La primera mitad del siglo XVII
se caracteriza en su mayor parte por estar la ciudad continuamente empeñada y
obligada a reponder a las distintas peticiones de la Corona. La compra del
Castillo de Locubín, las alcabalas, los donativos y la moneda forera incidía en
la depauperizada hacienda local. A ello hubo que añadir las contribuciones para
el puente de Medellín, el almenilla de Sevilla, el muelle de Málaga, las torres
de la costas y el puente de Córdoba. Además fueron años secos y provocaron un agravamiento de la difícil
situación económica que dio lugar a unas cosechas poco productivas. A esta situación no contribuía la sequía pertinaz que desde el 1635 llevaba la miseria a los campos y culminó con el duro año de 1639. Raro era el
año de intensas lluvias y nieves como el 1635, que también ocasionó una corta
cosecha a la que hubo que registrar para el abasto común de la población a
través de la compra de trigo de los labradores, la mayor parte de las rentas y
diezmos de los eclesiásticos. En Granada, hubo gran temporal de aguas, produciéndose inundaciones por los ríos de Granada. Murió mucha gente, sobre todo, mayor, porque decía que adolecían de cámaras de sangre. Sucedió a finales del año anterior y primer trimestre de este año. El mes de mayo fué en Granada muy seco y faltó el pan,haciéndose rogativas a Nuestra Señora de la Antigua.También hubo una procesión de sangre con San Frnacisco y un Crucificado.E incluso el dieciséis de mayo, la Virgen de las Angustias. dando luagar a la lluvia. el veintiocho hubo alarde general de las tropas en Granada con Iñigo Mendoza ante el corregidor.El nueve de junio hubo un gran temblor de guerra en Granada. En las fiesta de Junio del Corpus ,siendo comisarios Luis Fernández de Códoba y Lucas de Herrera, actuó la compañía de Manuel Vallejo.Se embargaron los bienes de las franceses residentes en Granada al estar en Guerra contra Francia. En 1635, el Rey mandó que salierean los escuderos de la Costa con destino a Perpignan y entraron en treinta de junio ciento ocho lanzas y hombresa caballas con sus lanzas y adargas, dándoseles alojamiento tres días y amte el Marques de mondejar, se les dió coleto, capote y calzones de lindo paño más cien realesse fueron por Motril con el capitán Arroyo.También por Agosto, se embarcó una compañía de guerra. Murio don Fernando de Espinosa a manos de Nicolás Peralta, buen torero, gobernador de Alcaudete.
En 1634, comenzó a extenderse la plaga del gusano en la sierra de Valdepeñas, procurando la ciudad servirse de las artes del conjuro del Licenciado Diego de Mieres, que es persona que haze exorcismos y conjuros para el gusano y el pulgón y que la ha quitado en la sierra de Valdepeñas y en los montes de esta ciudad son considerables (30.6.). Más importantes efectos devastadores provocó un huracán de aire la noche del veintinueve de diciembre en el casco de la población y en la aldea de Charilla, llegando a arrancar sesenta y siete álamos en el ejido del mismo nombre, una cantidad de árboles y álamos sin especificar de la aldea, y, aunque no se cite , en techumbres de los edificios, como la chimenea de la casa del corregidor, el tejado y campanario del convento de san Francisco, al que la ciudad concedió una limosna de treinta ducados para su restauración. (cf. Libro de cuentas 116.4) y las casas particulares de la Mota, y las de retama de los núcleos rurales.
La epidemia de peste no llegaron a afectar a la ciudad de Alcalá. En 1637 se llevaron a cabo todas las prevenciones necesarias, cercando la ciudad desde la calleja de Pedro Vázquez Mesía hasta la calleja de Francisco Velasco y, de allí, hasta la calle Tejuela y Puerta Velasco, desde la Puerta Villena hasta san Sebastián y la Cuesta Cambrón con tres puertas en Villena, Álamos y Peña Horadada y estableciendo las correspondientes rondas. Sólo quedaron al principio por cercar el Barranco de Millán y las Torres Bermejas que eran las salidas de los campesinos y el lugar de entrada de enfermos de los cortijos. Alguna incidencia debió existir de la peste, porque el 23 de junio se da llave junto casa de Antón de Alcalá, al párroco de santo Domingo para administrar la extremaunción de los enfermos que vienen del barrio de las Torres Bermejas. Y además vinieron vecinos forasteros a segar en el mes de junio, los cortijos, procedentes de lugares contagiados.
Si las medidas de imposición eran continuas y producían continuas deudas, el Pósito sufría también las mismas consecuencias al existir un gran número de deudores de trigo y dinero por el año 1632, que eran continuamente apremiados por los alguaciles.
La ciudad trató de salvar la situación mediante el desembolso de todas las deudas y, lo que le correspondía del donativo de los 24.000 ducados, con una nueva provisión real que le permitía roturar otras mil fanegas de tierra, conocidas como las del jurado Orduña. Con una nueva imposición. Esto se ajustó con el mencionado jurado, a quien se le encomendó el arbitrio de dichas tierras y el nuevo impuesto, de un maravedis por panilla de aceite, al mismo tiempo que quitaba todos los anteriores que cargaban sobre productos básicos como la carne, vino y asaduras (8.3.1633)provocando un nuevo conflicto con respecto a la arbitrio del aceite en el ajuste de cuentas. El jurado Francisco de Orduña, importante mercader de la seda, asumió la administración de las mil fanegas y prestó los veinticuatro mil ducados en dicho año. De ahí que las tierras roturadas se conocen a lo largo de los siguientes años como las mil fanegas de Orduña.A partir del año 163O, se contribuyó tambiéne con un donativo de veinticuatro mil ducados en moneda de vellón durante seis años. Para ello, se repartieron tres mil fanegas de tierra en las distintas dehesas de Alcalá- Entretorres, Mures, Hondonera- que fueran pasto común y concejil, se creó una nueva escribanía en el Castillo de Locuín, se doblaron los impuestos de las asaduras y despojos y se puso una nueva sisa de un maravedí por cada panilla de aceite. Sin embargo, aunque las medidas podían mostrar un balance equilibrado, no recaían sino en el pueblo llano mientras el estamento eclesiástico y los hidalgos se veían exentos de toda imposición nueva. Tampoco, la ciudad podía comprometerse el primer año, porque la única entrada que tenía los propietarios era el desmonte del arbolado, por lo que debía afrontar el primer año de sus ingresos de propios y pósito un aplazamiento para años posteriores en que fueran rentables. En 1635, año de peste y hambre en toda España y estallido de la guerra con Francia, por mediación del miembro del Consejo del Rey don Luis Gudiel y Peralta se vendieron diversas tierras a varios particulares en el reino de Granada, Jaén y Andalucía, y Alcalá la Real se vio beneficiada por esta medida que pretendía acrecentar las tierras y arbolado, al mismo tiempo que suponía una fuente de recursos para la Corona. La ciudad, imbuida en los intereses de los ganaderos y del pasto comunal, solicitó que se anulara la venta de dichas tierras..En 1646, se llevó a cabo el arrendamiento de nuevo de dichas tierras y se contribuyó con un nuevo donativo de 37.000 reales. El corregidor Gregorio Antonio de Chaves y los regidores iniciaron el rompimiento y el arrendamiento de tierras sin permiso ni provisión real. Entre las roturaciones de tierras se encuentra la denominada de los arbitrios nuevos, que afectó a las tierras de las Atalaya baja, Coza la Hornera, Majada desde el Camino de Noalejo hasta el Camino de Charilla, Encina hermosa, Salobral, Malabrigo, Arroyo de las Parras, ribera del Palancares, Hituero, Vereda de las Grageras, Carrizalejo, Dehesa de Charilla, Vega de las Parras y la Rábita. Todas ellas trataban de roturar tierras que estaban cercanas a las antiguas veredas, rios, abrevaderos,dehesas y descansaderos de animales. Con el arrendamiento anual se hacía frente a las nuevas imposiciones de la corona, los donativos y los gastos contraídos con los censos para pagar la compra del Castillo de Locubín.
