores el dominico fray Alonso Gutiérrez de Burgos.  Le decían que les había aconsejado que formaran un convento o monasterio de la Orden de Predicadores en la ciudad. O, al menos, se  hicieran religiosas, cumpliendo la tercera regla. 

Adecentaron las casas en todos sus rincones con el primor  y candor  propios de los grupos de mujeres, la mística invadió en todos los rincones, sobre todo, aquel patio castellano, sostenido por cuatro vigas, desde donde se bajaba por una esquina a una bodega en la que se  guardaba en un aljibe el agua de la lluvia. Colgaron todas las paredes de láminas y cuadros, comprados a los mercaderes granadinos. En su primera estancia, lienzos de la Magdalena junto a una pequeña escultura del Señor del Ecce-Homo y,  en la pared más señera, un Crucificado gótico. Dispusieron reclinatorios que  les servían para llevar cabo los rezos diarios  cumpliendo con el rigor que establecían  las horas del breviario del calendario litúrgico.

Tenían algunos bienes, pues  algunos de sus maridos no habían dispuesto de  tiempo ni siquiera para testar, pues habían fallecido en las costas de África, y, en la toma de algunas de aquellas ciudades a las órdenes del señor de Alcaudete y casi quedaron en el desamparo. Se veían obligadas  a  compartir todo. Incluso, pedían en tiempos de carestía la porción  de pan a los regidores, que la repartían a las puertas  del cabildo o en las panaderías de la ciudad..

En Navidad,  mimaban, con  sus manos, las figuras de ujn  Niño Jesís colocado sobre  la  austera tabla  de la mesa de encina. Era uno de los pocos recuerdos de sus maridos. Probablemente adquiridos o robados en el sur de e Italia. Por las carnestolendas,  se asomaban, a través de la reja, a escudriñar  el bullicio de la  fortaleza, mientras se divertían los niños vestidos de obispillos, cantando copas burlescas contra los capellanes de  la Iglesia Mayor. En Cuaresma, al amanecer, solían  mortificarse con disciplinas y cilicios, ayunaban casi todos los días y  se confesaban de los  malos pensamientos.  En las primeras horas, visitaban  la capilla de los Arandas y rezaban por el alma de todos los difuntos de su familia. A los pobres que acudían a su casa, les sacaban  algunas cuartillas de trigo de sus trojes  y,  economizaban  con ellos algún maravedí que otro, sacado del arca de siete llaves. Por la tarde, rezaban el vía crucis en la iglesia de santo Domingo con el beneficiado. Y, al anochecer el toque de ánimas, se encerraban en sus casas y  volvían a repetir unas oraciones ininteligibles por las ánimas del purgatorio. Frugales como ningunas: comían una sopa de gallina, pasas y algo de pan  Y rezaban, al acostarse, por todos los difuntos. 

            Aconsejadas por el provisor de la abadía, vendieron parte de los  bienes que  habían acumulado sus progenitores y se fueron a Granada con el fin de  unirse a la orden dominica que comenzaba a establecerse en aquella ciudad. Les puso en contacto el  sacerdote con algunos  miembros de la  congregación de santo Domingo de Guzmán, que les buscó una casa en el Realejo junto al recién fundado convento de Santa Cruz.

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            Las cuatro mujeres acudían diariamente a los mismos  actos y   misas de los conventuales. Les  limpiaban los enseres  y objetos religiosos. Le hacían de despenseras y  les compraban los alimentos.  Tanto llegó su fervor y su  amor por la orden dominica, que les permitieron tomar los hábitos de  la Orden y  les reservaron una capilla dentro de aquel majestuoso templo.

            Ellas no  se contentaron con haber conseguido este reconocimiento, sino que, un día, las llamó el padre provincial.

            - Hermanas,  todos los días me llegan noticias de vuestras buenas acciones. Me es imposible que os niegue lo que me pide vuestro confesor.

- Padre Alonso, no nos lo merecemos por Dios.

- ¡Cómo no, hacéis caridad con todos, con los pobres y los moriscos, sois de buen linaje y  me han dicho que vuestra dote sobrepasa a cualquier otro que  en nuestro convento quiera iniciarse!

- Es verdad. Somos la viuda y las cuñadas del famoso capitán Pedro de Quesada, alcaide, y provenimos de la muy famosa ciudad de  Alcalá, donde estuvieron confesores de la reina, de su misma orden dominica. Ellos nos dieron estos nuestros principios.

