Archivo del blog

miércoles, 17 de agosto de 2022

EL RETABLO DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DEL CASTILLO DE LOCUBÍN

Desde finales del siglo XVII, se acrecentó la devoción a la imagen de Nuestra Señora del Rosario, sita en la iglesia de San Pedro del Castillo de Locubón. Por este tiempo, con la iglesia en obras no pudo realizarse una capilla, que disfrutó tras la remodelación de la iglesia  de la mano de Juan de Aranda Salazar. Su cofradía era patrimonio de muchos castilleros, que encomendaban misas y  daban limosnas en sus mandas testamentarias desde este final del siglo y continuaron en el siglo XVII. Eso  coadyuvó a que en su capilla se levantara un retablo. Por los documentos de Francisco Jordán de 1645 (Legajo 5714, folio 120), puede concluirse lo siguiente:

- La cofradía se regía por unos esttutos , en los que  el mando correspondía a un mayordomo,.  que por este año era Lorencio Díaz.

-En esta precisa fecha de 3 días de abril se comprometía con  Juan Martín Albordán, un maestro de pintor de la ciudad de Granada a "hacer, dorar , pintar y estofar dicho retablo ". No hemos pòdido sacar una biografía de este pintor, pero refleja el dominoi de su arte  como pintor, dorador y estofador. ya que se comprometía por la cantidad de 3.000 reales a su realización en los tres cuatros  en los campos de su ensamblaje, pintura, dorado y estofado en un plazo de tres años., con la condición " que se ha de dorar y vestir de oro  todo lo labrado excepto lo que tiene de pintura y estofado de punta de pincel y de grabados donde lo pidiere la obra  de buena obra a vista de oficiales"




lunes, 15 de agosto de 2022

CARIÑO SE NOS FUE CENTENARIA

 