Pero, se anularon las medidas y se impusieron penas a los gobernantes. Ante la protesta de los compradores de tierras, todos ellos vecinos de Alcalá y Castillo ( Juan Ramírez de Tejada,, don Pedro de Aranda Figueroa, don Pedro Garcés de Acosta, don Francisco de Herrera Valenzuela, don Pedro Diaz de Arce, Juan Fernandez Clavijo, Alonso García de Baena, Benito de Ortega, Jacinto López de Cortes, Pedro LLorente, Juan García ee Vilches, Melchor García de Vilches,, el licenciado Juan Ruiz Hidalgo, don Alonso de Moya, María de Alvarez de Huelte, viuda de Juan de Santiago, Alejo Sánchez, Francisco Romati, y Martín de Molina), se inciciaron varios litigios que culminaran en 1650 cuando el comisionado real don Pablo Méndez Salazar, volvió a anular la venta de los terrenos adquiridos en el año 1635 y se pagaron los desembolsos de los compradores, agregaron la cantidad cobratoria del arrendamiento de las tres mil fanegas de tierras a los arbitrios que se pagaban para la paga de todos los censos que se habían contraido en la composición de alcabalas, donativo de los años anteriores y la compra del Castillo de Locubín, y el nuevo donativo de 22.000 ducados, anulándose otras sentencias anteriores que impedían el uso de las tierras. Al mismo tiempo, se sentenció que se pagara todos los dineros invertidos por los compradores de tierras. Las tierras comunales quedaron definitivamente para uso y pasto común del pueblo y sus frutos e ingresos quedaron comprendidos dentro de los propios de la ciudad. Todas estas medidas se tomaban a favor de la ganadería y previendo medidas de despoblación de la ciudad, así como en base a los antiguos privilegios concedidos a los vecinos de Alcalá y Castillo. La ciudad contribuyó con los veintidos mil ducados(8.254.000 maravedís) mas otros cuatro mil para los gastos de administración
Su carácter exento, reminiscencia de un período anterior, que le obligaba a prestar servicio militar a la Corona con varias compañías de soldados ahonda la pobre situación de sus arcas municipales. Y este reinado mantuvo varios frentes en el extranjero, Portugal y la península. A cada movimiento militar, repercutían en Alcalá consecuencias militares y financieras.
Sirva como ejemplo que hubo que acudir a la guerra de Cataluña con una compañía de soldados a Tortosa y en la guerra de Portugal el 1637 también estuvieron 160 infantes para apagar la rebelión de Portugal, No es menos penoso el continuo alojamiento de soldados en los últimos años del reinado, sobre todo, en la villa del Castillo de Locubín que provocará varios altercados y levantamiento de la población.El primer alojamiento tuvo lugar en febrero de 1627 con la llegada del tercio de la armada que provenía de las Indias. Además de la manutención de pan, aceite y leña, el repartimiento entre los vecinos provocaba grandes inconvenientes entre los vecinos, a los que se les obligaba a realizar el padrón. La ciudad procuraba evitar los roces entre su vecindad mediante la instalación en la casa de alquiler de la calle de la Peste y, en caso de necesidad, desalojar todas las casas de aquella calle y alojar los vecinos entre los demás vecino.
La administración local, a
pesar de los esfuerzos de Baltasar Gilemón de la Mota en 1636 de reducir los
cargos municipales alcanzaban la cifra de cuarenta regidores y 11 jurados que
al final del reinado se quieren consumir y librar a las arcas municipales de
esta carga.
.A
veces, la situación era más violenta con los vecinos de los pueblos comarcanos. Principalmente los vecinos de Alcaudete eran los más propensos a
traspasar los términos colindantes y
formando cuadrillas invadían los terrenos y montes baldíos por la zona
de la Rábita y Encina Hermosa. Es el caso de una cuadrilla vecinos con bandera
y siete u ocho escopetas y más de cincuenta armas habían desmochado gran parte
del monte para aprovisionarse de leña en
el 1629( cf. 5.3) Sin embargo, el pacto de concordia, realizado en reinados
anteriores con la villa de Priego y
Martos, permitieron el usufruto
de las zonas limítrofes sin necesidad de
nuevos enfrentamientos (cf.24.6.). Otras
veces, ante la nueva situación que se
generó con motivo del arreglo del reparto de legua concedido al Marqués de los
Trujillos en la venta del Castillo de Locubín, el conflicto se extendió al
flanco suroriental que hasta ahora se había mantenido pacifico desde la
conquista de Granada y así se provocó en
1633 un nuevo incidente con los ganaderos de Puerta Alta que se adentraron al
término de Alcalá, afectando a ganaderos vacunos de Bartolomé de Alba que
acudían al cabildo que los defendiera en estas circunstancias.