- Basta, hermana, la mejor biografía es la que escriben vuestras acciones con el pueblo. Ayer, me llamaron otras hijas de ilustres granadinos que quieren compartir con vosotras  el convento.

 

No lo dudó fray Alonso de Loaysa, unos días después, les  hizo las gestiones para  que profesaran la segunda regla de la  Orden de Predicadores. Les puso una nueva prueba que resistieran  otros cuantos años de beatas junto a las nuevas hermanas recién incorporadas. Lo cumplieron y con creces.  Ampliaron la comunidad. Aquellas mujeres le impresionaban, cada día más, al dominico, sin embargo no tenían recursos para afrontar un nuevo monasterio.

Seguía dudando el provincial, pero, al final, consiguió reunir  a todos los miembros de  su cabildo y les dio la licencia  un día del mes de abril de 1514. No tardó en comunicárselo a la reina Juana, que contestó afirmativamente con una provisión real, enviada desde Segovia  un 25 de mayo del mismo año Junto al  convento del padre Loaysa mantuvieron  su condición de beatas la ampliada comunidad  de catorce  mujeres, mientras iban adaptándose a la nueva condición de monjas.

 

A finales del año, llamaron al padre provincial y ala arzobispo,  y bendijeron el convento en una casa junto a la plaza del realejo, en las inmediaciones del barrio judío con el nombre de santa catalina de Siena.

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Pablo de Rojas  estuvo en aquel convento y les esculpió los santos Juanes. Durante su estancia,  una   monja mayor le comentó que no había sido el duque de Arcos, quien lo había fundado, sino unas paisanas suyas antes del 1523. No se lo creía.

-  No puede ser tanto alcalaíno, emigrante de mi tierra. Creía que solo se marchaban de allí  los artistas,  y también los hidalgos dejaron aquella tierra....

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                            F. G. M. R.

 

                          

                   Mi interés no es otro sino recoger y difundir esta leyenda, basada en un relato real, del convento de  Santa Catalina de Siena, fundado en 1514, por estas mujeres alcalaíno  y no, por el duque de Arcos, como decía Gallego Burín en su Giía en 1523.

lunes, 16 de diciembre de 2013

LA RUTA FINAL DE AÑO

 Dejamos Alcalá....
 Entre retama y romero
 Por los Llanos
 y las Canteras
 y por el Chaparral
 y Santa Ana
 Bajamos hacia el Salobral
 Y se veía Frailes

 Entre Oivos
 y cuestas
 En Bodegas Campoameno


 En convivencia
 En las bodegas
 La visita por Frailes


 La foto de grupo
 Y la de otro grupo
 Y en la cruz

Llegamos a la Cruz

sábado, 14 de diciembre de 2013

LEYENDAS PARA EL DÍA DE SANTO DOMINGO DE SILOS


 

DESDE LA MURALLA DEL GABÁN

 

            Se ha remodelado la antigua muralla del Gabán, donde había un mirador tras los corredores de la ciudad y , en su parte baja, el Cañuto, una calle embovedada que comunicaba la parte alta de la Mota con el barrio de Santo Domingo de Silos y la puerta Zayde. Desde aquí se divisa todo este barrio y me vienen a la mente las palabras de Anglería “Alcala Regale super nubila erectum et in conspectu Granatae”. Nos remontamos a los milagros de cautivos al contemplar la iglesia de Santo Domingo de  Silos.

 

Milagros de Santo Domingo de Silos


            El cura párroco había salido de la sacristía por el lateral de la epístola y se encaminaba al presbítero. Era un día frío de diciembre de  1560. Se llamaba  don Juan Calvo, y era muy devoto de la advocación de la Coronada, a la que levantó ermita en un paraje suyo de la Fuente Rey. Los monaguillos le abrieron paso, por el centro de una de las naves de la iglesia del Arrabal Viejo, mientras  subía  las escalinatas del altar mayor. Se persignó delante del retablo de Santo Domingo, rezó el introito; luego cantó  el Kirie y el Gloria in excelsis Deo, y, a continuación, leyó la epístola en latín. Se detuvo  en el evangelio proclamando la palabra de Dios. Parsimoniosamente, subió al  púlpito..Volvió  el rostro ante los feligreses y comenzó el sermón.