  • Me ha roto la serie de  artículos sobre los meses la muerte de Cariño Robles. Con ciento dos  años Cariño Robles emitió el último suspiro a las faldas del Cerro de la Luna en la Residencia de Nuestra Señora de las Mercedes, donde  recibió un merecido  homenaje cuando alcanzó el centenario, agosto era el mes del fin de obras y compromisos, y se mantiene como el de la Virgen de las Mercedes, entre festivales, cultos y fiestas de aldeas, encuentro de familias, homenajes y nombramiento  muy merecido de hijo predilecto  a Domingo Murcia. Entre el ayer y el hoy, el principio y el fin de nuevos ciclos de todos los caracteres desde el clima a las tecnologías. 
  • Cariño es símbolo de una generación que superó muchas adversidades, pero logró disfrutar de unos últimos pasos por el camino de la vida que rompen cualquier tipo de presagio o augurio vaticinados en la niñez y juventud. 
  •   Es símbolo de un barrio alcalaíno, donde las madres contemplaron que  muchos niños grandes de la calle Veracruz  se incardinaron  en  la historia de la vida cotidiana de  Alcalá la Real. Desde tiempos inmemoriales, esta calle   se ha configurado en varios tramos que responden  fielmente a la fisonomía de la sociedad alcalaína: en primer tramo abundaron los hidalgos (los rentistas, hacendados o burgueses), grandes comerciantes, industriales  y funcionarios de alto rango; en  el segundo espacio, los funcionarios medianos y menores, labradores y artesanos; en el tercer tramo se mezclaban los pujareros con los jornaleros que vivían en las casas de vecinos, y finalmente el último tramo desembocó en los que alimentaban su hogar con sus desoladas y únicas manos. Desde luego, todos estos  espacios urbanos ofrecían un cuadro pintoresco de la vida de la sociedad. Pero, el tercer tramo respiraba un encanto especial, se alternaban las casas unifamiliares de los más hacendados con varias casas de vecinos que albergaban a numerosas familias cobijadas  bajo  sus cuatro paredes, con uno o dos  dormitorios, un salón –cocina y, a lo más, una despensa, porque el resto de la casa se disfrutaba en régimen de comuna (los servicios, el agua del pozo, el patio de ocio y tender la ropa…). Este fue  el principio de esta calle, en su actualidad se resiente de pertenecer al casco antiguo en su fisonomía y en sus gentes. Sin embargo, de lo que este tramo calle pudo presumir siempre, fue de la generosidad de los más pudientes con los más débiles, sin humillar; basada en la sana familiaridad  y   creando una atmósfera de bonhomía y solidaridad. Entre aquellas familias, destacaba la de Pinto – Robles. La formaba  una familia muy  frecuente en la actualidad, el matrimonio con dos hijos Merce y José Luís. El padre Mariano murió pronto, pero Cariño hizo –y sigue  haciendo todavía-- honor arbóreo a su primer apellido. Fuerte  y resistente como un roble.
  • Hablar de esta matrona alcalaína, Cariño, significa acercarse a una mujer extraordinaria  del barrio de San Juan, que se parecía al zahorí de las aldeas. Lo era todo para muchas  familias de su entorno, desde los niños- que eran su pasión y su  empatía- hasta los mayores como su mejor cuidadora  de espíritu optimista. Ejercía de maestra de educación infantil  desde los primeros años de la vida de los vecinos de la casa  el Cura o  la del maestro  Garrido, y, así, las madres le dejaban en su patio de verde parral  las cunas con sus hijos tomando el sol matutino cuando marchaban de compras al mercado de la calle Real; como monitora de ocio, brindaba a los más mozalbetes  su  patio para que jugaran a policía y ladrón saltándose paredes linderas y techumbres de corralones y tinas,  disfrutaba  viéndolos  tirar  a los pajarillos enredados en las ramas del  sabroso ciruelo aplaudiendo el tino que aseguraba una merienda especial; con  los adolescentes, hacía de guarda de ropa  en el estío alcalaíno cuando se refrescaban  en su  hermoso pilón que presidía el barrio hasta que puso la ducha en los  albores de la democracia. Su casa  se asemejaba al comedor del Auxilio Social, donde se compartía el chocolate de bollo  con el aceite de sus parajes de  los Tajos. Se probaba el primer ponche con el bautismo de la madurez refrescado en el pozo que compartía con la casa de encima.
  • Como familia agrícola, su economía era autárquica. Tenían trigo para pagar el pan a los panaderos; cebada para la yunta; hortalizas y frutas de la Fuente del Rey y  no faltaba la carne de sus gallineros ni el cerdo de sus zahúrdas. La fruta, en aquellos tiempos tan escasa, solía  almacenarse colgada en sus cámaras, a donde subíamos los pequeñuelos y  cogíamos melones en verano, algún racimo de uvas en el otoño  y melocotones endurecidos al sol por invierno. Las trojes  repartían a los cereales, lo mismo que el pajar nos recordaba las tardes de picores cuando  a mediados de julio los niños ayudábamos a meterla.
  • El calor  físico de su chimenea se semejaba al afecto humano que transmitía a todos. Parecía como si  sus raíces provinieran de la recia leña de olivo y cerezo que se encerraban en la bodega, y descubríamos desde la ventanilla de la leñera del patio. Y. este  calor se  mantenía  en  los braseros  de  ascuas  y ceniza  que frecuentábamos las noches de inviernos contándonos anécdotas y noticias del pueblo, porque Cariño siempre  conocía  la vida de Alcalá. Su casa  puede considerarse como un laboratorio de  un  futuro de muchos que acudieron a su regazo: hubo niños emigrantes como Gálvez, Pacuco y Marquitos que no tuvieron más remedio que trasladarse a otros lares de España para poder vivir y mejorar en calidad de vida; otros más afortunados se quedaron  en nuestras tierras  y ocuparon puestos importantes de la  sociedad, y , muchos  que  mantuvieron las costumbres de sus antepasados  y le siguieron  en   los años siguientes a su niñez y adolescencia.  En su casa, se forjaron las semanas santas infantiles o las batallas campales entre  pandillas  de niños que simulaban las lides medievales en los asaltos a las cuevas de la Mota; a algunos  le nació  la inquietud empresarial con las tómbolas o los juegos sencillos como las canicas; algunas  ganadoras de los  concursos de belleza  se forjaron entre las niñas, que Cariño  y Merce  vestían de madrinas para acompañar a sus hermanos en las procesiones infantiles. Cariño nunca  la vimos poner un mal gesto a los chiquillos y eso que golpeaban su puerta a balonazos cuando se puso de moda el fútbol; reía a carcajadas viéndonos crujir la honda a su hijo y  representar el paso de los Reos con papeles de seda de blanco y amarillo comprados en la tienda de Cipri. Con las niñas, jugaba a  las casas de muñecas y le apañaba  todo tipo de ajuar y vestido. A veces, la vimos, incluso, de costurera haciendo vestidos infantiles.
  • Su  casa, como muchas de los vecinos del barrio, era una casa de familia religiosa; desde niños, le llevábamos la estampa de  primera comunión tras la misa y  la  posterior chocolatada en los amplios pórticos de la Escuelas de la Sagrada Familia; también, la propia  Cariño frecuentaba la misa dominical  y cumplía con los difuntos, porque era muy devota, como su marido, de la Virgen de la Cabeza, y cómo no de la Virgen de las Mercedes  y del Cristo de la Salud. En su casa colgaban frecuentes y antiguas  litografías de estas advocaciones; en sus arcones las estampas fanegueras  de la Madre de Sierra Morena se enrollaban, porque siempre colaboraban dando una  fanega de trigo para el fomento del culto de la ermita de San Marcos. La primera vez que escuchamos cantar el himno de la Morenita fue en su casa, lo mismo que, desde sus rejas negras y sus balcones, cuando éramos niños, pudimos contemplar, la mañana del Viernes Santo con todo su colorido y esplendor.
  • Hay personas que le cuadran, como les sucede a ellas, el apellido, pero a ella lo que mejor le define es su  nombre de pila. Cariño hace gala de la etimología  latina del adjetivo “cara” querida “Cariñosa” y el diminutivo con valor afectivo “iño”.  Es un amor  hasta en lo  imperceptible, sonrisa amorosa, dadivosa entrega y  optimismo placentero. Pues, Cariño es sensible como la flor de jazmín de muchos patios de su alrededor, infiltra su amor sin ostentación, sencillamente, hasta el punto que  hubo familias  del barrio que  compartieron parte de su hogar con motivos de reconstrucciones  de sus viviendas, sin nada a cambio, con la generosidad que solo caracteriza a las personas de bien.  Y es que su hogar era el centro oportuno  y  el  cobijo  de relajación  para los infortunios, porque su sonrisa y su  buen humor siempre estuvieron  a la  flor del optimismo de  sus labios. Sus portales eran el refugio  en los momentos de  apuros y  sus  puertas abrían como las de  las iglesias para  convocar a las asambleas de compartir  la cultura de la calle. Allí, repasábamos los libros y nos refugiamos de algún cogotazo de nuestros padres, porque la considerábamos nuestra protectora.
  • Y, en el  primer decenio del siglo veintiuno, Cariño, todavía, resistía  en el barrio, acudía cuando podía a su casa. Cariño vivió su  tercera juventud; hace unos años, se atrevió a subir  conmigo hasta la azotea de la Torre del Homenaje, disfrutando  de los actos culturales  y religiosos de su barrio: con frecuencia se le veía orar en el templo de san Juan, pedía por los difuntos del barrio y se alegraba de que sus discípulos  disfrutasen  una buena calidad de vida  y otros ostentasen cargos o  responsabilidades de la ciudad. Parece como si los estuviera viendo de pequeños y les imbuyera el mismo  afecto y tratamiento  sin que hubieran pasado los años. En la Residencia Virgen de las Mercedes, Cariño cumplió los cien años, con la misma vitalidad que en sus años mozos   y, al verla, se nos venía este relato de amor que hemos escrito. Y  por encima de todo, con Cariño, todavía aprendimos  mucho, era  un testimonio y una apuesta segura de vida. Su salud no era sino un reflejo de un alma generosa  y alegre  sin entresijos ni  maldades,  muestra de una mujer optimista que sabía  compartirlo con los demás. En el templo sanjuanero, quedaron  las aspidistras (pilistras alcalaínas), la  banda de hermano mayor romero y litografías  de la Virgen de Sierra Morena. 