Investigado
el asunto por la ciudad, se comprobó que los guardas del cuarto de legua del
Marqués se habían adentrado en el término alcalaíno, apresando a vecinos y
acometiendo actos de justicia
violentando la jurisdicción de Alcalá. Como la situación de vecindad
todavía no estaba muy clara con los vecinos labradores de Puerta Alta que disfrutaban de muchos beneficios sin
pagar diezmos ni tenían cargas concejiles y disfrutaban de los pastos y tala de
los montes del término de Alcalá, se decidió quitarles la vecindad y traer
apresados a todos los que habían cometido los excesos, al mismo tiempo que se
estableció un nuevo servicio de vigilancia de la zona por guardas y un
amojonamiento de la legua entre los distintos ayuntamientos de Valdepeñas,
Martos, Alcaudete, y el marqués. En 1660, tuvieron que alojar durante el
tránsito y paso de Granada a los tercios de Flandes y Cataluña, un cuerpo de la
Armada. Pero
las anteriores gracias reales se prorrogaron con motivo de la adquisición del
Castillo de Locubín salvo los arbitrios, ya que cumplían en los años treinta
del siglo XVII, al mismo tiempo que se les permitió un nuevo censo que hiciera
frente a los anteriores compromisos de la Corona, acreedores y la nueva
adquisición del Castillo. El más importante prestamista fue doña María de
Narváez y Alfaro, que supera los seis millones de maravedís. La
reforma, emprendida por el consumo de
oficios, dio lugar a que renacieran enfrentamientos entre los diversos bandos.
El grupo de hidalgos, procedente de los descendientes de los conquistadores e
hidalgos de sangre, pronto se opuso a aquella reducción que le afectaba al
control del poder municipal, concretizado en la reducción del número de
jurados, regidores, escribanos, y procuradores. Un grupo formado por Gonzalo
Narváez de Padilla, el licenciado Alonso de Rojas, Juan de Novoa, Gaspar de
Cienzas, Francisco Mazuelo Monte, Rodrigo Alfonso Clavijo, Alonso de Aranda
Cañete, Juan de Aranda Góngora, Luis Fernández de Cardera, rechazó la reforma,
aludiendo lo poblada que se encontraba la ciudad en la cota más alta de tres
mil vecinos y mil vecinos del Castillo, cifra exagerada para la época, que
contrastaba con el único padrón realizado ante el escribano Pedro de Contreras
que cifraba en 1624 en el año 1614.
La
necesidad de un mayor número de regidores por las muchas delegaciones y
comisiones, la distancia con el recinto fortificado que impedía la ausencia de
muchos de ellos, el desgobierno futuro que podría ocasionarse eran otras
razones para rechazarlo.
Este
nuevo grupo, controlado por los Sotomayor, Salazar y Mendoza, Alonso de Moya ,
Miguel de Utrilla y Gamboa impedía cualquier apertura en el acrecentamiento de
sus miembros. Por eso, en 1630, cuando el rey, acuciado por las difíciles
circunstancias económicas que le ocasionaban los frentes de la guerra en
Italia, Flandes y en las Indias, se oponía la mayoría de ellos a conceder
hidalguías a nuevos personajes enriquecidos por puestos burocráticos. Un claro
ejemplo fue el escribano Luis Méndez de Sotomayor con el que emprendieron una
serie de litigios que alcanzaron en algunos momentos la violencia entre los diversos
bandos de la ciudad que enfrentaba a los
Sotomayor y los nuevos advenidizos como
los Utrilla y Vásquez Mesía frente a los hidalgos de sangre como los Cabrera,
Góngora, Aranda o Clavijo .(cf.
31.5.)
Lo
mismo manifestaron en 1634 cuando los vecinos, acuciados por gran número de
cargas municipales y oficios, pretendían que estos últimos podían repartirse
por igual entre pecheros y nobles. El estamento hidalgo se opuso rotundamente,
agraviado por la posible entrada en su gremio de otros muchos hidalgos y privilegios anteriores(11,3. ). No
obstante, varios miembros aspirantes por sus títulos profesionales en el año
1634 volvieron a replantear la vuelta al número anterior a la reforma de
Gilemón de la Mota, porque eran necesarios y además tan sólo tres regidores de
la familia de Salazar y Mendoza controlaban todo el gobierno municipal. Los
nuevos regidores o herederos de familias procedentes de finales del siglo XVI,
Miguel de Utrilla, Luis de Ortega, Juan Fernández de Villalba y el abogado
Pedro Muñoz de los Díez defendieron la postura de los vecinos en el cabildo y
se opusieron los regidores hidalgos de la familia Salazar, el hermano del abad
Alonso de Moya, Juan Vázquez Mesía, el alcaide Antonio de Gamboa y Pedro y Cristóbal de Jerez. El enfrentamiento fue
tenso entre los distintos miembros provocando la salida de algunos de ellos de
la sala de Cabildos. El asunto lo llevó
a la Corte el regidor Miguel de Utrilla,
pero pronto murió. Se inició un nuevo pleito, en el que los
regidores trataban de impedir cualquier tipo de ampliación. La razón
fundamental de su postura radicaba, más
bien, en esto último, que en otros motivos alegatorios y banales como eran el
que se habían evitado los bandos que hasta ahora habían dominado la vida
municipal y habían gobernado con paz y quietud la república. Tampoco es muy
creíble el beneficio de las clases menos privilegiadas al disponer la ciudad de mejores y mayor número
personas preparadas para ejercer la gran cantidad de oficios que se nombraban
por el cabildo y no verse obligados los sectores menos desfavorecidos a ejercer
cargos que le implicaban molestias y vejaciones. Lo que sí era un dato fiable
que anteriormente los oficios solían recaer siempre entre un reducido grupo
de personas, que solían formar una
endogamia y un clientelismo a través de las ventas de los oficios y la corruptela
de su administración den detrimento de las clases menos desfavorecidas. El
corregidor Diego de Guzmán decretó la vuelta a la situación anterior que
permitía un mayor número de oficios.
En la Abadía, un confesor del rey, ocupó la sede y se reavivaron ciertas obras.
Fray Antonio de Sotomayor | 1-10-1632> 1649 | Dominico, confesor de S.M el rey Felipe IV que le nombró. Inquisidor General apostólico de la Santa Cruzada y del Consejo de Estado. Arzobispo de Damasco. | No residió ni vino a la ciudad. Vicario gobernador, visitador y provisor general: Juan de Bustamante, Antonio Carrión de la Real, abad de san Estebán de Burgos, el doctor Lorenzo Bellón, tesorero y canónigo de Santander, prior y abad de Cubero, protonotario de S.S. y comisario de S.O. de España, Garcí Gil Manrique, obispo de Barcelona, que huía ante la llegada de los franceses y Marcos López Mejorada. | Fundación del convento de san Juan de Dios en Priego, Obras en los conventos del Rosario y san Francisco, y capuchinos. |
Lo mismo sucedía con el abuso de poder como
las decisiones desorbitadas que en este mismo año mencionado anteriormente tomó
sin provisión real el alcalde mayor doctor Lara y Castro, aunque en beneficio
de la ciudad había roturado 500 fanegas de tierra en el monte baldío, destinado
al pasto común y cría de ganado para
hacer frente a las obras de los corredores y el rastro, venía en detrimento de las intereses de los
ganaderos, que veían cada día más reducido el término municipal destinado al
pasto de sus animales.
