DEDICADO A MANUEL AGUILERA, AMANTE DEL PATRIMONIO DE LAS CRUCES DE LA SIERRA SUR
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| LA CRUZ DE RAMIÍREZ EN LOS AÑOS CUARENTA |
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| Años sesenta del siglo XX |

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| Estado actual desde principios del III Milenio |
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| Inicio del testamento y curiosidad de la cruz |
"la historia local contribuye a fundamentar la base del conocimiento global de los pueblos desde el estudio de los acontecimientos de las ciudades"
DEDICADO A MANUEL AGUILERA, AMANTE DEL PATRIMONIO DE LAS CRUCES DE LA SIERRA SUR
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| Constituciones de la Hermandad de la Santa Cruz |
SOBRE LA HERMANDAD DE LASANTA CRUZ
Siempre se ha relacionado la
cofradía de la Cruz con la de la Santa Veracruz,
como fiesta de la iglesia, y como hermandad semanasantera con la Cruz de los Discípulos.
Y no siempre fue así. Dentro del grupo de cuadrillas, pasos, esclavitudes,
hermandades y otras asociaciones religiosas, se encuentra una HermandaD del Gallardete de la Santa Cruz
relacionada con la procesión de la Soledad
y el convento franciscano de Orden de la Observancia, los Mínimos de San
Francisco. En 29 de marzo de 1714, se reunía el cabildo franciscano bajo la presidencia del padre Guardián fray Juan Jiménez, el predicador fray Juan de Mendoza, el conventual José de Porres,
Fernando de Velasco, Salvador de Torres,.
Lázaro del Villar, Pedro de la Rica, Pedro de Ortega, Pedro de Moya , Francisco
de Huerte y Francisco Rey. Y el padre guardián manifestaba:
“ Dixo y propuso a los dichos
relixiosos como bien saben y les consta
que en la procesión que sale de
este dicho convento con el entierro de Xpto Señor Nuestro los días del Viernes Santo en la tarde de cada un año an asisitido y
asisten con gran celo y devoción los hermanos del Gallardete de la Santa Cruz, sacando
con gran lucimiento de cera ; y ahora procurando que esta devoción se mantenga por ser tan del
servicio de Dios Nuestro Señor Jesucristo y de su bendita madre y que los referidos hermanos , sus muxeres e
hixos gozen de la que era ya declarado como también dicha comunidad por tenerlo así
tratado y conferido ente unas y otras partes y en la forma siguiente.
VIENEN LAS CAPITULACIONES.
-1º La obligación de los
hermanos del gallardete de salir en la procesión mencionada con 42 hachas de
cera de los pabilos que quisieren, aunque no haya en la Cofradía de la Soledad
hermano mayor, haciéndose cargo del gasto cualquier devoto por su cuenta o por este convento y esto debía llevarse a
cabo perpetuamente desde el 30 de la fecha de la firma del convento.
2ºEl número de hermanos era 43(cuarenta
con las hachas y tres con borlas y gallardete) sin aumento ni aminoramiento. Se
borraba al que no sacaba el hacha y no
salía en procesión.
3º.-La sustitución de
hermanos se llevaba a cabo de padres a hijos, y si no, por elección de la
hermandad siempre que cumpliere con las obligaciones.
4º.-El convento se obligaba
a dar sepultura y entrada a los hermanos, mujeres e hijos, y a enviar ocho
religiosos que fueran a las casas donde estuvieren los difuntos, a decir un
responso, y quedar cuarto en el duelo sin cobrar estipendio alguno, y solo los hermanos se obligaba a dar una
libra de cera para el altar de cada entierro.
5º.-Se ha de entregar la
libra de cera, en el caso de que no pudiera asistir un religioso.
6º.-Por el alma de cada
hermano que falleciera, se han de dar 33 misas ( 10 sin llevar limosna, y 43
han de pagar la hermandad a razón de dos reales por misas).
7.-Se han de decir todas las
misas de las mandas testamentarias en este convento salvo un cuarto en las
parroquias por el alma del difunto, mujeres e hijos y pagarlas en el espacio de
seis meses.
8.-Se habían de celebrar las
misas en el mes posterior a la muerte, y se podía ejecutar al hermano del que ostentare
el gallardete por impago.
9º.-Los devotos del gallardete,
que no fueran hermanos, podían salir alumbrando con cera, siempre que no embarazasen
sustituyendo las plazas vacantes, y prefiriendo los padres e hijos y hermanos con preeminencia.
La hermandad se obligaba a
pagar las cuarenta misas de limosna por
la entrada y sepultura, y si no las mujeres de los hermanos…
11º,.- Se elegían dos padres
de almas en dos hermanos que se elegía en
uno de los días de la Pascua de resurrección y que tuvieran cualidades a
propósito y en los cargos siguientes debían tener asistencia el Guardián del convento.