domingo, 7 de agosto de 2022

LA CUSTODIA DEL CASTILLO DE LOCUBÍN Y JUAN DE ARANDA SALAZAR

    

ANTE EL ESCRIBANO FRANCISCO JORDÁN,   el dos de enero de de 1637 apareció el hermano mayor Antonio Fernandez Santistebán ccomo mayordomo de la cofradía del Sacaramento del Castillo de Locubín, y daba poderes a Juan de Aranda Salazar, maestro de cantería de la ciudad de Jaén, para que obligare al aque montare una custodia de plata dorada  que  estaba haciendo en dicha ciudad, tanto de hechura como del peso y trueque y todo los conviniere.  Se hizo en la villa del Castillo Fueron testigos Juan Gutiérrez Carrillo y Diego López. 

Con esto se cvonfirma que el plateroy autor de la custodia fue el que ya se ha mencionado en otros estudios Gerónimo Morales, y que Juan de Aranda Salaza solo sirvió de persona avalista de su obra y de control de lo que pesare, cambios en el diseño  y  otros elementos. 




 

sábado, 30 de julio de 2022

SANTA ANA EN LA PRIMERA DESAMORTIZACIÓN

 




Se han comentado con mucha frecuencia las desamortizaciones que se llevaron a cabo en el siglo XIX, la de Mendizabal (que afectó principalmente a los bienes de los conventos y monasterios regulares  partir de 1835), y  la del célebre ministro Madoz (que afectó a los bienes de propios de instituciones públicas, sobre todo ayuntamientos, en 1850. Sin embargo, se realizó una anterior  mal llamada de Godoy a finales del siglo XVIII.

Como refieren los comentaristas:  A pesar de que la historiografía utiliza esta denominación, ésta no tendría demasiado fundamento, ​ ya que fue decretada en septiembre de 1798 durante el reinado de Carlos IV cuando Manuel Godoy hacía seis meses que había perdido el poder, por lo que su promotor fue su sustituto Mariano Luis de Urquijo.