Los
intereses contrapuestos provocaba un amplio debate entre los miembros del
cabildo, divididos entre la legalidad e ilegalidad, subterfugios de intereses
particulares. De ahí que surgían situaciones muy embarazosas de personas
afectadas ante el anticipo de dinero y nuevos arrendamientos, que al final los
propios munícipes obligaron a paralizar dicho arrendamiento y endeudamiento de
los propios para pagar las obras emprendidas. El regidor Ruiz Díaz de Mendoza
emprendió todo tipo de acciones legales ante la carestía y subida del precio de
la carne, pues, aunque un poco exagerado, se veían en situación de peligro el
ganado de cerda y ovino y, lo peor de todo, se habían desmontado gran cantidad
de monte llegando a producir más de mil
cargas de leñas de las que se aprovecharon el corregidor y alcalde mayor. Estos
tuvieron un enemigo común cual fue el abogado Diego de Haro y los regidores
Francisco Salazar y Pedro Vásquez Mesía que prosiguieron el pleito contra el
alcalde mayor tras el cese de su cargo.
Con ello se logró que las tierras no se volvieran a arrendar y quedaran de
pasto común, porque, según alegaban los regidores, un foco fantasiosamente era
imposible
criar ganado ovino ni de otro por no haber donde pastar un monte bajo para
abrigo , dando lugar a que los ganaderos lo sacaran
del término para venderlo..
El
abuso de poder por parte de los corregidores excediéndose en las competencias e
invadiendo los privilegios de los regidores y jurados era otro campo frecuente
de fricciones en la ciudad, puesto que su nombramiento real no le permitía
usurpar los privilegios que la ciudad había conseguido en siglos anteriores.
Varios fueron los pleitos entre los que destacó el nombramiento de alguaciles
de la ciudad, que enfrentó en 1633 al cabildo con el corregidor Diego de Guzmán
que unilateralmente pretendió evadir esta suerte concedida por Alfonso XI a los
miembros del cabildo. Aunque, alineado con el bando de Alonso de Cabrera con el
que tenía cierto parentesco, los regidores Antonio de Gamboa, Juan Fernández de
Villalta, Pedro de Góngora y Alarcón se le opusieron y fueron encarcelados,
dando lugar a la paralización de la vida municipal en el que no se convocaban
cabildos. Recurrieron a la Real
Chancillería de Granada e inmediatamente fueron soltados. La situación de la hacienda municipal era
desastrosa, porque las tierras de
arbitrios no habían cobrado más de mil ducados ni se habían nombrado regidores
comisionados para los pleitos ni esterilidades de donde dimanaban muchos
intereses de la ciudad. El abuso de los ejecutores y el nombramiento de un
excesivo número de alguaciles atormentaba a muchos labradores, porque cobraban
en exceso y había llegado a un límite la ciudad que
la
ciudad no había visto los nombramientos y llevan más derechos de los que toca y
salen al campo a denunciar, no pudiéndolo hacer y se a dado ante su Majestad en
su Real Consejo el riesgo que esta Ciudad y capitulares de ella con la deuda
del señor don Diego de Guzmán, por los bandos y disensiones, que han formado en
particular don Alonso de Cabrera, y amenazas y excesos con el nombramiento de
tantos alguaciles-
Ante
esta situación, trasladaron el asunto a la Corte, protestando por la actitud
excesivamente personal del corregidor que impedía la participación de los
regidores en detrimento de la hacienda local, mermada por la falta de cobro del
Pósito, propios y arbitrios, y lo más grave el alineamiento con un bando de
ellos, al que exigieron la prohibición
de entrada en terrenos de propios :
el
dicho don Alonso de Cabrera sin poder hacer, en contravención de las órdenes
reales, tocantes al plantío y conservación de los Montes y a lo dispuesto en
las Cortes de 1632, teniendo en su mayorazgo mucho monte de encinas. muy
considerable y provechoso a esta república, muchas veces a bendido muchas
encinas a carboneros y la ciudad y la justicia de ella le han hecho causas y
justicias de ella y impedido a él cortar, y no obstante esto, a prozedido y con
la mano poderosa del teniente y el favor del señor corregidor procede de suerte
que de raíz saca encinas y talado el dicho monte y aciendo lo mismo a lo que queda, y lo peor es
que en lo público y realengo a hecho la dicha la dicha tala y bendiendo las
dichas encinas a carboneros, en que se a seguido más de treinta mil ducados
(cfr. 11.8.1633).
El asunto
lo zanjó la resolución de José´Chumacero y Carrillo , miembro del Consejo y
Presidente del Consejo, obligando al corregidor a entregar las varas de los
alguaciles mayores de Alcalá y Castillo de Locubín y la del alguacil de penas de ordenanza para que
lo echaran en suerte entre los miembros de la ciudad (25.8). Otras veces va ser
en el nombramiento de guardas de campo y alguaciles de vagabundo y penas de
ordenanzas como ocurrió el mismo año con la reacción de protesta contra el
mismo corregidor en el Castillo de Locubín. Alegaba el corregidor que la villa
tenía más de 600 vecinos y nombró el corregidor a los guardas de las seis zonas
del campo otros seis sobreguardas o acompañantes de los guardas, además que los
alguaciles también solía emprender algunas acciones de ejecución y control en
el campo. Por su parte, la ciudad, no admitía en el Castillo más de quinientos
vecinos y tan sólo un alguacil se mantenía el orden desde hacía treinta años
hasta 1633 y el actual Lorenzo Maldonado en contra de las ordenanzas vivía en
Alcalá y había cometido un gran número de vejaciones contra los vecinos. La
situación se describía en el dos septiembre de esta manera por el corregidor
parcialmente:
la
ocupación es de tan poco aprovechamiento falta ordinario que execute los autos
y órdenes de la Justicia y padecen notable daño y perjuicio los vecinos de que
ha tenido queja general y así mismo grandes robos y salteamientos que suceden
en el campo y es forzoso hayga nuestra justicia que la visiten y requiera lo
qual no es contra los privilegios que este no tiene por nombrar guarda de
campo...nombró uno en particular que bisite de noche y de día el término común
y bentas para obiar guertas y salteamientos y en razón de tocarle las
execuciones es cosa asertada...
