Los
ejemplos podrían multiplicarse a porrillo, entre pueblos cercanos: Úbeda con
Baeza, Linares con Jaén, o Almedinilla con Priego por citar algunos. Sin venir
a cuento al gracioso de turno se le ocurrió llamar a sus vecinos charnegos a
los emigrantes de Cataluña e, inmediatamente, quedaron bautizados por la
insensatez e idiotez de un acomplejado. Pues, no puede explicarse que esta
palabra, derivada de “lucharniego” un tipo de perro preparado para caza
nocturna se convierta , al principio, en un dardo despectivo contra los nacidos
en Cataluña de padres emigrantes, e, incluso, sea objeto de conversación
jocosa, para aliviar sus primeros usos xenófobos.
Cada
uno de los habitantes de Jaén
podría poner un ejemplo entre pueblos
de nuestra provincia. Me quedo como
ejemplo con los gentilicios de Albanchez de Úbeda: auténticos albanchino, albanchenero,
albanchezón y albanchurro, seudocientíficos armenta, churro y del poyato; no es
de extrañar que albanchurro tenga connotaciones despectivas que le acercan
claramente al apodo; y del poyato deriva de uno de los dos poyos de la ladera
del monte en forma de planos.
Pero,
para caracterizar nuestra comarca al completo, como cabeza de partido, nadie
duda que el gentilicio más usado sea el de alcalaína, pero me quedo
sorprendido con esta ingeniosa coplilla, que Sánchez Salas aportó a su estudio
de los gentilicios jiennenses, en la que se llaman a los alcaláinos con el
pseudo gentilicio y sorprendente carichupao : Alcaudete, mala
gente/Alcalá carichupao,/ Valdepeñas culisecos/ y el Castillo sardilao.
Desde luego no debió ser ningún apóstol
de la concordia quien invento la letras, sino un juglar popular de la Sierra Sur que
pretendió componerla con la mayor mala
uva que pudiera esperarse. Pues, resultan más frecuentes y graciosos aquellos
dichos “Alcaudete, míralo y vete, y , si tienes que comer, no entres en él,
y si tienes vino , bébetelo por el camino” o los referentes a Martos, que
si su peña fuera de azúcar, estarían los marteños chupan que chupan.
Pero,
todavía quedan resabios de estas pequeñas inquinas y me sorprende que este
complejo de inferioridad y superioridad entre los pueblos todavía perviva entre
sus vecinos. Y, como decía anteriormente, no nos extrañe que alguien quiera
humillar a una persona en el campo más adecuado y zahiera a su vecino con un
dicho, con una coplilla o con un gentilicio
despectivo. Por eso, todavía los hay quienes llaman perucos ( y eso que ,según
los filólogos procede de esta fruta tan sana, única y deliciosa como la cultivan en sus tierras) en confrontaciones
pueblerinas, y sin reparo alguno, atentando a la dignidad; o se les achaque,
por su parte, la condición de alcalaíno, borracho y fino a los habitantes de la
ciudad de la Mota.
Lo
que no puedo soportar que aunque la
historia es una ciencia social, y no experimental, que no se reconozca que
Alcalá la Real es ciudad de corregimiento y abacial. Y alguno me comente que el Castillo de Locubín pertenecía a la abadía
de Priego de Córdoba. Ayer el corregimiento alcalaíno compartía territorio don
Loja y Alhama; la abadía, de sede en Alcalá y con territorios en
Priego, Castillo, Carcabuey y Noalejo;
y hoy día, la comarca de la Sierra Sur se extiende desde los Villares hasta la Sierra de San Pedro y río
Velillos. Y, entre el Castillo y Alcalá la Real , la armonía y convivencia comarcal.Por eso, en modo alguno, Alcalá la Real, capital de la la abadía de Priego de Córdoba.
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