Con esta  desamortización se pretendía hacer frente al enorme déficit y al asfixiante endeudamiento que padecía la Hacienda Real por el incremento del gasto  de la guerra de la Convención (1793-1795) entre  España y la República Francesa y el aún mayor de la guerra con Gran Bretaña iniciada en 1796 y  el descalabro de la Monarquía de Carlos IV porque la Armada británica cortó las comunicaciones con el Imperio español de América, de donde procedían los principales ingresos para la Hacienda Real, tanto en metales preciosos como en derechos de aduanas. Estos fueron los bienes desamortizados: los de los Colegios Mayores, los de los jesuitas no vendidos  tras su expulsión treinta años antes y los de las instituciones benéficas de la Iglesia. Estos fueron los que afectaron a muchas iglesias, fundaciones, hospitales, hermandades y cofradías. Y este es el caso de Santa Ana. Aparece dos documentos ante el escribano Florencio Serran0 (Legajo 5243, Folio 283) en 1804, por lo tanto, ya habían trascurrido cinco años que se comenzó el expediente de desamortización. Al frente de las operaciones administrativas se encontraba el corregidor Joaquín Bernard y Vargas, caballero de la Orden de Santiago. Y se plasmaba mediante su venta y su ingreso del dinero de la compra, que estaba al mando del afrancesado Vicente Mirasol que regentaba el cargo de administrador de la Caja de Amortización, donde se recogían todos los ingresos de la venta. Tras la comunicación de los pregones de subasta, remate y adjudicación se enviaba al Intendente de la Provincia de Jaén que lo exponía en el Boletín mediante un decreto y se emitían los correspondientes vales. El acto de este veinticuatro de abril recayó en Santa Ana. Y aparece con estos términos “la capilla o cofradía de la imagen de Nuestra Señora Santa Ana”, lo que constata una cofradía que ya no funcionaba, y, la administración de cofradías y hermandades eran asumidas por el sacerdote capellán de las imágenes. El objeto de la  primera desamortización santanera fue una Haza de DOS fanegas en la Fuente Granada  que la habían tasado los agrimensores de tierras en 1805  reales y se remató en Manuel Espinar `por cinco mil reales como bien del patronato de la obra pía de Santa Ana. Era lindera con la fuente actual.El segundo documento de desamortización se firma un día anterior (23 de abril) ante el mismo escribano y corresponde a un haza de dos fanegas en el Salograr, linderas con arroyo y tierras de Antonio Pernías, recayó el remate Juan María Ruiz que ingresó la cantidad de 3.325 reales. 

Mas bienes salieron a subasta, en concreto la alameda de su entorno y algunas casas de Alcalá. Propiedad de la cofradía- Pero en este tiempo, ya no ejercía como tal sino en título.

No fueron los objetivos de las ventas de estos bienes desamortizados cumplidos tajantemente, sino que se prolongaron sus gestiones en algunas casas hasta después de la Guerra de la Independencia.

 


Pues se sabe que “El primer problema que tuvo que abordar el nuevo gobierno de Mariano Luis de Urquijo tras la caída de Godoy el 28 de marzo de 1798 fue la práctica bancarrota de la Hacienda Real, cuyo déficit se había intentado sufragar hasta entonces con continuas emisiones de vales reales cuyo valor se había ido deteriorando, ya que el Estado tenía muchos problemas para pagar los intereses y los vencimientos de estos. Para solucionar este problema Urquijo recurrió a una medida extraordinaria: la apropiación por el Estado de ciertos bienes "amortizados", su posterior venta y la asignación del importe al pago de la deuda a través de una Caja de Amortización.

Sin embargo, gran parte de los fondos de las ventas no fueron ingresados en la Caja de Amortización, sino que  Manuel Godoy, tras su vuelta a finales de 1800, a los gastos de la nueva guerra con Gran Bretaña (1803-1808). Por eso Godoy tuvo que negociar y obtuvo del papa Pío VII una nueva desamortización de bienes de la Iglesia. EL   papa le concedió al rey Carlos IV  enajenar «la séptima parte de los predios pertenecientes a las iglesias, monasterios, conventos, comunidades, fundaciones y otras cualesquiera personas eclesiásticas, incluso los bienes patrimoniales de las cuatro Órdenes Militares y la de San Juan de Jerusalén».

Con la llamada «desamortización de Godoy» en diez años se liquidó una sexta parte de la propiedad rural y urbana que administraba la Iglesia, entre los que pertenecen los descritos anteriormente y de otras hermandades y cofradías. Fue el remedio peor que la enfermedad, porque las consecuencias sociales de la misma no deben ser desdeñadas, ya que la red benéfica de la Iglesia quedó prácticamente desmantelada. Y, por otro lado, la renta del 3 % prometida a las instituciones cuyas propiedades habían sido desamortizadas pronto dejó de abonarse por la falta de fondos de la Caja de Amortización. Por esos esta segunda bien llamada  "desamortización de Godoy" no solucionó los problemas de la Hacienda porque en 1808 los ingresos ordinarios no llegaban a los 500 millones de reales, mientras que los gastos estaban cercanos a los 900 millones, más los 200 millones en pagos de los intereses de la deuda acumulada, que, según los cálculos  de José Canga Argüelles ante las Cortes de Cádiz en 1811, ascendían a 7000 millones de reales.