Con la venia del señor corregidor, regidores y jurados de la ciudad, nos disponemos a celebrar en el día de hoy la festividad de Santo Domingo de Silos convocados por la cofradía de caballeros de Santo Domingo de Silos. Han pasado ya más de cuatrocientos años que murió el santo varón al que tenemos dedicada la iglesia. Me preguntó las razones de esta advocación.  Y, os puedo comunicar una gran noticia. Me vino ayer un monje de Silos que me trastocó los planes de mi homilía. Pues iba a contaros  lo mismo que todos los años. La erección de la iglesia en  la antigua mezquita por haberse conquistado el arrabal, nuestra antigua parroquia, en  el día que se conmemora la festividad de Santo Domingo. Mas me refirió unos hechos prodigiosos. Escuchadme.

Dicen que hubo en el monasterio de Silos un monje  que se  llamaba fray Pero Martín. Pedro, para que nos entendamos. Fue el compilador o redactor de un volumen de milagros del santo. Publicó su obra en 1287. Unas veces hizo de recopilador y otras de cronista, porque el propio Pedro recogía la versión que le daban las personas que se habían liberado de los moros  y  contaban sus experiencias. Recogió, en concreto,  los  milagros que realizó el santo, ya muerto, desde 1232 y 1292. Anteriormente, un tal Grimaldo y Gonzalo de Berceo escribieron la vida y milagros de Santo Domingo de Silos, unos en latín, y otros en español antiguo, de ellos fray Pedro recogió algunos milagros. Me fue contando, uno por uno, hasta el 91. Santo Domingo  liberó a Pelayo de Granada, se apareció al rey  Alfonso en el palacio de la enfermería....tantos...y.. tantos.

Falto de papel, fui haciendo unas anotaciones  en unos folios de un libro roto  de censos, ya que estos se habían agotado  por no existir los bienes que lo concedieron para bien de la iglesia. Pero, sólo me quedé con lo que me interesó: la descripción de las tierras del reino de Jaén  y el norte del reino de Granada antes de la toma de nuestra Alcalá por Alfonso XI en 1341, la estructura de los milagros, y, si se citaba alguno referido al Santo y relacionado con Alcalá de Abençaide, lo apunté con mucho interés....

 

LAS TIERRAS DE  LA FRONTERA CON EL REINO DE GRANADA

 

Así me  describía las tierras.

 

Por el relato del Sancho García, hijo de García de Aceves de Jaén,  y otros muchos similares, entre Jaén y Granada muchos vecinos de ambos  reinos  salían a una tierra, de nadie en teoría, a hacer alguna que otra razzia ordenada por el comendador de Martos o de Alcaudete. De ambos hay referencias, pero el del Alcaudete aparece citado en siete ocasiones Destaca  el milagro de Esteban de Montoro que salió de Granada y relató su vivencia de este modo. “Viernes, en la noche ocho días de Noviembre, apareció muy grande claridad en la cárcel e salieron todos doce fuera de la cárcel que la hallaron muy llana e las puertas abiertas e salieron a la calle e vinieron a la Puerta Elvira. Hallárosla abierta. Estaban debajo de ella varias guardias de moros que velaban la viña e muchos canes que rondaban. E pasaron por entre ellos e ninguno les dijo nada. E esa noche anduvieron once lenguas e arribaron a Alcaudete, castillo de los frailes de Calatrava e Roy Sánchez, el comendador de allí, mándales sacar los hierros( grillos, para que nos entendamos)”.

  En estas aventuras, los caballeros cristianos, unas veces, marchaban en cabalgada y se encontraban con otra de los moros. Otras veces, acontecía lo contrario. Porfiaban entre ellos, y al final unos y otros solían cautivar a los contrarios. Los milagros recogen siempre cautivos cristianos por el rey de Granada, alcaide de Guadix, Ronda...Desde allí los llevaban a estas ciudades para apresarlos, los vendían o los empleaban, por la mañana, en labores de campo o artesanía, y, por la noche los encarcelaban.

 

ESTRUCTURA DE LOS MILAGROS

 

Permitidme que os haga un  esquema de la mayoría de los milagros. Su estructura  era muy simple. (El cura párroco casi iba leyendo las anotaciones del folio). Su sintaxis esencial, y su vocabulario básico, de la época.

 Primero, la cautividad se producía u ocasionaba en tierras de frontera por un enfrentamiento con los musulmanes o con motivo de una ruta comercial.