El
propio síndico lo apoyaba porque los vecinos de Martos se adentraban por la
zona del Castillo a medio legua con sus ganados y no había más solución que
poner remedio. Este corregidor no sólo se enfrentó con el estamento civil sino
que lo hizo con el clero regular. Así en 1635, fray Agustín Maldonado acudió a
la Corte, en representación de los frailes de Consolación, que tuvieron una
alterado con sus alguaciles en calle
pública y con escándalo y alboroto (20.7).
Si hay
un período significativamente
conflictivo en la historia moderna de Alcalá, no puede señalarse otro
sino el corregimiento del corregidor Diego de Guzmán. El cabildo municipal se
hallaba completamente dividido en dos
bandos irreconciliables por rencillas de familias, el levantamiento del
vecindario y las continuas imposiciones entre las que destacaba el conflicto de
la sal. A ello se unían los clérigos y las familias hidalgas, encabezadas por
Alonso de Cabrera enfrentado al escribano y regidor Luis Méndez de Sotomayor,
un personaje que se había ido enriqueciendo con una serie de
escalonamientos en la vida pública y con
el comercio del vino, mientras otros habían sido despojados en el consumo de
oficios de los años veinte y esperaban el momento de volver a sus cargos. Raro
no era el día que se le investigaba a este último, se levantaba la población, y
surgían reyertas entre alguaciles y vecinos en el año 1635. A pesar de la
intervención del abad, que era además Inquisidor General y residía en la Corte,
, no ofrecía credibilidad las intervenciones del corregidor para atajar la
alteración del orden público. Para colmo de penas, una nueva devaluación de la
moneda y trueque tuvo lugar en dicho año.Relacionado
con la sisa del vino hay que entender enfrentamientos personales como el jurado
Jusepe Gómez de Villalba y el licenciado Martín Alonso de Herrera por un
enfrentamiento con acuchillamiento en el que estaban implicado el doctor Roger
alcalde mayor.
Pero
la causa del conflicto vino, sobre todo,
provocada por la entrada del vino de Lucena en Alcalá, ya que los
arrieros aprovechaban los itinerarios
hacia otros lugares para abrir puntos de venta en Alcalá y la comarca
como en Valdepeñas. En el año 1624, ante las quejas de los vecinos, se acordó por el ayuntamiento la entrada de vino de Lucena (cf.25,11)
En
1625 se solicitó al cabildo ayuda ante la confederación de los linajes, que
pagaban la tercia directamente sin la intervención de medidores ni tabernero,
provocando un conflicto con las normas de la ciudad (cf.28.1.). En 1630 se
constataba la entrada de vinos, que provocaría la desaparición de los
propietarios de viñas por el elevado sueldo de los trabajadores. De ahí que
regularon los sueldos (13,3,). En la ciudad se formaron dos grandes grupos, uno
dirigido por Rodrigo de Cabrera y otros hidalgos frente al de Luis Méndez de
Sotomayor, coaligado con el corregidor, que había introducido vinos cordobeses
a la ciudad provocando la decadencia. Hubo alguna muerte de un arriero y asalto
a las cargas de vino foráneos e incluso enfrentamiento de armas entre los
distintos bandos que hubo que atajar el corregidor. Como es lógico, los
intereses y odios personales generaron una serie de acciones y reyertas entre ellos. Al final el cabildo consciente
de la importancia municipal en 1632
promulgó una nueva ordenanza del vino que impedía la entrada de vino de fuera y nombraba comisarios a
Francisco de Salazar y Alonso de Moya para redactarlos:
parte
porque la ciudad temía a la consumición de los vecinos herederos de vino ,
porque es la principal cosecha y caudal
(cfr. 28.6.1632)
Convocaron
varios cabildos a campana teñida para provocar a la población y trataron de
implicar a toda la población, a lo que se oponía el corregidor previendo las
intenciones y la tensión que se había generado entre los bandos. En intereses
y odios personales generaron una serie de acciones y reyertas entre ellos. Al final el cabildo consciente
de la importancia municipal en 1632
promulgó una nueva ordenanza del vino que impedía la entrada de vino de fuera y nombraba comisarios a
Francisco de Salazar y Alonso de Moya para redactarlos:
parte
porque la ciudad temía a la consumición de los vecinos herederos de vino ,
porque es la principal cosecha y caudal
(cfr. 28.6.1632)
Convocaron
varios cabildos a campana teñida para provocar a la población y trataron de
implicar a toda la población, a lo que se oponía el corregidor previendo las
intenciones y la tensión que se había generado entre los bandos. En el año
1633, y algo parecido sucede en 1641, el problema sigue efervesciendo por las
nuevas imposiciones que hay que hacer efecto a la Corona; por eso se alude a
una ordenanza que prohibía:
entrada
de vinos de fuera de la ciudad en ella ni en las tres leguas a la redonda y
planta de vinos y cobranza de ms los quales se reparten para paga de Su Majestad en una cantidad de
522 reales y 22 ms.
Al
mismo tiempo, Diego de Guzmán nombró de teniente de corregidor, que se ufanaba
de perseguir al resto de los regidores
encarcelándolos y provocando un
vació de poder ante el absentismo del resto de los regidores a asistir a los
cabildos.
Al año
siguiente, un vecino Antonio Callejón introducía el vino de Lucena, dando lugar
a una queja de los vecinos que veían
coartados sus ingresos y pedían que se cumplieran las ordenanzas antiguas de
entrada de vinos porque es el
principal caudal y hazienda que tienen (20.3).
Lo más grave fue que la entrada de vinos se
extendió a Granada provocando la
competencia en aquella ciudad, donde hubo que defenderse a lo largo del siglo
en continuos pleitos para hacer valer
los privilegios que le permitían entrar en el mes de mayo, junio y julio y cada
vez más se veían acosados los comerciantes por medidas impositivas y por los
cosecheros granadinos (cfr.14.5.). En los años treinta y cuarenta fueron
constantes los viajes de los comisarios regidores, y, hasta el propio
corregidor, a Granada para defender la ciudad ante la nueva situación.
atento
al negocio de vino por esta ciudad en la de Granada es tan grave y de mucha
utilidad para los vecinos de esta ciudad herederos de vinos, y en Granada se le
hacen vejaciones y no les dejan vender libremente ni usar de privilegios y
exenciones que tienen de Su Majestad
(16.5).