Pero quede como testimonio de una capilla que asumía el culto que hasta entonces organizaba la cofradía y uno de los fondos que poseía, aplicados a memoria de misas que hemos desarrollado en años anteriores.

 

 

viernes, 29 de julio de 2022

UNA OBRA HIDRÁULICA DE JUAN DE ARANDA SALAZAR


Es muy conocida la obra religiosa de Juan de Aranda Salazar. Con la edición de la revista Muy Historia dedicada a la catedral de Jaén, su figura alcanzará un nuevo hito por su intervención en la catedral de Jaén como maestro mayor de obras a partir de 1634. Por este año, curiosamente, firmó un documento de cobro, que adjuntamos y nos ilustra esta entrada, con fecha de dos enero de este año. Entre el hidalgo don Pedro Carvajal y Aranda, vecino de Granada, y en su nombre el mayordomo Pedro de Cuenca, y  Juan de Aranda Salazar, maestro de cantería. Recibía el  maestro castillero 2.207  reales por la obra concertada de las alcantarillas del Nogueral. Esta obra estba relacionada con el molino de pan, la presa y los canales de riego de la huerta de este hidalgo afincado en la ciudad de la Alhambra. Junato a los testigos, aparece su fima y la del escribano Francisco Jordán. 

Con esto se confirma que su vida profesional muestra una etapa en tierras  de la abadía alcaláina durante losdecenios perimero, segundo y tercero  del siglo XVII. Y confirma aquellas palabras con esta nueva hidráulica: 

Su carrera profesional corrió como un auténtico relámpago, porque ya trabajaba en igualdad de condiciones con los mejores canteros como el asentador Damián López y sus primos en la terminación de la cabecera de la iglesia abacial y el convento de las dominicas de Nuestra Señora de la Encarnación de Alcalá la Real (1626). Este mismo año, subió un nuevo paso de su escalafón social al recibir el título de familiar de la Santo Oficio de la Inquisición en la ciudad de cordobesa Torres Cabrera, donde intervenía en algunas obras. Y no es de extrañar que en 1627 se le nombre maestro mayor de obras dela catedral de la Mequita de Córdoba. Mostraba una gran veteranía porque, en poco tiempo, se ha especializado en muchos campos de la arquitectura a la vera de los anteriores, maestros y asesorado de sabios canteros como Juan Roldán, que le acompañaron en sus posteriores destinos. Este periodo está jalonado de obras en Castillo y Alcalá, principalmente destacan la iglesia de San Pedro de su tierra natal, el coro bajo de la iglesia mayor abacial, los templos de los monasterios de la Encarnación, Consolación, y Rosario de Alcalá Real. Varias obras de la fontanería entendida en su sentido más amplio como la construcción del Lavadero Nuevo de Alcalá la Real y el puente del camino de Alcaudete a Luque.  Desde 1624 hasta 1634, se consideraba un periodo oscuro de la vida artística de este maestro de la diócesis de Jaén, tan estudiado y documentado a partir de la última fecha por muchos tratadistas. Hoy, podemos confirmar y testimoniar casi todos los pasos de la primera etapa de Juan de Aranda y refrendarlos por su madurez, ya que nació en 1590 según la aportación documental de Rafael Galiano Puy. 

Sin lugar a dudas, se iniciaron, en su tierra natal y abacial, su formación, su aprendizaje y sus primeros pasos como contratante y maestro de obras.  En junio de 1627 se le nombró maestro mayor del retablo a Juan de Aranda Salazar, quien ya trabajaba desde la marcha del hermano Matías, y bajo su dirección se terminaron las obras de piedra en mayo de 1629. Compartió su dirección con la obra principal del cuerpo y cubierta de su iglesia bautismal, y destacando además la capilla funeraria del capitán Martín de Artiaga, un hidalgo que hizo capital en la guerra de la Alpujarra y se afincó en el Castillo de Locubín por motivos matrimoniales, donde fundó el Hospital de la Madre de Dios en cuya reforma también participo Juan de Aranda, Precisamente esta fecha comenzó a contratar otras obras de monasterios y templos alcalaínos  con un discípulo Pedro del Portillo que le acompañará en muchas obras de la diócesis de Jaén. Incluso, su prestigio profesional le valió ser recomendado como maestro mayor de obras de la catedral de Granada en 1631.
En los dos últimos años de su estancia en la Sierra Sur antes de marchar a Jaén, firmó varias obras de la iglesia Mayor de la Mota, su coro y su chapitel de la torre de campanas. Su cantero fiel y favorito Juan Roldán le allanó el camino para ser nombrado maestro mayor de obras de la catedral de Jaén en 1634 unos meses antes de la llegada de Juan de Aranda
.  