Segundo, los cautivos eran conducidos por los moros a ciudades y alquerías del reino de Granada. Allí, con guardias solían malvivir, esperanzados en salir de aquellos parajes  gracias a la intervención de algún redentorista o avalista. De noche la cárcel- una mazmorra honda o pozo- era su alcoba de dormir, donde yacían  encadenados de pies y manos. Pasaban mucha hambre y trabajaban a destajo de día  y  vigilados por el señor o sus criados. La dieta era poco pan ya alguna verdura.   Las cárceles solían estar en lugares profundos o torres, y, se pasaban años y años, trabajando en el campo, en molinos moviendo la piedra de rodezno, haciendo calderas de tinte para las ropas, cavando viñas.

Tercero, en una determinada noche, rezaban a Dios, Santa María o a Santo Domingo de Silos, patrón de los  cautivos. Estas eran las fórmulas de oración.

-Señor Santo Domingo, sácame de esta pena donde yago.

- Señora Santa María, te lo pido, sácame de esta cadena

En la penumbra y la sombra, tenía un sueño, siempre al amanecer, y, antes de que cantara el gallo, se producía una gran claridad. La voz del santo  le invitaba a salir de la cárcel al cautivo, realizando el  milagro.

-Vete fuera y échate andar.

-Señor, ¿quién sois que esto me decís?

-Soy Santo Domingo.

-No podré salir que la cárcel está muy honda y tengo gran cadena.

-No tienes la cadena , la cárcel está muy llana. Sal toma la cadena y ven tras mí..

Cuarto, es el momento en el que el liberado se deslumbra ante el exterior y emprende la marcha  hacia tierras cristianas. Lo suele guiar una luz divina o una paloma que le va indicando la ruta. Entonces, la ciudad se le muestra  con todas las puertas abiertas, sin nadie que le  acose ni le pare. Va como en medio de una nube. Desde la salida del lugar del encarcelamiento hasta la llegada al monasterio de Silos, no le suele ocurrir desgracia alguna  porque iban bajo la advocación del santo.

Quinto, el liberado llega al convento y entrega los grilletes  o la lanza con la que  cautivó a un moro al Santo.

 

ALCALÁ  Y LOS MILAGROS DE SANTO DOMINGO

 

Pues, carísimos hermanos, en este relato de pero Martín  hay también varias referencias sobre las tierras de Alcalá. Una Alcalá que pertenecía al reino moro, flanqueada de territorios de la Orden de Calatrava, con unas tierras plagadas de viñedos, habitada en su fortaleza, donde había personas que se ocupaban de abastecerse para librarse de los fríos. Un  lugar que era fundamental en la ruta entre el reino de Jaén y Granada, porque pasaba un camino fundamental para las correrías de los reyes granadinos cuando se adentraban en tierras castellanas. 

Los cautivos lo hacían por varios recorridos.  Primero, cuando los cautivos eran liberados y  pasaban por el término,- en aquellos tiempos del reino granadino-,  en dirección al reino de Castilla  para adentrarse en el monasterio de Silos, tardaban, todo el día y la noche,  en atravesar el reino de Granada hasta llegar a nuestra tierra y aparecían cerca de Jaén, por la dirección de las actuales Sierras de Jaén o por Alcalá, Alcaudete y Martos. Así lo expresan. “Anduvo toda la noche e la claridad delante de él. Cuando amaneció estaban a tres leguas de Jaén. Y fue a la posada donde solía posar”. Otros lograban “arribar a Otíñar castiello”, también muy cerca de Jaén. Los habían, incluso,  que alcanzaban en su caminata hasta Pegalajar. Cazalla o, como Catalina de Linares,  cautiva de Muhamat, Aben Mencal, hermano del rey de Granada que, junto con otras compañeras liberadas, “quando  amaneció, arribaron a Cabra, castiello”  .

El otro itinerario, se adentraba por los montes alcalaínos. Por un relato del cautivo Juan de Martos, que, acompañado de 37 peones, cayó en manos de Abu Yucef, sabemos que se encontraron en lucha en una paraje llamado monte de Abençala, y que en el regreso y lo condujeron a las tierras del rey moro, que estaba a siete leguas de Torredonjimeno, aldea de Torredonjimeno, donde llegó el cautivo liberado.  