En
1647, el asunto trascendió a la esfera de los conflictos internos y el
enfrentamiento se produjo entre los productores de vino y los corredores que
prácticamente habían conseguido un monopolio de la comercialización. Los
cosecheros solicitaron que fueran los corredores de vino elegidos anualmente o
eliminados para conseguir una mejor comercialización del vino que es el principal caudal y cosecha que esta
ciudad tiene y porque los arrendadores de los oficios de medidores de vino an
resultado grandes inconvenientes.
No era
muy regular el abasto de sal de las salinas de Filique y Rábita, porque hubo
momentos que hubo de traerla de otros lugares. En 1632 se trajo del alholí de
Priego (19.11.) y otras veces de Baena. Incluso, el propio corregidor obligó a
la ciudad a asumir muchas veces medidas de gestionar las propias salinas y el contraste de precios era notorio con lo
exigido en por el precio real en Filique y la Rábita la fanega salía 25 reales
la fanega. En 1633, de nuevo resurgen serios problemas en las cantidades
consumidas, estableciendo 1038 fanegas a 86 reales , de las que el rey recibía
60 reales sin que se consumieran por los
vecinos 160 fanegas que había que repartidas por tres años en una cantidad de
31,805 reales. (7.5.1633). Pero el grado mayor de tensión tuvo lugar con la
llegada del administrador de la sal en Andalucía el caballero de la Orden de
Calatrava Manuel de Pantoja y Alpuche que obligó a un acopamiento voluntario de
1200 fanegas, cuya unidad debía cobrarse a 86 reales y medio, cargando cuatro reales para la fábrica, dos reales del
derecho antiguo y gastos de acarreto, mermas , y ventas, mientras hasta ahora
salía a sesenta reales incluidos todos los gastos. Ello obligaba a cargar sobre
los vecinos 34 reales. Un grupo de vecinos, encabezado por Pedro Gómez Pedrero,
que luego será administrador y toldero de la sal, se juntó y llevó a cabo un
tumulto en la ciudad negándose a pagar dicho tributo. Los regidores tuvieron
noticia y lo trataron en el cabildo del 20 de mayo en estos términos, encomendando al abogado
Pedro Muñoz de los Díez abrir una
querella contra todos ellos:
Pedro
gómez pedrero y otros se juntaron y han concitado y alborotado esta ciudad
diciéndolo lo más público de ella delante de mucha gente, que no se dé esa
cantidad en Jaén que se a cargado y ha sido injusticia el pedirla, y otras
palabras descompuestas con la justizia y reximiento, diciendo que todos los
vecinos no pagasen y que él los libraría, ascribiendo muchos que reducía obligandoles a que abían
de dar dineros, con lo qual lebantó los ánimos de los vecinos de suerte que no
se puede conseguir el servicio de Su Majestad ni cobrar lo que se daba, porque
todos fiados en las promesas del dicho pedro Gómez y consortes se escusan de
pagarlos y las prendas que se le sacaron no ay quienes las compre, por cuya
causa está detenido un ejecutor despedido por el dicho señor Manuel Pantoja,
que viene a la cobranza de la que resulta debiendo de la dicha sal y que se
resta debiendo y por que demás de lo
referido el dicho pedro Gómez es hombre sidicioso en esta república y que todas
las veces que se ofrece de escribir a Su Majestad siempre mal de los acuerdos
del cabildo y lebanta a los vecinos; para que no lo haga, importa que se le
castigue de oficio por la Justicia. Ante el mal cariz del asunto se trasladó el 23 de mayo a la Real Chancillería
de Granada por lo que significaba el desacato al Rey en el impago de la sal,
solicitando al mismo tiempo que se castigara al promotor del alboroto por parte
del administrador de la sal y enviando a varios regidores a entrevistarse con
él y se constata que era real la situación: el
lebantamiento de algunos vecinos de esta ciudad se impide la cobranza a Su
Majestad de lo que se debe el resto del acopiamiento voluntario de esta ciudad
A finales de mes el pleito se encuentra en
manos de los abogados y el propio síndico de la ciudad se entrevistó con él
para emprender todo tipo de acciones judiciales. El asunto era bastante
difícil porque los nuevos receptores del
impuesto de la sal veían que la merma que se producía les obligaba a grandes
desfases en el balance de las cuentas y, por otra parte, los ejecutores
acuciaban con continuos apremia la ciudad. Aún más, el propio Pedro Gómez
seguía incitando a la ciudad, porque los regidores se habían obligado a pagar
16 reales por fanega de sal en el acopiamiento voluntario sin permiso ni
facultad real. La ciudad, ante los compromisos, no tenía otra solución que
proseguir el pleito emprendido. Por otra parte, el administrador de la sal
nombró al alcaide de Porcuna Diego del Rincón subdelegado para que asumiera el
asunto en el apartado judicial y se presentó en Alcalá con un alguacil. En el
mes de marzo Manuel de Pantoja se trasladó a Granada para resolver el
conflicto. En el mes de septiembre, se cobró el primer pago de acopiamiento de
la sal a un precio de 56 reales la fanega. Pero en el mes de diciembre hubo que
traerse de Baena setenta y dos reales. El recargo que los vecinos soportaban en
la sal queda manifiesto en estas cifras: 52 reales para el rey, dos reales a
Baena por el derecho antiguo, 3 reales al fiscal, 4 reales y medio por el
acarreto y conducción y 5 reales por ventas y mermas. En 1634 se sacaba la sal
de Filique y su precio con el acarreto y costos no alcanzaba la suma de 27
reales por fanega en el mes de septiembre. Casi siempre el mejor remedio era
otorgar el cargo a los incitadores, y el 1635 vemos a Pedro Gómez, nombrado
toldero y receptor de la administración, realizando un reparto y una
distribución en tres puntos de Alcalá( Mota, Trinidad y Llanillo) y en el
Castillo, aunque causó en los mismos defectos que los anteriores y se vio
obligado a cesar en los pocos meses ante la queja general. En el año 1635,
proseguía el levantamiento de la sal y el corregidor tuvo que acudir a medidas
drásticas, apoyado por algunos regidores y enfrentado a un sector que
encabezado por don Luis Aranda y Leyva, opuesto al resto de los regidores y denunciador de la malversación de los
fondos de los arbitrios y de las malas administraciones del Pósito. Estos apoyaban al corregidor en el pago del
impuesto de la sal a la Corte y exigía el castigo de los culpables(27.8). En el
mes de noviembre vino un pesquisidor a investigar todos los delitos que se
habían cometido hasta el punto que se llegó al apresamiento que el
administrador de la sal, Diego de Umbría, hizo a varios vecinos. Con diversos
aplazamientos, se retardaba el asunto y se enconaba la situación entre el
cabildo y los vecinos que eran dirigidos en su protesta por el clero. La propia
ciudad reclamó la ayuda del gobernador de la Abadía, don Alonso de Bustamante
para que mediara en el enfrentamiento. Muestra de la situación de la ciudad son
estas palabras del corregidor ante la denuncia realizada por unos vecinos en la
Chancillería:
el
tiempo que ha servido a Su Majestad en este corregimiento es notorio el celo
con que a procurado cumplir con su conciencia y obligación y a goçado esta
república de mucha paz y conformidad entre todos sin tope de diferencia y de
tres a cuatro meses a esta parte aviendo entendido su merced nacían algunas desaveniencias
y el daño que de ellas podían resultar
procuró todos los medios posibles para atajarlas y, valiéndose de los más
suaves y eficaces, pidió a don Luis de Aranda y Leyva que, por quien es le ayudase a deligenciar el
efecto de estos deseos y lo mismo consultó con otros caballeros de esta ciudad,
, que, siendo lo tanto, debían
mostrarse mis partes en estas
demonstraciones, y nada a vastado con mucho sentimiento de su merced y
esperando lograr a este intento y el que la ciudad tiene grande de que su
república goce de paz general a que a mirado siempre y a servir a Su Majestad y
que a consultado su Merced con su Señoría el Presidente y señores de la Real
Audiencia de Granada el estado de estos encuentros y de pleitos que cada día se
recrecen . espera conseguir su ánimo ,el de esta ciudad y todos en general
quietud, valiéndose asímismo de medios de paces
acepta con este con este fin e intenta otra cosa
el ira a servir a la ciudad.