12º.-Si se enterraban en
otra iglesia no debían pagar los hermanos, mujeres e hijos la libra de la cera
al convento de San Francisco,
Como era norma conventual se
realizan los típicos tres tratados y se aprueban por el bien de Nuestro Señor Jesucristo,
su Madre y Almas Benditas del Purgatorio.
Estaban presentes los
hermanos de l Gallarte de la Hermandad de la Cruz.
Hermano mayor Patricio
Berlango.
Manuel de Torres y Manuel Martín,
que asistían las borlas del Gallardete.
Y los hermanos Mateo Serrano,
Bernabé Serrano de Gámez, Juan de Vílchez, Juan Romero, Alfonso serrano de
Gámez, Juan García, Francisco de Arjona, Francisco Castellanos, Andrés de Peña,
Antonio Escribano, Manuel Cortes, Pedro López,. Juan de Checa, Alonso de frías,
Blas de Villalta, todos vecinos de Alcalá la Real. Todos ellos, en la voz del
hermano mayor se obligaron a cumplir las capitulaciones ante el padre Guardián.
SOBRE LA HISTORIA DEL PALACIO ABACIAL EN
EL LLANILLO
EL PALACIO
ABACIAL
En un manuscrito sobre la historia de Alcalá la Real, se escribía por
parte de su autor Agustín Garrido Linares, que
"así mismo el Ilustrísimo Señor Don Maximiliano de Austria
hiço la torre de la iglesia Parroquial de Santo Domingo de Silos, y el
Ilustrísimo Señor Diego de Ávila las Casas Abaciales que existen tan
próximas a su ruina inmediatas a la dicha Santa Iglesia Matriz, solicitando su
maior cercanía para su maior asistencia i régimen de su Culto"
Estos datos sobre los precedentes del Palacio Abacial nos manifiestan que,
en un principio, estuvo situado en la fortaleza de la Mota y adosado junto a la
Iglesia Mayor. Pero, por las fechas aproximadas del documento, las casas
abaciales se abandonaron en torno al primer decenio del siglo XVIII. Unos años
antes, algunos abades ya habían intentado el traslado de la
residencia abacial a la parte baja de la ciudad moderna, dejando el recinto
fortificado, a pesar de que el cabildo municipal se lo había impedido en
reiteradas ocasiones.
Las Casas Abaciales del Llanillo
En el año 1725, hay constancia de la presencia de los altos cargos del
cabildo eclesiástico en unas casas situadas en el Llanillo, donde convivían el
provisor y gobernador eclesiástico, un presbítero, el secretario del Gobernador
y un capellán con su familia( Padrón 1725. Casco Alcalá la Real). Podemos
concretar algunos detalles más sobre estas casas, pues partieron de varias
compras de casas desde finales del siglo XVII. En 25 de octubre de 1732, el mayordomo de las iglesias
parroquiales de Alcalá la Real llevó a cabo una operación para acrecentamiento
de las casas, que recogemos del escribano Francisco Montes ( Legajo folio 403). Catalina del Rosal, esposa de don
Fernando de Aranda, vecino de Loja, había aportado en 1669 [i]un
censo a la Iglesia de Santa María la
Mayor, en la cantidad de 4.200 ducados,
con los que sufragó el costo de un
tabernáculo al Santísimo Sacramento, y
con la obligación de decir una misa cantada perpetuamente en cada un año. Pero se llevó a cabo la
compra de las Casas Abaciales, y posteriormente,
en la cantidad de 18.323 reales y nueve maravedíes se adquirieron otras nuevas
situadas en el mismo Llanillo para la fábrica de la Iglesia Mayor, linderas con
las casas principales de las dichas fábricas por alto, y por lo bajo con Casas del
capellán Juan Cedillo
de Baeza ( que desde 1725 figuraba
lindero con ellas. Debieron ser la casas de María Hidalgo, que se mantuvieron
con la obligación de la manda de la memoria de la misa cantada. ,
No debía preocupar mucho en este tiempo su buen decoro ni se
construyó una mansión palaciega para el abad, porque los
cardenales Borja y de la Cerda y don Álvaro de Mendoza, abades de
Alcalá la Real, no residieron en ellas y, hasta muy avanzada la
segunda mitad del siglo XVIII, no hay testimonio alguno de una estancia prolongada
de abad alguno.
Por los años cuarenta y cincuenta, las fuentes documentales hacen
referencia a dos casas abaciales, que eran parte de patrimonio de la abadía y
que demandaban servicios del cabildo municipal. Por un acuerdo de los
regidores, en concreto, en los años cuarenta, se les concedió la licencia de
agua de la red municipal que transcurría desde la arqueta del Pilar de Mari
Ramos hasta la Fuente de los Álamos a través de la calle Pastores. Otro acuerdo
posterior del año 1749, ante la escasez y sequía que sufrían los vecinos,
obligó a una revisión de la cañería en las casas que se denominaban
Abaciales, Palacio Abacial o del Señor Gobernador de la Abadía.