 En  el año 1225, Domingo Mínguez y otros ocho cautivos nos lo describían al salir del cautiverio”siendo el mediodía, tomaron al  Mahomat, el moro que los guardaba. Y los echaron a un pozo y se dieron a ir por las viñas. Hallaron muchos moros en el camino y ninguno les dijo nada. Arribaron a Jaén” . Otro cautivo Fernando Pérez de Baeza, que se decía yerno de María,  pescadera baezana, tras unos pleitos con sus señores moros por cuestiones de telas, sedas y cuchillos de Pamplona, fue llevado a Granada, donde fue salvado por Sant Domingo en la noche  de un martes de primero de agosto1323 y nos especifica un punto importante del itinerario, el límite de la frontera  y un momento histórico  en el que Alcalá  era musulmana y su villa del Castillo cristiana con estas palabras “ en la noche arribó a Locubil Castiello ( Castillo de Locubín) de  los frailes de Calatrava sin embargo alguno”.

Con una detallada descripción, nos adentramos a tierras desde Granada a Jaén, en la versión siguiente de los liberados Pedro de Tobarra, Juan Fernández de Hellín y Gilot.Salieron de su cautiverio un domingo de abril de 1323 años:”por la puerta Elbira y ninguno le dijo nada. Vinieron a un hablar y se escondieron (probablemente por Pinos), tomaron grandes piedras, dieron a los hierros y quebráronse luego como si fuesen de cera. Sacáronles de las piernas e començaron a andar yendo de lante de ellos una gran claridad. Llegaron a un río muy grande ( Velillos) e no osaban a pasar, estaban en gran cuita. Dijoles una voz. “¿Porqué dudáis pasar? no tengáis miedo”. Metiéronse en el río. Pasaron en guisa que no le daba el agua  más hasta el tobillo. Después, llegaron a otros dos  ríos más grandes ( el de las Juntas, formado por Palancares y Velillos en el término de Alcalá,  y el de San Juan o Víboras). Pasáronlo muy bien. Así como el primer día todavía la claridad iba con ellos. Anduvieron así hasta el otro domingo. Y el lunes llegaron al Castillo que dicen de Otiñar, que es a dos leguas de Jaén. Guiólos un hombre a Jaén”. Pero, no siempre los cautivos se dirigían hacia Jaén, porque otras veces lo hacían  a Priego como un tal Domingo Pérez de Jódar que apareció dentro de un arca en  aquella villa que ‘era de los freyres de Calatrava”.

Os aseguro que hay varios relatos que tienen precisas referencias  sobre Alcalá de Aben  Zayde. Los hay sin importancia en el relato, pero con signifcativos datos económicos. Pues, mientras Alcaudete jugaba un papel importante en el comercio dentro de las tierras cristianas de la frontera, Alcalá desempeñaba parecida función  comercial en las granadinas. De ahí que no se puede entender el milagro de Larios de Burgos que en una cabalgada contra el reyezuelo de Rute cayó cautivo y fue vendido en almoneda en Alcalá de Aben Zayde a un tal Bucar por 17 doblas y penó su castigo en Almuñecar.

 Hay otro  importante  por los datos geográficos, que relata la liberación de un grupo  de vecinos de Arcos que se habían liberado del alcaide de Ronda, y, desde allí emprendieron la huida a través de los montes hasta llegar a nuestras tierras. La distancia era de doce leguas , y, en palabras del texto “Salieron e hallaron toda la Cárcel abierta e llana. La puerta de la Casa abierta. E fueron a la puerta que dicen Biba Regen e hallaron una carrera e anduvieron  por ella hasta la mañana. Todo el camino no los embargaban ( quiero deciros obstaculizaban o paraban) a pesar de que traían los hierros ( maguer, en sus palabras,” hierros” o sea los grillos) Quando fue el día arribaron a Alcalá, castillo de Jaén que avía xii leguas e echaronse  a  dormir cerca de una carrera. Venía Martín Domínguez, almocadén de Écija ( capitán) de Écija que traía presa de los moros e bestias e despertó los e conosció a Johan e quebrantóles los hierros”.

 Pero me voy a detener en el  milagro de Gil Pérez de Soria. Transcribo el texto.