Ante
la llegada del administrador de la sal se opone el propio Luis de Aranda.
Además implicó a varios regidores en los débitos del Pósito y los Propios y en
la mala administración de las tierras de
los arbitrios que se habían gastado en otros usos a los que estaban destinados,
implicando al corregidor, y al alcalde mayor. En el mes de noviembre varios
regidores Juan de Villalba, Luis de Ortega y Luis de Aranda fueron apresados y
el 27 de noviembre así el clima social:
la
ciudad dijó que está inquieta la república por muchos medios a tratado y trata
de sus sosiego y quietud y a esperimentado que fomentan las inquietudes y dan
causas a ellas algunos clérigos, y para que se eviten la ciudad acordó se con
don Alonso de Bustamante, gobernador de la abadía para que lo remedie con la
brevedad necesaria sino, que se dé quenta a Superioridad a su Majestad.
El
asunto se llevó a la Corte con el
envío del regidor Luis Méndez. Sin embargo, a una actuación del mencionado se
le respondía con su correspondiente denuncia y provocaciones de venganzas entre
los dos bandos. El abad fray Antonio de Sotomayor escribía en el mes de febrero
del año 1636 se ofrecía a procurar la paz de la ciudad con todos sus medios.
Algunos regidores eran conscientes de que la nueva situación se había generado
por reverdecer un asunto que ya se había zanjado años con la prohibición de la
entrada de vinos en la ciudad por parte de luis Méndez de Sotomayor y el haber
implicado al cabildo en las querellas propuestas por el bando de Luis de
Aranda. A esto se añadía que el corregidor se había alineado con Luis Méndez y este fue apresado en Granada
ante una nueva denuncia del bando de los Cabrera que habían querido vengarse de
anteriores situaciones. De ahí que el cabildo intentó desligarse ante la nueva
situación por no incumbir a la ciudad y fruto de venganzas personales. Y en el
mes de mayor Luis Méndez fue condenado a seis años de presidio y 7.500
ducados por el oidor de la Chancillería
y el regidor Pedro MUñoz de los Díez que era uno de sus partidarios. Aunque
huyó de la cárcel ,sin embargo, días después el bando de los Aranda intentaron
atacar con armas a su criado y esposa. No acabaron con estos pleitos la vida azarosa de este
personaje, sino que en el 1638 es acusado de tomar trigo del Pósito junto con
el alguacil, siendo descubiertos por el corregidor y obligados a perder la vara
de justicia este último. No era fruto de la situación de mano poderosa que le permitía invadir
todos los terrenos en una sociedad donde la norma legal era el papel mojada
frente a la fuerza de las corruptelas y el
enriquecimiento personal de algunos de los hidalgos.
La
administración de la sal dejó sus coletazos por los años cincuenta en que las deudas con la Corona
eran excesivas en 1650 por la mala administración del toldero y los fraudes de
los vecinos del Castillo y hubo que administrarla directamente por el
corregidor. En medio de esas circunstancias, a río revuelto, ganancias de
pescadores, en el año 1654, fueron detenidos algunos extraños que se hacían
pasar por receptores y guardas de la sal, cobrando excesivos impuestos por los
cortijos de la ciudad y tuvieron que ser apresados( 1.9) .
Una
muestra de lo que daba lugar la política real de guerras en varios frentes eran y sus consecuencias en la ciudad y los
efectos causados en los vecinos de Alcalá. Hasta 1635, en unos dieciséis años
se habían aportado entre donativos y servicios cerca de doscientos mil ducados.
A ello se añadía que muchas tierras roturadas estaban en un abandono tal que ni
se habían remedido y la anarquía imperante daba lugar a que sus arrendatarios
entrasen en los montes y abandono de otras muchas que no resultaban
productivas.
Y aún
más, en el mes de abril, una nueva compañía de soldados marchó hacia Lisboa a
la guerra de Portugal .La ciudad se encontraba en una situación angustiosa ante
la llegada del oidor de Granada,
pidiendolo para la ciudad de la Alhambra
en la que
mucha necesidad que ay en esta y se a visto
por el gran clamor que los vecinos tienen la necesidad de pan y consta que por
el registro y secretos que el dicho ser don Francisco hizo y no aver otro más
trigo en esta ciudad que lo contenido en dicho registro y que es totalmente la
destrucción y ruina de esta ciudad si se sacase el dicho trigo (cfr. 8.4.)
Como
en otros momentos se pidió en el mes de agosto que el abad ayudara a paliar el
hambre con la parte decimal, se hicieron registros. Si a ello añadimos el pago de los dos donativos que
ascendía a 33.OOO ducados y un nuevo resello devaluatorio de moneda el panorama
no podía ser más desolador(4000reales). Para mayor fatalidad, la armada
francesa se sumaba por las costas mediterráneas y había que apremiar una
compañía de milicia bajo las órdenes del Capitán General de la Costa en mayo de
1636.