Aquellas casas debieron estructurarse en torno a una planta central de
arcadas y un cuerpo de doble crujía, que daba a una sencilla fachada. En su
interior se distribuían el resto de dependencias, tanto oficiales-
la Cárcel Eclesiástica, la Biblioteca, el Archivo, la capilla del Abad, en este
caso, la del Gobernador, la sala de audiencias- como particulares,
dedicadas a los aposentos del abad y al resto de miembros de su
curia eclesiástica. De esta época, debe datar el claustro, con sus doce
columnas superpuestas de orden toscano, y la capilla de los
abades. Como típico de las casas de la ciudad llana, además se le
adosó un huerto a las espaldas del edificio que se describe en algunos
documentos, provisto de un bello jardín y, en su parte alta, unas habitaciones
que, en el resto de las viviendas de la ciudad, solían destinarse a graneros.
Todo ello estaba en consonancia con las casas y palacios señoriales que
solían estructurarse con el mismo claustro y la escalera frente a la puerta; en
este caso, en un lienzo lateral, fruto de reconversiones anteriores. Varios son
los arquitectos que intervienen en las obras municipales desde principio de
siglo hasta mediados del XVIII, pero no es de extrañar que en diversas fases de
esta obra imprimieran su huella los maestros locales Manuel de
Álamo, Mateo Primo y Felipe García Peinado. Por este último nos inclinamos principalmente porque la
semejanza de las bóvedas de las escaleras y la sencillez arquitectónica y
decorativa del interior del Palacio Abacial están muy relacionadas
con las de las Casas del Ayuntamiento y las de Enfrente que en el
año 1734 se estaba construyendo.
Otras nuevas aportaciones radicaron con
la compra de otras casas que se cambiaron por otras de las Casas de las Rentas
Decimales de la calle Real, para ubicar esos servicios, junto con las Casas
Abaciales, como comentamos en otra ocasión.
La
siguiente fase radicó en una transformación muy importante del Palacio Abacial
por parte del abad Mendoza y Gatica, que rectificó la alineación de la calle y
levantó nueva fachada (Años setenta del siglo XVIII). Pero esto lo comentaremos
en otra ocasión..
[i] Se hizo
memoria ante el prelado Abad y se
obligaba a pagarle cada a los beneficiados de la Iglesia mayor 16 reales de
vellón por la misa cantada. Ante el escribano Manuel Monte Lizcano.
En la línea que llevamos a cabo de recoger la vida e historia de la hermandad o cofradía de Nuestra Señora de las Mercedes, nos viene a mano un documentos ante el escribano Francisco Montes Lezcano (Legajo folio) 472) en seis de noviembre de 1732 entre varios arrendadores y el responsable de la capilla de Nuestra Señora de las Mercedes.
-Era el capellán, el presbítero Juan Manuel de Cedillo y Baeza, que ostentaba el cargo de administrador de los bienes y rentas de la capilla de Nuestra Señora de las Mercedes. También era miembro capitular del cabildo de la Iglesia Mayor Abacial de Alcalá la Real.
-Loas arrendadores fueron varios:
. el castillero Andrés de Morales Vaca que arrendaba dos fanegas de tierra en el Arroyo de las Parras por 38 reales cada uno de los años del sexenio contratado a partir del 1732 ( este se obligaba a traer la albahaca en la víspèra de la fiesta del quince de Agosto, y si no debía pagar dos rimias en compensación) por su parte la cofradía debía poner el pasaje del agua y el mantenimiento a costa del arrendador.
.. el segundo castillero Feliz de Quesada se omprometía a fanega y media de tierra de riego en La Meloja del Castillo y otro huerto en el Valle del Caño de la misma villa en la cantidad de 40 reales
JULIO
El mes de
julio, hace muchos años, se convertía en uno de los más aburridos del año.
Acababa la siega, y parecía que el ciclo laboral, cuando la agricultura
predominaba sobre otros sectores, el secundario y terciario, tocaba sus últimas
campanadas. Salvo las fiestas de Nuestra Abuela Santa Ana, nadie hacía caso a
la festividad del patrón jacobeo y se esperaba el mes de agosto como aguas de
mayo. Ahora, hasta escasean estas y el cambio climático ha vuelto locos hasta
el más pintado de tal modo que, desde hace varios decenios, se vistió de
terciario y compitió con el mes de agosto. Le rebañó algunos espectáculos
festivos en sus últimos días a los festivales de la Patrona, e, incluso, se
adelantó en algunas ocasiones con la Fiesta Medieval que comenzó a celebrarse
en la ciudad fortificada de la Mota; por otra parte, las fiestas santaneras
pasaron de ser un encuentro de verbena a cubrir casi una semana del mes de
julio con su correspondiente san Joaquín, quinario, pregones y actos previos.