 

            MILAGRO DE GIL ´PEREZ, MORADOR DE BAENA, Y MARTÍN 

 

En la era  sobredicha, vino aquí ( se refería al monasterio de Silos) Gil Pérez de Soria, morador en Baena en la colación de San Pedro. Y dijo que, yendo de Castro a Baena, a donde llevaban pan él y otro mozo Miguel. Llevaban una acémila e tres asnos cargados. Yendo en derecho del aloçar[1], hallaronse con un almocadén(un capitán de tropa de pie),que decían Muça Barrach, que traía cincuenta peones. Cautivó a Gil Pérez e a Miguel. Los sobredichos llevólos a Rute, después a Pesquera e después a Granada. Llegaron allí el lunes. Metiéronlo en una cárcel muy honda. Yacieron  allí dos días. El miércoles, sacáronlos en  almoneda. Vendieron a Gil Pérez por dos doblas y media. Comprólo un moro que había de nombre Aben Bajar e otro Mahomat e otro que era corredor de hierros, que decían Bovat.

Metiéronlos en la cárcel. De día cavaban él y otros  en un parral. De noche, métenlos en la cárcel las gargantas en el cepo de madera e las manos en otro cepo Yacieron cinco semanas. E de noche les daban de comer pan de panizo tan poco que no les faltaban. Ellos, cada día, toda la vida rogaban a Dios e  a Santa María  e a Santo Domingo  que por la merced los sacasen de cautivo. En la era de mil.323 años, lunes ante de Ramos, siendo el mediodía, cavaban Gil Pérez e otro Martín en un parral, ellos cavando  vino un viento recio.

Parecióle que dijera una voz de hombre:

- Gil Pérez, véte por el camino por tierra de cristianos. Porque Dios te ha hecho merced e Santo Domingo e después de cuatro días, estarás en tierra de cristianos

Dijo en esto a Martín.

-Traenos, (trenos, atiende )   que Santo Domingo os conoció, porque nos dijo que nos fuésemos.

Dijo Martín.

-¿Cómo nos iremos, ya que aquí hay muchos moros que nos verán ir, además de este modo que nos guarda ? Si nos movemos, nos han de prender y, después, nos han de dar azotes.

Dijo Gil Pérez si quieres que nos vayamos, si no, yo me quiero ir.

Dejaron las azadas y comenzaron a andar. A pesar de que[2]los moros eran muchos y Mahoma que los guardaba, no le dijeron nada. Fuéronse y anduvieron toda noche. Amanescióle en la Vega de Granada. Llegaron a la Cabeza de Elvira. Durmieron un poco. Levantáronse. Hallaron un camino[3]  e arribaron a Aliiora (Illora), quando salía el sol.

Vino un moro arar, traía delante de sí una yunta de bueyes e a caballo con una yegua e traía un rocín acogido. Espantáronse las bestias de los cautivos e el moro no los vio. Ni les dijo nada.

Ellos, acercándose por un camino que venía de Granada a Alcalá de Abençaide, encontraron al rey de Granada que venía de Alcaudete a talar viñas con gran compañía.

Estos cautivos no se pudieron esconder.  Pues  no había lugar porque no había montes ni valles. Pasaron entre la hueste. Paráronse muchos ginetes mirándolos e no les dijeron nada. Se fue el rey con su compañía. Estos cautivos estaban cansados y posaron cerca de las viñas de Alcalá. Vino un moro que hazía leña y tenía  poca legada Dijolos el moro en algarabía[4].

-¿Qué hacéis aquí?

-Estamos cansados porque venimos con la veste[5] e queremos irnos.

El moro tomó un bordón que tenía Gil Pérez, atólo en su leña y llevolo y siguió su camino.

Los cautivos comenzaron a andar. Llegaron a Alcaudete,  e sacáronles allí los hierros Pedro Martínez, un caballero, con sus hombres. Llegó Gil Pérez a Santo Domingo a cinco días de mayo con sus hierros. 

 

            Me he alargado, caballeros, pero no podía ser para menos que conociéramos Alcalá, ciudad mora, sus gentes y sus tierras en poder de los musulmanes, pues con este fondo histórico el pasaje de la conquista de Alfonso XI se engrandece.

De nuevo, se sube a la escalinata del altar mayor, alza las dos manes y canta solemnemente. Credo Deum Patrem Omnipotentem..... Mientras , se le iba  la mente en  los cautivos que no había narrado y habían pasado por Alcalá.

    

 

 

 

 

 

 



[1] Al Lozar , lugar lleno de lodo.
[2]  En el texto de Pero Martín “maguer”, término antiguo en lugar de aunque.
[3] Una carrera
[4] En lengua árabe
[5] Con el vestido