En
1637 renacieron las disputas entre los partidarios de Cabrera y Luis Méndez en
las que se ve implicado el corregidor Diego de Guzmán viniendo un corregidor provisional de la
Chancillería para solucionar el conflicto; el propio corregidor fue apresado durante
su estancia en la Corte. El desgobierno era total: diez caballeros regidores
tenían pleitos pendientes con el corregidor. Sin embargo el Consejo de Su
Majestad volvió a enviar a don Diego de Guzmán a Alcalá, donde ya se fue
calmando la situación en medio de unos años de escasez de alimentos y acuciados
por otros problemas como la peste en e 1638.
El
carácter privilegiado que les eximía de todo tipo de alcabalas obligaba al
ayuntamiento a gran cantidad de pleitos con otras ciudades que se dilataban en
la Real Chancillería. En 1621, destaca la protesta de los vecinos que se veían
agravados por las nuevas imposiciones y es curiosa la postura de la ciudad que
expresa su protesta con una frase significativa se arremoline Zamora.
La
persecución del fraude daba lugar a situación de máxima tensión. Los apremios en las deudas de las
tierras roturadas, la remedida de las tierras arrendadas por la ciudad o el
exceso de terreno cultivado en los
cortijos de propios era una constante en
todas las intervenciones de la justicia.
La
gran masa de jornaleros y pequeños pujareros-propietarios y arrendadores de pocas tierras- era muy propensa a quedar
desabastecida. Los propietarios de grandes extensiones solían autoabastecerse
de trigo y de cebada para su alimentación y
el excedente solía venderse a otros lugares, incluso, muchos de su productos solían quedar en manos de
algunas rentas forasteras. Esto daba lugar a que en los momentos de sequía y
esterilidad de los campos los primeros fueran los más perjudicados, obligándose
a sufrir las duras restricciones del reparto de pan.
También
en los años treinta del siglo XVII tuvo lugar el despoblamiento paulatino de
los barrios cercanos a la Mota. A pesar de que
los capuchinos intentaron fundar el convento en San Bartolomé, en el año 1632 los vecinos son muy pocos y se
ven obligados a trasladarse al ejido de la Alameda, recibiendo mil ducados de donativo en la fundación del convento procedente de una anterior donación del
convento capuchino del Castillo ( cfr. 5.6.1632). Con este barrio, comenzó a
decaer el de la Peña Horadada, el Rastro y san Sebastián. En 1634, la subida de
las Entrepuertas en el sitio donde estaba el colegio y el Albaicín,
estaba caído y convertido en solares, ya no valían medidas de urbanización; sin
embargo, al menos, se asistía a su despoblamiento y ruralización y se permitía
que se cercaran y se convirtiera en corrales para animales domésticos como los
conejos, ya que los vecinos no hacían caso de las ´ordenes de los regidores
(4.3.) En 1634, los escribanos solicitaron una plaza o despacho en medio de la
ciudad, porque allí se encontraba toda la vecindad y la Mota prácticamente
despoblada (5.5.1634)
La
sanidad obligaba a que nuevos servicios se ubicaran lejos del hacinamiento de
la ciudad fortificada. Así el remojadero del pescado, se ubicó cerca de la
Fuente Tejuela junto a la casa de Juan Méndez Zamorano en el año 1623
(cfr.9.12.) y en el 1633 se inicia el debate sobre una instalación de una
carnicería desde la calle Real hacia Trinidad para evitar la venta instan de
carne mortecina. En el
16 de enero del año 1629 se establecieron los capuchinos fundando un convento,
porque era una religión tan santa y de edificación de las almas. A pesar
de que se ubicaron en lugares apartados siempre con la intención de acercarse a
los vecinos que no tenían cercana la institución eclesiástica- san Bartolomé, donde se trasladaron en un pedazo
de tierra entre el camino y la ermita (25.8.1631), y la Peste- y lo intentaron
en la calle Rosa, al final se establecieron en los aledaños de la Alameda de
acuerdo con el criterio de no verse co, en la que participaba con
veinte velas. Tras la estancia de dos años en este lugar solicitaron el
traslado, concediéndosele por la ciudad en un terreno baldío del camino de san
Marcos bajo las donde está el Calvario. Al oponerse algunos vecinos, y,
sobre todo, los frailes de
Consolación, se trasladaron de la casa pública que les concedió la ciudad en el
camino de san Marcos, costumbre que solía hacerse con el resto de monasterios y
conventos, a la Alameda. En el cabildo del 14 de abril de 1631, se le concede
el solar de Rui Díaz de Mendoza, permutándole el sitio del Lavadero de la
Fuente Nueva que se había trasladado a la Fuente Beber de la Tejuela;
desde las casas de Gadea hasta las casas que han de fundar los dichos
padres capuchinos ha de haber calle y calzada de dieciocho pasos y desde el
horno de Moyano hasta la cerca de la
huerta otros dieciocho pasos, dejando fuera todos los álamos grandes y por la parte baja del haza de don
Alosno Cabrera hasta donde se ha de
hacer zanja y cerca ha de aber veintidós pasos , dejando todos los álamos y una
calzada de otra parte ha de quedar otros dieciochos pasos señalada.
En
1633, los conventos de la Encarnación, del Rosario y el de los capuchinos
comenzaron a cubrirse recibiendo madera de álamos del ejido (cfr.15.11.)
Las calles del nuevo camino de la Corte suelen ser las que generalmente se empiedran y adecentan para ofrecer un mejor ornato de entrada de la ciudad desde el Humilladero hasta los Álamos (cfr.26.5.1632) y lo mismo los empedrados del Llanillo entre la mora Vieja y nueva, que tenía un aspecto irregular por los remanentes de agua (cfr.22.8.1633)
Los nuevos servicios e industrias artesanales se van extendiendo también hacia el llano. Un claro ejemplo son los diversos tejares que se ubica en la Tejuela, aprovechando los remanentes de la Fuente de la Mora (23.6.1623)
Fue acusado en el juicio de residencia que le realizó el corregidor Luis de C ontreras por algunos agravios del abogado Rodrigo de Quesada.
Estos fueron
los hidalgos que se opusieron que citamos por la representatividad de sus
familias: Rodrigo Cabrera y Luna, Martín
de Gamboa, Antonio de Gamboa, Gonzalo de Narváez y Padilla, Martín Fernández de
Villalta, Alonso de Valenzuela y Mendoza, Rodrigo Alfonso de Clavijo, Pedro de
pineda Méndez, Pedro de Góngora Pineda, Fernando de Cabrera y Aranda, Pedro de
Góngora Alarcón, Antonio de Pineda Narváez.