Y con esta obra hidráulica su huella se mantuvo y le sirvió de bases  para otras obras de maestro de obras de la Diócesis de Jáen que sus manos salieron las obras que dieron un gran impulso a diversas partes de la catedral de Jaén, paralizada años anteriores, y sus conocimientos y trazas se expandieron en otros lugares de la diócesis: convento de las Bernardas,  torre de iglesia parroquial de Sabiote,  iglesia de Cabra de Santo Cristo, portada de iglesia de San Juan Evangelista de Mancha Real, cabecera y claustro  de iglesia de Consolación de Alcalá la Real, presa en el pago del Tiemblo del río de Jaén, claustro de San Agustín, portadas de  casas señoriales de Jaén, iglesia de los Villares,  campanario del convento de Carmelitas descalzos de Jaén, colegiata de Castellar, hospital de Villacarrillo, portada de los santuarios de Zocueca y de los mártires de Arjona entre otras.    

 

EL AZUDERO

 Siempre el agua ha sido para la humanidad  vida. por eso se echa de menos continuamente, en los tiempos de sequía. Pero el agua esa vida se plasma en riqueza y producción econónomica. No sólo mueve recursos de la agricultura, sino también de la industria, los servicios como el transporte, o el mundo de la construcción y la ingeniería. Tanto los mares, los lagos o los ríos son lugares, que coadyuvan a la riqueza de los pueblos que disfrutan de esta riqueza natural. En la privincia de Jaén abundan los parajes con agua, sobre todo de los ríos, arroyos y  arroyuelos. En la Sierra Sur, Castillo de Locubín siempre ha sido una tierra donde las aguas han movido casi todos los sectores de producción. Los arroyos del Salado, Guadalcotón, de las Parras o el río San Juan, son una muestra de esta riqueza. Podemos dar algunas pinceladas  de esta economía del agua. Comenzando por la industría,   podrían citarse los molinos de papel ( abundaban en el Carrizal, Vado del Río y Valdepeñas), los batanes del Vado del río, las Tenerías del barrio de San Sebastián y, sobre todo los molinos de pan moler en diviersos puntos del río San Juan y en los arroyuelos (Nogueral, Cubo). El transporte obligaba a realizar puentes en diversos momentos de traspasar las aguas desde Triana al Carrizal. La construcción, las presas del río, los canales o los caces de riego,  o los anteriores elementos constructivos comentados colocban a al mundo de la albañilería. Desde el sector primario el agua de riego elevaba la riqueza de todas aquellas con  una extensa red de huertas qu el río San Juan regaba desde el Nacimiento hasta el Carrizal pasando por el valle, la Isla, Nogueral y la Venta sin citar otras huertas como las de la Arroyo de la Piedra o de las Parras. Los servcios de los arrieros y los cargueros ocupaban los mercados de la ciudad de la Mota, en la misma fortaleza y, hasta hoy en el mercado de la Magadalena  para ofrecer sus productos  a  los compradores de otros lares. 

    Todavía se conserva muchos testigos de este mundo de la agua  y, a veces, perviven sus ordenanzas seculares de riego. En ellas, desde el horario, el control del agua, los derechos y deberes de los regantes, las medidas ecológicas de su arbolado y la regulación de las retnas y proiedades. Antres, muchos términos de este mundo hídrico  se remontaban a un sistema árabe de este entorno. Y, viene a cuento de un documento  recientemente encontrabdo donde Pedro Díaz se le distinguía de otros, por ser azudero y contrataba con Clara de Alba   la venta de unoas vacas por la cantidad de cien ducados en el mes de enero de 1632. Me sorprendía este término relacionado con asus, marcado por la DRAE como anticuado y desusado. 

Pues azuda , sustituye a azud, que proviene del árabe hispano  assúdd,  y , a su vez,  este del árabe. clásico  sudd., un sustantivo masculino que  alude a  una áquina en forma de rueda que, movida por la corriente de un río, saca agua para regar los campos.  Pero,  que, en otros contextos, como  en el  Castillo  se concrertizaba  en  una barrera hecha en los ríos con el fin de facilitar el desvío de parte del caudal para riego y otros usos.  Pues abundan  en los contratos de los rentistas de  las huertas, en los que se comprometían a cumplir la norma  de un persona que  debía facilitar y  realizar estas labores de llevar el agua  hasta es tos lugares. Esta no era otro el que cuidaba del azud, a el azudero del documento publicado. 