Y, en la semana del medio, el espectáculo de Etnosur irrumpió con un programa
ambicioso que superaba la temática tradicional y prolongaba el relato durante
un triduo multicolor, donde podía presenciarse desde una sesión de un circo al
espectáculo más universal de música étnica pasando por los escenarios más
insospechados y tiendas de la solidaridad y de la artesanía más progresista.
El
predominio del ocio dio paso a la nueva sociedad del sector terciario, de los servicios
y del turismo. Este mes compaginó las vacaciones veraniegas impulsando el
turismo interior y, poco a poco, universalizó el descanso veraniego a los
lugares de playa. Curiosamente, muchas aldeas comenzaron a trasladar sus
fiestas patronales para acoger a sus vecinos que habían emigrado a otros lares.
No era extraño que se celebrara en algunos rincones de la Sierra Sur con mayor
fervor la fiesta marinera de la Virgen del Carmen que en ciudades marítimas.
Incluso, sin el pertinente permiso eclesial, se trasladarán festividades, se cambarán
celebraciones de patronos aldeanos y con el fin de convocar a todos sus vecinos
ausentes. Puede acontecer que en tiempos futuros una fiesta de la Cruz o de San
José se celebre entre el mes de julio y agosto, haciendo una versión real de
cuando marzo mayea, mayo marcea. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos, a
pesar de que el coronavirus ha roto todos los esquemas y programaciones en
estos dos últimos años.
Es
verdad que no sólo de pan se alimenta el hombre, sino que necesita más
proyecciones, entre ellas la lúdica es esencial. Hay que cargar las pilas para
el automatismo y la monotonía del devenir diario. Además, ya no hay festivales
de España tan solo en la Plaza Alta de la Mota o en la Plaza del Ayuntamiento,
sino que se multiplican en cualquier más recóndito con el nombre de caldea,
jornadas culturales y otros nombres que no es sino una respuesta de cualquier
población a este cambio de sistema social y económico.
Creemos
que habíamos inventado la pólvora, y, sin embargo, las nuevas vías de
comunicación nos hacen más globales y se preparan hasta los viajes interplanetarios. Y
esto nos viene al caso. Hace unos días leía un curioso documento, en
el que, hace más de tres siglos, me encontraba el calendario festivo de los
alcalaínos de los años ochenta del siglo XVII. Junto a las fiestas
taurinas de finales del mes de julio
con motivo de Santiago Apóstol, se iniciaban con un Corpus, donde aquellos
festivales se componían de desfiles de mojigangas, danzas, loas, entremeses,
autos sacramentales y obras dramáticas.
Y desde esta fecha, las compañías se comprometían hasta la
representación de varias decenas de comedias de los autores más famosos de
aquel siglo de Oro, como Lope de Vega. El corral de las Comedias de la Veracruz
no paraba hasta finales de agosto con el paso de compañías de Teatro. Y, en
estos años ochenta, acudían las mejores compañías de actores que actuaban en
ciudades como Granada, Córdoba, Sevilla, Toledo o Madrid. Hasta dos compañías
de famosas actrices con Bárbara Coronel o Feliciana de Andrade junto con su
marido Nicolás Castañeda pasaron por esta Alcalá entre la Mota y el Llanillo,
organizando tanto las danzas de las fiestas del Corpus como representando obras de
Vélez de Guevara o Mira de Amezcua u otros autores de comedias más
desconocidos. Para ver la trascendencia de Feliciana, podemos encontrar en su
currículo que era una de las tenientas que animaron la esposa de Felipe IV en
el mundo de la Corte y vino en 1678 al corral de Comedias de Comedias de la
Veracruz con más de veinte personas, una farándula del mundo del teatro entre
bagajes carros y miembros de la compañía, músicos y actores, que amenizaron con
sus entremeses y comedias las noches de julio de aquel año.
En
los últimos tiempos, corren nuevos aires, en el fondo se trata de complementar
esos dos aspectos de las personas, el material y espiritual. A veces, es
difícil alcanzar un programa tan intenso como el de estos autores de comedias
de siglos pasados; también sería un error volver a los tiempos de escasez
festiva, porque la sociedad ha cambiado y
es difícil metamorfosearse en productos híbridos que ocupan ya su
espacio; la pandemia ha puesto a prueba muchos aspectos de la vida, y el mundo
cultural y festivo se ha resentido sin llegar a los escalones de éxito de los
años anteriores, pero lo que es imposible de conseguir borrar la huella de lo
que imprimió carácter en nuestra ciudad de la Mota. Y Etnosur lo consiguió como
los festivales de Agosto.