Y no nos extraña que la açuda o






azuda, que recoge el diccionario de Autoridades como la  " Máchina, ò ingénio, que sirve para sacar el agua de los rios caudalosos, para regar los campos y huertas: que se compóne de una grande rueda puesta en unos madéros, que la afianzan y sostienen, y al impulso del peso, y de la corriente del agua dá vueltas, y arrója el agua fuera, como sucéde en las nórias"  diera lugar al manipulador de este artilugio y de otros  mecanismos de control del agua a la hora del repartimiento entre los regantes y hortelanos, que deste es el caso del Castillo de Locubín. Pue, en verdad que esta  voz Arábiga, que viene del Zud,  no puede significar  regadéra  tan simple instrumento para el rigo de los  huertos y jardines  ni tampoco  lo que algunos quieren tomarse  del nombre  por el ruído desapacible y extraño que hace al moverse. Aquella rota aquaria , usadea por los romanos  oo la que recogía Cervantes cuando de cía en su novela  Hasta que llegaron à la huerta del Rey, donde à la sombra de una azúda hallaron muchos aguadóres. El término amplió su acepción y era una persona de honor de prestigio y que pagaban para mediar en los controles, conflictos y distribución del agua del río San Juan, como se rcogen en los contratos entre los propietarios de las huertas y sus arrendadores para asegurarse el riego ante los abusos que pudieran ocasionares. 


domingo, 24 de julio de 2022

FRANCISCO DE ARANDA, MAESTRO DE ALBAÑILERÍA

 


FRANCISCO DE ARANDA  Y EL CORTIJO  DE FILIQUE 

 Aunque en el estudio de la arquitectura predominan las construcciones artísticas o funcionales donde la piedra como material principal ejerce la exclusividad, la albañilería ocupó un claro espacio que compartió otros materiales, como el yeso, el cemento, la mezcla de cal y arena y variantes de los anteriores. No es extraño que hasta el siglo XVII no se hayan valorado artífices de este tipo de materiales, y se haya reservado este espacio artístico a los maestros de obras de cantería, olvidando alarifes, albañiles, caleros, carpinteros, herreros y otros artesanos.  Especial atención también merecen los albañiles que jugaron un gran papel en la construcción de los edificios particulares y públicos, religiosos y oficiales. Francisco de Aranda, ni fue  hermano del maestro de cantería  Ginés Martínez de Aranda, ni  tuvo por hijo al otro maestro  Juan de Aranda Salazar que se dedicó también a la cantería. Fue maestro de albañilería, aunque en algunas ocasiones se encuentre como maestro de cantería y, por eso, trabaja la extracción de piedras de molino en 1626 para Bartolomé Sillero de Priego  en la Cantera de la Cueva. Por el testamento que  levantó en 1636 ante el escribano murió en el cuarto decenio del siglo XVII, y  podemos reconocer nuevos datos de su familia; vecino del Castillo de Locubín, se encuentra en muchas obras albañilería de lagares, molinos, casas, edificios públicos, cortijos, e, incluso obras hidráulicas.  Fue sepultado en la Iglesia de San Pedro, estaba casado con María Fornos y sus hijos eran Diego, Francisco, Simón, Tomé, Marina, Ana y Elvira (por lo tanto, ninguno era Juan de Aranda Salazar). En 1622, recibió como aprendiz a Pedro Fernández Molina, y le enseño el oficio de albañilería, por 3 años y paga final de 36 ducados.

 

Es muy interesante su producción constructora, para conocer el diseño  de construcción de su época.

HOSPITAL DE LA MADRE DE DIOS

Como maestro de albañilería, a don Alonso de Benavides y Mendoza le construyó el lagar de  viña del pago del propietario en el Portillo, término del Castillo de Locubín a principios del siglo XVII.  Intervino en las obras del Hospital de la Madre de Dios y con  don Pedro de Pineda Lences firmaba el documento como contratista en cuatro de enero de 1618, para  "hacer una esquina, lienzo de pared y portada de cantería que se entiende desde una raja que hace desde una pared junto a la esquina desde cara de la casa de Beatriz de Mesa; todo el lienzo de la calle   haciendo la portada hasta lo encrecido que llega a la tapiería". Refleja un tiempo en el que no se olvidaba la piedra , pues  señalaba específicamente las siguientes condiciones para la pared principal, la portada, tabernáculo de la Madre de Dios y escudo de la familia que se encuentra actual en el entorno del ayuntamiento castillero: ·hacer toda la dicha esquina y lienzo de pared con su portada, como está dicho desde el suelo y hasta lo alto que fuere menester, y hasta poner una cornisa, y a de facer un tabernáculo para poner a  la Virgen  a esta otra parte de la ventana, labrado de piedra llana, y poner un escudo de piedra, que está hecho en el dicho  Hospital, a donde el dicho fuere; toda la parte de la cara de la  calle de buena piedra de cantería, bien labrada llana, y por dentro de piedra basta y enlucido

 

UNA CASA EN FILIQUE

 

 Las salinas de Filique se remontan a la Edad Media. Los tolderos abastecían de  sal a Alcalá la Real y otros núcleos de la Abadía, denominadas con este nombre por el Barranco del Arroyo el Salado situado bajo la Cañada de Filique. Existía un cortijo del Salinero y varios cortijos colindante como recoge el grabado de  Pier María Baldi en su Viaje por España con Cosme de Médicis en 1680, Se  debía pagar a "los Propios" de Alcalá 1210 reales de vellón anuales, ya que eran administradas por el cabildo municipal alcalaíno mediante un toldero o administrador. Abundaron los conflictos con el sitiado de la sal, sobre todo en tiempos de subsistencia. Ilustramos el artículo con el grabado de Baldi, de las Salinas, donde aparecen varias casas y cortijos en las que trabajo Aranda. 

 

Por 1618, llevó a cabo un contrato con Bartolomé Bravo por el que se comprometió a edificar un cuerpo de casa y cortijo  en Filiçar,  para el mes de julio. Nos muestra un cortijo, de  20 varas de largo, unos 17 metros y cuatro de ancho, tres metros y medios, medidas por la parte de adentro por ancho que no por el largo; cuatro varas y media de alto desde la tierra hasta las tejas con sus escaleras, chimenea y solado y un tabique en la cámara con que se partía un aposento. Colocaba su `portada con sus dos puertas de goznes y bastidor y otra puerta ni más ni menos para la cara por la parte que la quisiera poner. Y, siguiendo con su labor constructiva, de nuevo aparece trabajando en 15 de enero de 1626 como albañil y   firmando un nuevo contrato  con el regidor Francisco Jiménez, vecino de Alcalá la Real, de hacer y reedificar un cuerpo de casa y en el mismo  sitio del Filique. La obra se prologó en su finalización hasta el mes de mayo de este año, y consistió en un cuerpo  con las mismas medidas, el canon de los cortijos de esta tierra. También se repetían otros elementos del cortijo; la  zanja de tres cuartas de hondo, escalera, fuego, chimenea, solado y alcatifado, y un tabique en la cámara para separar un aposento. Debía poner la portada con dos puertas y sus goznes en la entrada, otra puerta en la cámara, los materiales corrían a cargo de Aranda y las cerraduras del propietario, así como pagarle  ciento veinte  ducados en reales.

TORRE DE LA CASA DE DON FRANCISCO  ARANDA MEDRANO

En la misma villa del Castillo de Locubín realizó obras en las casas de Fernando de Aranda Medrano, con el que en 1621 se comprometió en "hacer de nuevo el hastial de la torre baja de  las casas principales  en que de presente  vive que cae de cara de las casas de Gonzalo de Arévalo y lo demás que irá declarado por treinta y ocho ducados, los veinte y cuatro ducados que recibe luego de contado y los catorce ducados restantes luego que sean ya acabadas de hacer para obra". Entre las condiciones de la obra  el maestro de albañil se obliga a derribar el hastial hasta sacarlo del fundamento que fuere necesario, y por la esquina de la dicha torre  hasta la cornisa; debía ser sacado de piedra  y de la dicha cornisa hacia arriba debía ir de yeso haciendo los arcos en la forma que estaban hechos, porque se había de derribar  para hacer el hastial y los de nuevo en la forma dicha”. Entre elementos constructivos: se había de sacar el través de la dicha pared hasta las ventanillas, de piedra desde el fundamento hasta las ventanillas y hasta donde estaba señalado; la sala principal de las dichas casas con ventanas a la calle y  una chimenea buena y bien acabada en testero de la dicha sala. El modo de colocar la piedra había de ser acuchillada  en la pared y en el hastial  a costa de Francisco de Aranda que se comprometía a acabar la obra vista de maestros oficiales; don Fernando se comprometía proporcionar todos los materiales a pie de obra, desencobrar y limpiar los que se cayere. Como esta casa, su diseñó en otras como la de  juan López de Pareja, situada en la calle Real, donde levantó un cuerpo y bodega en un solar que poesía Juan López. y costó 80 ducados en enero de 1622.

Muy importante fue su intervención en la ingeniería hidráulica.

 LA PRESA DEL NOGUERAL

 

Extrajeron la piedra los canteros castilleros Juan Rodríguez y Damián López. Se comprometió al principio Juan Roldan, maestro de Alcalá la Real. Posteriormente, Francisco de Aranda, lo hizo para hacer el resto la presa del Nogueral en 1623), que  pertenecía  don Pedro de Carvajal y Aranda, vecino de Granada, ya que debía encauzar las aguas, porque  poseía un molino al lado y una finca de riego, que  se encontraba en el entorno de la Isla del río. Fue una obra de ingeniería que todavía  denomina este lugar, y  una sociedad de regantes.

Muchas obras fueron las intervenciones de este maestro de  albañilería en ermitas, templos, molinos, casas y cortijos del Castillo de Locubín.